[*Otros}– De la historia de La Palma: En Santa Cruz de La Palma tomó posesión el primer Ayuntamiento elegido democráticamente en España

Publicado en «La Revista de Canarias», que circuló en los años 80.

Cortesía de José Quirantes González, quien conserva un ejemplar de esta revista.

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Santa Cruz de La Palma , 02 de enero de 1773

Han tomado posesión de sus cargos los regidores electos del ayuntamiento de la capital palmera, primero de los que se constituyen por elección en toda España.

Con este acto se pone fin a un conten­cioso entre los representantes de los intereses populares y los regidores perpe­tuos que no quisieron, en ningún momen­to, perder las prebendas que el antiguo ré­gimen les confería.

Los intentos de boico­tear el proceso de selección de electores, las descalificaciones y venganzas perso­nales, han envuelto este procedimiento largo en el que, al fin, ha triunfado la razón y ha brillado el derecho, según Ambrosio Staford, nuevo Sindico Personero.

Anselmo Pérez de Brito

En la mente de cuantos aplaudieron la constitución del nuevo Concejo estaba la figura de Anselmo Pérez de Brito, el letra­do que llevó el contencioso en todas las instancias, encarcelado por orden de los militares y castigado a un severo régimen en el Castillo de Santa Catalina.

Pérez de Brito, nacido en el Barrio de Juan Adalid, en Garaf ía, vivió acogido en la casa del or­ganista Tomás Reje, y tras sus primeros estudios en los dominicos viajó a Sevilla para cursar la carrera de leyes.

“Nada más tener noticia de la Real Cé­dula de Carlos III que daba entrada en los Ayuntamientos a unas nuevas figuras administrativas en representación popular, se reunió con distintos ciudadanos de probado mérito y que tenían con él coincidencia en la necesidad de cambiar el go­bierno de la ciudad, para postular a los pri­meros representantes», nos dijo Dionisio O’Daly, amigo del letrado muerto y Síndi­co Personero en la segunda elección, que fue abortada, como la primera, por los regi­dores perpetuos que alegaron en este caso la condición de extranjero de O’Daly.

«La primera impugnación que realizaron los nobles —continúa O’Daly— fue la pos­tulación de Juan Jacinto de Silva, alegan­do que el nuevo cargo era incompatible con su condición de Administrador de las Reales Rentas del Tabaco. A la tercera fue la vencida: el pueblo ya tiene sus re­presentantes y el gran valedor de este de­recho fue el licenciado Anselmo Pérez de Brito, el primer abogado de Canarias que recurre ante el Consejo Supremo un fallo de la Real Audiencia de Canarias».

Pérez de Brito, fallecido hace poco más de cuatro meses, cuando sólo conta­ba cuarenta y cuatro años de edad, no pudo ver su sueño cumplido. Sí vieron sus familiares la reparación oficial con la de­posición y encarcelamiento del Goberna­dor de las Armas, Manuel Ramos, que ha­bía ordenado la prisión del letrado.

«Es malo que en las cuestiones de go­bierno que competen a civiles entren los hombres de armas, que tienen otra fun­ción distinta y que no deben contradecir, por derecho, la voluntad del pueblo del que son defensores», dijo finalmente O’Daly momentos antes de saludar, junto a los nuevos regidores, al gentío congregado en la Plaza de España.

La nueva Corporación

La nueva Corporación municipal de Santa Cruz de La Palma se compone de los regidores Juan Jacinto de Silva, José Valcárcel Lugo Monteverde, y Santiago Aubert; el Síndico Personero, Ambrosio Staford, y los diputados Antonio Miguel de los Santos y el licenciado Tomás Abreu.

[*Otros}– Fotos de la isla de La Palma

Fotos de La Palma, excelentes por lo bellas o por su valor histórico.

El famoso Pino de la Virgen, de El Paso, cuando aún no existía la ermita. Una verdadera joya.

Creo que esta foto es de poco después de 1876, pues fue en ese año cuando se construyó lo que llaman “un pequeño oratorio” que me permito suponer que es la construcción que se ve en la foto.

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La isla de La Palma (al fondo) vista desde lo alto del Teide (Tenerife).

