[*Otros}– Los Mártires de Tazacorte / José G. Rodríguez Escudero

LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE

HISTORIA, RELATO DE LOS ÚLTIMOS MOMENTOS, Y LISTA

José Guillermo Rodríguez Escudero

Ignacio de Azevedo y Abreu, nacido en Oporto en 1526, fue paje en la corte del Rey Juan III de Portugal desde 1539. Dos años más tarde entra en la Compañía de Jesús, llegando a ser nombrado, sucesivamente, rector de los colegios de San Antonio de Lisboa, Coimbra y Braga y más tarde Viceprovincial de Portugal.

En una carta al Papa en 1565 solicita ser enviado a las Indias o a Brasil como misionero. Accediendo a esta petición, es enviado a Brasil como Visitador de la provincia jesuítica. La patente de Visitador fue firmada por San Francisco de Borja, por aquel entonces, General de la Compañía.

MARTIRES(Cuadro de algunos de los mártires)

Aprovecha su etapa en el país recorriendo Río de Janeiro, Bahía, Sao Paulo…, encontrándose en ocasiones con el Padre José de Anchieta y, probablemente con el que llegara a ser Apóstol del Paraguay, el palmero Padre José de Arce y Rojas.

Regresa a Lisboa el 31 de octubre de 1568 y es recibido en audiencia por el Rey Don Sebastián. Al año siguiente se dirige a Roma en compañía del embajador Don Juan Telos de Meneses y es nombrado Provincial del Brasil, con lo que adquiere la potestad para reclutar una expedición de misioneros.

Casulla de los Mártires(Casulla de los mártires)

El Papa San Pío V lo recibe en Roma y le obsequia con diversas reliquias para que fueran veneradas en las nuevas misiones, así como un retrato de la Virgen, copia del original —que se custodia en la capilla Borghese de la Basílica de Nuestra Señora La Mayor de Roma—, atribuido al pincel del Evangelista San Lucas.

Ignacio recorre Madrid, Valencia, Barcelona, Medina del Campo, etc. En Portugal visita Évora, Coimbra, Braga. En todas estas zonas iba alistando voluntarios.

El día 3 de mayo de 1570 concentra en Val del Rosal a los 77 misioneros en la fiesta de la Santa Cruz. El día 2 de junio, cerca de Lisboa, en Belem, escribe ya en el galeón Santiago al General de la Compañía de Jesús.

Don Luis de Vasconçelos y Meneses había sido nombrado gobernador del Brasil, disponiéndose a zarpar en una flota compuesta por siete navíos. En tres de ellos, se habían instalado los misioneros jesuitas, llegando a mediados de junio de 1570 al puerto de Funchal (Madeira).

Cáliz del Presentimiento(Cáliz del presentimiento)

Un poco antes, había salido de La Rochela, en el sur de Francia, el hugonote francés Jacques Souris, al mando de sus navíos, ávidos de encontrar algún botín. Llega al puerto de la isla portuguesa pero es rechazado por la artillería del castillo de San Lorenzo y de los cañones de las naves de Don Luis Vasconçelos, cuya flota aun se hallaba anclada en la bahía.

Es curiosa la narración de Guillén de Lugo de Casaus, de quien se dice que inició el fabuloso joyero de la Virgen de Las Nieves-, en el acta del cabildo palmero de 28 de julio de 1570, cuando denomina al pirata francés “Capitán Curi”, asemejándose este nombre a la pronunciación francesa de “Souris”.

El galeón Santiago zarpó del puerto de Funchal con rumbo a Santa Cruz de La Palma el 7 de julio de 1570, aprovechando que los piratas habían abandonado finalmente la isla. A bordo iban el Padre Ignacio de Acevedo con 39 misioneros más y algunos pasajeros, amén de la tripulación.

Estuvieron a punto de ser abordados por los cinco navíos de Sourie. Un fuerte viento se levantó repentinamente, lo que dispersó a los barcos, al aproximarse a La Palma. El galeón de los jesuitas tuvo que guarecerse rápidamente en el puerto de Tazacorte.

Una vez anclado el galeón, saltaron a tierra los misioneros, quienes fueron acogidos por la familia Monteverde, establecida allí desde hacía algunos años. Se dio la circunstancia de que Melchor de Monteverde y Pruss se había educado junto con el Padre Ignacio en Oporto.

El 13 de julio de 1570 celebró el Padre Ignacio de Acevedo su última misa en tierra, en la iglesia del Patrón de La Palma, San Miguel Arcángel de Tazacorte.

Se cuenta que, en el preciso instante en que el jesuita sumió el cáliz, tuvo una revelación de su próximo martirio. Esto le provocó una tremenda impresión, lo que hizo que con sus dientes produjera una melladura en el borde del cáliz.

En las crónicas del alcalde constitucional de la capital palmera Don Juan Bautista Lorenzo Rodríguez, queda recogido ese momento de la siguiente forma: “en un sagrario muy decente se guardaban, con mucha veneración, el cáliz y patena, regalo de San Pío V, con que habían dicho la misa, el cual conservaba una confusa melladura hecha con los dientes incisivos, al tiempo de sumir el linguis, atribuyéndose entonces este hecho a la revelación que en aquel momento había tenido dicho padre de que iba a padecer martirio”.

Se cuenta que el Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis de Tenerife, Don Luis Folgueras y Sión, en la visita que hizo a La Palma en 1831 se llevó esta reliquia y la envió a Roma.

Las reliquias entregadas por el Papa fueron desembarcadas y entregadas a su amigo Melchor, como muestra de agradecimiento por su acogida, y quizá para que no cayesen en manos impías, según su visión. El caballero las depositó en la ermita de San Miguel. Este cofrecito se guarda aún hoy en esta parroquia.

Urna con reliquias. Las Angustias(Urna con reliquias)

En la madrugada del 14 de julio de 1570 zarpa el galeón Santiago rumbo a Santa Cruz de La Palma, por la parte sur de la isla. El mar, por este lado de poniente, se hallaba en calma ese día, lo que obliga al galeón a avanzar costeando la isla para mejor aprovechar el “terral”, la ligera brisa que le llega de tierra.

El corsario Jacques Sourie, a bordo del navío de guerra “Le Prince”, pudo interceptar al galeón de los jesu
itas cuando éste se aproximaba a la Punta de Fuencaliente, aprovechando los vientos favorables que le venían del mar por la parte del naciente. Esto sucedió al amanecer del día 15 de julio.

A los disparos de intimidación por parte de los piratas, les siguen los intentos de abordaje. Mientras tanto, los otros navíos del pirata se iban acercando al galeón “Santiago”. A la orden de Sourie, de los cinco barcos franceses saltaron salvajemente sobre el galeón portugués, unos piratas armados ávidos de sangre y riquezas. Nada pudieron hacer los tripulantes y los jesuitas. Todos iban sucumbiendo ante tal atroz ataque. El Padre Acevedo alentaba como podía a sus compañeros y compatriotas. Un capitán calvinista lo hiere en la cabeza con una espada. A duras penas seguía exhortando a los suyos a perdonar a los verdugos, mientras abrazaba con fuerza el pequeño cuadro de la Virgen, obsequio de Pío V. Herido de muerte por tres golpes de lanza, cayó al suelo sin vida.

Los piratas lanzaron por la borda los cuerpos, algunos moribundos, hasta que los vieron hundirse en el mar. Los martirizados fueron dos sacerdotes, siete alumnos del Escolasticado, ocho hermanos coadjutores y veintitrés novicios.

Tan sólo se le había perdonado la vida al hermano cocinero, un joven que era sobrino del capitán de la nave. No satisfecho con su destino, decide vestirse con el hábito religioso y se declara jesuita. Fue degollado.

Después del martirio, los asesinos llegan a San Sebastián de La Gomera en son de paz. Al paso de los días se fue divulgando la espeluznante noticia. El Conde de La Gomera, Don Diego de Ayala y Rojas, recaba de Jacques Sourie la entrega de los 28 miembros de la tripulación y pasajeros lusitanos que tenía prisioneros el corsario francés. Una vez llegados estos hombres a Funchal, relataron minuciosamente al jesuita Padre Pedro Díaz lo ocurrido a bordo de la nave portuguesa. Todo fue recogido en “La Relación del martirio del padre Ignacio de Azevedo y sus compañeros”.

Como premonición del acontecimiento que iba a vivir, uno de los mártires, el vizcaíno Padre Esteban Zurara (o Zuzayre, como lo llama el mencionado alcalde en sus “Noticias…”), antes de partir de Plasencia, donde vivía, para ir al Brasil, dijo al Padre José Acosta, su confesor, que “partía alegre y contento por tener la certeza de alcanzar el martirio».

El Papa Benedicto XIV en su Bula de 21 de septiembre de 1742, reconoció el martirio de los cuarenta jesuitas “conocidos por antonomasia con el nombre de Mártires de Tazacorte y S.S. Pío IX en el año de 1862, día de Pentecostés los canonizó”.

Santa Teresa de Jesús, que tenía entre los mártires un sobrino suyo, Francisco Pérez Godoy, de Torrijos, Toledo, comunicó en Ávila el mismo día haber participado en su oración de la gloria con que el cielo había coronado a aquel invicto escuadrón de mártires misioneros.

El 11 de mayo de 1854 el Papa Pío IX los beatificó, y en el santoral católico aparece reflejada esta festividad el 15 de julio. Se celebra anualmente en Tazacorte, tras la solemne función religiosa concelebrada en honor a los Mártires, la procesión con la talla del Beato Ignacio de Acevedo y la arqueta con las reliquias, las cuales también son expuestas.

CRUCES FONDO MAR

(Una de las cruces en el fondo del mar)

En la actualidad se han colocado en el fondo del mar, donde se cree que fueron arrojados los jesuitas, cuarenta cruces que recuerdan tan triste episodio. A pesar de que “se trata de uno de los hechos históricos y religiosos más importantes que ha tenido La Palma y Canarias”, lamentablemente pocos palmeros y canarios conocen esta festividad ni tampoco esta historia.

Se está considerando la posibilidad de nombrar al Padre Ignacio de Acevedo alcalde honorario y perpetuo del municipio. También se estudia el proyecto de acondicionamiento de las cuevas del Time, en el Barranco de las Angustias, para destinarlas a un centro temático que recuerde a estos misioneros. Éstos estuvieron en estas oquedades haciendo penitencia.

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BIBLIOGRAFÍA.

  • LORENZO RODRÍGUEZ; Juan-Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, Santa Cruz de La Palma, 1985. P. 121.
  • MILLARES PEREZ, Salvador, «Los Mártires de Tazacorte», El Día de La Palma, (09 de abril de 1986).
  • PROGRAMA. Festividad de los Beatos Mártires de Tazacorte. Parroquia de San Miguel Arcángel. Tazacorte, (15 de julio de 1999). «Se pide la creación de un centro para recordar a los Santos Mártires de Tazacorte», El Día, (04 de noviembre de 2003).

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RELATO DE LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DE LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE

En 1570 el pirata Jacques de Sores, teniente de Pie de Palo que dirigió el desembarco y saqueo de 1553 y que el año anterior se vio elevado al mando supremo de la flota protestante, se dirigió con ésta hacia las islas del Océano. Como inmediatos subordinados se hizo acompañar de los capitanes Jean Boucard y Jean de Capdeville. Esto sucedía el 15 de Julio de ese año. El feroz pirata conocía la ruta de la nave Santiago, donde iban el jesuita Ignacio de Azevedo con 44 misioneros hacia Brasil y, cerca de la punta de Fuencaliente frente a Boca Fornalla, le cortó el paso con su navío de guerra Le Prince, situándose en posición de combate y disparando su artillería para intimar la rendición.

El capitán del Santiago demandó a Azevedo autorización, dada su escasez de hombres útiles, para armar a los novicios, mas el provincial se negó a ello, exhortando a cada cual a cumplir con su propia misión, y ordenando a los novicios, con el maestro Bento de Castro, descendiesen a sus camarotes para orar, y cuando él regresó a cubierta para auxiliar espiritual y materialmente a combatientes y heridos, ya se había iniciado la lucha.

Los hugonotes intentaron por tres veces el abordaje, mas fracasaron en su intento ante la enérgica resistencia de la tripulación lusitana, y concentrada toda la flota, pudo dar la orden de abordaje y asalto general cayendo los cinco navíos franceses sobre su presa en grupos de 40 hombres por babor y estribor, adquiriendo la lucha un hondo dramatismo y en medio del fragor de la pelea se distinguía la voz de Azevedo animando a sus compatriotas a morir por la fe, en lucha contra sus más declarados enemigos, hasta que atravesado su cuerpo de tres lanzadas, cayó exánime en los brazos de su compañero Diego de Andrade, escena que ha inmortalizado un famoso pintor francés, Jacques Courtois, el Borgoñón, con sus pinceles; los supervivientes de la tripulación y pasajeros, unos 28 se rendían a discreción.

El maestro de novicios, Bento de Castro, fue acribillado a arcabuzazos, desfalleciendo en el sollado mientras
sus labios proclamaban a gritos su calidad de hijo de la Iglesia romana; Manuel Álvarez que tuvo la noble osadía de hacer ver a los herejes su ceguera, fue apuñalado; el padre Diego de Andrade, que cumplía misión espiritual de confesar a sus compañeros, irritó de tal manera a los luteranos, que se abalanzaron sobre él apuñalándole, e igual fin tuvieron Braz Riveiro y Pedro Frontero. Los piratas renovaban el fervor y la fe de los supervivientes, que en constante emulación alcanzaban la palma del martirio; dos padres, Gregorio Escribano y Álvaro Mendes, que yacían enfermos postrados en el lecho, tuvieron fuerzas para subir descalzos y semidesnudos al sollado desde donde los lanzaron al mar.

