[*Otros}– Los informes sanitarios confirman que el agua de la Fuente Santa es medicinal

03.12.08 

Se sabía, pero había que demostrarlo; y ahora, ya es indiscutible: Las aguas de la Fuente Santa, en el municipio de Fuencaliente (La Palma), tienen propiedades minero-medicinales y termales, según certifica la dirección general de Industria tras comprobar los resultados positivos de los diferentes estudios, principalmente sanitarios, realizados en el manantial por varios departamentos.

La historia ya le otorgaba propiedades curativas, aquéllas que ya se reflejan en documentos del siglo XVII de diferentes casas reales europeas, pero la fuente, que fue sepultada por el volcán de San Antonio en 1677, y localizada después de 300 años de búsqueda, necesitaba de estudios científicos que lo corroboraran.

«No son aguas cualquiera, ni mucho menos; ahora ya podemos afirmar que tienen una calidad y unas cualidades que permiten cumplir con toda la normativa para ser declaradas minero-medicinales», afirmó González Mata, director general de Industria.

El político palmero dejó claro que «Hemos dado un primer paso fundamental, pero ahora queda desarrollar y aprovechar la Fuente Santa. El futuro promotor o inversor ya sabe las condiciones del agua, la calidad que tiene, y ahora se decidirá, a través del consorcio que se ha creado al efecto entre las diferentes administraciones locales, insulares y regionales, qué se hará con el manantial».

González Mata afirmó que «Nos sentimos orgullosos de tener la certificación de la calidad de las aguas, …. (la Fuente Santa) fue parte de la economía y de la historia de La Palma, y, después de un gran esfuerzo económico, se logró descubrir el naciente de la fuente. Ahora queremos que vuelva a ser en el futuro cercano un motor económico para la Isla. Para ello, ya hemos dado el primer paso».

El director general de Industria dijo que a partir de ahora se deben dar todos los pasos necesarios para lograr la declaración del aprovechamiento de este recurso; es decir, su explotación, «para lo que también es clave haber certificado las propiedades de las aguas», destacando además que el manantial debe regirse por la normativa minera y no hidráulica, ya que «se trata de un aprovechamiento mineral».

Fuente: EL DÍA, Fuencaliente

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Cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Francisco Tomás Morales

Este hijo de las Afortunadas, de quien nos vamos a ocupar, fue uno de tantos compatriotas que deben a sus propios esfuerzos el alto puesto que han alcanzado, tanto en la ciencia como en las artes; en la administración y en la prensa como en la milicia; y que, colocados en medio de circunstancias dadas —ha dicho el inolvidable José Desire Dugour— «han sabido aprovecharlas dominando a veces los sucesos, jugando el todo por el todo, o lanzando un reto a la fortuna que siempre los ha favorecido».

El valeroso caudillo Francisco Tomás Morales nació en el pueblo del Carrizal, de la Isla de Las Palmas (1783). A la temprana edad de 16 años pasó a Costa Firme con objeto de mejorar su suerte, dedicándose a la labranza.

El 19 de marzo de 1804 sentó plaza de soldado, pasando por todos los grados subalternos de la milicia, hasta que el primero de agosto de 1812 fue nombrado alférez. Dos meses permaneció nuestro conciudadano en este empleo, pues el primero de octubre del mismo año fue nombrado teniente ayudante a las órdenes de Arias Reina.

La revolución de Caracas, ocurrida el 19 de abril de 1810, encontró al joven Morales sirviendo de cabo segundo, Pero su decisión, su pericia y las necesidades de aprovechar, en pro de la soberanía de España, todos los elementos que podían conservarla, hizo que se notara desde luego el ardimiento de Morales y se le confiara el mando de una pequeña columna en el Departamento de Clarines, aunque no era más que sargento segundo.

El empleo de subteniente le fue concedido por la acción del 30 de Julio de 1812 en las playas de Nueva Barcelona, en la que hizo reembarcar a los revolucionarios.

Su valor, estrategia y brillante conducta, en las acciones del 14 de septiembre y primero de octubre contra las fuerzas del famoso guerrillero Villapol, le fueron premiadas con el grado de teniente, pues, de sus resultas, las ciudades de Cumaná, Barcelona e Isla Margarita se sometieron de nuevo al general Juan Domingo Monteverde, natural de la Villa de La Orotava, en Tenerife; mientras que Morales, herido de una pierna, se retiró a curarse, dejando, en aquella provincia, materialmente vencida la revolución, pero no la idea.

En 1813 se rehicieron los activos partidarios de la idea republicana en el pueblo de Maturín, convocados todos por el animoso v nunca bien elogiado Simón Bolívar, y, fortificados en aquel punto, pudieron desalojar a las fuerzas monárquicas. Pero en virtud de una serie de combates y reveses continuados, hubo que abandonar al ínclito Bolívar casi todo el país y refugiarse en Puerto Cabello.