 

Parecen dos islas muy cerca la una de la otra, pero es sólo La Palma que en su centro es más baja. Me pregunto si será por la falla geográfica que algunos geólogos relacionan con su hundimiento, y consiguiente tsunami, en caso de erupción volcánica.

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Zona de tajinastes, planta que se da en las zonas altas de la isla de La Palma.

 

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Tajinastes en flor, en las cumbres del borde noreste de La Caldera, sobre Puntallana (La Palma)..

 

 

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Cortesía de Roberto González Rodríguez.

[*Otros}– Ermita de San Francisco Javier (S/C de La Palma), una historia olvidada

03-12-2009

José G. Rodríguez Escudero

La ermita fue construida por orden del sargento mayor José de Arce y Roja, Regidor Perpetuo de La Palma, sobre una superficie de 102,83 m2, con “licencia del Diocesano (Obispo don Bartolomé García Ximénez) y expedida en Santa Cruz de Tenerife el 26 de febrero de 1674”.

José de Arce dotó la expresada ermita por escritura de 3 de abril de dicho año, ante el escribano público Andrés de Chaves. Esta capilla, citada por Cámara y Murga en sus “Sinodales” y edificada en el ala sur de su casa, fue bendecida por el Lcdo. Juan Pinto de Guisla, Beneficiado de la Parroquia de El Salvador y Visitador General de la Isla.

El inmueble, sito en la antigua Calle Real del Puerto —hoy, O’Daly, número 4— fue recibido a partir de su suegro, Juan González de Lima. Éste, a su vez, lo había adquirido a la viuda del Regidor Mateo González en 1645.

Jaime Pérez García, cronista oficial de la capital palmera, nos informa detalladamente acerca de este inmueble. Tiene la particularidad de ser la única casa en toda esta bella calle que luce una magnífica cantería roja. En su fachada actual se aprecia que ha sufrido modificaciones, y lo que realmente suscita un mayor interés es la ventana que se sitúa en el eje de la puerta (colocada a la izquierda de la casa); el vano es adintelado, teniendo a sus lados dos estrechas y largas pilastras cajeadas que rematan en la cornisa, recogidas en su parte inferior por una repisa con moldura que recuerda un capitel jónico.

La historia de la casa se remonta aún más atrás en el tiempo, cuando María Estacia, viuda de Mateo González Mano de Oro, viéndose en una gran penuria económica decide vender varias “casas sobradas que yo tengo en esta ciudad de Santa Cruz de La Palma en la calle real que va al puerto«. Autorizada la venta del inmueble por el Licenciado Juan de la Hoya, Teniente General de La Palma, se pregonó públicamente en la plaza de la ciudad, comprándola finalmente el mejor postor. Éste fue el nombrado Juan González de Lima, mercader portugués afincado en la capital palmera. Después la entregaría en una dote a su hija María por un valor que ascendía a 40.000 reales.

El motivo de la fundación del oratorio fue el de una promesa realizada por José de Arce y Rojas con motivo de “haber sido bendecido por el cielo con los dos hijos” que “aunque habían dejado la compañía de sus padres, se habían entrado en la de Jesús”. Así procuraron convertir almas para Dios en el Paraguay, motivo por el que había dispuesto una viva devoción al Apóstol de las Indias, cuya imagen había llegado a sus manos ”en hechura muy devota”. “Y viendo que había causado en esta ciudad mucha devoción, se había inflamado su deseo de su aumento”. Teniendo en cuenta que San Francisco Javier fue uno de los primeros discípulos de San Ignacio que misionó en la India y el Japón, y al que se considera el conversor de unos tres millones de paganos, no cabe duda de que don José quería un Santo milagroso que fuera un buen ejemplo para sus hijos. Uno de sus vástagos, el Venerable Fray José, pasaría a la historia por haber sufrido martirio con el nombre de “Apóstol del Paraguay”.

Tras la muerte del patriarca José de Arce y Rojas se distribuyeron sus bienes entre sus hijos: los Padres Fray Juan y Fray José, religiosos de la Compañía de Jesús; Baltasar, dominico; y Luis José, quien ocupó la regiduría de su padre y el patronato de la ermita. Su repentina muerte ocurrió el 11 de abril de 1684 y fue enterrado en ella. La ermita, cercana al puerto, era muy conocida, como se desprende de los escritos de Cristóbal del Hoyo, marqués de San Andrés.

