[*Otros}– Amaro Pargo, una leyenda entre el corso y la piratería, que acabó de estrella de videojuegos

07/06/2015

Guacimara Hernández

El tinerfeño, que se dice que combatió con Barbanegra, sigue despertando interés de científicos, historiadores y literatos.

Amaro Rodríguez Felipe y Tejera Machado, más conocido como Amaro Pargo, es una figura que sigue despertando interés no sólo entre sus paisanos de La Laguna (Tenerife) sino entre investigadores de la historia, escritores, turistas y hasta la muy dinámica industria de videojuegos. ¿Quién fue este isleño, realmente? Difícil saberlo, difícil distinguir entre la historia, el mito y la devoción popular.

Su tumba, en la iglesia lagunera de Santo Domingo, es objeto permanente de interés no sólo de los fieles, sino de los niños que peregrinan allí a comprobar si es cierto lo que cuentan. Y vaya si lo confirma lo que ven sus ojos: debajo del escudo de armas, dos tibias cruzadas con una calavera que parece guiñar un ojo dan fe de que hay mucha historia debajo de esa lápida de mármol.

En ese templo, en el año 2013 se exhumaron los restos de Amaro Pargo, un trabajo de especialistas financiado por Ubisoft, creadora del popular videojuego «Assassin’s Creed», que había elegido al lagunero como protagonista de la versión IV de este entretenimiento. No cabe sorprenderse por la elección, dado que las Islas Canarias fueron durante los siglos XV y XVI el gran escenario de la piratería mundial.

Lo que los arqueólogos encontraron en esa cripta les sorprendió, porque hallaron huesos de varias personas, incluido el esclavo negro del famoso corsario, sus padres y algunos niños, o, más precisamente, bebés, que encontraron allí su destino, probablemente, en cumplimiento de antiguas supersticiones.

Con el cráneo, una vez identificado, se pudo hacer un retrato que los especialistas juzgan muy cercano al rostro de nuestro personaje: rasgos angulosos, muestra de delgadez bastante marcada en una cara ovalada, y una constitución física de estatura media para la época, algo menos a 1,70 metros. En base a eso se le dibujó en el videojuego, para disfrute de sus seguidores en todo el mundo.

Sobre sus andanzas en el mar, lo primero que surge es la discusión acerca de su identificación como corsario o como pirata. El autor Pompeyo Reina, autor de «El sarcófago de las tres llaves», novela centrada en su figura, no tiene la menor duda: no fue un pirata, y así lo describe en sus páginas, donde lo pinta como un caballero y no como un delincuente. Es cierto que tuvo que enfrentarse con muchas naves en su camino, así eran los mares en esa época, pero ello no lo convierte en pirata, entiende.

No lo ve así Julia Granado Martínez, alumna de doctorado de la Universidad de Murcia, que en un artículo publicado por la cátedra de historia Naval de la Universidad de Las Palmas, lo señala directamente como un pirata que además se enfrentó nada menos que a todo un mito como Barbanegra.

«El apodo de ‘Pargo’ fue adoptado por la semejanza con el pez de dicho nombre, poderoso nadador, con hocico puntiagudo y que en ocasiones gusta de camuflarse. Tuvo una juventud influenciada por la presencia y el auge de la piratería en la isla, con acantilados propicios para el asalto y refugio de estos bandidos marítimos. La suya era una zona poblada de barcos con bucaneros a la espera del intercambio de productos, y por ella pasaban innumerables rutas de comercio entre Europa y América», dice en su trabajo.

Una vez retirado, regresó a su isla con una inmensa fortuna, alimentando además la creencia de que conservaba un enorme tesoro escondido en algún lugar de Tenerife.

Este extremo nunca fue confirmado, pero explica «el constante saqueo de su casa en Machado para abrir ese cofre, en el que supuestamente guardaba documentos, joyas, piedras preciosas, porcelanas, etc. Tesoro que parece ser que tenía catalogado en un libro forrado en pergamino, marcado con la letra D, del que tampoco hay rastro», dice la historiadora.

