[*Otros}– “Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba / Manuel de Paz: El batallón de cazadores «Palma»

“Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba (1930-1931), es un trabajo de Manuel de Paz realizado con cargo al proyecto PI1999/085, subvencionado por la Dirección General de Universidades e Investigación del Gobierno de Canarias.

Publicado en Padronel por cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote.

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Selección de textos de Tierra Canaria (La Habana, marzo de 1930 a julio de 1931).

Incluimos en este anexo una colección de textos representativos de la revista isleña de Cuba, donde pueden apreciarse elementos sustantivos de su línea editorial. La inmensa mayoría de estos trabajos son debidos a la pluma de su jefe de redacción, Tomas Capote Pérez, aunque se incluyen, como antes se dijo, algunas colaboraciones de Antonio Pino Pérez, igualmente útiles para analizar la vertiente nacionalista de Tierra Canaria.

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El batallón de cazadores «Palma»

Arroyo Apolo

Hace años ya que los gobernantes españoles, en vista de la impotencia bélica que representaba para la defensa de Canarias y por ende para la de España, el sostenimiento en el Archipiélago de un número crecido de tropas, decidió trasladar a la Península, como al fin lo hizo, los batallones «Gomera y Hierro», «Lanzarote», «Fuerteventura» y «Palma», dejando, en lugar de ellos y en las capitales de las islas menores, pequeños destacamentos de soldados.

De momento, alegando motivos y razones económicas y de otra índole, las más altas representaciones del pueblo canario, se dirigieron a los gobernantes españoles para pedirles reintegrasen a las islas sus batallones. El Gobierno, no cejó ni un ápice a las demandas que se le hacían, pues había fundamentado inteligentemente su proceder, teniendo en cuenta que las islas, en caso de guerrear España con cualquier potencia, serían perdidas irremisiblemente para la Corona (¡digámoslo de algún modo!) pues España, con su pobre escuadra, no podría evitar que la bloqueasen, ni sostener en ellas el ejército que de artillería convenientemente se necesitaría.

 

Además, la experiencia universal ha demostrado que no pasan de ser una fanfarronería pueril los alardes bélicos de esos pueblos pequeños, armados hasta lo increíble, que en los instantes aciagos de la guerra son fatalmente víctimas del poder de los grandes o de la tiranía comprensible de los fuertes, a pesar de sus ejércitos disciplinados y de sus barcos de guerra y todo.

Canarias perdió en definitiva los batallones de las islas menores, quedando sólo defendida por los regimientos de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas. Sin embargo, nosotros pensamos que todavía a Canarias le sobra ejército: le sobran los Regimientos de Santa Cruz y Las Palmas. Si calificamos de inteligente la medida de aquellos gobernantes que se llevaron a España el malestar de nuestros batallones, no vacilaríamos en calificar de sabia la que nos privase de los regimientos parasitarios, que decoran nuestras bellas capitales atentando contra las libertades públicas.

Es preciso que se nos libre de la pesadilla odiosa del Ejército y que se nos exima del servicio militar obligatorio. Los canarios, por naturaleza, no amamos los formulismos estériles de la guerra y lo más probable es que nunca habremos de necesitar de las enseñanzas desconsoladoras del cuartel. Los canarios nos indisciplinamos en ellos porque somos individualistas y rebeldes y dignos. Los canarios sentimos aversión hacia España, cuando la miramos a través del alentar corrupto de su Ejército.

No está muy lejos en el tiempo el pronunciamiento revolucionario de Jaca contra la Monarquía enferma que padece España. La primera unidad del ejército que se levantó en armas contra ella, fue el Batallón de Cazadores Palma n° 22, en el que la inmensa mayoría de sus oficiales y la totalidad de sus clases eran canarios: Canarios que, trasplantados a la tierra donde la Pilarica dijo «que no quería ser francesa», siguieron reverenciando allí en lo más recóndito de sus almas, las altaneras rebeldías de su tierra y las arrogancias viriles de sus antepasados.

Ellos fueron de los primeros que se bautizaron con sangre de redenci6n en el desfiladero de Ayerbe, mientras Franco rubricaba el espacio libre y virgen, con el prodigio estupefaciente de su maravillosa águila increíble. Ya en los aires es España republicana. Vuela, águila, vuela. Lleva hasta los más apartados y tenebrosos lugares la buena nueva. Sírvele águila de consuelo a las víctimas de Annual, Monte Arruit y Nador. Y cuando pases por Canarias detén tu vuelo un instante para que digas a las madres canarias cómo mueren sus hijos en defensa de la libertad. Sus hijos que nacieron libres y vivieron libres, se esfuerzan valientemente por morir libres también. Cuando los canarios ofrendaban sus vidas por las libertades americanas, actuaban inspirados por el mismo amor que cuando se enfrentaron con los esquiroles de Alfonso, el Rey, en aquel conato de revolución del que debió surgir definitivamente la España republicana.

Los héroes de Jaca, que escribieron con sus vidas la primera página de la nueva España, se agigantarán en la historia como las primeras víctimas inmoladas en el altar de la Patria por los esbirros de una Monarquía aristocrática que no tiene raz6n de existir.

España, privada durante largos años de libertades individuales, respira ahora por sus poros protestas, revueltas, proclamas, rebeliones y descontento. Necesita, para vivir su verdadera vida, de libertades que no tiene. Pesa sobre ella la mole granítica de un Reinado que ha venido a poner de actualidad los versos de Bernardo López García, cuando el dijo a España «No has tenido más
verdugo que el peso de tu Corona».

Si tenía ya razón el poeta hace más de un siglo, ¡cuánta raz6n no tendrá hoy! A España le sucede igual con la Monarquía que al Palacio Real de Madrid con las estatuas de los reyes godos que estaban colocadas encima de él: que si no se las quitan hace ya tiempo hubiesen acabado por aplastarlo. Y aún con haberlas sacado hace muchos años, no se pudo evitar que lo resquebrajasen por algunos sitios.

A pesar de todo, el Rey (S.M.) sigue defendiendo obstinadamente su herencia y el pomposo título que ostenta (según reza en las monedas oficiales), por «obra y gracia de Dios». En su concepto, el pronunciamiento revolucionario de Jaca será probablemente una rebelión de sediciosos, o la protesta de un grupo de descontentos, pero para nosotros, que también tenemos derecho a emitir un juicio, es el primer toque de atención que se da para la gran fiesta nacional que habrá de celebrarse muy en breve.

No somos amantes de la revolución, ni gozamos ante el espectáculo sangriento de una lucha fratricida, pero pensamos que a veces son tan viejos y tan grandes los males que padece España, que se impone, con la fuerza indomable de las necesidades, la revoluci6n por la sagrada conquista de los derechos violados, y la guerra sin cuartel para el entronización fraternal de la Igualdad.

Unos soldados canarios, que amaban la libertad más que a sus propias vidas, contribuyeron a cimentar con sus rebeldías el esplendor divino de una nueva España. Que no fallen nuestras actividades, nuestros esfuerzos y nuestro amor en la edificación maravillosa de la España republicana que a pasos agigantados se va adentrando en el corazón del pueblo.

La Habana, Enero 24 de 1931.

[*Otros}– “Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba / Manuel de Paz: Un pueblo ultrajado

“Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba (1930-1931), es un trabajo de Manuel de Paz realizado con cargo al proyecto PI1999/085, subvencionado por la Dirección General de Universidades e Investigación del Gobierno de Canarias.

