En el listado, también incluye Timanfaya, así como Sierra Nevada, Ordesa y Monte Perdido, de España. Yosemite, el Parque Nacional de las Secuoyas, Iguazú, Serengueti o el Gran Cañón del Colorado son otros nombres que aparecen en este ránking.
Categoría: El Paso. Hechos destacados
Hechos, imágenes o escritos —en prosa o poesía, y míos o de otros pasenses— acerca de El Paso, sus fiestas, su historia, sus gentes, sus costumbres…
[*ElPaso}—"Monterrey en la memoria", un evento histórico
El Teatro Monterrey y su amplia terraza fueron por muchos años el centro social clave de El Paso.
Y el pasado jueves, 14/12/2017, tuvo lugar en ese teatro el evento anunciado en este cartel, evento al que fui invitado, junto con otros pasenses, a relatar mis memorias al respecto, deferencia que desde aquí agradezco una vez más a Andrés Carmona, Patricia Taño y Yolanda Yanes.
La concurrencia fue mayor de la esperada, así como también la emoción que despertó en la mayor parte de los asistentes, a veces traducida en lágrimas. El acto fue filmado, y de él resultaron dos vídeos.
- Contiene, con mejor calidad en sonido e imagen, sólo el vídeo, de unos 16 minutos de duración, que fue filmado entre la introducción y las entrevistas individuales: https://youtu.be/WKlcnfMDH8o
- Y éste, de 1 hora y 20 minutos de duración, contiene el acto completo, o sea, introducción, vídeo 1, y entrevistas individuales: https://www.youtube.com/watch?v=A2OdSQxZyZw&feature=youtu.be
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Algunas fotos tomadas durante el evento.
De izquierda a derecha.
1) Carlos M. Padrón (CMP) ; 2) Carmen J. Pernía (Chepina) de Padrón, mi señora ; 3) María Celia Padrón, mi hermana mayor ; 4) Pino Montañez, esposa de Álvaro Padrón, mi primo-hermano ; 5) María del Carmen Padrón, mi hermana menor ; 6) Violeta Padrón, mi prima-hermana, y hermana de Álvaro Padrón ; 7) Álvaro Padrón ; 8) Luz Rosa Chico Padrón, hija de Violeta.
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En el salón podría haber una veintena de parientes míos. Los más cercanos (algunos en la foto anterior) se sentaron en grupo, y son, de delante hacia atrás, éstos.
Primera fila: 1) María Celia Padrón ; 2) María del Carmen Padrón ; 3) Violeta Padrón ; 4) Álvaro Padrón.
Segunda fila: Víctor Hernández Padrón, mi sobrino por cuanto es hijo de María del Carmen. Es el que aparece detrás, entre ella y Violeta ; 2) María del Pilar Simón (Pili), prima segunda. Es la que, mirando de lado, aparece detrás, entre Violeta y Álvaro.
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CMP con Yolanda Yanes
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CMP con Patricia Taño.
Yolanda y Patricia, con su asociación Vilaví, fueron las artífices de este evento. Mis felicitaciones a ellas.
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Artículos relacionados:
[*ElPaso}– El vídeo de "Amanecer en La Caldera"
08-09-2017
Carlos M. Padrón
Con base visual en este mural que adorna la fachada de la Casa de La Cultura, de El Paso
y base de audio en este bello poema, escrito en 1957 por el poeta pasense Antonio Pino Pérez,
I
Las sombras huyen, y la luz que viene
lo envuelve todo en claridad inefable,
cuando pinta en la selva impenetrable
el milagro de amor que la sostiene.
Juega en las ramas, y su juego tiene
caprichos de una danza inimitable:
es etérea y fugaz, es impalpable
porque en nada que pesa se detiene.
Estas luces que alumbran ideales
en las ramas, son almas transparentes,
mensajeras de amores inmortales
que llegan desde Dios esclarecidas
a despertar los sueños inocentes
en el embrujo incierto de las vidas.
II
Y baña de prestigio los pinares.
y las rocas se cubren de quimera
porque reina la dulce Primavera
colgada en los abismos estelares.
Aquí olvidé el dolor de mis pesares
ante la excelsitud de la Caldera:
el sueño luminoso que se espera,
el agua que musita con cantares.
Y que más corazón que la belleza
embriagada de luz a borbotones
y derramada aquí por su grandeza
en incesante riada de colores,
para vestir de fe las ilusiones
y alumbrar nuestras ansias de fulgores.