Detenidos y apresados los demás padres y novicios, quisieron los piratas que antes de su muerte les rindiesen alguna utilidad, obligándoles a trabajar en las bombas, con las que se proponían salvar de un seguro naufragio al galeón Santiago, mientras ellos recorrían los aposentos registrando sus cofres y talegos para profanar reliquias e imágenes, haciendo escarnio de los ornamentos y objetos de devoción. Consultado el pirata con sus esbirros sobre la suerte que les preparaba, ordenó una matanza general al grito de “¡Mueran!, mueran los papistas que van a sembrar la falsa doctrina en el Brasil!”. Sus feroces verdugos —dice Rumeu de Armas— cayeron entonces sobre la humilde hueste y sin perdonarles humillaciones de todo género, fueron sucumbiendo, unos a puñaladas, y otros a tiros en confuso montón de ancianos, jóvenes y casi niños sacerdotes y novicios, muertos y heridos.

Es de mencionar la actuación de Simao de Acosta, joven de 18 años que, no vistiendo todavía los hábitos y sintiendo Sores conmiseración hacia su persona, se declaró a gritos hijo de San Ignacio para alcanzar la palma del martirio. Así terminaron sus días coronados por el martirio aquella primera legión misionera de hijos de San Ignacio a los que la Iglesia conoce con el nombre de los Mártires del Brasil aunque más apropiado sería llamarlos de Canarias o de Tazacorte, en cuyas aguas sucumbieron.

Éstos habían salido en la flota que se dirigía al Brasil el 7 de Junio de 1570, compuesta de siete galeones, en la que se dirigía a la colonia el nuevo gobernador Luis de Vasconcelos de Menezes, Comendador de Villada en la Orden de Cristo, los jesuitas se distribuyeron en tres de ellos, a Padre Azevedo con 44 misioneros en el galeón Santiago, el Padre Dias con otros 20 en el navío almirante de la escuadra, y el Padre Francisco de Castro con los restantes en el Os Orfaos.

Llegaron a la isla de La Madera el 14 de Junio y el Santiago alzó velas en el puerto de Funchal el 7 de Julio, que tenía que dirigirse a Santa Cruz de La Palma a descargar mercancías, pero una borrasca le obligó a arribar al puerto de Tazacorte donde permaneció varios días, celebrando el 13 misa el padre Azevedo en la ermita de San Miguel de Tazacorte, y cuenta la tradición que, en el momento de sumir la sangre en el cáliz, vio la corona del martirio pendiente de su cabeza por revelación divina; en el cáliz, que aun se conserva, es fácil distinguir la huella de sus dientes grabados por obra milagrosa como reflejo de la impresión y arrobamiento por el futuro mártir recibida. Estuvo este cáliz en Tazacorte durante 175 años, desde 1570 a 1745, hasta que el Obispo D. Juan Francisco Guillén, lo extrajo de la ermita regalándoselo a los Padres Jesuitas de Gran Canaria.

El Papa Benedicto XIV, en su Bula de 21 de Septiembre de 1742, reconoció el martirio de estos religiosos y Pío IX, en el día de Pentecostés de 1862, los beatificó. Santa Teresa de Jesús aseguró a su confesor Baltasar Álvarez que en Julio de 1570 había visto a estos mártires, entre los que se hallaba su pariente Francisco Pérez Godoy, en escuadrón “entrar en el cielo vestido de estrellas y con palmas victoriosas”.

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BIBLIOGRAFÍA

PINTO Y DE LA ROSA, José María: Apuntes para la Historia de las Antiguas Fortificaciones de Canarias

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Para bajar/ver la lista de los nombres de los 40 mártires, su origen y cómo murieron, clicar AQUÍ.

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LA ARQUETA DE LAS RELIQUIAS

“Se trata de una arqueta prismática de madera forrada en cuero gofrado en oro con tapa semicircular. Asa abatible sobre la cubierta y cerradura con pasador en el frente, ambas de bronce. La decoración, a base de motivos vegetales geometrizados y encintados curvilíneos de diseño simétrico formando bandas y medallones, se distribuye en una faja principal ceñida por sendos frisos de hojas de vid y roleos, a modo de cornisa y zócalo. Todos renacentistas con cabezas de perfil simétricamente afrontadas femeninas y masculinas – que recuerdan el busto del emperador Carlos V-, se repiten sobre la tapa y las caras laterales. Tanto el formato y las proporciones de la caja como su ornato siguen las nuevas tendencias del Renacimiento a la italiana”

Jesús Pérez Morera

Esta arqueta, conocida como la de los Mártires, tiene las siguientes medidas: 28 x 19 cm (base), 18,30 (altura) y es anterior a 1570. Contiene las reliquias que el Papa San Pío V entregó en Roma al padre Ignacio de Azevedo (nombrado visitador del Brasil por San Francisco de Borja). Son las mismas que este beato jesuita había regalado en Tazacorte a su amigo, el caballero flamenco Melchor de Monteverde, esclavón y regidor de Amberes en prueba de agradecimiento y amistad por su hospitalidad durante la estancia del grupo de jesuitas en el bello pueblo palmero. Esto ocurría en julio de 1570, días antes de su martirio.

Arquetas de las Reliquias, anterior a 1570

Entre las veintidós inventariadas en 1718, el magnífico arcón cuenta con las siguientes reliquias: una canilla de Santa Cristina (joven oriunda de la Toscana que sufrió los más terribles martirios), la quijada de Santa Inés (virgen y mártir romana degollada tras haber salido ilesa de la hoguera), huesos del Papa San Gregorio Magno (uno de los cuatro Padres de la Iglesia Latina y elegido Pontífice contra su voluntad en el 590), ropa de las Once Mil Vírgenes (asaetadas junto con Santa Úrsula por los hunos ante los muros de Colonia), una costilla de los Santos Inocentes (las ciento cuarenta mil pequeñas víctimas de cruel Herodes), un pedazo de la cabeza de San Vicente Mártir (diácono aragonés martirizado en Valencia en el 304 durante la persecución de Diocleciano), etc.

En 1745 se produjo la visita del obispo don Juan Francisco Guillén y se dejó constancia durante la misma que las reliquias las habían dejado en “la dicha hermita de Tasacorte los venerados Padres Jesuitas Ygnacio de Acebedo y sus treinta y nuebe compañeros, que pasaban de missión al brasil en el año de mil quinientos y setenta, abiendo celebrado missa en dicha hermita el dicho Padre Ygnacio a sus compañeros, quien las entregó a un caballero Monteverde…”

Otras confusas noticias y sin fundamento histórico otorgan otro origen a la llegada de estas reliquias a Tazacorte. Por ejemplo, lo que se decía de ellas en el diario de noticias del capitán don Nicolás de Sotomayor Topete y que fueron contadas a don Diego González Hurtado en 1701. Allí se contaba cómo fueron traídas por sus antepasados desde Flandes “que las tenía un caballero que les debía mucha cantidad de dinero y se las dejó en prenda”. Así mismo, el Marqués de San Andrés don Cristóbal del Hoyo y Sotomayor decía que “nuestras abuelas colocaron en la iglesia de San Miguel de Tazacorte una arquilla de reliquias que van con su bula ya para V siglos caminando”.

Se sabe por el inventario de 1613 que, entre la mesa del altar mayor y la peana sobre la que se venera la imagen flamenca del Arcángel San Miguel, existía una “caxita o relicario donde están las reliquias que en la dicha yglecia están guardadas…” Otras visitas eclesiásticas en 1672 y 1701 confirmaban que las reliquias de la iglesia de San Miguel y las que actualmente se custodian en el vecino Santuario de las Angustias se veneraban conjuntamente en el primer oratorio dentro de “vn cajonsillo cubierto con vn tafetán donde estaba vn cofresito aforrado en terciopelo carmesí por dentro y en él las Santas Reliquias embueltas en vnos paneles y tafetanes con sus rótulos renobados…”.

El profesor palmero Pérez Morera también indicaba que, por aquel entonces, las llaves del cofrecillo y el cajón de las reliquias se encontraban en la ciudad, en poder de don Juan de Monteverde, descendiente del primer dueño de las haciendas de la zona. Luego pasaron al maestre de campo don Juan de Sotomayor Topete. Más tarde tres de ellas pasaron a la ermita de Las Angustias – “un pedasito de pan del que sobró del milagro que Christo hizo con las turbas, parte del casco de San Esteuan y parte de vna quijada de Santa Apolonia“ para ser custodiadas en un cofrecillo pequeño dorado y esmaltado que aún existe dentro de una hornacina acristalada hecha en una pared lateral de la capilla mayor. Fue confeccionado en La Palma a fines del siglo XVII, “a costa y devoción del capitán don Nicolás de Sotomayor Topete y Massieu (1641-1710)”.

Los dueños del ingenio azucarero de Tazacorte pusieron en el siglo XVIII nuevo techo a la capilla del patrono San Miguel “figurando un gran retablo en el cuadro pintado en 1738 por el maestro palmero Luis José Escultor, que es el que cubre el testero de dicha capilla”. Así lo recogía don Miguel de Monteverde Benítez de Lugo en 1854.

Los escritos de la visita de 1745 informan de cómo las reliquias fueron trasladadas a Santa Cruz de La Palma. Allí fueron depositadas en el oratorio episcopal mientras se construían unas urnas “mui decentes” que fueron fabricadas con tres llaves (una para el vicario, otra para el cura de Los Llanos y la última “a cuidado del caballero que acostumbra tenerla”) y de diferentes guarniciones, una para la ermita de San Miguel y otra para el Santuario de Las Angustias. Es probable que para la primera iglesia se trate del tabernáculo que aún se conserva en el retablo colateral de la Epístola. Se trata de un sagrario de madera pintado exteriormente por escenas alusivas al martirio de los jesuitas. El Obispo nivariense Rey Redondo visitó la ermita y las reliquias. Ordenó que se proveyese al tabernáculo con sólo una llave y que ésta se guardase en sitio seguro. Indicó que dicho sagrario no fuera restaurado, ni reformado exteriormente puesto que está “decorado con las antiguas pinturas que representan el martirio de los Santos Ynacio de Acebedo y Compañeros, cuya prevención se extiende también al cuadro que en dicha yglesia se conserva con el retrato de los Santos Mártires”.

Cada 15 de julio, onomástica de los Mártires de Tazacorte, la imagen del Beato Ignacio de Acebedo y la arqueta de las reliquias recorren las calles de Tazacorte a hombros de un pueblo orgulloso de tener este importante vestigio de historia y de fe.

 

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Juan de Binatea y Torres

El varón ilustre de quien nos vamos a ocupar, tanto por sus conocimientos en administración y en la milicia, cuanto por su buen gusto en la literatura, ha merecido un puesto distinguido entre las glorias patrias.

Nació D. Juan de Binatea y Torres en la ciudad de Santa Cruz de La Palma (1688). Desde muy joven marchó a Inglaterra, donde adquirió una sólida instrucción. De retorno a su patria se dedicó a hacer fructificar los conocimientos que había adquirido en Gran Bretaña, pero un suceso que puso en peligro su vida le hizo decidir bien pronto abandonar su pueblo natal.

Con tal motivo resolvió trasladarse a España pero, restablecido de sus dolencias, solicitó un empleo en la Corte y de allí marchó a América con el grado de capitán de milicias que poseía, siendo nombrado corregidor del partido de Piura en el Perú (1737).

Desde el momento en que nuestro compatriota tomó posesión de su destino, se dedicó con notable ahínco a mejorar el estado de los caminos, a organizar la administración y a extender las relaciones comerciales y mineras de aquel corregimiento.

Por aquella época, la escuadra inglesa al mando del almirante Ansón cometía continuas depredaciones en las costas de la América española, haciendo desembarcos, quemando y saqueando las poblaciones ribereñas.

El 24 de noviembre de 1741 la tripulación del navío inglés Centurion se apoderó del Puerto de Payta al que quemó después de saquearlo, tratando de seguir la costa para hacer lo mismo con otras poblaciones que a su paso hallase, pero nuestro paisano Binatea, apenas tuvo conocimiento de semejante suceso, con la mayor premura juntó a las milicias de su distrito, dirigiéndose a marchas forzadas en busca del enemigo. Éste, al tener aviso de aquel designio, no se atrevió a esperarlo y se embarcó precipitadamente alejándose de aquellos mares.

Seguro ya el valiente hijo de Canarias de que ningún enemigo pisaba el territorio español, cuya administración por aquella parte le estaba encargada, se empeñó con actividad en reparar los males causados por las correrías británicas, haciéndolo de tal modo que todos sus administradores sintieron en extremo su partida cuando llegó el plazo de la sustitución de su gobierno.

La mayor prueba de su desinterés y del afán con que atendía el cumplimiento de sus deberes en aquellas regiones es que, al marchar a Lima para ponerse a las órdenes del virrey, apenas tuvo que costear su viaje, motivo por el cual se le honró con el Corregimiento de Mobucoa que desempeñó hasta su fallecimiento (1777) a los 89 años de edad.