Como testimonio de esto aparece el segundo lugar de peregrinación de quienes quieren sentir algo de aquellas historias de galeones y abordajes en alta mar: su casa de Machado (en El Rosario). Hoy está en condiciones francamente mejorables, pero, quizá, el propio estado ruinoso sirve de condimento para imaginar un pasado que no se agota en los libros de piratas.

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[*Otros}– Descubren en El Paso (La Palma) nuevos vestigios prehispánicos

03/06/2015

El Cabildo de La Palma estudia dos nuevos yacimientos arqueológicos en el municipio de El Paso.

El 27 de mayo, hace sólo días, fueron descubiertos, de forma casual, varios vestigios prehispánicos, concretamente un grabado rupestre prehispánico en piedra (un petroglifo) y un pequeño grupo de cazoletas y canalillos.

El grabado rupestre tiene como soporte una piedra suelta que ha sido rota y desplazada de su posición originaria debido, probablemente, a las numerosas obras que se han efectuado en las inmediaciones.

Se trata de un único panel de unos 50 centímetros de anchura en el que se representan varios grupos de semicírculos concéntricos ejecutados con la técnica del picado.

«Todo apunta a que el petroglifo formaba parte de una estación más grande que podría haber sido desmantelada por los trabajos de infraestructura que se ejecutaron hace varios años en la zona. De hecho, el panel presenta claras huellas (arañazos, roturas y golpes) por haber sido retirado de su posición originaria por una pala mecánica», ha explicado la consejera insular de Cultura y Patrimonio Histórico, María Victoria Hernández.

Hernández también ha señalado que, ante el grave peligro que corre de desaparición por saqueo o por nuevas obras, el grabado será trasladado al Museo Arqueológico Benahoarita de Los Llanos de Aridane, y ha adelantado que se hará una prospección intensiva del lugar para intentar localizar nuevos vestigios prehispánicos.

El otro descubrimiento, separado por apenas cien metros del petroglifo, consiste en un pequeño, pero «llamativo e interesante», grupo de canalillos y cazoletas emplazadas en la parte superior de un afloramiento rocoso.

Las cazoletas son de planta circular y oval, con diámetros que oscilan entre los 8 y 20 centímetros. La profundidad es variable y oscila entre los 5 y 15 centímetros, si bien es preciso proceder a su limpieza, al estar llenas de tierra y hierbas.

Como suele pasar cuando aparecen estos canalillos y cazoletas, éstos se encuentran en un lugar que constituye una atalaya natural desde la que se divisa una extensa panorámica.

Alerta por posibles daños

Hernández ha explicado que ambos yacimientos están enclavados en una zona de gran potencialidad arqueológica, donde se han descubierto y estudiado infinidad de cuevas naturales de habitación, algunas necrópolis, grupos de cabañas, paraderos pastoriles y un buen número de pequeñas estaciones de grabados rupestres, tanto de técnica incisa como en picado.

«Estos hallazgos nos hablan de la extraordinaria riqueza del patrimonio arqueológico benahoarita, que sigue aflorando a la superficie, incluso en áreas que ya han sido prospectadas. Desgraciadamente, también hemos de hablar de la destrucción, consciente o inconsciente, a que siguen sometidos muchos vestigios benahoaritas, que se destruyen o mutilan sin ningún tipo de rubor», ha lamentado la consejera.

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[*Otros}– Rincones de Canarias: La Zamora, en La Palma

La Palma, también conocida como «La Isla bonita», es una de las islas más espectaculares del Archipiélago Canario. Su contorno, bañado por el océano Atlántico, está jalonado de verdaderas maravillas geológicas, como la de la foto que sigue.

La Zamora es una de las playas de arena negra más bonitas y tranquila de la Isla. La lava, al adentrarse en el mar, dejó en esta zona numerosas calas de extraordinaria belleza.

 

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Cortesía de Antonieta Rodríguez

[*Otros}—La Graciosa (Canarias) y La Candelaria

13 de febrero de 2014

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera

Una devoción tradicional en El Valle de Caracas y en toda Venezuela.

Caracas es la ciudad más antigua en Venezuela donde se venera la imagen de La Candelaria; ya desde 1708 contó con una iglesia dedicada a ella, hoy Parroquia de La Candelaria.

