[Col}> Que valga la pena / Soledad Morillo Belloso

07-06-2025

Soledad Morillo Belloso

Que valga la pena

Hay quienes pasan la vida esperando. El momento adecuado, la señal precisa, el golpe de suerte que cambie el rumbo. Se les escapan los días en rutinas sin alma, en excusas bien hiladas, en temores disfrazados de prudencia.

Hay un momento, quizá al final o en algún rincón de la memoria, en el que nos preguntamos: ¿dónde están los días que no vivimos?  No son los días que pasaron, sino los que dejamos ir sin siquiera tocarlos. Los momentos que pudieron ser pero no fueron. Las oportunidades que nos miraron a los ojos y las dejamos marchar. Las palabras que queríamos decir y callamos. Las emociones que sofocamos tal vez por miedo a sentir demasiado.

Desperdiciar la vida no es sólo dejarla pasar. Es permitir que la duda sea más fuerte que el deseo. Es aceptar la monotonía como un destino inexorable. Es posponer la felicidad porque “ya habrá tiempo más adelante”, sin atinar a comprender que el tiempo es un recurso natural no renovable.

Nos convencemos de que habrá más oportunidades, más “momentos perfectos”. Nos decimos que “mañana sí será el día”, que después nos atreveremos. No se puede llegar tarde a la vida. Es como intentar abordar un barco que ya zarpó. La vida no espera, no se detiene a ver si finalmente reunimos el coraje para subir a bordo. O nos atrevemos a navegar, o la vemos alejarse desde la orilla, dejándonos con la mirada fija en el horizonte de lo que pudo ser.  El tiempo sigue, implacable. Poco le importan nuestras excusas y postergaciones. Y cuando nos damos cuenta de que hemos estado esperando demasiado, muchas veces el barco ya es solo un punto que desaparece en el mar.

Desperdiciar la vida es postergar vivirla. Pero la vida no se detiene por nuestras dudas ni concede tregua a nuestra indecisión.  Y cuando al fin comprendemos el valor de un instante, muchas veces ya es demasiado tarde. Porque el tiempo desperdiciado no regresa. Se convierte en sombra, en el eco monótono de lo que pudo haber sido. Postergar la vida es mirarla desde lejos, como si fuera un paisaje ajeno en lugar de algo que nos pertenece por completo. Postergar vivirla es esperar la certeza absoluta, esa seguridad que nunca llega.

Vivir es elegir, es entender que nunca hay garantías pero sí posibilidades. Es decidir que, al final de todo, no queremos mirar atrás y ver una vida que apenas rozamos con los dedos, llena de “después” y “mañana”, como si el tiempo fuera infinito y la voluntad una moneda que siempre se puede gastar más tarde. La vida no se detiene, y, por cierto, no pide permiso. No espera a que nos armemos de valor ni hace pausa para que decidamos qué hacer con ella. Cuando al fin se comprende el valor de cada día, muchas veces ya quedan pocos por delante.

Vivir es entender que lo único desperdiciado es lo que jamás intentamos. Vivir no es esperar el momento perfecto. El tiempo no pregunta si estás listo. No es el tiempo el que se pierde, sino la oportunidad de usarlo. Eso sé. Mis cuentas financieras están en bancarrota. Pero mi vida ha sido intensa. Por eso, a pesar de tener el corazón roto, mi contabilidad no está en números rojos. Puedo morir mañana y vivir habrá valido la pena. Habré dejado huella. Con eso me basta y me sobra.

 

 

 

 

 

Saludos / Best regards,

Carlos M. Padrón

E-mail: Carlos@Padronel.net

Alterno: MADGRI@Padronel.net

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[Col}> Siempre espero que sea martes / Soledad Morillo Belloso

04-06-2025

Soledad Morillo Belloso 

Siempre espero que sea martes

Las semanas se despliegan como interminable retahíla de intentos fallidos, de promesas que no terminan de cumplirse, de sueños que bordean la realidad sin atreverse a tocarla.

Los lunes cargan con el peso de los comienzos forzados, arrastran la urgencia del comienzo, el ímpetu de lo nuevo con la fatiga de lo viejo. Son una puerta que se abre demasiado rápido, sin preguntar si quien cruza está listo para hacerlo. Los miércoles se disuelven en la prisa por llegar al viernes. Los viernes son la promesa ilusoria de descanso, la víspera de una felicidad que a menudo se disuelve antes de haber sido tocada. Los domingos llevan la nostalgia de lo que ya pasó. Son la cuerda floja entre la esperanza y el agotamiento, el instante en que todo avanza sin preguntar si vale la pena. Y de los jueves, mejor ni hablar. Son tontos y torpes.

El martes no es el inicio ni el desenlace, sino la pausa entre lo que fue y lo que será. Es un paréntesis, un instante sin agobio en el que todo parece posible. Una  tregua silenciosa, donde el peso del ayer aún no reclama su deuda y el futuro no ha revelado su saldo. No tiene la impaciencia de un inicio ni la resignación de un final. Es un espacio donde los pensamientos se despliegan como velas en un mar calmo, donde las decisiones aún no han sido tomadas y los errores aún no han cobrado su precio.

Espero cada martes como quien aguarda el primer soplo de aire luego de una larga inmersión. Como quien observa la línea difusa entre el sueño y la vigilia, preguntándose si lo que viene será  luz o sombra. El martes es el punto en que el tiempo se detiene, donde la posibilidad todavía respira. Cada martes es como si fuera una oportunidad nueva, como si de repente el mundo se alineara para regalarme un respiro, una certeza, una pequeña victoria. No es que los martes sean perfectos, sino que en ellos encuentro el espacio para imaginar que todo puede cambiar.  Porque si el lunes es una cuesta empinada y el viernes una despedida anticipada, entonces el martes es esa fracción de tiempo en la que la esperanza no es ingenua, sino necesaria.

Siempre espero que sea martes, porque en ese día suspendido todo puede ser imaginado, todo puede ser recreado. No es la certeza lo que lo hace especial, sino la ausencia de ella: el martes es la fracción de la semana en que el destino aún no ha decidido cuál será su rostro. Es el instante en que la ciudad respira despacio, donde las esquinas no tienen prisa y los relojes parecen olvidar su tarea implacable de contar los minutos. Es el día en que los sueños aún no han sido censurados por la rutina, cuando el aire conserva la vibración de lo posible y las promesas hechas en la madrugada no parecen tan absurdas. El martes no exige decisiones ni despedidas, simplemente deja que la vida se despliegue sin urgencia, como si el tiempo tuviera la cortesía de darnos un respiro.