Publicado en Padronel por cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote.

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Selección de textos de Tierra Canaria (La Habana, marzo de 1930 a julio de 1931).

Incluimos en este anexo una colección de textos representativos de la revista isleña de Cuba, donde pueden apreciarse elementos sustantivos de su línea editorial. La inmensa mayoría de estos trabajos son debidos a la pluma de su jefe de redacción, Tomas Capote Pérez, aunque se incluyen, como antes se dijo, algunas colaboraciones de Antonio Pino Pérez,

igualmente útiles para analizar la vertiente nacionalista de Tierra Canaria.

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Un pueblo ultrajado

Tomás Capote

El 25 de noviembre pasado fue objeto la bella capital tinerfeña de los más inicuos atropellos, por parte de los representantes del Gobierno que padecemos en aquel pedazo de nuestra patria.

Un justo movimiento de protesta del pueblo de Santa Cruz de Tenerife por la supresión de la escala de vapores de la Trasatlántica

Española en aquel puerto, originó el lamentable acontecimiento. Un gobernador salvaje, perfecto hijo del mandarín hispano, dio órdenes terminantes de disolver la manifestación, que se dirigía al Gobierno Civil a exponer razonadas quejas por el despojo que se acababa de hacer al pueblo.

 

De pronto aparece en escena ese cuerpo, odiado de todos los canarios, que se llama la Guardia Civil, tristemente celebre desde las inolvidables hazañas de El Molino, que llenaron de luto y de espanto a la floreciente ciudad de Las Palmas. La Benemérita,

auxiliada por el Cuerpo de Seguridad, ametralló furiosamente al pueblo en las calles de la capital, sin respetar ni a las mujeres ni a los niños, obediente a la torpe consigna, dejando sobre el pavimento un muerto y gran numero de heridos, la sangre de cuyas víctimas jamás se borrará en el recuerdo de los tinerfeños, quedando allí como un borrón para España y como una manifiesta denuncia de la incapacidad y del error de los hombres que la desgobiernan.

Es así como los esbirros del Gobierno español corresponden a la hospitalidad e hidalguía de un pueblo noble, sufrido y generoso. Es así como se quiere imponer el amor a una bandera y el respeto a una corona, cuyo peso gravita sobre nuestras peñas con cinco centurias de ostracismo y de dolor.

Cuando aún nuestras hermanas, Lanzarote y Fuerteventura, elevan suplicantes sus gritos angustiosos por la sed a que se les tiene condenadas, en tierra tinerfeña los rifles de la Monarquía atraviesan a balazos a nuestros indefensos compatriotas sólo por el delito enorme de pedir una reparación para sus derechos atropellados.

El 25 de noviembre de 1930 se grabará en la Historia de Canarias como un imperecedero crespón de luto; pero pasará también al través de todos los tiempos como un resonante grito de rebeldía isleña cuyos ecos repercutirán en las oquedades de aquellos barrancos y de aquellos riscos como un desesperado anhelo de justicia y de liberación.

El pueblo tinerfeño supo ocupar su debido puesto en ese día aciago que comentamos, y buena prueba de ello la dio en imponente  manifestación integrada por más de treinta mil almas, que recorrió las calles santacruceras levantando cívicamente su voz y enfrentándose con la Guardia Civil, esa guardia terriblemente trágica, la imagen de cuyos tricornios aún llevamos en nuestra mente como una horrible y escalofriante pesadilla, a pesar de nuestros veintidós años de ausencia de la tierra guanche.

Todo buen canario debe meditar sobre estos acontecimientos insólitos, no tan sólo para pedir el castigo merecido a esos criminales atentados y para ese gobernador civil, mil veces maldecido, sino también para vislumbrar en el porvenir el alcance de estos sucesos, heraldos quizás de una nueva aurora para el Archipiélago Canario.

TIERRA CANARIA se une profundamente al pesar que embarga en estos momentos al pueblo tinerfeño, y al mismo tiempo consigna su más enérgica y viril protesta por el ultraje a la noble patria de Tinguaro.

La Habana, Enero de 1931.

[*Otros}– “Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba / Manuel de Paz: Las islas desventuradas

“Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba (1930-1931), es un trabajo de Manuel de Paz realizado con cargo al proyecto PI1999/085, subvencionado por la Dirección General de Universidades e Investigación del Gobierno de Canarias.

Publicado en Padronel por cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote.

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Selección de textos de Tierra Canaria (La Habana, marzo de 1930 a julio de 1931).

Incluimos en este anexo una colección de textos representativos de la revista isleña de Cuba, donde pueden apreciarse elementos sustantivos de su línea editorial. La inmensa mayoría de estos trabajos son debidos a la pluma de su jefe de redacción, Tomas Capote Pérez, aunque se incluyen, como antes se dijo, algunas colaboraciones de Antonio Pino Pérez, igualmente útiles para analizar la vertiente nacionalista de Tierra Canaria.

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Las islas desventuradas

Tomás Capote

Lanzarote, Fuerteventura: He aquí dos pedazos de la tierra canaria, a la que la ironía de los hombres denomina “Afortunadas». Tal vez allá, en edades pretéritas de la Atlántida, cuando formaban parte del delicioso jardín que producía los frutos áureos, tan codiciados por el dios Heracles, pudieran haber disfrutado de sin igual y paradisíaca ventura, pero desde que el caballero normando Juan de Bethencourt, en nombre de Enrique III de Castilla, clavó su bandera de conquista en sus arenosas y dilatadas playas, parece que las últimas Hespérides huyeron despavoridas llevándose las pocas manzanas de oro que abandonó en su célebre robo el hijo de Júpiter.

 

La historia no cuenta si la bota de los soldados castellanos, al hollar la sagrada tierra de los guanches, cegó también sus cantarinas fuentes de transparente linfa, que mantenían el perenne verdor de aquellos campos. ¡Quizá fuera la maldición de los dioses guanchinescos espantados ante el crimen y el despojo de aquellos conquistadores!

Lo que si no deja lugar a dudas es que desde ese momento histórico las ínsulas de Fuerteventura y Lanzarote fueron marchitándose poco a poco, desapareciendo sus hermosas selvas, cubriéndose con un manto de dolor y de muerte, como si sobre ellas hubieran pasado, escalofriantes y exterminadores, los jinetes del Apocalipsis.

Tal es la visión que ellas ofrecen en la actualidad. La crisis que están atravesando estas islas hermanas es verdaderamente trágica. Su grito de angustia y desesperación llega en vano a los gobiernos españoles que nunca se han ocupado de estas «Afortunadas» sin fortuna. El hambre y la miseria pasean su cortejo de espectros sobre aquellas islas por las largas y pertinaces sequías que están agostando sus campos, los cuales ya no producen trigo, el principal o casi túnico alimento de los pobres hogares canarios.

En Fuerteventura hay pueblos enteros que no tienen una gota de agua; es necesario traerla de otras islas, pero como no hay un servicio organizado eficiente, la llegada del ansiado líquido sufre las consiguientes demoras y las funestas consecuencias que esto trae consigo. La pipa de agua se esta pagando a cinco y a seis pesetas, precio exorbitante para las familias necesitadas.

