[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Juan González de Acebedo

Juan González de Acebedo fue almirante de galeotes en los mares de América y gobernador de Cuba en 1631.

Murió peleando contra los filibusteros que por entonces asolaban nuestras Antillas y perseguían tenazmente a las embarcaciones mercantes que salían de nuestros puertos para Europa, pasando a cuchillo a todos los tripulantes que tenían la desgracia de caer prisioneros.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Francisco Guillén del Castillo

Francisco Guillén del Castillo fue un bizarro marino cuyas hazañas estarán siempre impresas en los anales de Filipinas, principal teatro de sus glorias navales, nació en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, isla de Tenerife.

Poseedor de un mayorazgo que había fundado su abuelo, el licenciado en Derecho D. Francisco Guillén, se dedicó desde luego a engrandecerlo y hacerlo fructificar, pero la pasión por la aventura le hizo abandonar la vida pacífica del agricultor canario por la peligrosa del marino.

Dotado de algunos conocimientos náuticos, se trasladó a la Península Ibérica, y bien pronto se hizo notar en las galeras de García de Toledo, en las que no tardó en recibir el grado de alférez.

Embarcose luego en los galeones de Tierra Firme, donde empezó a destacarse la prodigiosa bravura y la actividad que formaban la base de su carácter.

En la boca del Orinoco apresó, después de un reñido combate, a una nao portuguesa que pertenecía a !a armada del infante D. Enrique, y al regresar a España fue inmediatamente colocado en !a armada que se aprestaba contra el Brasil al mando de Fadrique de Toledo. Asistió al ataque de Bahía, destruyendo varias rancherías en el río Marañón.

Pasó con nuevo grado a la flota de Nueva España, donde desempeñó todas las comisiones que requerían arrojo, valor y gran pericia. Marchó a Acapulco en el tiempo en que los holandeses hostilizaban aquel puesto, contribuyendo poderosamente a su defensa y poniendo a salvo todas las embarcaciones menores.

Pasado aquel peligro, fue destinado a Filipinas (1640), donde empezó a padecer mucho de una herida que había recibido en el costado derecho, por cuya razón fue nombrado alcalde mayor y capitán de guerra del Distrito de Balayón. Mostrose allí tan hábil administrador como era excelente marino. Fundó un convento, hizo catequizar a los indígenas, protegió los plantíos de especierías, organizó la milicia y formó un astillero.

Restablecida su salud, aconsejó al Gobierno la conquista del Archipiélago de Toló, en cuya empresa tomó una parte activa, hasta el punto de desafiar en singular combate a uno de los jefes enemigos a quien dejó muerto de una estocada. Apenas obtuvo este triunfo, tomó el mando del navío San Nicolás, corrió al socorro de Temato, que se hallaba amenazado por los holandeses, y estrechó el sitio de Boayen hasta que se rindió la plaza.

De vuelta a Manila nuestro paisano fue nombrado comandante de la Armada que debía hostilizar las costas de Minamano; hizo un desembarco en Naray y obligó a las tribus a someterse a España.

De allí retornó nuevamente a Josló paca someter a los que se habían vuelto a rebelar contra la nación, venciendo con su propio puño, en combate personal, a siete caudillos.

Pasó seguidamente a pacificar a los Oroncayos, estableciendo el orden y dejando bien puesto el pabellón nacional.

Tantas hazañas le dieron a nuestro paisano Guillén tan extraordinario nombre en aquel Archipiélago, que el Gobierno le nombró cabo superior de las galeras que debían arrojar de las Molucas a los holandeses. Pasó, pues, con todas sus fuerzas al Reino de Tumor, donde sostuvo reñidísimos combates. De allí paso a descubrir la isla de San José de Chabó, la mesa de Santa Lucía, La Laguna de D. Gil y la isla de Maquén. En todos estos puntos alcanzó siempre nuestro héroe triunfos superiores sobre la poderosa armada holandesa.

Con el nuevo carácter de Alcalde Mayor fue más tarde encargado de someter la provincia de Caraga, lo cual consiguió no obstante la resistencia indomable de los indígenas.

Pacificada aquella importantísima región, trocó nuestro distinguido paisano las armas por el arado, promoviendo tales medidas agrícolas y de fomento que bien pronto fundó varios pueblos con emigrantes canarios, edificando algunas iglesias y fortalezas. En 1656 ya estaba esa región en estado de prosperidad.

Apreciando el Gobierno sus excelentes dotes de mando, lo nombró alcalde ordinario de Manila, y justicia mayor del Parían de los Sangleyes, en cuyos importantísimos cargos permaneció algún tiempo hasta que en 1665 fue nombrado almirante y cabo principal de diez baieles, con una encomienda de mil ducados. Estas fuerzas fueron destinadas a castigar las piraterías de los Malayos, que infestaban los mares de Filipinas, retomando a Manila con su gran triunfo y laureles.

La ciudad de Manila, altamente agradecida, le regaló una espada de honor.

Nuestro paisano falleció a una edad avanzada, después de dejar bien puesto el nombre canario, y muy alto el pabellón español, en los peligrosos y extensos mares de la Oceanía.

[*Otros}– La Fuente Santa de Fuencaliente (La Palma)

El Día (Tenerife), 25 de junio de 2007

D.M., Fuencaliente

La Fuente Santa de Fuencaliente, uno de los manantiales de aguas termales con propiedades curativas más famoso de Europa, que fue sepultado por el volcán de San Antonio en 1677 y que después de 300 años de búsqueda ha sido encontrada, ya tiene un libro que cuenta su apasionante historia.

“La historia de la Fuente Santa», así se llama la novela que ha escrito Carlos Soler, el ingeniero de Caminos, Canales y Puertos que ha dirigido los trabajos patrocinados por la Consejería de Infraestructura, Transporte y Vivienda, que han permitido localizarla y desenterrarla mediante una obra de ingeniería singular.

Si se busca con cuidado, en esta foto puede verse la cruz a que hacían referencia viejos escritos, que se encuentra encima del dique de la fuente y que fue descubierta después de encontrada la fuente. Antes, por más que la buscaron no dieron con ella.
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En esta foto, cortesía de Roberto González Rodríguez, puede verse mejor la cruz. Según la tradición, la fuente se encontraba en la vertical de una cruz que, se pensó, había sido sepultada por el volcán. Pero un buen día Carlos Soler, mientras rumiaba sus pensamientos, se alejo de la galeria y se acercó al mar, y al dirigir la mirada al acantilado descubrió la cruz. Desde ese instante dirigieron la galería al dique indicado por la cruz y dieron con La fuente Santa.
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La novela ha sido editada por Publicaciones Turquesa S.A., tiene 432 páginas y su autor, el ingeniero Carlos Soler, ha dirigido los trabajos que han permitido su localización y desenterramiento.

Fue presentada en días pasados en el hotel Princess de Fuencaliente, en un acto que contó con la presencia del escritor canario Alberto Vázquez Figueroa, autor del prólogo; del alcalde de Fuencaliente, Gregorio Alonso; del responsable de la editorial, José Manuel Moreno, y del propio Carlos Soler, que manifestó que este libro es un homenaje a la personas que durante siglos han buscado la Fuente Santa.

Soler recordó que han sido 300 años de búsqueda desesperada y “ahora nosotros encontramos la fuente y toda la gente que la ha estado buscando está condenada al olvido y nuestro deber es recordarla».

Esta obra, de la que se han editado 3.000 ejemplares y que va a ser distribuida en Canarias, la Península y hasta en Inglaterra, cuenta con 432 páginas y ha sido patrocinada por la Consejería de Infraestructura, el Ayuntamiento de Fuencaliente y las dos empresas que realizaron la perforación: Satocan y Corsán-Corviam.

El autor, basándose en personajes reales, nos conducirá a través de los cinco siglos que transcurren en esta historia. El primer personaje será Pedro de Mendoza y Luján, conquistador de Argentina y fundador de Buenos Aires, quien visitó la fuente buscando la salud que había perdido. Luego y durante dos siglos acudirán numerosos enfermos procedentes de América y Europa atraídos por la fama de santidad de sus aguas.