[*Otros}– Los ramos de frutas en las fiestas de la isla de La Palma (Canarias) / José G. Rodríguez Escudero

José Guillermo Rodríguez Escudero

El pintoresquismo de las fiestas de los pueblos todavía se conserva en algunos lugares mientras que, en otros, persisten tan sólo reductos de aquel ambiente festivo.

Los ramos o racimos de frutas asociados a las fiestas patronales son muy antiguos, y se confeccionaban en casi todos los municipios de La Palma. Los pórticos de las iglesias y ermitas, por ejemplo, se adornaban con cintas de seda y piñatas de frutos variados. Un enrame festivo antes generalizado pero sólo conservado en la actualidad en Breña Alta y en Las Lomadas (San Andrés y Sauces). En ambos casos se trata de unas ofrendas artesanas, naturales, populares y coloristas para honrar a San Pedro Papa en su onomástica del 29 de junio.

Existen numerosas referencias a la antigüedad de este bello rito festivo. La lustral “Bajada de la Virgen de Las Nieves”, y el resto de las fiestas derivadas de la Patrona Insular, celebraciones por antonomasia de La Palma y de la que emanan todos los festejos populares palmeros, no iba a carecer de ellos.

“… hallábase este llano, que es el principio de esta ciudad, frondosamente adornado de Ramos, flores y banderas, donde llegada que fue la Señora, hizo pausa vajo un arco hecho de obra aunque campestre, primorosa […] .Al entrar en dicha plaza del Patriarca Domingo, se mirava todo hecho un monte, el más frondoso con la mucha variedad de ramos y Arboles, de atributos de la Virgen […] eran sus flores, de las más primorosas de Génova, tan diversas como hermosas, y otras, de pasta y escarcha; los ramos de frutos artificiales, también de Génova, tan naturales que hasía dudar la vista el primor del aseo, si fue naturaleza el artificio […] Despidiese aquí, en su llano el Santo Patriarca y se prosigue con la Procesión a las Claras. Estaban las calles, desde el convento a dicho monasterio, llenas de vanderas y Ramos frondozos, como también toda la Calle Real, que era un parayso assí en ramos como en flores [..] estaba lleno de vanderas, en astas mui descolladas, vestidas de ramos y flores y multitud de arboles y ramos […]”

Descripción Verdadera… 1765

TraperasEnBalcones

Al igual que en todos los lugares de la capital palmera por donde pasaban las solemnes y multitudinarias procesiones de la milagrosa imagen de la Virgen de Las Nieves, se presentaban las fachadas, ventanas, balcones y plazas con profusión de adornos y colgaduras. La completa descripción de estos altares y decoraciones efímeros nos lo ofrece —además del anterior documento de 1765, por ejemplo— el manuscrito de la Bajada de la Señora de 1815.

RamoEnVentana

En él se da una idea del aspecto que podía presentar la pequeña ciudad de La Palma de entonces: “[…] A los lados del trono había una en uno una palma y en otro un Plátano […] En dicha noche los del lugar de San Pedro que enramaban el día siguiente, adornaron la plaza que parecía el monte: al medio había un pino que lo trajeron 12 hombres y con poca diferencia eran los demás ramos […] En el tanquito del Consejo una hermosa glorieta con palmas, plátanos y multitud de flores […] Todo eran banderas, fuegos y composiciones, ramas, cortinas, nubes, trapos, espejitos, damascos, angelitos, flores, frutas, tela de oro, festones de flores, láminas, ramos de frutas, láminas, guarniciones de plata, banderas, rasoliso, talcos […] Fue toda la diversión en la bocacalle de la Cuesta de Miguel Agustín pues además de los buenos fuegos que tuvo, había un paso figurando un jardín en el cual había de todas las frutas que se conocen en esta isla […]”.

A lo largo de la calle Real de Santa Cruz de La Palma se colocaron en julio de 2005 varios arcos triunfales con motivo de los festejos lustrales en honor a la Virgen de Las Nieves, Patrona de La Palma, como se hacía antiguamente.

detalle arco 2005

Sirvieron para adornar el recorrido de la Bandera de María en su subida hasta el Castillo de la Virgen por la mañana, y, por la tarde, el de la Bajada del Trono —o Equipaje de la Virgen— desde el Santuario hasta El Salvador.

Estos arcos traídos como ofrenda a la Morenita desde Breña Alta (San Pedro) y desde Garafía (San Antonio del Monte) contaron con el adorno de preciosos ramos de frutas. A las peonzas se unieron otros racimos confeccionados de curiosas formas: las dos llaves de San Pedro cruzadas; la cátedra del Papa; una gran tiara de tres coronas, símbolo del Pontífice; etc.

San Antonio del Monte

También en los grandes maceteros de la Plaza de España se plantaron varios ramos estilizados hechos con naranjas, peras, membrillos, limones, pimientos rojos, manzanas, etc. Así mismo, en todo el recorrido de la Calle Real, se colocaron traperas con los productos más típicos de nuestra Isla, en los que no pudieron faltar muchos racimos y cestos de frutas variadas colgadas en balcones, galerías y ventanales.

La tradición de los ramos de frutas en las fiestas de La Palma se pierde en el tiempo. Como dijimos, dos de los bellos ejemplos que aún se conservan en nuestros días y que tanto proliferaban en nuestro entorno festivo están relacionados con las fiestas patronales del Barrio de Las Lomadas en la Villa de San Andrés y Sauces y en las del casco de Breña Alta.

Lucida novena en honor del Príncipe de los Apóstoles, con profusión de flores y lucimiento de los tradicionales Racimos de Frutas

Diario de Avisos, (27 de junio de 1949)

Como reza el mencionado periódico, decano de la prensa de Canarias y fundado en Santa Cruz de La Palma, ya eran tradicionales en las fiestas del “Primer Papa” en Breña Alta en 1949. Continúa informándonos el periodista anónimo de que en la víspera del día del Patrón de ese municipio del Este de La Palma, 28 de junio, tendría lugar “a las 16:00: engalanamiento de la plaza e inmediaciones, y confección de los antiguos arcos de ramaje y racimos de sabrosos frutos”. El mismo medio anunciaba el 27 de junio de 1953 que “el tradicional arco de ramajes lucirá hermosos racimos de frutas”.

Afortunadamente, en el programa de las fiestas patronales de Breña Alta de 2008 aún puede leerse: “Día 29 de junio, a las 09:00, colocación de los tradicionales ramos de frutas en el arco confeccionado en honor de San Pedro Apóstol, patrón del Municipio”.

Arco de San Pedro con tres ramos de frutas

Por la pendiente callejuela cercana a la iglesia parroquial de Breña Alta, llamada “Calle del Arco”, desfila la procesión de San Pedro y San Isidro el día de la onomástica del primero. De un arco de medio punto levantado en su honor —actualmente el único que se erige—, cuelgan desde temprana hora tres magníficos ramos de frutas: dos en forma de peonza o campana, etc., y otro más grande en el centro que tiene el aspecto de barcaza de pescador en el que asoma el busto del Apóstol.

En la edición de 1989 se colgó una réplica de la imagen de San Pedro Papa sentado en su cátedra o trono confeccionado con vistosas frutas frescas. Todavía se adornan los ciriales, en forma de faroles de plata, que son portados delante de la procesión con decoración frutal y floral.

Ciriales de San Pedro de Breña Alta

Se ha perdido la ofrenda de ramos de frutas que hacían todos los barrios de Breña Alta a su Patrón y que se colocaban en los arcos de brezo y monteverde de San Pedro, así como en el interior del templo parroquial. Sólo se mantiene la ofrenda del barrio de San Isidro, cuya imagen acompaña también en la procesión, tras llegar al casco en alegre romería desde su ermita del monte una semana antes.

Los ramos se confeccionan de frutos carnosos diferentes, formando simétricas franjas, paralelas y circundantes, combinando frutas, tamaños y colores, rematados los extremos con gajos de uvas. Se emplean las frutas de temporada, que siempre suelen ser ciruelas, naranjas, peras, uvas, albaricoques, guindas salvajes, etc. Se suele concluir el laborioso acabado con claveles blancos o rojos para darle más vistosidad al conjunto. Hernández Pérez nos aclara que “en su conjunto semejan una lámpara barroca o rococó”.

El uso de grandes y coloridos ramos de frutas para adornar arcos, altares efímeros y el interior de los templos se ha perdido también en las fiestas de La Cruz. Recordemos el dicho “La Pavona siempre gana en fruta, banderas y rama”. La Cruz de la Pavona, en San Isidro, es una de las cruces más célebres de las Breñas.

El periódico insular El Time, el 19 de junio de 1864, describía también el ornato con que el pueblo de Los Llanos de Aridane honraba a la Virgen de Los Remedios en sus fiestas: “la carrera estaba totalmente llena de ramos y flores y sembradas de banderas…”.

En Villa de Mazo, en la década de los sesenta del pasado siglo, encontramos los orígenes de las espectaculares y efímeras manifestaciones de la fiesta del Corpus Christi actual. Velázquez Ramos, en su obra sobre el municipio, nos describe uno de los primeros testimonios gráficos de los arcos y altares en honor al Santísimo. Aquél “aparece profusamente adornado de blandones con largas velas y varias mandarlas concéntricas alrededor de una gran custodia, todo ello confeccionado, posiblemente, de semillas, frutos y flores.”

Fray Juan Francisco de Medinilla y Tobalina estuvo de visita misionera en varias localidades de La Palma en 1758. El fraile, procedente del convento mercedario de Olmedo (Valladolid), llegó a San Andrés donde quedó gratamente sorprendido por las enramadas con arcos y ramos de frutas. Escribió: “…y salió la procesión, havia ramas en forma de arco, cargadas de mucha fruta; y en la Iglesia havia flores, frutas, membrillos, naranxas…”

Era una costumbre generalizada el adorno del Monumento del Jueves Santo con flores y frutas. Así, Fernández García nos informaba de que “por las cuentas de fábrica del año 1706 se sabe que el Monumento de la época se adornaba con naranjas y flores haciéndose unos característicos ramos, costumbre ésta que perduró hasta casi nuestros días, pero en el Santuario de Las Nieves”.

En varios puntos de las vecinas islas de Tenerife y La Gomera también se confeccionan las piñas de frutas para honrar a sus santos patrones. Algunas forman distintas figuras, siendo muy conocidas las de los “Corazones de Tejina” (La Laguna), pero hay más variedades, como en los barrios altos de Icod de Los Vinos.

El Cabildo de La Gomera cuenta con una de las obras más significativas de José de Aguiar que compendia toda su teoría folklorista: la Romería de San Juan (1924). Como todos los festejos del solsticio, gira en torno a la alegría por la cosecha, en este caso, de frutos que, puestos en pértigas y al son del tambor y las chácaras son regalados a cambio de un aguinaldo.

Así mismo, encontramos cómo una pintura costumbrista de 1843 de la isla portuguesa de Madeira mostraba un gran racimo de frutos en forma de peonza, similar a la de Breña Alta, pero en este caso, sujeta con una anilla a una vara que era transportada a hombros por dos lugareños.

Hernández Concepción nos informaba en la prensa local de cómo se enramaban las cañas empleadas por los “Galanes” en Puntallana para la ceremonia intramuros de la Resurrección de Cristo. Aparte de flores, cintas, campanillas, rosquetes… se confeccionaban ramos de frutas propias de la época e incluso aquéllas que se conseguían fuera de tiempo, como nísperos, duraznos, peras… Es más, recordaba cómo había una clase de pera que du
raba hasta Pascua si era colgada hacia abajo con un hilo.

Otro ejemplo de racimos lo encontramos en las fiestas de la Candelaria de Tijarafe celebradas el 8 de septiembre de 1865. El corresponsal del municipio informaba en periódico El Time de que “… copiosa multitud de luces ardían sobre el altar y en los demás sitios aparentes, flores y frutas en profusión mezclaban sus suaves aromas con el incienso”. También escribía que “más tarde se saca la imagen de la Virgen en procesión por las calles adornadas con banderas y ramos…”.

En la antigua ermita de San Pedro de Las Lomadas en la Villa de San Andrés y Sauces aún continúan confeccionándose los olorosos ramos de vistosas frutas. En el programa festivo del mes de junio de 1994, por ejemplo, aún podía leerse: “a las 4 de la tarde, colocación de los tradicionales ramos de frutas del país y enrame de la iglesia por varias señoritas de esta localidad”.

“Un año más hemos llegado
a la fiesta de San Pedro,
Alegría para todos
y en especial para el pueblo […]

A recoger el dinero
para la orquesta pagar,
y pendiente de los arcos
para los ramos colgar […]

«Homenaje a Saturnino», Gaudelia Expósito Lorenzo

La investigadora Hernández Pérez nos informaba en su trabajo sobre las fiestas palmeras de cómo en diferentes patios y locales de dicho pago norteño se reunían las jóvenes para montar un armazón “normalmente de alambre, donde van incorporando diferentes frutas de la temporada”. Nos recuerda también cómo un año, tras decidirse que había que poner guindas al racimo y comprobar que no había en el lugar, se tuvo que ir hasta Puntagorda.

“[…] Los ramos de frutas
la víspera quedan hechos.
Aquéllos que nos visitan
se quedan mirando al techo […]”

«San Pedro 2008», Gaudelia Expósito Lorenzo

Era frecuente observar cómo varios vecinos “con promesas” acudían a la ermita, o a los locales donde se confeccionaban los ramos, con varios kilos de frutas para que fueran usadas en ellos. Una vez terminados, se trasladaban con delicadeza hasta el interior de la ermita de San Pedro de Las Lomadas (erigida antes de 1525) para colgarlos “de los tirantes y crujías del techo mudéjar”. Magníficos adornos florales y frutales aún adornan la pequeña y recoleta ermita.

