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Cortesía de Antonia Rodríguez
Hechos, imágenes o escritos acerca de Canarias, pero no de El Paso, y de autores no pasenses.
24-Agosto-2008
José Gruillermo Rodríguez Escudero
“Varón ilustre, sabio y virtuoso sacerdote, ornamento de la Iglesia Palmera. Lloremos pues, la memoria del hombre que la muerte acaba de arrebatar á nuestra querida patria, á su familia, á sus compañeros y á sus amigos. ¡Ojalá pudiera yo honrarla como él supo honrar su profesión y sus deberes. Si ha desaparecido de entre nosotros el Sr. D. Manuel Díaz, ¡que su nombre se conserve con todo el lustre y esplendor que reclaman sus virtudes y su mérito!¡Que su memoria sea eterna!”
El Time, (4 de octubre de 1863)
El Time, primer periódico de La Palma, publicó este trabajo, fechado en Cuba el 15 de agosto de 1863, donde el anónimo autor —está firmado por Un compañero— habla en términos panegíricos de la figura del célebre personaje.
El mismo rotativo traía el 10 de enero del siguiente año la noticia de la colocación “en la noche del miércoles 6 del corriente”, de un retrato del ilustre fallecido en el Casino-Liceo de la capital palmera, del que había sido socio de mérito. En la publicación del día 17 del mismo mes y año se describía el solemne acto y se decía, además: “todos encontramos en él un hecho memorable, que tan alto habla a favor de la cultura de este pueblo, que honra á la Sociedad que lo dispuso y llevó á cabo con tanto lucimiento y brillantez”.
El número de El Time correspondiente al 3 de abril de 1864 anunciaba la celebración de “fúnebres exequias por el aniversario” de la muerte de Díaz en la parroquia de El Salvador. Ese mismo día quedó colgado en la sacristía gótica de ese templo un retrato del sacerdote pintado al óleo por el polifacético artista palmero Aurelio Carmona.
De su calidad como orador sagrado y de su influjo en la vida palmera, incluso aún después de muerto, da cuenta su biógrafo contemporáneo, Rodríguez López, al reproducir ciertos fragmentos de sus más brillantes sermones. Decía: “el eco de su palabra era demasiado sonoro para que se olvidase… Cuando hablaba á su pueblo desde el púlpito, su voz tenía el doble prestigio de la virtud y de la vejez, y no podía menos de conmover un acento que se escapaba de las cercanías del sepulcro”.
Los partidarios absolutistas lo persiguieron y lo desterraron de La Palma en 1824, viviendo en Tenerife hasta 1835, por su condición de “advenedizo” líder moral y político a favor del cambio liberal y de la supresión de los privilegios estamentales. Entre otras cosas, decía a menudo que “un pueblo católico puede ser también un pueblo libre”. Siempre se había caracterizado por su crítica al absolutismo y la defensa del liberalismo, además de ser masón.
Fue el 26 de marzo de 1835 cuando el tribunal eclesiástico de la diócesis de Tenerife absuelve al párroco en la causa criminal seguida con motivo del sermón en la función del juramento de la Constitución del año de 1820. Desde el Puerto de la Cruz y a bordo del barco La Cayetana llegó el Cura Díaz a Santa Cruz de La Palma, siendo recibido en loor de multitud.
La persecución contra el párroco palmero, tal y como la percibieron no sólo sus defensores sino otros muchos ciudadanos en todo el Archipiélago, contribuyó a convertirle en un mártir a causa de la libertad, algo que, seguramente, Díaz nunca quiso para sí, puesto que nunca deseó casi nada, salvo el justo reconocimiento de la verdad y de la justicia. La lucha de Díaz a favor de una Iglesia más próxima al espíritu fundacional, fraterno y austero de las catacumbas fue, sin duda, la mejor herencia de amor para este padre de la Iglesia palmera de todos los tiempos. Inclinado también hacia las artes, se le conocen obras musicales, escultóricas y pictóricas.
