[Col}– Cómo viajar por libre en Rusia / Ricardo Ramírez Gisbert

14-01-2016

Más allá de haber protagonizado el conflicto político que dominó la segunda mitad del siglo XX, Rusia es una potencia mundial cuyas artes y cultura la han convertido en uno de los países más conocidos del mundo.

A pesar de ello, y de su apertura, hace un cuarto de siglo, Rusia sigue manteniendo una cierta reputación de país complicado para visitar.

Pero en este post te enseñaremos que tal afirmación no es necesariamente cierta, y que viajar por libre en Rusia es posible.

[*Otros}– Oswaldo Izquierdo rescata varios de sus lúcidos artículos

06/Ene/2016

Raúl Gorroño

El catedrático gomero de Lengua y Literatura Española en institutos de Bachillerato recopila en un libro una treintena de sus trabajos periodísticos.

 

Una treintena de los lúcidos artículos-ensayo sobre diferentes temas relacionados con la cultura y la educación escritos por el ilustre catedrático gomero de Lengua y Literatura Española de institutos de Bachillerato, Oswaldo Izquierdo Dorta, (Arure) han sido acertadamente recopilados por Ediciones Idea en «La inmediata lejanía».

Esta obra, que será presentada el próximo sábado, 09 de enero, en el salón sociocultural “El Casino de Hermigua”, cuyo Ayuntamiento ha colaborado en la edición de la obra, reúne una selección de trabajos periodísticos que fueron publicados en los últimos quince años en diversos medios canarios, entre ellos EL DÍA, además de varios textos inéditos y poemas que reflejan su afán didáctico y creativo.

Con la afabilidad que le caracteriza, Izquierdo explicó que los textos están recogidos en ocho bloques temáticos, cada uno de los cuales incluye una media de cinco artículos. El primer apartado trata sobre filología y analiza varios topónimos. El segundo se centra en algunas señas de identidad gomera, entre ellas el silbo, las chácaras o el tambor. Le siguen historia sobre Hermigua; educación, que acoge el tema «La academia de Hermigua», con el que obtuvo «ex aequo» el Rumeu de Armas de Investigación Histórica convocado por EL DÍA; sanidad y literatura, en el que trata sobre el territorio del cuento y sobre el romancero de Lanzarote.

Las dos últimas secciones proponen semblanzas, como la titulada «Doña Florencia, la inglesa», con la que ganó el Leoncio Rodríguez de Periodismo de EL DÍA; y jubilación, sección en la que inserta varios poemas suyos inéditos.

Este doctor en Filología Románica y docente ha estudiado a fondo la ardua e infravalorada labor desarrollada por los maestros de las academias de Bachillerato en las Islas, profesión a la que él también dedicó su vida, temas sobre los que ha publicado un libro sobre la enseñanza en La Palma, y tiene otro finalizado, pendiente de publicar, sobre el resto de las Islas.

«Eran el sostén del Bachillerato en Canarias, porque apenas había cinco institutos en todas las islas entre los años 30 y 80 del siglo pasado. En La Gomera, El Hierro y Fuerteventura no había (…). Aquellos maestros nacionales y párrocos ayudaron a la gente que vivía en las islas menores o alejadas de la capital a poder realizar los estudios de Bachillerato, sobre todo a los que no tenían medios económicos para hacerlo en la capital. Hicieron una labor extraordinaria».

La docencia, una de sus pasiones, siempre ha estado complementada con la literatura y la historia, facetas a las que también ha dedicado su tiempo libre. Algunos de esos trabajos están recogidos en la selección «La inmediata lejanía».

«Me dediqué toda la vida a la enseñanza. La docencia es mi gran vocación, y la literatura también, a la que me he dedicado más después de la enseñanza. Quiero dar a conocer todo lo relacionado con nuestras islas. Muchos de los artículos son de La Gomera y La Palma. Me gusta resaltar lo nuestro lo máximo posible, porque la historia es la memoria de todos nosotros».

Izquierdo también es experto en la obra narrativa de Benito Pérez Galdós, sobre cuyos cuentos realizó su tesis doctoral. Ha publicado tres libros sobre este asunto: «Ocho cuentos de Galdós» y dos tomos de «Los cuentos de Galdós. Obra Completa», y ya acabó el tercero. En total ha recopilado cuarenta y cinco cuentos del universal escritor canario. También es autor de un libro de relatos cortos y de dos poemarios.