Siempre espero que sea martes. Porque es el umbral entre lo que se anhela y lo que se enfrenta, entre el deseo y la realidad. En ese espacio suspendido, todo puede cambiar, todo puede florecer. Y mientras los días pasan como trenes veloces, el martes se queda un poco más, dejando en su pausa la ilusión de que, aunque sea por un momento, el mundo está en equilibrio. Y allí, creo, habita la esperanza.

[Col}> El persistente eco de la vida /Soledad Morillo Belloso

08-05-2025

Soledad Morillo Belloso

El persistente eco de la vida

La soledad es un mar inmenso, a veces calmado, otras veces furioso. En sus aguas aprendemos a flotar, a nadar contra corriente, a dejarnos llevar por la marea cuando la lucha se vuelve agotadora. Vivir es eso, aprender el ritmo de las olas y encontrar en cada nuevo amanecer una razón para seguir.

Hubo un tiempo en que respirar era mecánico, una repetición sin sentido. La luz del sol entraba por la ventana, pero no me calentaba. Las voces a mi alrededor se convertían en murmullos lejanos, ajenos, como si el mundo hubiese decidido avanzar sin mí. Perderse en esa niebla es fácil, pero salir de ella requiere una fuerza interior que muchas veces creemos inexistente.

El primer paso fue minúsculo. Un instante de curiosidad, una chispa en la oscuridad. Un libro abierto, una melodía que de pronto sonó diferente, el aroma del café con recuerdos olvidados. Pequeñas señales de que la vida todavía quería hablarme, aunque susurrara en vez de gritar.

Seguir viviendo no es olvidar el pasado, ni pretender ignorar el dolor. Es aprender a convivir con él, encontrarle un espacio en nuestra historia sin permitirle dictar nuestro futuro. Es abrir los ojos y, pese a todo, buscar belleza en lo cotidiano: en la textura de una hoja bajo los dedos, en la forma en que el viento juega con el pelo de alguien en la calle, en el reflejo tembloroso de la luna sobre el agua.

El peso del mundo es invisible hasta que lo sientes sobre los hombros. Se acumula en los pliegues del tiempo, en las palabras no dichas, en los recuerdos que parecían inofensivos pero que, con los años, revelan su verdadera intensidad. Vivir no es simplemente avanzar, es aprender a sostener lo que cargamos sin que nos hunda. Es encontrar equilibrio entre lo que fue y lo que aún nos queda por descubrir.

Hubo momentos en los que creí que la vida era un laberinto sin salida. Cada paso parecía llevarme al mismo punto, el mismo callejón sin respuestas. Me aferré al silencio, a las rutinas que me protegían del vértigo de la incertidumbre. Pero la existencia no se detiene por miedo; sigue su curso, indiferente a nuestras dudas. Aprendí que el cambio es inevitable, y que resistirse a él es como intentar detener el viento con las manos.

Seguir viviendo es aceptar la transformación, incluso cuando no la comprendemos. Es confiar en que la oscuridad de hoy no es eterna y que, en algún lugar, la luz siempre espera su turno. Porque si algo nos enseña el tiempo es que la vida se mueve en ciclos: la pérdida trae aprendizaje, la despedida nos prepara para nuevos encuentros, la caída nos recuerda que siempre podemos levantarnos.

En mis días más fríos, encontré consuelo en los pequeños gestos: una mirada que entendía sin palabras, la calidez de una voz que me llamaba por mi nombre, la fragancia de un libro recién abierto. Fueron esas diminutas maravillas las que me recordaron que la vida no sólo se mide en los grandes acontecimientos, sino en los momentos cotidianos que, poco a poco, nos devuelven el sentido.

Seguir viviendo no significa olvidar el dolor ni borrar la historia. Significa integrarlo en nuestra narrativa sin permitir que nos defina. Es mirar hacia adelante con la certeza de que, aunque el camino no sea fácil, sigue siendo nuestro. Porque la vida no nos pide perfección, sólo que sigamos andando, que sigamos buscando, que sigamos sintiendo.

Y así, entre amaneceres y noches sin sueño, entre risas y lágrimas, seguimos viviendo. Porque al final, la existencia no se trata sólo de sobrevivir, sino de encontrar la fuerza para hacerlo con propósito, con amor, con esperanza.

Porque la vida nunca deja de llamarnos, aunque a veces el ruido del sufrimiento nos impida escuchar. Y cuando finalmente logramos hacerlo, nos damos cuenta de que siempre estuvo ahí, esperándonos, paciente y fiel. Seguir viviendo es eso: aceptar la invitación y volver al mundo.

Cada noche me duermo escuchando música. Anoche fue Fito Páez quien me acompañó: “Cada vez que pienso en vos… Fue amor, fue amor…”

[Col}> Ida y Vuelta, Origen y Destino / Juan Antonio Pino Capote

15-03-2024

Juan Antonio Pino Capote

Ida y Vuelta. Origen y Destino

Existía desde siempre, fuera de eso que llaman espacio y tiempo, en una envidiable situación de bienestar y confort insuperables, rodeado de incontables presencias como la mía, y que me hacían sentir bien al aproximarse. Eso en una circunstancia sin principio ni fin. Algo que se podría nombrar como eternidad. No tenía ningún tipo de limitación para desplazarme dentro de la inmensidad. También tenía acceso a un gran holograma en el que se registraban todas las variaciones de la energía y sus efectos con un control exhaustivo de los más mínimos detalles del acontecer universal, instante por instante.

De pronto, alguien o algo decidió enviarnos a no sé qué clase de aventura. El destino y todos los detalles del itinerario nos serían dados durante el mismo en cada momento. Estaban contenidos en una especie de espirales de diverso tamaño que contenían una multitud de mensajes y programas. Cuando ya había llegado a un destino inquietante, algo se anexionó a mí con otros tantos mensajes espirales intercambiables para elegir los mejores de ambos. Una vez hecho esto, todo lo demás despareció y se inició un desarrollo en torno a mí y que me fue encorsetando en una serie de superposiciones incomprensibles que iban a condicionar mi nuevo estado.

Poco a poco me fui olvidando de mi grandiosa situación anterior para irme adaptando a las nuevas circunstancias. Todo me siguió pareciendo algo confuso y fui percibiendo cómo me iban llegando algunas sensaciones que podía oír y a percibir fluctuaciones en la intensidad de la oscuridad que me rodeaba. También me di cuenta de que podía mover algunas partes de mi envoltura, que recibía energía para el crecimiento por unos tubos que procedían del exterior y que me hacían crecer más y más.

Según iba creciendo como un nuevo individuo autónomo, me iba olvidando de mi posición anterior, aunque nunca se separó completamente de mí, su recuerdo. Y esto fue bueno porque siempre me permitió interpretar mi nueva situación con una cierta perspectiva.