La Candelaria es patrona de muchas ciudades de Venezuela, tales como Turmero, Valle de La Pascua, Cantaura; además de muchos pueblos como Las Salinas en el Estado Vargas; parroquias y caseríos; incluso dentro de una misma parroquia donde hay más de una iglesia, a veces La Candelaria es patrona de una de ellas.

Luego de la Independencia, desde el primer gobierno de Páez, creador de la República de Venezuela, se incentivó la inmigración especialmente de Canarios, la cual se prolongó hasta comienzo de la nefasta Guerra Federal. Luego de esto, durante el gobierno de Guzmán se reactivo la inmigración, llegando a superar a la inmigración de todos los demás países latinoamericanos, y desplazando a Cuba que hasta inicio del siglo XIX era una de las que más Canarios tenía.

Por tal motivo a Venezuela se le llamó «La octava isla», algo que es incorrecto porque el Archipiélago Canario está formado por trece islas: siete mayores (La Palma, La Gomera, El Hierro, Tenerife, Las Palmas, Lanzarote, y Fuerteventura), y los territorios insulares del Archipiélago Chinijo: La Graciosa, Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este, Roque del Oeste e Isla de Lobos, todos ellos pertenecientes a la provincia de Las Palmas. La Graciosa es la única de las Chinijo que está habitada. 

La Graciosa

Esta mal llamada Octava Isla se encuentra al norte de Lanzarote, y administrativamente pertenece al municipio de Teguise, en Lanzarote. Tiene una superficie de 27 km cuadrados, y dos montañas: Montaña Mojón y Las Agujas, esta última de una altitud de 266 sobre el nivel del mar. Tiene dos pueblos —Caleta del Sebo, que es la capital, y Pueblo Barba—, y sus habitantes se hacen llamar «Hijos de la isla», y no «graciosos», como algunos se atreven a comentar.

Oración de la Candelaria

En cuanto a la oración original de La Candelaria, fue traída por los descendientes de los guanches, nombre genérico que se da a los aborígenes de las Canarias. No se sabe con precisión la fecha, pero sí que se difundió en Caracas y en toda Venezuela en el siglo XIX. Existen diferentes variantes de la misma oración, tanto en Las Islas Canarias como en Latinoamérica.

Recuérdese que la Virgen se le apareció a un príncipe guanche antes que el archipiélago fuera descubierto por vez primera por los portugueses, y fue un esclavo guanche (los guanches fueron todos esclavizados por los españoles) que fue llevado a España quién se dio cuenta de que la imagen que originalmente había visto en el archipiélago era similar a las que pudo observar en España, y al regresar a las Canarias informó a los nativos sobre este hallazgo, por lo cual La Virgen de la Candelaria es auténticamente Canaria, sin influencia española.

La oración más aceptada y adecuada a la original se supone que es la siguiente:

¡Oh, Virgen de la Candelaria!
Ya supimos que pariste
y a todos nos recogiste.
Recógeme a mí, Señora,
que soy alma pecadora.

Arca eres de los cielos,
puerta de La Trinidad,
donde se consagra el cáliz,
y la hostia en el altar.

Pregunta cómo se llama.
Se llama el Niño Jesús,
que está clavado en la Cruz.

Quién la sabe y la reza,
quién la oye y la aprende,
el día del Juicio Final
sabrá lo que esta oración contiene.

Y quién esta oración rezare
todos los viernes del año,
sacará un ánima de pena
y la suya de pecados.

Y, por grandes que sean sus pecados,
como arenas en el mar,
luego de su arrepentimiento,
todos serán perdonados,
delante de su Majestad.

Amén, Jesús.

Originalmente, esta oración guanche se trasmitía por tradición oral de familia en familia en las Islas Canarias, y preferentemente se debía aprender oyéndola y sin escribirla; por lo menos, así era la costumbre en varios sectores del Archipiélago: «¡Quién la oye y la aprende…!». Y de esta manera se trasmitió a Hispanoamérica.