Vense por los caminos grupos de mujeres y niños hambrientos implorando un poco de gofio y un cántaro de agua. El poco ganado que queda, los bueyes, tan apreciados por el agricultor canario para el laboreo de sus predios, se está muriendo por la sed y la falta de pastos. Como no llueve y los campos no se riegan es inútil arrojar simientes a los surcos. Nuestros paisanos interrogan sin respuesta a la inclemencia del cielo y al corazón de los hombres.

Han dirigido también su mirada más allá del horizonte de aquel rumoroso mar isleño… «Emigrar hacia America». Pero este recurso no resolvería su desesperada situación. América, como todos los países, sufre la espantosa crisis del trabajo. Ya es sabido hasta donde influye funestamente en nuestro Archipiélago la crisis económica del Nuevo Mundo.

Alguien, indocumentado, desconocedor de las vitales palpitaciones de nuestras islas, pudiera argüir que cuanto consignamos en estas líneas está tocado de exageración. Pero no, no es así. La prensa canaria que tenemos ante nuestros ojos, y que leemos con frecuencia, nos relata las más alarmantes noticias sobre dichas islas. Recientemente, en la Asamblea de Sociedades Canarias de Cuba, se dio a conocer una carta del Alcalde de Arrecife, donde se comunica oficialmente la angustiosa situación de aquellos compatriotas, suplicando a la vez un poco de caridad a los canarios de esta República.

La Asociación Canaria de Buenos Aires, más sensible y más alerta que nosotros ante este clamor isleño, se apresuró a enviar una considerable cantidad de toneladas de maíz que convertidas en gofio contribuirán a calmar el hambre de aquellos pobres conterráneos.

Los isleños de Cuba permanecemos sordos todavía a los quejidos de nuestras islas sedientas. Parece que se ha extinguido en nosotros la poca sangre guanche que circula en nuestras venas. Asombra contemplar la indiferencia con que la Colonia Canaria de Cuba observa estos problemas de su tierra. Es preciso que miremos con más afecto hacia nuestro Archipiélago, si es que con orgullo nos sentimos canarios. Hay que mantener levantada nuestra viril protesta contra los gobiernos españoles, los únicos culpables del hambre y de la sed que padecen Fuerteventura y Lanzarote.

El mal pudiera remediarse acometiendo las obras públicas de urgencia, como embalses, alumbramiento de aguas subterráneas, embarcaderos, carreteras y otras también apremiantes. Hace muchos años que la prensa canaria pide a viva voz el comienzo de estas obras, pero el gobierno de Madrid no hace caso, no lo ha hecho nunca.

Es más doloroso todavía ver políticos isleños ocupando altos puestos en el gobierno —como, por ejemplo, Leopoldo Matos, Ministro de Fomento; Ricardo Benítez de Lugo, Subsecretario de la Presidencia del Consejo de Ministros; y otros también de alta significación en la Villa y Corte— que no han interpuesto sus valiosas influencias para mejorar la precaria situación de aquellas rocas, fragmentos de la tierra donde nacieron. ¡Y, sin embargo, nuestros compatriotas continúan dándoles sus votos en lugar de relegarlos a la maldición eterna!

Cuando surgen estos problemas, cuando el pueblo sufre hondamente, cuando no se atienden sus quejas desesperadas, sus gritos de hambre y de dolor, prolongados años tras años, amenazando lo más íntimo de su existencia, no puede causar asombro entonces que ese pueblo reniegue mil veces de la bandera que lo cobija, porque se puede ser muy español y muy adicto a los reales fueros de la Corona, pero, por encima de todas las coronas y muy por arriba de todas las banderas, está nuestro derecho a la vida, y poner obstáculos a ese legitimo derecho es abrir plenamente el camino hacia todas las rebeldías.

Canarios de Lanzarote y Fuerteventura, náufragos de la miseria sobre las peñas estériles de la patria, víctimas eternas de todos los gobiernos hispanos y de todas las injusticias: ¡de esta América libre, donde se prepara una nueva generación isleña, surgirá en no lejano día la radiosa aurora que hará fecundos vuestros campos desolados y abrirá las entrañas de vuestras rocas para que de ellas brote el manantial prodigioso que colmará de flores y de frutos vuestra bendita, mil veces bendita, tierra guanchinesca!

La Habana, Octubre de 1930.

[*Otros}– “Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba / Manuel de Paz: Por la mujer canaria

“Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba (1930-1931), es un trabajo de Manuel de Paz realizado con cargo al proyecto PI1999/085, subvencionado por la Dirección General de Universidades e Investigación del Gobierno de Canarias.

Publicado en Padronel por cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote.

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Selección de textos de Tierra Canaria (La Habana, marzo de 1930 a julio de 1931)

Incluimos en este anexo una colección de textos representativos de la revista isleña de Cuba, donde pueden apreciarse elementos sustantivos de su línea editorial. La inmensa mayoría de estos trabajos son debidos a la pluma de su jefe de redacción, Tomas Capote Pérez, aunque se incluyen, como antes se dijo, algunas colaboraciones de Antonio Pino Pérez,

igualmente útiles para analizar la vertiente nacionalista de Tierra Canaria.

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Por la mujer canaria

Tomás Capote

En la última Asamblea de Representantes de la Asociación Canaria de esta capital, celebrada recientemente, tratose con amplitud sobre el ingreso de la mujer en sus filas sociales, y al efecto se nombro una comisión para estudiar la forma que conduzca a esa plausible finalidad.

 

En el ánimo de la mayoría social de esa entidad palpita desde hace tiempo tan feliz idea, y todo parece indicar que muy en breve la veremos realizada.

La mujer canaria de Cuba está necesitada de protección. Sus hermanos han levantado en las alturas de Arroyo Apolo un magnifico y confortable sanatorio, con todos los adelantos de la Ciencia, verdadero orgullo de nuestra Colonia, pero sus puertas permanecen cerradas para la mujer.

Los canarios de Cuba jamás se han ocupado de estos asuntos, pero sólo lo han hecho por apatía, por abulia, mal de la raza. Mas, los tiempos han cambiado; otra nueva aurora ilumina al mundo. Es otro el estado de progreso en que vivimos, y una ley biológica incontrovertible nos impulsa a la adaptación del medio ambiente.

No hemos venido a América tan sólo en busca del vellocino áurico; es imprescindible que aportemos a nuestra tierra algo más de unas miserables monedas. Nuestra patria, formada por aquellas siete peñas, o mejor dicho, diez1 (para no incurrir en las lamentables inexactitudes de los geógrafos iberos), está pidiendo a gritos una cooperación por nuestra parte, más eficaz para su progreso y bienestar.

¿Cuál ha sido el aporte mental de los canarios de Cuba a la tierra en que nacieron? ¿Se conoce, por casualidad, alguna escuela, algún libro, alguna obra práctica donde los canarios de América hayan patentizado su interés y su amor hacia aquel Archipiélago? ¿Qué nexo cultural une a la Asociación Canaria de La Habana, para citar la más importantes, con aquellas lejanas rocas? La contestación tiene indefectiblemente que sonrojarnos.

Hay, y han habido, sí, canarios ilustres y destacados en este Nuevo Mundo, que sobresalieron por su fama y sus hechos, pero sólo para bien exclusivo de estas tierras colombinas y nunca en beneficio directo hacia su país. Este abandono del canario para las cosas de su suelo, y sobre todo de aquéllos que están más obligados a prestarles su contribuci6n mental, es empeño suicida que está ocasionando grandes perjuicios a las Islas Afortunadas. Recordemos que casi la mitad de los habitantes de Canarias emigran a este continente y entonces comprenderemos mejor el por qué de ese peligro.