Después de un cierto tiempo, cómodamente instalado en una especie de limbo lleno de incertidumbre y de sensaciones inexplicables, sufrí un cambio algo brusco y me vi privado de mi confortable estado anterior. Salí a un espacio exterior con mucha luz y, de inmediato, se pusieron en marcha mecanismos que substituirían a todo lo que recibía por los tubos que se conectaban a mi abdomen, que se desprendieron inmediatamente. Me di cuenta de que podía emitir sonidos potentes y también respirar y mover con fuerza mis anteriores muñones, ahora más desarrollados. Me di cuenta de que era mucho más autónomo, pero con otra clase de dependencia importante. Gracias a los que me habían precedido en esta aventura, me fui desarrollando y cogiendo el gusto a esta nueva situación. Agradecí que a lo largo del desarrollo me fuera apareciendo una cierta capacidad de pensar y reflexionar para irme dando cuenta de todo lo que pasaba y, casi más aún, se me había presentado una cierta capacidad de recordar lo que vivía y lo que razonaba. También gracias a la memorización del lenguaje con el que se comunicaban entre sí todos los que me rodeaban y, gracias a ello puedo comunicar todos estos recuerdos en un modo de transmisión entendible para todos. Porque se habrán dado cuenta de que estoy escribiendo esto de forma retrospectiva, un poco antes de mi vuelta al estado anterior.

Antes de que yo llegara ya me había precedido una multitud de generaciones de humanos que con su inteligencia y creatividad habían logrado un entorno confortable para unos seres con capacidades escasas de autosubsistencia. Por ello había surgido un sentimiento de solidaridad y cooperación entre la multitud de presencias. Pero había dos presencias que me resultaban muy cercanas y gratificantes. Posiblemente las que habían aportado los programas completos para mi formación y crecimiento y que, gracias a ellas, seguía obteniendo lo necesario para satisfacer mis necesidades elementales, aquéllas que obtenía fácilmente a través de los tubos a los que estuve conectado en mi etapa anterior.

Ahora, lo hacía de forma más agradable a través de lo que llamarían boca, a la que acercaban una fuente tibia y suave. Antes ya percibía sonidos muy extraños y luminosidades variables que luego serían los colores. Cuando acercaban a ella la fuente del líquido espeso, emitían sonidos muy agradables. Pero el líquido espeso lo tenía que succionar yo. Ya empezaba a hacer algo por mí mismo. Pero tenía que descansar después de varias succiones. Los sonidos y los cambios de iluminación fueron muy interesantes para mí, aunque la boca era la que me daba otras satisfacciones, a parte de la succión. Con la boca podía emitir sonidos potentes que llamaban la atención de otras presencias que pronto acudían a mí para calmar la necesidad de succionar o de resolverme cualquier contratiempo que percibiera en mis rudimentarias sensaciones corporales.

Luego todo fue un desarrollo progresivo con muchos logros e innovaciones, hasta que, pasado un cierto tiempo, cuando ya había aprendido a emitir sonidos articulados en palabras que iba oyendo y repitiendo, y pudiendo interpretar las emociones que se emitían con cierto tipo de palabras y las menos agradables de reproches que sonaban con más potencia y que en mi indefensión me producían llanto. Y así fui descubriendo el rico mundo de las emociones, ésas que te hacen sentir mejor o peor después del encuentro o desencuentro.

Pronto aprendí que estas sensaciones se compensaban unas con otras, aunque creaban una vaga sensación de perplejidad. Dentro de un ambiente acogedor, en el que otros resolvían mis incomodidades cuando lloraba o emitía sonidos que algo después se convertían en algunas palabras de las que iba oyendo, hasta que empecé a comunicarme y a pensar. Me sorprendía que se entendieran mis palabras, no sé si bien o mal pronunciadas. Y así fui progresando, hasta que un día me di cuenta de mi persona cuando alguien me preguntó cuántos años tenía y respondí que cinco, y me di cuenta de que el tiempo se medía por años y que yo pronto sería como ellos, personas importantes y seguras, o eso me parecía a mí.

Y sí, descubrí que muchas personas eran importantes y seguras en cuanto que con su esfuerzo proporcionaban logros más o menos útiles para los demás en los ámbitos de trabajo y en los campos del arte y la ciencia y en la capacidad organizativa de los esfuerzos y logros comunes y en las estructuras organizativas de todos y para todos. Pero sí, existía en todos en una inseguridad, más o menos confesada, que algunos parecían ignorar. Yo también empecé a tener mis dudas respecto a la duración de la vida y la llegada de la consabida muerte. Cosa que recordaba cada vez que veía un entierro.

Aun conservando el recuerdo de mi origen, dudaba si podría volver a él. Prefería pensar que sí, pero estaba algo dudoso de que así fuera. Y cada vez entendía menos el por qué y para qué de esta aventura. Pude observar que esta incertidumbre era común a todas las personas. Y esta incertidumbre ha acompañado a la Humanidad desde su aparición sobre la Tierra. A pesar de los enormes logros del conocimiento sobre todo lo existente, lo material o físico, en tres dimensiones, y lo inmaterial en forma de pensamientos y emociones, los humanos siguen con la gran incertidumbre de su origen y destino. Y aquí empieza el estudio de las religiones y creencias.

Desde muy pronto, los humanos empiezan a buscar… en lo físico, lo filosófico y lo religioso.

Todos conocemos la historia de los descubrimientos físicos, después de lo que los humanos han ido progresando en la adquisición de conocimientos y artilugios que los han traído al estado de bienestar del que los hombres disfrutan y se sienten orgullosos. Pero este autodenominado “Homo Sapiens” no logra dar respuesta a la gran incógnita de su existencia y destino después de la muerte. Las respuestas más aproximadas vienen del campo de las religiones y de la filosofía. También la Ciencia aporta bases para una respuesta coherente, aunque no concluyente.

Historias de la búsqueda existen tantas como seres humanos han existido. De la mano de las religiones y sus profetas se crea la idea común de Dios. Un ser definido como el causante de toda la creación que se ha querido comunicar con los humanos a través de los profetas que reciben unas normas de vida concretas y que siempre han superado el conocimiento y culturas de los que las han transmitido. Por lo que parece asumible que han sido realmente inspiradas desde una inteligencia superior, máxime cuando las palabras se acompañan de hechos extraordinarios como curaciones, resurrecciones etc., llamados milagros.