La Fuente Santa era un manantial termal y curativo que fluyó durante dos siglos, dando fama, gloria y riqueza a La Palma, pero en 1677 quedó sepultada por el volcán de San Antonio que entró en erupción, y a partir de entonces comenzó su búsqueda sin tregua.

Carlos Soler nació en Madrid en 1952. Desde su infancia aprendió la importancia del agua, convirtiéndose en una pasión que culminó con los estudios de ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Su vida profesional la ha desarrollado en Canarias, aunque ninguna actuación le ha deparado tanta satisfacción como la galería de recuperación de la Fuente Santa con la que encontró y desenterró el mítico naciente del que hoy se sabe que es el único manantial termal de Canarias y uno de los mejores de España al captar aguas cloruradas sódicas carbogaseosas.

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Cortesía de Juan Antonio Pino Capote

[*Otros]– XXXVII Fiesta de las Madres. Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves (Santa Cruz de La Palma)

Extracto del artículo de José G. Rodríguez Escudero

El próximo domingo 25 de mayo tendrá lugar el emotivo homenaje que se tributa anualmente a la Virgen de Las Nieves “como Madre de todos los palmeros y, en general, a todas nuestras madres”.

Unos honores que se le ofrecen también como Patrona Insular así como un tributo a la Madre Naturaleza y a la Isla de La Palma. Es una fiesta que fue instituida en 1971 y que en esta edición cumple su trigésimo séptimo aniversario. Debido al arraigo que ha alcanzado en el pueblo palmero, se trata, , tras las Fiestas Mayores de Agosto, de la segunda fiesta mariana más importante del año en el Real Santuario.

Patrona inmemorial de la Isla de San Miguel de La Palma, los orígenes de su culto se pierden en un pasado tan remoto como oscuro y han sido motivo de debate insular en todo tiempo. Como escribía en 1753 el dominico palmero fray Luis Tomás Leal en el prólogo de la novena a la Morenita, “ignórase el quándo, quién y de dónde vino aquel portentoso simulacro, que es de piedra, y no muy sólida, de tres quartas de alto, de color clarimoreno y con la preeminencia de todas las señales que, según arreglada crítica, califican por extraordinarias y milagrosas otras santas imágenes”.

La Virgen es una pequeña escultura medieval de los siglos XIV-XV de posible origen sevillano (según Pérez Morera, entre otros investigadores). Fernández García escribió que es “una obra gótica con reminiscencias románicas”. Mide 57 cms. y está realizada en barro cocido, material en el que modelaron sus esculturas los artistas flamencos o franceses activos en la ciudad hispalense en el siglo XV. Hernández Perera nombraba como ejemplos de ellos a Lorenzo Mercadante de Bretaña o Miguel Perrín. Otros estudiosos, como el Marqués de Cubas en 1694, señalaban que es de “barro portugués con letreros en la orla o manto que no pueden leerse”.

Recordemos que la “Gran Señora de La Palma” también ostenta el mismo título honorífico en los siguientes municipios: Santa Cruz de La Palma (1942), Los Llanos de Aridane (1964), Fuencaliente de La Palma (1982), Breña Baja (1992), Breña Alta (1994), Puntallana (2004), Villa de Mazo (2005), San Andrés y Sauces (2005) y Tijarafe (2005). Curiosamente también lo es del municipio tinerfeño de Güimar. Otros Ayuntamientos palmeros se están uniendo a la iniciativa y están tramitando los preceptivos expedientes, como es el caso de Puntagorda.

Una antigua tradición, recogida en el siglo XVIII por el erudito Viera y Clavijo señala que la imagen de la Virgen estaba en la Isla antes de la llegada de las tropas del Adelantado Fernández de Lugo a finales del siglo XV, y que en una bula del Papa Martino V, de 1424, ya se hace mención de una capilla bajo la advocación de “Santa María de La Palma”. Existen indicios para pensar, como dijera el profesor Pérez Morera, “que el santuario fue fundado o superpuesto sobre algún lugar que los aborígenes consideraban sagrado”.

A la “Fiesta de las Madres” acudirán devotos peregrinos y orgullosos romeros de toda la Isla. Recordemos que, en aquellos años en los que no se celebran comicios electorales a finales de mayo, siempre esta celebración tiene lugar el último domingo de ese mes. Todos los caminos, una vez más, conducirán a Las Nieves. Como curiosidad digamos que tiene el honor de haber sido el primer Real Santuario nombrado en Canarias. Recordemos que es un título que ostenta desde que en 1649 fuera acogido por Felipe IV bajo su real patronato.

Existe un curioso mandato del Lcdo. Aceituno al mayordomo de la Virgen, Bartolomé de Morales, fechado el 6 de septiembre de 1576. En él le ordena que tuviera mucho cuidado de que no comieran ni durmieran en la ermita los vecinos que iban a velar a la “Señora” y que no bailaran veinte pasos alrededor del templo, bajo pena de 6 reales que hubiera alguna danza. Prohibición que luego fue ratificada en 1629.

Recordemos que la imagen de la Patrona Palmera fue canónicamente coronada el 22 de junio de 1930 y que en esta edición se cumplen 78 años de este privilegio pontificio otorgado por el Papa Pío XI.

Para sobrevestir a la sagrada imagen, se eligió para esta edición un magnífico y valioso traje verde claro muy antiguo confeccionado en rico brocado. Está entretejido con hilos de oro, de modo que este metal forma en la cara superior unas grandes flores briscadas de diversas tonalidades. Tras unos quince años de no habérsele puesto, este vestido de primavera fue escogido entre la veintena de valiosos trajes completos de diversos colores que posee “ASIETA” (siglas de – entre otras interpretaciones- “Alma Santa Inmaculada En Tedote Aparecida” que según la leyenda está inscrita en la espalda de la imagen. Algo que, sin embargo, no se ha podido comprobar).

En el último tercio del siglo XVI comenzó la costumbre de sobrevestir la sagrada escultura, con tocas, mantos, joyas y sayas. El progresivo deterioro sufrido por el paso del tiempo obligó a encerrar la imagen bajo una campana textil. Así quedó configurada su iconografía tal y como la conocemos, embutida dentro de una percha triangular de corte barroco. El pueblo la ha venerado siempre bajo esta apariencia y descubrir su interior es un tabú que hasta ahora no ha sido desvelado. Paz y Morales decía en 1920 que esta forma exterior es la “propia de las imágenes de la Edad Media, teniendo para acomodarle los vestidos dos brazos añadidos, lo mismo que otro Niño Jesús que se pueden mover y separar de su cuerpo a voluntad. En sus vestidos usa de todos los colores, menos el negro, abuso intolerable y que debiera ordenarse el blanco como el único y exclusivo”.

La concentración espiritual y majestad icónica que emana del rostro de esta imagen, esquemáticamente idealizado, refleja lo eterno y sobrenatural. Pérez Morera continuaba diciendo que “tal vez a ello se debe la poderosa atracción que ejerce sobre quien lo contempla y la devoción despertada a través de los siglos”. Fray Diego Henríquez en 1714 decía: “el rostro es perfecto y lleno; los ojos, rasgados y abiertos que parecen mirar a todas partes; las mejillas rosadas; el color moreno, no con exceso obscuro; ostenta majestad y mueve a veneración y devoción…”.

El fervor del pueblo imploraba su auxilio cuando alguna catástrofe asolaba la isla: epidemias, volcanes, langosta, sequías… Uno de los tantos prodigios que se le atribuyen fue el que sucedió en 1646, cuando se extinguió el primer volcán de Fuencaliente, día en que, según recogen las actas del Cabildo, “amanecieron las cumbres de esta isla llenas de nieve”.

Varios poetas de la Isla rendirán homenaje a la Virgen ofreciéndole algunas piezas poéticas, y la premiada agrupación “Nambroque de La Palma” hará la ofrenda folklórica, consistente en danzas y cantos de la “Patria Chica”, ataviados con los preciosos trajes tradicionales. Varios canales de televisión y de radio darán cobertura informativa al acto. Así, en directo lo harán la emisora “COPE La Palma” y “Canal 11 Radio” y en diferido a las 21:30 horas “Canal 11 Televisión”.