El jefe de la familia había gozado del privilegio de tener puerta de comunicación con la iglesia y de abrir tribuna para poder oír misa desde su casa, por autorización del Nuncio de Su Santidad de fecha 17 de abril de 1677, no sin antes requerir, para su ejecución, un arduo trámite. Actualmente se puede admirar en la Sociedad “La Cosmológica” de la capital la reja de filigrana calada y barroca de dicha tribuna. Obra de buena talla se sostiene sobre dos canes antropocéfalos y está segmentada en dos órdenes de cuarterones.

Don José de Arce había dotado a la ermita, para su sostenimiento, de 1.000 reales que producían unos 50 de rédito anual, según consta en la escritura de compromiso que pasó ante el escribano Andrés de Chávez en 1674.

La ermita empezó a funcionar el 8 de noviembre de 1674. Una vez bendecida y dicha la primera misa, se concede licencia para que cualquier sacerdote pueda hacer uso de ella.

Los Padres Juan y José de Arce habían renunciado a sus legítimas a favor del Provincial de Castilla de la Compañía de Jesús, y sus bienes se destinaron para el Colegio de San Ambrosio de Valladolid. Estas legítimas ascendían a 250 pesos de 8 reales.

El alcalde constitucional Lorenzo Rodríguez desmiente la creencia muy arraigada en la ciudad. Se creía que, tanto esta ermita como la casa contigua habían pertenecido a los jesuitas, donde estuvieron establecidos. Hubo una confusión a través del tiempo ya que la casa fue heredada por Luis de Arce y Rojas, quien vivió con su esposa doña Catalina Montañés hasta la muerte de ambos.

En el testamento de fecha 3 de mayo de 1706 dejaban ambas fábricas a la Compañía de Jesús y se abriese un Colegio de la Orden, en caso de que “los Superiores quisiesen establecer su Sociedad en esta población, la cual no llegó a establecerse.” Este Colegio se había de sustentar con las rentas de los bienes cedidos y se prescribía que “en caso de que los jesuitas no aceptasen, se mantuviese un maestro que enseñase a los niños de la población; la administración, en este caso, correría a cargo del párroco de El Salvador”. Los jesuitas no pudieron aceptar la fundación y así se pagó el maestro hasta que en el siglo XIX pasó a manos del Estado.

Hasta nuestros días ha llegado un proyecto de uno de sus últimos dueños, Cipriano Duque Batista, de fecha 28 de septiembre de 1905, donde hace mención de que la ermita tenía en su fachada una puerta con arco de medio punto, balcón y espadaña para una campana; a los lados del balcón dos pequeños huecos también en arco de medio punto.

Presidía el altar una bella imagen de tamaño natural del Santo navarro, Evangelizador de Las Indias, que don José de Arce hizo traer de Sevilla y que ocupaba la hornacina central del retablo. Se trata de una bella imagen de buena factura. Antes se ubicaba en un nicho de madera forrado de damasquillo. Hoy se encuentra en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán de esta ciudad. “San Francisco Javier”, cuya onomástica es el 3 de diciembre, es obra del círculo de Pedro Roldán (1624-1699), cuya poderosa personalidad dominó la escultura sevillana del último tercio del siglo XVII. Hay quién incluso ha visto semejanzas en su rostro con la obra de Salzillo.

Siguiendo con la iconografía del Santo Apóstol del Oriente, se le representa con el hábito de la Congregación y con una cruz con un Cristo perfectamente tallado que alza en la mano izquierda. Es curioso cómo el artista esculpió el dedo índice de esa mano, doblado, sugiriendo tal vez una doble funcionalidad: por un lado ayuda a sujetar enérgicamente el crucifijo, por otro, sin embargo, parece acariciar los pies de Jesús.

