[*Otros}– La playa de Las Teresitas, y los duques de Würtemberg

Para ver/bajar el archivo, clicar AQUÍ y luego en Download.

Interesante historia sobre una de las playas más conocidas de Tenerife, enclavada en el litoral cercano de la capital.

Cortesía de Mary Carmen Barbuzano, y Eleuterio Sicilia

Artículo relacionado:

[*Otros}– El siglo XVIII en Canarias. Esplendor cultural: la Ilustración en Canarias (2/2)

El espíritu enciclopedista, o de la ilustración francesa, prendió muy pronto en las clases aristócrata y burguesa de la sociedad Canaria a mitad de siglo.

La Ilustración en Canarias alcanzó un claro esplendor, si pensamos en el estado cultural y científico en que se encontraba el archipiélago a principios del siglo XVIII: analfabetismo por doquier, pocas escuelas, muchas dependientes del obispado y de las órdenes religiosas y, entre los centros superiores, habría que destacar a los agustinos, que tanto en La Laguna como en Las Palmas impartirían algunas enseñanzas limitadas a la Teología y la Gramática. Todo lo demás era puro oscurantismo cultural y catecismo de parroquia.

En esta situación, llama la atención el elevado nivel cultural de ciertos individuos vinculados con la nobleza y la burguesía comercial isleña, sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII, y que formaron parte del movimiento ilustrado.

Con el reinado de Felipe V, primer monarca Borbón, hubo un afrancesamiento de las costumbres, pero, en general, el panorama científico y cultural siguió las características del siglo anterior: cerrazón intelectual y escolasticismo.

No obstante, en Canarias, como en el resto de España, muchos ilustrados ya pensaban que el mal y el atraso español con respecto a Europa radicaban en el escaso aprecio que se tenía a las ciencias físico-experimentales, y al hábito de no pensar.

Así, en esta primera mitad de siglo fue surgiendo, aunque con timidez, un sentido crítico acerca de las costumbres y del sentimiento religioso de las clases populares, imbuidas por supersticiones y extrañas devociones, muchas veces fomentadas por los muchos frailes que habitaban en los numerosos conventos establecidos por las Islas.

Hubo dos grupos de ilustrados: uno, aglutinado en torno al clero secular de Las Palmas, y otro, alrededor de la tertulia del Marqués de Nava, en La Laguna.

Ya en la primera mitad del siglo, el clero ilustrado era consciente de la nula formación cultural de frailes y feligresía, y trataron de poner remedio fomentando las clases en los colegios agustinos, cuyas enseñanzas de Teología estaban más abiertas al debate y partidarios de una religión más fiel al evangelio primitivo.

Otro sector dentro del mismo clero estaba encabezado por eclesiásticos como Álvarez de Abreu, quien era partidario del regalismo y defensor del intervencionismo real en la gestión de los diezmos eclesiásticos.

clip_image001

(Escultura del Marqués de Nava, en la Plaza de la Junta Suprema de La Laguna. (DL)

Por último, en esta primera mitad de siglo destacaron dos personajes, Cristóbal del Hoyo, Marqués de San Andrés y Vizconde de Buen Paso, y Juan de Iriarte.

El primero, por criticar el deplorable nivel cultural del clero y promover una religión más personal e intimista; y el segundo por su formación enciclopedista, ya que había estudiado en París.

Además, tenía una gran influencia en la Corte de Madrid por su capacidad intelectual y su firme dedicación a las ciencias experimentales y técnicas.

En la segunda mitad del siglo XVIII, la ilustración se centró en torno a la Tertulia de Nava, las Sociedades Económicas de Amigos del País, y el Seminario Diocesano de Las Palmas.

La Tertulia de Nava reunió a lo más florido de la Ilustración, teniendo como figura central a la persona del Marqués de Villanueva del Prado, Tomás de Nava y Grimón.

Esta tertulia rezumaba un espíritu liberal y reformista, y sus componentes eran conocidos por los «Caballeritos» de La Laguna. A ellos se debe la creación de las Reales Sociedades Económicas del País (1776), los primeros periódicos insulares, la creación de la Universidad Agustina, el fomento de cultivos nuevos, la creación de escuelas, etc.

Se discutía y se promovía la Ciencia, el progreso y la libertad de pensamiento; en su casa-palacio se reunía lo más inquieto de la nobleza isleña, Cristóbal del Hoyo entre ellos. Otros contertulios notables eran Juan Antonio Franchy, Pacheco Solís, Viera y Clavijo, y Lope Antonio de la Guerra.

clip_image002

(El portuense Agustín de Bethencourt fue el ingeniero del zar de Rusia)

Se ha dado en llamar a este periodo dieciochesco el «Siglo de Oro Canario», por las eminentes figuras que sobresalen en estos años. Algunos de ellos son: los hermanos Iriarte, Agustín de Bethencourt (ingeniero), José de Viera y Clavijo (historiador), Verdugo (obispo), Clavijo y Fajardo (filósofo y periodista), etc.

Las Sociedades Económicas constituían otro instrumento del movimiento ilustrado. Se crearon con el fin de lograr un cambio en la mentalidad económica e influir en la política del rey.

En Las Palmas, la Económica promovió nuevos cultivos en la isla y mostró preocupación por el sector pesquero en la costa norteafricana. También fomentó la creación de escuelas primarias y de oficios.

La Económica de La Laguna también se concentró en la reforma agrícola y en el reparto de las tierras comunales, así como en la creación de hermandades agrícolas.

Aún así, tanto las Tertulias como las Económicas tenían poca influencia en las decisiones políticas, porque los cargos de la administración seguían ocupados por elementos reacios a cualquier cambio, y de eso son conscientes los propios ilustrados, que en sus memorias expresan este desencanto; basta leer a Viera y Clavijo para darse cuenta de ello.

clip_image003

(Clavijo y Fajardo, natural de Lanzarote, fue uno de los grandes exponentes del denominado ‘Siglo de Oro Canario’)

Dentro del movimiento ilustrado, también destacó el Seminario Conciliar de Las Palmas (1787), constituido en una verdadera universidad de Teología. De sus aulas saldrán liberales tan destacados como Gordillo y Graciliano Afonso.

El Seminario era partidario de una reforma educativa y eclesiástica: educación religiosa basada en una fe racionalista, afín al jansenismo y, por tanto, crítica con esa tradición popular de venerar determinadas imágenes o cruces, algo más propio de la ignorancia que del Evangelio.

Desde la perspectiva doctrinal, este progresismo del Seminario Conciliar no fue comprendido por las clases populares, que siguieron con el devocionismo y la superstición.

Por esta época, y por primera vez, subió al Episcopado un Canario: el obispo Verdugo, quien, junto a su antecesor en el cargo, Tavira, destacó por la reforma de la educación religiosa y por librar duras batallas con el tribunal de la Santa Inquisición.

En el exterior, personajes ilustrados Canarios hicieron valer su talento e influencia, destacando Álvarez de Abreu, la familia de los Iriarte, tanto Bernardo como el fabulista Tomás, así como Antonio Porlier, Marqués de Bajamar y Ministro de Gracia y Justicia (1790-92), Estanislao de Lugo, promotor de la reforma educativa en la Universidad española (monarquía de Carlos IV), José Clavijo y Fajardo, gran naturalista, y Agustín de Bethencourt, ingeniero del Zar de Rusia.

Población y estructura social

Se sabe que durante la segunda mitad de este siglo el ritmo de crecimiento de la población fue moderado, aunque uniforme. Según el censo de Florida blanca de 1787, la población absoluta del Archipiélago era de 160.285 habitantes, repartida por las islas de la siguiente forma:

Existían ya cuatro poblaciones con categoría de ciudad:

  • Las Palmas,
  • Telde,
  • Santa Cruz de La Palma, y
  • La Laguna.

Por islas, las poblaciones más importantes eran:

  • Teguise, en Lanzarote, con 9.469 habitantes
  • Betancuria, en Fuerteventura, (2.811 hab.)
  • Las Palmas, en Las Palmas, (9.820)
  • La Laguna, en Tenerife, (7.222)
  • Santa Cruz de Tenerife (6.063 hab.)
  • La Orotava, en Tenerife, (5.770)
  • Santa Cruz de La Palma (3.483)
  • Los Llanos de Aridane, en La Palma, (4.093); y
  • San Sebastián de La Gomera (1.180 hab.).

clip_image004

(Vista de Telde. En el siglo XVIII una de las cuatro poblaciones consideradas como ‘ciudad’. (MC)

Socialmente, el grupo terrateniente conserva aún los cargos políticos, eclesiásticos y militares; es esta clase oligarca la que manda en las Islas. Sin embargo, hay síntomas de movilidad social, como el ascenso de la burguesía mercantilista, y una nobleza que despierta a la cultura enciclopedista.