III
La gloria de este día que florece
en desvelada soledad medita,
y hay algo indescifrable que palpita
en una luz de alertas que amanece.
¡La Raza muerta! Perdonad que rece
en la cueva esparcida en que dormita,
porque yo sé que no se fue, que habita
esta mansión, y en ella permanece.
Que Aceró es Camposanto benahorita
donde duerme el silencio eternidades
que viven en la luz que resucita.
Y no turbéis su sueño, que es locura
profanar tan excelsas cualidades
con sombras de pecado y desventura.
Makarena Herrera ha hecho un vídeo que puede verse AQUÍ.
Si este enlace no sirviera, entonces puede usarse ÉSTE.
[*ElPaso}– Una luchada en la Cumbre Vieja
PRIMERA PÁGINA DEL DIARIO DE AVISOS, sábado 1 de septiembre de 1951
Una luchada en la Cumbre Vieja
Por Antonio Pino
Transcripción del periódico por Juan Antonio Pino Capote
Una memorable noche de verano de 1880, en los arenales de la Cumbre Vieja y a más de 1.400 metros de altitud sobre el nivel del mar, se dieron cita para celebrar este singular encuentro de luchas canarias —que con harta frecuencia se repetían— los luchadores de uno y otro de los dos bandos en pugna.
El escenario de las fiestas deportivas fue sabiamente escogido por los guanches para sus ejercicios bélicos, sus danzas alegres e ingenuas, sus cantos gemebundos, que rimaban a la perfección con la música de los pinares que circundaban estos arenales desérticos, y para sus adoradores al verdadero Dios, señalado hacia arriba a perpetuidad por el cono victorioso, yermo e inconmovible de Bidigoyo, una de tantas antenas pétricas de la Isla, agudeza hacia los cielos en ascensiones increíbles…
En estos llanos, donde flota el polvo de tantas leyendas olvidadas, han tenido lugar, después de la conquista e incorporación a la Corona de Castilla, grandes luchadas, que terminaban en fiestas ingenuamente alegres, que empezaban con el morítimo canto de los Aires de Lima para acabar danzando el Sirinoque. Ningún lugar mejor que éste para terrero de nuestra noble lucha. Atravesados por la Cumbre vieja —camino de enlace primitivo entre una y otra parte de la Isla— estos Llanos de los Jables, en el centro de los principales caseríos, y lugar limítrofe de varios pueblos, fue también centro equidistante de varios reinos benahoritas, y tanto ellos como nosotros nos hemos ejercitado en este viril deporte de la lucha, sobre estas llanuras abiertas a la noche estrellada, dominadora de alturas, enmarcadas entre bosques de pinos e invadidas en parte por los brezos y los amagantes.
No encontraremos mejor sitio que éste para escenario único de la luchada aborigen, pues su arte de maravilla no cabe en los vallados terrenos de la tierra baja, y mucho menos en los locales cerrados donde no alcanza el fuerte aliento de los pinos y donde no alumbran, con dulcedumbre inefable, lámparas celestiales.
Al aire libre de las alturas incontaminadas, en la quietud profunda de la noche canaria, besados por las brisas perfumadas del monte y bañados por la luz blanda y femenina de la Luna, estas llanuras —a lo que en La Palma llamamos llanuras y a las que para ser africanas del todo sólo le faltan las palmeras— saben de la honda identificación de los luchadores de todos los tiempos, de la hermandad en los ritos deportivos, de la fusión de caracteres a pesar del tiempo y de la Conquista.
Por todas partes aparecen hombres de todas las edades: unos llegan por el viejo camino de la Cumbre Vieja, que en fila india escalan por una y otra vertiente; otros llegan por la misma cima de la Cumbre que se extiende al norte y al sur de Bidigoyo; algunos avanzan a campo traviesa orientándose en la noche por el pico-vigía dormido en fuego de purificaciones; y todos suben y suben, pues la Isla es un rabioso accidente geográfico, desde las Breñas, Mazo, Fuencaliente y Santa Cruz de La Palma, por un lado, y por el otro desde Los Llanos, El Paso, Tazacorte, Tijarafe y Fuencaliente también, desde distancias no inferiores a los ocho kilómetros de recorrido.