“Coros y Danzas Nambroque de La Palma”, de la capital (Medalla de Oro de Canarias en el año 2004, entre otros muchos galardones), ha venido clausurando —no ha sido así en algunas ediciones en la que los diversos pueblos de la Isla la han nombrado Alcaldesa Honoraria y Perpetua— el emotivo acto ante la venerada Imagen y la concurrencia. Esta admirada agrupación folclórica inició esta entrañable fiesta de “Las Madres” conjuntamente con el Santuario y el desaparecido investigador palmero Alberto- José Fernández García hace ya treinta y siete años.

[*Otros}– Y al otro lado del mar,… las Canarias

Fernando Díaz Villanueva

En 1291 se perdió San Juan de Acre, la última plaza que les quedaba a los cruzados en Tierra Santa. La aventura asiática, que había hipnotizado al Occidente europeo durante doscientos años, tocaba a su fin arrojando un desastroso resultado.

Europa se había dejado hasta la camisa en un lance absurdo, trufado de misticismo y perdido de antemano. Aquel mismo año, ajenos al drama de los cruzados, dos hermanos genoveses, Vadino y Ugolino Vivaldi, se hicieron a la mar para internarse en el desconocido y azaroso Atlántico, un océano inmenso, plagado de peligros y monstruos marinos del que ningún navegante regresaba.

Los hermanos Vivaldi tampoco lo hicieron; se los tragó el mar como a tantos que lo intentaron antes. Pero esta vez algo fue diferente. Un paisano suyo, Lanzerotto Malocello, salió en su busca unos años más tarde y se dio de bruces con un islote volcánico, refrito por el sol y varado en mitad del océano. Se trataba de Tyterogakat o “La Quemada», tal y como era conocida por sus habitantes, los majos.

Lanzerotto retornó a Europa, contó su descubrimiento y volvió para quedarse. Hoy esa isla lleva su nombre, Lanzarote, y sigue tan quemada y hermosa como se la encontró hace setecientos años.

El feliz hallazgo del genovés abrió el camino de las Canarias, cuya existencia era conocida por griegos y romanos que habían fantaseado a placer con ellas. Las llamaban “Afortunadas y Beatas, teniéndolas por tan sanas y tan abundantes de todas las cosas necesarias a la vida humana, que sin trabajo ni cuidado vivían los hombres en ellas mucho tiempo».

Los europeos de la Edad Media, sin embargo, las habían olvidado por completo. Durante un siglo, y como el Oriente se había puesto imposible con lo de los turcos, se dejaron caer por aquellas latitudes genoveses y catalanes, portugueses y mallorquines que buscaban carne fresca para poner a trabajar en los activos puertos de la Europa de entonces. Así, de modo tan triste, suministrando esclavos, entró en la Historia nuestro querido archipiélago.

El tráfico, entre el continente y las Canarias, de mercaderes y de algún que otro misionero pescador de almas se hizo tan intenso que un caballero normando, Jean de Bethencourt, propuso a Enrique III de Castilla llevar sus dominios aún más al sur.

Enrique, que reinaba sobre un caldero y era muy amigo de aventurillas internacionales —como la de la embajada de Ruy González de Clavijo al rey Tamerlán de Samarcanda—, accedió a las pretensiones del francés y le otorgó los derechos de conquista sobre todo el archipiélago.

Entre 1402 y 1405 Bethencourt se las arregló para vencer de un modo un tanto caótico a los indígenas de Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro. Los normandos eran pésimos conquistadores, pero gente muy apañada para otros menesteres. Se ocuparon hasta de dejar por escrito los avatares de la conquista en un libro, el “Le Canarien”, redactado por dos frailes. Una vez hecho esto, Jean de Bethencourt se enemistó con su socio, Gadifer de la Salle, y volvió a Francia dejando las islas en manos de su sobrino Maciot de Bethencourt.

Maciot no tardó mucho en cansarse de vivir en el fin del mundo y vendió los derechos de conquista a un noble castellano, el conde de Niebla, que se los traspasó a su criado, un tal Fernán Peraza el viejo, cuyo linaje terminaría echando raíces en el archipiélago.

Entre dimes y diretes de los Peraza, lo que quedaba de los Bethencourt y alguna que otra incursión de los portugueses, la conquista se detuvo durante setenta años. A La Gomera no hizo falta invadirla por la fuerza, pues sus habitantes llegaron a un acuerdo pacífico con los castellanos que se establecieron en ella.

En La Gomera, los abusos de los Peraza sobre los indígenas fueron tantos y tan sonados que los gomeros, gente de mucho carácter, que se silbaban de valle a valle y no toleraban ciertas licencias que se habían tomado sus recién llegados vecinos, se sublevaron varias veces. La última, a causa de un amorío.

Fernán Peraza el joven, nieto de aquél que se quedó con el pastel del normando, se enamoró perdidamente de una aborigen llamada Iballa. Hupalupo, el padre de la gomerita aborigen, enterado del asunto, puso en pie de guerra a toda la isla. Peraza fue sorprendido en plena faena y un pastor de nombre Hautacuperche lo remató de una lanzada.

Bien empleado le estuvo porque su mujer —no Iballa sino Beatriz de Bobadilla, la legítima— se tuvo que refugiar en la Torre del Conde, donde casi pierde la isla y el pellejo. Y todo por un calentón de un marido déspota y rijoso.

Las cosas vendrían a cambiar radicalmente en 1478, una vez que Isabel de Castilla, o Isabel La Católica, hubo ventilado sus asuntos pendientes con Juana la Beltraneja y su aliado Alfonso V de Portugal. Ese año la Reina decidió culminar de una vez por todas la conquista de las Canarias, que llevaba dos generaciones en punto muerto.

El 24 de junio de 1478 Juan Rejón desembarcó en el noreste de Tamarán, que es como los indígenas llamaban a Gran Canaria. Vencidos los isleños de la zona, aseguró la posición y fundó el Real de Las Palmas, es decir, Las Palmas, que es hoy ciudad y puerto principal de las islas. Rejón, sin embargo, no supo avanzar y, como buen español, se lió a palos con sus compañeros de conquista acabando mal lo que había empezado bien.

La Reina, informada de que la campaña no marchaba bien, envió a Pedro de Vera, un jerezano de armas tomar que ganó la isla en sólo dos años. El 29 de abril de 1483 los últimos indígenas —600 hombres y 1.500 mujeres y niños— se rindieron al conquistador. Otros, como el guerrero Bentejuí y el faycán de Telde, no pudieron sobrellevar la derrota y se despeñaron por un barranco según mandaba la tradición local.

Al llegar la noticia a Castilla, la reina católica, visiblemente emocionada, dio orden de que […] “aquesta, mi ínsula de Canaria, sea llamada Grande». Ésta es la razón por la que Gran Canaria es grande sin ser, geográficamente, la más grande del archipiélago.

Ya sólo quedaban dos islas, Achinet (Tenerife) y Benahuare (La Palma), las más correosas y antipáticas, las que más vidas y disgustos habían costado a Castilla.

Alonso Fernández de Lugo, uno de los mejores generales de Pedro de Vera, se encaprichó con las islas y pidió permiso a Isabel para conquistar lo que quedaba. La Reina aceptó gustosa el ofrecimiento, otorgándole los títulos de Adelantado y Capitán General de las Costas de África. Fernández de Lugo era uno de esos hombres que son todo mala leche y ambición, no muy diferente de Cortés, Pizarro o cualquiera de los españoles que, una generación más tarde, cambiaron la cara a un continente entero.

Como sabía que los indígenas de Tenerife, los guanches, eran muchos y duros como piedras, su plan consistió en apoderarse primero de La Palma y, desde allí, preparar con más calma la invasión de Tenerife.