En su segundo nivel, están los propietarios medianos, pequeños artesanos y comerciantes. En la última escala social se encuentran los jornaleros del campo y, en las poblaciones, los arrieros, marineros y numerosos mendigos.

Es de observar el gran número de personas bajo fuero militar (exentos de impuestos).

Las epidemias se cebaban de forma intermitente en las Islas; así, en 1701 se desató una de «vómito negro», y en 1721, otras de peste y hambre. La viruela, a finales del siglo, también se llevó muchas víctimas, aunque ésta ya se combatía por medio de una vacuna.

La Inquisición y los extranjeros

El Tribunal de la Inquisición fue establecido en Canarias hacia el año 1504, con sede en Las Palmas y dependiente del de Sevilla. La autonomía jurisdiccional la alcanzaría años más tarde.

En sus primeros años, el Tribunal dirigió sus actividades hacia los pequeños grupos de moriscos y judíos que llegaban hasta las Islas. En la segunda mitad del siglo XVI el panorama cambió y serán los extranjeros no católicos el objetivo de los miembros del Santo Oficio.

El aumento de las exportaciones vinícolas y del comercio portuario de las Islas, atrajo, en la segunda mitad de siglo, a cierto número de extranjeros protestantes, lo que les hacía blanco de las persecuciones de la Inquisición.

Ahora bien, esto chocaba con el punto de vista de las autoridades que consideraban a los extranjeros como activadores de la economía isleña y que, por consiguiente, no debían de ser molestados en tanto no escandalizasen o diesen vivas muestras de su fe.

Es por esta razón por la que los comerciantes extranjeros afincados en las Islas apenas fueron inquietados por sus convicciones religiosas.

Además, y a raíz de una intensificación en los juicios del Tribunal, algunos países, como Inglaterra, firmaron acuerdos con España a fin de salvaguardar a sus súbditos de las penas inquisitoriales.

En el siglo XVII, sobre todo a partir de 1615, la Inquisición en Canarias perdió toda importancia, bien porque disminuyó el número de extranjeros no católicos, o por el propio carácter tolerante del isleño. En el siglo XVIII la Inquisición tuvo ya poco trabajo con los extranjeros.

Lo que respecta al carácter benevolente o riguroso del Tribunal de Las Palmas es una cuestión polémica, pues mientras unos lo tachan de indulgente, otros, caso de Millares, recalcan su gran número de autos celebrados, muchas veces acompañados de la relajación del reo.

Enseñanza

En esta época se establecieron en La Orotava, y más tarde en La Laguna, los jesuitas, dedicados fundamentalmente a la enseñanza de los hijos de la aristocracia isleña; de aquí que los Concejos o Cabildos tuvieran que costear las «primeras letras» al resto de la población que deseaba y podía aprender.

Los maestros de esta primera enseñanza estaban muy mal retribuidos y había muy pocos. Hay datos escritos (1714 en La Laguna) en los cuales se lee que el Cabildo lagunero pagaba a un maestro una fanega y media de trigo por salario mensual.

En el año 1722 se estableció en La Laguna la orden de los Bethlemitas, fundada por el Hermano Pedro en Guatemala, que impartió las primeras letras durante cuarenta años, marchándose luego por falta de recursos.

En el año 1767 existía en Tenerife un solo maestro público; era, pues, natural que el analfabetismo imperara en la mayor parte de la población Canaria.

La creación, en 1777, de las Sociedades de Amigos del País supuso un impulso serio en los campos de la enseñanza y de la investigación, tanto en Tenerife como en Las Palmas.

clip_image005

(Convento de San Agustín, que luego sería sede de la Universidad Literaria y del Instituto de Canarias. (DL)

De los primeros centros de enseñanza puestos en funcionamiento, los había pagados por las corporaciones y por particulares. Aparecen, también, las primeras maestras. En La Palma, la primera escuela pública se fundó en el año 1794.

Como nota curiosa, se sabe que casi todos los regidores de Fuerteventura, hasta finales del siglo XVIII, eran analfabetos.

En enseñanza media y superior son los dominicos y agustinos los que se disputaban el privilegio de impartirla. Ya en 1663, en La Laguna, el Colegio Dominico era elevado a Colegio Doméstico.

Más tarde, los agustinos potenciaron sus propios centros, alcanzando sus maestros y sus bibliotecas propias justa fama. Son precisamente los agustinos de La Laguna los que, después de muchos años de pleito con los dominicos, inauguraron la primera universidad de Canarias en su convento lagunero. Esto ocurría en el año 1744, pero en 1747 Fernando Vl la suprimió y creó el Seminario Conciliar de Las Palmas.

En 1796, Carlos IV fundó La Universidad Literaria de La Laguna, en la que se cursarían todas las facultades, pero donde por circunstancias políticas no se impartieron clases.

Artículo anterior:

Fuente: Gevic

Cortesía de Fabián Trujillo

[*Otros}– El siglo XVIII en Canarias. Relaciones entre España, Inglaterra y Portugal (1/2)

El siglo XVIII supuso, en España, el cambio de dinastía monárquica: los Austria son reemplazados por los Borbón.

En Canarias, la crisis económica y política que venía del siglo anterior permanecería estancada durante toda la primera mitad del siglo XVIII.

Las cosas empezaron a mejorar durante el reinado de Carlos III, con intentos por buscar alternativas a la decadencia del vino, o iniciativas en busca de nuevas fuentes de riqueza gracias a las Sociedades Económicas de Amigos del País.

clip_image001

(Con la proclamación de Felipe V en 1700, comenzó la era de los borbones en España)

Ocupaba la Capitanía General de Canarias el general Otazo, cuando tuvieron lugar los actos oficiales de proclamación de Felipe V como primer rey borbónico de España. Durante la primera veintena del nuevo siglo, la piratería berberisca tomó nuevo auge, un peligro que sería constante hasta el reinado de Carlos III.

Por estos años se creó el cargo de Intendente General (delegado de la Hacienda Real), cuyo primer representante, Antonio de Ceballos, murió trágicamente en Santa Cruz de Tenerife, donde residía, víctima de las iras del populacho.

El intendente fue salvajemente linchado, y sus supuestos culpables ahorcados en público por orden del Comandante Mur y Aguirre, a pesar de que fue él el instigador indirecto de los lamentables hechos. La figura del Intendente desapareció con la muerte de Ceballos, ya que serían los Comandantes Generales los que asumirían también esta función.

Fue el Marqués de Vallehermoso el que llegó a las Islas con el nuevo título de Comandante General e Intendente, estableciendo su residencia en Santa Cruz de Tenerife. El Marqués de Vallehermoso abusó de sus prerrogativas militares y hacendísticas.

Reinados de Felipe V y Fernando VI

Durante el reinado de Felipe V se registraron fuertes erupciones volcánicas. Cabe destacar la de Güímar (1704) y la de Garachico (1706); esta última de enorme repercusión, al destruir por completo el activo puerto y parte de su floreciente villa.

clip_image002

(En 1730 se produjo la erupción volcánica de Timanfaya (Lanzarote), volcán que durante 7 años estuvo arrojando lava, y cuyas explosiones se oían desde Tenerife)

En la década de los cuarenta arreció la piratería inglesa, que sólo menguaría con la Paz de Aquisgrán, ya en el reinado de Fernando Vl. Bajo su mandato parece vislumbrarse en las Islas un periodo de paz y un mayor afán renovador, que culminaría con Carlos III .

Reinados de Carlos III y Carlos IV

En 1760, con Carlos III, comenzó para las Islas una época renovadora y liberal, como reflejo de la política ilustrada del mismo rey que se traduce en medidas modernizadoras.

En esta década de los sesenta hay intentos de trasladar la Audiencia a Tenerife (no eran los primeros) y se produce la expulsión de los jesuitas de sus conventos isleños. Ocupaba el corregimiento de Tenerife Agustín del Castillo Ruiz de Vergara cuando aconteció tal expulsión.

En estos momentos se crearon los Diputados del Común, o Abastos, cargos de elección popular, en un intento por democratizar los Cabildos y Ayuntamientos.

Fueron sonadas en el Archipiélago las contiendas entre los regidores seculares y estos nuevos diputados, alentados por O’Daly y Pérez de Brito, representantes del partido democrático palmero.

clip_image003

La Calle O’Daly, más conocida como Calle Real, en Santa Cruz de La Palma. O’Daly era uno de los representantes del partido democrático palmero. (AHSCP)

Entre los años de 1784 y 1790 se registró el paso por la Comandancia del Marqués de Branciforte, que dejó honda huella de su buen gobierno.

En Santa Cruz construyó el hospicio de San Carlos y otras obras de interés. En Las Palmas, los corregidores Egulluz y Cano contribuyeron al embellecimiento de la ciudad (fuentes, restauración del edificio del Ayuntamiento, etc.).

