[*FP}– Canarias 2013: Un viaje de sentimientos encontrados

12-10-2013

Carlos M. Padrón

Nota preliminar. Aunque el viaje terminó el 06/09/13, comienzo a escribir hoy, 12/10/13 —y no sé cuándo la terminaré— la crónica sobre él, porque las fotos tomadas por algunos de mis amigos tardaron en llegarme, y, sobre todo, porque no he tenido el ánimo adecuado para darme a esa tarea.

 ***

Quise mantener en secreto este viaje para darle una sorpresa a mis hermanas. Pero la sorpresa —triste sorpresa— me la llevé yo.

Apenas aterrizar, a las 10 de la mañana del viernes 16 de agosto, en el aeropuerto internacional de Los Rodeos (La Laguna, Tenerife), Chepina, aún antes de levantarse de su asiento en el avión, encendió su celular BlackBerry, y el primer mensaje que entró fue uno de mi sobrina Laura en el que decía que su padre, mi hermano Tomás había muerto en la tarde-noche del jueves 15 de agosto, o sea, durante nuestro vuelo de Caracas a Tenerife. Una muerte inesperada por cuanto no era de sospechar que él estuviera enfermo.

Laura me envió ese mensaje también a mí, pero no lo recibí porque yo no tenía el paquete de datos para viajes que Chepina si había comprado antes de salir de Venezuela.

Desorientado, acongojado y aturdido, al llegar al puesto de inmigración, o de control de pasaportes, entré sin Chepina, y cuando ella quiso hacerlo no la dejaron pasar.

Salió todo el equipaje del vuelo, que sus dueños recogieron y se fueron, y allí, en el área correspondiente, quedé sólo yo, con nuestras maletas en un carrito, y Chepina no aparecía.

Cuando al fin vi que un policía salió del área de inmigración, lo abordé y le pregunté por qué mi mujer no salía. Muy amable, me dejó asomar al interior de ese área y pude ver a Chepina sentada allá, al fondo.

Al poco salió acompañada del funcionario que no la dejaba entrar, y ahí comenzó nuestra disputa (de Chepina y mía) con ese individuo, un tipo arrogante, descortés y autoritario, que ni siquiera se molestó en contestar apropiadamente mi pregunta de por qué Chepina había podido entrar a España sin problemas cinco veces, y ahora no podía; que qué ley había cambiado.

Transcurrido en discusiones un tiempo que me pareció una eternidad —durante el cual me alteré, y Chepina tuvo que contenerme—, el tipo nos dio una para mí rara explicación sobre el convenio de Schengen, que me sonó a pretexto. Luego, mirándome por unos segundos, me dijo sin más: «Bueno, la verdad es que usted no parece uno de ésos», y dejó entrar a Chepina (!?).

El significado de esa frase lo dejo a la imaginación del lector. Si alguien lo descifra, que me lo diga, por favor.

Afortunadamente, tanto en Tenerife como en El Paso, mis amigos se encargaron de hacerme más agradable ese viaje, creando así la disparidad de sentimientos.

Para comenzar, los amigos José (Pepe) Quirantes y su esposa Lita, que amablemente habían ido a recibirnos, ya estaban desesperados porque todos los pasajeros del vuelo habían salido menos nosotros.

Cuando al fin nos reunimos con ellos en la terminal les pedí por favor que me llevaran a la comisaría de Policía a renovar mi DNI que, para colmo, lo había dejado yo olvidado en Venezuela.

A regañadientes, el funcionario de la comisaría le dijo a Lita que posiblemente no podrían atenderme porque había mucha gente, pero que, por si acaso, que fuera yo a que me tomaran la foto, y volviera a las 13:30.

Así lo hice, y el mismo funcionario me anunció que no podía atenderme; que pidiera cita por internet que, con buena suerte, me la darían ¡para finales de septiembre o comienzos de octubre! Otro tropiezo más.

Y, de nuevo, Pepe y Lita nos hicieron el favor de llevarnos al hotel que habíamos reservado en Santa Cruz, desde donde pude hacer unas llamadas a Caracas para obtener más detalles sobre la muerte de mi hermano, y otras a USA para hablar con mis hijas, antes de intentar conciliar un sueño que se negaba a llegar.

En la mañana del sábado 17, Eleuterio Sicilia nos recogió en el hotel y nos llevó a casa de Pepe, en Guamasa, para que yo cumpliera con el ofrecimiento que le había hecho a Pepe de instalarle en su flamante PC de mesa un Windows XP en vez del Windows 7 que había venido instalado en esa máquina.

De haber estado yo en condiciones anímicas normales todo habría salido bien, pero como no lo estaba, metí la pata haciendo algo que he hecho sin problemas varias veces, pero que esta vez dejó a la PC de Pepe sin un sistema operativo que él pudiera usar. Tercer tropiezo, y, para colmo, fracasé también los días 20 y 21/08 cuando, para ver de encontrar solución, volví de nuevo a casa de Pepe.