El 29 de septiembre de 1492 desembarcó en Tazacorte (La Palma) y firmó un acuerdo con los palmeros que le eran favorables. Los que no lo eran tanto se echaron al monte con el hacha al hombro. Aprovechándose de la endemoniada orografía de la isla, se acantonaron en la Caldera de Taburiente, donde no había manera de echarles el guante.

Fernández de Lugo, que no era ni tonto ni suicida, antes de jugarse el tipo batiéndose el cobre en los bosques de La Palma, se avino a negociar. Invitó al jefe rebelde, Tanausú, a firmar una ventajosa paz en los Llanos de Aridane [1]. Entonces le engañó, y cuando el confiado benahorita descendía de las alturas de la Caldera, mandó que le apresasen. Fue enviado a Castilla para que no la volviese a armar y, de camino [2], se dejó morir de hambre.

El camino a Tenerife quedaba expedito, o, al menos, eso es lo que creía el Adelantado Fernández de Lugo. En abril de 1494 desembarcó en Santa Cruz con una impresionante tropa de 2.000 infantes y 200 jinetes. Nunca antes se había visto nada igual en la conquista de las islas que, hasta el momento, había sido algo más de andar por casa.

Los guanches rebeldes, que eran todos los del norte de la isla, capitaneados por Bencomo, el mencey de Taoro, vieron venir a la tropa castellana y la emboscaron en el barranco de Acentejo. Los castellanos fueron sorprendidos en un lugar donde su caballería tenía poco o nada que hacer. Fue una carnicería. Fernández de Lugo, malherido por la lluvia de piedras que les había caído encima, salió por piernas y abandonó la isla.

De la matanza de Acentejo el capitán castellano había sacado dos lecciones: que los guanches no iban a negociar jamás, y que, si quería vencerles, tenía que llevárselos a terreno llano, donde los caballos y las armas de fuego harían todo el trabajo.

Lamidas las heridas y con nueva tropa, de Lugo desembarcó en Tenerife al año siguiente con 1.200 hombres, caballería y artillería. Esta vez llevó a sus tropas hasta los llanos de Agüere donde Bencomo, en un error fatal, salió a recibir a los castellanos a pecho descubierto con su hacha de piedra como único armamento. La derrota guanche fue total. Hasta el propio mencey se dejó la vida en el campo de batalla.

Pero los guanches que quedaban con vida no se dieron por vencidos. Hambrientos, vagando sin rumbo por las montañas de la Isla y abatidos por los infinitos recursos que poseían los castellanos, presentaron batalla por última vez cerca del barranco de Acentejo, el mismo que tanta fortuna les había traído en el pasado. Pero esta vez de Lugo no se dejó sorprender. Colocó la caballería a los flancos y, antes de que los guanches cargasen, les soltó una letal andanada de pólvora. Era el día de Navidad de 1495 y la Edad de Piedra daba su último jadeo en la isla de Achinet. Bentor, hijo de Bencomo, ante lo inevitable de la derrota se dirigió a la ladera de Tigaiga y desde allí se despeñó.

Meses después, Benitomo, el último mencey de Taoro, aceptó la rendición incondicional en la Paz de Los Realejos.

Para entonces, la población indígena era ya víctima de un enemigo tan mortal como invisible: la modorra, que es como los invasores bautizaron al tifus que se habían traído de la península, y al que ellos eran inmunes desde niños. La biología terminó de conquistar las Canarias y fue tanto o más poderosa que los arcabuces de los capitanes españoles. Los guanches y su cultura neolítica desaparecieron de la Historia. Fueron víctimas de su aislamiento y atraso. Duele decirlo, pero poseen el dudoso honor de ser el primer pueblo aniquilado por el expansionismo europeo. No veo necesario remarcar que no sería el último.

Las islas, por su parte, fueron españolizadas y convertidas en una parte más de Castilla, la más meridional y exótica. Durante siglos, sus puertos acogieron a todas las flotas que se dirigían a América, incluida la de Colón, que se detuvo en La Gomera. Luego vendrían la caña de azúcar y el ron, el asedio en el que Nelson perdió el brazo, y las haciendas plataneras, los braceros que ponían rumbo a América y los turistas alemanes sedientos de sol, el vino de malvasía y las papas arrugadas, Galdós y Los Sabandeños.

Las islas Canarias son, por méritos propios, el pedazo de España más peculiar y genuino. Imperturbable en la soledad del océan

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NotasCMP.
[1] Fue en la Fuente del Pino, a la salida de La Cumbrecita, en el municipio de El Paso.
[2] Tanausú comió mientras pudo ver desde el barco las costas de su isla. Cuando dejó de verlas, se negó a comer y murió.

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Cortesía de Ana María Padrón

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Guillermo Pedro José Van-der-Heede del Hoyo

Nuestro compatriota Guillermo Pedro José Canuto Rafael Juan Francisco de Paula Van-der-Heede del Hoyo Solorzano Yansen y Dujardin, jefe y mayor de las Casas de Van-Der Heed, Yansen y Dujardin, de la más ilustre familia de los Países Bajos, fue cuarto patrón de la capilla de San Francisco de Paula, y décimo de la de San Jorge en la catedral de Brujas, etc.

Casó en Guatemala con Doña Josefa Cayetana de Mesa y Mesa, jefe, cabeza y pariente mayor de la ilustre Casa de Mesa, de Canarias, de la que son ramas segundas los marqueses de Casa-hermosa y de Torre-hermosa.

En Guatemala hay muchas familias que llevan este noble apellido canario, y gozan de gran prestigio en los altos destinos de la república, al igual que en España.

[*Otros}– Vinos de La Palma (Canarias)

HISTORIA

Hacia 1505 se plantaron las primeras cepas en la isla de La Palma, traídas a manos de los conquistadores. Su cultivo solía llevar aparejado el de frutales y el de hortalizas.

La importación de vinos y de frutas era práctica corriente en los primeros momentos de la colonización, y fue dejando paso a la exportación desde la primera decena del siglo XVI. La variada procedencia de los conquistadores y de los posteriores colonizadores ha dado lugar a una riqueza varietal inigualable en cualquier otra zona vitivinícola del planeta.

Desde principios del siglo XVI, la calidad del vino se impuso de tal forma en los palacios de las principales cortes europeas que nunca faltaba el Malvasía “que alegra los sentidos y perfuma la sangre», según palabras del propio Shakespeare, Goldoni, R. Stevenson, Walter Scott y Lord Byron alabaron nuestros vinos. Esa justa fama y la privilegiada situación geográfica de la Isla, escala obligada de las principales rutas comerciales de aquellos tiempos, originaron un floreciente comercio de vinos que convirtieron al cultivo de la vid y la exportación de sus vinos en la principal fuente de riqueza del Archipiélago.

En 1848 la decadencia de los vinos Canarios fue enorme y, con el ataque del oidio y del mildiu, sufrió este cultivo un grave descalabro.

El cultivo de la viña en La Palma registró en el siglo XX un crecimiento continuado hasta los años cincuenta, cuando se empezó, en las zonas costeras de la isla, a sorribar terrenos de viña poco productivos para dedicarlos a un cultivo mucho más rentable como es el de la platanera.

Es a partir de la creación de la Denominación de Origen “LA PALMA», en 1994, cuando el sector vitivinícola insular sufrió una importante transformación; vides que hasta el momento se encontraban abandonadas comenzaron a recuperarse, se plantaron nuevas parcelas, el vino comenzó a conocerse dentro de la isla y a venderse a buen precio. Tanto es así, que empezaron a surgir nuevas bodegas embotelladoras.

Viñas

Suelo y clima son dos factores fundamentales que condicionan el desarrollo vegetal.

Por la topografía quebrada de la Isla, los viñedos se encuentran en laderas de pendientes pronunciadas, en las cuales se han construido bancales de superficie escasa, mediante obras, cuando menos espectaculares, de paredes de piedra seca.

La vid se encuentra ocupando una franja de anchura variable, que rodea la isla casi de forma continua, entre cotas de 200 a 1.400 m. de altitud, totalizando una superficie de 1.600 Ha.