También bajo su mandato se produjo en El Hierro la salvaje matanza de un nutrido grupo de irlandeses que habían desembarcado pacíficamente de un navío inglés. El responsable de la matanza fue el jefe de armas de la isla, quien sería llamado a Madrid para responder del acto.

En el reinado de Carlos IV, salió para el Rosellón (Francia) un cuerpo de ejército Canario, al estar España en guerra con Francia. Tras el Tratado de San Ildefonso, España se alía con Francia, lo que hace que Inglaterra entre en guerra con España.

Es en este periodo cuando se produjo el ataque de Nelson contra Tenerife (1797) y la victoria de los tinerfeños bajo el mando del Comandante General Antonio Gutiérrez.

A Gutiérrez lo sucedió en el mando el discutido marqués de Casa‑Cagigal, que protagonizaría los hechos de la Guerra de la Independencia en Canarias.

Economía: Crisis prolongada hasta el reinado de Carlos III

La libertad de comercio con Indias, promulgada por Carlos III en 1778, no fue tampoco la panacea a los males isleños, como algunos pensaron, ya que, si bien es cierto que las mercancías se amplían en variedad y volumen, la competencia ahora de los puertos peninsulares es mayor .

La Guerra de Sucesión por la Corona de España colocó a las Canarias, adeptas a Felipe V, frente a Inglaterra, que hizo a las Islas blanco de sus escuadras.

En 1715, el comercio de vinos con Inglaterra bajó de forma alarmante por las guerras y, también, por la firma entre Inglaterra y Portugal del Tratado de Methuen, en virtud del cual los vinos portugueses de Madeira pasaron a gozar de fuertes privilegios en el mercado inglés, en sustitución de los tradicionales caldos Canarios.

El comercio con América se mantenía, pero con fuertes gravámenes y restricciones. Por otro lado, los primeros borbones sobrecargaban a las Islas con otros impuestos. Las quejas que se hacían a Madrid eran frecuentes. Así, en 1718 y 1778, respectivamente, se elevaron a la Corte sendos memorandos, donde se hacía constar la pobreza en que se hallabansumidas las Islas, y la necesidad que tenían de contar con un comercio libre con Indias.

image

(Por culpa de las guerras, el comercio de vinos con Inglaterra descendió de forma alarmante.(FLI))

Fruto de estas reflexiones hechas a la Corte fueron la ampliación del volumen de mercancías exportadas a ciertos puertos americanos, con la condición de enviar cincuenta familias a la isla de La Española y a otros territorios de América (Montevideo, y Florida).

Esta contraprestación en sangre, si bien privaba a las Islas de brazos, significaba para el campesino una salida esperanzadora.

El hambre de tierras en el siglo XVIII

Durante el siglo XVIII, por lo que sabemos, se desató un deseo generalizado de poseer tierras como forma de sobrevivir, especialmente por parte de los pequeños propietarios.

Las causas hay que achacarlas al desigual reparto de las tierras y a la miseria del campesino. Como consecuencia, hubo conatos de violencia y emigración constante.

En el siglo XVIII, Canarias recibía ingresos fundamentalmente de la exportación de vinos y aguardientes, barrilla, orchilla y algún otro producto indiano, comercio a veces clandestino. Eso significaba muy poco para cubrir las necesidades básicas de una población en constante crecimiento, y con un suelo agrícola muy reducido,

La mayor parte de las tierras, las mejores, estaba en manos de la aristocracia, de la burguesía comercial relacionada con los puertos, y una masa de campesinos, la mayor parte compuesta por jornaleros, aparceros y minúsculos propietarios.

A lo largo del siglo XVIII, las diferencias entre estos dos grandes grupos sociales aumentaron. Una, porque las clases populares se empobrecieron aún más, debido a la pérdida de sus puestos de trabajo en los viñedos, al reducirse y casi perderse la exportación del malvasía.

Otra, porque la clase minoritaria y terrateniente se aprovechó de la ruina de pequeños propietarios abocados a vender sus predios, y de la usurpación de las tierras de realengo (quintos reales), así como de los propios del cabildo, para aumentar aún más sus patrimonios.

clip_image005

(Al reducirse, y casi perderse, la exportación del malvasía, muchos campesinos perdieron sus puestos de trabajo, y la superficie cultivada de viñedos se redujo considerablemente. (PTEH)

Los mayorazgos —esa institución según la cual las grandes propiedades de la nobleza sólo podían ser heredadas por el hijo mayor, quien se comprometía a no vender ni partir la propiedad bajo ningún concepto— aumentaron en el siglo XVIII, porque era una forma de ganar mayor prestigio social en una sociedad cerrada y llena de prejuicios como la Canaria de aquel entonces.

Es más, se acudía a la compra de nuevas tierras o al casamiento con personas ricas para así aumentar su consideración social.

Los mayorazgos, pues, así como las propiedades de conventos y de la Iglesia, reducían aún más las posibilidades de supervivencia de los pobres, los cuales no tenían más recursos que los propios de la tierra.

Así lo dice Viera y Clavijo en el resumen final de su historia, ya que fue testigo de esa situación: “Canarias son pobres. Sus frutos han venido a menos en cantidad y calidad” .

Si a esto le unimos el ansia de los grandes comerciantes por equipararse a la aristocracia isleña y entrar en su esfera social mediante la compra de tierras, aunque no se dedicaran a su explotación, el panorama se hacía más desesperante.

No obstante, este proceso hay que entenderlo en forma recíproca: si la burguesía comercial obtenía el beneficio de la simbología aristocrática y el acceso a los patrimonios de tierras y aguas (vía matrimonio), el grupo terrateniente (de abolengo conquistador) recibía la inyección económica, porque aquellos comerciantes tenían dinero en efectivo.

Ante esta situación, las familias campesinas tenían varias alternativas: unos, aspirar a la propiedad de aquellas tierras pertenecientes a propios y quintos reales, acogiéndose a las leyes desamortizadoras de Carlos III y que algunos ya cultivaban o explotaban en arriendo; otros, roturando u ocupando tierras consideradas hasta esos momentos inútiles, bien por la pendiente del suelo, por pedregosos o montes deforestados.

En otros casos, adquirían terrenos sin derechos de riego de secano, escasamente productivos, llamados baldíos o “balutos”.

clip_image006

(La roturación u ocupación de terrenos a priori desfavorables para la agricultura, se convirtió en una salida para muchos campesinos. Terrazas de cultivo desde Tamadaba, Las Palmas. (CGC)

En esa carrera por conseguir tierras —los grandes propietarios, para aumentar su poder, y los pequeños y jornaleros para asegurar la subsistencia—, surgieron en el siglo XVIII altercados y brotes violentos entre grupos e individuos que aspiraban a las mismas tierras.

Así, tenemos manifestaciones violentas de pueblos enteros, como el de Agüimes, cuyos habitantes se trasladaron a Las Palmas para reclamar sus derechos sobre sus tierras; o las disputas y reyertas entre los pueblos de Teror, Arucas y Firgas, por un lado y, por otro, los de Guía y Moya, en pos de conseguir las tierras de realengo de Doramas.

Algo parecido ocurrió por el dominio de las tierras en el Monte Lentiscal, también en Las Palmas. Otro de los tantos altercados sucedió en La Orotava a causa del aprovechamiento de los pastizales en La Dehesa, tierras pertenecientes al cabildo insular.

clip_image007

El aprovechamiento de los pastizales de La Dehesa fue el motivo de lucha entre las dos clases sociales de El Hierro, los ‘rabos blancos’ y los rabos negros’ PTEH)

En las islas señoriales, las contestaciones populares resultaban aún más complicadas, porque la justicia del Conde, en el caso de La Gomera y El Hierro, o la del marqués, en el de Fuerteventura y Lanzarote, resultaba extremadamente dura.

Aún así, en El Hierro empezaron las luchas entre los dos grupos sociales opuestos: los propietarios del ganado con prebendas señoriales, llamados “rabos blancos”, y el resto de la población, la mayoría dedicada a otras actividades agrarias, pero dependientes de los primeros en régimen de servidumbre y conocidos como “rabos negros”, en lucha por el aprovechamiento de los pastizales en Las Dehesas.

Esas manifestaciones y algaradas solían convocarse con un pasquín o pintada, puestos por la noche; otras veces, con unas campanadas llamando a rebato, o pacíficamente con la convocatoria de un Cabildo abierto.

En este último caso se contaba con el apoyo de algún regidor o persona influyente del sector aristocrático. En la mayor parte de los casos, el pueblo se presentaba en la casa del individuo o autoridad responsable y reclamaba sus supuestos derechos.

Otra salida al hambre de tierras era roturar terrenos inservibles por su pendiente, pedregosidad o sequedad extrema. Entonces el nuevo propietario, con mano de obra barata (esclavos y jornaleros), sorribaba el suelo construyendo bancales con paredes de piedra.