Pero, especialmente sus doctrinas eran muy buenas y han marcado la vida y comportamiento de todas las sociedades. Aunque la inmensa mayoría de los humanos creen por el testimonio histórico de otros, y a esto se le llama fe. Ni el gran avance de la Ciencia puede demostrar la existencia de Dios, de un cielo y un infierno, y del alma. Y la fe es muy útil para disipar la angustia ante la inevitable muerte.

La búsqueda filosófica se evidencia en el mito de La Caverna Platón, 400 años a.C. Pensaban que la verdad estaba fuera.

Durante mucho tiempo se ha buscado una explicación para que la creencia en estas creaciones religiosas sea posible desde la perspectiva de nuestra razón. Se ha buscado en la filosofía con variados argumentos, se ha buscado en la física y la química, en los átomos y electrones y en todos los elementos de la física clásica, con escasos resultados. Se ha buscado alguna base real para que las propuestas religiosas sean posibles y comprensibles para la razón humana. Los humanos han invocado multitud de teorías para demostrar la existencia de un ser o inteligencia superior que lo ha organizado todo. Esta creencia ha existido desde siempre y se ofrecían sacrificios y rogativas a éste o estos seres superiores. También servían para explicar lo inexplicable. Se han invocado multitud de teorías. Cuando hay muchas teorías para intentar explicar algo, es porque ninguna es satisfactoria. Por ello hay que fiarse de la fe, creer en lo que no vemos y fiarse del testimonio de los profetas y en la historicidad de acontecimientos extraordinarios.

Desde Aristóteles (460 a.C) se viene invocando el principio de causalidad, pasando por otros filósofos, como Descartes (meditación nº 3), Santo Tomás y otros muchos, se viene invocando este principio. Pero deducir o inducir la existencia de Dios, no es lo mismo que demostrarla.

Hace algún tiempo que se alumbró para los humanos una opción para creer en lo que no se ve: la radio. La radio de galena, la radio de lámparas y la radio de semiconductores, los llamados transistores. Con una velocidad de transmisión similar a la de la luz, de 300.000 km/seg. Nuestro lenguaje se podía transmitir a largas distancias por unas ondas que no se ven ni se oyen hasta que llegan a su receptor. A esto se llegó gracias a los conocimientos de la física clásica.

A principios del siglo pasado hizo su aparición la física cuántica. Hoy nos encontramos con una física cuántica, no al alcance de una mayoría de humanos, pero sí de los filósofos cuánticos que permiten vislumbrar una nueva dimensión como hábitat inicial y destino definitivo para la raza humana. Así que nos vamos a referir a las propuestas de algunos de los muchos filósofos que han especulado y hecho suposiciones con esta nueva herramienta en sus múltiples facetas. Para esto no hace falta tener ningún conocimiento de la física cuántica.

Una de las aportaciones más sugerente es la concepción de un universo holográfico, que sería como una especie de conciencia cósmica, además de “registro” del acontecer de la materia y de la vida en el Universo. Se puede invocar aquello que dicen los creyentes de “mira que te mira Dios, mira que te está mirando”. Y así puede quedar grabado todo el acontecer de nuestras vidas, incluyendo circunstancias, pensamientos que se van produciendo.

Si con instrumentos basados en la velocidad de la luz y la electricidad, con la información binaria y transformación de imágenes, lenguajes y demás, en dígitos trasportables y utilizables en ordenadores, y de una energía cuántica, en la que sus vórtices viajan a una velocidad de mil millones de veces la velocidad de la luz, podemos esperar las mejores cosas de y en este universo cuántico, aunque yo no he perdido el recuerdo, ahora algo vago de mi origen y destino seguro.

Otro aspecto importante es que se ha demostrado que las emociones y sentimientos viajan a gran velocidad en una longitud de onda especial, entre los humanos entre sí y con el holograma cuántico donde reciben un tratamiento preferente y distinguido. Son lo más importante en el mundo no visible, casi como un mundo paralelo: el mundo de las emociones.

Durante de mi existencia como humano también llegué a tener mis dudas y llegué a pensar que los humanos podrían descubrir el infinito que llevan dentro, en algo más profundo que el subconsciente, y pensé que allí podrían encontrar la visión holística de su existencia. Y consideré que podría intentarlo.

Lo intenté relajándome cerca del sueño y me encontré avanzando por espacios oscuros hasta que al final tuve la percepción de un espacio, donde estaban todas las respuestas que ya conocía, inmenso, lleno de luz y color, que me recordaba a mi vida anterior, pero ese instinto básico de los humanos, que llaman miedo, me recordó que no debía seguir adelante porque esto podía resultar en mi pérdida de corporeidad y punto final de mi aventura. Me vino a la mente la frase de un poeta afirmando que la verdad no cabe en la existencia y pensé que los humanos no conocerán esta dimensión hasta que mueran y se vean en ella disfrutando de su magnífico bienestar, y reviviendo con otros las aventuras y avatares de sus vidas y el devenir de todo el Universo

Y retrocedí, más que por miedo, porque no quería salir de la Tierra sin dejar testimonio de esta interesante aventura y contarla como una novela. Cuando la termine estaré satisfecho de haber venido y dispuesto a la vuelta, y no por progresar en mis profundidades mentales, sino porque mi ciclo vital y biológico haya llegado a su fin natural.

[Col}> 2023 / Oswaldo Izquierdo Dorta

                   2023

Caótica Navidad.
Aunque Jesús la ahormó,
lleva milenios andando…
y aún no sabe dónde va.

Creyó al vecino amigo.
a la justicia, sagrada.
Que la herida era sonrisa,
que las caricias, espadas.

Que el hombre era su hermano,
la mentira no engañaba.
Que este planeta es eterno,
y el hambre a nadie importaba.

Que ya no cabe el asombro,
que se apagó la mirada.
Que la paz era la guerra,
que aquí no ha pasado nada.

Unos mueren entre escombros,
otros mueren ahogados.

Sólo nos queda una vela.
El pabilo de una vela,
a la esperanza aferrado.


Oswaldo Izquierdo Dorta

[Col}> 100 años de TABACOS CAPOTE / Carlos Valentín Lorenzo

100 años de TABACOS CAPOTE

30-11-2023

Carlos Valentín Lorenzo

Tal día como hoy, hace exactamente 100 años, el 30 de noviembre de 1923, inició, en nuestro municipio, su andadura empresarial de comercialización de cigarros puros elaborados a mano, el joven emprendedor Pedro Capote Lorenzo, con apenas 24 años de edad.

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Pedro Capote Lorenzo (1899-1971)

Pedro Capote Lorenzo, natural de El Paso, había estudiado Administrador de Correos en Madrid y, en 1923, fue trasladado a Los Llanos como jefe de la oficina de Correos. Ese mismo año decidió iniciarse en el negocio tabacalero como fabricante de tabacos y cigarrillos.