Históricamente se han aprovechado los suelos más pobres y marginales para el cultivo de la vid, reservándose las mejores tierras para cultivos de primera necesidad, como cereales, papas, etc. Es por ello que el agricultor palmero, con un esfuerzo sin precedentes, ha sabido convertir sus escorias volcánicas en feraces tierras productivas. Prácticamente la totalidad de nuestro viñedo está plantado sin injertar, por estar La Palma libre del ataque de la Filoxera, en pie bajo y sin marco de plantación. Se podría decir que en un 92% las cepas tienen edades superiores a los 40 años.

Dada la topografía tan accidentada en la que se asienta la mayoría del viñedo, la disposición de las superficies de cultivo es irregular, caracterizándose por pequeñas plantaciones minifundistas de baja densidad de plantación. Los viñedos para la producción de vinos protegidos están ubicados en terrenos naturales o acondicionados, como los que tradicionalmente se dedican al cultivo de la vid en las distintas subzonas que integran la zona de producción que comprende la Denominación de Origen “La Palma».

Vinos

En la subzona Hoyo de Mazo, los vinos más típicos son los tintos, los blancos, y otros de varietales de características muy interesantes.

En la subzona Fuencaliente, los vinos elaborados son en su mayor parte blancos, secos, dulces, varietales o de mezcla, elaborándose también tintos. El Malvasía dulce, por sus especiales características, merece mención aparte.

En el norte, los más peculiares son los “vinos de tea», llamados así por su sabor a resina, que adquieren tras una fermentación en barrica de madera de tea, extraída del pino canario. Se trata pues, de unos vinos cargados de personalidad y constituyen una curiosidad enológica que no debe perderse.

Vinos blancos (Brillantes)

Elaborados con uvas procedentes de las variedades Listán Blanco, Bujariego, Albillo, etc. Aromáticos, muy agradables, frescos y ligeros, y de gran delicadeza. De color amarillo paja con tonalidades verdosas oro joven, limpio y brillante con lágrima persistente, aromas frutales con toques especiados, densos, carnosos con extracto, plenos y elegantes en boca.

Vinos rosados (Alegres)

Elaborados a partir de variedades Negramol, entre otras. De tonos rosa salmón, con tonalidades violetas con capa media baja, limpios y brillantes, y de delicados aromas, frescos con un tenue gusto almendrado. Son vinos alegres, ligeros y agradables.

Vinos tintos (Personales)

Elaborados a partir de variedades Negramol, Almuñeco, y Listán Prieto, entre otras, y siguiendo un proceso de maceración, presentan las siguientes características organolépticas: de color rojo rubí con tonalidades violetas con capa media alta, limpio y brillante, aromas de intensidad media alta con matíces herbáceos, en boca resultan densos, con buena estructura, carnosos y con prolongados postgusto.

Vinos de tea (Artesanales)

Elaborados con uvas Negramol, Listán Prieto y Albillo. Envejecidos en barricas de tea (pino canario) lo que les confiere un intenso aroma, y sabor típico a resina. Son vinos de suave capa rojo cereza con tonalidades teja, con aromas frutales y herbáceos integrados en un fondo resinoso. Por sus características recuerdan a los vinos griegos “Retzinas».

Vinos dulces naturales (Incomparables)

Elaborados con variedades como Sabro, Gual, Verdello, y destacando sobremanera la Malvasía. Son vinos elaborados de forma natural, de color oro joven con tonalidades ambarinas, limpio y brillante con intensidad media alta, una potencia aromática muy marcada, al gusto tiene una buena estructura con un dulzor equilibrado con acidez fresca y viva, amplio y prolongado. Vino ideal y perfecto para postre.

VARIEDADES

Dentro de la Denominación de Origen “La Palma», actualmente existen unas 966 hectáreas de viña.

La elaboración de vinos protegidos se realiza exclusivamente con uva de las variedades autorizadas por el Consejo Regulador. Dentro de las variedades blancas se autorizan las siguientes: Albillo, Bastardo Blanco, Bermejuela, Bujariego, Burra Blanca, Forastera Blanca, Gual, Listán Blanco, Malvasía, Moscatel Pedro Ximenes, Sabro, Torrontes y Verdello.

Tintas se autorizan el Negramol, el Listán Negro, la Malvasía Rosada, el Moscatel Negro, el Almuñeco y la Tintilla. De estas variedades se consideran principales la Malvasía, el Gual y el Verdello, entre las blancas; y el Negramol entre las tintas.

En cuanto a su producción y superficie de cultivo, entre las variedades blancas cabe destacar el Listán Blanco, seguida del Bujariego, Moscatel, Verdello, Sabro, Albillo y Malvasía.

La variedad Listán Blanca, muy productiva, tiene su procedencia en la variedad andaluza “Palomino” y es la base de los vinos blancos de La Palma. La variedad Bujariego, bastante productiva, se usa para la elaboración de vinos blancos jóvenes, aromáticos y afrutados. Las variedades Moscatel, Verdello, Sabro, Albillo y Malvasía, dan unos excelentes vinos dulces naturales, destacando principalmente, por sus características organolépticas, el Malvasía Dulce. Dentro de las variedades tintas destaca el Negramol por sus característica varietales, y el Almuñeco. La variedad tinta Negramol es de excelente calidad, produciendo buenos vinos autóctonos. Todas ellas cultivadas en sistemas de conducción que, dependiendo de la zona, varían de las formas rastreras hasta los parrales y vasos bajos.

Haciendo un recorrido por comarcas observamos que en la subzona Hoyo de Mazo, las variedades más usuales son Negramol y Listán Blanco, y siguen, a mucha distancia, otras como Malvasía, Sabro, Verdello, Moscatel, etc.. En la subzona Fuencaliente, aparte de la ya reseñada Malvasía, son la Listán Blanco, Bujariego, Gual, Sabro, Negramol, y otras. En la subzona norte, las variedades más usadas en la elaboración de sus vinos son Negramol, Listán Blanco, Albillo y Almuñeco.

COMARCAS

Para hablar de las características vitivinícolas de esta Isla hay que hacer una separación en tres subzonas bien diferenciadas:

Subzona Hoyo de Mazo. Situada al este de la Isla, comprende los municipios de Villa de Mazo, Breña Baja, Breña Alta y Santa Cruz de La Palma. Se caracteriza por la forma rastrera de conducción del viñedo, en terrenos en ladera y acolchados, unos con piedras volcánicas («empedrados») y otros con “picón granado», asombroso sistema que despierta la curiosidad del visitante. Dicha zona se encuentra entre los 200 y 700 metros de altitud. Dentro de esta subzona se ubica la Bodega Carlos Fernández y la S.A.T. Bodegas El Hoyo.

Subzona Fuencaliente. Comprende los municipios de Fuencaliente, Los Llanos de Aridane, El Paso, y Tazacorte. Sus viñedos trepan por las empinadas laderas de materiales volcánicos, casi humeantes aún. El cultivo se conduce de forma rastrera, en terrenos cubiertos de ceniza volcánica (picón), cuyo espesor en algunos lugares supera los dos metros. En las zonas más ventosas se suelen emplear muros de piedra como cortavientos.

En esta comarca es donde aún se encuentran los restos más importantes de los “Malvasías», cuyos orígenes están en la malvasía de Creta, que dieron fama en épocas pretéritas a los vinos canarios. Los viñedos se localizan desde la cota 200 hasta los 1900 metros. En esta subzona se localiza Llanovid, Soc. Coop. Ltda.; Bodegas Carballo, S.l.; Bodegas Tamanca, S.L; y la Bodega Melquiades Camacho Hernández, S.l.

Subzona Norte. Comprende los viñedos situados en el norte de la isla, en los municipios de Puntallana, San Andrés y Sauces, Barlovento, Garafía, Puntagorda y Tijarafe. Se trata de una zona con unos paisajes bellísimos, de vegetación variada y exuberante.

La vid se cultiva en parrales y en forma de vaso bajo, en suelos muy evolucionados y fértiles de tierra vegetal sin capa de arena, abancalados en los lugares de pendientes más pronunciadas mediante taludes o paredes de piedra seca.