Si el suelo era relativamente llano, lo limpiaba de piedras, amontonándolas de forma piramidal, tronco-cónica o de cualquier modo, hasta conseguir el espacio suficiente para su cultivo. En todas las islas el paisaje agrario estaba marcado por este tipo de construcciones.

Este trabajo, hecho en su mayor parte por jornaleros que cobraban en especie, o por los mismos propietarios, amplió la superficie de cultivo dedicándose ésta al millo y a las papas, cultivos que progresivamente se van extendiendo por el Archipiélago, y salvarán, con el pescado salado, a muchos de sus habitantes de morir en las periódicas hambrunas del siglo.

La otra salida al fantasma del hambre era la emigración. Unos, en familia, viajando gratis, acogidos al decreto de enviar cinco familias por cada 100 toneladas de exportación, y otros, en solitario, pagándose su propio pasaje, decidían abandonar las Islas y viajar hasta las Américas, bien al Sur, como al Uruguay, al centro, como a Cuba y Venezuela, o al Norte, como a Texas.

clip_image009

(A muchos, el fantasma del hambre, les llevo a cruzar el Atlántico en busca de una vida mejor. Imagen de «La Elvira«, un barco lleno de emigrantes Canarios)

Reactivación económica durante el reinado de Carlos III

La nueva política económica de Carlos III se tradujo, para Canarias, en un esperanzador estado de actividad e iniciativa económica.

El comercio indiano, a partir de la liberalización comercial de 1778, diversificó sus destinos y mercancías. El comercio con América incluía, en su mayor parte, partidas de vino y aguardiente (parra) y, en viaje de retorno, los barcos venían con cacao, azúcar y tabaco habano.

El comercio de las Islas con el extranjero era muy activo, si bien había decaído el de vinos con Inglaterra. Con la Península, las relaciones comerciales tenían menor categoría; allí se compraban sombreros, aceite y tejidos.

La viña seguía siendo el cultivo más importante; sólo en Tenerife se producían, a mediados de siglo y según datos estimados, más de 5.000 Tm. de vino. Por esta época reaparecieron los cultivos de la orchilla (cochinilla) y la barrilla, plantas necesarias para la fabricación de tintes y jabones, respectivamente, pero los nuevos productos químicos pronto hicieron descender su cultivo.

A iniciativa de las Sociedades Económicas de Amigos del País, se introdujeron en las Islas, a modo experimental, cultivos como el algodón y el tabaco; también se creó, durante este reinado, el Jardín Botánico de La Orotava, como centro de aclimatación de plantas tropicales.

Su principal valedor fue el Marqués de Villanueva del Prado, quien cedió los terrenos para tal fin.

clip_image010

(Bajo el reinado de Carlos III se creó el Jardín Botánico de La Orotava como centro de aclimatación de plantas tropicales. (DM)

Las pesquerías en la vecina costa africana alcanzaron un fuerte volumen. Ya desde los primeros años de la colonización se pescaba en aguas africanas. En estos años del siglo XVIII, la flota Canaria suministraba el pescado que se consumía en las Islas, que no era poco, pues sabido es que el pescado salado (tasarte, sama, cherne), junto con las papas, formaba parte fundamental de la dieta alimenticia de los Vanarios.

También por estas fechas se intentó construir un puerto ballenero en Arguineguín (Las Palmas).

En general, la economía de las Islas durante este siglo adoleció de grandes carencias de base: la escasez de terreno cultivable y de agua, así como el exceso de importación de manufacturas, en contraste con la ligera exportación de productos agrícolas .

El vino y el comercio con América eran, pues, las casi únicas fuentes de riqueza procedentes de la exportación. Los cultivos de consumo (trigo, millo, papas,…) servían al autoabastecimiento, pero es menester subrayar que las islas occidentales eran, en estas fechas, deficitarias en granos.

Salvo en años de sequía, las islas orientales tenían una mejor cobertura de alimentos básicos, cuyos excedentes colocaban en las islas occidentales, más orientadas éstas a los cultivos especulativos.

A veces, cuando los granos escaseaban, los campesinos recurrían a las raíces de helechos que, tostadas y molidas, suplían al gofio de cereal.

(Continuará)

Fuente: Gevic

Cortesía de Fabián Trujillo

[*Otros}– Diez playas de Canarias buenas para desconectarse del mundo

06/05/2013

Aquí se presentan diez de las muchas playas de las Islas Afortunadas, y detalles de sus alrededores con énfasis en lo que suele interesar al turismo.

Las islas Canarias cuentan durante todo el año con temperaturas suaves que permiten disfrutar de un paisaje volcánico original y de playas o calas sorprendentes.

Llega el buen tiempo y no podemos dejar de pensar en nuestra escapada perfecta: ir a la playa, una de las aficiones más implantadas en nuestro país.

En nuestro caso, afortunadamente, no tenemos que limitarnos al verano, ya que contamos con las Islas Canarias, donde podemos disfrutar de la playa todo el año. Hay que visitarlas, por lo menos, una vez en la vida.

1.- LA PLAYA DEL INGLÉS. APROVECHAR A FONDO LA GOMERA

clip_image001

La Playa del Inglés está considerada por muchos como la mejor de La Gomera, tanto para sus habitantes como para los turistas. Se encuentra en el municipio de Valle Gran Rey y servirá de base de operaciones para conocer mejor la isla.

Cuando se llega a la playa, algunos se llevan la primera sorpresa ya que, como otras playas Canarias, es de arena negra al ser de origen volcánico. No es muy grande, unos 400 metros de largo.

Está salpicada de rocas y enclavada entre el mar y los acantilados. El lugar es de película. Aquí se puede acceder a pie, aunque hay una parada de guagua (autobús Canario) municipal para las líneas 01, 05, 25, 32, 39, 61, 86 y 90.

Es una playa idílica, pero hay que ser prudentes en el baño porque aquí el Atlántico bate fuerte y hay que tener cuidado con el oleaje. La falta de equipamientos y el escaso terreno propicio para edificar han contribuido a mantener su estado, casi virgen.

También dispone de una amplia zona para practicar el nudismo. La tranquilidad aquí es absoluta.

Avistamiento de delfines y cachalotes

No muy lejos de la Playa del Inglés se encuentra el Puerto de Vueltas, fondeadero de falúas de pescadores y embarcaciones de recreo.

La bondad del clima local permite que casi todas las actividades marinas se mantengan operativas en invierno. Una de ellas es de lo mejor que se puede ver en la vida. Excursiones diarias para el avistamiento de cetáceos (delfines, cachalotes, rorcuales) y tortugas marinas. Es una experiencia que no se puede olvidar fácilmente.

Otra de las excursiones, más larga, conduce hasta el famoso Monumento Natural de Los Órganos. Se trata de un acantilado en el que el magma, al enfriarse, ha dibujado curiosas formas que, desde la distancia, parecen un órgano. Mide 175 metros de altura y sólo puede apreciarse en su totalidad desde el mar.

Por tierra, la ruta más recomendada inicia la subida hacia el interior, pasando por el Mirador del Palmarejo, diseñado por César Manrique.

Desde aquí se puede volver la vista sobre el Barranco de Valle Gran Rey y sus laderas, salpicadas de pequeñas explotaciones agrícolas en forma de terrazas superpuestas. El paisaje resulta muy curioso, especialmente para los niños.

Artesanía y tradición de La Gomera

La ruta pasa por los pueblos de El Cercado, centro de cerámica local, y Chipude, donde seguramente se puede oír el famoso silbo gomero.

El lenguaje silbado característico de La Gomera nació cuando los pobladores prehispánicos tuvieron que aprender a comunicarse salvando las montañas de la isla. Desde hace unos años se ha iniciado un trabajo para protegerlo, y actualmente forma parte del sistema de educación de La Gomera.

Poco después, se llega al Parque Nacional de Garajonay. Creado en 1981, representa todo lo contrario a la aridez volcánica que caracteriza la zona.

Ocupa el macizo del Alto de Garajonay, el más alto de la isla (1.487 metros) y dispone de un microclima propio, marcado por la elevada humedad y la niebla frecuente.

De repente, parece que se ha cambiado de continente. Esto ha hecho que permanezca cubierto de forma permanente por el conocido monte verde Canario: la laurisilva. Árboles y arbustos de origen milenario recuerdan la vegetación que pobló la cuenca mediterránea hace millones de años, antes de los cambios climáticos que afectaron a Europa y África.

Para terminar de conocer La Gomera hay que probar la miel de palma, que se usa tanto para postres como para ambientar cócteles, o el queso fresco hecho con leche de cabra autóctona, una raza prehispánica.

Otra receta tradicional es el potaje de berros, siempre servido en platos de madera, por ejemplo, de sabina.