Pedro Capote fundó su propia empresa con una plantilla de seis personas, según se recoge en el primer libro de matrícula.

Nº MATRÍCULA

NOMBRE

ENTRADA AL TRABAJO

CATEGORÍA

1

Tomás Capote Lorenzo

30/11/1923

Oficina

2

María Luisa Acosta Pérez

Auxiliar

3

Ana Pérez Pino

Auxiliar

4

Juana Sosa González

Auxiliar

5

Simón Sanluis Sánchez

Torcedor

6

Francisco Alfonso Sosa

Torcedor

La empresa, que posteriormente sería Tabacos Capote S. A., contó en sus inicios con un director de oficina, que era Tomás Capote, joven hermano del propietario, tres auxiliares y dos torcedores o pureros.

Unos cinco años más tarde introdujo la primera máquina de liar cigarrillos, lo que supuso un avance considerable en las labores de producción. Al lado de su casa familiar, en un edificio en construcción, en la primera planta se instaló esa máquina.

La fábrica de Pedro Capote inicialmente se denominó “Fábrica de tabacos y cigarrillos Helios”. A lo largo de los años, los cigarrillos fueron comercializados a través de distintas marcas: Vulcano, Alas, Norte, Mencey…

El Paso, pueblo agrícola por excelencia, contó con una industria tabacalera que supuso la principal fuente de trabajo estable de muchas familias. Llegó a contar con unos doscientos empleados. Con el transcurso del tiempo se situó como una de las industrias más importantes del ramo en Canarias. Pedro Capote contribuyó con su empresa al resurgimiento socio-económico del municipio de El Paso. Con sus obreros mantenía una especie de montepío que aventajaba en mucho las disposiciones del Estado en materia social.

Fue reestructurando sus medios de producción, e incluso cambió de emplazamiento, en 1967, a unas instalaciones más modernas. Se cambia el proceso productivo de un taller artesanal a una fábrica mecanizada. En ese nuevo lugar —donde hoy día se establece una superficie comercial— se emplazaba la serrería y carpintería para elaborar los envases de los puros y las cajas de embalaje.

A la muerte de Pedro Capote, en 1971, sus herederos constituyeron una sociedad anónima y, en 1973, adquirió la propiedad la multinacional RJ Reynolds Tobacco Company. Nuevas máquinas y tecnología, así como nuevos sistemas de trabajo.

Japan Tobacco International (JTI), que había comprado a RJ Reynolds, cierra la planta establecida desde 1986 en la zona industrial de Fátima, definitivamente en 2001, trasladándose a Alemania.

Con esta efeméride del centenario, queremos recordar que Tabacos Capote ha sido una de las principales industrias propias que ha tenido la isla de La Palma en el siglo XX. Su impacto económico y social fue digno de destacar, tanto a nivel local, como insular.

[Col}> Nombres en la vulcanología palmera / Carlos Valentín Lorenzo Hernández

NOMBRES EN LA VULCANOLOGÍA PALMERA

Colaboración de Carlos Valentín Lorenzo Hernández, en forma de pequeño artículo, para el número extraordinario de la Revista Atlántica del Derecho, la Historia y la Cultura, que lleva por título «El Volcán». El trabajo versa sobre la conferencia que el científico Juan María Bonelli Rubió impartió en el Teatro Monterrey de El Paso durante la erupción del Volcán de San Juan en 1949.

18-09-2023

Carlos Valentín Lorenzo Hernández

JUAN MARÍA BONELLI (1904-1981)

Aún estamos sobrecogidos por el episodio telúrico, vivido en el último tercio del pasado año en La Palma, que se inició el 19 de septiembre de 2021, tras una semana con una intensa sucesión de movimientos sísmicos localizados en la joven, geológicamente hablando, dorsal de Cumbre Vieja.

Aquella tarde la tierra se abrió en la zona del secular pago de Cabeza de Vaca, otrora lugar de pastos y cultivos de medianías, en el municipio de El Paso. Este proceso volcánico, con casi 86 días, ha sido el de más larga duración y de mayor efecto devastador de cuantos han tenido lugar en la isla, al menos, en la etapa histórica.

Este acontecimiento geológico supuso el momento propicio para aproximarnos a una personalidad vinculada con la erupción volcánica acaecida, también en Cumbre Vieja, en el año 1949: el Volcán de San Juan.

Nos referimos a Juan María Bonelli Rubio, capitán de fragata de la Armada. Su padre, Emilio Bonelli, fue un militar y explorador de la costa africana del Sahara occidental, en la península de Río de Oro. Quizás imbuido por ese mismo espíritu inició una carrera política que lo llevó a desempeñar el cargo de gobernador general de los territorios españoles del Golfo de Guinea entre los años 1943 y 1949. Durante su estancia en esa posesión española se documentó sobre la geografía, vida y costumbre de aquellos territorios.

1 Juan María Bonelli Rubio durante su etapa de gobernador general de los territorios españoles del Golfo de Guinea.

Una vez cesó en el cargo de gobernador, en febrero de 1949, desarrolló una intensa carrera científica, como ingeniero geógrafo y geólogo, en la jefatura del Servicio Sismológico Nacional, dependiente del Instituto Geográfico y Catastral de España. Demostró sus vastos conocimientos de geología en concienzudos trabajos que se convirtieron en referentes en universidades y centros de investigación.

El proceso del Volcán de San Juan se inició el 24 de junio de 1949 (onomástica del Bautista del que tomó el nombre) y se prolongó hasta el 4 de agosto. Tres cráteres se abrieron durante la manifestación geológica: el inicial del Duraznero, con más de una boca; Hoyo Negro, y la fisura del Llano del Banco, que fue la que, a partir del día 8 de julio, arrojó la lava hacia la vertiente occidental y llegó hasta el mar por la zona de Las Hoyas. Las dos primeras semanas el volcán emitió cenizas, polvo fino, arenas calcinadas, lapilli, piedras y gases.

Bonelli Rubio llegó el 5 de julio, comisionado por la Presidencia del Gobierno y el propio Instituto Geográfico y Catastral, con objeto de realizar un detenido estudio del suceso y sus posibles consecuencias. Cabe mencionar que el ministro de la Gobernación de la época, Blas Pérez González (1898-1978), natural de La Palma, contribuyó con su gestión a destinar recursos, tanto personales como materiales, para hacer frente a esta crisis.

Tan pronto llegó, Bonelli Rubio se dirigió a la zona afectada para comenzar sus observaciones. Consultado por la prensa, se negó a hacer afirmaciones rotundas sobre el tipo de erupción y avanzó que, según las informaciones que habían llegado a su poder hasta ese momento, “sus características coinciden con los volcanes de tipo estromboliano”.