Viste interiormente una larga sotana oscura adornada con motivos dorados la cual se cubre con un alba blanca o sobrepelliz (del latín superpellicium) de anchas mangas. Se trata de una larga vestidura litúrgica de tela fina blanca de pliegues separados y rectilíneos que llega hasta las rodillas del Santo y que habitualmente llevaban el sacerdote, el diácono y otros ministros, en la misa y en otras ceremonias. De gran realismo, presenta la mano derecha extendida hacia el espectador en actitud de plegaria. Estamos ante un caso de talla que no sigue con su iconografía habitual, donde se le representa, bien con esclavina de peregrino o cuello blanco doblado, o el bordón en la mano. Tampoco lleva la estola de predicador. Tuvo una de plata que fue fundida. En el Inventario de 1674 se dice que existe “Vna Ymagen de talla de cuerpo entero de San francº Xavier con sobrepelliz y estola = Vn Crucifixo que tiene enla mano del santo con tres potencias deoro…” En el del 14 de diciembre de 1700: “Una Imagen detalla de cuerpo entero con sobrepelliz y estola de san Francº Xavier dorada y estofada

 

La cruz la lleva, como dijimos, en la izquierda, no como es habitual en los misioneros o evangelizadores, que es común en la derecha. No aparece ningún cangrejo o crustáceo en recuerdo de una anécdota portentosa de su vida. Tampoco abre la sotana a la altura de su pecho para dejar paso al ardiente fuego de su corazón apostólico, como observamos en la talla policromada de “San Francisco Javier” de la Catedral de Cádiz. No aparece el indio arrodillado a sus pies o el niño que ha resucitado, ni curando al leproso, ni bautizando… temas todos relacionados con sus grandes milagros que tanto han gustado a los imagineros y artistas en general. La presentación de este Santo es idéntica a la del cuadro que se ubica en la hornacina colateral del Evangelio de la ermita de La Luz de la capital palmera, aunque en esta ocasión sí aparece la estola sobre el alba.

Lleva el pelo corto negro, color también de su tupida barba y bigote por donde se entrevé unos labios muy rojos y unos dientes muy blancos. La boca semiabierta sugiere que el Santo navarro está orando. No en vano gira levemente su bien tallada y pequeña cabeza hacia la cruz adonde mira tímidamente con sus dos grandes ojos oscuros.

También consta que en la en la parte alta del altar de la desaparecida ermita había una pequeña talla en madera estofada y pintada con cruz y halo de plata de “San Ignacio de Loyola”. Ésta es —como certifican algunos investigadores, como Gloria Rodríguez— la imagen que se conserva actualmente en la sacristía de El Salvador (de 75 cms), cuyo valor es más devocional que artístico. Debe incluirse en la imaginería popular y se cita en El Salvador a partir de la década de 1830. También se conserva el halo de “San Ignacio”, documentado entre 1789 y 1794. Como nos informa Gloria Rodríguez, se trata de “una bella pieza de plata con forma de media luna bordeada de perlas con decoración interior relevada de tornapuntas vegetales asimétricos y con presencia de ráfagas continuas, por lo que podemos datar esta obra de exquisita orfebrería dentro del rococó y en la segunda mitad del s. XVIII.”

En el Inventario de 1674 no se menciona esta joya. En el apartado “Cosas de plata” consta: “Vna Ymagen de talla de san Inasio de Loyola … vn Jesus de plata en la mano de san Inasio de Loyola…” Sin embargo, existía una imagen de este santo con la que se hacía fiesta en su onomástica, con procesión de la talla sobre las andas por las naves de la iglesia matriz, por lo que suponemos que se trate de la que actualmente se conserva en la sacristía de El Salvador. Otros, como Purriño y Darias, aseguran que la imagen del santo (de 83 cms.) procedente de la ermita de San Francisco Javier es la que se custodia actualmente en la sacristía de Santo Domingo de Guzmán de la capital palmera, junto con parte del remate del retablo y otras piezas. Escribano Garrido es también de la misma opinión.

 

La techumbre de la ermita se cubría con un hermoso artesonado de par y nudillo, y la pavimentación consistía en un enladrillado. A los pies del oratorio se encontraba un coro alto y una tribuna situada en la pared medianera a la casa. No tenía sacristía, pero el servicio se suplió con una puerta que comunicaba el recinto con el patio de la casa del fundador.