Simon Bolívar, sagaz y valiente coma el primero, v conocedor, más que ningún otro, de esas regiones, comprendió desde luego lo difícil que era para los generales españoles obtener nuevos refuerzos de Europa, porque Fernando VII, llamado por unos el parricida y por

otros el traidor, se ocupaba, allá por los Pirineos, en poner obstáculos a las ideas liberales, sin cuidarse poco ni mucho de la sangre que a torrentes se derramaba en su nombre acá en la virgen América, dando así tiempo a que el caudillo venezolano organizara su ejército eminentemente republicano, y pronunciara, en un arranque de desesperación, la frase terrible de “Americanos, ya tenemos patria; las tiranías de Fernando VII así nos lo exigen. ¡ojo por ojo, y diente por diente…!».

Desde este momento, la carnicería, por una y otra parte, se hizo horrorosa. ¡No había cuartel!

José Tomás Boves, que era a la sazón el general en jefe de las tropas españolas, si bien conocido como uno de los hombres más tiranos, seguro como estaba de la pericia, lealtad, honradez y denuedo de Morales, le nombró su segundo, decidiéndose ambos a salir de tan apurada situación y volver a España, por todos los medios posibles, las ricas provincias ya perdidas, emprendiendo nuevamente una serie de acciones, ora favorables, ora adversas.

En la acción del 21 de septiembre de 1813 fue herido nuestro paisano, alcanzando el ascenso a capitán y quedando vencidas las tropas venezolanas.

En la del 14 de diciembre de aquel mismo año, obtuvo el grado de teniente coronel. En esta horrorosa acción perecieron cerca de 2.000 republicanos, incluso el famoso general Pedro Aldao, teniente de Bolívar, que los mandaba.

El año 1814 dirigió Morales, en calidad de jefe, el sitio de San Mateo, por haberse dado de baja Boves. Esta plaza estaba fortificada por el general Bolívar, y, después de 23 días de sitio, asaltó Morales las trincheras con tan vigoroso empuje (dos de abril), que pereció casi toda la guarnición, con los generales venezolanos Villapol, Campo-Elías y Vicente Gómez, logrando fugarse Simón Bolívar con algunos oficiales.

Asistió a otros muchos lances de guerra durante aquel sangriento año, fecundo en desastres para las tropas republicanas, que tuvieron que retirarse a la Isla Margarita.

Estaba organizando Morales en Carúpano una expedición para atacarlos, cuando arribó a las playas venezolanas el general Murillo con la escuadra y el ejército de la Península, nombrado virrey de aquellos Estados por el Gobierno de Fernando VII. Morales fue nombrado entonces coronel y comandante general de la vanguardia.

Desde este momento, empezó otra serie de operaciones en que el hijo de Las Palmas tuvo que apelar en más de una ocasión a los recursos estratégicos de su despejado talento militar para triunfar de las innumerables dificultades que la envidia de los recién llegados le oponían, vencer y cumplir las arriesgadísimas órdenes del general Murillo en el reino de Nueva Granada y plaza de Cartagena de Indias.

En aquel otro teatro de la guerra civil tuvo Morales que sostener, con fuerzas muy inferiores, una serie continua de combates, de ataques, marchas y contramarchas por comarcas desiertas y desconocidas, sin trenes, sin víveres y sin bagajes. Y sólo por su constancia, su valor, su lealtad, y su honradez a toda prueba, pudo salir ileso de los peligros que representaban los naturales de aquellas extensas regiones, amantes fervorosos de su independencia, que habían acudido al extremo y habilidad del lazo, que manejaban con suma destreza y singular acierto, causando en las tropas españolas bajas considerables y un pánico horroroso. Sin embargo, nuestro paisano, a pesar de tantos inconvenientes, firme siempre en su espíritu guerrero y apasionado amor a España, consiguió apoderarse de Cartagena, que era su deseo.

En 1816, volvieron a pronunciarse contra España los estados de Venezuela y el virrey general Murillo ordenó entonces a nuestro paisano que retrocediera y viniera a marchas forzadas con su división a situarse en Valencia, dejando a los granadinos aquellos valiosísimos lugares.

Obedeciendo a la disposición del virrey, el denodado hijo de Las Palmas emprendió una rigurosa marcha de más de 400 leguas, sin grandes pérdidas de vidas; de tal modo que el 11 de abril pudo batir y dispersar a las poderosas fuerzas de Simón Bolívar en los Aguacates. Por esta acción recibió el grado de brigadier.

En 1818, vuelto ya el virrey Murillo de su expedición de Santa Fe, quedó Morales incorporado al ejército principal. Contribuyó mucho en esta ocasión y dificilísima prueba a la salvación de la retirada que hubo que emprender por las malas disposiciones del general en jefe español, y a consecuencia de la sorpresa que le causaran a éste las aguerridas y valientes tropas republicanas de Bolívar.

Pero repuesto nuevamente el ejercito español y después de una innumerable serie de combates seguidos, tuvo Morales la gloria de dispersar al ejército venezolano en la batalla del 16 de marzo, en que, hallándose gravemente herido el general en jefe, le sustituyó en el mando nuestro valeroso y entendido comprovinciano consiguiendo poner en precipitada fuga a los bizarros caudillos Simón Bolívar, Urdaneta v Valdés.

