[Opino}– Los españoles y el idioma inglés

Carlos M. Padrón

Dudo que sea correcto lo que en el artículo que copio abajo se da como explicación al problema que con el idioma inglés tienen los españoles.

Me quedo con la versión que da el australiano, pues he dicho muchas veces lo mismo que él.

Y tampoco creo lo de la explicación de que “ya tienen un idioma de comunicación para ir por el mundo”, pues, primero, el español no sirve para ir por el mundo —a menos que el mundo sea Iberoamérica—, y, segundo, si así fuera no tendrían sentido las enormes ganas que los españoles demuestran de poder hablar inglés, y cómo se pavonean cuando medio pueden hablarlo.

~~~

A. de Miguel

Manuel Delgado Tenorio (Australia) se pregunta si la incapacidad para aprender inglés que tienen los españoles no será una “dificultad genética».

Lo dudo. La prueba es que los misioneros españoles (que son más que los de otros países) han sido siempre muy pronos a aprender las lenguas indígenas de los lugares donde ejercían su ministerio.

Cierto es que los españoles actuales se resisten a aprender el inglés. La explicación es que creen que ya tienen un idioma de comunicación para ir por el mundo. No es una razón convincente.

Fuente

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Silencio

SILENCIO

Nunca tuve palabras con que amarte,
ni promesas, ni risas, ni canciones,
pues sólo tuve un mundo de emociones
y un placer infinito al recordarte.

Yo sentía en el alma, al contemplarte,
la tristeza angustiosa de no verte,
de dormirme en la noche, de perderte
sin haber acabado de mirarte.

Y un día nos perdimos, sin saberlo
en el tiempo,… no supe conocerlo…
¡deshojaba el olvido mis dolores!

Hoy, recordando lo que nunca llega,
mi alma en la noche misteriosa ruega
y llora en soledad muertos amores.

[*ElPaso]– La fiebre de las camas de hierro

23-10-2007

Carlos M. Padrón

Creo que fue allá por los años 80, época en que el facilismo comenzaba a hacerse notar en Canarias, cuando a algunos esnobs de El Paso les dio por la moda de las camas antiguas, de ésas hechas de hierro forjado que se habían usado muchos años atrás y que al momento, ya desarmadas e incompletas —cabeceras por un lado, pies por otros, etc.— servían como improvisadas puertas en el corral de algunos animales domésticos o simplemente yacían abandonadas y oxidadas en algún rincón olvidado.

La fiebre de este esnobismo se hizo contagiosa y, en particular las parejas que iban a casarse, recorrían la isla de La Palma buscando camas de hierro para, luego de restaurarlas, instalarlas en el que sería su dormitorio conyugal.

Recuerdo que siendo yo adolescente había en mi casa una de esas camas, que yo detestaba porque se movía en todas direcciones creando la sensación de que se desarmaría en cualquier momento y que quien en ella estuviera acostado iría a dar con sus huesos en el suelo.

En esa época, ya fueran de hierro o de madera, a las camas se les ponían colchones artesanales, hechos en casa, que se rellenaban con pinillo (aguja de pino seca) o con paja de trigo o cebada, y, en este último caso, el relleno se hacía en el verano, luego de la trilla del cereal que proporcionara la paja.

Lo que salía del colchón cuando se lo vaciaba era una masa formada por el relleno puesto el año anterior que con el uso diario se había compactado como por efecto de una prensa hidráulica. Pero una vez lavada la funda del colchón y llenada ésta con la paja fresca, el colchón adquiría un grosor varias veces mayor al que tenía antes del vaciado. Y cuando uno se echaba en él, se hundía arrullado por el característico chasquido de la paja al ser oprimida por el peso del cuerpo. Eso sí, cada día se hundía un poco menos hasta que la paja se asentaba para luego pasar a la etapa de compactación.

Pero si el relleno era de pinillo, la cosa tenía otro cariz, pues el nombre de “aguja de pino” no era gratuito ya que se trataba de verdaderas agujas vegetales que atravesaban el forro del colchón y la “sábana de abajo”, y se clavaban en el cuerpo del durmiente. La solución era poner, entre sábana de abajo y colchón, una manta bastante gruesa o una pieza de tela dura, como el dril, que no permitiera el paso de las agujas de pino. Cuando el pinillo por fin se asentaba, ya podía prescindirse de esa protección, aunque de vez en cuando el durmiente recibía un sorpresivo y poco agradable pinchazo al darse vuelta en la cama.