Los Llanos de los Jables y de la Brujas se ven invadidos por una gran muchedumbre en las primeras horas de la noche, cuando hace su aparición en los cielos, la luna, que es la misteriosa lámpara de la naturaleza que alumbra y decora estos parajes, rielando sobre el mar de arenas de un par de kilómetros en cuadro, exceptuando los característicos accidentes montañosos, que tampoco podían faltar aquí, por ser definidores de cualquier pedazo de la Isla por reducido que este sea.
La gran luchada que esta noche celebran los palmeros en la Cumbre Vieja, en Los Llanos de los Jables y de de las Brujas, adonde confluyen confundidos los hombres que vienen de diferentes y apartados lugares en bulliciosas algazaras, va a comenzar dentro de breves instantes.
Nuestro héroe por ahora, José María, el de Tacande, acaba de cenar entre dos luces, y acto seguido partió raudo hacia el monte en compañía de unos amigos y admiradores que, impacientes, le estaban esperando. Y hablando del tema obsesivo de la lucha, de sus incidencias y anécdotas, trepaban más que subían hacia la Cumbre Vieja. Por malos caminos atajos, veredas, sobre piedras sueltas y resbaladizas, o venciendo la resistencia que oponían a su paso los ramajes del monte bajo, brezos y hayas principalmente, y saltando, más que andando, y corriendo, más que caminando, sobre sus vigorosas piernas que jamás sintieron la fatiga.
En el silencio de la noche dormida sólo se oyen las fuertes pisadas de unos hombres que pasan, ruido de ramas movidas o de piedras que ruedan, o palabras sueltas que tenían significado y fuerza viril de vida en el profundo mutismo de la noche en sombras, que no sé por qué se nos antoja al evocarla como antesala de la quietud suprema.
A la llegada de nuestro héroe a los famosos llanos, éstos se hallan invadidos de hombres que pululan por todas partes. Saludos de bienvenida, risotadas anchas, expresivas de grandes alegrías, saltos, carreras, cantigas, apuestas, discusiones, bullicio y confusión general, hasta que los ancianos de uno y otro bando, veteranos luchadores nombrados jueces de campo, y cuyo fallo inapelable era acatado por todos como rigurosamente justo, anunciaron que la luchada iba a comenzar.
Se hace el silencio espectacular y expectante que anuncia y precede a estos grandes y sonados encuentros, de regocijo sano, pero también de emociones contenidas y pasiones nobles por la victoria de uno u otro bando.
Los espectadores en cuclillas unos, sentados o acostados otros, y algunos, poseídos de nerviosismo, de pie o paseando, mientras los luchadores se visten, cachazudamente, la clásica ropa del deporte: camisa y pantalones de lienzo, arremangados hasta más arriba del codo y de la rodilla. Hay más de veinte luchadores por cada uno de los dos bandos. Y comienza la lucha.
Dos mozalbetes a los que apenas apunta el bozo… Se estiran y se contraen con brío. Dan vueltas en derredor de sí mismos. Hacen esfuerzos físicos innecesarios. Prisa y nerviosismo de la inexperiencia. Las fuerzas en pugna parecen estar equilibradas, pero, de pronto, uno, más hábil, levanta rápido y se contrae veloz, y su contrario cae limpiamente al suelo. El vencedor ayuda a levantarse al vencido y ambos se abrazan y ríen. Aplausos. Los breñuscos acaban de apuntarse la primera victoria de la noche.
Otro del Valle sale por el vencido. Un jovencito alto y delgado, al parecer, de pocas fuerzas. Durante breves instantes se observan después de agarrados y, de pronto, un desvío por parte del luchador del Valle hace perder el equilibrio a su contrario que cae con gran facilidad.
El secreto de esta lucha parece consistir en hacer perder el equilibrio al contrario y aprovechar la coyuntura para derribarlo. En este caso la lucha pareció un simple juego sin esfuerzo alguno. A veces da la sensación, y así parece ser, de que un luchador se tumba a sí mismo; esto suele sucederle a los más fuertes cuando desconocen los secretos del arte. En muchos casos la superioridad física de uno sobre el otro es anulada por lo hábil de una defensa y el sacar partido de las oportunidades, la falsa colocación del contrario, o lo desarbolado que se queda a veces un luchador al tirar ciertas luchas en ocasión propicia para atacarle.
Un nuevo luchador sale al terrero. Es un verdadero atleta. Hombros y brazos poderosos con músculos hipertrofiados, que se dibujan con líneas claras y precisas al contraerse. Como un gladiador avanza lentamente hasta su contrario. ¡Pobre muchacho!