[…] Cuando celebran la fiesta
por los árboes pasamos,
miramos a ver si hay frutas
para poner en los ramos.

El enrame es muy bonito
y además tradicional,
él nos dice fijamente
mirando desde el altar:

“Dejen la iglesia bonita
que esto es una vez al año.
No deben nunca olvidar
que soy el patrón del barrio [..]”

«A San Pedro», Gaudelia Expósito Lorenzo

Hasta hace unos años, estos ramos de San Pedro se subastaban para recaudar fondos, y con ellos hacer frente a los numerosos gastos de las fiestas y a beneficio de la ermita, etc.

El momento de la subasta era muy esperado por los solteros de Las Lomadas y de los barrios colindantes puesto que, ya conocedores del ramo hecho por su “amor secreto”, pujaban dejándose los ahorrillos en el intento. Hernández Pérez también nos decía que mientras esto pasaba, “ellas en corro, iban interpretando estos mensajes de amor. Más de un noviazgo se hizo de esta bella manera en Las Lomadas”.

***

BIBLIOGRAFÍA

  • ABDÓ PÉREZ, Antonio; REY BRITO, Pilar; PÉREZ MORERA, Jesús. Descripción Verdadera de los solemnes Cultos y célebres funciones que la mui noble y leal Ciudad de Sta Cruz en la Ysla del Señor San Miguel de La Palma consagró a María Santísima de las Nieves en su vaxada a dicha Ciudad en el quinquenio de este año de 1765. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1989. El Time, n º. 159, (16 de septiembre de 1866).
  • EXPÓSITO LORENZO, Gaudelia. Versos en el Tiempo, Ediciones Alternativas, 2007.
  • Idem. «San Pedro 2008», Programa de las Fiestas en honor de San Pedro y San Pablo, Ayuntamiento San Andrés y Sauces, CajaCanarias, Cabildo de La Palma, 2008.
  • FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José. «Notas históricas de la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma», Diario de Avisos (3 de abril de 1963)
  • Idem. Descripción de todo lo que pasó en la Bajada de Nieves en La Palma año de 1815, Cabildo de La Palma, Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, CajaCanarias, 1997.
  • HERNÁNDEZ CONCEPCIÓN, María Candelaria. «Los Galanes de Puntallana», Diario de Avisos, (7 de abril de 1996).
  • HERNÁNDEZ PÉREZ, María Victoria. La Isla de La Palma. Las Fiestas y Tradiciones, Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001.
  • PÉREZ GONZÁLEZ, Ramón; ZAPATA HERNÁNDEZ, Vicente. «Una visión geográfica y socioeconómica de La Palma a mediados del siglo XVIII: el manuscrito de Juan de Medinilla», en I Encuentro de Geografía, Historia y Arte, Patronato del V Centenario de la Fundación de Santa Cruz de La Palma, 1993.
  • VELAZQUEZ RAMOS, Cirilo. Historia General de Villa de Mazo. C.C.P.C. Ayuntamiento de Villa de Mazo, 1999.

[*Otros}– Las loas a Nuestra Señora de Las Nieves / José G. Rodríguez Escudero

LAS LOAS A NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES

José Guillermo Rodríguez Escudero

“…La que es estrella de errantes, / la que es puerto de infortunios,

la que es arca de alianzas, / la que es iris de diluvios,

la que es fuente, río y mar, / la que es rosa y es ligustro;

a que al dragón tiene puesto / en la cerviz el coturno,

la que es oliva y ciprés, / la que es un cedro robusto,

que prende sus fuertes raíces / en los que quieren ser suyos…”

 

Loa de 1690. Juan Bautista Poggio y Monteverde.

Ya en el teatro antiguo, la costumbre de loar a manera de prólogo, preámbulo o introito, fue una norma establecida que ha llegado a nuestros tiempos. Tenía lugar antes de dar comienzo a la representación de la propia obra y esta breve composición dramática servía como preludio.

V.NIEVES-Altar plata - Traje rojo

Como sinónimos de loar encontramos: ensalzar, glorificar, enaltecer, honrar, exaltar, elogiar, alabar, halagar, aclamar, alzar… Está claro, pues, el objeto de la loa. Otra faceta era la de solemnizar a una persona ilustre, o un suceso notable; también servía de prefacio a los autos sacramentales. Fue el poeta Bartolomé de Torres Nabarro el que usó la loa en el siglo XVI.

El historiador palmero Fernández García nos informaba de que “la Isla de La Palma ha contado, desde lejana fecha, con una pléyade de músicos y poetas que han loado, con sus composiciones, los acontecimientos más sobresalientes de su isla natal”. Así, la festividad del Corpus Christi ha sido una fuente inagotable de inspiración para el Arte. Bajo estas premisas, nació posiblemente, la honrosa y piadosa costumbre de cantar “las glorias de la inmortal María…” en su entrañable advocación de “Las Nieves”.

Los orgullosos palmeros siempre han dado culto de veneración a su “Morenita” y es a ella a quién en tradición secular más le han cantado los músicos y poetas insulares. Santos Pinto también nos decía que “el pueblo palmero era muy aficionado a cantarle a la Virgen de Las Nieves por medio de loas”.

“Entre estos dulces anhelos / así pasaban las cosas

cuando a tu ciudad hiciste / lo que a la noche la aurora

o lo que hacen a los mayos / los claveles y las rosas

cuando a tu pueblo con sólo / tu vista le galardonas,

que las luces de tus ojos / tanto premian como doran

cuando viéndote tus hijos / que a tus piedades te exhortan,

antes que exteriores muestras / los corazones te postran”.

Loa de 1685. Juan Bautista Poggio Monteverde.

Es, precisamente Juan B. Poggio Monteverde- quien había tomado los hábitos de sacerdote en 1677 de manos del mismo fundador de la Bajada, el Obispo Bartolomé García Jiménez-, el autor de varias loas y carros alegóricos y triunfales que se representarían a lo largo de las sucesivas ediciones, hasta bien entrado el siglo XVIII.

“¿Viste, gran Señora, cuando / sedienta una nube agota

exhalaciones al aire / o al mar su plateada copa,

que tanto néctar le bebe/ y tanto humor atesora

que en tu preñez impedida/ los cristales desahoga

que se derraman en perlas / y se vierten en aljófar

y que todo aquel caudal/ que el estío le ocasiona

en meteoros y flatos / suda en lluvias caudalosas…?”

Pues, así, nuestro cariño / sediento de vuestra gloria

Que ha cinco años que acaudalas / Afectos que no reposan,

Excesos que no sosiegan / y cuidados que le ahogan

De este aumento trabajado / en copia feliz lo cobra

De súbitos y festejos, /e impaciente amor…”

 

Juan B. Poggio Monteverde. Loa de 1683.

A la brillante efeméride lustral, en su trescientos veinticinco cumpleaños y su 66 º edición, se suma la celebración del ciento veinticinco aniversario de “La Loa” que se canta actualmente, y que fue estrenada en abril de 1880. Es el canto por antonomasia de la Isla dedicado a su querida y entrañable Patrona. A esto hay que añadir los festejos por las “Bodas de Diamante” (1930-2005) de su Coronación Canónica.

V.NIEVES-Manto por detrasAntonio Abdó nos informaba de que “es de notar la gran carga teatral que domina las celebraciones en torno a la Bajada de la Virgen de Las Nieves (…) Se habla de loa, carro, mimo, títeres, arias, música en general (…), teatro de autómatas, sombras chinescas. Ya hemos visto que, en sus comienzos, las loas de Poggio introdujeron una costumbre que fue arraigando hasta el punto de que sin temor a equivocarnos podríamos afirmar que estas fiesta han generado el mayor corpus de textos teatrales del archipiélago”.

Las loas en honor a la querida “Virgen Negra de La Palma” eran interpretadas, generalmente, por niños vestidos de ángeles, con largas túnicas o hábitos todos de un color blanco impecable “a imitación de la nieve”. Así, como nos recuerda don Antonio Abdó, la loa
del “Recibimiento en Señor San Salvador”, representada en el interior del suntuoso templo matriz durante las celebraciones de la Bajada de 1765, fue ejecutada por “… quatro niños que cantaban y dos que representaban, a lo que acompañaba el coro de música que se componía de cinco voces de niños que se paseaban en dos tribunas formadas sobre dos arcos del crucero, al vaxar el sardinel del Pavimento, a el acorde son de dos violines, arpa, órgano, clave y dos vyolines…”.

Lamentablemente, debido al extravío de algunas hojas del manuscrito original, concretamente las referentes a la procesión de la Bajada y entrada de la Virgen en la ciudad en 1815, sólo se puede leer lo siguiente en cuanto a la narración y descripción de la loa en El Salvador:

“… pues lo bueno de sus voces, la propiedad de sus acciones, lo rico y propio de sus túnicas y alas, todo a la verdad se reunió en un punto. Concluida que fue la música, se cantó la misa con mucha solemnidad …”

En la Bajada de 1765, un autor anónimo escribía lo siguiente:

“… Se representó una loa por un niño de dose años, vestido de jilguero, tan hermosso que parecía que las manos no havían hecho su vestuario, pues con su banda de Plumas desde el cuello hasta la cinta y tocado de lo mismo, parecía entre unos Ramos por donde salió / en lo alto, una cossa celestial, el qual comenzó su loa cantando, a el alegre compaz de diferentes instumentos de esta manera:

Salga la hermosa Aurora y alegre con su riza

quanto dora en los campos la hermosa luz del día.

Jilgueros, al prado, y en dulce porfía

cantadle primores, decidle delicias.

 

Salga, venga, dore ría.

Dulcíssima Aurora bella,

feliz anuncio del día

que haces dos veces festivo

con tu esplendor y tu riza…

Dixo, y dejó a los oyentes tan admirados de su gracia y donosura, que fue llanto el para bien por el gusto de averse oydo cantar tan graciosamente, siendo la primera loa que el niño ejecutaba; y luego baxó y acompañó a la Santísima Virgen hasta la parroquial…”.

“… Ningún sitio de La Palma está tan consagrado por el veredicto de la Historia. Cuando se llega a él, por medio de un raro sentimentalismo, nos parece la Imagen de la Virgen, un reflejo de la que en la Gloria vive y reina entre los ángeles que cantan la Majestad de Dios. ¡Tan hondo es el influjo que Ella ejerce en las almas de sus devotos! En esta esmeralda del Atlántico, que el sabio Humboldt (1769-1859) calificó como el sitio de mejor clima del Mundo, tan alta que, en proporción a su tamaño, ninguna la supera, la Madre del Divino Verbo reinará hasta la consumación de los siglos. Ante la belleza de su rostro, no pensamos en el feliz mortal que lo creara, sino en los sacrificios, inquietudes, desvelos, amarguras y llantos de los seres que han orado a sus Pies. En este corazón de roca, fraguado por un capricho de la Naturaleza, entre los dos Hemisferios, Ella es la más radiante Luz; en esta nave de piedra que el mar ciñe con sus presillas de espuma, señalando rumbos intercontinentales, Ella es la Capitana… Ella es la más pura rosa…Bálsamo en nuestros infortunios, Iris de gracia, Alba de Ventura y símbolo de perfección…”

¡Aquí la Reina eres tú!

Félix Duarte, 1985

Don Jesús Pérez Morera también nos recuerda cómo la loa del “Recibimiento en la monjas Cathalinas” se escenificó también en aquella iglesia conventual , hoy inexistente, “cantando a un tiempo el coro de Religiosas y dos Ángeles delante de la Reja, sobre una tribuna”:

“Música

 

Ángel 1: ¿Quién es ésta, que llega con lucez tantas?

Ángel 2: Es la Nieve Divina.

Ángel 1: No, sino el Alva

Tropa : Pues de ausencias, destierra sombras bastardas

No es sino el alva, no es sino el alva

Ángel 2 : ¿Quién es ésta que huellas de armiños mueve?

Ángel 1 : Es el Alva Divina.

Ángel 2 : No, sino Nieve

Tropa : Pues el alva en sus ampos delicias bebem

No es sino Nieve, no es sino Nieve

Dúo : Mas si de ampos y luces su ser exmalta,

Aunque es nevada Aurora, Nieve es de alvada.

Tropa : Pues sea bienvenida, pues sea bien llegada

La nevada aurora, la nieve de alvada…”

El mismo profesor palmero nos informa de que el Libro de Gasto del ex cenobio dominico detalla el pago, en febrero de 1765, de 14 reales por «azúcar y almendra para el anís que llebaron los ángeles en las salvillas y dos libras que se dieron a los ángeles quando acabaron la loa”. Por último, la loa primera de Despedida a la Virgen se ejecutó a la salida de la ciudad, bajo un gran toldo que cubría al público, en un “theatro, en el qual se reprecentó una loa por dos niños vestidos de ángeles mui tiernos”. Finalizada la obra, prosiguieron los ángeles delante de la “Señora, llevando en una fuente una corona hermosa y ceptro de alcorza”.

“Silencio, Silencio;

que ya rompió el alba

al azul zafiro

los velos de nácar.

 

Divina aurora sale,

Porque otro sol augusto

A su beldad debiese

La cuna y los arrullos.