En 1897 se erigió —hace ahora exactamente 111 años, justo en el centro de la triangular Plaza de España de la capital de La Palma— una estatua de tamaño natural en memoria del sacerdote Manuel Díaz. Se levantó a pocos pasos de donde el polifacético rector de la Parroquia Matriz de El Salvador (desde 1817) había muerto accidentalmente al caer por las escaleras de ese templo en la mañana de Pascua de Resurrección.
Se dice que la piedra con la que se desnucó aún se custodia en la prestigiosa Sociedad La Cosmológica de esta ciudad.
Un monumento conmemorativo en su honor, que fue levantado, según ha destacado Manuel de Paz, por iniciativa de la logia palmera Abora nº 91 y especialmente de su venerable —varias veces— José García Carrillo (grado 33 y a la sazón alcalde presidente del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma).
El 31 de octubre de 1894 dicho edil había propuesto a la corporación municipal, siguiendo el ejemplo de “todos los pueblos cultos y civilizados, tanto nacionales como estrangeros, perpetuase la memoria de sus hombres célebres, erigiéndoles estatuas y monumentos que recuerden a las generaciones futuras los hechos y circunstancias que motivan aquella celebridad…” También añadía que este tipo de homenajes, lápidas, monumentos que adornan calles y plazas de capitales y lugares peninsulares, servirían de estímulo para que otros les siguieran los pasos y cultivasen la virtud, la ciencia y las bellas artes, etc.
El culto caballero también había propuesto que se les cambiase el nombre de las Calles de la Cuna y Trasera por los de Díaz Pimienta —General de la Armada y Ejército español que expulsó a los ingleses de la Isla Catalina y Providencia— y Álvarez de Abreu —jurisconsulto distinguido y Marqués de la Regalia— y, en cuanto al Cura Díaz, “erigirle una estatua de bronce en la Plaza de la Constitución, frente a la Parroquia del Salvador, donde murió”.
García Carrillo también decía que el inolvidable Señor Díaz, “cuya fácil y elocuente palabra aún llega a nuestros oídos, sus pinturas y arquitecturas adornan nuestros templos, la carencia de sus caritativas obras es lamentada por nuestros pobres y necesitados y sus concejos y doctrinas se reflejan todavía en la moralidad y buenas costumbres de nuestro pueblo; murió en 1863 a las puertas de nuestro templo del Salvador que dignamente regentó, siendo víctima de su excesivo celo en el cumplimiento de sus deberes como Párroco”.
Esta propuesta se aprobó por unanimidad, y la escultura fue encargada a la fundición artística de Federico Masriera y Campins en Barcelona, casa especializada en la reproducción de obras escultóricas monumentales en bronce. Por la correspondencia entre ambos, García y Masriera, se sabe que la fundición de la obra fue ejecutada en junio de 1895 “con felicísimo éxito” y que había merecido “los elogios de cuantas personas han tenido ocasión de verla en esta casa”. Para dar a conocer previamente cómo iba a quedar la efigie, se habían enviado al alcalde dos reproducciones fotográficas de un boceto en yeso.![]()
La estatua sería colocada en un pedestal. Sería el primer monumento civil erigido en Canarias. Para su construcción se habían presentado varios diseños; concretamente tres. Dos de ellos en forma de base de tronco piramidal y de columna conmemorativa, confeccionado por la propia fundición Masriera, y el tercero obra del madrileño Ubaldo Bordanova Moreno (pintor también de los techos de las capillas mayores de El Salvador, Santuario de Las Nieves, ermita de San Sebastián, iglesia de San Antonio Abad de Fuencaliente, etc.).
El dibujo de este prestigioso y polifacético artista fue el elegido, aunque se había prescindido de la reja de hierro forjado que rodeaba la base del pedestal. En la cara delantera del mismo, una lápida en mármol lleva esculpidos varios emblemas alusivos al magisterio eclesiástico y a las cualidades, tanto artísticas como humanas, del sacerdote fallecido: el laurel, el cáliz, la palma del martirio, la partitura musical, la lira y una inscripción que reza: “A Díaz. Su Patria, 1894”.