Se agarran a satisfacción de los jueces, levanta rápido como una tromba hasta la altura de su cabeza al luchador del Valle, como si fuera a arrojarlo como un pelele, pero las largas y ágiles piernas de su contrario se enredan al tórax como reptiles, y resbala deslizándose cauto hasta tomar tierra. El atleta tira nuevamente con todas sus fuerzas, pero el muchacho, rápido como el rayo, se contrae hasta quedar en cuclillas y el gigante impelido por sus propias fuerzas rueda dos o tres metros más allá. ¡Bien muchacho! ¡Bravo por tu elasticidad felina!
Los alardes de arte y destreza, agilidad y fuerza, se suceden sin interrupción. Una buena parte de los luchadores de uno y otro bando han sido derribados ya, mereciendo destacar entre todos los luchadores que han tomado parte en este encuentro a un joven imberbe de Las Breñas, de poca estatura y menguada fuerza —comparándolas con las de su adversario— que derribó sin interrupción a cinco de los mejores luchadores del Valle hasta que sucumbió ante la abrumadora y aplastante superioridad física de Matacán, que a su vez fue derribado por Barajo, en un cuerpo a cuerpo hercúleo digno de mención y del cual se habló mucho por entonces.
Y entonces es cuando aparece en el terrero en defensa de los suyos, José María “el de Tacande”, el mejor luchador de la Isla por aquel entonces. Vedlo: alto y alto y fornido como un guanche, enjuto de vientre y seco de adiposidades, de proporciones apolíneas, sus músculos de hacer se demarcan unos de otros por líneas precisas, y es un todo armonioso y rítmico las diferentes partes de su cuerpo. Sin una hipertrofia muscular inútil y llamativa o hiriente, y sin prominencia física alguna que nos dé la sensación de haber sido tallada, pulida, por un concienzudo artífice.
Todo él da sensación de nerviosismo dinámico, de inquietud expectante y recelosa y de agilidad felina. Es diferente de todos los demás; es único. Reina la más profunda de las expectaciones. Se oyen las respiraciones mal contenidas y el susurro blando de la brisa que barre los malos pensamientos y ahuyentan los deseos impuros.
El luchador sonríe con la sonrisa de los fuertes, que confían en sus propias facultades. Barajo, más voluminoso y tal vez más fuerte, lo espera con serenidad austera y reservada. Antes de comenzar la lucha da la impresión de que Barajo va a derribar a su contrario, pero la lucha empieza. La rapidez y seguridad de movimientos del luchador del Valle se imponen. Varias tentativas de luchas son frustradas por Barajo, que no cae por levantada, por desvío, ni por agachadilla. Rápido replica a cuantas luchas le tiran, se defiende a la perfección. Pero José María, tanteando el terreno, parece ya impacientarse de este juego inútil, se levanta seguro sobre su propio cuerpo, que ya es el eje de la lucha, gira alrededor de sí mismo con rapidez de vértigo, carga con la cadera y Barajo cae pesadamente a sus pies.
Hermosa lucha. Aplausos y aclamaciones. Vítores. Por el lugar donde suenan los aplausos y por las aclamaciones, aunque no se hubiera presenciado la lucha se podía saber quién era el vencedor. En un santiamén derribó a la casi totalidad de los luchadores del equipo contrario, que llevaba gran ventaja de luchas.
Por toque por dentro, cango y garabato, que son sus armas favoritas ha diezmado al equipo contrario, al que sólo le queda en pie un solo luchador: Chamusquina, el último y esperanza máxima del equipo contrario. Es todo un hombre. No vacilamos, a fuer de imparciales, en reconocer que es francamente más fuerte que José María “el de Tacande”. Las hazañas de los enormes pesos que levanta o arrastra o carga, son famosas y conocidas en toda la Isla, donde se rinden públicos homenajes de admiración a estos superdotados físicamente, al igual que lo hacían nuestros antepasados los guanches.
Es la última de las luchas, la decisiva, y la expectación alcanza el grado superlativo. Se agarran y, mutuamente, se observan con profundo respeto, sin apenas moverse. Pisan y pesan con fuerza sobre las arenas, donde se encuentran sus pies desnudos. Chamusquina, levanta con fuerza a José María, pero éste coloca sus piernas entre sus muslos y hace infructuosa la levantada, neutralizándose el hercúleo esfuerzo de Chamusquina.