2.- EL CHARCO AZUL, UNA PISCINA EN EL MAR EN EL HIERRO

clip_image002

El Golfo es el nombre que recibe la costa de la isla de El Hierro, orientada hacia el Atlántico abierto. El Charco Azul se encuentra situado en medio del mismo. Es una playa única porque acoge una fantástica piscina natural formada por el propio oleaje del mar, algo que se puede ver en muy pocos lugares de Europa.

Las dos piscinas naturales que componen el Charco Azul no son las únicas que permiten bañarse sin riesgo alguno en las aguas del Atlántico. Su atractivo es la espectacularidad del paisaje. Una parte de la piscina forma una pequeña cavidad, perfecta para protegerse del sol y del viento, en caso necesario.

El Charco Azul ha sido acondicionado para el visitante. Cuenta con protecciones frente al mar y con escaleras para facilitar el acceso, ya que se tiene que bajar al nivel de mar desde la costa, lo que puede llevar unos 20 minutos.

Es un espacio público, por lo que su uso es totalmente libre y gratuito.

Relax y romanticismo en El Hierro

El estar justo en la mitad del litoral, hay que decidir hacia qué lado se prosigue la visita por El Golfo. Si se opta por el norte, se llega a la cabeza del municipio: La Frontera. Después se puede seguir hacia Las Puntas y visitar el Hotel Punta Grande: un lugar de récord. El Libro Guinness de los récords lo considera el hotel más pequeño del mundo.

Es un lugar curioso porque era un antiguo almacén de aduanas reconvertido en un coqueto establecimiento con apenas cuatro habitaciones y un restaurante.

Parte de la decoración interior proviene de los restos de barcos naufragados o abandonados. Las habitaciones no tienen teléfono ni televisor. Situado sobre el mar, el ruido de las olas rompiendo contra el embarcadero es prácticamente el único sonido que se puede escuchar a cualquier hora. Es ideal para tener unos días de relax total.

Si se escoge la dirección sur, la carretera de Los Llanillos conduce hasta el balneario del Pozo de la Salud, reconocido por las propiedades medicinales de sus aguas, y a Sabinosa, el pueblo más occidental de España.

Sabinosa debe su nombre a las sabinas, pequeños árboles autóctonos retorcidos por la fuerza del viento que llega a El Hierro con toda la furia del Atlántico.

Punta Orchilla, el faro del fin del mundo

La ruta por El Hierro depara una visita a la playa del Verodal, la única de arena rojiza. Su color procede de la tierra vertida en ella durante las obras de una carretera, hace años.

Al estar desprotegida, suele tener un fuerte oleaje, y un cartel avisa del riesgo de desprendimientos. Más adelante, se llega «al fin del mundo»: el faro de Punta Orchilla. Este lugar estuvo considerado, antes del descubrimiento de América, como el final de la tierra conocida.

En el camino al pueblo de La Frontera, se pasa por el santuario de Nuestra Señora de los Reyes, patrona de la isla, y por el Centro de Interpretación del Parque Cultural de El Julán, dedicado a los primeros pobladores de El Hierro, los bimbaches. Paseando por este centro, se puede comprender un poco mejor a los habitantes de las isla.

3.- PLAYA DEL PAPAGAYO, EL EMBRUJO DE LANZAROTE

clip_image003

En el extremo sur de la isla, Playa del Papagayo es quizás la preferida por los lanzaroteños. Son siete kilómetros de calas situadas entre roquedales y peñascos. Después, se puede completar el viaje con una visita a otra maravilla de la naturaleza: el Parque Nacional de Timanfaya.

Las aguas de Playa Papagayo fueron, en su momento, un fondeadero de pescadores. Hoy en día son una irresistible atracción: agua limpia, espacio para poner la toalla sin problemas, y sol garantizado.

Si se quiere andar un poco, es importante aprovechar la marea baja para poder ir de una zona a otra sin demasiadas dificultades.

Puerto Muelas, ya pasada la Punta del Papagayo, cuenta con zona nudista y camping. Los amantes del trekking lo pueden usar como base para las rutas de senderismo en el Monumento Natural de los Ajaches.

De compras en Playa Blanca

Al otro lado de Playa Papagayo, se llega a Playa de las Mujeres, más grande y abierta. Esta zona se encuentra entre Playa Blanca y el Puerto Deportivo Marina Rubicón.

El puerto ofrece una amplia oferta de actividades, como cruceros en catamarán, buceo o subir a un barco-taxi con visión submarina hasta Playa Papagayo. Desde Playa Blanca, se puede llegar cómodamente a Yaiza, capital del municipio. Es un coqueto pueblo de casitas blancas que parecen haber sido ubicadas al azar sobre la superficie volcánica de la isla.

No muy lejos, se puede visitar Los Hervideros, donde las aguas del Atlántico rompen contra la costa de lava basáltica. También en la misma zona se encuentran las Salinas de Janubio, que conservan restos de su antigua actividad. Es todo un espectáculo de la Naturaleza.

En dromedario por el Parque Nacional de Timanfaya

Yaiza es también la puerta de entrada al Parque Nacional de Timanfaya. Este parque es el resultado de una serie de erupciones volcánicas que, entre 1730 y 1824, sepultaron varios pueblos en un mar de lava, e hicieron emigrar a miles de personas.

El paisaje de las Montañas de Fuego recuerda mucho a las imágenes del hombre sobre la Luna. En esta zona, apenas sobreviven algunos animales, como las musarañas, pero uno de ellos es el símbolo de Lanzarote: el lagarto de Haria.

Timanfaya ocupa una cuarta parte de Lanzarote. Se puede visitar a pie o en autobús, pero lo más auténtico es hacerlo en dromedario, desde el Punto de Información de Echadero de los Camellos. Otra alternativa para los que cuenten con unas condiciones físicas aceptables es la ruta que recorre el litoral, entre Playa del Paso y Playa de la Madera.

Es una maravilla. Esta zona, de acceso libre, deja el mar a un lado y las montañas de lava al otro. Para regresar, hay que volver por el mismo camino, con lo que es preciso calcular con bastante exactitud el tiempo.

En el mismo parque, en el Islote de Hilario (punto de salida de los autobuses), se encuentra el restaurante El Diablo, otra creación de César Manrique. Está diseñado de tal forma que aprovecha el calor que emana de la tierra para cocinar platos típicos de Lanzarote. El resultado es una cocina puramente volcánica. Visitarlo es imprescindible; sus vistas y su diseño son impresionantes.

4.- MASPALOMAS, LA GRAN DUNA DE LAS PALMAS

clip_image004

La playa de Maspalomas parece una porción del Sáhara que haya cruzado el Atlántico hasta la isla de Las Palmas. Es una visión espectacular. Esta zona, con dunas de arena que rompen en el horizonte, es uno de los destinos turísticos con más fama de Canarias. Todo está pensado para disfrutar del sol, del relax y del ocio en cualquier época del año.

Muy cerca de estas dunas se encuentra la playa: una extensión de casi tres kilómetros de arena blanca y fina. A pesar de enfrentarse al Atlántico sin obstáculos naturales, sus aguas son tranquilas y permiten el baño durante todo el año.

Su extensión y la cercanía a otras playas, como las del Inglés o Meloneras, situadas al otro lado del faro de Maspalomas, multiplican las posibilidades de la estancia.

Excursiones entre dunas y volcanes

La visita puede continuar en la Reserva Natural de las Dunas. Las dunas son móviles, es decir, el viento (los famosos alisios) procedente del mar las sigue empujando y cambiando de sitio, aunque a simple vista no se detecte.

Se puede pasear entre estos gigantes de arena, o atreverse con una expedición a lomos de un camello. Si no hay prisa, se recomienda esperar a la puesta de sol y sacar unas fotografías espectaculares del litoral Canario.

Maspalomas es el punto ideal para realizar excursiones por el interior de Las Palmas y llegar hasta el mirador del Pico de las Nieves, a 1.945 metros de altura, la cumbre de la isla. Al mirador se puede acceder en coche propio o en un 4×4 alquilado, que se adaptará mejor a las pistas forestales.

Habrá que atravesar el Barranco de Fataga y la Caldera de Tirajana, con un espectacular cráter de más de 40 kilómetros de diámetro; toda una visión de tierra de origen volcánico quemada por el sol.

El esfuerzo dará su recompensa al llegar al mirador, ya que permite unas vistas sobre el Roque Nublo, la otra cima de la isla, y el Teide, en la cercana Tenerife.

Si se viaja con niños, se puede visitar Palmitos Park. Este parque, además de tener una gran colección de orquídeas, reúne decenas de animales, entre aves exóticas, rapaces, primates, ualabis, suricatas, etcétera.

Para quienes prefieran remojarse a fondo, muy cerca se encuentra el parque acuático Aqualand Maspalomas.

Maspalomas, zona de ocio y diversión

Por la noche, Maspalomas se transforma. La tranquilidad da paso a restaurantes con música en vivo, locales de cualquier tendencia y nivel, y espectáculos de variedades.