Después de esta heroica acción fue destinado Morales a tomar el mando de otra columna que o
peraba a 40 leguas del cuerpo del ejército.

Allí derrotó completamente al general Cedeño, llamado por Bolívar el bravo de los bravos.

En 1819 tuvo por singular competidor al que antes había sido uno de sus mejores amigos, el valiente y nunca bien ponderado general Páez, emprendiendo contra este bravo venezolano una larga serie de encuentros y reencuentros.

En 1820 y 21 hallábase ya en los 1lanos de Caracas. Al romperse de nuevo, desgraciadamente, por esta época, las hostilidades, el general La Torre, que había reemplazado al virrey Murillo, se vio invadido por un crecidísimo número de fuerzas republicanas que se habían ido organizando en los puntos mas remotos de Venezuela y que por todas partes acudían en socorro de la ciudad de Caracas. Entonces, el ejército español, que estaba ya casi en cuadro, hambriento y desnudo, tuvo que retirarse a Puerto Cabello.

De aquí mandó La Torre a nuestro paisano a Curazao para negociar un empréstito y socorro de víveres y pertrechos, que en efecto consiguió por las buenas relaciones que sostenía en aquella importante plaza.

El siete de noviembre recibió el despacho de mariscal de campo, que había ganado a fuerza de heroísmo y de su lealtad nunca desmentida.

El cuatro de julio de 1822 el general La Torre le pasó comunicación urgentísima, diciéndole que, «sin pérdida de tiempo, viniera a hacerse cargo del Ejército, puesto que el Rey lo había destinado a Puerto Rico».

Con efecto el mismo día cuatro de julio se hizo cargo el general Morales del Ejército, reducido ya a 2.000 hombres, enfermos en su mayor parte, y Puerto Cabello sitiado por el ejército venezolano.

En este estado de cosas, comprendió el pundonoroso el hijo de las Canarias que todo se había ido preparando para obligarle a capitular..

Indignado de semejante perfidia, trató de hacer revivir el espíritu patrio y organizar sus ejércitos, pero ya era tarde.

Despachó inmediatamente comisionados a Curazao, Puerto Rico y La Habana, pidiendo instantáneos socorros, pero ésos no llegaron nunca.

Las autoridades de Puerto Rico y La Habana se mostraron por entonces sordas y apáticas. Sin embargo, haciendo Morales casi un desesperado esfuerzo, obligó a las tropas venezolanas a levantar el riguroso sitio. y el ocho de agosto tomó la ofensiva, engañando con marchas v contramarchas a los enemigos, hasta que, convencido de que el general Soublet se había reunido con sus numerosas fuerzas a las del general Páez, retrocedió a Puerto Cabello, y de allí a Maracaibo, lo cual llevó a efecto con grande riesgo y muchos y repetidos combates y escaramuzas.

A pesar de estos reveses y de la penuria en que se encontraba el guerrillero de las Afortunadas, pudo, no obstante, con las esquilmadas tropas que be habían dejado los generales españoles Murillo y La Torre, apoderarse de la ciudad de Coro y mantenerse allí inatacable por algunos meses, dando continuamente que hacer a las tropas republicanas.

Así las cosas, llegó el ano de 1824, en que el ejército español, que mandaba el virrey Laserna, tuvo que capitular en Ayacucho.

El ejército republicano, triunfante en todas partes del continente, redoblaba sus heroicos esfuerzos para arrancar a Maracaibo de manos de nuestro paisano, logrando introducir en Aguas la escuadra Colombiana, por lo que, después de un sangriento y reñidísimo combate, viose obligado al fin el hijo de las Canarias a capitular, retirándose a La Habana.

Era el cuatro de agosto de 1824, a los tres meses de haberse rendido el ejército español en la célebre jornada de Ayacucho, en la cual, hay aún muchos que aseguran que se encontraban el general Espartero y otros jefes españoles de notable nombradía, que más tarde vinieron a ser el alma de la política activa en los Gobiernos y Centros de Madrid.

De La Habana pasó el general Morales a España, donde fue recibido por Fernando VII que le nombro (1827) comandante general de Canarias y regente de la Audiencia Territorial.

Falleció nuestro eminente compatriota el cinco de octubre de 1844 en la ciudad de Las Palmas, después de una vida llena de azares por defender la integridad de España en América.

El general Francisco Tomás Morales, tan valiente y decidido en la guerra, era, en el trato familiar y en el seno de los amigos, un verdadero y pundonoroso demócrata, pues el que estas líneas escribe, siendo aún muy niño, tuvo la alta honra de conocerle y tratarlo personalmente en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.

Las puertas de su casa jamás estuvieron cerradas para los pobres, y su mayor gloria era verse rodeado de éstos y contarles las peripecias de su vida en América, por lo cual conservó siempre un afecto sincero.

Para concluir pudiera decirse de nuestro comprovinciano que, si hubiera alcanzado nuestros días, habría sido uno de los más sinceros y decididos partidarios de la democracia española.