¡Canarios todos de Cuba!, volvamos la vista a nuestro Archipiélago. Hagamos algo por aquellas peñas. Ocupémonos ahora de la mujer canaria que, resignada en las adversidades de la emigración, está en Cuba desamparada de los suyos, sin escuelas, sin una institución que la oriente y la proteja.

Esa mujer, sufrida, abnegada, fuerte de cuerpo y de alma, requiere todo nuestro cuidado. De su seno fecundo tiene que salir la futura sociedad canaria, sana y vigorosa, que ha de trazar nuevas y más felices rutas al porvenir isleño.

La mujer canaria sabrá enseñar a sus hijos desde la cuna, arrullada con su dulce «arrorró», grandes y luminosos ideales, todo por la tierra y para la tierra isleña.

Mujeres canarias de Cuba, ¡no debéis silenciar más tiempo! Levantad vuestra voz unánime ante vuestros paisanos indiferentes y olvidadizos. Exigid vuestro derecho. Llamad a las puertas de la Asociación Canaria, y de todas las entidades isleñas de esta República, para que se os abran plenamente, pero pedid, sobre todo, escuelas y más escuelas donde vuestros hijos reciban el saludable pan de la enseñanza, típico germen liberador de vuestra patria y de todas las patrias.

La Habana, Julio de 1930.

(1) El original indica tres, pero se trata de un error, frecuente en la prensa por la rapidez en la composición y edición de periódicos y revistas. Lo más probable es que Tomás Capote quisiera mencionar, con la categoría de islas, a La Graciosa, Isla de lobos, y Alegranza o, tal vez, Montaña Clara, islotes pertenecientes a Fuerteventura y Lanzarote. De ahí que se mencione la cifra de diez sin contar, en todo caso, Roque del Este y Roque del Oeste, del denominado Archipiélago Chinijo.

[*Otros}– “Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba / Manuel de Paz: Nuestra protesta ante España

“Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba (1930-1931), es un trabajo de Manuel de Paz realizado con cargo al proyecto PI1999/085, subvencionado por la Dirección General de Universidades e Investigación del Gobierno de Canarias.

Publicado en Padronel por cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote.

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Selección de textos de Tierra Canaria (La Habana, marzo de 1930 a julio de 1931).

Incluimos en este anexo una colección de textos representativos de la revista isleña de Cuba, donde pueden apreciarse elementos sustantivos de su línea editorial. La inmensa mayoría de estos trabajos son debidos a la pluma de su jefe de redacción, Tomas Capote Pérez, aunque se incluyen, como antes se dijo, algunas colaboraciones de Antonio Pino Pérez,

igualmente útiles para analizar la vertiente nacionalista de Tierra Canaria.

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Nuestra protesta ante España

Tomás Capote

Las Islas Canarias acaban de recibir una grave ofensa del Gobierno español. En un convenio oficial celebrado con las Compañías Navieras, han sido excluidos nuestros coterráneos indigentes de los medios pasajes a que tienen derecho en su parte proporcional para poder restituirse a la tierra nativa.

Son los canarios los únicos españoles preteridos en ese singular convenio. Silenciar nuestra protesta frente a un hecho tan inaudito sería un atentado a nuestros sentimientos isleños. Es ya la hora de levantar nuestro clamor unánime ante la indiferencia y ante la torpeza de los mayordomos del Archipiélago Canario, de los que aún consideran a nuestras Islas como un presidio político, o como unos pobres peñascos hacia los cuales no merece la pena que dirijan su mirada los lacayos de Su Majestad.

TC-3007

Los hombres de España continúan desconociéndonos, moral y materialmente, ignorando muchas veces que ocupamos un lugar en el planeta. No de otra manera se explica que el Director del Instituto Cartográfico de Madrid haya hecho omisi6n de las Islas Canarias en el mapa del territorio español —según él, de una rigurosa "exactitud topográfica"— con que no hace mucho obsequiara al Ilustre Ayuntamiento de la Villa y Corte, y cuyo mapa, y relieve, ha sido instalado en el Paseo del Retiro de la mencionada capital.

Por el mismo motivo se comprende también que en las recientes Exposiciones de Sevilla y Barcelona se exhibieran sendos mapas oficiales de España y posesiones, sin incluir a las Islas Afortunadas, y que en el propio Ministerio de Economía Nacional de Madrid, exista además otro mapa mural donde se cometen los mismos imperdonables errores.

Es más extraño todavía que mientras España nos ignora, sean tan conocidas nuestras Islas en Inglaterra, Francia, Alemania y América Latina, hasta el punto de que estas naciones envíen con bastante frecuencia muchos de sus grandes hombres para estudiar nuestro clima, nuestras bellezas, nuestra geología o nuestra excelente situaci6n en el cruce de las líneas atlánticas.

No debe sorprendernos, en este orden de consideraciones, el que la Dirección General de Emigración se haya olvidado de nuestra existencia en el injusto convenio a que nos referimos. La forma improcedente con que es tratado el emigrante canario por los gobiernos de la Madre Patria ha culminado ya en el límite extremo. El caso, que conmueve actualmente a toda nuestra colonia de Cuba, refleja con perfiles precisos la chatura mental de aquellos gobernantes, y el concepto que de nosotros se han formado.

Todas ]as sociedades isleñas de esta República, reunidas ha pocos días en asamblea memorable, expusieron sus razonadas quejas, las que textualmente se remitieron a Madrid por conducto de la Embajada Española. Fue aprobada también, en su totalidad y en el mismo acto, la moción del Ateneo Canario de Cuba pidiendo fueran retirados nuestros representantes ante la Junta Consular de La Habana en justa represalia a la ofensa inferida.

El Comité de Sociedades Canarias, que con tan plausible acierto interviene en este asunto, está recibiendo innumerables adhesiones de todas partes, lo cual justifica el cívico empeño de la campaña emprendida. Más de cien mil canarios en Cuba se sienten lastimados por el odioso pacto convenido con las Compañías Navieras donde se nos elimina de manera tan bochornosa.

Vaya, pues, nuestro grito de alarma a todos los ámbitos del Archipiélago donde hemos nacido, y conjuntamente hagámoslo llegar a los actuales herederos de la Dictadura claudicante, pero que este grito sea no para implorar, sino para exigir con energía la reivindicación de nuestros compatriotas atropellados.

Y si el gobierno de España persistiera en su error, si no quisiera escucharnos, nosotros, los canarios de Cuba, aconsejaríamos a la Madre Patria que con ese derecho que nos ha negado se lleve también la bandera, porque de nada sirve un pabellón, por muy alto que se enarbole, si a su sombra no pueden ampararse los sagrados fueros de sus súbditos.

La Habana, Julio de 1930.

[*Otros}– “Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba / Manuel de Paz: La patria de los andariegos y Las dos emigraciones

“Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba (1930-1931), es un trabajo de Manuel de Paz realizado con cargo al proyecto PI1999/085, subvencionado por la Dirección General de Universidades e Investigación del Gobierno de Canarias.

Publicado en Padronel por cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote.

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Selección de textos de Tierra Canaria (La Habana, marzo de 1930 a julio de 1931).