 

La luz es, en cuyos rayos

Mi amor encendió sus llamas,

Sin que el aire de cinco años

Haya podido apagarlas.

 

Adore amor la nieve

Cuya deidad produjo

Sagrada hoguera fértil

De cándidos diluvios…”

Loa, 1765. Antonio Rippa

El autor anónimo del manuscrito que obra en poder de don Jaime Pérez García, Cronista Oficial de la capital palmera – dado a conocer en la obra Descripción de todo lo que pasó…- narra con gran sentido del humor lo que sucedió en la Bajada de 1815. Fue curioso lo que ocurrió durante la interpretación de la loa en honor a la “Morenita” a su llegada al ex cenobio franciscano de Santa Águeda, Patrona de la Ciudad, hoy Hospital de Dolores:

V.NIEVES-Loa de Llegada

“… Toda esta carrera anduvo la procesión haciendo muchas pausas y por todas partes, saludos, cohetes, piezas de artillería. Concluyó dicha procesión en las monjas claras, las cuales tenían la iglesia que parecía el paraíso, en todas maneras estaba hermosa; al entrar la imagen cantaron un dúo muy bonito, al cual acompañó desde afuera una música muy arreglada y luego al concluir fueron tanto los tronadores que aquellas malditas dieron fuego que creímos que todo el convento se venía abajo; para gozar todo esto era tal el concurso, que hubo bofetones, mantos rotos, chinelas, y rosarios perdidos…”

En la misma obra, el mismo escritor nos acerca cómo se vivían los preparativos de la loa y lo que ello significaba en la población de entonces:

“… En la semana siguiente se dieron principio los ensayos de la loa y del carro; si por desgracia alguno de estos chicos tararean en sus casas la música que están aprendiendo, éste es un delito muy grande y será castigado severamente, pero sus madres curiosas encierran a sus hijos en un cuarto y por fuerza los hacen cantar y ellas se creen que son ángeles bajados del cielo. Bien pudieran dichos niños en este tiempo azotar un Santo Cristo, seguros están que ni sus padres ni nadie, les dirá palabra tal es que se ponen tan deslavados que el demonio no puede sufrirlos; estos dichos por otra parte padecen la pena de no gozar nada de las diversiones, pues si gritan o salen al aire se pueden enronquecer y se desgracia la música; y en otro tiempo un mes antes los tenían casa del mayordomo que ni a misa iban …”

Tampoco las religiosas de Santa Clara quisieron despedirse de la Patrona sin cantarle una loa en su honor. Así, se narraba en 1815:

“aquella noche trajeron la Virgen desde el trono a la reja para que las monjas se despidiesen de ella; allí la mudaron de las andas al sillón y le mudaron también el vestido; las monjas unas lloraron y otras cantaron; estuvo allí hasta la madrugada y las dichas, queriendo obsequiarla, le cantaron la cachucha y la simona nona…”

En el año 1951, don Elías Santos Pinto- director de la Masa Coral de Santa Cruz de La Palma- descubrió, entre los valiosos escritos del archivo musical de su familia, probablemente el documento musical más antiguo existente sobre la Bajada de la Virgen. Había heredado la partitura, sin saberlo, de su abuelo don Elías Santos Abreu (1856-1937).

Don José Juan Pérez Morera, en su trabajo para las Fiestas Lustrales de 1980, al referirse a él, también nos informa de que “tal documento, amarillo y borroso por los efectos del tiempo y la humedad, consta de unos veinte folios de papel pautado, forrados en pergamino y en su primera página ostenta el siguiente título, que transcribe literalmente: Música para la Loa de Nuestra Señora de Las Nieves, para el recibimiento del año 1780. Don Antonio Rippa”. Este compositor, nacido en 1718 y muerto en Sevilla en 1795, fue maestro de la capilla de las Descalzas Reales de Madrid en 1762. Con igual cargo pasó a la catedral de Sevilla, donde escribió muchas piezas de música religiosa, consistente en misas, motetes, un oficio de difuntos y villancicos.

Se trata de una partitura musical aparentemente completa, escrita para dos sopranos solistas, que llevan el nombre de Amor y Cuidado; “coro a cuatro voces mixtas, clásicamente distribuidas, como es lógico, y acompañamiento instrumental, reducido a dos violines y bajo, confiado éste último, seguramente, bien a un violonchelo bien a un contrabajo…”

 

“Como la rosa en la cuna

del botón, donde le teje

para cárcel de su pompa

cinco prisioneros lo verde,

que descolorida al susto

su candidez inocente,

prisionera de diamante

grillos de esmeralda tiene,

triste y retirada vive

hasta que pudo impaciente

romper el fuero a la injusta,

severa ley que le prende

y convirtiendo en halago

su pena, en nácar su nieve,

ostenta ufana en el prado

majestad de rosicieres :

así, Señora, oprimido

nuestro generoso, ausente

fiel corazón en la cárcel

de una esperanza…”

 

Loa, 1765. Rippa

Se pensó que había sido escrita con motivo de la celebración del “II Centenario de la Fundación de la Bajada”, pero lo que se ignora es la fecha en la que dejó de cantarse. Santos Pinto decía: “es decir, si la de Alejandro Henríquez vino a sustituir la de Rippa o ya había dejado de cantarse ésta cuando se estrenó la actual”. El propio Pérez Morera, sin embargo, encontró en “La Cosmológica” un impreso conteniendo el poema de esta Loa, con lo que “si bien resuelve el conocimiento íntegro de su texto, crea nuevos problemas, puesto que dicho folleto, editado en la imprenta “El Time” en 1873, se titula “Loa a Nuestra Señora de Las Nieves en la Bajada de dicha Imágen en el año de 1765”. En otras palabras, según esto, la Loa de referencia se representó por vez primera, por lo menos en 1765, y no en 1780, es decir, tres lustros antes, como parece dar a entender el título de la partitura musical. En unas líneas preliminares que encabezan este folleto, probablemente del “prolífico e incansable” don Antonio Rodríguez López, se dice que en el manuscrito original del poema no existe el nombre del autor o autora – ya que también se sugiere que haya sido obra de una mujer-, pero “que es una de las más preciadas joyas del parnaso canario y La Palma debe gloriarse de contar a su autor en el catálogo de sus celebridades literarias”.

A los dos personajes cantantes, Amor y Cuidado, personificados por los dos sopranos solistas, se les unen Afecto y Devoción, que únicamente declaman.

“Comienza la Loa con una corta Introducción musical de 38 compases en tiempo allegro, terminada la cual entra a cantar la primera soprano – Amor- quién, alternándose en el canto con la otra solista – Cuidado-, reclama la atención de mar, tierra, monte y playa, puntos clave determinantes de nuestra insularidad, para entonar alabanzas a la Virgen. Sigue un Dúo con nuevas palabras; y así, con este sistema de soli alternativos y dúos, desemboca la composición en la incorporación del coro mixto, a cuatro voces. Se entabla entonces una especie de duelo musical entre solistas y coro, que en juego armónico se persiguen, se preguntan y contestan. El coro desaparece y surge una canzoneta para la que hay cuatro coplas, encomendadas: los impares, a Amor y los pares, a Cuidado. El coro reaparece para contestar a las solistas a cantar la primera copla. Un cambio rítmico nos trae lo que la partitura llama Pie, en andante, a cargo de las sopranos solistas. Las mismas entonan luego, en andantino gracioso, unas Coplas, en número también de cuatro, repartidas como la vez anterior. Y con intervención del Coro, la obra terminada con un allegretto en donde, una vez más se emplea el método constructivo que informa de la música: Lírica por principio y alternativo de solistas, , cuyas palabras repite el Coro…”.

«Una Loa del Siglo dieciocho». José Juan Pérez Morera

La composición poética de la pieza que hoy se representa para dar la bienvenida a la flamante Patrona de La Palma fue debida a la inspiración del vate don Antonio Rodríguez López, y la partitura musical a don Alejandro Henríquez Brito, destacados hijos de la Isla. Fue estrenada en la Bajada de la Virgen de 1880.

“A Son Mayor, los ángeles del amor, voces de oro.

Sobre un coro de cantos que se presenta en la plaza,

Por el aire vuela las rosas de amores.

Canto mariano que lleva un siglo abriendo las puertas del templo

Y llenan de colores el altar en Son Mayor para María.

Todo es canción para llenar el paso a nuestra

MADRE convertidos en flores de alfombras hacia su blanca

Plata del altar del templo, María y el Niño entra con el

Corazón lleno de amor y dentro en masa esperan atentos,

Para recibir a María de Las Nieves por los siglos.”

«La Loa», José Juan Pérez Morera, 1980

El maestro don Elías Santos Pinto, en una carta custodiada en el Archivo General de La Palma, nos informaba de que “su estructura musical es sencilla, sin complicaciones armónicas, muy al estilo de la época, siguiendo las corrientes italianas que estaban en boga. Es muy melancólica y sencillamente encantadora”.

Fue concebida para ser representada y cantada por voces tiples masculinas. Así fue como se llevó a cabo el día de su estreno y en lustros sucesivos. Don Manuel Henríquez publicaba que “los ángeles solistas fueron encarnados por los jóvenes Jaime Matheu, luego célebre tenor en Cuba, Cipriano Valcárcel, como barítono, y Jaime Viera, oriundo de Lanzarote…”; tras aquellas primeras representaciones, el papel de los ángeles fue confiado a voces femeninas. Así ha sido hasta nuestros días.

“¡Salve, Numen de los númenes, /Madre del divino Verbo,

Adoración de los hombres, / Emperatriz de los cielos!

Por Ti la vida es más vida,/ triunfa el arte en sus diversos

Recursos y se disipan / los pesares más acerbos.

Señora: en tu honor cantamos / plegarias de amor sincero,

Mientras los ángeles pulsan / las liras del universo…”

Amor Eterno, Félix Duarte Pérez, 1955.

Las aportaciones de Antonio Rodríguez López (1836-1901), “Cantor de Benahoare”, a las fiestas de la Bajada de la Virgen fueron de tal número y variedad y tuvieron tal aceptación en su época que algunas han llegado hasta nuestros días. “Fue auténtico paladín de la cultura insular y escritor prolífero” (Fdez.García). Ocurre con el tradicional y popular “Diálogo entre el Castillo y la Nave”, que se repite ininterrumpidamente desde 1890 a la entrada de la imagen de Nuestra Señora de Las Nieves en la ciudad; y con la no menos célebre “Loa” de llegada al templo de El Salvador. Además, Rodríguez López asumió desde 1855 la autoría de uno de los números más significativos de las fiestas: los “Carros Alegóricos”, al principio simples “escenas lírico-dramáticas”. Su magisterio en esta solemnidad se extendió por espacio de medio siglo, de forma que los tres últimos Carros – correspondientes a los años 1905, 1910 y 1915-, se representaron póstumamente. Entre otros textos para las Fiestas Lustrales destacan: Escena lírico-dramática escrita en Sta. Cruz de La Palma para la Bajada de la Virgen de 1855; Alegoría dramática representada sobre un carro en la Bajada de 1865; Alegoría para el Carro de 1870; Alegoría anunciando la Bajada de la Virgen el año 1875; Carro para la Bajada de la Virgen de 1890; Carro para la Bajada de la Imagen de Ntra. Sra. de Las Nieves de 1910; Carro para la Bajada de 1915; Diálogo entre el Castillo y la Nave; Loa.

“María de Nieves le ha dado

Dios por nombre esclarecido,

El nombre propio, encendido,

Y el sobrenombre, nevado;

De luz y nieve labrado

Tanto nombre se hermosea,

Bien la nieve y la luz se emplea,

Porque se aumentan al verle

Incendios para quererle,

Y candores para amarle.

 

Juan Bautista Poggio y Monteverde.

El compositor de la actual Loa, Alejandro Henríquez Brito, también nació en la capital palmera el 26 de febrero de 1848. Vino al mundo en el seno de una familia de musicólogos. Fernández García escribía que “su buena fama motivó que, en las ocasiones que en la sociedad palmera se exponía algún problema a resolver con demasiadas evasivas, era frecuente contestar: «Habla claro, que para música, los Henríquez»”.

“…Es Torre preciosa / grabada al buril,

Blanca como nieve hecha de marfil.

Es la fortaleza / en que el Rey David

Pendientes tenía/ escudos a mil…”

 

Torre de David, Anónimo de 1840.

Don Alejandro escribió la partitura para el Carro de 1890; la música para cantar los versos dedicados a “San Sebastián” en su onomástica del 20 de enero y las estrofas que se cantaban a “Santa Catalina de Alejandría”, también en aquella ermita homónima de la capital palmera, y «Amor Eterno», que se interpreta aún en la actualidad en los recorridos procesionales de Semana Santa. También realizó varias composiciones de carácter popular, que tomaban auge principalmente en las fiestas de Carnaval.

“Quisiera tener del ángel

el acento de ternura,

la dulzura

de aquella salutación:

que inundó ¡Virgen María!

de alegría

tu precioso corazón.

Quisiera que mi voz fuese como el eco de un gorgeo,

cual deseo

tan sólo para cantar:

la sacrosanta memoria

de tu gloria,

postrado al pie del altar.