El fondo de donde se debería dotar a la ermita era un “censo de mil reales de principal y cincuenta de rédito en cada año”. De aquí se sustraerían los gastos habituales y las fiestas a celebrar, tales como el santo patrono con vísperas, tercia, misa, sermón y procesión (por lo que se le pagaba al beneficio cuatro ducados); también la de San Ignacio de Loyola, con misa cantada y otra en honor a la Virgen en la octava de la Natividad de María (celebrada antes de la fundación en la ermita de san Telmo, por encargo igualmente de don José de Arce). Unos multitudinarios actos debido, posiblemente, a la accesible ubicación del oratorio, en el inicio de la llamada calle Real del Puerto.

 

Los devotos también se ocupaban de los gastos de aseo ocasionados por una novena que, en honor a San Francisco, se ofrecía antes de su fiesta. En el Libro de la Ermita constaban gastos de sermones para los novenarios del mes de marzo en honor del santo, aparte de su onomástica de diciembre. Hasta 1831, por lo menos, se celebraban anualmente estos festejos con Misa solemne, sermón y procesión.

Paradójicamente, una de las razones esgrimidas para la venta del inmueble —que se unió a la renuncia de sus mayordomos y a los escasos ingresos de la fábrica— fue su situación, antes céntrica para su fábrica y ahora “situadas en lugares poco a propósito para fomentar la piedad entre los fieles”.

Inicialmente, la dotación de la capilla y los ornamentos para el culto eran muy escasos: “una piedra de Ara parda asentada en el altar”, un atril, una cruz, seis candeleros de madera, un cáliz, dos campanillas y unas vinajeras también de plata… En 1691 aparece “vna lampara de plata nueba q esta en el medio dela Yglesia”, etc. A don Luis de Arce se deben otras adquisiciones, como una lámpara de plata y unas andas de maderas.

 

Sin embargo, con la mejora de la ermita (tras la desaparición del patronato), se fueron incrementando: dos sillas de brazo; la imagen de la Virgen del Buen Consejo (de 1705 adquirida por unos 400 reales); un atril de carey, así como una cruz del mismo material; una pila de mármol (que sustituía a la antigua de piedra); una cajonera de viñátigo para la sacristía (construida entre 1687 y 1700); un espejo y una mesa grande de barbuzano; un pequeño cuadro de los “Santos Mártires”; otros diez lienzos cubrían las paredes interiores de la ermita: uno de un Crucificado (seis palmos de alto) y una Natividad (de ocho palmos) y otros cuya advocación no se nombra ; un retablo nuevo para el titular (siendo mayordomo Domingo Smalley, y finalizado en 1768); un púlpito de madera; una cruz de plata; un órgano para el coro (por un valor de 395 reales y 18 maravedís); un forro de tela para el testero de la ermita; un sagrario dorado; una puerta nueva de acceso a la sacristía… Avanzado el siglo XIX, el ajuar del recinto sacro se incrementa de muchas piezas usadas y gastadas, fruto de dádivas de vecinos y feligreses.

Lo que inicialmente iba a ser un nicho sencillo se había convertido en un auténtico retablo pintado en blanco y dorado (se habían comprado 27 libras de oro para este menester). Al centro se colocó San Francisco Javier, en el ático “Vna Ymagen de talla de nra Sª de La Concepsion hechura de indias mediana con peana” y a cada lado el resto de advocaciones, como “Vna Ymagen de talla pequeña del patriarca San Joseph y el niño de mano hechura de Yndias con peana grande dorada”. Se colocó una cruz con esmalte de nácar y el Crucificado de marfil sobre la mesa.

El empeoramiento de la situación económica de la ermita se produce cuando el patronazgo pasa al hijo Luis José de Arce y Rojas, hasta tal punto de que el 22 de febrero de 1706 solicita permiso para pedir limosnas en el transcurso de los novenarios. En la visita efectuada por el obispo Guillén, se habla de Francisco Javier de Arce y Rojas como patrono del templo; ésta fue la última vez que aparece relacionado el recinto con la familia Arce.

Más tarde el obispo Morán envía a Estanislao de Lugo, y en su visita deja constancia de que ya no existe mayordomo en la ermita. La misma quedó a expensas de limosnas u otros tributos posteriores; así, por ejemplo, el caballero Felipe Massieu se hizo cargo de los pagos entre 1811 y 1823. Los donativos en metálico no fueron importantes, aunque sí hubo varias cesiones de objetos para el culto. En la visita de 1733 se reflejan varios regalos, como dos casullas con sus juegos correspondientes, de damasco blanco, un velo de raso verde; en 1745 una azucena de plata, un velo de gasa para el nicho, una estera, etc.