2 Fotografía publicada en el libro Volcán de San Juan, de Manuel Martel San Gil. En el grupo se encuentran Bonelli Rubio, Benítez Padilla, el doctor León Santanach y otros visitantes acompañados por los guardas forestales (entre ellos el de El Paso, Antonio Padrón Díaz).

El día 29 de junio corrió el rumor, recogido por la prensa, que se trataba de un volcán de tipo peleano. Posiblemente quien lanzó la noticia infundada lo hizo al enterarse del taponamiento del cráter localizado en la base de la Montaña del Duraznero.

Para tranquilidad de la población, Juan María Bonelli anunció su propósito de “recabar la máxima información macrosísmica en la que se recojan todos sus pormenores: la intensidad y duración de los movimientos, la clase de humo y piedras arrojadas por el cráter, la forma en la que se representan las bocas del cráter y otras circunstancias que concurren en la erupción”.

Manifestó también que, aquel momento “se podría determinar, por lo menos, la profundidad, teniéndose en cuenta las distancias alcanzadas por los movimientos sísmicos”. Por las noticias reunidas hasta entonces por el Servicio Sismológico “no se estima como de graves caracteres la presente erupción. Para tener un conocimiento profundo es necesario que la lava salga a la superficie y, tras los análisis pertinentes, se determinará con precisión el tipo del volcán y su desarrollo”.

Añadió que “la formación geológica de Canarias se encuadra en el período terciario y que, por ello, no se espera una convulsión subterránea de mayor importancia”.

Por mandato expreso de Pérez González, el geólogo viajó también con el cometido de estudiar el emplazamiento de un posible Observatorio Geofísico, radicado en La Palma y con un área de estudio en este cuadrante del Atlántico Occidental.

En la memoria colectiva de los palmeros y vinculada a la efeméride del Volcán de San Juan, quedó como recuerdo imperecedero la conferencia impartida por Bonelli Rubio, ingeniero jefe del Instituto Nacional de Sismología, en el Teatro Monterrey de la ciudad de El Paso, el jueves 7 de julio de 1949. Fue un paradigma del papel del científico que, con la verdad y con la razón, debe transmitir tranquilidad a una población inquieta y temerosa ante un suceso grave, cuyo último antecedente se situaba en 1712. Una brillante lección magistral, rigurosa y documentada, utilizando términos claros y sencillos para su comprensión por un numerosísimo público, con personas de todas las clases sociales y con distinta preparación que se dieron cita en la ciudad pasense.

A las cinco de la tarde, conforme se había anunciado, comenzó el acto. El local y las terrazas que lo circundan se encontraban totalmente ocupadas por vecinos del Valle de Aridane, ansiosos por escuchar su autorizada palabra. La docta y amena disertación cumplió todos sus objetivos y logró que renaciera la tranquilidad después de unos días de expectación e inquietud.

El escenario estaba ocupado por las primeras autoridades insulares de todos los órdenes; entre ellas el delegado del Gobierno y el comandante militar; los alcaldes del Valle y el geólogo canario Simón Benítez Padilla (1890-1976). Previamente hizo uso de la palabra Antonio Pino Pérez (1904-1970), que se refirió a la prestigiosa personalidad del conferenciante, que ya había adquirido extraordinaria popularidad entre los palmeros por su sabiduría y sencillez.

“Hoy, más que nunca, siento el orgullo y la emoción de ser alcalde de El Paso, al ver como todo el vecindario del Valle, incansablemente laborioso, sobre todo los campesinos, enraizados a la tierra donde ellos y sus mayores han dejado pedazos de sus vidas, hacen frente a las fuerzas incontenibles de la Naturaleza y se niegan, con lágrimas en los ojos, a abandonar sus hogares y sus campos”. Las palabras del señor Pino Pérez fueron premiadas con cálidos aplausos.

Por su gran valor documental reproducimos literalmente fragmentos y afirmaciones del señor Bonelli Rubio durante su intervención: “Quiero comenzar refiriéndome a un refrán conocido de todos ustedes: nadie se acuerda de Santa Bárbara hasta que truena. De la misma manera podemos decir que nadie se acuerda de los geólogos y sismólogos hasta que los ruidos que arrancan de la corteza de la tierra sobrecogen nuestros ánimos”. Prometió usar pocos tecnicismos a fin de que todos entendieran su charla o conferencia de divulgación.

“Ustedes se preguntarán por qué existen, por qué aparecen los volcanes. Pues sencillamente porque la Tierra está viva. Sencillamente porque, gracias a este calor y a esta vida que tiene la Tierra, vivimos los hombres, la Tierra recibe el calor del Sol, pero también la Luna lo recibe y, sin embargo, está muerta. Es que la Tierra no sólo vive gracias al calor del Sol, sino a su propio calor. En el interior de la Tierra, indudablemente, hay fuego, pero además existe otra materia que sin ser fuego puede llegar a serlo en cualquier momento. Se trata del llamado magma. Los sismólogos estamos para dedicar nuestro estudio al conocimiento de los movimientos del magma y todos los fenómenos que de ellos se deriven”.

“Estudiar un terremoto, por ejemplo, es investigar la generación y transmisión de ondas que se producen y propagan hasta el sitio en donde exista un observatorio. Estudiamos los sismólogos el llamado rayo sísmico, al que interpretamos y traducimos en las gráficas que nos entregan nuestros aparatos. Por estas gráficas sabemos que no todo en el interior de la Tierra es fuego. Por esto sabemos que también en el interior de la Tierra existen materias que no se encuentran en el estado de ignición. Pero ahora —dijo el conferenciante— no nos interesa tratar del interior de la Tierra, sino de su corteza; de esa corteza que, relativamente estrecha, se encuentra llena de arrugas y oquedades por todas partes; de esa corteza que no es homogénea, de la cual las arrugas son las cordilleras y montañas, y de la que esta isla es una arruga. La corteza terrestre tiene trozos jóvenes y trozos viejos. El tiempo es la lima que va haciendo desaparecer las arrugas, que son las montañas”.