«La inmediata lejanía» es su primer libro recopilatorio de artículos de prensa. «Son artículos en la mayoría de los cuales prima un sustrato o base histórica, y tienden al ensayo porque también cuestiono una serie de temas. Intento llegar a conclusiones, hago reflexiones. Son peculiares porque tienen una mezcla de ensayo, artículo, historia y reflexión…», además de destacar el hondo sentido pedagógico que ha marcado su carrera profesional.

El Día

[*Otros}– Tadeo Casañas, el ordeñador de nubes que salvó a la gente de El Hierro

10/12/2015

Ander Izagirre

Tadeo Casañas, el ordeñador de nubes que salvó a la gente de El Hierro

Cuatro días antes de cumplir los 97 años, don Tadeo Casañas recuerda la noche en que salvó de la sed a los habitantes de El Hierro.

 

Sentado en el sofá de su casa, pide perdón porque confunde las historias, se le quedan a la mitad, vuelve una y otra vez a los muertos, la cantidad de muertos que vio tirados en la Batalla del Ebro, vuelve a la trinchera en la que durmió acurrucado con un compañero que a la luz del día resultó ser otro muerto más, vuelve a la novia que tuvo entonces en Sant Sadurní d’Anoia, en cuya casa se alojaba a veces.

—Ella se acostaba con su madre y amanecía conmigo—, cuenta tres veces, y se ríe las tres.

Pide perdón porque confunde las historias, pero hay algunas que narra de corrido. Las que resisten en la memoria, a los 97 años, cuando todas las demás se han desintegrado: las historias de la guerra, las historias del amor, y las historias de la sed.

En 1948 no llovió ni una gota. Los pozos de la isla de El Hierro se secaron, las tierras se agrietaron, los frutales se marchitaron, las vacas y las ovejas se morían. Los humanos no morían, porque un barco cisterna traía agua desde Tenerife, y un camión repartía las cubas casa por casa, pero muchas familias se arruinaron. La sequía empujó la gran emigración clandestina a Venezuela: 12.000 canarios se apretaron en 94 veleros para cruzar el Atlántico entre 1948 y 1950.

—Yo tenía una escopeta, bastante mala, pero escopeta—, dice don Tadeo que, cuando no habla, se queda encogido en el sofá con los ojos casi cerrados, con el cansancio de un siglo. Cuando habla, se apoya sobre las manos, se incorpora, abre los ojos como un búho—. Subía a las tierras que tenían mis suegros, en la parte alta de la isla, a ver si cazaba alguna paloma. Solíamos tener ovejas allí, pero aquel año se nos morían. Me construí una caseta y subía a dormir, para salir a cazar con el amanecer. A la caseta le hice el techo con ramas de brezos. Una noche me desperté porque estaba goteando dentro de la caseta. Era la niebla, que se condensaba en los brezos y goteaba.

Don Tadeo tuvo una idea. Cortó varias piteras —las hojas largas, duras y acanaladas del agave— y montó un acueducto rústico desde el techo de brezos hasta un aljibe en el que solían recoger lluvia y que estaba seco desde hacía meses. En pocas horas se llenó con el goteo de la niebla.

—Les dije a mis vecinos que les llevaría agua hasta sus casas si me dejaban unas planchas de zinc, las que usaban como techo de las cuadras.

Montó las planchas para recoger más agua de los brezos, instaló una tubería que le cedió el Ayuntamiento y consiguió un chorro que bajaba desde la montaña hasta el pueblecito de Tiñor: daba 14 litros por minuto. En plena sequía, don Tadeo ordeñó la niebla y salvó a sus vecinos.

Don Tadeo insiste en que no inventó nada. Él simplemente observaba nubes y leía libros.

—A mí me llaman “El sabio de El Hierro” y yo lo que soy es un ignorante muy grande. Ahora me estoy muriendo, pero molesto a la gente con preguntas porque quiero saber un poco más. Casi no fui a la escuela, sólo aprendí a leer y las cuatro reglas, pero leía mucho. Sobre todo El Quijote y los libros de Historia. Yo sabía que los bimbaches sacaban agua de la niebla.

Lo contaron los primeros conquistadores europeos, los normandos Bethencourt y La Salle, y muchos se lo tomaron a chufla. A principios del siglo XV explicaron que en la isla de Ezero, hoy El Hierro, los aborígenes bimbaches tenían «un árbol sobre el cual todas las tardes se sienta una nube blanca, que destila agua por las hojas abajo, de la cual beben los vecinos y todos sus ganados».

Las crónicas castellanas, cien años después, repitieron la historia de la isla «seca y estéril» a la que Dios había provisto con un «árbol milagroso» que daba agua. Los nativos lo llamaban garoé y excavaban estanques en su base para acumular el líquido. Pero El Hierro era la isla más occidental, el fin del mundo conocido, un territorio casi mitológico. Y la historia del árbol milagroso sonaba como tantos relatos de los mundos recién descubiertos: pura invención, para autores racionalistas como Feijóo.