El abandono en que se ve sumida la ermita durante el siglo XIX lleva a su desacralización, para dedicarla a usos profanos. Llegó a amenazar ruina. Esto unido a que el párroco de El Salvador necesitaba fondos para reponer ornamentos y realizar obras de reparación en el templo matriz, propone la venta de la ermita. En abril de 1903 el deán Palahi pide que primero se solicite a la feligresía la reposición del templo, sufragando los gastos, pero no se presenta nadie al trámite. En octubre de ese año, el obispo Redondo solicita del nuncio en Madrid el permiso para la venta del inmueble.

La ermita del Santo fue uno de los bienes eclesiásticos sobre los cuales se inició expediente en el Provisorato de la Diócesis sobre la necesidad y utilidad de su enajenación. “Fue apreciada en 5.637 pesetas 94 céntimos: 3.383 pesetas 19 céntimos por la mampostería, y 1.799 pesetas 75 céntimos por la carpintería“.

El 1 de septiembre de 1905 se procedió a su remate en la sacristía de la Parroquia de El Salvador con asistencia del Beneficiado José Puig y Codina. La obtuvo Antonio Díaz Paz con una postura de 5.680 ptas. y 4 céntimos al ser la que estaba vigente cuando el reloj público marcó la hora señalada para su finalización.

 

El nuevo propietario transformó la ermita en local comercial. El maestro de obras encargado del proyecto fue Cipriano Duque, y en 1905 éste fue aprobado por el Ayuntamiento. La fachada fue transformada completamente. La pequeña espadaña desaparece junto con todo lo demás: el vano de entrada de medio punto al centro, el balcón sobre el coro, etc. En el interior ha quedado intacto el artesonado de cuatro faldones con lacería de raíz mudéjar; se respetó el coro y las escaleras de acceso al mismo; la tribuna fue llevada a La Cosmológica; el retablo, desmantelado, fue llevado al templo de Santo Domingo de esta ciudad, aprovechando los estípites del cuerpo principal para el retablito que contiene la efigie del santo; su ático fue a parar a la sacristía de la misma iglesia; la estola de plata y el crucifijo del mismo material, con potencias de oro, fueron fundidos para la Hacienda; la imagen de la Virgen del Buen Consejo fue a parar al ex cenobio dominico; la de San José y el Niño (inventariada desde 1681) a la ermita de San Telmo; el magnífico púlpito de factura barroca podemos contemplarlo en la ermita de Santa Lucía de Puntallana.

Se guarda, en la sacristía de la Parroquia Matriz, una bella lámpara de plata cuya decoración grabada destaca motivos lisos (cintas, volutas) sobre fondos punteados, conformando tres grandes óvalos donde se inscriben las iniciales del Santo: S –F- X. Está inventariada en 1691 y la plata para hacerla está comprada desde 1687.

 

En 2005, la preciosa talla del Santo misionero se llevó especialmente a la Parroquia Matriz de El Salvador para presidir los actos en honor al Padre Arce y Rojas. Tras la solemne función religiosa, concelebrada por varios sacerdotes y presidida por el Provincial de los Jesuitas de Andalucía y Canarias, el también palmero Francisco José Ruiz Pérez, se descubrió la escultura al Padre Arce frente a la casa donde nació. Ese año cobra especial relevancia esta zona de la capital por ambos símbolos: la escultura y la antigua ermita, teniendo en cuenta que se festejaba en todo el orbe cristiano el 500 aniversario del nacimiento de San Francisco Javier. Una oportunidad única para rescatar ambas figuras del olvido de la memoria histórica de una orgullosa raza de hombres y mujeres, como lo fueron estos personajes que ahora recordamos, podría ser una procesión del Santo hasta su ermita cada 3 de diciembre y una parada con loa en la escultura del Padre José de Arce y Rojas.

La devoción a San Francisco Javier fue siempre un símbolo de predilección para la zona portuaria de Santa Cruz de La Palma.