5.- PLAYA BLANCA, ZONA SURFERA DE FUERTEVENTURA

clip_image005

Se trata de la playa más famosa de Fuerteventura, y es el lugar que escogen muchos de sus habitantes para disfrutar del mar y del sol. Pero, sobre todo, les encantará a los surferos.

Sus condiciones meteorológicas —sopla bastante viento— hacen de ella un lugar ideal para la práctica de deportes acuáticos, como el windsurf.

Esta zona también es famosa porque contó entre sus habitantes con un ilustre escritor español: don Miguel de Unamuno.

Playa Blanca no es la única que pertenece al municipio de Puerto del Rosario. Hay otras playas, como El Matorral, Puerto Lajas o Los Molinos, que también disponen de todos los servicios necesarios.

Sin embargo, Playa Blanca, que mide 875 metros de longitud, es la más frecuentada por los habitantes de la capital. Aquí se puede llegar cómodamente, incluso en guagua, con lo que se ahorra el alquiler de un coche. Una vez en la playa, es fácil acostumbrarse a su arena.

Al estar en una zona abierta al Atlántico, sin barreras de por medio, es muy frecuente que los vientos levanten oleaje. Es precisamente este viento el que, en temporada, sobre todo en invierno, hace las delicias de los aficionados a deportes como el surf, el windsurf o el kitesurf.

Si no se ha probado antes alguna de estas actividades, es una buena ocasión para hacerlo. Escuelas y cursos rápidos de iniciación hay de sobras.

Unamuno, un visitante ilustre

La cercanía con Puerto del Rosario permitirá conocer a fondo la capital de Fuerteventura. Esta ciudad se enorgullece, ante todo, de su bagaje cultural. Puerto del Rosario dispone de un parque escultórico con más de 50 obras que aparecen sorprendentemente en cualquier esquina, plaza o calle.

Una parada cultural obligatoria es la Casa Museo Unamuno. Se trata de un edificio del siglo XIX en el que se encontraba el Hotel Fuerteventura. Aquí vivió el filósofo y escritor, desterrado por orden del dictador Primo de Rivera.

El 12 de marzo de 1924, don Miguel de Unamuno llegó a Puerto de Cabras, nombre oficial de Puerto del Rosario hasta 1956.

En aquella época, Fuerteventura estaba considerada un territorio de ultramar. Después de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, éste era el destino de los exiliados políticos españoles.

En la Casa Museo se reproduce fielmente, con objetos de su uso personal y textos originales, el ambiente en el que Unamuno pasó una buena temporada. Finalmente, regresó a España en 1930, después de pasar por París.

La Fuerteventura tradicional

De camino al interior, es muy interesante la visita al Mercado Artesanal de Vega de Tetir, que se celebra en esta localidad el segundo domingo de cada mes. En él se encuentra la mejor artesanía local, en muchos casos procedente de oficios rescatados del olvido.

Muy cerca, en Tefía , se halla el Ecomuseo de La Alcogida. Se trata de un conjunto de casas antiguamente ocupadas por los campesinos del pueblo, que acabó perdiendo la mayoría de su población.

Las casas se han rehabilitado siguiendo la tradición de las viviendas de piedra de los majoreros, incluso conservan los nombres de sus antiguos inquilinos: los Cabrera, los Herrera, la señora Herminia, o el señor Donato.

Este museo permite echar la mirada atrás y conocer la curiosa y dura vida rural de la isla en las décadas anteriores a la explosión del turismo.

6.- EL PUERTITO, PUERTA DE ENTRADA A LA ISLA DE LOBOS

clip_image006

El Puertito no es exactamente una playa; en realidad, es un conjunto de pequeñas calas al amparo de un diminuto embarcadero de pescadores que lo hace pintoresco y especial. Al ser un puerto natural protegido por rocas y arrecifes, sus aguas son muy tranquilas.

Uno de los grandes atractivos de El Puertito, además, es que está enmarcado en el Parque Natural de la Isla de Lobos.

La Isla de Lobos toda es un parque natural, y debe su nombre a la población de focas monje, o lobos de mar, que antes recalaba en sus costas pero que ahora, desgraciadamente, ya no existe debido a la acción de los cazadores y pescadores.

Es una zona de gran riqueza ornitológica y cuenta con flores autóctonas, como la siempreviva. Su fondo marino también es reserva natural. Los aficionados al submarinismo podrán disfrutar de una inmersión única.

Es importante tener presente que para moverse entre las playas y la isla de Lobos y Corralejo, en la costa de Fuerteventura, se tiene que hacer en barco. Para ello, existen tres embarcaciones de línea regular que están operativas entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde.

Así que se debe confirmar previamente el regreso desde Lobos para no quedarse en la isla, ya que ésta no cuenta con plazas de alojamiento, tan sólo con una pequeña zona de acampada. Para pernoctar en ella hay que pedir previamente un permiso al cabildo (la entidad administrativa de Fuerteventura).

Una visita completa

Si se quiere visitar a fondo la Isla de Lobos, es mejor madrugar. Así, uno se puede bañar temprano en la playa y, posteriormente, dar un paseo por la isla, que no es muy extensa (apenas 4,5 kilómetros cuadrados).

La Caldera, con 120 metros, es el punto más alto de Isla Lobos, y permite una excelente panorámica sobre la isla: una especie de portaaviones rocoso y desértico anclado en el mar.

El camino marcado conduce al faro de Martiño y a la playa de La Concha, que prefieren los amantes de los espacios abiertos. Ésta es la última parada antes de regresar al punto de partida: El Puertito, y el embarcadero de los barcos que devuelven a los visitantes a Corralejo.

Las dunas de Corralejo

Corralejo también dispone de playas muy concurridas, como las de Puerto Remedios, Las Agujas o Punta Prieta. Un poco más lejos, se puede visitar la Reserva Natural de las Dunas, que incluye el cono volcánico de la Montaña Roja. Desde estas playas se tiene una visión perfecta de Isla de Lobos, que ocupa toda la línea del horizonte.

Corralejo pertenece al municipio de La Oliva, que tiene otros lugares de interés si se mira hacia el interior. En la Escuela de Calados de Lajares se puede ver algo único en el mundo: las caladoras tejiendo con mucho cuidado y concentración los manteles artesanales típicos de la isla.

En La Oliva destaca la Casa de los Coroneles: un imponente edificio con forma de fortín levantado en el siglo XVII por la poderosa familia Cabrera Béthencourt, los señores de la isla. Durante muchos años, estuvo considerada la construcción más importante de Fuerteventura.

7.- PLAYA GRANDE, EN EL ANIMADO PUERTO DEL CARMEN

clip_image007

Este puerto de pescadores se ha convertido, con el paso de los años, en una de las zonas turísticas más importantes de Lanzarote. Para muchos viajeros, Puerto del Carmen y sus playas, entre las que destaca Playa Grande, son el primer contacto con la isla.

Ésta es una opción ideal para aquéllos que gusten de disfrutar de unos días de sol y mar, rodeados de servicios y comodidades. Puerto del Carmen se encuentra a apenas diez minutos en coche del aeropuerto de Arrecife, por donde llega prácticamente todo el turismo a Lanzarote.

Playa Grande, como su nombre indica, es la más extensa de Puerto del Carmen. Cuenta con más de seis kilómetros de litoral, apenas salpicado por algunos obstáculos rocosos. Por tanto, aquí no hay ninguna dificultad para encontrar el mejor lugar y aprovechar a fondo las horas de acción del suave y relajante sol invernal.

Al igual que en las playas de Pocillos y Matagorda, la arena de Playa Grande es fina y dorada, algo que por estas zonas no es muy habitual.

Es una playa urbana unida al paseo marítimo, lo que facilita el acceso también en casos de personas con movilidad reducida. En los últimos años, se ha convertido en una de las playas más visitadas de toda la isla.

Una ciudad activa y pensada para la familia

Por la noche, la principal actividad de los visitantes es callejear por el animado Puerto del Carmen y curiosear entre sus tiendas de ropa, artesanía y recuerdos tradicionales canarios.

Esta zona de Lanzarote se caracteriza por potenciar el turismo familiar. Los hoteles y los parques de ocio están pensados para que los niños no se aburran. Una de las atracciones más interesantes es el parque temático Rancho Texas Park, que cuenta con una colección de animales norteamericanos (bisontes, pumas, etc.) y ofrece espectáculos de lazo vaquero o actuaciones de baile country.

Cetáceos en Puerto Calero

Puerto Calero, al sur de Puerto del Carmen, es una zona de turismo de calidad. El edificio del antiguo varadero, en el puerto deportivo, se ha transformado en el Museo de Cetáceos de Canarias.