[*Otros}– San Bartolo de La Galga / José G. Rodríguez Escudero

12.08.08

San Bartolo —como se conoce popular y cariñosamente a San Bartolomé, patrón del barrio de La Galga en el término municipal palmero de Puntallana— se venera en la pintoresca ermita homónima erigida al borde de un profundo y sobrecogedor barranco.

Barrancos de La Galga y La Fuente

(Barranco de La Galga)

La primera referencia histórica de este recinto religioso se encuentra en las Sinodales del obispo Vázquez de Arce en 1515, lo que da una idea de su antigüedad. En aquella temprana época tan sólo se oficiaba misa cuando sus vecinos “por las tempestades e aguas no puedan venir a la iglesia de Puntallana”.

El cronista Lorenzo Rodríguez se refería a la parroquial de San Juan Bautista del casco municipal. En primera instancia estuvo esta ermita bajo la advocación de Nuestra Señora de La Galga, más tarde de La Piedad y por último, de San Bartolomé.

El enladrillado de la capilla ya se había producido en 1602, fecha recogida en la Visita del prelado don Francisco Martínez Cenicero. Otro visitador, don Gaspar Rodríguez del Castillo, mandó construir la pequeña sacristía en 1610, obra que concluyó en 1642.

Garrido Abolafia nos aclaraba que, en esta construcción, se trajeron de los montes colindantes las piedras y maderas necesarias. Otras obras se produjeron a lo largo de 1651 en la que el mayordomo, el capitán Andrés de Valcárcel y Lugo, se ocupó de la hechura de un lienzo de pared, la ventana de la capilla y la puerta de acceso lateral y su arco de cantería en el que viene esculpido dicho año.

SAN BARTOLOMÉ

(Imagen de San Bartolo)

Treinta años más tarde, tras la visita de don José Tovar, se dan las órdenes precisas para reconstruir el recinto, debida a su precaria situación y lamentable estado de sus paredes.

Si bien no se conoce a ciencia cierta quiénes fueron los que costearon su construcción original, serían ahora los vecinos del barrio puntallanero los que correrían con todos los gastos. Previamente, el obispo les había otorgado la facultad de pedir limosna, consciente de la pobreza en la que se hallaban inmersos.

Se derribaron los dos altares por considerarlos innecesarios, y se encaló y se acometieron varias obras menores. No obstante a principios del siglo XVIII la ermita volvía a amenazar ruina y sería el albañil José de Paz el encargado de rehabilitar el pequeño templo.

Nuevamente los humildes vecinos aportaron el dinero con la ayuda del mayordomo de la ermita. En 1795 don Domingo Alfaro daba a conocer el grado de “indesensia de algunos ornamentos y la summa pobreza en que se halla esta fabrica y siendo como es sumamente urgente el proveer de remedio”.

El párroco de San Juan Bautista del casco era quien oficiaba las misas, las bodas, los bautismos, los entierros,… pero la distancia entre ambos templos y la pobreza de los vecinos de La Galga motivaron la dejación de obligaciones por parte de los beneficiados. El visitador Alfaro había sugerido que los religiosos del convento de La Piedad de Los Sauces fuesen los encargados de los ritos litúrgicos al mismo tiempo que ordenaba una auditoría de las cuentas de la ermita.

A lo largo de su historia y la de sus mayordomos, siguieron sucediéndose los pleitos y los impagos, las ruinas y las rehabilitaciones.

La pequeña plaza ganada al risco —balcón de vista incomparable— rodea la preciosa ermita que muestra una típica distribución de este tipo en las pequeñas iglesias palmeras. El proyecto de la plaza de San Bartolo, en lo que era un descampado, se redactó en 1951, pero no sería hasta 1978 cuando se tomaría en serio.

Una comisión compuesta por los vecinos del pago tenía como único cometido la realización de la tan ansiada plaza. Los propios galguenses serían quienes recaudarían el dinero y realizarían las obras pequeñas con sus propias manos. En un informe que apoyaba esta iniciativa popular, elaborado por la Agencia de Extensión Agraria de San Andrés y Sauces, se reflejaba el gran sacrificio que estaban dispuesto a hacer los vecinos al aportar cada familia unas siete mil pesetas de media y seis jornadas de trabajo.

La fachada es una modesta obra formada por una puerta de medio punto y cantería (construida en 1651 que da acceso a la única nave), una espadaña achatada con dos campanas y rematada por una cruz de madera y un pequeño balcón de tea con su puerta de acceso al coro. Una sola nave conforma su interior. El elemento más antiguo conservado es el arco toral, apoyado en pilastras y columnas de capiteles góticos y cantería gris.

Ermita de San Bartolo Detalle

(Ermita de San Bartolo)

Después de numerosos añadidos y tras varias restauraciones a través de los siglos, se observa una serie de piedras incrustadas asimétricamente a lo largo y ancho del resto de sus muros exteriores pintados de blanco. Las cubiertas son de estilo mudéjar, siendo –como dijera Pérez Morera- “la techumbre de par y nudillo, con cuatro faldones, limas, mohamares y cuadrantes en las esquinas con canes de perfil mixtilíneo”.