En el pueblo había algunos llamados “viejos”, que no lo eran tanto por la edad como por el sentido común y la chispa sarcástica que tenían para expresarlo cada vez que se les presentaba la oportunidad, y a casa de uno de éstos —que estaba más que fastidiado por la bendita manía de resucitar algo que, como las camas de hierro, había sido dejado de lado tiempo atrás por lo caro, incómodo y poco práctico— llegó un día una de estas parejas de tórtolos a punto de casarse, y ante todos los de la casa —el “viejo”, su esposa e hijas— se lamentaron de que estaban desesperados porque llevaban semanas buscando sin éxito una vieja cama de hierro, y luego pasaron a preguntar si sabían de alguien que tuviera una y quisiera venderla si no regalarla.

El “viejo”, que en silencio había escuchado todo sentado en un rincón fumando su cachimba, se levantó, y mientras en un gesto de clara molestia caminaba hacia la puerta de salida, comentó con tono de airado sarcasmo:

«Ya me tienen cansado con la moda de “las cosas de antes”. Ahora, camas de hierro pa’rriba y camas de hierro pa’bajo, ¡pero todavía no he visto, coño, que le hayan puesto un colchón de pinillo a ninguna!»

[Opino}– Useño y otros términos que cambio, y motivos para cambiarlos

22-10-2007

Carlos M. Padrón

Éste es el título de un artículo publicado por Pío Moa en Libertad Digital. Y lo de useños para referirse a los estadounidenses me gustó, pues no quiero llamarlos ‘norteamericanos’, porque eso son también los canadienses y los mexicanos; y menos quiero llamarlos ‘americanos’, como ellos dan en llamarse, porque americanos son todos los nacidos en el continente llamado América.

Como las siglas con que ellos identifican a su país son US (United States) o USA (United States of America) me parece muy bien lo de useños porque suena a gentilicio, ya que los de Gibraltar son gibraltareños, los de Extremadura son extremeños, los de Panamá son panameños, etc.

También podría decirse ‘usenses’, ‘usanos’ o ‘gringos’, pero estos términos llaman más a confusión, pues ‘usenses’ recuerda algo relativo a ‘uso’, ‘usano’ podría verse como peyorativo por asociación con ‘gusano’, y ‘gringo’ se usa las más de las veces con tinte peyorativo.

‘Useño’ carece de esos problemas, sirve como gentilicio tanto de US como de USA (‘usanos’ serviría sólo como de USA) y es bastante más corto que ‘estadounidense’ y más fácil de escribir, lo cual me ayuda porque, antes de publicar lo que publico, he estado cambiando por ‘estadounidense/s’ lo ‘americano’ o ‘norteamericano’ referido a algo o alguien de EEUU/USA.

Por tanto, si en adelante aparece en mi blog el término ‘useño’, es casi totalmente seguro que lo haya puesto yo en sustitución de ‘americano’ o ‘norteamericano’. Si en el artículo original apareciera, en cambio, estadounidense/s, así lo dejaré.

Y ya que hablo de cambiar términos en los artículos que en este blog publico, aprovecho para indicar algunos que cambio siempre que puedo:

Ordenador. Los sustituyo por computador.

Computerizado. Los sustituyo por computarizado, pues deriva de computador, no de computedor, palabra que no existe. Sin embargo me pregunto por qué no dicen “ordenarizado». ¿Sería lógico, no?

Fichero. Si de computador, lo sustituyo por archivo.

Emilio (¡Qué simpático!). Lo sustituyo por e-mail o email

Puzzle o puzle. Lo sustituyo por rompecabezas, nombre que siempre se usó y que continúa siendo válido.

Móvil. Si referido a telefonía, lo sustituyo por celular. Móvil es el motivo por el ual se hace algo, como el móvil de un crimen.

Zumo. Lo sustituyo por jugo. Aunque para el DRAE son equivalentes, ¿qué tal suena “una naranja zumosa?».

De sobremesa. Si referido a una computadora u otro aparato, lo sustituyo por de mesa, pues no se trata ni de un postre ni de una charla luego del café.