3 Panorámica del Volcán desde Las Manchas, antes de abrirse la fisura del Llano del Banco.

“El tiempo es el que hace la llanura, el que fraguó Castilla como trozo viejo de la corteza terrestre. En Andalucía, por el contrario, el tiempo aún no ha consumado su labor y por eso Andalucía es joven y tiene montañas y en ella hay terremotos. Lo mismo puede decirse cuando tratamos de los volcanes. Los volcanes nacen del magma en estado incandescente por la producción de gases en el mismo magma. Pongamos un ejemplo: ideamos una habitación de fuertes paredes donde sólo por el techo se pueda salir. Dentro de la habitación supongamos que está un hombre fuerte encerrado, que después de tantear las paredes y ver y comprobar que son invulnerables, comprenda que sólo puede salir por el techo y le empuje violentamente hacia arriba para vencer su resistencia. Tenemos un hombre violento y un techo duro. Puede sobrevenir la catástrofe. Supongamos un hombre débil, pero con un techo más flojo. Éste es nuestro caso. Los volcanes de este archipiélago son así todos y, todos, lógicamente, deben seguir siendo iguales por imperativo de la historia, siempre débiles y por ello no debemos temer una catástrofe. Debo hacer una indicación: Más que el volcán, impresiona el terremoto que siempre le acompaña. Puede haber terremoto sin volcán, pero no puede haber volcán sin terremoto. Admitimos como lógico el temor que el hombre siente ante el terremoto. El raciocinio nos dice que el volcán ha originado el terremoto; la observación nos demuestra que el volcán ha perdido fuerza por haber roto la corteza terrestre, en nuestro caso con la ruptura del sábado, día 2 de julio, momento en el que se produjo la mayor sacudida”. (El temblor de tierra, que se produjo al atardecer del citado día, hizo que tocaran solas las campanas de la iglesia de El Paso y se pararan algunos relojes de péndulo).

“Después de estos razonamientos y después de esta observación no es lógico esperar sacudidas mayores”, dijo. “Tratando ahora de las consecuencias que el seísmo ha acarreado, quiero hacer referencia a los daños materiales sufridos. Las casas que se han caído, pudiéramos decir que eran casas de poca solidez; la conmoción de los terremotos ha sido relativamente poco intensa y, por lo tanto, la causa principal de estos daños materiales está en la deficiente construcción de los edificios, aunque ello no aminore la tragedia de las pobres gentes que han perdido su hogar, herencia única de sus mayores, y para cuya situación debe buscarse el remedio. Es absurdo el pensar —manifestó— que los terrenos afectados o colindantes vayan a quedar baldíos y que las aguas destinadas a los riegos vayan a retirarse. El pronóstico aquí es igual que ante un enfermo: debe ser reservado. Pero hay que admitir como improbable que el fenómeno que nos ocupa ocasione daños mayores. Debe reanudarse la vida, y los hombres deben volver al trabajo; debemos pensar en el volcán a modo de curiosidad científica. Vuestro volcán, no lo olvidéis, es signo de vida, de juventud”.

“Estos terrenos que ahora os parece que podréis perder, yermos, serán en un futuro terrenos fértiles en los cuales seguirá el hombre caminando con la reja de su arado. Esta encantadora isla, que tanto me ha agradado y a la que pienso volver a ver, seguirá siendo la isla bella, deslumbrante en su espléndida gama de color”, concluyó.

Escuchado en absoluto silencio, Juan María Bonelli recibió una calurosa ovación. Su lección actuó como un bálsamo tranquilizador sobre el estado de ánimo del público asistente.

En una entrevista publicada en el momento de dejar La Palma el 13 de julio, resumió con precisión y sabiduría sus observaciones y apuntó que “la erupción tiene un interés extraordinario, aparte de lo espectacular de su desarrollo, desde el punto de vista científico, pues ha venido a confirmar todo cuanto habían establecido los geólogos en orden a la formación tectónica de la Isla”. Añadió que “el volcán actual, surgido en las inmediaciones del Duraznero y del Llano del Agua, que son dos antiguos volcanes, es una continuación de otros semejantes más antiguos. Tanto en aquéllos como en éste el aparato eruptivo es el mismo, diferenciándose únicamente de los anteriores por la apertura de nuevos cráteres que observan alineaciones definidas, acusadas por las líneas de dislocación del terreno. El cráter abierto últimamente ha hecho su aparición en las faldas del cerro o monte de la Barquilla, a unos mil cuatrocientos metros aproximadamente sobre el nivel del mar. El volcán, por lo demás, camina hacia su acabamiento, sin que hayan de preverse fuertes conmociones o catástrofes de ningún tipo. El volcán, como se ha dicho, de tipo estromboliano, puede clasificarse en rigor como un volcán canario, habiéndose seguido, en líneas generales, igual proceso que otros de estas islas, del que es ejemplo más reciente el Chinyero que hizo erupción en Tenerife en 1909”.

5 Columna de humo bocas del cráter del Duraznero. Autoría de Bonelli Rubio.

Prosiguió diciendo Bonelli Rubio que “las erupciones registradas en la isla de La Palma, principalmente en el siglo XVII, periodo de mayor actividad volcánica, están dentro de las características que ofrece la presente erupción. EI Volcán de San Juan tiene, sin que estos datos estén determinados por un valor científico absoluto, una profundidad de siete mil a diez mil metros, lo que ha podido establecerse por la información macrosísmica llevada a cabo. La lava, que ofrece un aspecto de mucha fluidez, y de origen superficial, está integrada por rocas cuya composición determinará el análisis que, de las mismas, se hará en Madrid, pudiendo afirmarse de antemano que no hay hidrocarburos ni otras materias que suelen integrar la lava. El volcán —dijo el entrevistado—exhala humo de color blanquecino y en pequeña cantidad, y pueden registrarse algunas explosiones, aunque muy ligeras. La proyección de la lava, en forma de río y espaciada expulsión, alcanza, aproximadamente, dos metros por minuto. Es probable, por otra parte, que la salida de lava se prolongue hasta mediados de esta semana, arrancando esta opinión únicamente del proceso de las anteriores erupciones volcánicas isleñas. El calor desarrollado por la lava es de seiscientos a ochocientos grados en el centro de la corriente. En las inmediaciones del volcán, los árboles han resultado materialmente destruidos y, en cuanto a los rastrojos y matorrales, son consumidos ante la sola proximidad de la lava, que desde el cráter del volcán pasa a una pequeña hondonada y, de allí, por el barranco de Tamanca, prosigue su curso en forma de deslizamiento”.

Manifestó finalmente Bonelli Rubio que “aún puede que se abra algún cráter más, lo cual no modificaría, en manera alguna, el curso normal de la presente erupción, de la que hay que decir que representa el fin de un largo proceso de vulcanización en las Islas Canarias. Posiblemente, podrán producirse movimientos sísmicos al final de la erupción, pero sin importancia”.

Recordamos que la fisura del Llano del Banco dejó de emitir lava el 26 de julio y, días después, el cráter de Hoyo Negro vertió lava hacia la vertiente este de la isla sobre la Villa de Mazo, sin que alcanzase el mar. A finales de julio la actividad decrece, hasta que el 4 de agosto se da por concluida la erupción.