En Hispanoamérica, la devoción por la Candelaria data prácticamente desde la llegada de los españoles. Realmente se desconoce desde cuándo se reza esta oración en Las Canarias y en los diferentes países latinoamericanos, pues falta documentación precisa. Pero, luego de la emigración masiva de Canarios a América a mediados del siglo XIX, sobre todo a Venezuela, Cuba y Colombia, la oración se difundió por toda Hispanoamérica.

Los devotos la rezaban religiosamente todos los viernes del año, sin excepción, tal como lo hacían en Las Canarias, y así transmitieron la costumbre a sus descendientes.

También es costumbre que, ante un enfermo en agonía, se le prenda una vela a la Candelaria, preferiblemente una que haya sido bendita el dos de febrero; se dice que así el enfermo se mantiene iluminado espiritualmente y no le teme a la “obscuridad”.

De esta oración se han editado varias versiones en Roma, pero la auténtica oración guanche es la que hemos expuesto.

¿Por qué estaa Virgen es negra? y ¿por qué se reza los viernes?

Por mandato de la religión judía, todo primogénito varón debe ser presentado al Templo a los cuarenta días de nacido. Como la entrada al Templo se hace caminando entre candelabros colocados a ambos lados, se supone que el humo de ellos desprendido dio a la Virgen esa tez morena. De ahí la leyenda del por qué la Virgen de Candelaria es negra.

Recuérdese que si el nacimiento de Jesús Nuestro Señor fue un día 24 de diciembre, en el año del nacimiento, cuarenta días después —o sea, el dos de febrero del siguiente año— fue viernes, de ahí el por qué es el día viernes preferentemente cuando se reza esta oración.

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Cortesía de Hiram Pérez

NotaCMP.- Durante los 22 años que viví en Canarias —cuatro en Tenerife, donde está la Basílica de La Candelaria—, aunque tuve frecuente contacto con los medios religiosos, jamás supe de esta oración, ni la he escuchado en Venezuela, ni siquiera en las festividades que en honor de esa Virgen se han hecho en clubes sociales de Canarios. No entiendo qué relación pueda tener con La Graciosa, ni tampoco la relación entre el color oscuro de la imagen de La Candelaria y la religión judía. Pero se dice que cada día se aprende algo.

[*Otros}– Se publica ‘Folklore Palmero’, de Félix Idoipe

26-03-2015

Redacción BienMeSabe

A lo largo del tiempo, la historiografía palmera se ha incrementado gracias a la vida y producción de naturales y foráneos que han venido a enriquecer esa «historia menuda» reivindicada en tantas ocasiones por el etnógrafo José Pérez Vidal.

En este sentido, esta monografía pretende rescatar del olvido la figura de Félix Idoipe Gracia (¿-1970), maestro oscense con plaza en Villa y Puerto de Tazacorte, cuya estancia en la Isla vino marcada —al margen de la actividad docente— por una intensa actividad literaria, concretada en numerosas colaboraciones en rotativos locales, en programas de fiestas locales y en el ensayo Folk-lore palmero (1945), un estudio que ahonda en la indumentaria y música tradicionales de La Palma, y cuyo origen ha de buscarse en la actuación de la Agrupación Folklórica del Club Deportivo Mensajero, el 29 de mayo de 1945, en el Teatro Circo de Marte de Santa Cruz de La Palma.

El primer capítulo de este trabajo arranca con una aproximación a la biografía de Idoipe Gracia desde su Huesca natal, recorriendo aquellos lugares a los que el ejercicio de su profesión le llevó, hasta su asentamiento en Gran Canaria. Paralelamente, el inventario de su producción literaria —periodística, oratoria, etc.— complementan el apartado.

Seguidamente, se introduce un acercamiento al Archivo de la Familia Hernández de Lugo —propiedad de los herederos del escritor aridanense Pedro Hernández y Hernández (1910-2001)—, colección que alberga el manuscrito que nos ocupa, y fuente documental de enorme interés para el estudio de la historia local y, por extensión, de la insular.