Tomo tierra José María, e intenta levantarlo a su vez, pero es imposible. Forcejean durante breves instantes, dan vueltas, respiran con fuerza, pero, de pronto, Chamusquina se endereza hasta quedar erguido, levantó con fuerza José María dando la sensación de que va a tirarlo a como un pelele. Los dos están en equilibrio inestable, vacilante. Chamusquina inicia un temible garabato, pero José María, con la velocidad del pensamiento, carga todo su cuerpo sobre la extremidad amenazada y replica a su vez con un garabato en la pierna contraria de Chamusquina y, cargando con todo su cuerpo sobre él, éste cae pesadamente hacia atrás llevándose en su caída a José María que cae encima.
¡Magnífica lucha! Es el arte que domina la fuerza. La agilidad y la destreza que se imponen. La lucha ha terminado. ¿Ganaron los del Valle? La gente invade el terrero y se llevan a José María en hombros. Gritos de júbilo. Algazara. La luna se esconde entre las nubes que jugueteando pasan coquetamente y, a la débil luz de las estrellas, los arenales parecen llenos de de incertidumbre. Los gritos de alborozo y alegría que se pierden en la noche, cada instante que pasa parecen lejanos y más profundos.
Pero, de pronto, un nuevo y decidido luchador se presenta en el terrero cogido de la mano de uno de los jueces de campo, que era tío de José María y su mejor maestro. Venía vestido como todos los demás, pero cubierta la cabeza con una montera, con las aletas cogidas sobre la barbilla que ocultaban en parte su rostro. Era insólita su presencia: expectación. Todos hacen corro y aplauden. La fiesta sigue y José María, embriagado por el triunfo, los aplausos y las exclamaciones, salta decidido a luchar con él, seguro de derribarlo.
Tiene la misma estatura que José María. Las mismas cifras del año que corre, 1.800. Su constitución es semejante a la del luchador de Tacande, aunque sus formas son más redondeadas, sus carnes más blancas y caderas más anchas y poderosas. Es fuerte, ágil y nervioso como José María, y profundamente cauteloso. No demuestra prisa, ni impaciencias. Parece la estatua de la serenidad.
Con la cabeza baja se acerca lentamente al luchador de Tacande que, erguido y desbordado de júbilo, lo espera a pie firme en la mitad del terrero. Humildemente, sin pretensiones, parece que viene a probar sus fuerzas con el héroe de aquella jornada, el magnífico luchador de Tacande.
Los breñuscos aplauden con verdadera furia, pues ya tienen la esperanza de que venza por ellos el luchador desconocido. ¿Quién es? ¿De dónde viene? Se preguntan en voz baja. Cuchichean. Pero nadie sabe ni dice nada.
El tío de José María sonríe enigmáticamente. La luna riela de nuevo sobre los muertos arenales, dándole aún más belleza y poesía a la estampa clásica de los dos luchadores. Las fuerzas parecen estar artísticamente equilibradas. Los dos son dignos de vencer. Tal para cual, comentan los espectadores. Los dos se mueven con ritmo grácil, giran, dan vueltas. Parece que juegan. Los movimientos a veces son tan acelerados que se pueden detallar porque la vista es torpe para analizarlos.
Pero ya José María el vencedor de aquella noche, se impacienta del juego inútil, levanta con todas sus fuerzas y encadera, pero su contrario se defiende maravillosamente. Da vueltas, lanza un garabato infructuoso, se agacha y se estira con agilidad increíble. Descansa. Le tira una palmada, pero su contrario parece que la esperaba y huye, esquiva, resbala, la lucha temible es anulada.
Lanza un desvío y, acto seguido, un traspiés, y luego una levantada, pero todo es inútil, infructuoso, este luchador anónimo conoce todos los recursos del arte y se defiende con toda la celeridad que la lucha demanda, y lo que más sorprende es que no replica con una nueva lucha, sino que sigue esperando, como incitando a su contrario a que lo venza sin dejar vencerse. No se impacienta ni se precipita, no ha hecho ningún alarde de fuerza. Estudia a su contrario y espera. Tiene confianza en sí mismo.