Incluimos en este anexo una colección de textos representativos de la revista isleña de Cuba, donde pueden apreciarse elementos sustantivos de su línea editorial. La inmensa mayoría de estos trabajos son debidos a la pluma de su jefe de redacción, Tomas Capote Pérez, aunque se incluyen, como antes se dijo, algunas colaboraciones de Antonio Pino Pérez, igualmente útiles para analizar la vertiente nacionalista de Tierra Canaria.

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La patria de los andariegos

Antonio Pino Pérez

Aunque la bandera roja y gualda haya ondeado sobre nuestras conciencias libres y la Corona de un Reinado siga pesando sobre nuestras rebeldías de siempre, y las órdenes sacerdotales hayan obscurecido con sus misterios la clarividencia de nuestras rutas ciertas, los canarios no hemos sido, ni somos españoles.

 

(Antonio Pino Pérez, 1930)

Si el Sahara nos ha confundido con la fiebre poderosa de su aliento en los días crueles del estío, y la situación geográfica nos ha defendido con las cercanías sedientas que nos imploran, y la indolencia de nuestras vidas nos ha confundido juntamente con los hombres broncíneos del desierto, tampoco somos africanos, los vecinos blancos de los morabitas.

Es cierto que sintiendo junto a los americanos la democracia de sus libertades inéditas y asimilando la savia pujante de sus juventudes nos hemos sentido renacer, creciendo alborozados sobre sus campos vírgenes, pero no por eso los canarios americanizados nos podemos considerar americanos.

Nunca tuvimos una Patria grande que plenamente nos abarcase, ni nos podría filiar en una nación determinada, porque no hay pueblo que se identifique con el nuestro, ni símbolos nacionales que nos resuman, ni ambiciones raciales que nos satisfagan.

Los canarios, ante todo y sobre todo, somos canarios, aunque nuestras islas no sean suficientes para retenernos, lo bastante para completarnos, y lo suficiente grandes y pobladas para acallar nuestros anhelos de universalidad. Nacimos sobre aquellos eternos y accidentados relieves submarinos, que como oasis benditos emergen del vasto desierto de los mares, y pertenecemos al mundo en que nos adentramos sin saber por qué, buscando con desconsuelo en el alma la fragante realización de un sueño.

 

No cabe dudar que los canarios no tenemos una Patria definitiva, una Patria inmutable, una Patria histórica que nos aprisione con su pasado y nos oriente impelidos entre las brumas de lo venidero.

Nacimos en aquellas Islas, como nacen los pájaros en el calor de sus nidos, y tan pronto nuestros anhelos tienen fortaleza bastante, nos lanzamos al azar de los espacios, ambiciosos de volar bajo todos los cielos, junto a todos los climas. Y trabajamos con ardor inextinguible en los trópicos, nos quedamos por siempre en la inclemencia de las regiones frías, o nos paseamos de un continente a otro dentro de la consistencia frágil de un velero.

La Patria de los canarios no es España, ni América, ni África, ni siquiera las Islas. La Patria común de los canarios, la Patria imposible que nos identifica a todos en un sentimiento único, es el mar. El mar nuestro, que haciendo temblar los acantilados graníticos que inmutables defienden nuestras costas, se arrastra luego vencido por las arenas conmovidas de nuestras playas. El mar «sonoro» que fragmentó con salvaje furia el concierto insular para arrullar mejor sus intimidades besándolas más hondo.

El mar que custodió las tumbas de nuestros marinos y nos sirvió de ruta a los emigrantes. El mar que miramos con pesadumbre desde los relieves bien acusados del Archipiélago, haciéndonos concebir «un más allá» risueño. El mar que cantaron nuestros grandes poetas, sintiendo el estrépito solemne de sus rompientes y el ritmo inquietante de sus olas. El mar que amó Tomás Morales —ingenuo, musical y dulce— y frente al cual el poeta niño sintió deseos de partir un día.

Yo quisiera ir a bordo de esos grandes navíos
de costados enormes y estupendo avanzar,
que dejan en las nubes sus penachos sombríos
y una estela solemne sobre el azul del mar.

Ese mar que con su canto de sirenas nos atrae para hacer que nos sintamos argonautas. Las continuadas turbulencias de un batallar perenne con que nos llama desde niños, cual una tentación irrefutable. Sus planicies movedizas que ciñen coronas de espumas al cerco recortado de las Islas. Como para patentizarnos sus amores, y el aliento salobre de su respiración imposible con que supo acallar nuestras ansias, son los perfumes, los gestos y las caricias viriles que recibimos de nuestra Patria incierta, de nuestra Patria inmensa, el mar.

Habrá siempre canarios de Las Palmas y de Tenerife y de Lanzarote. Tendremos los de una Isla costumbres distintas de los de otra. Y nos distinguiremos entre si, cada día más, por el modo de hablar, por los vestuarios, por los cantos populares, por la manera de alimentarnos y hasta por el temperamento o el color de la piel, si se quiere, pero siempre seremos unos —inseparables y compenetrados— ante la invitación ensordecida de los mares y ante la promesa esperanzada de partir y la ilusión esplendorosa de llegar.

Desde el vértice ideal de tres continentes nos hemos aventurado en todas direcciones y hacia todos los vientos, sobre las ondas gigantescas del Atlántico. Caballeros de ensueños, nos paseamos por la redondez de la Tierra en Antequera y Bobadilla, y desde entonces acá, seguimos paseándonos por el alboroto de los mares sin parar, siempre adelante, llevando en nuestras almas el poético recuerdo de las islitas y una vaga añoranza de volver.

Fueron tan vagas nuestras ansias de retornar que casi siempre nos quedamos en lejanas tierras, amándolas como propias y defendiéndolas como legítimas. ¿Es que sentimos un amor universal, más allá de las fronteras y de las razas, o es que amamos tanto a nuestras islitas que lejos de ellas, sintiendo sed de amores, amamos lo extraño como si fuera propio?

No sé. Lo cierto, por real, es que los canarios, voluntariamente expatriados por el mundo, parecemos no tener patria, como los judíos, pero cuán contrarias han sido nuestras suertes. Los judíos, condenados por una maldición bíblica a no tener patria, han sido perseguidos y expoliados en todos los lugares en que estuvieron. Raza maldecida, no sé por qué razones, ha sido expulsada de las naciones y víctima de la saña incalculable de los pueblos más apartados. ¿Será porque los muertos mandan —como dijo Blasco— o porque estáis malditos «perros judíos», o porque sois perversos y ruines, hijos desheredados de la Madre Tierra?

Los canarios huyen voluntariamente de su tierra por la herida franca de sus puertos, y no siempre vuelven al solar nativo para darle esplendor con sus vidas. Se quedan lejos, porque lejos suelen ser queridos y hasta esperados. Lejos rinden su tributo honrado al trabajo incesante de todos sus días. Lejos aman la bandera protectora que los cobija, junto a los campos agradecidos que les devuelven sus fatigas en flores. Lejos adoran a las mujeres que embellecen la tierra que fecundan. Lejos adoptan las costumbres que los rodean, y lejos, en ultimo análisis, se hacen nativos de los lugares adonde fueron, con la preciosa pretensión de ser libres. Son así.