En la lápida posterior aparece un relieve del pelícano con sus crías (símbolo eucarístico y cristológico que se repite en el sagrario del tabernáculo del templo) y una inscripción en latín que, traducida, dice así: “Qué honor y esplendor. Cayó muerto en los umbrales del sagrado templo víctima de su celo”. También esta inscripción figura en el enorme retrato de don Manuel Díaz —pintado por el sobrino del fallecido, Aurelio Carmona López (1826-1901)— que aún se custodia en la sala capitular de El Salvador.
El profesor Pérez Morera nos informa de que el simbolismo, alusivo al de Salomón, que la palabra ‘templo’ encierra para los masones, el pelícano que desgarra su pecho para dar de comer a sus hambrientas crías, símbolo de la caridad y la filantropía, es “símbolo del grado 18 de la francmasonería” (Díaz Cabrera).
Es magnífica su estatua en el centro neurálgico de La Palma. Un exquisito monumento, de los más fotografiados de la Isla por estar en la renacentista Plaza de España, creado para honrar perpetuamente a un hombre que fue enterrado en el cementerio de su amada ciudad. Una ciudad que, curiosamente, tan sólo colocó sobre su sepulcro una burda lápida de cemento y piedra con una pobre cruz de madera de la que cuelga una tosca leyenda que reza: “D.E.P. El Presbítero Beneficiado de la Parroquia de El Salvador. Don Manuel Díaz Hernández”. La pobre tumba se halla entre tres fastuosos mausoleos blancos de otros hijos de La Palma. ¡Qué incongruencia! Sin embargo, siempre hubo alguien que se acordaba de él, puesto que flores frescas nunca le han faltado.
Gracias a la iniciativa de la Parroquia Matriz de El Salvador, para el 28 agosto de 2008 se ha fijado la traslación solemne de sus restos, tras ser exhumados, desde el cementerio de esta ciudad al antepresbiterio de dicho templo, donde se enterrarán para siempre.
Así, 145 años después de su muerte, El Cura Díaz, una de las grandes figuras de La Palma, entrará de nuevo, por fin, en su amada iglesia, para no salir jamás.
“El Cura Díaz, sería recordado siempre como el modelo a seguir a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, y aún después, entre el clero y entre los seglares isleños por esa inteligente elocuencia apostólica suya, acorde con una vida asociada, según sus coetáneos, a dos de los más caros valores burgueses: la virtud y la caridad”.
J. E. Pérez Hernández
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BIBLIOGRAFÍA
Se distinguió en la conquista de las Indias, a las órdenes de su primo, el Adelantado de Santa Marta.
Fue primer regidor de Santa Fe de Bogotá, Encomendero de Goata, y uno de los hombres más ilustres que han producido nuestras Afortunadas, según la autorizada opinión de nuestro distinguido comprovinciano D. Francisco Fernández Bethencourt.
Distinguiose asimismo Bahamonde de Lugo en las guerras contra los indios panches, como capitán de caballería; y más tarde como capitán general de Puerto Rico, siendo el primero que fortificó y puso en estado de defensa a la Antilla española.
Siendo gobernador v capitán general de Cartagena de Indias, construvó el famoso fuerte denominado San Felipe. Falleció en 1584, defendiendo a Cartagena contra la poderosa escuadra de Francis Drake.
09.08.08
Origen de la ermita
Dedicada a la Virgen María bajo la advocación de “Nuestra Señora del Socorro” o “de Los Reyes”, fue fundada por Don Pedro Fernández Camillón y su esposa, Doña Ana Hernández, entre 1615 y 1621, con licencia obtenida del Sr. Obispo de la Diócesis, Don Antonio Corrionero.