José María se exaspera. ¿Quién es este luchador que no lucha sino que se defiende, y que no cae porque no acierta a derribarlo? ¿Se estará burlando de mi? Ahora verás. Gira con todas sus fuerzas alrededor de sí mismo, levanta y encadera en un esfuerzo supremo, pero su contrario se suelta, alza sus brazos hasta colocarlos por las espaldas de José María y, abrazándole el tórax, gira y le enreda una de sus piernas en las suyas. Se suelta, coge con ambos brazos una pierna de José María, lo levanta en el aire con seguridad pasmosa y luego lo deja caer blandamente, con mimo, sobre las arenas, mientras sonríe, con sonrisa dulce, a la multitud enardecida que lo aclama.
Gritos, vivas, algazara, tumulto y confusión. Nunca oyeron los arenales de Bidigoyo, poseídos de silencio y misterio habituales. algarabía tan grande.
José María, avergonzado de la derrota, se levanta muy a pesar suyo y, como un chicuelo travieso y mal educado en un arranque pueril, exclama: “Apuesto lo que quieras a que esa que acaba de tumbarme es mi hermana”.
Y, efectivamente, era su hermana, que repetidas veces lo había tumbado en el huerto familiar donde se entrenaban. Y, al fin mujer, piadosa y compasiva, se acercó a él abrazándolo mimosamente para consolarlo.
[*ElPaso}– Conferencia en honor de don Antonio Pino Pérez
En conferencia celebrada el día 07/03/2017 en la Real Academia de Medicina (Santa Cruz de Tenerife), el presidente del Colegio de Odontólogos, Dr. Francisco Perera Molinero, académico de número, glosó la biografía de don Antonio Pino Pérez bajo el título “ABARIM, Mucho más que un pionero en la Odontología de Canarias”.
[*ElPaso}– Fiesta del Sagrado 2017
27-06-2017
El pasado domingo dia 25 de junio se celebró en El Paso la edición 2017 de la Fiesta del Sagrado Croazón de Jesús.
Como todos los años, desde hace ya muchos, varios barrios hicieron y expusieron sus enrames, y antes de la procesión fueron muchos los visitantes, nativos y extranjeros, que se acercaron a verlos y fotografiarlos.
Algunos de esos enrames tenían identificación del barrio que los exponía, pero otros no. Los adjunto tal ycomo los vi, viniendo desde oeste a este, y luego al norte, hacia la Iglesia Nueva.
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Paso de Abajo
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Obra de Rodrigo de Pais. Asoc. del Parkinson![]()
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Camino Viejo
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Fátima. Conjunto «Refugiados», obra de Santiago González![]()
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Obra de Carlos Afonso Martín en reconocimiento a D. Pedro Martín Hdez. y Castillo —quien fuera su tío-abuelo, como también lo fue mío— y de su esposa, doña Nila.![]()
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Team Folele
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[*ElPaso}– Fallece a los 108 años la ‘abuela’ de El Paso
09/05/2017
El Ayuntamiento de El Paso, en La Palma, ha informado del fallecimiento este martes de María Dolores Cleofé Mederos.
Con sus 108 años, Fe, como familiarmente se la llamaba, era considerada ‘abuela’ del municipio y una de las cinco mujeres de más edad de Canarias.
El Ayuntamiento considera su fallecimiento como «una gran pérdida que todos echarán de menos por la gran persona que fue» y apostilla que «la abuela de El Paso fallece, pero permanece su recuerdo entre la gente que la conoció».
Doña Cleofé en su casa de Tajuya (El Paso, La Palma), el día de su 108 cumpleaños , saludada por Sergio Rodríguez, actual alcalde de El Paso.
Doña Cleofé nació el 02 de abril de 1909 en la misma casa donde residió toda su vida. Era soltera y nunca tuvo hijos.
Destacaba por ser una mujer generosa, sencilla y amable, con una buena memoria, capaz de recordar detalles de su juventud y anécdotas de vecinos y familiares. Así lo contaba ella en vida a ABC.
El Ayuntamiento de El Paso recuerda además que sus consejos para explicar su secreto de longevidad eran comenzar el día a las 7 de la mañana con un desayuno de leche con gofio acompañado de dos cucharadas de almendras molidas y un gran vaso de agua detrás.
Hace dos años recibió un homenaje por parte del grupo de gobierno por ser la persona de más edad del municipio, y cada 2 de abril los representantes municipales la visitaban para compartir su fiesta de cumpleaños.
Este miércoles será el sepelio desde la Funeraria Lapidario El Paso a la Iglesia de Nuestra Señora de Bonanza, donde se ofrecerán las honras fúnebres y posterior traslado al cementerio de la localidad.