Darias y Purriños concluían su estudio sobre el oratorio con las palabras siguientes: “Si siempre es lamentable la desaparición de una obra de arte, en este caso, aunque transformada en establecimiento comercial, la fábrica ha subsistido hasta la actualidad sin correr el mismo lamentable deterioro que otros templos desacralizados”.

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BIBLIOGRAFÍA

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• PÉREZ GARCÍA, Jaime. Casas y familias de una Ciudad Histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1995

• PÉREZ MORERA, Jesús. Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad. Cajacanarias, 2000.

• RODRÍGUEZ, Gloria. La Iglesia de El Salvador en Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1985.

[*Otros}– El origen bereber de la población Canaria

21/10/2009

Los primeros habitantes de las Islas Canarias eran bereberes. Sin embargo la colonización europea reemplazó a la población de varones y, como consecuencia de ello, los genes europeos ganaron terreno sobre los aborígenes y los subsaharianos.

Es la principal conclusión de un estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad de La Laguna que ha sido publicado en ‘BMC Evolutionary Biology’. El objetivo era determinar el origen y el grado de pervivencia en la población actual canaria. Para ello, llevaron a cabo un análisis genético molecular del cromosoma Y (transmitido sólo por varones) de la población aborigen de las Islas Canarias.

«Sabíamos que había marcadores norteafricanos pero queríamos saber en qué momento se habían producido. Si ya existían en Canarias o bien si llegaron a través de los esclavos. Hasta ahora asumíamos que la población de Canarias procedía de África del Norte pero queríamos estudiar la población aborigen», explica Rosa Fregel, investigadora del Departamento de Genética de la Universidad de La Laguna.

Asimetría sexual

Los investigadores detectaron ciertos componentes norteafricanos en la composición de la población pero había una asimetría sexual. El ADN mitocondrial es un marcador de herencia materna, y el cromosoma Y es un marcador de herencia paterna. Al comparar esos dos resultados se encontró que el componente norteafricano era mayor en los linajes maternos que en los linajes paternos. Y eso es un efecto bastante común de las conquistas: un contingente de conquistadores varones mata a los indígenas y la población se forma con conquistadores varones e indígenas hembras.

Se desconoce si los primeros habitantes de las Islas Canarias fueron llevados a la fuerza o llegaron por sus propios medios.

Los resultados de la investigación lo confirman y apuntan a un origen norteafricano para estos linajes paternos que, a diferencia de los linajes maternos, han disminuido hasta ser prácticamente reemplazados en la actualidad por linajes europeos.

Los investigadores analizaron muestras de cadáveres de la iglesia de la Concepción (Tenerife) de los siglos XVII y XVIII para establecer el impacto de la colonización europea y del tráfico de esclavos de origen africano.

Las aportaciones norteafricanas y subsaharianas predominaron durante los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, durante la colonización la mayor parte de uniones se producían entre mujeres guanches y hombres ibéricos, que gozaban de una mejor posición social. Además, la mortalidad de los aborígenes era mucho mayor.

Según Rosa Fregel, tanto los hombres como las mujeres de origen subsahariano fueron discriminados, por lo que sus genes han ido disminuyendo progresivamente tanto en los linajes paternos como en los maternos. En la actualidad, el linaje europeo en la población canaria representa más de un 90%.

El Mundo

[*Otros}– Santa Cruz de Tenerife: Setenta y cinco años del atraco al tranvía

30/Ago/09

C. Álvarez

Lo recuerdo como ahora mismo, en el año de 1948, a los siete años, me llevaron a operar de la garganta al Dr. Barajas, muy de moda en aquellos tiempos, y papá me llevó a dar un paseo en el tranvía hasta Tacoronte.

A las ocho de la noche del 1 de septiembre de 1934, el tranvía número 15 circulaba por la carretera de La Laguna cuando, a la altura de la Curva de Gracia, sufrió un atraco ya que este vehículo habitualmente era el último de la jornada y transportaba hacia la estación de La Cuesta la recaudación del día: unas 606 pesetas de la época.

 

Durante el viaje, el conductor del tranvía, Antonio Guerra, se apercibió de que los raíles tenían piedras encima y después tuvo que reducir la marcha al darse cuenta de que unas personas con la cara tapada rodeaban el vehículo y le apuntaban con las pistolas que portaban, al tiempo que le exigían que les entregara la recaudación.