A continuación, viene un examen crítico sobre Folk-lore palmero que, a falta de estudios sobre indumentaria tradicional  hasta el año de redacción del manuscrito, podemos considerar la primera síntesis de conjunto sobre la materia. En el capítulo se introducen varios apartados que persiguen explicar el origen de esta obra; acotar la fecha de redacción; estudiar las fuentes utilizadas; ahondar en los orígenes de la Agrupación Folklórica del Club Deportivo Mensajero y otras formaciones musicales posteriores; y, en último lugar, profundizar en la trayectoria de algunos nombres olvidados por la historiografía biográfica insular, y que Idoipe Gracia incluye en el texto.

El capítulo cuarto recoge la transcripción del opúsculo Folk-lore palmero. Para la presentación se ha tendido a la actualización ortográfica, corrigiéndose evidentes erratas y otras cuestiones relativas al uso de mayúsculas, criterios de puntuación, etc. El texto se acompaña con las notas, cuyo aparato se estructura en dos tipos: notas de autor y notas del editor. Estas últimas, subdivididas a su vez en: notas filológicas, que explican correcciones, enmiendas y otras cuestiones del original; y notas explicativas, alusivas al contenido del texto y que aportan bibliografía actual sobre los asuntos tratados por Idoipe.

En los anexos, se procede, en primer lugar, a la transcripción de la carta que acompaña al manuscrito en cuestión, y en cuya presentación se ha tendido a las normas de edición ya anotadas. Le sigue la reproducción del capítulo que Idoipe Gracia dedica a Tazacorte en Folk-lore palmero. Continúa con una selección de cinco escritos periodísticos, acotados a su estancia en La Palma, que resultan ricos por el retrato de paisajes y paisanajes.

Finalmente, se incluye la bibliografía de Félix Idopie Gracia y Ramona Cantóns Companys, su primera esposa, cuya producción no es ajena a la temática docente abordada por el marido. En el caso de la correspondiente al maestro, se han recogido las monografías, traducciones y artículos aparecidos en prensa firmados por el escritor, siguiendo una ordenación cronológica. Se han excluido conferencias, disertaciones, pregones, etcétera, de los que se tiene noticia por la bibliografía pasiva disponible; en todo caso, se informa de ellos en el capítulo «Félix Idoipe: aproximación biográfica». Por lo demás, el repertorio recoge otras ediciones y reproducciones, enmiendas, contenidos, réplicas, etc.

FICHA.

Idoipe Gracia, Félix. 

Folk-lore palmero: un opúsculo para las Fiestas Lustrales del año ’45 en el Archivo de la Familia Hernández de Lugo

Edición literaria, introducción y notas de María Remedios González Brito; [ilustraciones, Miguel Taño Rodríguez]. 

1.ª ed. La Orotava, Tenerife: LeCanarien, 2014. 249 p. (Folklore canario). 

ISBN 978-84-942717-8-6.

Además de en otras librerías, puede conseguirse en Librería Lemus (La Laguna, Tenerife).

Cortesía de María Remedios González Brito

[*Otros}– La Palma, la isla mía, ‘La isla bonita’

Un vídeo dedicado sólo a La Palma.

Para mí, como palmero que soy, no sólo tiene el encanto de los paisajes, que casi todos me son bien conocidos, sino del tema musical de fondo: una canción que, a estas alturas y con los vientos que soplan donde estoy, me toca muy de cerca.

El vídeo puede verse AQUÍ. Por si hubiera problemas para ello, o por si lo retiraran de YouTube, puede bajarse/verse de AQUÍ

Cortesía de Juan Antonio Pino Capote, y Roberto González Rodríguez

[*Otros}– La isla errante de San Borondón, que aparece y desaparece

17/03/2015

Mónica Arrizabalaga

A 10º 10’ de longitud y a 29º 30’ de latitud situó Juan de Abreu Galindola enigmática isla de San Borondón cuyas formas dibujó Pizzigano a corta distancia de El Hierro en su mapa de 1367, o Toscanelli en 1476.

No eran los únicos puntos en los que esta isla errante había sido divisada antes de desaparecer como por arte de magia al anochecer. Hubo incluso quien aseguró haber puesto pie en esta tierra que Leonardo Torriani dibujaría en tiempos de Felipe II alargada, con colinas dispersas y cruzada por una baja cordillera.