Tras la finalización de la erupción volcánica en la isla de La Palma, Bonelli Rubio realizó dos publicaciones que recogían sus observaciones y estudios del proceso de la erupción, sus características y los fenómenos a que dio lugar. La primera, “Erupción del volcán del Nambroque o San Juan (Isla de La Palma)” publicada en 1950. La segunda, junto al ingeniero de montes, José Romero Ortiz, que también estuvo en la erupción de La Palma, lleva por título “La Erupción del Nambroque (junio – agosto de 1949)” que vería la luz en 1951.

4 Grieta producida en el Llano del Agua. Fotografía A. Benítez. Publicada en el libro Erupción del volcán del Nambroque o San Juan (Isla de La Palma) de Bonelli Rubio.

La trayectoria profesional científica de Juan María Bonelli Rubio continuó durante muchos años. Recordamos que, en la década de cincuenta, participó en los incipientes estudios sobre cambio climático; asistió a congresos internacionales de sismología y ejerció, durante décadas, como secretario general de la Real Sociedad Geográfica, obteniendo una alta condecoración en 1975.

Cuando La Palma se ha convertido una vez más en objeto de la atención de la comunidad científica internacional, en epicentro del mundo, desde el punto de vista del vulcanismo, hemos querido recordar que hace setenta y tres años, en un tiempo que dista mucho de los avances tecnológicos de hoy, tuvimos en nuestra isla al pie del Volcán de San Juan a quien se consideraba la máxima autoridad nacional en las ciencias de la tierra.

FUENTES CONSULTADAS

BIBLIOGRAFÍA

  • MARTEL SAN GIL, Manuel. El Volcán de San Juan (La Palma. Canarias). Madrid. Talleres de Artes Gráficas.1960.
  • BONELLI RUBIO, Juan María. Erupción del volcán del Nambroque o San Juan (Isla de La Palma). Madrid. Talleres del Instituto Geográfico y Catastral. 1950.
  • ROMERO ORTIZ, José. BONELLI RUBIO, Juan María. La Erupción del Nambroque (junio – agosto de 1949). Madrid. Talleres del Instituto Geográfico y Catastral. 1951.

PRENSA

  • DIARIO DE AVISOS.

[Col}> En torno a dos medallas de oro, y la Sanidad en España / Juan Antonio Pino Capote

S/C Tenerife a 21 de abril de 2023

Juan Antonio Pino Capote

EN TORNO A DOS MEDALLAS DE ORO

Visión de un Académico

El pasado 30 de marzo de 2023, el Cabildo de Santa Cruz de Tenerife hizo entrega de sendas medallas de oro de la isla a dos entidades complementarias en sus servicios y con gran arraigo en la isla: Real Academia de Medicina de Canarias, y Sociedad Española de la Lucha contra el Cáncer. Una feliz coincidencia.

Esta coyuntura me trajo a la memoria una frase de mi admirado Hipócrates, padre de la Medicina y la Ética (juramento hipocrático), año 460 a.C., Grecia. Academia de Atenas. Dice así: «El médico no sólo debe estar preparado para hacer lo que es correcto a sí mismo, sino también para hacer que el paciente, los asistentes y los externos cooperen«.

En tiempos modernos, las instituciones y asociaciones son más relevantes que los individuos, y así la Real Academia representaría al médico de la época hipocrática, y la Sociedad Española de lucha contra el cáncer representaría a los EXTERNOS donde Hipócrates dice que los externos cooperen. En la situación que nos ocupa, los “externos” han surgido generosamente motu proprio a cooperar. Sin embargo, hay otros muchos EXTERNOS más importantes cuya cooperación sería fundamental para tener una gran Sanidad en España, que ofrece la mejor coyuntura del mundo: El GOBIERNO. La forma de hacerlo es la siguiente:

En primer lugar, hace falta una gran inversión, que puede ser mucho más reducida si se actúa como señalaremos. Se atribuye a Napoleón la frase de que “para ganar la guerra hacen falta 3 cosas: Dinero, dinero y dinero”. Y ahí está la buena gestión que el gobierno no quiere o no sabe hacer. Por lo que al dinero, yo añadiría voluntad.

Era más difícil conseguir dinero cuando se inició la creación de nuestra gran Seguridad Social. En la España de la “larga postguerra”, de los pantanos y en vías de reindustrialización, unos astutos gobernantes, con los escasos medios a su alcance, iniciaron la feliz aventura utilizando los consultorios privados y los de APD, y también clínicas privadas, donde los profesionales médicos, con un pequeño sueldo y un talonario de recetas formaron una infraestructura suficiente para que se iniciara el famoso SOE, Seguro Obligatorio de Enfermedad, al que empezaron a cotizar los trabajadores y las empresas. Así surgió nuestra magnífica Sanidad que ahora se deteriora a pasos agigantados. La forma de resolverlo puede coincidir con los gestores iniciales del pasado siglo.

1ª medida. Será imprescindible invertir la sangría de los PROFESIONALES, hacia el extranjero y, además, acelerar la formación de nuevos profesionales. Es necesario elevar el salario de los profesionales que durante tantos años vienen prestando grandes servicios por la mitad del salario que cobran los sanitarios de todos los demás países europeos, incluido nuestro vecino Portugal. Mejorar también sus condiciones laborales. Y, como se van a necesitar muchos profesionales, bajar el listón de ingreso en las facultades y en el MIR a un nivel compatible con la calidad. Esto es mucho mejor que importarlos de otros países con bajo nivel.

2ª medida. Antes, hay que borrar de las mentes estrechas y fanáticas la demonización y el tabú a la privada. Ya que la privada es la que nos puede sacar del atolladero, como en los tiempos iniciales. Pasa por hacer un gran PACTO, blindado, con la privada, a la que se le asegure un concierto por los años que sea necesario para la creación de nuevos centros hospitalarios y de asistencia primaria. La asistencia CONCERTADA puede funcionar como lo ha hecho hasta ahora o incluso mejor. Se supone que la privada, de muy alto nivel en España, esté dispuesta a hacer crecer sus empresas. También es muy posible que la privada haga la infraestructura en tiempo récord o, al menos, mucho más rápido que la pública. La necesidad apremia.

El deterioro continúa a velocidad de un vértigo imparable. Y no se puede gobernar con una miopía de 4 años o especulando con los votos. También se juzgará a los gobiernos por lo que no hicieron o dejaron de hacer.

La Sanidad está grave y hay que conseguir que los EXTERNOS, cooperen