Es una buena iniciativa para saber más sobre la vida de estos mamíferos desde un enfoque interactivo. Allí se puede hacer lo que nunca dejan en un museo: tocar huesos y dientes, incluso barbas de ballena, oír el sonido de los delfines, y apreciar las reproducciones a tamaño real. Se trata de una visita especialmente recomendable para las familias.

8.- EL CHARCÓN, SABOR A FUERTEVENTURA

clip_image008

Fuerteventura, la primera isla Canaria en superficie de litoral, presume de tener las mejores playas del Atlántico. Un ejemplo es la zona de El Charcón, en El Cotillo, rodeada de un paisaje prácticamente virgen.

El Charcón tiene más de trescientos metros de longitud y es una playa abierta, sin obstáculos. Se encuentra en la población de El Cotillo, que pertenece al municipio de La Oliva, algo alejado de las zonas más concurridas de Fuerteventura.

Al pasear por esta playa, se puede apreciar cómo su fina arena dorada se mezcla con gravilla y piedra.

El viento llega directamente del Atlántico, pero esto no impide que el baño sea relativamente cómodo. Al igual que en el resto de las playas de Fuerteventura, el oleaje es tranquilo.

Una de las actividades preferidas de los turistas es pasear sin prisas por el agua mientras se toma el sol, algo muy relajante e imprescindible.

Los Lagos, un espectáculo de color

La playa de El Charcón se encuentra a apenas veinte metros de la carretera que lleva a El Cotillo, cuyo centro está a unos siete kilómetros.

De camino, se puede parar para visitar el faro de Tostón (en la Punta de la Ballena), que parece una torre que se hayan dejado abandonada en la playa.

La siguiente zona de interés son Los Lagos. Se trata de un trozo de litoral de Fuerteventura que lucha contra la presión urbanística.

Se caracteriza por los arrecifes que contienen el oleaje del Atlántico a escasos metros de la costa. El agua queda mansa en los lagos, lo que permite un baño tranquilo, especialmente para los niños, que disfrutarán como nunca.

La combinación de arena blanca, agua turquesa y rocas volcánicas negras llama poderosamente la atención de los viajeros. Los turistas procedentes del norte de Europa suelen acaparar los mejores sitios por lo que es recomendable madrugar si uno quiere bañarse en ellos.

El Cotillo, centro de vida marinera

El Cotillo es un antiguo puerto natural en el que se encuentran muestras de su vida marinera. Se puede pasear por su puerto y por sus calles, y sentarse a disfrutar con tranquilidad de sitios como el Rincón de las Mentiras. En él todavía se reúnen los pescadores majoreros, nombre que reciben los originales de Fuerteventura.

Otro punto de interés es la torre de Tostón, levantada en 1743.

Es un pequeño castillo de estilo quesero, de forma cilíndrica y achatada. Se construyó para defender la zona de los ataques de los piratas.

En el interior se puede visitar la exposición dedicada a la cultura majorera y el punto de información, que servirá para planificar mejor la visita. Este lugar, sobre todo, es el sitio ideal para observar la puesta de sol.

Un poco más alejada, hacia el interior, se encuentra una pequeña ermita de paredes blancas y curioso nombre: Nuestra Señora del Buen Viaje.

9.- LAS CANTERAS, EL PULSO DE LAS PALMAS

clip_image009

Las Canteras marca como ningún otro lugar la personalidad de Las Palmas, las 24 horas del día, todos los días del año. Por eso es el sitio perfecto para planificar una visita a la ciudad capital de esa isla.

Las Canteras es una playa urbana de grandes dimensiones, en la que todo el mundo, visitantes y locales, puede encontrar su sitio.

Debe buena parte de su encanto a la Barra de las Canteras, unos arrecifes que frenan el oleaje del Atlántico y permiten un baño tranquilo, incluso cuando, tras esta barrera, se observa un mar enrabietado. Cuando la marea baja lo suficiente, se puede acceder a la Barra sin problemas.

En Las Canteras hay zonas muy diferenciadas. Si se quiere un ambiente más relajado y familiar, hay que ir a la Playa Chica. En Peña la Vieja y La Cícer, donde la Barra disminuye, se puede ver cómo decenas de surfistas se lanzan en busca de la ola adecuada para “montarla”.

Para conseguir una foto particular, conviene ir hasta el extremo sur de la playa. La zona de Los Muellitos ofrece una buena panorámica sobre Las Canteras y el vecino Auditorio-Palacio de Congresos Alfredo Kraus, obra de Óscar Tusquets.

Al otro lado de Las Canteras, en La Puntilla, se divisa la escultura Juego del viento, obra de César Manrique.

Una playa con página web propia

Desde Las Canteras es muy fácil acceder a las zonas con mayor animación de Las Palmas. Al caer el sol, se recomienda mezclarse entre los lugareños y pasear por El Confital, situado al norte de la playa. El paisaje que se contempla desde ahí es extraordinario a esas horas.

Otras zonas bulliciosas son el parque de Santa Catalina y el centro histórico de la capital, la Vegueta.

Las Palmas, una ciudad de museos

Las Palmas cuenta con varios museos cuya visita es más que interesante. Uno de ellos es la Casa de Colón, mal llamada así porque el almirante nunca vivió en ella.

Este palacete de estilo gótico-isabelino fue la casa de los gobernadores. En su interior esconde el Patio de Armas y el Patio del Pozo. Por su parte, el Museo Canario recuerda a los antiguos pobladores de las islas.

El Museo Néstor, en la Plaza del Pueblo Canario, está dedicado a la figura de Néstor Martín-Fernández (1887-1938). Fue uno de los grandes pintores simbolistas, y su obra influyó en Salvador Dalí. El Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) es un decidido esfuerzo por integrar Canarias en el circuito del arte contemporáneo.

10.- EL ARENAL, LA PLAYA MENOS CONOCIDA DE TENERIFE

clip_image010

Esta playa, de arena negra y poco frecuentada, permite conocer una de las zonas más interesantes del litoral de Tenerife, y acercarse hasta San Cristóbal de La Laguna, una de las trece ciudades españolas Patrimonio de la Humanidad.

La Playa del Arenal se encuentra entre Punta del Hidalgo y Bajamar, al norte de Tenerife. A esta zona se llega por un pequeño sendero que parte de la carretera, junto al Hotel Neptuno.

A pesar de contar con una estación de guaguas próxima y con un camping, no es una playa masificada.

En invierno, su arena negra sirve de base de operaciones a decenas de amantes del surf, que se benefician del aumento de la fuerza del viento coincidiendo con el fin de la estación más cálida. La convivencia entre bañistas y surfistas es muy buena.

En El Arenal, es aconsejable combinar la estancia con visitas a otras zonas vecinas, como las sorprendentes piscinas intermareales de Puerto Hidalgo y Bajamar. Son barreras levantadas mediante el uso de barandillas y muros que rompen la fuerza del mar y permiten bañarse con tranquilidad.

Entre ambos puntos, se sitúa El Puertito, refugio para las pequeñas barcas de los pescadores de la zona, y el faro de Punta del Hidalgo.

Este faro mide 50 metros de altura, y llama la atención por la originalidad de su diseño: una flecha de hormigón blanco que apunta al cielo. Es uno de los faros más modernos de España, ya que entró en funcionamiento en 1994.

La Laguna, Patrimonio de la Humanidad

Desde El Arenal, se puede emprender el camino hacia San Cristóbal de La Laguna, cabeza del municipio. Es una de las trece ciudades españolas distinguidas como Patrimonio de la Humanidad, lo que la equipara a Santiago de Compostela, Toledo, Córdoba o Salamanca.

Esto da una idea de lo que se puede encontrar allí: una ciudad universitaria y monumental que fue la capital de la isla hasta 1833.

Hacer una enumeración de los edificios remarcables de San Cristóbal de La Laguna es una tarea inútil. Lo mejor es dejarse llevar por un guía oficial en la primera visita para después regresar y perderse. Así se puede conocer mejor la iglesia de la Concepción, el ayuntamiento (en la antigua Casa del Corregidor), el palacio de Nava y Grimón, el Real Santuario del Cristo de La Laguna, el exconvento de San Agustín, o el mercado de San Miguel, que muchos siguen considerando el epicentro de la actividad local.

Un diseño que hizo historia

También hay que fijarse en la insólita distribución en cuadrícula de Villa de Abajo, uno de los dos núcleos en los que se divide la ciudad.

Esta distribución, pionera en los siglos XVI y XVII, pasó posteriormente al Nuevo Mundo y fue adaptada en ciudades como La Habana y Lima.

Pero no todo son guiños al pasado. La Laguna también cuenta con un joven museo dedicado a la divulgación: el Museo de las Ciencias y el Cosmos. Es muy interactivo y está pensado especialmente para “aliviar” a los más jóvenes de tanta referencia histórica. Será una visita ideal para toda la familia, en particular cuando cae la tarde.