El portugués Pedro Vello relató que en cierta ocasión en la ruta del Brasil, hallándose cerca de las Islas Canarias, los vientos le obligaron a buscar refugio en San Borondón, donde desembarcó junto a otros marineros de Setúbal y descubrió unas enormes huellas de hombre.

Se encontraban explorando la isla cuando se levantaron vientos huracanados. Vello llamó a sus hombres, pero al no obtener respuesta y temiendo perder su barco, volvió a él en la chalupa dejando allí para siempre a los dos marineros.

También el canario Marcos Verde dijo haberse topado con la isla fantasma al regreso de la ruta de la Berbería. Bajó con su tripulación a tierra en San Borondón y la recorrió, sin encontrar rastro humano, antes de volver a bordo cuando cayó la noche.

Historias como éstas empujaron al capitán general de las Islas Canarias, Juan de Mur y Aguirre, a impulsar la que sería la última expedición a San Borondón en 1721, al mando de Gaspar Domínguez. Y como en las misiones anteriores, sin éxito.

Fernando de Troya y Fernando Álvarez, marineros de Las Palmas, se aventuraron en su búsqueda en 1526, y 30 años después lo hizo el portugués Roque Nuñes, con el cura palmero Martín de Araña a bordo. Éstos últimos aseguraron haber divisado San Borondón, aunque no desembarcaron.

Ni rastro encontró la expedición que salió desde La Palma en 1560 con Hernando de Villalobos, el piloto Gaspar Pérez de Acosta y el misionero fray Lorenzo Pinedo. En el año 1570 dicen que la isla se apareció más veces, con más de cien testigos. Tanto fue así que Hernán Pérez de Grado, primer regente de la Real Audiencia de Canarias, ordenó abrir una investigación sobre esta tierra fantasma, también conocida como La Encubierta, La Perdida o No Encontrada.

De San Brandán a San Borondón

San Borondón es el nombre que recibió en Canarias un santo irlandés del siglo VI, San Brandán (Brendán o Brandano), que, según los documentos sobre su vida de los siglos IX al XII, recorrió el Océano Atlántico durante siete años en compañía de catorce monjes, fundando conventos como el de Clonfert.

San Brandán buscaba la isla de El Paraíso, a tenor de los relatos sobre sus hazañas que recuerdan al cuento de San Amaro o el viaje de Trezenzonio, según destaca el profesor Marcos Martínez Hernández en su artículo «Islas míticas en relación con Canarias».

La posible presencia en el archipiélago de un monje llamado Brandano vino a reforzar pronto esa unión de San Brandán con Canarias que se reflejó en la cartografía medieval.

En 1958, ABC publicó una imagen en la lejanía de la isla errante de San Borondón. «Ha sido fotografiada por primera vez», rezaba el reportaje de Luis Diego Cuscoy que relataba las historias relacionadas con La Encubierta y sus apariciones.

«Hace unos días, a los cinco años de su última aparición, la islita ha surgido a sotavento de La Palma, como antes, como siempre. El último dibujo de la silueta de San Borondón fue trazado en el siglo XVII. Y, lo que son los tiempos, tres siglos después, San Borondón ha sido fotografiado» entre Tazacorte y los Llanos de Aridane, señalaba la crónica.

«El afortunado fotógrafo, verdadero testigo de excepción, ha dejado fiel constancia del hecho. Uno más que ha creído en la realidad de esa tierra fluctuante», finalizaba este diario.

Aún serían grabadas posteriormente en vídeo sus apariciones y comentadas en programas de televisión, e incluso saldrían a la luz documentos del naturalista Edward Harvey, que habría visitado la isla en 1865.

Sin embargo, «hoy en día sería descabellado afirmar que San Borondón es una realidad física», admite José Gregorio González en el libro «Canarias mágica».

Tremenda mentira nos metió el patrón.
Boguemos ligeros, con fuerza y ardor
que allá por los mares La Elvira se hundió
sin dar con la isla de San Borondón.

cantaban Los Sabandeños.

De lo que no hay duda, a juicio de Martínez Hernández, es de que «esta isla misteriosa, enigmática y fantasmagórica, hasta tal punto está arraigada en el imaginario colectivo del pueblo insular que se la considera la octava isla del Archipiélago canario».

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