La fábrica se realizó en una hacienda de viña y malvasía que poseía junto al barranco de Aguacencio. El motivo de ponerla bajo esta advocación mariana fue “por el voto y promessa que en cierto peligro de mi vida que me vi en un biaje que Dios fue servido librarme hice de erigir una ermita yglesia a deuocion de nuestra señora del socorro en esta ysla”.
Construida la ermita, Pedro Fernández Camillón solicitó en 1627 licencia para poder celebrar misa en ella, en atención a la utilidad que recibían los vecinos del lugar, distantes de la cabeza del curato, la iglesia de San Pedro de Buenavista, “porque la una de la otra estan distantes muy gran trecho y la dicha ermita muy sercana al comun de los besinos y sabe que de aberse echo la dicha ermyta en la parte y lugar donde esta es muy útil y probechosa y a nadie daña y de conserbarse se seguira mucha onrra y gloria a dios nuestro señor y questa fuera de peligro de barranco y arrimaditos y otras cosas que le pudieren dañar… y sabe que de aberse echo ally no tyene inconveniente nynguno para que se dexe de dar lysensia para decir mysa antes la tyene por muy útil y necesaria para los dichos besinos del dicho termyno como para los camynantes que por el pasan…” Así consta en el Archivo de Protocolos Notariales de la capital palmera (escribanía de Juan de Alarcón).
La primera representación de la advocación titular fue un cuadro, como atestigua un inventario fechado el 26 de junio de 1650, durante la visita efectuada por don Pedro de Escobar Pereyra. Allí consta “un quadro de nuestra señora del socorro”.
Así, la ermita se había fabricado en la parte norte, junto al cauce del barranco, en la jurisdicción de Breña Alta, “en terreno propio e inmediata a las casas de su habitación, la cual se bendijo en 13 de febrero de dicho año por el Dr. Don Pedro de Guisla Corona, venerable vicacio de esta isla”.
El alcalde constitucional de la capital palmera y cronista de la época, Lorenzo Rodríguez, tomó estos datos del libro de la ermita, informando de que “las que resultan del libro de visitas de San Pedro están equivocadas, porque confunden la primera edificación con la segunda”.
En 1695 y en 1700 fue tan grande el temporal y tan fuertes las lluvias, que el cauce del barranco se desbordó y causó muchos deterioros a la pequeña iglesia y “la colocó en inminente peligro”. Fue entonces cuando se debió sustituir aquella representación pictórica por una de talla.
La preciosa imagen de la Virgen del Socorro fue llevada procesionalmente a la parroquia de San Pedro de Breña Alta, donde fue custodiada con gran cariño y fervor por los fieles. Ante esta situación, los vecinos de este municipio instruyeron expediente ante el vicario insular, aconsejando sobre la conveniencia del traslado de la ermita a otro terreno más seguro. La autoridad eclesiástica autorizó la nueva construcción, que fue finalizada en 1706. El solar fue cedido por Don Manuel Pérez Corral, en la jurisdicción de Breña Baja. “Se cercó desde luego de paredes, por la misma causa, y en este recinto no sólo funciona el señor cura de Breña Alta, sino que siempre hemos visto presidir con bastón al alcalde de dicho pueblo en la procesión el día de la festividad del Socorro”.
El 29 de abril de 1778 la autoridad eclesiástica concedió permiso para que los vecinos de Breña Baja, “que lo solicitaban con empeño”, llevasen en rogativas a la Virgen del Socorro a la Parroquia de San José, “y conservarla allí todo el tiempo que conviniese por la falta de lluvias que se experimentaba”.
El párroco y síndico de San Pedro de Breña Alta, al enterarse, se opuso tajantemente a la procesión, haciendo ver que la ermita pertenecía a su jurisdicción y, por tanto, la autoridad residía en su persona.
Los obstinados vecinos nuevamente le pidieron que fuera él quien entregase a la Virgen al de San José “fuera de muros sin que éste ejerciese jurisdicción y lo mismo al recibirla”. Tras las duras negociaciones, se determinó hacer la rogativa el 2 de mayo.