Monitorizar. Lo sustituyo por monitorear. Entiendo que se diga ‘profesionalidad’ (condición del profesional) en vez de profesionalismo, que suena a religión o enfermedad. Pero si de rastreo —que es casi lo que se hace con un monitor— tenemos rastrear y no rastrerizar, ¿por qué de monitor vamos a parar a monitorizar? La desinencia ‘-izar’ suena a conversión, a modificación, a alteración (catequizar, ridiculizar, agilizar, etc.), pero la acción que se lleva a cabo con un monitor no conlleva nada de eso.

Modelizar. Lo sustituyo por modelar, por las mismas razones dadas en monitorizar.

Nobel. Si se refiere al premio, lo sustituyo por Nóbel. En inglés no lleva acento, y se pronuncia como palabra llana, pero a menos que en España hayan aceptado sin más la forma inglesa —decisión que sería muy rara—, para que en español suene como debe sonar hay que ponerle acento en la ‘o’, pues de lo contrario será palabra aguda.

Castellano. Si se refiere al idioma, y a menos que sea a sus albores, lo sustituyo por español. Como bien dijo Camilo José Cela, castellano es el idioma que se habla en una cierta parte de España (menos de 40 millones); español es el que se babla en Canarias y en Hispanoamérica (más de 400 millones).

Porcentaje cuando aparece en letras, lo sustituyo por %, que no da lugar a confusión y es más económico. Si el monto del porcentaje aparece en letras, lo cambio a números, por la misma razón.

Terminal. Cuando se refiere a terminal de computadora, lo pongo como masculino. Cuando a terminal aérea, o estado de una enfermedad, como femenino.

Suspenso. Cuando de refiere al resultado de una prueba, como un exmanen, me quedo con ’suspenso’, pero si se refiere a la intriga, impaciencia o ansia por conocer el desarrollo de una acción, como, por ejemplo, el creado en el espectador por las famosas películas de Alfred Hitcotch, lo sustituyo por suspense, que resulta menos equívoco por cuanto ’suspense’ tiene sólo una acepción mientras que ’suspenso’ tiene varias..

Cualificado/a. Lo sustituyo por calificado/a. Hasta el DRAE lo hace así.

Apostar. A menos que se trate de apostar en una carrera, apostar, contra la opinión de otro/s, a que algo va o no a suceder, o sea, hacer una apuesta que involucre un premio para quien la gane, lo sustituyo, según el caso, por ‘inclinarse por,poner recursos en‘, ‘dar su favor a‘, ‘apoyar‘, ‘optar por’, etc.

Quedar. Cuando se refiere a compromiso de verse lo sustituyo por acordar verse/me/nos…, quedar en verse/me/nos…, o citarse/nos,…

Testar. Cuando se refiere a test (prueba) lo sustituyo por testear, pues testar está relacionado con testamento.

Las Palmas de Gran Canaria. Lo sustituo por Las Palmas, que es como todo el mundo llama a esa isla en Canarias. Lo de Gran no le va porque ni siquiera es la mayor en extensión.

Interaccionar. Lo sustituyo por interactuar. Interaccionar ni siquiera aparece en el diccionario.

Interfaz. Cada vez se usa más en computación, pero casi siempre como masculino. Yo lo pongo en femenino, pues ‘faz’ es femenino. El DRAE lo registra como femenino.

Contrastar. Cuando no se refiere al contraste por diferencias —como, p.ej., el de la luz y la sombra, el del día y la noche, el del carácter de hermanos, etc.— lo sustituyo por comparar o comprobar, según sea el caso.

• ‘.’ (punto) o ’,’ (coma) antes de ‘’ (comillas). Una manía de los useños que, en el caso del punto, va contra el principio de que el punto es precisamente final y, por tanto, debe ponerse al final.

• Mayúsculas en los titulares en inglés. Otra manía de los useños. Las cambio a minúsculas, salvo, por supuesto, la de la palabra inicial.

[*Opino}– Jesuitas. Los ‘marines’ del Papa (1/4)

El Sr. Jesús Rodríguez, quien escribió el artículo que sigue —que por lo largo lo publicaré en 4 entregas— será tal vez un buen reportero pero, a juzgar por este artículo, no un buen escritor.

Su estilo es una sucesión de frases que, aunque relacionadas entre sí, aparecen separadas por un punto cuando bien podrían, o deberían, estarlo por una coma o un punto y coma.