Junto a la pequeña imagen del santo mártir (efigie del siglo XVI-XVII) también se custodian, entre otras tallas, la preciosa Virgen de Piedad (gótica) en la hornacina central; una bella pintura de San Isidro Labrador (XVIII) en el ático; la escultura de San Gonzalo de Amarante y la de San José;

AMARANTE

elementos entronizados en un hermoso y pequeño retablo barroco confeccionado por Bernabé Fernández en 1705, erigido en la capilla mayor. Está fabricado con un solo cuerpo y tres calles con tres hornacinas, profusamente decoradas con elementos vegetales. El venerado San Amaro (s. XVI) está situado en una repisa lateral al igual que la imagen pequeña de San Antonio de Padua.

(Talla de San Gonzalo Amarante)

Según la tradición, San Bartolomé evangelizó Mesopotamia, la India y Armenia, donde fue desollado vivo y luego decapitado. Siguiendo con su iconografía habitual, en la imagen de La Galga también se aprecia la larga túnica y manto de los demás apóstoles. Siguiendo con la Leyenda Aurea, se le representa con “cabellos negros, figura blanca, ojos grandes, nariz recta, barba que comienza a platear, túnica púrpura y cándido manto adornado de piedras preciosas…”. En nuestro santo, las piedras preciosas —concretamente tres— están incrustadas en la diadema o aureola dorada de ráfagas situada sobre su cabeza.

(Imagen de San Amaro) SAN AMARO XVI

En cuanto a sus atributos personales son un cuchillo en la mano derecha que presenta al espectador y el demonio a sus pies, al que tiene sujeto con una cadena.
Sostiene un libro abierto sobre su mano izquierda, símbolo de su evangelización. Desde el siglo XIII también se le ha representado con su propia piel colgando del brazo y el largo bordón con cruz de simple o largo travesaño. En algunas escenas –sobre todo pictóricas- se le representa atado al potro o a un árbol mientras los verdugos le arrancan la piel a tiras.

Un enorme arco confeccionado con helechos, flores, panes, brezo y frutos adornan la calle que da acceso al pequeño templo y por donde pasa la procesión. Los festejos, con gran profusión de actos variopintos, concluyen el último fin de semana de agosto con una gran fiesta de hermandad con orquesta en el frondoso y vecino Cubo de La Galga (foto que sigue), una de las mejores muestras de laurisilva de las Islas.

Cubo de La Galga

(Cubo de La Galga)

A pesar de que la onomástica del patrón es el 24 de agosto, hay ediciones en la que, para facilitar una mayor afluencia de personas, las fiestas se trasladan al domingo más cercano.

En el municipio se conocen popularmente estas fiestas como las de “los Hombres”, mientras que las celebradas en septiembre en honor a la “Virgen de la Piedad”, se las llama de “Las Mujeres”, por ser las señoras y señoritas de la región las que se ocupan de su preparación.

Otra curiosidad de esta festividad: la Cueva del Infierno (donde piratas y corsarios guardaban a buen recaudo los tesoros robados) se encuentra a unos 15 mts. bajo el nivel del mar, “en dirección al fuego eterno”, y en su oscuridad, se decía que vivía el demonio. En el día del Santo los vecinos pretendían mantenerlo alejado, disponiendo ajos y lazos para atar sus testículos, porque era el día en el que el Maligno (representado a los pies del Apóstol) andaba suelto pululando por el pueblo (sale también en la procesión atado al cuello con una cadena que el santo sostiene en su brazo izquierdo).

El santo patrón, cubierto por un gran manto rojo y cíngulo dorado, recorre un corto itinerario de su calle principal dos veces en el año: en la víspera y en su onomástica. Lo hace sobre unas sencillas andas de madera adornadas con flores frescas, que son portadas a hombros por los devotos vecinos.

El emotivo reencuentro de aquellos que aún están y el especial recuerdo para los que no, constituye un momento muy esperado por este pequeño barrio orgulloso y seguro de tener a San Bartolo como protector, al que piden para poder regresar a verlo el año que viene durante sus bonitas fiestas en el verano de La Palma.

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BIBLIOGRAFÍA

  • GARRIDO ABOLAFIA. Puntallana: Historia de un Pueblo Agrícola, Ayuntamiento de Puntallana, CajaCanarias, 2002.
  • LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, Cabildo de La Palma, 1975
  • ROIG, Juan Ferrando. Iconografía de los Santos, Ediciones Omega, Barcelona, 1950

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Diego Antonio Manrique

Este notable hijo de las Afortunadas, después de haber peleado en Italia y Portugal como un valiente a favor de la soberanía nacional, fue ascendido por méritos de guerra a mariscal de campo, y nombrado vocal en la causa seguida a D. Juan de Prado, por su conducta durante el sitio.

Vino a Cuba de capitán general el año de 1765, a reemplazar al célebre conde de Ricla. Su mando fue corto y no pudo, por tanto, demostrar en ese destino sus dotes de gobierno, pues falleció, de fiebre amarilla, a los veintisiete días de su llegada al país, recayendo tan importantísimo mando en el brigadier D. Pascual de Cisneros.