Sucedió que ese mismo día llovió tan copiosamente que “terminó este litigio en que se empeñaban con acaloramiento ambas partes”. El mismo cronista aseguraba que el expediente de este curioso acontecimiento se custodiaba en el “archivo grande de la parroquia del Salvador”.
Según la resolución que se guarda en el archivo de la parroquia de Breña Alta y está transcrita en el libro de la ermita, se volvió a reclamar la propiedad de esta iglesia por parte de los curas de Breña Baja. Finalmente el Vicario Capitular de la Diócesis, en auto de 12 de diciembre de 1886, “resolvió y declaró corresponder a la jurisdicción eclesiástica de Breña Alta, a la que siempre había pertenecido”.
La imagen de la Virgen
La majestuosa talla de la Virgen es una escultura en madera policromada de 99 cms., obra del célebre artista palmero Bernardo Manuel de Silva (1655-1721).
Esta magnífica escultura, salida de la “mano del mejor pintor que tiene esta isla” —según constaba en un auto de la época—, al igual que otras tallas marianas del maestro, tiene una gran influen
cia de la imaginería flamenca. Los débitos flamencos, como nos informa el profesor Pérez Morera, “se manifiestan especialmente en el tipo de rostro, que presenta como característica común dulce expresión ensimismada y abstraída, mente amplia y abombada, ojos semiabiertos, pintados al temple, cejas finas y curvas, labios pequeños, barbilla prominente y redondeada y cabello partido en raya a la mitad, que cae en suaves ondulaciones”.
Pérez Morera también nos informa de que “la belleza que irradia la majestuosidad icónica de la pieza, manifiesta el elevado nivel alcanzado por los escultores palmeros”. La autoridad eclesiástica tampoco quedó al margen de estas alabanzas a la talla. Así, su acabado llamó la atención del primer obispo de Tenerife, Don Luis Flojeras Sión. Prueba de ello fue lo que consta en el Libro de Visitas, en 1831: “En esta Iglesia hay una imagen de nuestra Señora con una disciplina en la mano en ademan de azotar al Diablo que tiene a los piez; se encargo al Señor Visitador que indagara el origen de esta singularidad”.
A este tipo iconográfico de la Virgen, de pie con el Niño Jesús en brazos, corresponden varias imágenes del artista, como la “Virgen del Rosario” (1690) de la Parroquia de San Andrés (en San Andrés y Sauces) y la “Virgen del Carmen” (1703) de la de Villa de Mazo. Son piezas que presentan idénticas características formales, “de ahí la supuesta filiación flamenca que se les ha querido dar”.
La elegante y suave caída de los pliegues, el tipo de calzado y los motivos de los estofados apuntan su paternidad, al igual que el acabado posterior de la pieza, repetido en casi todas las esculturas por Bernardo Manuel de Silva, con manto que cruza diagonalmente desde el hombro izquierdo hasta la altura de la cintura, cayendo por la espalda en pliegues paralelos y rectos. Pérez Morera también compara la imagen del Niño, cuya cabeza se asemeja con la de la talla de “San José” de Los Llanos de Aridane.
Estrechamente emparentada con la mencionada “Virgen del Carmen” de Mazo, la del “Socorro” comparte el mismo tipo de expresión flamenca, “rostro oval, enmarcado por la caída ondulada del cabello, partido en dos, que desciende libremente por la espalda hasta más debajo de los hombros. Sin embargo, la posición hierática y frontal, así como el aspecto de tronco, que acusa la disposición vertical de los pliegues, confieren a la talla un aspecto más arcaizante y un volumen más concentrado”.
El profesor palmero también profundiza en los motivos y la técnica que muestran los estofados de los vestidos, comparándolos con otras obras escultóricas de Bernardo de Silva, “a base de motivos florales compuestos de trifolias, gruesos roleos y orlas punteadas en oro”.