No era magia, no era leyenda; es física, sencilla y hermosa: los vientos alisios chocan con la cara norte de El Hierro, el aire húmedo sube por la ladera y se va condensando un mar de nubes. El árbol garoé crece en un emplazamiento perfecto: a mil metros de altitud, en la parte más alta del barranco de Tigulate, una hendidura por la que sube la niebla desde la costa hasta la montaña. Es un tilo de tronco esbelto que se abre en una copa amplia y ramificada: ideal para atrapar el vapor, que se condensa en las ramas y empieza a gotear.

El árbol está siempre empapado, rebozado de musgo, sobre una tierra húmeda, blanda, olorosa. Y en su base se ven las albercas excavadas por los bimbaches, depósitos de tres y cuatro metros de profundidad, donde se acumulaba, y donde se sigue acumulando, el agua del árbol milagroso.

Un ventarrón derribó en 1610 el garoé legendario. El tilo actual lo plantaron en el mismo sitio en 1949, poco después del experimento de don Tadeo con los brezos. Y hubo otros atrapanieblas en los años posteriores, que observaban las brumas, elegían los árboles adecuados y excavaban depósitos debajo de ellos, como cuenta el ingeniero Isidoro Sánchez.

Habla de la sabina del pastor Juan Bartolo, que obtenía agua abundante para sus rebaños, o la sabina del guarda Zósimo Hernández, que recogía miles de litros en dos depósitos, para dar de beber a los cientos de romeros que cada cuatro años cruzan la isla bailando y portando a hombros la imagen de la Virgen de los Reyes.

Los herreños dependían del ingenio de un pastor o de un guarda, para no pasar sed. Y no tenía por qué ser así. La sed era una consecuencia política, consecuencia de una cierta organización social, según el geógrafo Carlos Santiago Martín.

En las zonas medias y altas de El Hierro llueve tanto como en Pamplona, Burgos o Huesca. Pero la isla es muy joven: un montón de rocas volcánicas que acaban de emerger, un terreno que aún no se ha compactado, y las aguas se escurren por las grietas hacia el subsuelo. No hay ríos, no hay lagos, pero bastaban unos pozos para extraer agua abundante de los acuíferos.

Martín explica que los grandes propietarios de tierras de El Hierro nunca quisieron invertir en tecnologías hidráulicas y que frenaron cualquier amago de obra pública. Con los pozos escasos que ellos controlaban, les bastaba para mantener su ganado y sus cultivos, incluso vendían agua a los campesinos.

«La posesión de agua es una extraordinaria herramienta de poder», escribe Martín. En la década de 1970, cuando algunos propietarios quisieron ampliar la producción de plátanos para exportarlos, se perforaron los primeros grandes pozos. Hasta entonces, los herreños se las apañaban con métodos rudimentarios: acumulaban agua en los huecos de los troncos, en pequeños estanques en el monte, en los patios de las casas. Y cuando llegaba un año seco, ¡ay!.

—Teníamos que bajar con una garrafa hasta la fuente de Timijiraque, que está en la orilla del mar, llenarla y vuelta—, dice una anciana en Casa Goyo, el bar que está cerca de la casa de don Tadeo, a mil metros de altitud sobre el mar, a mil metros sobre la fuente.

Medio siglo después, Ricardo Gil es capaz de ordeñarle miles de litros diarios a la niebla con un invento sencillo, y también se lamenta de la falta de apoyo para desarrollarlo. Gil nació en Venezuela hace 54 años, hijo de una de aquellas parejas canarias que precisamente emigraron por las sequías, la pobreza y la falta de oportunidades, y ahora vive y tiene ideas en Tenerife.

Muy cerca del árbol garoé, en la cumbre de Ventejís, se levantan seis rectángulos verdes como seis fichas de dominó, de cuatro metros de altura. Son los captadores de niebla inventados por Gil: estructuras de aluminio envueltas en una red mosquitera. Se inspiró en las redes atrapanieblas que tendían los chilenos en el desierto, y desarrolló este modelo tridimensional que resiste vientos más fuertes.

—Cuanto más veloz pasa la niebla, más gotas deja en las mallas. Antes había que plegar los captadores en cuanto soplaba un poco fuerte, pero nuestro modelo soporta vientos de alerta naranja, hasta 70 km/h. Y gracias a eso hemos pasado de recoger una máxima de 140 litros diarios con un captador, a recoger 1.350.