Sus restos mortales fueron exhumados en 1806 v trasladados al Cementerio General de Espadas.

El apellido de los Manrique de Canarias desciende por línea directa de una de las casas solariegas más ilustres y antiguas de España, de la que han salido muchos hombres distinguidos, cuyo principal tronco está, según la Historia Universal, en las Laras de Castilla, origen que se remonta al Conde Fernán González, que murió el año 970 de nuestra era, y descendía por su padre de Ramiro I, rey de Asturias v Galicia; y por su madre, de los antiguos señores de Lara.

[*Otros}– Santa Cruz de Tenerife, entre Calatrava y Herzog & De Meuron

18/11/2008

Javier Mazorra

La reciente inauguración de TEA (Tenerife Espacio de las Artes), de los arquitectos Herzog & De Meuron, es una buena disculpa para volver a la capital de Tenerife, descubrir cómo ha cambiado en estos últimos tiempos y comprobar su apuesta por la arquitectura contemporánea.

TEA2

Nada más aterrizar en el aeropuerto de los Rodeos, ahora conocido como Tenerife Norte, ya se comienza a descubrir esa nueva imagen de la isla de Tenerife, y de Santa Cruz en particular.

La terminal, diseñada por los arquitectos canarios Antonio Corona, Arsenio Pérez Amaral (que ha diseñado la casa particular de Herzog en la isla) y Eustaquio García Martínez, llama la atención de inmediato por la espectacular serie de vigas arqueadas, elaboradas con madera laminada, que cubren el espacio principal, y por la refinada utilización del hormigón en la estructura general de edificio.

Ya en el centro de la ciudad no se tarda en descubrir que muchas de las calles se han peatonalizado, creando nuevas plazoletas en puntos determinantes del trazado urbano, culminando en esa nueva reordenación de la Plaza de España que han acometido Herzog & De Meuron.PzaEspanha

Todo gira ahora alrededor de un lago en el centro, de donde surge cada hora un géiser durante diez minutos, si el viento lo permite.

Todo ello rodeado de nuevas estructuras cubiertas por jardines verticales diseñados por Patrick Blanc y donde una discreta rampa comunica con los restos del castillo que ocupaba esta zona después de la conquista de la isla, que se han descubierto durante las obras.

El carismático Monumento a los Caídos, limpio y remozado, sigue siendo una referencia en el conjunto. La remodelación de este espacio urbano representa la primera fase de la ambiciosa reestructuración de la facha marítima que para 2010 va a contar con un nuevo muelle de enlace que unirá el centro con el puerto deportivo.

auditoriumMuy cerca de allí, se está recuperando el barrio histórico que existía alrededor de la Iglesia de la Concepción, transformando la antigua calle de la Noria en el centro de la vida nocturna de la ciudad y una referencia en su oferta de ocio.

Pronto se terminarán las obras de un nuevo centro cultural del barrio diseñado por Rafael Escobedo, representante de la última ornada de arquitectos canarios, al que también se ha encargado la creación el parque de las Mesas en el noreste de la ciudad.

Espacio verde y carismático

De pronto la ciudad se ha llenado de parques, comenzando por la rehabilitación del Garcia Sanabria —o Parque Municipal—, el espacio verde con más historia y carisma de Santa Cruz. En la fachada oeste, el Parque Marítimo, que César Manrique diseñó antes de dejarnos, ha servido como catalizador para recuperar una zona urbana que hasta hace muy poco estaba destinada a fines industriales. Todavía no está terminado el proyecto de la Montaña del Palmetum en su entorno, pero la zona se ha llenado ya de nuevas infraestructuras. 

auditorium2La más espectacular es el Auditorio de Tenerife, de Santiago Calatrava, que ya muchos identifican con la nueva imagen de Santa Cruz. Del mismo arquitecto y no lejos de allí, se puede ver el Centro Internacional de Ferias y Congresos.

Muy cerca de él se conservó uno de los antiguos depósitos de combustible para convertirlo en 1997 en un espacio cultural que se conoce como El Tanque.

Fue una de las primeras obras del estudio de Arquitectura AMP formado por Artengo, Pastrana y Martín Menis (que ahora trabaja en solitario), responsables de algunas de las obras más interesantes que se pueden conocer, no sólo en la ciudad sino en toda la isla, incluida la que quizás es su obra maestra hasta el momento: el Centro MAGMA en Adeje.

tea1En Santa Cruz pueden verse los edificios de Proa, Bouza y Sion, ejemplos de una forma muy original de entender la arquitectura de viviendas, para luego centrarse en dos proyectos extraordinarios: el Centro Insular de Atletismo, en Tincer, que surge de una estructura en forma de volcán (ha representado la mejor arquitectura española contemporánea en numerosas muestras) y la sede de la Presidencia del Gobierno de Canarias, una obra de enorme complejidad e imaginación a dos pasos del TEA , el centro cultural que acaban de inaugurar Herzog & De Meuron a orillas del barranco de Santos, posiblemente la mejor obra que han realizado en nuestro entorno hasta ahora.