Fuente: ABC

[*Otros}– La Palma, la Canarias más verde

03-05-2013

Si algo son las Islas Canarias es heterogéneas. Cada una de las islas del archipiélago Canario tiene un marcado carácter individual.

clip_image001

Foto tomada desde el Roque de los Muchachos hacia el sur de la isla. Bajo el primero y mayor mar de nuebes, La Caldera; bajo el segundo, después de la pequeña cordillera que emerge de las nubes —con Bejenado como punto sobresaliente—, el Paso.

Frente a las grandes islas, más habitadas y más turísticas, La Palma es la alternativa más salvaje e inexplorada del territorio Canario. Aquí la Naturaleza se muestra esplendorosa gracias a la menor y más discreta acción del hombre.

La isla se distingue de las demás por el verdor de sus montes y la abundancia de agua, siendo La Palma la única isla Canaria que tiene arroyos o pequeños ríos, muestra de ello son los manantiales donde existen los únicos arroyos de aguas transparentes.

clip_image002

El Paso. Llano de los Jables

De su paisaje escarpado destaca el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, donde contrastan sus desniveles y barrancos con los bosques de pino canario y múltiples riachuelos y cascadas. Lo rodean elevadas cimas que superan los 2.000 metros.

Nos deslumbran el Roque de los Muchachos, el Pico de la Cruz, el Pico de la Nieve, o la Punta de los Roques. En los miradores de las cumbres entre cedros canarios, retama y tomillo, las vistas son tan extraordinarias que las nubes parecen quedar a los pies del visitante.

clip_image003

El Paso. Foto tomada desde La Cumbrecita, una de las dos entradas naturales a La Caldera. En primer plano, el bosque de El Riachuelo, o Adamancasis, con la Fuente del Pino, y al fondo, la famosa brisa cabalgando sobre la Cumbre Nueva.

El suelo volcánico de La Palma conserva reliquias del Terciario y numerosos endemismos canarios. En los barrancos se encuentran, por ejemplo, la rara violeta de La Palma, la jara y los bejeques, de los que existen varias clases.

La isla conserva importantes vestigios de vegetación, como los bosques de laurisilva del norte: El Cubo de La Galga, y El Canal.

clip_image004

El Paso. Interior de la Caldera de Taburiente

Los Tilos están declarados como reserva de biosfera y protegidos por la Unesco. También el pino Canario puebla gran parte de la isla y, desde hace años, está prohibida su explotación.

La flora endémica de esta isla está compuesta por 70 especies; otras 104 son endemismos canarios y 33 macaronésicos.

La isla conserva importantes vestigios de vegetación, como los bosques de laurisilva del norte: El Cubo de La Galga, y El Canal.

Fuente: 20 Minutos

Cortesía de Leonardo Masina

[*Otros}– Volcán Teneguía (Fuencaliente, La Palma)

28-04-13

Carlos M. Padrón

En julio de 2006, a pocas semanas de haber comenzado yo este blog, publiqué el artículo El volcán Cumbre Vieja: trágico pero espectacular (1) en el que narré los detalles de las diferentes etapas de esa erupción —explosión, columna de humo «sólido», lanzamiento explosivo de rocas incandescentes, emanación de polvo, y fluir de la lava— tal y como los viví cuando yo tenía apenas 9 años de edad.

Entonces no se hacían videos ni se tomaban fotos a color; no al menos en La Palma de 1949. Sin embargo, volcán es volcán, y para ilustrar alguna de las etapas por las que el Cumbre Vieja pasó, adjunto un vídeo —cortesía de Mary Carmen Barbuzano— tomado al que fuera el siguiente volcán palmero: el Teneguía, que hizo erupción en 1971.

Se le llamó el «volcán del turismo» porque su cráter, ubicado en el municipio de Fuencaliente, atrajo mucho turismo porque estaba entre la costa y el tramo de la carretera de circunvalación que pasa por ese municipio, y más cerca de ésta que de aquélla, por lo cual desde esa carretera se tenía una vista privilegiada del cráter y de todo lo que en él pasaba.

Para ver/bajar el archivo, clicar AQUÍ y luego en Download. Todo lo que puede verse en este archivo podría ser aplicado al Cumbre Vieja.

(1) NotaCMP.- De forma para mi sorpresiva, y por demás desagradable, este artículo ha cobrado actualidad siete años después de publicado porque alguien entendió que en él ofendí la memoria de un pasense a quien admiro y cuyo nombre ni siquiera mencioné en el tal artículo.

[*Otros}– El gofio: de manjar dietético a sustituto para la harina en Japón

25/04/2013

Una empresa Canaria vende, en los supermercados nipones, y en Estados Unidos y Alemania, este tipo de harina tostada.

El gofio Canario, un manjar dietético, natural e integral, presente en muchos platos de la gastronomía de Canarias, da el salto a Japón, donde una empresa familiar lo promociona en sustitución de la harina kinako, elaborada a base de habas tostadas y molidas, y utilizada para hacer dulces.

El empresario José Luis García, propietario de La Molineta, un molino de gofio que su tatarabuelo puso en marcha en Tenerife en 1886, se ha propuesto vender el gofio, un tipo de harina tostada, en los supermercados de Japón, tal y como ya lo hace en Estados Unidos y Alemania.

«Hay muchas posibilidades en Japón, llevamos dos años ya allí», manifiesta José Luis García en una entrevista a Efe, en la que explica que su empresa ha impulsado una página web en cinco idiomas, entre ellos el japonés, en la que se explica qué es el gofio, y se ofrecen varias recetas.

Aunque de primeras la combinación de sushi y gofio en un mismo plato sea difícil de visualizar, este emprendedor asegura que el mercado japonés tiene interés por el producto Canario, que se puede degustar en forma de mousse, magdalenas y helados.

No obstante, en Canarias, de donde es típico, se asocia de forma tradicional a otro tipo de comidas, como el escaldón, compuesto por gofio y cazuela de pescado rociado de mojo; o el frangollo, un postre que mezcla gofio, leche, huevo, canela, limón, pasas y almendras1.

Estos platos, cotidianos en los fogones de las abuelas, dan paso a otros más «universales» que traspasan fronteras y presentan el gofio en los hogares extranjeros como un alimento natural ideal para los desayunos en los meses fríos de invierno.

La Molineta ofrece diferentes tipos de gofio elaborados con distintos tipos de cereales y tuestes: unos enfocados para niños, con tres cereales; otro para jóvenes, que contiene siete cereales; y el tradicional que, en el caso de Tenerife, es el de trigo, y en el de Las Palmas el de maíz.

También hay gofio para diabéticos, que no contiene sal y está más tostado; para las personas que necesitan fibra en su dieta, a base de cebada; y la joya de la corona es el gofio elaborado con garbanzos, con una textura y un aroma exquisitos.

Estas innovaciones se suman a otras, que, aunque menos tienen que ver con seducir los paladares de los clientes, hacen por mejorar la sostenibilidad de la empresa, que intenta eliminar el plástico de los envases, prefiriendo el papel, y lleva a cabo un proyecto con la Universidad de La Laguna para desarrollar un horno tostador que funcione con energías limpias.

El I+D+i y la tradición se dan la mano en este molino de gofio, situado en el centro de La Laguna y donde cada día acuden madres buscando el mejor alimento para sus hijos, deportistas y, en general, personas preocupadas por una alimentación natural.

Así lo asegura el empresario, que cuando tomó las riendas del negocio se propuso dar a conocer el gofio, que también se vende en Estados Unidos, donde se toma en batido frío como la horchata.

«Nuestra filosofía no es vender», continúa José Luis, quien, entre bromas, indica que La Molineta es una microempresa «y no la Coca-Cola», cuyo sentido es crecer en consonancia con las ventas, que dice que han caído con la crisis económica.

Aunque en la calle se diga lo contrario por lo barato que es adquirir este producto, el empresario confiesa que la crisis económica afecta al negocio, que ha visto cómo muchas de las pequeñas ventas a las que surte cierran sus puertas.

Pese a ello, José Luis no pierde el ánimo ni las fuerzas para seguir adelante con su molino de gofio, donde empezó haciendo unas prácticas de verano y donde ahora pasa el mayor tiempo del día atendiendo a sus clientes, saboreando el gofio y pensado en la próxima innovación.

Fuente: La Vanguardia

(1) NotaCMP.

  • Sí, por siglos, el gofio fue parte primordial de la dieta del Canario, sobre todo del campesino.
  • Lo de dietético no significa que sirva para adelgazar.
  • En El Paso no se le dice escaldón sino potaje.
  • Y en la lista faltan, además del «gofio escaldado» (el mezclado y revuelto con el caldo del potaje), el «leche con gofio», que, al menos hasta mis tiempos allá (final de la década de los ’50s) fue nuestro desayuno diario, y que es una delicia si la leche que para él se usa es recién ordeñada.