El viñedo aparece desde los 100 hasta los 2000 metros. En esta zona se localizan las Bodegas Las Toscas, S.A.T.; Bodegas Onésima Rodríguez; Bodegas Castro y Mogán, S.L.; Bodegas el Níspero, S.L;. y la Cooperativa Virgen del Pino.

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Fuente: Consejo Regulador de vinos de la isla de La Palma.
Cortesía de Fabián Trujillo Plasencia.

[*Otros}– Las Cruces de Mayo – Santa Cruz de La Palma / José Guillermo Rodríguez Escudero

El día tres de mayo, Santa Cruz de La Palma, ciudad capital de la isla de La Palma (Canarias), celebra la onomástica de la Santa Cruz, primer símbolo cristiano, desde que el Adelantado Don Alonso Fernández de Lugo lograra fundar la ciudad en esa misma fecha en el año 1493.

A partir de entonces, Santa Cruz de La Palma conmemora anualmente esta efeméride, engalanando profusamente todas las cruces que salpican todo su territorio y declarando ese día como festivo en la localidad. Este año de 2008 se festejará en ese día el 515° aniversario de la fundación de la Muy Noble y Leal Ciudad.

La Cofradía de la Vera Cruz, una de las más antiguas e importantes de la Isla, fundada en el Convento de San Francisco con Bula del Papa Paulo III en 1558, tenía entre sus cometidos la celebración de la fiesta de la “Invención de la Santa Cruz, misa cantada, de la Cruz, todos los viernes del año, y la Benedicta los viernes de cuaresma por la tarde”.

Esos días, la Comunidad religiosa de Padres Franciscanos salía en ‘Via Crucis’ hasta la ermita del Cristo de El Planto con “un numeroso acompañamiento del pueblo”. Aún existe un pequeño Calvario erigido a espaldas de la ermita en recuerdo del lugar donde el pueblo hacía penitencia. Era costumbre que a la procesión asistieran muchas “personas cargadas con algunas insignias de la pasión, y cubiertas con el morado saco de penitentes, cuyo disfraz encubrió más de un crimen”.

La trágica leyenda de “La Cruz de Los Pasitos”, precisamente, tuvo como protagonista a un enamorado celoso, disfrazado de penitente en esa procesión, que mató a su prometida hundiéndole un puñal “hasta el pomo, en el corazón”. En memoria de aquel trágico suceso, en el mismo sitio en que se perpetró el crimen colocaron al día siguiente una Cruz, “y todavía el caminante al pasar por aquel sitio murmura una oración”.

Aún se encuentra, también en Los Pasitos, una cruz con una lápida que dice: “Aquí murió alevosamente asesinado en la noche del 23 de septiembre de 1906 el ilustre abogado e hijo de esta ciudad, don Siro González de las Casas”. Otro asesinato en el mismo lugar por cuestión de celos, y nuevamente, otra Cruz como recuerdo de un sangriento suceso.

En el Diario de Avisos del 11 de abril de 1963, el canónigo don Luis Van de Walle y Carballo, confirmaba que, uno de los “Lignum Crucis” : “…se pone a la veneración y adoración de los fieles el Viernes Santo, y el tres de mayo en que se acostumbra hacer procesión con ella hasta la Cruz de la Pasión”.

En total la Isla posee tres reliquias verdaderas del Santo Madero: una en el Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves, otra en la Capilla de la Venerable Orden Tercera (hoy Orden Terciaria Franciscana) —templos de la capital palmera— y la última en San Pedro, de Breña Alta.

Era frecuente que los caballeros fundasen capellanías en honor a la Santa Cruz, entre otras muchas advocaciones. Tal es el caso del Capitán don Felipe Poggio Monteverde, hermano del célebre don Juan Bautista (“afamado poeta y benemérito sacerdote”), en cuyo testamento agregó a la capellanía familiar “otras dos misas rezadas más al año, la una el día de la Santa Cruz y la otra el de San Pedro Apóstol”. El escribano público Andrés de Huerta “autorizó ambas fundaciones, en 25 de abril de 1723”.

Todos los años se celebra la “Exaltación a la Santa Cruz”, enramándose todas las que se distribuyen por la población, si bien su presencia se manifiesta por todos los puntos de nuestra Isla.

No sólo se adornan las que se encuentran apostadas en los exteriores, descansando sobre las paredes, en azoteas, en encrucijadas, rematando fachadas, balcones, recordando accidentados u obras finalizadas sin muertes, etc., sino también el los interiores de algunas casas.

A las exteriores, se les cambia el forro de tela que las cubría desde el año anterior y se sustituye por otro nuevo. Se entronizan en bellos altares efímeros cuajados de flores, plantas, banderas, etc. y que pujan con alzarse con algún premio o simplemente para la admiración de propios y ajenos, siguiendo con la tradición familiar o del barrio.

También, hace tiempo, en torno a las cruces, la fiesta se arropaba con loas (algunos las llamaban “las lobas”) y, mediante curiosos artilugios mecánicos, “aparecía” la cruz en el altar o en el escenario. Con alguna rara excepción, la “aparición” con tramoyas ya no se realiza, lamentablemente.

El etnógrafo Pérez Vidal, en un número especial de Diario de Avisos en 1945, con motivo de las Fiestas Lustrales, destacaba con énfasis: “si la cruz es con aparición, el gentío que se reúne y se apretuja a presenciarla es enorme. Las más sencillas transfiguraciones, cualquier simple cambio de apariencia, entusiasma al soñador pueblo isleño, amigo de fugarse de la realidad”.

Aunque hoy en día se guardan celosamente algunas de las letras de estas loas al Sagrado Madero, el número de la “aparición” se ha sustituido por lo que se ha llegado a denominar “cuadros plásticos”, esto es, estampas estáticas de personajes bíblicos o costumbristas en el que se suele leer algún texto alusivo.

Se cree que esta exquisita puesta en escena es una derivación de los fastuosos autos sacramentales barrocos que han perdurado a través de los tiempos y que se han transformado, adaptándose a las nuevas formas y pasando de los cultos e ilustrados autores de los impresionantes carros triunfales y loas que se representaban en la preciosa capital de La Palma, al pueblo llano quien lo ha interpretado de estas ingeniosas maneras.

Un ejemplo de cantar que se entonaba en la peregrinación a la cruz de turno es: “Pronto pastores / ramos de flores ,/ la Cruz de Mayo / nos llama ya / ¡Qué floridita, / qué enramadita, / qué hermosa estará!

Antiguamente se enramaban las cruces de las casas de las personas más adineradas y con un estatus social más alto. Ponían la cruz dentro de las viviendas, en un lugar privilegiado, y la adornaban con todas las joyas y prendas. Se reunían las familias por las noches e iban a visitar otras cruces. Éstas pujaban por ser las más originales y más bien decoradas y suntuosas. En los grandes salones se hacían bailes y fiestas muy animadas, con familiares, vecinos y amigos.

La belleza ornamental se consigue mediante combinaciones de vegetales, telas, alhajas y otros objetos de gran valor. Era frecuente la escenificación en algunas de las cruces parodiando temáticas de cualquier índole.

Se exponen unos muñecos grotescos de tamaño natural, denominados “mayos”, simpáticas figuras hechas de trapo que adornan la escena. Representan distintos temas y actitudes, colocadas en diferentes lugares, como formando pasillos hacia la cruz, o en varios rincones de sus alrededores, custodiándola, como en balcones, ventanas, muros, azoteas, bancos, tapias, etc.

Antiguamente era más común que los mayos fueran rellenos de paja o pinillo, pero con la evolución de los tiempos y de los materiales, esta tradición ha ido perdiéndose, rellenándose ahora con guatas, periódicos, trapos, muselina, papel, etc., calzándose con zapatos viejos… Antes, el pelo, hecho de soga, se lo teñían con cochinilla o con pastillas que venían para colorear la ropa, pero ahora el pelo se hace de hilo, etc.