El Mundo

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Antonio Benavides González de Molina

Cuando Felipe II volvió por segunda vez a ocupar el trono de Castilla, después de la ruidosa campaña de Villaviciosa en la que Benavides salvó la vida al joven monarca, éste, atento a los poderosos servicios que le había prestado en tantas y tantas acciones, considerándole como uno de sus más fieles amigos, y queriendo ejercitar su pericia y excelentes dotes militares, le nombró gobernador general de La Florida con expreso encargo de embarcarse sin pérdida de tiempo en las naves que a la sazón enviaba a América al mando de otro bizarro hijo de las Canarias, D. Juan del Hoyo y Solórzano.

Así que llegó a su destino el intrépido Benavides, rechazó con ventaja las irrupciones de los colonos ingleses de la Carolina y reprimió las piraterías que se ejercían en aquellas aguas.

No menos buen diplomático que valiente militar, logró con su persuasión la entrega del fuerte de Apaleche, del cual se habían apoderado los indios. Celebra con ellos un tratado de paz y amistad y, merced a su inteligencia e infatigable trabajo, vio bien pronto florecer ei país a su digno mando, bendiciendo los moradores su gobierno, así como su económica administración.

Ocho años estuvo Benavides al frente del delicado y comprometido gobierno de La Florida, hasta que fue nombrado, por otra Real disposición, gobernador político y militar de la ciudad de Veracruz y Castillo de S. Juan de Ulua. Aquí volvió a distinguirse el noble y pundonoroso Canario con sus costumbres patriarcales, generosas y caritativas.

Pero ya cansado, y quebrantada su salud, solicitó de Fernando VJ su retiro; mas éste, que sabia apreciar las excelentes cualidades de Benavides, no juzgó oportuno concederle esa gracia, y le nombró gobernador y capitán general del Estado de Yucatán, y comandante en jefe de la expedición organizada para las costas de México en el Estado de Tabasco y Honduras, en la América Central, contra la invasión inglesa, v con el título de teniente general de ejército.

Cuando Benavides dio por terminado su cometido venciendo a los ingleses en este continente, pasó a la Península para dar cuenta al Gobierno de la nación, recibiendo antes de los indios de Campeche una completa ovación.

Era Benavides tan sumamente caritativo que llegó a España pobre y sin recursos de ninguna especie; de tal manera —¡parece increíble!— que para presentarse al rey fue necesario que el marqués de la Ensenada le prestase su uniforme.

Todo el anhelo de este honradísimo hijo de las Canarias, era ir a pasar sus días en su país; así es que suplicó a Fernando reiteradas veces le destinara a Tenerife de cuartel, lo cual consiguió al fin, no sin que antes se le brindase el Gobierno general del Archipiélago, honor que rehusó, pues deseaba separarse completamente de la vida pública y entregarse sólo a sus instintos caritativos.

Con efecto, llegó a Santa Cruz de Tenerife y se alojó en el hospital civil de Nuestra Señora de los Desamparados en el que gastaba su pequeño hacer en socorrer a los pobres, y en ensanchar y reedificar el edificio, hasta que, agravándose su enfermedad, sucumbió el 6 de enero de 1763.

Tal fue el invicto Canario, agrega un historiador, que por espacio de 24 años sirvió en el ejército de Flandes, España y América, hallándose en mil encuentros y batallas, particularmente en la de Ecride, en la toma de Salcedilla, y rendición de Villarreal e Imbriesta, en España, en la rendición de Elche y en toda la terrible campaña de 1710… En la batalla de Balaguer; en los cerros de Barcelona y Tortosa; en los encuentros de Almenara y Peñalva; en la reñida batalla de Zaragoza; en la toma de Brihuela; en el sitio de Campoamor; y, por último, en la sangrienta batalla de Villaviciosa.

Los rectos mortales de Antonio Benavides González de Molina reposan bajo las bóvedas de la iglesia Parroquial de la Concepción, en Santa Cruz de Santiago Tenerife, plaza fuerte de primer orden. Sobre su losa sepulcral se lee esta inscripción: “Varón de tanta virtud cuanto cabe por arte y naturaleza en la condición humana”.

[*Otros}– Molinos de agua (La Laguna, Tenerife)

31 Octubre, 2008

Melchor Padilla

El concejal del grupo socialista de La Laguna, Yeray Rodríguez, presentó el pasado 11 de septiembre una propuesta al pleno del Ayuntamiento sobre el estudio de la situación y posible rehabilitación de los antiguos molinos de agua sitos en el Barranco de la Carnicería.

Con esta propuesta dio a conocer a muchos laguneros la existencia de los restos de los dos molinos que se conservan en la margen derecha del mismo barranco, uno en el barrio de El Timple y el otro en el de La Verdellada. Sólo podemos contemplar hoy en día la obra de mamposteria del cubo de los dos molinos, que forman parte de un pasado tradicional asociado a la utilización del agua como fuerza motriz para la molienda de cereales, sobre todo para fabricar gofio.

molinoverdellada1

Uno de los molinos de agua de La Laguna, en el barrio de La Verdellada.

