[Canarias}— El milagro tras la terrible erupción del Timanfaya que duró seis años y arrasó la mitad de Lanzarote en 1730

El milagro tras la terrible erupción del Timanfaya que duró seis años y arrasó la mitad de Lanzarote en 1730

La expulsión de lava se prolongó hasta 1736, sepultó once municipios, levantó montañas y obligó a la mayoría de la población a exiliarse. Los pocos que se quedaron se beneficiaron del inesperado auge que provocó la ceniza en la economía, la agricultura y el turismo de la isla hasta el día de hoy

[Canarias}— El insecto que España vendía al mundo y que valía más que el oro y la plata americanos

El insecto que España vendía al mundo y que valía más que el oro y la plata americanos

Hasta que la aparición de los colorantes artificiales dio al traste con este comercio, la cochinilla, llamada grana entre los españoles, fue uno de los productos mexicanos de exportación más valiosos, entre 1650 hasta 1860, tan sólo superado por el oro. Posteriormente, los españoles la introdujeron en Canarias, donde su cultivo se convirtió en un importante recurso económico para las islas

[Canarias}— "Mi casa". La cruel realidad que ha golpeado la vida de muchos palmeros

Huelgan comentarios, pero vaya mi felicitación al autor de este poema, que me llegó como obra de Jaime Quesada Martín, a quien no conozco, aunque me ha llegado también como obra de otra persona. Nunca faltan inescrupulosos que quieran ganar indulgencias con escapulario ajeno
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Yo mismo abrí los cimientos
con pico, guataca y pala,
en aquel trozo de erial
que de padre un día heredara,
y fui llenando las cepas
con la roca calcinada
de otro volcán, ya extinguido,
que años ha robó la calma
a la Benahoare hermosa,
adornándola de lava,
inequívoca señal
de ser por Vulcano amada.

Y levanté las paredes,
y puse techo a la casa,
que hasta esta noche de infierno
fue nuestra humilde morada.

También les hice un corral
al bardino y a las cabras,
y planté, pegado a un teste,
rosales, claveles, calas,
que Nievitas, mi mujer,
con tanto amor las regara.

Mis manos fuertes de joven
la albearon con cal blanca,
y jamás falté al empeño
de dejarla inmaculada
las vísperas de la fiesta
cuando el pueblo se engalana
en honor a su patrona,
y en las calles y en la plaza
banderitas de papel
ondean en hilos de bala.

Ayer, antes de salir,
Nievitas hizo la cama,
y recogió los juguetes
de los nietos en la caja.

Dejamos todo en su sitio,
cerramos puertas, ventanas;
nos miramos a los ojos
para darnos esperanzas
de que habrá otros despertares
otras nuevas madrugadas
aquí en nuestra habitación,
aquí, en nuestra hermosa casa,
donde criamos seis hijos
y ahora hemos de dejarla
porque un volcán impetuoso
nos amedrenta, amenaza
con destrozar nuestro pueblo
y sepultarlo en su lava.

El hombre está cabizbajo
en un lugar de la grada
del complejo deportivo.
Nievitas, con él, lo abraza,
pero nada los consuela
porque perdieron su casa.

Consumió el fuego recuerdos;
ardió el ropero, la cama,
los retratos, las cortinas,
y la cajita de lata
donde guardaba sus hilos
la mujer junto a una estampa
de la virgen de Las Nieves,
la patrona de La Palma.

Cortesía de Carmen O’Dogherty