NotaCMP.- Doña Fe (q.e.p.d.) era tía de María, esposa de Juan Enrique Brito Pérez, amigo mío desde nuestra adolescencia.
Ambos cuidaron de Fe durante muchos años, y por ellos, sus muchos amigos hemos sabido que en realidad el dessayuno de Fe sí era un tazón de leche con gofio (por muchos años, leche natural de cabra, y luego leche de cartón, pero siempre entera), al que se añadían varios higos pasados picados en trozos pequeños, y las dos cucharadas de almendras molidas, porque enteras, a Fe le habría sido difícil masticarlas.
De resto, Fe comía lo que por muchos años fue típico en mi pueblo: lo que uno cosechaba en sus huertos y con lo que se hacía el potaje (verduras, papas, granos y carne de cochino) y el gofio de trigo.
Añade Juan Enrique que a la longevidad de Fe contribuyó sin duda el hecho de que siempre se dedicó a las tareas del campo que implicaban cavar, sembrar, cargar y caminar mucho.
[*ElPaso}– La Palma nombrará Hijo Predilecto de la Isla al doctor José María Brito Pérez
02/05/2017
Nacido en 1934, en El Paso, este médico cirujano cardiovascular es un destacadísimo referente nacional e internacional con especialidad en cardiopatías congénitas.
El Cabildo de La Palma aprobó por unanimidad en su última sesión plenaria la propuesta promovida por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico para que el doctor José María Brito Pérez sea nombrado Hijo Predilecto de la Isla de La Palma, informa la primera Corporación en una nota de prensa.
El consejero de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo, Primitivo Jerónimo, ha asegurado que el doctor Brito Pérez, médico cirujano vascular con «una destacadísima carrera y prestigio nacional e internacional, reúne méritos y cualidades que le hacen merecedor del título de Hijo Predilecto de la Isla: conjuga una brillantísima carrera profesional con el máximo afecto de la sociedad palmera que ha visto en él a un enorme referente de la Medicina a nivel nacional e internacional, y a una persona que ha llevado el nombre de la Isla de La Palma allá donde ha ejercido su labor”, ha explicado Primitivo Jerónimo.
Nacido en El Paso en 1934, casado, padre de 4 hijos y con 6 nietos, José María Brito Pérez se licenció en Medicina y Cirugía en 1959 y se diplomó en Sanidad y en Enfermedades del Tórax en 1961, año en el que también realizó el curso de doctorado. Obtuvo el título de cirujano cardiovascular en 1964, se indica en la nota.
Inició su trabajo como cardiólogo en el Sanatorio de Ofra (Tenerife) en 1964. Desde 1976 fue jefe del Servicio de Cirugía Infantil del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid. En 1977 fundó, en el mismo hospital y junto al doctor Manuel Quero Jiménez, la primera Unidad Médico-Quirúrgica de Cardiología Pediátrica de España. En 2001 fundó la unidad de Cirugía Cardiaca Pediátrica del Hospital Materno-Infantil de Las Palmas de Gran Canaria.
Ha sido consultor de enfermedades cardiovasculares y profesor de Cirugía Cardiaca en la Facultad de Medicina la Universidad de Alcalá de Henares; también jefe del Servicio de Cirugía Cardiaca del Hospital Materno-Infantil de Las Palmas de Gran Canaria, y profesor emérito del mismo.
A su prestigio nacional e internacional como cirujano, hay que sumar su producción científica, que ha sido publicada en revistas especializadas, tanto españolas como extranjeras.
El doctor José María Brito Pérez ha obtenido a lo largo de los años «numerosísimos honores y distinciones por su brillantísima carrera profesional dedicada a las cardiopatías congénitas y a la cirugía cardíaca».
El Ayuntamiento de El Paso, su ciudad natal, le ha concedido tanto la Medalla de Oro como el título de Hijo Predilecto, además de que una de las calles de la localidad lleva su nombre. El Gobierno de España le ha condecorado con la Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil y la Cruz de la Orden Civil de Sanidad; además, recibió la felicitación personal del Ministerio de Sanidad por la labor realizada en la gestión de la asistencia de las cardiopatías congénitas en 1990.