Guerra les hizo caso en el acto entregándole el dinero a uno de los atracadores e intentando continuar la marcha. Pero, en ese momento, en la citada curva apareció otro tranvía, el número 13, que se había quedado averiado en La Laguna y que bajaba fuera de servicio para la estación de La Cuesta conducido por Luis García-Panasco y Toledo.

En ese momento de confusión los atracadores abrieron fuego contra los dos tranvías hiriendo mortalmente al estudiante Agustín Bernal Cubas, que iba de pasajero en el tranvía número 15, e igualmente al conductor del número 13, García-Panasco, quien también falleció.

Luego los atracadores se dieron a la fuga aprovechando la incipiente oscuridad y lo escarpado del terreno, dejando que el tranvía número 15 continuara viaje.

El conductor fallecido, Luis García-Panasco, de 34 años, vivía con su madre, Bernarda Toledo, y cinco hermanos más, en la Rambla de Pulido, y era el sustento de la familia, pues su padre, Romualdo García-Panasco y Acosta, había fallecido en 1922.

Agustín Bernal Cubas, de 19 años, estudiaba Bachillerato en La Laguna y preparaba su ingreso en Magisterio. Vivía en la calle Castro junto a su padre, Donato Bernal, y su madre, María Cubas Pérez, y un hermano, Patricio Bernal Cubas, de 18 años, futuro estudiante de Química y que siguió la carrera militar.

Se da la circunstancia de que ambos eran familiares de Isauro Abreu García-Panasco, actual vecino de Santa Cruz, quien rememora los hechos según la documentación que obra en su poder y los testimonios que ha recogido a lo largo del tiempo.

Isauro Abreu dice que su abuelo «se enteró de la noticia por la llamada que efectuó a Santa Cruz la Policía desde la casa de los Estévanez, situada en la Curva de Gracia, y desde donde se habían oído los disparos y seguido los acontecimientos del atraco».

El sepelio de las víctimas tuvo lugar el domingo día 2 de septiembre, constituyendo una gran manifestación de duelo por las trágicas circunstancias del suceso y por el ambiente de inseguridad que reinaba aquellos años, los más duros de la conflictividad laboral de la República.

La comitiva fúnebre partió desde La Laguna hasta el cementerio de San Rafael y San Roque, en Santa Cruz, del cual Isauro Abreu lamenta el actual estado «de abandono y desidia, pese a las continuas y desafortunadas promesas de políticos e instituciones en mantener este lugar como parte importante de la historia de Santa Cruz, y que continúa en el más profundo olvido de las administraciones, cuando en otros países se muestra más respeto por lugares como éste». Lo cierto es que se desconoce dónde están enterradas las dos víctimas de este atraco.

Durante el trayecto, los féretros fueron acompañados por quince tranvías, guaguas de transporte público, taxis y miles de personas junto al gobernador civil, los alcaldes de Santa Cruz y La Laguna, y otras autoridades. Los periódicos de la época se hicieron eco de los actos, de los juicios que se celebraron en la Audiencia y de las sentencias de los encausados.

Tragedia para la historia

Abreu García Panasco dice también: «Muchos años después contaba mi abuela Teresa Pérez de la Rosa, quien también vivía en la Rambla de Pulido, que frente a su casa existía una ciudadela llamada El Convoy y que estando moribundo uno de sus moradores la mandó a llamar para decirle que él había participado en el atraco al tranvía, y que el motivo de los disparos había sido por los nervios del momento y, como algunos ya se habían quitado los pañuelos que cubrían sus rostros, pensaron que tanto Agustín como Luis, al ser vecinos por estar cerca los domicilios, les habían reconocido. Cosa que nunca sabremos, porque ambos fallecieron en dicho atraco», añade Isauro Abreu.

Al cumplirse esta luctuosa fecha ya se conoce que ambas víctimas del atraco están enterradas en el cementerio de San Rafael y San Roque, pero no exactamente dónde están sus restos, puesto que, según el historiador Daniel García Pulido, no figuran en el Registro Municipal datos fehacientes ni en el sepulcro familiar de los García-Panasco ni en el de la familia Bernal.

El Día

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Cortesía de Fabián Trujillo