A sus pies aparecen dos figuras que representan el “bien” y el “mal”, encarnados por las figuras de un angelito y un diablo. El Maligno está representado por una terrible figura alada completamente negra con cuerpo humano. Aparece de pie con una cara de bestia demoníaca y grandes cuernos. Los afilados dientes blancos, sobre todo los caninos, sobresalen de una boca grande de fondo rojo. Realmente impone respeto. Nos recuerda a la figura del “Diablo de Tijarafe”.
Se cuenta que hace unas décadas, allá por los años ochenta, uno “medio loco de San José”, no se sabe cómo, agarró la talla antigua de Satán y lo destrozó. Una vecina del barrio fue la que talló la que ahora se ubica a los pies de la Virgen. Los vecinos cuentan que había unas piedras en el barranco con unos agujeros que atemorizaban a los niños del lugar ya que “creían que eran las huellas de las patas del Diablo”.
Según contaba otra señora, el origen había que encontrarlo en una madre que, harta de las ruindades de un hijo, le gritó que “se lo llevara el Diablo”. Se cree que fue así, ya que el hijo desapareció. Después de la lógica amargura de esta terrible experiencia, la pobre mujer donó la figura original de Satanás y la colocó a los pies de la Virgen para que Ésta lo castigara, como recuerdo a su hijo y para penar por tal blasfemia.
El último lunes de agosto de cada año, los pureros de las Breñas celebran con fervor la onomástica de su patrona. La bonita imagen es homenajeada con novenas y procesiones y diversos actos, entre los que se encuentran el tradicional “Baile de la Escoba”.
Los grandes fuegos artificiales iluminan a la Virgen durante su recorrido procesional, al igual que a las dos figuras, la del ángel y la del diablo que la acompañan a ambos lados de la peana sobre el trono de madera. Los fuegos lanzan luces de colores y sombras sobre la Virgen y al ángel, y los hace más bellos, mientras que el diablo presenta un aspecto aún más sobrecogedor.
POEMA A LA VIRGEN
(Se conserva enmarcado y colgado en un lateral del interior de la ermita)
El SOCORRO de ayer, de hoy y de mañana,
en la ermita flamante y marinera,
la que guarda la Virgen que quisiera
darnos su mano de MADRE y SOBERANA.
Es su imagen la rica filigrana
que nos trae la Fe más verdadera.
El gentío la canta y la venera,
y en sus labios el rezo se desgrana.
Tú lo sabes, SEÑORA. Te han traído
con la flor un recuerdo allá escondido
que es su ofrenda de gracia y de
fervor.
Bajan y suben; ante Ti se entregan
porque conocen que al partir se llevan
el más dulce SOCORRO de tu amor.
G. Galván de Las Casas
1966.
En 1681 fue nombrado gobernador y capitán general de Tierra Firme y presidente de la Audiencia de Panamá.
Además, este noble hijo de las Afortunadas, se distinguió admirablemente en las guerras contra Flandes y Francia, ejecutando proezas de singular valor y extraordinario arrojo.
Del Conde del Palmar descienden los marqueses de Quinta Roja, Pontes y Llarenas.
José G. Rodríguez Escudero
La Imagen de Santiago el Mayor, de la parroquia de San Juan Bautista, en Puntallana (La Palma).
Estamos ante una original escultura en madera policromada y papelón, de 120 cms de altura el Santo, y 80 cms de altura el caballo blanco.
Según el profesor Pérez Morera, es del siglo XVI y, como hemos comprobado en otras ocasiones, tristemente retirada del culto y olvidada durante muchos años en un trastero. Afortunadamente, esta talla, la más antigua imagen del santo a caballo existente en el Archipiélago, después de su abandono y de sufrir desfiguraciones bajo bastos repintes e incorrectas manipulaciones, ha sido restaurada gracias a una loable iniciativa emprendida por el Ayuntamiento de Puntallana.