Los molinos de agua, tan abundantes que dieron nombre a una calle de la ciudad, comenzaron a utilizarse en La Laguna desde su fundación. Abreu Galindo afirmó en el siglo XVII que «tendrá la laguna un cuarto de legua en redondo, poco más; tiene el desaguadero (barranco) que va a la mar, en el cual muelen diez molinos y muelen cuando llueve, poco o mucho tiempo…»

Un molino estaba formado en primer lugar por el acueducto, canal o acequia que conducía el agua a los depósitos acumuladores o cubos. Inicialmente eran de madera pero la escasez de ésta a partir del siglo XVIII hizo que se fabricaran de piedra y mortero de cal. Con los mismos materiales se elaboraba también el cubo, que tenía por objeto servir de depósito acumulador. Por diferencia de alturas entre la entrada y salida del agua, producía la potencia suficiente para mover las ruedas hidráulicas. Por último, en el salón del molino se encontraba la máquina que mediante dos piedras, una fija y otra móvil, molía el grano.

El agua pasaba por varios molinos y proporcionaba la energía necesaria para triturar el trigo. Luego seguía bajando y era aprovechada en los lavaderos y abrevaderos, para finalmente destinarse al riego

Para conocer cómo eran estos molinos podemos trasladarnos a otros lugares de la isla en los que todavía permanecen algunos en mejor estado de conservación. Aunque quedan ejemplos en Arafo y en Icod, es en Güímar y sobre todo en La Orotava donde podemos apreciar la complejidad de aquellas obras hechas para la molienda del alimento básico de la población canaria.

Chacaica2

En Güímar el conjunto de molinos más importante se encuentra en el barrio de San Pedro de Arriba, en el lugar conocido como Chacaica (en la imagen de la izuierda). Allí hay tres: el de Arriba, o Trasmuros, el del Medio y el de Abajo, cuyo cubo está formado por varios cilindros superpuestos y decrecientes en diámetro, fabricados en mampostería, con una forma semejante a un cono escalonado.

El Molino de Arriba sólo conserva el cubo por cuyo interior bajaba el agua, mientras que los otros dos molinos mantienen esta pieza y una parte de la canalización que conducía el agua hasta la misma, sostenida por una arquería de medio punto.

El Molino de Abajo muestra huellas de una reciente restauración por parte de su propietario. Por debajo de éste se encuentra una fuente con cinco caños y unos lavaderos. El agua proveniente de otro molino situado más arriba, el de La Menora, se canalizaba por una atarjea hasta el primer molino, donde movía las palas de la rueda.

A continuación salía hacia el segundo, en el que se repetía el proceso para acto seguido continuar hasta el tercer molino. Luego, esa misma agua seguía hasta la fuente para su utilidad pública y a los lavaderos situados más abajo. Por fin, unas tanquillas permitían a los cañeros distribuir el agua para riego. Como puede apreciarse, se trataba de un uso muy racional de un bien que siempre ha sido muy escaso en las islas.

En La Orotava (arriba, a la izquierda, el interior de uno de sus molinos) se aprovechaban los caudales de Aguamansa, que se canalizaban a través de una acequia de madera que atravesaba el núcleo urbano de sur a norte para finalizar en aljibes que permitían el riego de las tierras situadas por debajo de la ciudad. A lo largo de la misma se sucedieron hasta trece molinos de agua de los que, en la actualidad, sólo se conservan diez en mayor o menor grado de conservación.

De éstos sólo funcionan dos: el de Chano (conocido como Molino de Arriba) y La Máquina (conocido como Molino de Abajo).

molinoorotava

Desde La Piedad hasta la casa de Lercaro se suceden uno tras otro siguiendo una línea imaginaria por la que en su momento discurría la acequia que cruzaba calles e incluso atravesaba casas. También, como en Güímar, había abrevaderos para el ganado y lavaderos. Los molinos de La Orotava dejaron de ser movidos por la fuerza hidraúlica desde los años sesenta del pasado siglo, pues el agua comenzó a distribuirse por cañerías y dejó de correr por las atarjeas.

Los molinos han llegado hasta nuestros días en bastante buen estado de conservación. Pero como dice el profesor Manuel Hernández González en su interesante trabajo «La evolución histórica de los molinos de agua de La Orotava», se ha hecho muy poco hasta la fecha para recuperarlos. Pone además como ejemplo la actuación realizada en el municipio de Firgas (Las Palmas), donde se ha restaurado completamente el molino allí existente y se ha puesto en funcionamiento de la manera tradicional.

Tanto en Güímar como en La Orotava o en La Laguna, los molinos de agua precisan de una actuación urgente que nos permita transmitirlos a las siguientes generaciones como parte de nuestro legado etnográfico y cultural.

En el mismo pleno de La Laguna que citábamos al principio de este artículo, se rechazó la propuesta porque la mayoría del gobierno municipal aseguró que ya está en ello. Esperemos que sea verdad.

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