 

Pues la tímida avecilla,

la de argentina garganta,

cuando canta

de la mañana al albor:

es cuan ángel mensajero,

placentero,

misterioso trovador…”

Arpegios. Eduardo de Arévalo, 1885

 

No había olvidado la escuela de los grandes músicos italianos cuando escribió su preciada obra. “Nuestro artista pudo tener defectos de armonía y composición, pero superó tales debilidades con la profunda sensibilidad que exhalan sus sublimes melodías”. Falleció el 28 de agosto de 1895.

Devoción que pintada en sus semblantes

presagiaba las gracias y finezas

con que el cielo sus votos protegía

en premio de su fiel correspondencia,

permitiendo bajase a nuestro pueblo

la que es Madre de Dios y Madre nuestra,

como nube fecunda y prodigiosa

que esparce el bien y ahuyenta la miseria.

Como tesoro inmenso de la Nieve

Con que el Eterno su poder ostenta…”

 

Anónimo de 1830.

Sería más tarde cuando otro destacado músico palmero, don Elías Santos Rodríguez (1888-1966), autor de las partituras de tres “Carros Alegóricos y Triunfales”, orquestaría de nuevo la Loa en 1925; “lo hizo por estar concebida en forma elemental para pocos instrumentos”. También don Manuel Henríquez nos explicaba que “la loa está instrumentada para una orquesta reducida: flauta, violines, viola, cello y piano o armonio. En este siglo, Elías Santos Rodríguez la completó con otros instrumentos de metal y madera. Una introducción orquestal da la entrada del coro mixto a tres voces, terminado el cual se cantan las dos arias por los ángeles extremos, seguidas del dúo, con intervención del ángel central y concluye con un concertante o apoteosis, con solistas y coros”. Continúa informándonos de que “la armonización es sencilla dado el modesto bagaje técnico del autor, pero la composición posee altísimo nivel de inspiración. La línea melódica, italianizante, es de elegante factura, dulce, perfecta en su simplicidad, y sin concesiones al virtuosismo local. Destacan la etérea bondad de las arias y la espiritualidad del concertante. Y diríase, sin duda que las sombras tutelares de Bellini y Donizetti se ciernen sobre ella”.

“El sol de junio desdobla su manteleta dorada

que cuelga en los blancos picos de las montañas más altas.

Un tenue rumor de brisa sueña en la mañana clara.

El aroma de la cumbre viene a volcarse en la playa.

Plenitud de mediodía. La Virgen Morena baja

Desde su ermita del monte al corazón de La Palma.

Una sola voz se escucha. Todo es fervor de plegarias

Que rompe el ronco estampido del castillo y de la barca.

«Rosas de pólvora negra», azucenas desplegadas,

gritos de mando que suenan como una canción innata,

que se estrellan en los ojos de Asieta morena y guapa.

Una calle tortuosa. Multitud abigarrada.

Más flores en el trayecto. La Virgen llega a su casa.

Todos los santos le ponen su linda cara de Pascua, y

María de las Nieves entra de lleno en La Palma”.

 

El Hecho, Félix Poggio Lorenzo, 1935.

El escenario para la emotiva y esperada representación se levantaba originalmente en la Plaza de la Constitución, hoy Plaza de España, al pie de la monumental torre negra de El Salvador. Escribía Alberto José en Ecos del Santuario:El entarimado se ornamentó con cortinajes y ramas de falla, adorno muy en boga en tiempos pasados. Más tarde la escenificación se trasladó al sitio donde está ubicada la fuente de la mencionada plaza. Entonces se construyó un nuevo templete; se aprovecharon seis columnas que habían pertenecido al antiguo retablo de estilo barroco de la capilla mayor de El Salvador. Con las cuatro columnas mayores, con capiteles jónicos, formaron la parte inferior, colocando entre ambas tres paneles en los que el pintor madrileño Ubaldo Bordanova Moreno pintó tres ángeles; en la parte superior se utilizaron las otras dos columnas más pequeñas, con capiteles corintios, y sostenían un frontispicio que remataba la obra con un óvalo donde aparecía una pintura alusiva a la Bajada de La Virgen”.

“Palma gloriosa cuya dicha alcanza

que sean tus ojos verdes de esperanza

con la Nieve sagrada

de aljófar y perlas esmaltada.

Albricias, pues, divina,

Del cielo ya desciende peregrina,

Viniendo a remediar todos tus males,

Sacra Nieve en arroyos celestiales…”

Anónimo de 1810.

Sin lugar a dudas, la llegada de la venerada imagen al atrio de la Parroquia Matriz de El Salvador, es uno de los momentos más sencillamente emotivos y tradicionales de las fiestas de la Bajada de la Virgen de Las Nieves. Así es como nos describe Henríquez Pérez esos momentos previos: “la Virgen entra, lenta, dificultosamente en la Plaza, rompiendo, destrozando incruenta, amorosamente, la muralla humana de cuerpos y almas y corazones que esperan, anhelantes e impacientes, a la Reina del Monte”.

“… Hoy, Tú, Virgen de las Nieves,

Estrella de los Mares,

después de presenciar el Diálogo

entre el Castillo y la Nave,

en tu sillón de viaje

y que precisamente estrenas,

te abres paso en medio

de esa enfervorizada multitud, que

jubilosamente te aclama

para llegar a la Plaza de España

donde unas jovencitas

clásicamente ataviadas

desde una bella tribuna,

te dan la bienvenida

cantándote la Loa.

Esa Loa que data desde 1880,

para luego penetrar en el templo

donde ya colocada en el Altar Mayor,

parece reinar un silencio

que es interrumpido por el coro

y que yo diría que,

desde las alturas han descendido

los querubes y los ángeles,

para cantar sus glorias

a la que del Cielo y de la Tierra

es Reina y Señora.

Reina, Reina y Soberana”.

 

A Ntra. Sra de las Nieves, en sus Fiestas Lustrales

María de los Dolores Cabrera, 1975.

La fabulosa urna de oro asciende majestuosamente los once escalones de la elegante escalinata de la que va a ser su residencia accidental hasta el 5 de agosto, onomástica de la Virgen y día de su Subida al Santuario. Conmovedor instante en el que los aplausos de la muchedumbre se unen al repique solemne de las campanas, a los tambores y cornetas, a las bandas de música, al estruendo de los cohetes y cañonazos del Castillo… a la “alegría melancólica del recuerdo y los ojos se nublan con el cristal borroso y trémulo de las lágrimas que afloran. Pasan, en desfile cinematográfico, por la imaginación, momentos, seres queridos, paisajes y muchas cosas que un día fueron, estuvieron aquí, en el día más grande, religiosamente hablando, de Santa Cruz de La Palma”. Se hace el silencio. Acuden las lágrimas, los recuerdos, las nostalgias, las oraciones… Las campanas, los “voladores”, la música, los vítores y aplausos… hasta las palomas callan…: “la Virgen escucha la loa”.

“Coro

Para cantar las glorias / de la inmortal María,

dejando en este día / el firmamento azul,

de la celeste altura/ descienden los querubes

rompiendo de las nubes/ el transparente tul.

 

Aria voz primera

 

Purísima María/ a quien los serafines

En templo sin confines/ te dan su adoración.

 

Aria voz segunda

 

De misteriosas nieves,/ estrella hermosa y pura

Qué espléndida fulgura/ en la palmés región.

 

Dúo

 

Recibe de este pueblo/en su cariño inmenso,

Cual perfumado incienso/ la fe del corazón.

 

Concertante

Ángel 1

 

¡Sacro templo!

Ángel 2

¡Tabor misterioso!

 

Coro y Ángel 1

 

¡Entreabre tus puertas!

 

Id. Id. 2

 

¡Tu roca sea altar!

 

Ángel 1

 

Que María…

Ángel 2

Que al ampo precioso…

¡Va a cruzar tus umbrales!

 

Coro y Ángel 2

 

¡Va tu cumbre a nevar!

 

Coro final (todos)

 

¡Oh, Virgen Sacrosanta!

Sobre la grey cristiana

Tu gracia soberana

Ven pura constante egida

De la risueña Palma,

Que con fervor en su alma

¡Te eleva eterno altar!

Antonio Rodríguez López

(estrenada en 1880 y representada hasta hoy)

Santos Pinto decía que “para aquellas personas que la cantaron o la oyeron en distintas fiestas lustrales, es evocadora y hace despertar los más hondos sentimientos de un tiempo pasado. Como alguien dijo, «quien la oyó no la pudo jamás olvidar»

“Ciudad Palmense, mirad que a su solio se retira

la que, en candores nevados, da a los corazones vida.

Monte, tus dichas celebra, pues ya buelve a su campiña

La Diana de vuestras cumbres, Nieve que gracias distila.

 

Llorad, llorad esta ausencia, que es la fuerza en tal despedida

Viertan raudales los ojos si queda el alma sentida

 

Y en su partida,

La Ciudad, triste, llore

Y el monte Ría…”

 

Anónimo, Loa 2ª para Despedida, 1815.

***

BIBLIOGRAFÍA

· FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José. «La Loa Mariana», Ecos del Santuario, Santa Cruz de La Palma, julio-agosto de 1980.

· HENRÍQUEZ PÉREZ, Manuel. «Un aspecto de la ‘Bajada de la Virgen’: la ‘Loa’ Mariana», Programa Oficial de la Bajada de la Virgen, 1990, Patronato de la Bajada, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1990.

· «La Loa», Programa Oficial de la Bajada de la Virgen, 1995. Excmo. Patronato de la Bajada, Madrid, 1995.

· SANTOS PINTO, Elías. «La Loa». Archivo General de La Palma. Colección FSFC.

· «Catálogo», Exposición Conmemorativa del primer centenario de la muerte de Aurelio Carmona y Antonio Rodríguez López, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, Junio de 2001.

· PÉREZ MORERA, Jesús. Ángeles y Arcángeles. Cinco siglos de Arte en La Palma, Exposición en la Casa Massieu Van Dalle, Los Llanos de Aridane, del 10 al 8 de abril de 1995, Excmo Cabildo Insular de La Palma.

· PÉREZ MORERA, José Juan. «Una loa del siglo dieciocho para la Bajada de la Virgen», Edición Especial de la Bajada de la Virgen de 1980, Achamán, [Asociación Juvenil Achamán], Junio-Agosto de 1980, nº 1

· CABRERA, María de los Dolores. A Ntra. Sra. de Las Nieves, en sus Fiestas Lustrales, La La
guna, 13 de julio de 1975.

· SANTOS PINTO, Elías. La Loa, [manuscrito.1980], Archivo General de La Palma/ Colección FSFC.

· DUARTE, Félix. La Palma y sus Fiestas Lustrales: ¡Aquí la Reina Eres Tú!. [manuscrito, 1985], Archivo General de La Palma/Colección FSFC.

· ABDÓ PÉREZ, Antonio; REY BRITO, Pilar; PÉREZ MORERA, Jesús. Descripción verdadera de los solemnes cultos y célebres funciones que la mui noble y leal Ciudad de Sta Cruz en la Ysla del Señor San Miguel de La Palma consagró a María Santísima de Las Nieves en su vaxada a dicha ciudad en el quinquenio de este año de 1765. Escuela Municipal de Teatro, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1989.

· PÉREZ GARCIA, Jaime. Descripción de todo lo que pasó en la Bajada de Nieves en La Palma año de 1815, Cabildo de La Palma, Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1997

[*Otros]– Nuestra Señora del Carmen. La obra de Hita y Castillo en Barlovento (La Palma) / José G. Rodríguez Escudero

José Guillermo Rodríguez Escudero

La fructífera relación comercial entre el imaginero sevillano y “más diestro artífice” Benito de Hita y Castillo (1714-1784) y algunas de las familias de importantes mecenas palmeros —entre ellos, los Lugo-Viña y la todopoderosa saga de los Massieu— hizo posible la llegada de cuatro excepcionales piezas a San Miguel de La Palma.

Unas veinte efigies, aproximadamente, habían arribado a los puertos de las Islas realengas (La Palma, Tenerife y Gran Canaria) entre 1750 y 1770 procedentes del taller hispalense. Sus destinos eran los distintos oratorios, ermitas y templos de varios municipios. Unas obras que, con el tiempo, serían atribuidas a Hita con serias dudas, pero otras cuya firma aparecería estampada en ellas y confirmarían su autoría, como ocurre en los casos de La Palma.

El Cristo de La Caída, imagen de candelero de 1752, fue la primera que inauguró el pequeño catálogo que llegó a La Palma de magníficas obras ejecutadas por el genial maestro. Fue tal el impacto que produjo la venida de la escultura del Señor a la sociedad palmera, que animó a la familia Massieu a efectuar nuevos encargos al tallista. Se venera en la actual parroquia de san Francisco de Asís, en Santa Cruz de La Palma, la capital.

El patronazgo de doña María Josefa Massieu y Monteverde hizo posible el advenimiento del Cristo Caído, para el que funda ermita, sirviéndose de la domiciliación en Sevilla de su hermano, don Pedro Massieu, fallecido en 1755, quien ostentó el puesto de “Oidor Decano de Su Majestad en la Real Audiencia de Sevilla”.