Esta costumbre se pierde en el recuerdo, aunque es muy frecuente en lugares de la Península y Portugal la realización de muñecos. En La Palma también se halla algún ejemplo puntual y suelto en Las Breñas, Mazo y Tazacorte.

La periodista palmera doña María Victoria Hernández en su magnífico trabajo “La Palma. Las Fiestas y Tradiciones”, recoge la comparación que el prestigioso investigador Cirilo Velázquez hace de los mayos palmeros con “los homónimos de la isla de Terceira (Azores) y de Machico (Madeira)”. La confección y los temas elegidos son muy similares a los de La Palma, si bien los mayos, que en aquellas islas se colocan el uno de mayo (como aquí antes), no están relacionados “como los palmeros con la cruz”.

Dentro de la capital, ha perdurado en pagos como Velhoco, etc. gracias al esfuerzo de personas y asociaciones de vecinos. Un ejemplo de esta última fue “Zeloy” en la Barriada de Las Nieves que recuperó esta bella tradición entre 1982 y 1999, fechas en las que estuvo de Presidenta doña Marina Duque. Lamentablemente, aquí dejaron de hacerse los mayos.

Recordemos en las últimas ediciones la gran profusión de mayos y adornos a lo largo de la Calle del Tanque. Una magnífica decoración muy típica, muy nuestra, que ojalá se copiase en el resto de lugares de nuestra bellísima ciudad.

Este itinerario nos recuerda el ‘Via Crucis’ que hicieron los frailes franciscanos después de la conquista de La Palma, mediante la instalación de cruces en todo el recorrido en los alrededores del Real (ex) Convento de la Inmaculada Concepción, hoy templo de San Francisco de Asís.

Recordemos que el vía crucis es el “camino de la cruz”, un sendero señalado con diversas estaciones de cruces o altares, que se recorre rezando en cada una de ellas, en memoria de los pasos que dio Jesucristo en su camino hacia el Calvario.

Nos recuerda el querido don Antonio García —el encargado de enramar la cruz llamada “Columba”, por llamarse así una señora que estuvo con sus abuelos desde pequeña y que era quien se ocupaba de adornarla— que esta cruz tiene aún una de las maderas originales de aquel primitivo ‘via crucis’. Ha sido galardonada con el primer premio en la categoría tradicional que concede el Jurado que se desplaza por todos los rincones de la ciudad, visitando cada una de las cruces presentadas en cada edición.

(Cruz de La Columba).

La categoría tradicional ampara a las cruces que se enraman con motivos históricos y prendas. En el ámbito de la categoría libre se puede representar cualquier cosa, tomándose más en cuenta la imaginación, y siempre se confecciona con productos naturales. Así lo confirmaba doña Armenia Pérez Pérez, encargada de la Cruz de Mirca. Antiguamente ésta se encontraba en el fondo del barranco, pero cuando se creó la asociación de vecinos, se decidió que se pusiera en la carretera.

En el año 1999, en la mencionada asociación “Zeloy”, como nos recuerda la que fue su presidenta, doña Marina Duque, se hizo un homenaje a la Lucha Canaria con 180 mayos, con los que también se adornaron las calles y los balcones.

Originalmente, estos peleles se colocaban estratégicamente durante la madrugada del primero de mayo, “detrás de la puerta en forma conveniente para que al entrar en la casa el visitante cayese encima de éste”. Había un dicho antiguo que manifestaba: “quien no se levanta temprano, el primero de mayo, se le mete el mayo por el …(trasero)”. También se oía decir que “si no nos levantamos temprano, nos pasamos el mes de mayo, desmayados”.

Don José Pérez Vidal, erudito folclorista palmero decía: “En la tradición oral, han sobrevivido como recuerdos, posiblemente relacionados con las fiestas mayas en los pasados siglos, las prácticas de los peleles llamados mayos y la madrugada del primero de este mes, para que no se ‘meta mayo’ en el cuerpo”.

La periodista María Victoria, nos informaba en su completo estudio sobre las fiestas y tradiciones de La Palma, cómo “lo de madrugar se seguía con todo rigor y cuidado. El día de la víspera se acostaba a la hora de las gallinas para levantarse a medianoche. Si estaban dormidos al entrar el mes de mayo, éste se les metía en el cuerpo —se les “metía mayo”— y las consecuencias no podían ser más desagradables; todo el mes estaba el dormilón destemplado de la barriga”.

Se empezaban a reunir los trapos por el mes de abril, en zonas de la capital como Cajita Blanca, Timibúcar, Baltasar Martín, San Telmo,… y cada familia hacía un “mayo” al que caracterizaban de acuerdo a un gusto muy particular: se le daba la forma de un vecino simpático que tuviera alguna anécdota o fuera famoso por cualquier circunstancia,… y se colocaba el primero de mayo; no como ahora, que se ponen en la Víspera de la Cruz.

Así, un año se hizo en la Barriada del Pilar un mayo que imitaba al famoso Julián Gotera, con su transistor y su bata azul, que salía de una alcantarilla. Un simpático y querido personaje muy conocido por todos en esta capital.

En la zona norte de la capital, en el margen izquierdo del Barranco de Los Dolores (hoy Avenida del Puente), se asentaron en los alrededores del convento franciscano los gremios de artesanos, las clases más populares y menos favorecidas económicamente. Es precisamente en esta parte de Santa Cruz donde hay mayor concurrencia de “mayos”, justo en la zona de influencia seráfica, orden humilde y caritativa.

Justo al contrario ocurre al otro lado, al sur del barranco, donde se instalaron los dominicos, los regidores, la suntuosa “catedral” de la isla, el Cabildo, los nobles y las familias más poderosas y caballeros más adinerados. Es aquí donde surgió una decoración lujosa, de ricas telas, joyas impresionantes, bellas flores, etc.

También se adornaban con prendas “en el otro lado” aunque en este margen derecho no proliferaron los mayos.

Antiguamente se hacían las fiestas en honor a la Cruz Gloriosa con romerías típicas hacia la “Cruz del Tercero” en la Alameda (llamada así porque fue la que se colocó dando por finalizada la conquista de la ciudad y la Isla el tres de mayo).

Nos cuenta el alcalde constitucional don Juan Bautista Lorenzo Rodríguez que: “… el 9 de octubre de 1783, entre once y una del día, corrió el barranco de Santa Catalina con tanta abundancia de agua y tan fuertes estragos que serán memorables por muchos años. Se llevó 7 casas y arruinó otras muchas de las inmediaciones; llevose la Cruz del Tercero y la de las Damas con sus plazas respectivas; perecieron dos hombres y una niña, y muchos se libraron de milagro. Fue la causa haberse quemado los montes en julio por descuido de uno que llamaban el Gallo, natural de Las Nieves”.

(Cruz del Tercero).

En la base de piedra volcánica de la nueva cruz, emplazada en el mismo lugar que la original después de la catástrofe, se halla una lápida que reza: “3 de mayo de 1893. Primera Conmemoración y Cuarto centenario de la Conquista de la Isla de San Miguel de la Palma terminada el 3 de mayo de 1493. ¡Gloria a los Héroes Españoles y a los Héroes Guanches! Unos y otros derramaron su sangre por su Patria”.

En la mañana del día tres se celebra una Misa de Campaña junto a esta Cruz del Tercero, la cual se adorna magníficamente montándose a su alrededor un altar efímero cuajado de flores y banderas.

Estas fiestas también contaban con bailes folklóricos en el Circo de Marte y en la Plaza de Santo Domingo. Asimismo, a los niños se les estaba reservado en estos festejos diferentes juegos, como la carrera de sortijas, de sacos, etc.

Las fiestas de mayo se prolongan durante todo el mes, con un amplio programa de festejos (unos años mejores que otros) que abarcan, desde las concurridas verbenas en los barrios hasta las bellísimas exposiciones de plantas y flores en diferentes plazas de la ciudad, como la de España y de San Francisco. Desde obras de teatro, números de danza, conciertos y actuaciones musicales diversas, hasta festivales de cuentos, animaciones infantiles y cross popular. Desde encuentros folklóricos hasta dianas floreadas y pasacalles con los “Gigantes y Cabezudos”. Misas y procesiones, como la de la imagen de San José Obrero en Mirca, o la “Cruz del Fraile” en la Dehesa (una de las más antiguas y más galardonadas), la “Cruz Gloriosa” en la Parroquia Matriz de El Salvador y por último la Virgen “Morenita”.