Que sus esposas, sus madres, sus hijas y sus hermanas lloren, eso es lo inevitable. Ellos seguirán confiando a lo desconocido el futuro de su suerte… Partir siempre; retornar,… iquién sabe! El mar nos llama, nos grita, nos fascina, nos exige partir, y nosotros no sabemos desoírlo, ni podemos prescindir de escucharlo. Sus olas vienen y van con atropello incesante. También nuestras vidas van y vienen sin tregua. Un día nos alejamos confiados para acercarnos otro radiante —flujo y reflujo—. Pensativos y tristes nos vamos para sentirnos alegres en nuestro regreso triunfal —bajamar, plenamar—. Nos agitamos en la pobreza como leones —tempestades—. Reímos vencedores cuando regresamos con el fruto de nuestras juventudes metalizadas —bonanza—. Y nunca satisfechos, ni felices, persisten nuestras almas incomprensibles, en un ir y venir estéril e impotente, como el de los mares, exactamente igual al de los mares.

La mar ha mecido nuestras cunas, ha cantado nuestras victorias y guardará celosa nuestras sepulturas. La mar es música en los corazones henchidos de los canarios andariegos, es llanto inconsolable que fluye por los ojos de una mujer canaria, y es vida con designios secretos en lo impenetrable de nuestras almas.

La mar azul, intensamente azul que riza hoy entre mis islas su plácida superficie, hasta lo increíble, como queriéndonos simular una sonrisa de felicidad, es el mismo mar que mañana, agitado por las tempestades, ruge y brama y desespera y crece hasta convertirse en montañas hercúleas de agua que luego se deshacen en truenos para convertirse en rosas.

Serviste de inspiración a los artistas afortunados que agradecidos te encarcelaron en lienzos imperecederos y te hicieron hablar en poemas geniales. Quién sabe si algún día, ioh, mar!, sintiéndote como nadie te ha sentido, sean los canarios artistas los que descifren el enigma de tus secretos arcanos, lo recóndito de tus misterios sagrados, y lo codiciado de los tesoros que avaro escondes.

Se oculta en tu seno hirviente la ignorada tumba de Tanausú, el ídolo desventurado de Acerina y el último cachorro de los guanches que al ser arrancado, por la traición indigna de unos conquistadores aventureros, de su reino impenetrable de Aceró, para ser llevado a España como trofeo glorioso, se suicidó con el hambre antes de perder de vista los perfiles altivos de su  Benahoare, sin la que no quería ya vivir. ¡Y era un salvaje! Arrúllalo, mar santo de mi tierra, en su tumba de olvido. Fue el último de los menceyes libres. Desde entonces acá hemos gemido tanto…

Y cuando las naciones hayan desaparecido ya, y las razas por siempre hayan pasado, tu pabellón azul que arropa las costas de mi tierra con la majestad de un dios, lo seguirás aún levantando airado hacia el cielo para cantar perpetuamente al mundo las glorias profundas de una raza muerta, y las sacrosantas virtudes de un pueblo noble que ya no existe…

La Habana, 15 de Febrero de 1930.

NotaCMP.- De la prosa que hasta ahora he leído escrita por don Antonio Pino Pérez, es este artículo, “La patria de los andariegos”, lo que más mella me ha hecho porque para mí ha sido un alivio descubrir que alguien mucho más capacitado que yo describiera, años antes de que yo naciera, lesa condición de  apátridas de los canarios, algo que entiendo bien porque me toca de cerca.

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Las dos emigraciones

Antonio Pino Pérez
Cabaiguán, Abril de 1930.

[*Otros}– “Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba / Manuel de Paz: Editorial. Orientaciones

“Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba (1930-1931), es un trabajo de Manuel de Paz realizado con cargo al proyecto PI1999/085, subvencionado por la Dirección General de Universidades e Investigación del Gobierno de Canarias.

Publicado en Padronel por cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote.

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Selección de textos de Tierra Canaria (La Habana, marzo de 1930 a julio de 1931)

Incluimos en este anexo una colección de textos representativos de la revista isleña de Cuba, donde pueden apreciarse elementos sustantivos de su línea editorial. La inmensa mayoría de estos trabajos son debidos a la pluma de su jefe de redacción, Tomas Capote Pérez, aunque se incluyen, como antes se dijo, algunas colaboraciones de Antonio Pino Pérez,

igualmente útiles para analizar la vertiente nacionalista de Tierra Canaria.

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Editorial. Orientaciones

Al iniciar la marcha por este nuevo camino abierto a la prensa canaria de Cuba, ávidos de explorar otros horizontes, rompiendo con la rutina y el quietismo imperantes, digamos de una vez cuál es la pauta ideológica de esta novel publicación isleña.

Empecemos trazando estos conceptos básicos, haciéndolos tremolar en alto como bandera de combate: «De la confraternidad de todos los canarios de América, de la comprensión de nuestros problemas insulares, de la labor encaminada al desarrollo cultural de los nuestros, dependerá en parte principalísima el bienestar de las Islas Afortunadas».

 

Pueblo el nuestro, genuinamente emigrante, desde la magna epopeya del Descubrimiento, nuestra mirada siempre ha estado fija en estas tierras seductoras y magnéticas del Nuevo Mundo. Empinados sobre las rocas nativas, atento el espíritu juvenil a la narración de estos países pródigos, llenos de savia y de sol, vimos un día cómo se alejaban de nuestras playas, rumbo a Occidente, intrépidos bajeles portadores de vigorosos argonautas isleños.

Nuestros abuelos abrieron surcos y fundaron pueblos a lo largo de todo el continente, y no satisfechos con esta noble misión, ofrendaron también su sangre en las contiendas de la libertad, ejercieron la sagrada función del apostolado entre los aborígenes, levantaron innumerables escuelas, y su verbo docente brilló en las universidades americanas.

La historia de los isleños en la conquista y desarrollo de América no es lo suficientemente conocida, aún por aquéllos que están en la obligación de divulgarla.

El pueblo canario tiene hondas raigambres en estos países. Desde el momento histórico en que Colón perdió de vista la Isla del Hierro en su primer y glorioso viaje, el destino de las Islas Canarias quedó íntimamente vinculado a estas hermosas tierras, como si un puente ideal, abierto sobre el Atlántico, marcara para aquellas peñas la nueva y fecunda ruta de su porvenir.

Últimamente el «Plus Ultra» de la mágica hazaña de Franco, levantando su vuelo en una de las rocas afortunadas, rubricó en los aires un luminoso sendero de esperanzas, donde las Canarias continúan ocupando el prominente lugar que la Historia les destinase…

Cruce obligado, para las rutas de tres continentes, Europa, África y América, nuestro Archipiélago está llamado a grandes transformaciones materiales y culturales, cuya benéfica influencia ya estamos sintiendo, pero la magnitud de cuyo porvenir no somos capaces de precisar.

He aquí las poderosas razones que nos obligan a levantar la voz desde las columnas de TIERRA CANARIA, invitando a todos los nuestros a la mutua colaboraci6n en pro de la patria común.

La acción de los canarios en América, en Cuba principalmente, donde radica su núcleo más numeroso, desarrollándose en virtud de las mejores directrices, sacudiendo la abulia que nos consume, luchando con el analfabetismo de los inmigrantes, en una palabra, haciendo obra cultural y progresiva y enfocada esta acción hacia los riscos de nuestro archipiélago, habrá de darnos, embellecido y remozado, el porvenir de la sociedad isleña…

TIERRA CANARIA sale a la luz con este propósito firme de superación, y saluda a la prensa cubana y a la canaria, y a todos los conterráneos de buena voluntad deseosos de su engrandecimiento, pero saluda especialmente a la juventud isleña de Cuba, cuya viva mentalidad, templada en los grandes ideales de Martí, es campo propicio para esta campaña renovadora.