Tal parece que el Sr. Rodríguez es uno más de la legión de los que usan puntos suspensivos a diestra y siniestra porque, en mi opinión, no saben usar otros signos de puntuación; sólo que el Sr. Rodríguez usa, en vez de los manidos puntos suspensivos, el simple “punto y seguido” y con ello crea gran confusión en los lectores, sobre todo en los que, como yo, estamos acostumbrados a entender que el punto marca el final de un concepto.

Ante esto, a mi mejor saber y entender corregí lo que pude, pero no todo porque, simplemente, en muchos casos no supe a ciencia cierta qué quiso decir el autor.

Carlos M. Padrón

***

19/10/2007

Jesús Rodríguez

Jesuitas. Los ‘marines’ del Papa

Desde su despacho, mucho antes de que amanezca, el Papa Negro de los jesuitas divisa cada mañana los dominios del Papa Blanco en Roma. Las ventanas de ambos son las primeras en iluminarse en el Vaticano. Las separan unos centenares de metros. Luego ofician misa en soledad. Son los dos hombres más poderosos de la cristiandad.

Unidos a través de la Historia por un sólido vínculo de complicidad y también de sospecha, a lo largo de cinco siglos sus relaciones han sido tormentosas; de amor y odio. Un papa disolvió la Compañía de Jesús en 1773, y otro, Juan Pablo II, la sometió con mano de hierro en 1981, y a punto estuvo de disolver su caballería ligera. Sus monjes-soldado universales son inquietos y disciplinados, universitarios y políglotas, humildes y soberbios al mismo tiempo, entrenados física y mentalmente como marines por los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, y siempre a disposición del pontífice en los cinco continentes; en vanguardia, en el filo de la navaja.

Se saben distintos. Definen su trabajo como “estar en la frontera». Lo explica el padre Héctor de Vall, de 72 años, rector del Pontificio Instituto Oriental, situado en un elegante palacio semioculto tras la basílica de Santa María la Mayor, de Roma, que busca servir de puente entre las iglesias de Oriente y Occidente: “Nuestro voto de obediencia al Papa es para la misión; el Santo Padre te puede enviar a la frontera intelectual o geográfica que considere oportuna. En un principio, disponía de los jesuitas, un grupo de gente muy especializada, que sabían latín y tenían una carrera civil, para que fueran a los confines del planeta. Hace un siglo, la frontera suponía estar en el mundo de la ciencia, porque los científicos eran ateos. Y los jesuitas, como científicos, debíamos demostrar que la fe no era contraria a la razón; hoy, nuestra frontera es la lucha por la justicia, la paz, la ecología, y los derechos humanos».

Esa búsqueda febril es la que tantos problemas les ha proporcionado en el Vaticano. Desde aquel 1974 en que la Congregación General de la Compañía decidiera que, para los jesuitas, el servicio a la fe debía ser inseparable de la promoción de la justicia en el mundo. Un terremoto, su Mayo del 68, los soldados papales, martillo de protestantes, confesores de papas, aliados de reyes, y educadores de ricos, descubrían a los pobres, y se ponían de su lado. Contra las dictaduras, denunciando el racismo en Estados Unidos, con los más desfavorecidos en Nicaragua y El Salvador. En los barrios marginales. Entre los refugiados. Una refundación rápida y profunda.

Más allá del críptico lenguaje eclesiástico, ¿qué significa en la actualidad “la promoción de la justicia»? Contesta Jon Sobrino, de 68 años, forjador de la teología de la liberación en Centroamérica y uno de los miembros más queridos en la Compañía: “¿Qué es justicia para esas mayorías a las que se les niega una vida digna? ¿Qué es justicia para las mujeres maltratadas y oprimidas? ¿Qué es justicia donde hay apartheid? ¿Qué es justicia si Estados Unidos consume el 28% del oxígeno de la Tierra? La promoción de la justicia no se puede definir. Es vida y dignidad para todos. Algo que clama al Cielo. Nuestra misión».

La Iglesia no estaba preparada para esa revolución, para ese atracón de libertad, pasar del traje talar al mono de obrero sin escalas. Ya en la Nochebuena de 1955, el jesuita José María Llanos había dado un portazo al régimen del general Franco y se había instalado en una chabola de El Pozo del Tío Raimundo, en Madrid, junto a un grupo de compañeros de la Compañía. Una experiencia similar a la que habían protagonizado los curas obreros en Francia y que iba a transformar la mentalidad de muchos jesuitas jóvenes en España. Llanos y sus hermanos no habían aterrizado en ese suburbio para convertir a nadie; organizaron una escuela profesional, una guardería, una escuela de educación nocturna, y dinamizaron el clandestino movimiento sindical. Marcharon codo con codo con los vecinos. Construyeron una capilla en una chabola. Hoy es una iglesia en la que aún se trabaja por el barrio.