Recogen el agua de niebla en las Canarias, pero Gil dice que sería fácil instalar «huertos hídricos» en muchos otros lugares.

—Llegamos a recoger 35.000 litros de agua potable en un día, en una superficie de apenas 350 metros cuadrados. Eso se podría multiplicar mucho. Y es una tecnología sencilla y baratísima, que no consume ninguna energía, no produce residuos, no agota los recursos hídricos. Tiene un potencial enorme. Pero necesitamos estudios, un mapa de nieblas, necesitamos financiación para fabricar más captadores y permisos para instalarlos… Tenemos un recurso muy abundante, sabemos obtenerlo de manera sencilla, solo falta que nos hagan caso.

—Yo no inventé nada—, dice don Tadeo, incorporado en su sofá, agarrándose al andador—. Se gastan millones para llevar agua de un sitio a otro, y en las cumbres se está perdiendo toda esa agua de niebla que podría bajar sola. En la montaña la niebla viene rabiando. Hasta las pestañas producen agua, cuando la bruma choca con ellas. Sólo hay que recogerla.

Cortesía de Manuel Fernández

[*Otros}– Jameos del Agua (Canarias): uno de los monumentos naturales mejor valorados

09/10/2015

Ruth Pilar Espinosa

Los Jameos del Agua, en la isla canaria de Lanzarote, siempre aparecen en las listas que los usuarios de internet elaboran a propósito de los mejores monumentos naturales de España.

Los Jameos del Agua, además, también han sido declarados Sitio de Interés Científico y Bien de Interés Cultural (con la categoría de Jardín Histórico).

 

Los Jameos del Agua se localizan en el interior del túnel volcánico que produjo la erupción del volcán de la Corona, explican desde el Cabildo de Lanzarote. Constituye uno de los túneles volcánicos más largos del mundo: seis kilómetros desde el cráter del volcán hasta que se adentra en el mar durante un kilómetro y medio.

Dicho tramo submarino se conoce como «Túnel de la Atlántida».

Los Jameos del Agua deben su nombre, entre otras cosas, a la existencia de un lago interior cuyas aguas son «insólitamente claras y transparentes». Una «formación geológica singular» originada a partir de la filtración (pues se encuentra por debajo del nivel del mar), detalla el Ejecutivo isleño. Sobre este espacio en concreto apenas se ha intervenido, aseguran.

El vocablo aborigen de «jameo» (abertura del terreno que permite el acceso a las diferentes grutas) guarda relación con el desprendimiento parcial del techo de una sección del túnel.

Bastan 45 minutos para realizar el recorrido por los tres jameos que alberga este Centro de Arte, Cultura y Turismo que se abrió al público en 1966: El «Chico», por donde se realiza el acceso al interior, el «Grande» y el denominado «de la Cazuela».

El cangrejo ciego Munidopsis polymorpha constituye el símbolo de los Jameos del Agua. Tanto por tratarse de un raro espécimen único en el mundo como por formar parte de esa docena de especies endémicas consideradas de gran interés científico que viven en este hábitat acuático subterráneo.

Es blanco —debido a la oscuridad de la gruta, que propicia la ausencia de pigmentación— y apenas mide un centímetro de longitud, y . suelen puntear el fondo rocoso del lago.

Fuente

[*Otros}– El megatsunami de hace 73.000 años que podría repetirse. Riesgo en Canarias

02/10/2015

Manuel Trillo

El hundimiento repentino de una ladera del volcán Fogo, en el archipiélago de Cabo Verde, desató hace 73.000 años un megatsunami de casi 250 metros de alto.

Esto es ocho veces más que la destructiva ola que golpeó las costas del sudeste asiático en 2004 y acabó con la vida de 230.000 personas.

El gigantesco movimiento de agua descrito ahora arrasó en su día una isla situada a más de 50 kilómetros de donde se produjo el colapso volcánico. Pero lo más inquietante es que los científicos que han descubierto la magnitud de aquel fenómeno creen que uno similar podría repetirse en cualquier momento sin apenas dar tiempo para reaccionar.

Eso sí, matizan, las posibilidades de que nos toque a la actual generación de seres humanos son remotas, ya que sólo se da aproximadamente una vez cada 100.000 años.

Los investigadores dieron con la pista del histórico megatsunami mientras trabajaban hace unos años en la isla de Santiago, al oeste de la costa africana. Allí se toparon con unas rocas tan grandes como furgonetas y de hasta 770 toneladas, cuya composición no se correspondía extrañamente con el joven terreno volcánico sobre el que se asentaban.

Y lo más llamativo era que se encontraban nada menos que a 600 metros tierra adentro y a 200 metros de altitud sobre el nivel del mar. ¿Qué las había llevado hasta allí?