La Habana, Febrero de MCMXXX.

[*Otros}– “Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba / Manuel de Paz: Principales contenidos de la revista

“Tierra Canaria”, o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba (1930-1931), es un trabajo de Manuel de Paz realizado con cargo al proyecto PI1999/085, subvencionado por la Dirección General de Universidades e Investigación del Gobierno de Canarias.

Publicado en Padronel por cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote.

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Principales contenidos de la revista

 

Tierra Canaria, como la mayoría de las publicaciones de su género a partir de la edición de El Guanche, no pudo superar su segundo año de vida. Su primer número alcanzó las 32 páginas, incluidas las cuatro que inicialmente dedicaba a publicidad, y finalizó con 28, con una merma muy considerable de anuncios, principal sustento de la revista.

Bien presentada y de buena factura, la revista se iniciaba con la editorial e incluía una serie de secciones fijas, como la relativa a la explicación de la portada, las noticias de la Asociación y de la colonia canaria de Cuba, los ecos sociales y las crónicas de todas y cada una de las Islas, a las que se unían diferentes trabajos de colaboración, como los referidos a la realidad migratoria, aspectos económicos de interés para los inmigrantes cubanos,

colaboraciones históricas y literarias, las primeras para destacar sobre todo la importancia de los canarios en la Perla de las Antillas, así como otras noticias y artículos de contenido diverso.

 

Especial mención merecen varias colaboraciones, aparte de las que reproducimos en nuestra selección documental, como los trabajos de José E. Perdomo sobre el problema inmigratorio, y también acerca de la cuestión tabaquera; las crónicas de la guerra de Independencia, donde se destacó la presencia de los isleños en las filas del ejército mambí, que corrían a cargo del capitán del Ejército Libertador, Ángel E. Rosende (Mayía); el discurso «Los canarios en la fundación y desarrollo de la ciudad de Matanzas» que pronunció, en el Teatro Sauto de la capital yumurina, el 3 de noviembre de 1929, el presbítero Ramón de Diego, al objeto de conmemorar la fundación de la ciudad por treinta familias oriundas de Canarias, y que dedicó al Dr. Capote Pérez; algunas colaboraciones de Luis F. Gómez Wangüemert sobre la autonomía del archipiélago y sobre figuras ilustres de las Islas; y, entre otras, unos textos sobre «Hijas de Canarias», una agrupación femenina ligada a la Asociación Canaria de Cuba que comenzó a dar muestras de buen hacer por parte del hasta entonces olvidado sexo débil en el contexto de la sociabilidad isleña en Cuba.

Convendría realzar, en este sentido, y como natural complemento a los textos que reproducimos a continuación, algunas referencias a las colaboraciones de carácter económico, entre las que constituye un ejemplo digno de especial mención el ensayo de José E. Perdomo sobre «El problema de las rentas de las fincas tabacaleras», del que extractamos los siguientes párrafos que, pese a su extensión, merecen ser destacados por su importancia histórica en relación con un sector tan significativo, en aquella época, como el constituido por los vegueros isleños de la amplia comarca central de Cuba:

«Uno de los más serios problemas que afectan a nuestros vegueros es, sin duda, el de las rentas. La cantidad anual que por caballería de terreno tienen que abonar nuestros campesinos es la mayoría de las veces exagerada si se la compara con el producto que de su labor obtienen. Y por sobre esto viene el abusivo cobro que se les hace de la llamada «acción del sitio».

En la zona tabacalera conocida con el nombre de «Remedios», que comprende toda la provincia de Santa Clara y parte de la de Camagüey, que últimamente se le ha agregado, existen tres distintas clases de vegueros, a saber: los que labran tierras propias; los que las trabajan a «partido» —esto es, dando la tercera o la cuarta (parte) del producto al dueño o arrendatario principal de la finca—; y un tercer grupo formado por pequeños arrendatarios y subarrendatarios.

En esta clasificación que hemos hecho, tomando como norma la forma en que cada cual posee la finca que trabaja, los más expuestos a quebrantos son los pequeños arrendatarios y los subarrendatarios. El que tiene un pedazo de tierra de su propiedad sabe que aquello es suyo y que cuanto haga por mejorarlo equivale a un aporte al aumento de su capital. Pueden venirle años malos, pero si trabaja con método y con inteligencia y hace una vida económica, las situaciones adversas no le afectan tan profundamente como a los que figuran en los dos restantes grupos a que nos hemos referido.

Los «tercedarios o «cuartadarios» llevan sus posibilidades unidas a los dueños o arrendatarios principales, y éstos tienen que ayudarles en la preparación de la cosecha, cuyo resultado se divide en las correspondientes partes proporcionales. De esta manera unos y otros participan tanto de las ganancias como de las pérdidas. Desde luego que en estas condiciones, cuando hay utilidades, quien más se beneficia es el principal, y cuando los años son malos, el que mayor perjuicio recibe es el que está a «partido», porque siendo generalmente pobre, su crédito se resiente y apenas puede cubrir sus más perentorias necesidades.

Finalmente llegamos al grupo do los pequeños arrendatarios o subarrendatarios, subdivididos en esta forma según tengan la tierra arrendada directamente de los propietarios, o la hayan tomado de personas o entidades que las posean en arrendamiento.

Es costumbre, en el último caso, que hecho el arrendamiento de unas cuantas caballerías de tierra se parcelen en lotes que la mayoría de las veces son de media, tres cuartos o una caballería, y éstas se subarrienden por periodos que, por regla general, no exceden de cuatro o cinco años. Existe también la forma que ellos llaman año por año.

Al firmar el contrato que lo ha de poner en posesi6n temporal de uno de dichos lotes, debe el veguero abonar lo que se ha designado en el nombre de «acción del sitio», y que es una cantidad aparte del importe anual de la renta fijada. Al vencer el periodo por el cual se hizo el subarrendamiento, tiene el campesino, si quiere continuar con el lote, que abonar por segunda vez otra cantidad por la «acción’. En estos casos sucede que muchas veces tiene que pagar bienhechurías que ha realizado de su peculio particular, porque han tenido buen cuidado de incluirle en el contrato una cláusula especificando que «todas las bienhechurías que realicen serán por su cuenta y quedarán a favor de la finca al vencimiento del contrato». Así sucede que a veces el subarrendatario que ha realizado alguna mejora en su «sitio», se perjudica a la postre en vez de beneficiarse.

Es inútil que se hable de modernizar la vivienda del campesino y mejorar sus métodos de vida. Para que estas iniciativas tengan éxito hay previamente que darle frente a problemas como éste de que nos estamos ocupando. Si los dueños de fincas no humanizan más sus procedimientos, el humilde y típico «bohío criollo’, no podrá en manera alguna ser sustituido por viviendas higiénicas y confortables. Todo cuanto se diga en pro de este cambio será utópico si no se apoya en una legislación que abarque el problema en toda su importante amplitud.