La “Cruz del Fraile” de la Dehesa, ha venido reproduciendo en los últimos años edificios antiguos, casas solariegas, fachadas de templos palmeros. Es una de las más antiguas de la Isla, ya que es la más cercana al Santuario de Las Nieves, y es desde donde partían todos los caminos a todos los pueblos de La Palma. Así lo confirmaba don Juan Ramón, encargado de la Cruz y presidente de la asociación de vecinos de La Dehesa durante varios años. Una cruz cuyo altar efímero se confecciona con maderas pintadas a base de extractos de plantas de la tierra.

(Cruz de Las Nieves).

.El Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad publica una ruta de cruces de mayo para que cada uno pueda orientarse acerca de su ubicación y facilitar así el recorrido, tanto en el casco urbano como en los barrios. Por ejemplo, en la edición del año 2000 se habían inscrito un total de 21 cruces, desde la de la Plaza de la Virgen de la Luz hasta la de la Cruz del Barranco de Espino en Velhoco, pasando por la de la Encarnación, etc.

Como colofón especial a todas estas fiestas, se celebra en el Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves la llamada “Fiesta de Las Madres”, un emotivo homenaje a la Virgen y a todas las madres de la isla, tanto vivas como difuntas, y que en este año de 2008 cumple su trigésima octava edición.

Se incluye una Misa Solemne ante la Patrona, el Panegírico de las madres, la Procesión de la Venerada Imagen y las ofrendas floral, poética y folklórica, con diferentes poetas de la Isla, la banda municipal de música “San Miguel” y la de cornetas y tambores “Gayfa”, así como de grupos ataviados con la preciosa vestimenta típica. A la Virgen, y a todas las madres de la plaza, se les hace entrega de una flor natural.

En el preciso instante en que se coloca la rosa en las manos de la Virgen, hay un gran estruendo de voladores, repique de campanas y un fortísimo aplauso. Se canta el Himno a la Madre y se vierten muchas lágrimas de la gran emoción. Este año, como es año de elecciones, no se celebrará el último domingo de mayo, sino el día 6, coincidiendo con el Día de las Madres.

Volviendo al día de la Onomástica de la Santa Cruz, el tres de mayo, y después de la solemne función religiosa concelebrada —a la que acuden todas las autoridades civiles y militares, tanto locales, insulares como una amplia representación de las regionales y el Pendón de la Conquista, que previamente sale desde el Ayuntamiento y al que se tributan los honores reales— se inicia la procesión de la Santa Cruz, Patrona titular de la ciudad, escoltada por varias bandas de música tras la cual tiene lugar una gran exhibición pirotécnica y una verbena.

Lamentablemente, ya no acude el ejército, por lo que se ha prescindido así de uno de sus tradicionales elementos que aportaban más majestuosidad y empaque al evento. Esta privación ha suscitado grandes, lógicas y dolorosas polémicas.

No es extraño encontrar en las iglesias de todo el Archipiélago grandes cruces cubiertas de plata como una demostración de la extraordinaria devoción que alcanzó en nuestras islas este símbolo cristiano. Así lo indica también la presencia de numerosas capillas y calvarios por toda la geografía, y el lujo con que una sociedad enriquecida como la nuestra adornó sus representaciones. Una costumbre de cubrir con plata estas cruces de madera que se inició en el siglo XVII.

Estamos, por tanto, ante una fabulosa cruz de plata en su color sobre un alma de madera. Es la Patrona Titular de Santa Cruz de La Palma, junto a Santa Águeda. De medidas tiene 132 cms de altura y 93 cms de brazos; las perillas, de figura de piña rodeada de hojas muy carnosas que rematan los brazos tienen 14 cms.

Se halla entronizada en una peana, en forma de copa, de 54 x 40 cm en su parte más ancha y 45 cm de altura. Tiene una inscripción en su base que en la que se lee: “Dio esta Cruz a la Yglesia Parroquial de Ntro Sr. San Salvador, Don Simón Florencio Res. Montero Vble. Beneficiado y Rector de dicha Yglesia y Comss. Del Sto Oficio/ Año de 1726”.

La gran cruz, cuya presencia en el tesoro del suntuoso templo matriz se cita por primera vez en el Inventario de 1782 (“vna cruz grande con su peana para el día de la invención”), es de sección hexagonal y lleva una decoración relevada de carácter vegetal que recubre sus caras y un cordón de separación entre ellas.

Como documento curioso sobre una anécdota producida dentro de la Parroquia Matriz de El Salvador durante la celebración de la fiesta de la “Gloriosa Santa Cruz”, se guarda una carta dirigida al Venerable Beneficiado de la Parroquia de San Andrés (municipio norteño palmero), D. Francisco Ignacio Fierro, por el Obispo de la Diócesis Don Fray Valentín de Morán, de fecha 25 de mayo de 1755.

Se explica allí cómo “había intentado Don Pinto de Guisla asistir a la procesión de la Cruz con el sombrero puesto aun dentro de la iglesia”. La misiva obispal continúa “bien ha hecho V. md en hacerlo quitar, y lo mismo ejecutará siempre que se ofrezca pretender esa y otras extravagancias del mismo tenor, que quiere introducir como Caballero, portándose como si nunca hubiera habido en estas islas otro, sin considerar que los muchos que hoy hay, y en todos tiempos ha habido, no han inquietado con semejantes intentonas el sosiego público”.

Ésta fue una fiesta regulada por el antiguo Cabildo de la Isla. Así se desprende de las ordenanzas de 1611, donde se manda que “los Mayordomos de los oficios saquen los días de Corpus Christi y San Miguel y Santa Cruz de Mayo y en todos los demás días generales los Pendones para acompañar las procesiones, so pena de 20 días de Cárcel con más de 1.000 mrs aplicados por tercios, Juez, denunciador y Propios”. También se ordenaba la limpieza pública y el barrido de calles por las que pasaban las procesiones, entre ellas, la de la Cruz.

La referencia más antigua que se conoce de esta hermosa costumbre del enramado de las cruces la encontramos en la Subida de la Virgen de Las Nieves en 1765. Así, cuando la Patrona retornaba en procesión por las calles capitalinas hacia su Santuario, “estaba una cruz, que es la del noveno passo, con el major ornato y compostura de prendas, talcos y galones”.

También la comitiva se encontró nuevamente con “una cruz que es la del octavo passo, con la mejor belleza compuesta de joyas y otras prendas en gran número y muy hermosas escarchas”.

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BIBLIOGRAFÍA

• Martín González, Miguel Ángel, “La Historia de Santa Cruz de La Palma”, 1999.
• Lorenzo Rodríguez, Juan Bautista, “Noticias para la Historia de La Palma”. Tomo I- III, Santa Cruz de La Palma, La Laguna, 1975.
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• Hernández Pérez, María Victoria. “La Palma. Las Fiestas y Tradiciones”, La Laguna, 2001.
• Abdó Pérez, Antonio. Rey, Pilar. Pérez Morera, Jesús. “Descripción verdadera de los solemnes cultos y célebres funciones que la mui noble y leal Ciudad de Sta Cruz en la ysla del Señor San Miguel de La Palma consagró a María Santísima de Las Nieves en su vaxada a dicha Ciudad en el quinquenio de este año de 1765”, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1989.
• Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Vigésima Segunda Edición, 2001.
• “Apurón”. Número 2. Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. Abril-Mayo 2000.
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• Pérez Vidal, José “Representaciones religiosas en Canarias. Los autos del Corpus y el ‘Carro’ de la Bajada de la Virgen en La Palma”. Diario de Avisos, 1945

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Cortesía de su autor, José Guillermo Rodríguez Escudero