Otras dos esculturas, en esta ocasión de bulto, son las veneradas en el altar mayor de la parroquial de San Juan Bautista de Puntallana: San Miguel Arcángel, y San Antonio de Padua. Fueron donación del coronel y Gobernador de Armas de la Isla don Felipe Massieu y Vandala. Por último, la imagen sedente de la Virgen del Carmen, custodiada hoy en el templo de Nuestra Señora del Rosario del término municipal de Barlovento, en el nordeste de la Isla.

iglesia-del-rosario-2-barloventoLa talla mariana, de aproximadamente 75 cms de altura, lleva una inscripción en la parte inferior de la peana que reza: “Don Benito de/Hita y Castillo/me fesit en Sevi/lla año de 1773”. Lamentable ha sido durante una de sus últimas restauraciones cuando se ha borrado parte de dicha leyenda. En la década de los noventa del siglo pasado tuvo que ser intervenida la talla puesto que debían de subsanarse con urgencia algunos pequeños desperfectos. Se repintó también la peana y posiblemente las carnaciones, “que no demuestran la calidad y detalles de otras obras del imaginero”.

El profesor Fuentes Pérez había atribuido su invención al excepcional maestro sevillano. Decía que “debemos descartar cualquier atribución a escuelas como la de Pedro de Mena, José de Mora, etc. aunque refleja ciertos rasgos de las mismas. Indudablemente esta figura salió del taller de los últimos artistas que militaron en el barroco, como Duque Cornejo, Hita del Castillo o María-Luisa Roldán”. Sería más tarde cuando el profesor Pérez Morera daría a conocer su donante y, junto con el investigador Herrera García –ambos palmeros-, confirmarían su autoría. En la cara inferior de la peana del Carmen se lee: “Benito de/Hita y Castillo/ me f(esit)/ año 1773”

Por cierto, si confrontamos la imagen del Carmen con las ejecutadas por Hita del Castillo (como también se le llama en algunos estudios), principalmente con la de San Miguel Arcángel, descubrimos una intensa similitud, “tanto en estilo como en rasgos morfológicos”.

La imagen de la Virgen del Carmen había sido encargada para la ahora desacralizada ermita de San Estanislao Obispo, siguiendo el modelo de su patronímico, del pago barloventero de Oropesa, erigida entre 1761 y 1763. Todavía existe, aunque en lamentable estado de abandono e invalidado para el culto. Su donante fue el capitán don Francisco de Lugo y Molina, heredero del oratorio por parte paterna. La licencia para fabricarla y recibir la bendición fue dada por el Obispado de Canarias el 12 de junio de 1761.

En la visita realizada por Domingo Alfaro de Franchy se desprende que: “el capitan don Francisco de Lugo y Molina, hijo del fundador, ha traido de España una hermosa ymagen de Nuestra Señora del Carmen, que nos mostró y piensa colocar en la sobre dicha hermita”. Esto sucedía unos cuantos años antes de 1772, ya que por esa fecha se dice la primera misa en el recinto sagrado. Había sido bendecida por fin el 11 de octubre de 1772. El mencionado militar había establecido que él y sus sucesores ostentarían la propiedad y patronato sobre la imagen y sus reliquias.

Pérez Morera nos informa de que en el encargo de la preciosa talla hubo de mediar Felipe Manuel Massieu y Van Dalle. El caballero era pariente de los poderosos Lugo-Viña tras la boda de Francisco Estanislao con María de las Nieves Massieu y Fierro. También relaciona con el encargo al tío del donante, Estanislao de Lugo y Viña, dueño de la hacienda con casas principales y supervisor de la reconstrucción de la basílica del Pino en Teror (Gran Canaria), “quién acudiría al escultor para el ornato del nuevo recinto”.

El pueblo norteño de Barlovento, desde la llegada de la imagen, mostró especial devoción hacia ella. Tal fue así que, en 1832, a instancias del párroco don Francisco Morales, el entonces propietario de la talla, don Estanislao de Lugo-Viña Massieu, la donó a la parroquia del Rosario. Fue solemnemente trasladada en procesión desde la ermita hasta el templo con gran concurrencia de feligreses y, a instancias del obispo Luis Folgueras Sión, se colocó “en parage decente para que los fieles le tributen el religioso culto que desean”.

El prestigioso artífice esculpió a la Virgen sentada sobre un cúmulo de nubes y llevando sobre su rodilla izquierda alzada al Niño Jesús al que sujeta delicadamente con su mano también izquierda. Con el brazo derecho ofrece el escapulario al observador. Toda la talla denota un estudio técnico e iconográfico bastante acertado, demostrando haber salido de las manos de un artista nato en este género. El estofado de la nube se resuelve mediante minúsculas espirales en el que el autor ahorró láminas de oro debido a la aplicación dispersa de este material precioso sobre la superficie.

Esta tipología de Virgen en Majestad, a modo de “Theotocos”, es un modelo iconográfico muy utilizado por la escuela de escultura sevillana desde el siglo XVI y que tiene su antecedente más remoto en las representaciones marianas medievales, como la Virgen de las Aguas o la de los Reyes. Recuerda otras obras marianas de Hita y Castillo, en las que se descubre una gran afinidad estilística, como la Virgen del Rosario (templo de San Andrés) o el grupo desaparecido en 1936: la Virgen de las Maravillas, el Niño Jesús y San Juanito (de san Juan de La Palma), iglesias de Sevilla. En este último caso, la imagen de la Virgen, aunque aparece con san Juan Bautista Niño, se presenta sentada sobre un trono de nubes, en idéntica postura que la imagen del Carmen, sólo que el Niño vuelve la mirada al Precursor, pero conservando análoga posición.

La efigie de Barlovento está vestida con el hábito y escapulario propio de los carmelitas y está envuelta por una gran capa abrochada al cuello. Ésta se abre para mostrar sobre el pecho el escudo de la orden del Monte Carmelo. En movida postura, abre también los brazos en acción de acogida, como nos recuerda la iconografía de Alonso Cano.

Conviene señalar que, en la delicada y preciosista factura de la imagen están presentes, como dijera el profesor Herrera, “el sentido de intimismo y dulzura en cotas superiores al comentado San Antonio de Puntallana subrayado aquí por la actitud juguetona del Infante que balancea su cuerpecito sobre la pierna de su Madre”.

Por cierto, en la parroquia de la Asunción de Cantillana (Sevilla), hubo otra Virgen del Carmen, realizada por Hita, “encontrándonos con el mismo repertorio iconográfico, si bien en este caso, el escultor sevillano colocó a la Patrona del Carmelo sobre un grupo de cabezas representando a las almas del Purgatorio”. Otra imagen mariana del maestro, bajo la advocación de la Concepción, formó parte en la exposición sobre escultura sevillana de la Edad de Oro que se celebró en el Club Urbis de Madrid en enero de 1977. Procedía de la parroquia sevillana de Santa Catalina, donde el artista volcó todo su ingenio obteniendo “un estudio de perfecto acabado, considerándose una de las mejores piezas del escultor sevillano

En contraposición a la afición por las formas más maduras, rotundas y exuberantes de los imagineros del anterior siglo XVII, Hita y Castillo recurre –como es costumbre en sus modelos virginales- a unos rostros delicados y juveniles. La expresión del rostro aparece algo forzada, sujeta a los cánones impuestos por el barroco; nariz afilada y ojos de cristal contrastan con una boca pequeña y bien dibujada. Herrera compara este rostro con el “gemelo” de la Virgen de los Remedios de la Universidad de Sevilla, realizada en 1762.

Unos rasgos fisonómicos en los que, según el investigador González Isidoro, se destaca “la proporción de la cabeza con respecto al cuerpo, para obtener una mayor esbeltez y el ligero giro e inclinación hacia un lado respecto al cuerpo, para obtener una mayor esbeltez y el ligero giro e inclinación hacia un lado respecto al eje compositivo”.

La contraposición en la postura de los miembros y riqueza en las abundantes líneas de los pliegues conforman un ejemplo de teatralidad barroca y singular delicadeza expresiva. Efectivamente, la joven Madre es representada con una amplia frente despejada con cabellera sedosa, moldeada con gran realismo y raya al medio que cae hacia atrás en cascada sobre el manto de forma compacta a base de “movidas ondas”.

perfil-viergen-del-carmenOtra pieza salida de la gubia del maestro es la Virgen de la Encarnación, actualmente en una colección privada de Tenerife, y que llegó a esa Isla antes de 1768. El mismo investigador nos informaba de que en el tallado del Niño Jesús, se mantenían “los cánones impuestos por Roldán o los hermanos Ribas”. También se apreciaba en las tallas del Niño y del san Juanito de la Hermandad Sacramental de San Juan de La Palma a la que perteneció Hita y con la que mantuvo directa relación.

Curiosamente en la de Barlovento destaca la túnica infantil policromada en rojo con sencillo estofado y decoración floral. Resalta el Niño sobre el cromatismo monótono de marrones en la túnica y ocres y beiges aplicados en el manto de la figura de la Madre, de acuerdo con las normas exigidas por las Órdenes del Carmelo, y enriqueciéndose con amplios motivos vegetales en dorado. El manto, sujeto al escote, cae en forma de capa, incurvándose violentamente bajo el brazo derecho, siendo recogido justamente bajo el Infante.

virgen-del-carmen-barlovento-perfilLa decoración de la vestimenta de la Virgen es muy parecida a las realizadas en los santos de Puntallana. El escultor usó así mismo esta misma ornamentación que asemeja el efecto del muaré -tela fuerte que forma aguas- como en el san Pablo (iglesia de san Andrés) o en la Inmaculada (templo de santa Catalina, también de Sevilla). González Isidoro decía que “su empleo se relaciona con los tejidos puestos en boga con el advenimiento de los Borbones”.

La capa se resuelve a base de un sencillo estofado en blanco y dispuesto en líneas horizontales formando ondas. Este estofado acentúa el preciosismo, combinando esgrafiado y punta de pincel, así el manto muestra parecidos motivos florales a los del Arcángel de Puntallana y la cenefa del mismo presenta fragmentos de rocalla idénticos al del santo franciscano.

El hecho de que el mismo motivo vegetal realizado en dorado y con decoración a punta de pincel se mantenga prácticamente la misma medida en todas las realizadas, indica claramente que ha sido usada una plantilla. Ésta era muy habitual en la labor de decoración escultórica. Toda ella estaba resaltada con un trazo rojo y unas incisiones “de picado de lustre”.

La profusa decoración vegetal en dorado sobre tono marrón denota claras influencias de los motivos habituales empleados por la escultura sevillana durante el siglo XVII. Tanto la holgada túnica como el hábito son bordados por una amplia cenefa, “cuyo borde superior ondulado, se resalta mediante el mismo trazo rojo aplicado en las decoraciones de la capa”. Las influencias francesas adquiridas por Hita a través de la importación de telas se hacen patentes en el encadenado rococó “en realce a base de cés” que se aprecia dentro del ribete.

La proximidad entre las tres obras palmeras: la Virgen del Carmen, San Miguel Arcángel y San Antonio de Padua, resulta evidente si atendemos a sus caracteres estilísticos que revelan un mismo momento de ejecución, “particularidad que nos viene a confirmar –según Herrera García- la datación inscrita en las peanas de estas preciosas muestras del buen hacer artístico de Benito de Hita y Castillo”.

La imagen está coronada por una bella diadema imperial rodeada con ráfagas, compuesta por motivos rocallas y “ces”, rematados por una cruz y confeccionada, al igual que las potencias del Niño Jesús, en plata en su color. Carece de punzón. Un delicado trabajo de estilo rococó habitual en los talleres hispalenses de la época y “distantes de las tipologías empleadas por los orfebres insulares”. De acuerdo con tal aseveración, se deduce que ambas piezas de orfebrería fueran ejecutadas en Sevilla simultáneamente a la realización de la talla.

Todos los años en el mes de julio, durante la festividad de Nuestra Señora del Carmen, Patrona de la Mar y de sus gentes, Barlovento tiene una oportunidad única para apreciar esta bella imagen en todo su esplendor. En su honor, se celebran por todo lo alto unas fiestas que, al organizarla las jóvenes del casco urbano, han pasado a denominarse “Fiesta de las Mozas”.

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BIBLIOGRAFÍA

  • Archivo Parroquial de Barlovento. Libro de Testamentos, 1772. Sin foliar.
  • Archivo Parroquial de Barlovento. Protocolo de la Iglesia, nº 81. “Dotación, Bendición de la Hermita dedicada al Gloriozo Martir Sn. Stanislao de Oropeza”.
  • FUENTES PÉREZ, G. «Aspectos artísticos de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario. Barlovento (La Palma)», en IV Coloquio de Historia Canario-Americana (1980), tomo II, Las Palmas, 1982 .
  • GONZÁLEZ ISIDORO, José. Benito de Hita y Castilla (1714-1784). Escultor de las Hermandades de Sevilla, Sevilla, 1986.
  • HERNÁNDEZ PERERA, J. «Un Cristo de Hita y Castilla en Santa Cruz de La Palma», Archivo Español del Arte, Madrid, 1958.
  • HERRERA GARCÍA, Francisco. «Tres esculturas firmadas y fechadas por Benito de Hita y Castillo en la isla de San Miguel de La Palma», Atrio, nº 2, 1990.
  • PÉREZ MORERA, Jesús. La cultura del azúcar, La Palma, 1994.
  • RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Margarita. «Nuevos datos artísticos de la Parroquia de Puntallana», en IV Coloquio de Historia Canario-Americana (1980), tomo II, Las Palmas, 1982.
  • SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, Julio. «La Madurez de la Cosecha», La Huella y la Senda: [exposición, Catedral de Santa Ana. Las Palmas, 30 de enero- 30 de mayo de 2004], Catálogo, Canarias: Viceconsejería de Cultura y Deportes: Diócesis de Canarias, VI Centenario, D.L. 2003.
  • VARIOS: Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la Provincia de Sevilla, Sevilla, 1937

[*Otros}– El ‘Gran Telescopio Canarias’ (Grantecán) completa su espejo primario

06/08/2008

El mayor cazador de galaxias.