Esa zona de Remedios, donde el resultado de las cosechas depende única y exclusivamente de las condiciones climatológicas; donde no existen regadíos; donde no se utiliza el abono; donde es la madre Naturaleza la única que con su mano poderosa indica si el campesino ha de recoger el fruto de sus esfuerzos y sus desvelos o los ha de ver perdidos at final del año, merece que se le ayude a hacer mas segura la existencia de su laboriosa población rural.

En los años malos llegan estos hombres a vivir situaciones verdaderamente difíciles. La «libranza” que se les entrega en pago de sus tabacos apenas alcanza para cubrir la mitad de lo que deben en la bodega del pueblo por los efectos tomados para la manutención de la familia y efectivo para las atenciones de la vega. Este efectivo se facilita con exorbitantes intereses. En muchas ocasiones, después de un año de luchas y fatigas, no le queda al veguero ni siquiera la cantidad necesaria para saldar sus deudas con el médico, la botica y la tienda de ropa; probablemente su cuenta en la bodega ha quedado también con un saldo deudor.

Sólo en los casos en que las fincas son explotadas por sus dueños pueden aprovecharse por entero los beneficios de esta propaganda de mejoramiento agrícola. En los otros se encuentra el valladar que oponen los grandes terratenientes, para quienes lo único que tiene un vital interés es recibir anualmente en sus residencias confortables de la ciudad el importe de la

renta de sus tierras, donde nuestra sufrida población campesina, a costa de sacrificios sin cuento, reúne los dineros que le servirán para poder vivir un año más, lleno quizás, como el anterior, de zozobras y de privaciones».

En este contexto, pues, el autor del artículo solicitaba de las autoridades del país —a quienes, por otra parte, no escatima algunos guiños de alabanza pese a la rudeza de la dictadura de Machado— una ley de aparcería que protegiese a los menos pudientes del desamparo en que se encontraban en determinadas ocasiones. Una norma, en fin, que les liberase definitivamente de «ese ominoso garrote que se intenta disimular con el nombre de acción del sitio».

 

Las entregas relativas al desarrollo de la sociabilidad femenina en Cuba, especialmente en la capital, deben tratarse también con cierta dedicación puesto que nos revelan el desarrollo alcanzado por este importantísimo sector de la migración canaria en la Perla del Caribe, aspecto por demás escasamente estudiado pese a la enorme importancia de la mujer para transmitir, en el seno de estos grupos inmigrados, la herencia cultural de la tierra de origen, en especial si tenemos presente que, como ha escrito Dolores Guerra López, la presencia de descendientes de isleños —segunda y tercera generación— alcanzó, al parecer, a más del cincuenta por ciento del colectivo asociado en sus organizaciones comunitarias.

Según el editorial de Tierra Canaria suscrito, como todos, por su redactor jefe Tomás Capote y correspondiente a agosto de 1930, en la última Asamblea de Representantes de la Asociación Canaria se había tratado, con amplitud, sobre el «ingreso de la mujer en sus filas sociales», nombrándose al efecto una comisión para estudiar la viabilidad del asunto, puesto que requería una reforma del Reglamento de la entidad.

El diligente redactor de la revista isleña se felicitaba por el probable éxito de una iniciativa que, desde hacía al menos una década, había sido puesta sobre el tapete por su paisano Luis Felipe Gómez Wangüemert, y clamaba a favor de la participación femenina en las organizaciones de la comunidad inmigrada, invitándolas a exigir, sobre todo, centros de enseñanza que permitiesen aumentar el nivel cultural de los isleños de ambas orillas.

Las gestiones realizadas por el grupo más progresista de la colonia Canaria de Cuba no tardaron en convertirse en realidad, al menos parcialmente. El 26 de enero de 1931 la junta directiva de la Asociación «Hijas de Canarias», tributó una visita a su homónima de la Asociación Canaria en la nueva sede de esta última, el Palacio Villalba de la capital cubana. La doctora Juana Rodríguez Cruz de Blanco, presidenta de la agrupación femenina, expresó su agradecimiento a los dirigentes del centro canario, en particular a su presidente el señor León y, asimismo, a Luis F. Gómez Wangüemert, presidente de la sección de propaganda de la Asociación Canaria, quien también intervino en el acto para agradecer las referencias a su apoyo y entusiasmo en pos de los ideales de la nueva agrupación femenina.

Con posterioridad, la presidenta de «Hijas de Canarias» hizo público un lamamiento a favor de la sociabilidad femenina en Cuba, indicando que no desmayaría en sus esfuerzos, e invitando a participar en el proyecto a las mujeres canarias y cubanas, tanto descendientes de las Islas como no.

El 22 de febrero Rodríguez Cruz, acompañada de otras damas de la junta directiva, visitó la Casa de Salud de la Asociación Canaria «Nuestra Señora de la Candelaria», donde fue presentada por el administrador de Tierra Canaria, el ya citado Justo A. Alfonso Carrillo, al director y al administrador del centro de salud canario, el Dr. Gustavo G. Duplessis y Joaquín de la Cruz, respectivamente. En presencia, además, de otros miembros del cuerpo médico de la Quinta Canaria se discutió, y se resolvió favorablemente, la posibilidad de que las asociadas de «Hijas de Canarias» se beneficiasen de los servicios médicos de la Asociación Canaria, previo pago de una cuota mínima y hasta que la agrupación femenina pudiese contar con sus propios servicios sanitarios.

En una intervención posterior de la presidenta de «Hijas de Canarias», como parte de la campaña periodística promovida por la agrupación femenina en estos primeros momentos de su existencia, se puso de relieve el creciente desarrollo de la asociación femenina y se insistió en el mensaje de la nueva entidad, abierta a las mujeres canarias y a las mujeres cubanas como una fórmula de mejorar la condición femenina. «Debo decir también que las mujeres cubanas, comprendiendo nuestros ideales e identificadas con nosotras, ya que es ésta una obra organizada por mujeres y para mujeres, se nos han unido con el mayor entusiasmo; en nuestras listas hay muchas, muchas cubanas, y si he dicho que multitud de canarias laboran, no lo hacen con menos amor las cubanas».

La organización femenina, que comenzaba a expandirse por todo el territorio de la República, tenía entre sus proyectos no sólo la erección del ya mencionado centro de salud sino, asimismo, la creación de un plantel de enseñanza que permitiese educar y formar al sexo débil, incluida la etapa de madurez para aquellas mujeres inmigrantes y cubanas que, a causa de una vida llena de sacrificios, no habían podido beneficiarse de los gozos de la educación y la cultura.

Poco después, en el número de Tierra Canaria correspondiente a mayo de 1931, la tesorera de «Hijas de Canarias», Celestina Hernández, anunciaba triunfalmente la inauguración de la clínica de la asociación, destacando la relevancia del nuevo edificio ubicado en el reparto Lawton, que contaba no sólo con un buen plantel de facultativos sino, también, con amplias y ventiladas dependencias, farmacia y otros departamentos sanitarios.

El Sanatorio de «Hijas de Canarias», situado en Luyanó, Aguilera, entre Cárdenas y Batista, en un edificio de porte neoclásico ubicado en un soto bellamente ajardinado, fue dirigido por el doctor palmero Miguel Pérez Camacho, según se destacó con abundante alarde tipográfico tanto en la propia revista como en otras publicaciones locales. Llamó la atención el esfuerzo del colectivo femenino en aquellos momentos especialmente difíciles, a consecuencia del impacto de la crisis de 1929, y quizás por ello su labor mereció todos los parabienes.