La conclusión a la que llegaron el portugués Ricardo Ramalho y otros científicos, que se publica este viernes en la revista «Science Advances», fue que sólo podía haberlo hecho una ola lo suficientemente potente como para arrancar la roca de la costa y elevarla hasta aquel lugar. Calculando la energía necesaria para lograr semejante desplazamiento fue como establecieron la magnitud del tsunami.

Por otra parte, el análisis en el laboratorio de los isótopos de helio cerca de la superficie de la roca permitió situar aquel sobrecogedor evento hace 73.000 años, lo que venía a coincidir en el tiempo con el desmoronamiento en la ladera del volcán Fogo que se conocía. Esos isótopos cambian en función de cuánto haya permanecido una roca expuesta a los rayos cósmicos.

Una vez cada veinte años

El volcán Fogo, con 2.829 metros de alto en la actualidad, es uno de los mayores y más activos del mundo, entrando en erupción una vez cada veinte años, la última en 2014. La supuesta «víctima» del megatsunami, la isla de Santiago, alberga hoy día una población de 250.000 personas.

El colapso en los volcanes y su capacidad de producir tsunamis eran ya conocidos, pero viene siendo motivo de discusión su intensidad. El estudio ahora publicado revela la rapidez del hundimiento y las enormes proporciones del fenómeno que se produjo hace 73.000 años.

Ramalho, investigador del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, considera que los colapsos de laderas pueden ocurrir de forma extremadamente rápida y tener efectos catastróficos, siendo capaces de desencadenar tsunamis gigantescos.

En este sentido, explica a ABC el autor principal del estudio, «hay volcanes en islas del Atlántico y otros lugares que son «lo suficientemente altos, empinados y activos para hundirse y desatar un tsunami como el descrito». Por tanto, considera que es posible que uno de estos fenómenos sucedan en un futuro, si bien, aclara, no puede predecir «cuál va a ser el próximo y menos aún cuándo». «No sabemos si va a pasar mañana o dentro de decenas de miles de años», admite.

En cualquier caso, puesto que «puede suceder y sucederá en algún momento» y que su efecto «puede ser absolutamente devastador», considera necesario «estar vigilante» y mejorar la preparación de la sociedad ante tal eventualidad.

Para tratar de evitar las consecuencias destructivas de un megatsunami, el científico luso sugiere, por una parte, mejorar los mecanismos para detectar la actividad de volcanes que pudieran desatar estos desastres. Por otra, propone investigar más el proceso que lleva a los colapsos de volcanes y a que estos desencadenen tsunamis. Y en tercer lugar, ve necesario planear de forma «fría y racional» como afrontar un fenómeno así para evitar sus consecuencias catastróficas.

Riesgo en Canarias

Las propias Islas Canarias, dado que cuentan con volcanes jóvenes, empinados y activos, son «particularmente vulnerables a experimentar colapsos de laderas y los tsunamis a los que dan lugar». De hecho, señala que el registro geológico del archipiélago refleja que en el pasado ha habido diversos hundimientos volcánicos e incluso hay evidencias del impacto de un tsunami de grandes dimensiones.

Además, el riesgo para las llamadas Islas Afortunadas no se limita a los fenómenos que tengan origen en ellas, sino que un gran tsunami generado a partir de un colapso en Cabo Verde también acabaría afectándolas y, dado lo densamente pobladas que están, «el impacto podría ser muy devastador», sostiene Ricardo Ramalho.

Con todo, concluye con un consejo: «¡Crear pánico y temor no es la vía para mejorar la respuesta y la concienciación de nuestra sociedad frente a georriesgos extremos como éste!».

Fuente

[*Otros}– La superluna y el Teide

NotaCMP.- Lo más que me llamó la atención, visto el fenómeno desde Caracas y con prismáticos, fue cómo en la Luna, que normalmente se ve circular, destacaba la esfericidad a medida que iba viéndose roja, como en la foto de abajo.

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 Foto, tomada en Tenerife, del eclipse de superluna, un espectáculo que no volverá a repetirse hasta 2033.

 Cortesía de Juan Antonio Pino Capote

 

[Col}– De vuelta por Segovia / Ricardo Ramírez Gisbert

Una gran cantidad de sucesos históricos llevan a las ciudades a estructurarse en la forma en que las conocemos hoy, algunas con mayor o menor suerte en términos de atractivo y belleza. Si hablamos de este último factor, Segovia (España) es una ciudad que no se queda corta, ostentando una enorme diversidad de monumentos de valor incalculable.

Pata ver el archivo, clicar AQUÍ.