Esperemos que esta actuación sirva de ejemplo a otras muchas instituciones, pues existen muchas tallas que yacen en lúgubres sótanos y coros inaccesibles, en espera de convertirse irremediablemente en polvo; es patético. Sin embargo, esto está cambiando. Sirva este ejemplo: actualmente podemos admirar en todo su esplendor la talla de Santiago El Mayor, tras la restauración llevada a cabo por Domingo Cabrera Benítez en 1998. El Cabildo Insular, a través de su taller de restauración, está llevando a cabo una magnífica labor de recuperación de nuestro riquísimo patrimonio histórico artístico. Enhorabuena.
En esa talla no vemos al Apóstol vestido de peregrino, ni lleva conchas, ni bordón, ni esclavina, ni la filacteria o su inscripción característica y diferenciadora según sus atributos personales: “Credo in Jesum Christum, filium eius unicum Dominum nostrum”. Tampoco lleva túnica ni paño apostólico, ni aparecen moros despedazados a sus pies.
Sin embargo, aquí se le representa vestido de guerrero, combinando elementos medievales y clásicos, en recuerdo de la célebre Batalla de Clavijo. Está montado sobre un caballo blanco de papelón (más ligero para los recorridos procesionales) aunque no lleva el estandarte con la cruz roja, llamada de Santiago (pudiera ser que la llevara antaño en la izquierda, al mismo tiempo que sujetaba las riendas del animal, pero no ahora).![]()
Tampoco lleva el zurrón, ni el sombrero de alas, ni la calabaza. Sí lleva botas o “coturnos a la romana, faldellín, peto abombado y festoneado en su parte inferior y casco morrión con penacho de plumas”. Como atributo personal, y como referencia a su triple personalidad de apóstol, militar y peregrino: la espada. Se cuenta que con ella mató moros (“Santiago Matamoros”, capitán de las milicias cristianas en su larga lucha de siete siglos contra los moros) y con ella fue decapitado en Jerusalén en el año 42.
Su onomástica es el 25 de julio. Podría también confundirse con San Millán o San Emiliano, ya que, según la transmisión oral, aparecieron montados a caballo con espada desenfundada en la mano para ayudar a las huestes cristianas en su encarnizada batalla contra los moros.
Si no es porque San Jaime o Santiago se encuentran en una iglesia, podríamos pensar que se trata de una estatua ecuestre de un “Señor de la guerra”, no de la representación del Patrón de España. Representa, más bien, la viva imagen de aquellos conquistadores españoles que conquistaron Canarias y América en los siglos XV y XVI, y quienes, al grito de “¡Santiago!”, se erigían como el brazo armado de Dios para combatir a los nativos y lograr su sumisión. Pérez Morera nos informa también de que “su ejecución muestra gran calidad técnica, patente en el correcto tratamiento del rostro y en la minuciosidad y el verismo con que se representan los detalles de la armadura”.
El mismo profesor palmero también sugiere la idea de que estemos ante una efigie que, teniendo en cuenta su filiación artística, pudiera ser de procedencia sevillana. Aunque tampoco desdeña que pudiera haber sido obra de algún taller isleño, “pero ello resulta difícil de comprobar dado el desconocimiento que existe acerca de la escultura canaria de esta época”.
La primera hipótesis parece avalada por otras noticias documentales. El prestigioso investigador concluye su estudio sobre esta talla diciendo que “en 1625 —según el investigador Lorenzo Santana—, se mandó traer de España, una imagen de bulto para la ermita de Santiago de Candelaria (Tenerife)”.
Es probable que esta figura ecuestre, única existente en La Palma, hubiera pertenecido a la Parroquia Matriz de El Salvador de la capital palmera hasta el siglo XIX, como otras impresionantes y numerosas tallas que salpican toda la geografía insular. En este fabuloso templo sí consta la existencia de “vna ymagen de bulto grande de San Santiago en un caballo” (Archivo Parroquial, Libro I de relaciones, inventario de 20-VIII-1603). En sucesivos inventarios de 1686 y 1719 se señala que era de talla completa en madera, dorada y estofada.![]()
El Beneficiado Manuel Díaz era un sacerdote liberal y un convencido militante de la estética clásica. Consideraba “bárbaras y sin mérito artístico” a algunas de las maravillosas piezas que se hallaban entronizadas a lo largo y ancho del bello templo matriz. Inició la polémica reforma neoclásica de El Salvador cuando la imagen de Santiago se hallaba en la capilla colateral de la Epístola. De ahí su primitiva denominación.