Es socio de honor de la Sociedad Española de Cardiopatías Congénitas; miembro de honor de la Sociedad Canaria de Cirugía Cardiovascular; miembro honorario de la Sociedad Canaria de Pediatría, socio de honor de la Sociedad Española de Pediatría; ingresó en la Orden Civil de Sanidad con la categoría de Cruz Sencilla; fue presidente del Comité Organizador del II Congreso Nacional de Cardiología Pediátrica y Cardiopatías Congénitas; es profesor emérito de Cirugía Cardiaca en el Hospital Materno Infantil de Canarias; miembro de honor de la Sociedad Española de Cardiología Pediátrica y Cardiopatías Congénitas; y miembro colaborador del Grupo de Expertos del Ministerio de Sanidad para la designación y acreditación de Centros y Unidades de Referencia Nacional para Cardiología y Cirugía Cardiaca.
[*ElPaso}– Un Viernes Santo lamentable
15-04-2017
Carlos M. Padrón
Aunque todavía no tengo internet en casa, tengo que publicar esto hoy a riesgo de que se me agoten los gigabytes que quedan en el pendrive.
De vuelta ya a mi terruño quise asistir de nuevo, este Viernes Santo, a la ceremonia que en mis tiempos llamábamos el Santo Entierro, o sea, la sepultura simulada de la imagen del Cristo yacente, efectuada a los acordes de la imponente marcha fúnebre “Ante un cadáver”, un acto durante el cual muchos de los que, en profundo y sobrecogedor silencio, abarrotaban la iglesia, no podían contener las lágrimas, pues no se trataba de ser o no católico o ateo, sino de tener la suficiente sensibilidad humana para sentirse afectado por la tragedia que siempre implica la muerte, y el toque de realismo y profundo dolor que a ella añadía la conmovedora marcha “Ante un cadáver”.
Temiendo que con esta ceremonia fuera a ocurrirme lo mismo que en 2011 y que ya conté en el artículo «“Ante un cadáver”, una obra y una tradición lamentablemente perdidas», el pasado fin de semana pregunté si lo de 2011 había sido una excepción, y si todavía el Santo Entierro se efectuaba, en imagen y sonidos, como antes. Como me dijeron que sí, a la iglesia de El Paso me fui ayer, pero ojalá no hubiera ido porque de allí salí frustrado, avergonzado y triste, pues durante el Santo Entierro no sólo ocurrió que la banda, que sí estaba presente en la iglesia, no interpretó el “Ante un cadáver”, sino que guardó total silencio, con lo cual para mí —y me atrevo a asegurar que para los que allí estaban y recordaban cómo ese acto en los años 50— esa ceremonia pasó sin pena ni gloria y fue apenas un remedo, y malo, de lo que otrora fuera.
De la iglesia salí frustrado porque no logré encontrar lo que yo esperaba. Y avergonzado y triste porque lo que sí encontré fue una prueba de que en mi pueblo no hay interés en mantener ciertas tradiciones, pues hasta supe que la procesión de El Retiro (sólo con la imagen de La Dolorosa) tendría lugar apenas media hora después de finalizado lo del Santo Entierro, y no horas más tarde cuando, según recuerdo, uno se iba a cenar, y sobre las 10 de la noche volvía a la iglesia para acompañar a esa procesión durante la cual, con la ciudad sólo iluminada por las velas que rodeaban la base de la imagen de La Dolorosa, la multitud cantaba, con acompañamiento de orquesta, lo de «¿Quién es esa mujer que angustiada, vacilante y llorosa camina?….. «.
El que El Paso haya cambiado, el que las nuevas generaciones no dediquen ya tiempo, como sí lo dedicaron sus antepasados, a preparar los accesorios o adornos para las festividades religiosas, o que ya no asistan masivamente, como sí lo hicieron sus antepasados, a las procesiones de Semana Santa, no es excusa aceptable para que, sean pocos o muchos los que en la tarde-noche del Viernes Santo asisten a la iglesia, no se celebre, como por muchos años se celebró antes, una ceremonia tan bella, única y conmovedora como el Santo Entierro a los acordes de “Ante un cadáver”. Celebrarla sin ese fondo musical es, salvando las distancias de significado, como ver una película sin música de fondo, sin esa música que destaca, enfatiza y da sentido a la acción que muestran las imágenes.
Espero que quienes en el Ayuntamiento tengan poder para corregir esta falla, lo hagan pronto, antes de que mueran los que tal vez queden con vida y recuerden lo suficiente como para que alguien pueda reescribir la partitura de “Ante un cadáver”… si es que es la falta de partitura el motivo de que esa marcha fúnebre no suene ya durante el Santo Entierro.