“Aquel espíritu sigue entre nosotros», comenta Higinio Pi, de 41 años, que medio siglo después representa una nueva generación de jesuitas en El Pozo. “En aquel momento, los jesuitas querían saber qué pasaba en la calle, vivir como la gente normal, padecer lo mismo. Y salieron del centro de las ciudades y las parroquias. Hoy, las necesidades de la sociedad son distintas; trabajamos para ver cómo acoger a los inmigrantes que acaban de llegar. Estamos a pie de obra; investigamos de dónde vienen y la incidencia social que provocan. Nuestro fin no es enseñarles el catecismo; expresamos nuestra fe al luchar contra la injusticia. Nuestro trabajo con la inmigración no es asistencial; consiste en saber quién viene y por qué. Hay una parte muy interesante de los jesuitas, como think-tank, para conocer mejor la inmigración. Y también en la cooperación al desarrollo y la cultura por la paz. Nuestro fin no es dirigir; no queremos figurar, sino iniciar proyectos, dejar paso a otros y seguir adelante. “Es la manera de ser de la Compañía», explica un veterano jesuita. “Analizamos la realidad del lugar donde estamos y respondemos en consecuencia. Vamos por libre. Somos los free-lancers de la Iglesia. Llegamos a un sitio y ponemos en práctica lo que nadie antes ha hecho. Como Llanos en El Pozo: no sabía qué iba a hacer, no tenía instrucciones de uso, se encontró una realidad y le dio una respuesta».

A este mismo territorio llegaría en 1974 otro jesuita proscrito. Hoy, a sus 96 años, José María Díez Alegría conserva una lucidez, memoria y sentido del humor envidiables. Doctor en Derecho y Filosofía, licenciado en Teología, profesor de Ética en la Universidad Gregoriana de Roma, hermano de dos generales de Franco, es considerado un precursor de la teología de la liberación en la Compañía. “Tengo dos doctorados universitarios, pero el doctorado de mi vida ha sido El Pozo», explica sentado en un decrépito sillón de la residencia de ancianos de la Compañía en Alcalá de Henares (Madrid), donde transcurren los últimos compases de su vida. Díez Alegría nunca ha perdido la sonrisa; ni en los tiempos más difíciles. “Hay que tomarse menos en serio; los obispos podían tomar nota».

El País

[*Opino}– Los altos se sienten mejor

Carlos M. Padrón

Lo que sigue podría explicar ciertos rasgos de carácter de muchas personas de pequeña estatura, como su irascibilidad, quisquillosidad, autoritarismo, hipersensibilidad, etc. Alguien dijo que los mayores problemas de este mundo han sido causados por enanos, y podría ser cierto.

En IBM de Venezuela hubo un Gerente de Personal que, tras años en esa posición, me dijo que, si de él dependiera, en la pared de su oficina clavaría un clavo a 175 cm medidos desde el piso. Cuando llegara alguien a solicitar trabajo, lo primero que él haría sería pedirle que se parara, descalzo, bajo el calvo. Si no llegaba a rozarlo con la cabeza le diría, sin más, que se marchara.

¿Motivo para tan extraña medida? Las estadísticas del Departamento de Personal mostraban claramente que la inmensa mayoría de los problemas que hasta allí habían llegado y seguían llegando habían sido iniciados por empleados de pequeña estatura quienes, además, mostraban, con mucho, el mayor grado de insatisfacción, incluso con aspectos en que ningún otro empleado de estatura normal o grande dijo nunca estar insatisfecho.

Desde que supe esto comencé a fijarme más, y, efectivamente, entre las personas que reportaban a mí, o que yo podía observar de cerca, ocurría lo mismo: a menor estatura, mayor generación de problemas.

***

19.10.07

¿De qué depende nuestra sensación de bienestar? ¿De la salud? ¿De los ingresos económicos? Sí, pero también de la estatura, según revela un estudio publicado en el último número de la revista científica Clinical Endocrinology.