El espejo primario del ‘Gran Telescopio Canarias’ (GTC), situado en el Observatorio del Roque de los Muchachos (Garafia, La Palma) del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), ha recibido el último de los 36 segmentos hexagonales que lo forman, convirtiéndose así en el mayor espejo segmentado construido hasta la fecha para un telescopio óptico-infrarrojo.

El segmento colocado, que recibe el nombre de ‘Sanguino’, un tipo de árbol autóctono de Canarias, marca el inicio de un nuevo periodo de optimización del GTC que culminará en la utilización del telescopio por la comunidad astronómica.

Con unas dimensiones de 11,3 metros de diámetro entre extremos —que equivalente a la superficie de un espejo circular de 10,4 m de diámetro, y 16,9 toneladas de peso— el GTC pertenece a una nueva generación de telescopios que utiliza un espejo primario segmentado como solución a la dificultad de construir, manipular y trasladar espejos monolíticos de más de 8 metros.

Formado por 36 espejos vitrocerámicos hexagonales de 1,90 metros entre vértices, 8 centímetros de grosor, y 470 kilogramos de peso cada uno, el GTC funciona en todo momento como una sola superficie de forma cóncava que concentra toda la luz y la envía al espejo secundario, de tamaño y proporciones mucho más reducidos, y este a su vez a un espejo terciario, situado dentro de una torre central, que conduce la luz al foco deseado para su estudio.

Los espejos están compuestos por un material especial llamado Zeridurtm, un tipo de vitrocerámica que apenas sufre alteraciones con los cambios de temperatura, evitando que las imágenes se deformen. El proceso de pulido de los espejos fue llevado a cabo con un límite de error superficial de 15 nanómetros (millonésima de milímetro), es decir, un tamaño 3.000 veces más fino que un cabello humano.

Los 36 espejos hexagonales se coordinan para mantener esta precisión en el telescopio gracias a una red de mecanismos y sensores. Este conjunto de cualidades confiere al telescopio un poder de visión insólito equivalente a cuatro millones de pupilas humanas.

EM

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Francisco Juan de Castilla

Francisco Juan de Castilla y Valcárcel, caballero profesor del hábito de Santiago, nieto de los condes de La Gomera, fue intendente y gobernador general de Tarma en el Perú, donde, por sus grandes dotes de Administración, dejó bien puesto el nombre canario, como en la Conquista lo había colocado también muy alto su tío, el general Sebastián del Castillo.

[*Otros}– La Cátedra de San Pedro, en Santa Cruz de La Palma y en Breña Alta / José G. Rodríguez Escudero

José Guillermo Rodríguez Escudero

El Martirologio Romano celebra el 22 de febrero la fiesta de la Cátedra de San Pedro en Antioquía, y el 18 de enero la de su Cátedra de Roma. La reciente reforma del calendario unificó las dos conmemoraciones el 22 de febrero, fecha que tiene su apoyo en una antigua tradición que refiere la “Depositio martyrum” (año 354: “Natali Petri de cathedra”).

Sin embargo, la onomástica actual del “Primer Papa” es el 29 de junio, y en La Palma hay, entre otras, dos celebraciones importantes en las que se representa al Príncipe de los Apóstoles sentado en su trono o cátedra. Los templos que actualmente custodian las dos magníficas tallas son el extinto convento dominico de San Miguel de Las Victorias —hoy Santo Domingo de Guzmán (imagen que pertenece a El Salvador)— y la Parroquia de San Pedro Apóstol, en Breña Alta.

La cátedra (del griego “kathedra”, asiento – s. IV) es literalmente la silla fija del Sumo Pontífice y de los obispos. Se encuentra permanentemente en la Iglesia Madre de la Diócesis (de ahí el nombre de “catedral”), y es el símbolo de la autoridad del Obispo y de su magisterio ordinario en la Iglesia local. Es el lugar donde se enseña con autoridad y simboliza la perpetuidad de la doctrina.

San Pedro de El Salvador

En la Iglesia Matriz de El Salvador de Santa Cruz de La Palma encontramos un valioso ejemplo de cátedra. Después de la fiesta de San Pedro, se lleva a Santo Domingo donde permanece todo el año. Ésta se erigió como una imagen típica de la Iglesia contrarreformista y viene a recordar que Pedro fue el Primer Papa, reafirmando así la autoridad del papado, puesta en tela de juicio por la herejía luterana.

SnPedroEnCatedra-LaPalma

En la Edad Media, su indumentaria era la de los Papas, sus sucesores. Viste el palio, y a partir del siglo X, está tocada con la triple corona (triregnum). Estos ornamentos pontificios se convirtieron en la regla en el siglo XV: “San Pedro estará vestido de papa”, se lee en un contrato acordado con un pintor en 1452. Así pues, en el caso que nos ocupa, al Santo se le presenta conforme a esta iconografía, con la tiara de las tres coronas sobre su cabeza. Porta en su mano derecha las dos llaves, y la cruz papal de brazo triple en la otra.

Los atributos de San Pedro son excepcionalmente numerosos, y los lleva ya él mismo, ya los ángeles que en ocasiones lo acompañan; unos le caracterizan como apóstol, otros como Papa.

El más difundido y antiguo es la llave (clavis) que aparece por primera vez en un mosaico de mediados del siglo V, y que, desde entonces, se convirtió en su atributo constante. Pedro es clavígero (Petrus claviger coeli).

En el caso de El Salvador, porta dos llaves, la del Cielo y la de la Tierra, que simbolizan el poder de atar y desatar, de absolver y de excomulgar, que Cristo concediera al Príncipe de los Apóstoles. Dichas llaves aparecen juntas puesto que el poder de abrir y el de cerrar es uno solo.

Como rememoraba Viera y Clavijo en sus “Noticias…”, la iglesia mayor de La Palma “bien adornada, capaz, majestuosa, servida de tres curas beneficiados provisión del rey, de un clero numeroso y de muchos ministros que celebran los oficios divinos con gran solemnidad, bien podría pasar por una colegiata… “.

El trono o cátedra es de madera policromada y dorada de 192 cms de altura y 95 x 59 x 73 cms en la base.

Se cree que su autor fue Andrés del Rosario (1615-1693), por la similitud que existe entre esta obra de arte y el retablo mayor de la ermita de San Telmo de la misma ciudad, donde se repiten similares mascarones y sirénidos.

CatedraSnPedroElSalvador-Respaldo

También fue el artífice del bello retablo de la capilla de la Virgen del Rosario (1660) en la iglesia de Santo Domingo de la capital palmera, y del primer cuerpo del retablo mayor del convento de Santa Clara (1679-1693) donde está entronizada la olvidada Patrona de Santa Cruz de La Palma, la bellísima Santa Águeda.

Sin embargo, Jesús Pérez Morera nos informa que estamos ante “una obra de autor desconocido y datada de hacia 1661, fecha en la que se instituyó su cofradía”.

La profesora Gloria Rodríguez también indica “la imagen de San Pedro sedente es posible que sea obra de autor palmero o al menos canario, de fines del XVII, quizás hacia 1661…

El único dato que conocemos acerca de ella es que fue restaurada (unas manos nuevas) en 1742 por Juan de Silva.

El “San Pedro en Cátedra” de la parroquia de El Salvador fue encargado por la poderosa cofradía del clero, fundada bajo su advocación el primero de noviembre de 1661, “aCatedraSnPedro-ESalvador-Decoradounque se alistaron en ella varias personas seculares y aun religiosas de ambos sexos” (Lorenzo Rodríguez). Se instituyó para celebrar la función de las “Lágrimas del Santo Apóstol” el Martes Santo y su fiesta principal el 23 de junio (fecha distinta a la actual). Esta cofradía se encargaba también de la función de San Fernando.

Sigue narrando el alcalde constitucional Juan Bautista Lorenzo Rodríguez: “…tenía unas constituciones aprobadas por la autoridad eclesiástica y había confraternidad con las Comunidades Religiosas para asistirse mutuamente a los entierros de los individuos de ambos Cleros y Monjas, hacer un oficio y asistir las dichas comunidades a las dos fiestas de San Pedro, anteriormente citadas. Esta contrata se acabó muchos años antes de la supresión de los conventos. El último cofrade que murió fue el Licenciado don Antonio Ferrer y Lemos, con quien concluyó esta Cofradía”.

Un miembro destacado de esta Hermandad fue el Beneficiado Rector de dicho templo, don Juan Pinto de Guisla, a su vez, Visitador General de La Palma. Como recoge la bibliografía consultada del profesor palmero Jesús Pérez Morera (1994), en el testamento de Guisla (otorgado en 1693) éste declaró haber hecho un alba de holán con puntas de encajes para vestir la imagen de “San Pedro en Silla el día de su fiesta principal”. Tiene un letrero en la tira del cuello con su nombre.

Ésta es una talla de candelero de tamaño natural que recuerda las maneras del discípulo de Montañés, Martín de Andújar, y que sólo era expuesta para la veneración de los fieles el día de su onomástica, quedando custodiada el resto del año en la llamada “Alcoba de San Pedro”. Existe otra impresionante imagen de este santo “Las Lágrimas de San Pedro”—del artista orotavense Fernando Estévez del Sacramento— que toma parte actualmente en la solemne procesión del Señor del Perdón (popularmente “San Pedro y el Gallo”) la noche del Lunes Santo, y en cuyo retablo neoclásico en la capilla colateral del Evangelio (de hacia 1822) podemos venerar. Esta capilla estuvo dedicada a Santa Ana hasta que en 1818 se entregó a la Cofradía de San Pedro.

El espléndido sitial o cátedra, en madera dorada y policromada, evidencia la perfección que alcanzaron los maestros isleños en el manejo de la talla decorativa. Constituye en esencia un sillón de brazos “cuya decoración se basa en temas de ascendencia plateresca pero tratados con técnica barroca” (Pérez Morera). Una elegante obra de arte que, hasta hace algunos años, recorría en procesión el centro de la capital palmera cada 29 de junio por la tarde, oportunidad única para disfrutarla en todo su esplendor. Se estudia recuperarla, afortunadamente.

Hay una gran profusión de hojas de acanto doradas (ornamentación característica del retablo palmero en el primer tercio del siglo XVIII). Flanquean el respaldo, a modo de dosel, unas fantásticas figuraciones cuyos cuerpos, cubiertos con alas y plumas, son muy estilizados. En el respaldo del fabuloso sillón encontramos la tiara papal con las dos llaves símbolo de la autoridad del Papa (Mt. 16: 19). Sobresale una fila de figuras aladas con casco que rematan unas columnas de hojas de acanto. Éstas soportan y embellecen la base del sitial. A ambos lados, dos mascarones sujetan grandes aros con la boca.

San Pedro de Breña Alta

Una magnífica réplica de este “San Pedro en Cátedra” de la suntuosa iglesia matriz es la que se halla entronizada en el cuerpo superior del magnífico altar mayor de la parroquia homónima del municipio de Breña Alta. Una talla de 95 cms que salió de la gubia del prestigioso artista palmero Bernardo Manuel de Silva (1655-1721).

CátedraBrenhaAlta

Fue inventariada por primera vez en 1709. Nuestro querido paisano, el profesor Jesús Pérez Morera, nos recuerda, al estudiar esta efigie, que “posee también rica cátedra en madera tallada y dorada, con parecido espaldar calado a base de tallos envolventes – con escudo de San Pedro en el centro- y asiento decorado con grandes y carnosas hojas de acanto, ornamentación característica del retablo palmero en el primer tercio del siglo XVIII”.

El Patrón del municipio desfila procesionalmente en este bello trono por las calles de Breña Alta, acompañado por la imagen de San Isidro Labrador, también cada 29 de junio. Se le tributan fuegos artificiales y una magnífica loa, entre otros muchísimos actos.

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BIBLIOGRAFÍA

  • Archivo parroquial de El Salvador, Libro de Visitas, visita del Licenciado don Juan Pinto de Guisla, 1686-1688.
  • Archivo parroquial del Real Santuario de Nuestra Señora de las Nieves, testamento del licenciado don Juan Pinto de Guisla, (15 de septiembre de 1693).
  • FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto José «Notas Históricas de la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma», Diario de Avisos, (28 de marzo de 1969), confirmado en el Libro 3º de la Cofradía de San Pedro, cuentas de 1822.
  • MALE, E, El Barroco. Arte religioso del siglo XVII, Madrid, 1985, p.82
  • MARTÍN SÁNCHEZ, Miguel Ángel. “La Fiesta de San Pedro de Breña Alta en clave de Barroco Triunfal”, programa de las fiestas patronales de la Villa de Breña Alta, junio de 1992
  • PÉREZ MORERA, Jesús. “Arte en Canarias [Siglos XV-XIX]. Una mirada retrospectiva”. Gobierno de Canarias, 2001. p. 430.
  • RÉAU, Louis. «Iconographie de l’art Chrétien», P.U.F., Paris, 1957
  • RODRÍGUEZ, Gloria, “La Iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma”, Madrid, 1985, p.46
  • VIERA Y CLAVIJO, J., “Noticias de la Historia General de las Islas Canarias, t.II”, Santa Cruz de Tenerife, 1982, p. 399.