El Licenciado Juan Pinto de Guisla escribía en 1686 que se llamó de Santiago porque en ella “estaua colocada la ymagen del santo”. Aquel visitador también informaba de que, en su festividad, la imagen desfilaba procesionalmente por la Calle Real hasta el Puerto, donde recibía los honores militares y las salvas de artillería desde el desaparecido Castillo de San Miguel. Regresaba a la iglesia por la Calle Trasera. La imagen pasó antes de 1676 a la capilla de Santa Ana. Pérez Morera nos aclara que “se dice en una nota marginal puesta con posterioridad al inventario efectuado en 1782, fue mandada recoger”. Pudiera ser que fuera entonces cuando se envió a Puntallana.
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BIBLIOGRAFÍA
04.09.08
J. V. Echagüe
MADRID.- Las rupturas ya superan a los enlaces en Canarias Por cada cuatro nuevas uniones se produjeron tres separaciones en toda España La crisis inmobiliaria retiene el alza de las separaciones porque obliga a convivir a parejas que quieren separarse.
De «preocupantes» y «alarmantes» tachó el Instituto de Política Familiar (IPF) los datos que presentó ayer sobre la tasa de ruptura/nupcialidad en España durante 2007. Pero también son concluyentes, teniendo en cuenta la trayectoria de nuestro país: los divorcios han superado el millón (1.066.060) desde 1981 y han pasado de representar el 39% de las rupturas (respecto a las separaciones) en 2004 al 93% en 2007.
Así, según el estudio realizado por el IPF a través de los datos facilitados por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), la tasa nacional de ruptura/nupcialidad alcanzó un 0,69%. Es decir, por cada cuatro matrimonios que se celebraron, se rompieron tres.
Los números varían según las comunidades autónomas. En un extremo estarían Castilla y León, Extremadura y Castilla-La Mancha, regiones en las que por cada diez enlaces se produjeron casi cinco rupturas; en el otro, con la tasa más baja, se encuentra la Comunidad Canaria, el único caso en el que se rompieron más matrimonios de los que se unieron. Alrededor de cinco parejas se separaron por cada cuatro bodas que llegaron a celebrarse.
Puede que Canarias sea una excepción, pero parece el ejemplo a seguir: en Cataluña, Baleares y Madrid, por cada diez enlaces, se produjeron nueve rupturas.
Hay que tener en cuenta que hablar de ruptura es hacerlo de divorcio, que en el 93% de los casos suponen el método empleado por las parejas para poner fin a su convivencia. Con todo, se da un fenómeno curioso: en los últimos meses son más frecuentes los casos de matrimonios que, pese a querer separarse, no pueden hacerlo debido a la imposibilidad de vender el domicilio conyugal, que suele ser propiedad de ambos.
En definitiva, unas víctimas más de la crisis inmobiliaria, un contexto en el que la venta de un piso suele ser una labor tan inviable como adquirirlo.
Así lo afirmaba ayer el Grupo Separaciononline S.L., empresa especialista en divorcios, y lo constataba a este diario Eduardo Hertfelder, presidente del IPF. «Es una realidad que está provocando que se estanquen las rupturas y que incluso disminuyan», puntualizó.
LR
Nuestro paisano Rojas fue presidente v capitán general de Guatemala, donde murió después de haberse distinguido por sus dotes de gobierno y honradez.
Las numerosas familias muy distinguidas que aún llevan este apellido en Centroamérica descienden de este ilustrísimo hijo de las Canarias, como, por ejemplo,
que son todos títulos honoríficos y grandes de España, de primera clase.
son también otras familias ilustres de España que descienden igualmente de nuestro inolvidable comprovinciano.