En el estudio, llevado a cabo en el Reino Unido, cerca de 15.000 adultos respondieron a un cuestionario en el que no se medía su salud “real”, sino cómo de sanos se sentían. Para ello analizaban cinco aspectos relacionados con el bienestar: la movilidad, la autonomía, las actividades habituales, el dolor y la ansiedad/depresión.

Los resultados revelaron que las personas más bajas (menos de 162 centímetros en hombres y menos de 151 centímetros en mujeres) declaraban sentirse peor física y mentalmente que los encuestados con estatura normal o superior a la media.

Lo más interesante, según el investigador Torsten Christensen, es que se ha comprobado que un aumento de altura de 3 centímetros tendría un impacto positivo sobre la calidad de vida de una persona de reducida estatura, y sin embargo no afectaría en absoluto a otro individuo con una altura normal. Christensen considera que es necesario seguir investigando cómo se relacionan nuestra estatura y nuestro bienestar, antes de empezar a tomar medidas.

Society for Endocrinology (www.endocrinology.org)

MUY

[*Opino}– Se divorcian tras descubrir que eran la misma pareja en la Red

Carlos M. Padrón

No creo que haya que ser psicólogo para saber la respuesta: a través del computador no se puede ejercer la “autoridad” que concede el papel maldito, o sea, el acta de matrimonio. Chateando por Internet son novios, pero en la vida real son marido y mujer atados por un contrato.

Chateando, cada uno descubrió en el otro el mismo conjunto de cualidades que, de cara a cara, les llevaron a enamorarse una vez en la vida real. Pero ese conjunto desapareció por obra del “derecho de propiedad”, sentido de “posesión” y seguridad legal que concede el papel maldito.

Por eso he dicho “Si es una buena novia, ¿por qué arriesgarte a casarte con ella?”.

***

16/10/2007

Belgrado. (EFE).- Un hombre y una mujer que entablaron contacto por Internet y se enamoraron tras intercambiar unos pocos mensajes electrónicos, eran en la vida real pareja, pero sus problemas matrimoniales les llevaron a buscar un alivio virtual, precisamente lo que les llevó al divorcio.

Según informa hoy el semanario serbio “Zabavnik», los dos no podían imaginarse la vida sin el apoyo que se daban el uno al otro “chateando” sobre los problemas que sufrían. Él empezó a llamarla “Azúcar” y ella a su pareja virtual “Príncipe de la satisfacción».

Cuando la relación se volvió lo suficientemente seria, decidieron encontrarse, pero la reunión disipó la ilusión, ya que resultaron ser la mujer y el marido que a diario tenían graves disputas y en la práctica de ninguna manera se denominaban con nombres cariñosos.

Inmediatamente decidieron divorciarse alegando el engaño matrimonial como motivo.

El semanario asegura que se trata de una pareja de la ciudad central bosnia de Zenica, e indica que se debería plantear ante los psicólogos por qué una pareja se lleva excelentemente por internet y mal “sin el computador».

La Vanguardia

[*Opino}– Otro hipérbaton de don Amando: «Afortunado de una manera casual»

Escrito por don Amando de Miguel, columna Lengua Viva, en Libertad Digital (España) del 12/10/07:

“[Serendipidad]. Se refiere a la extraña facultad de descubrir algo afortunado de una manera casual”.

Tal y como está escrito, el lector puede perfectamente creer, si no quiere adivinar, que ‘de una manera casual’ se refiere a ‘afortunado’, pues ‘afortunado de una manera casual’ es algo que tiene sentido.

Sin embargo, como después de releer uno cae en cuenta de que la intención de don Amando fue que ‘de una manera casual’ se refiriera a ‘descubrir’, lo que debió escribir para evitar este hipérbaton (y conste que fue él quien me dijo que este, para mí error, se llama así) es, p.ej.,

“Se refiere a la extraña facultad de descubrir, de una manera casual, algo afortunado”,

lo cual no deja lugar a dudas.

http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_39785.html

[*FP}– De Carpádrez: Características subjetivas y coyunturales

1997

Algunas características personales son cualitativamente subjetivas y coyunturales, pues a veces resultan elogiadas por algunas personas, y otras veces condenadas por esas mismas personas o por otras. Así, quienes tienen mala memoria y lo saben suelen negar las aseveraciones para ellos inconvenientes que hagan quienes la tienen reconocidamente buena.

Carlos M. Padrón