No obstante, ese día 17/08 allí almorzamos los seis (Pepe, Eleuterio y yo, más nuestras respectivas consortes) acompañados de familiares y amistades de los Quirantes.

Siguen, por orden cronológico, las descripciones de los eventos de los que hay fotos, separados éstos por ***, y las fotos tomadas durante ellos, separadas por ~~~. A las personas que aparecen en esas fotos las nombro de izquierda a derecha, salvo que indique otra forma; las fotos que no van precedidas de «Cortesía de…» fueron tomadas por mí o con mi cámara.

Debo aclarar, y disculparme por ello, que fueron muchas las fotos que debí tomar y no tomé, y por esto en lo que sigue no aparecen amigos que asistieron a los eventos que describo, o los anfitriones que organizaron alguno para nosotros.

17/08. En casa de los Quirantes.

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17/08. Pepe da cuenta de un trozo de conejo en salmorejo preparado por Lita

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17/08. José (Pepe) Quirantes, y Lita

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17/08. Eleuterio Sicilia, y su esposa Charo

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Las dos fotos que siguen son cortesía de Eleuterio Sicilia.

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17/08. Peleo con mi nuevo «complicatedphone» y su recién instalada tarjeta SIM, ante la sonrisa de Chepina.

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17/08. Ya bajo control el aparatico, reviso los mensaje que comenzaban a llegarme desde América por la muerte de mi hermano. Ya no hay sonrisa

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El domingo 18, Juan Enrique y su esposa, María, nos invitaron a almorzar en El Sauzal. Ni me acordé de tomar fotos.

En la noche fuimos a Candelaria con mi prima María Celia Padrón Acosta y sus hijas, Lucy y Fátima; Airam, el hijo de Lucy; y Elena Morales, la hija de Fátima.

Todas las todos del 18/08 son cortesía de Lucy de Armas Padrón.

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18/08. María Celia Padrón Acosta, Carlos M. Padrón, Lucy de Armas Padrón

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18/08. María Celia Padrón Acosta, y Carlos M. Padrón

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18/08. Lucy de Armas Padrón, y Carlos M. Padrón

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18/08. Fátima de Armas Padrón, y Carlos M. Padrón

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18/08. Carlos M. Padrón, Chepina Pernía, Fátima de Armas Padrón, María Celia Padrón Acosta, Elena Morales, Airam López. Al fondo, la torre de la basília de la Candelaria

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18/08. Airam López, Elena Morales, y Chepina Pernía

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18/08. Carlos M. Padrón, Chepina Pernía, María Celia Padrón Acosta, Elena Morales, Airam López, y Fátima de  Armas Padrón

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Para colmo, el 19/08 fuimos a visitar a Pedro Bravo Padrón, primo mío y también compadre, a quien quiero mucho porque en momentos críticos fue para mí como un hermano.

En agosto/2012 le dio un ACV, y siendo él, como siempre ha sido, un hombre optimista, batallador y altruista, lo encontré en tan mal estado de ánimo, alicaído, desmemoriado (creyó que Chepina, a quien conoce muy bien, era una de mis hermanas) y entregado que, convencido de que no volveré a verlo, salí de allí con el alma en el piso. (Ver nota al final).

***

Ya un tanto repuesto fuimos a la Plaza Weyler a la acostumbrada cita con Ricardo García y su hija Fabiola.

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19/08. Ricardo García y su hija Fabiola, en Plaza Weyler.

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El 21/08, con Gilberto y su esposa Candelaria (Yaya), almorzamos en El Sauzal, luego de que fracasara nuestro intento de hacerlo en el Restaurante La Bicicleta, ubicado en Las Mercedes y propiedad de una pariente mía.

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21/08. Yaya, Chepina Pernía, y Carlos M. Padrón. Al final del almuerzo y frente al restaurante

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21/08. Chepina Pernía, Carlos M. Padrón, y Gilberto Cruz. Al final del almuerzo y frente al restaurante

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De regreso de El Sauzal, Gilberto nos dejó en casa de los Quirantes porque yo quería ver de remediar el entuerto que le había causado en su PC, pero, una vez más, y como ya dije, fracasé en el intento.

A las 19:00 nos recogieron de allí Roberto González y su esposa Asela, y fuimos todos a casa de Claudio González, que nos había invitado a cenar.

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21/08. Roberto González, Asela, Chepina Pernía, Claudio González, y detrás, Mayela (esposa de Claudio).

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Las foto que sigue es cortesía de Roberto González Rodríguez, y fue tomada en automático.

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21/08. Roberto González, Chepina Pernía, Carlos M. Padrón, Asela, Claudio González, y Mayela

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El 22/08 nos recogió Lucy en el hotel a las 11:00, fuimos con ella a su casa, almorzamos allí, y en la tarde nos dejó en el aeropuerto para el vuelo a Barcelona-Stuttgart.

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22/08. Carlos M. Padrón, Lycy de Armas Padrón, y Chepina Pernia. Almuerzo en casa de Lucy

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Desde el 23/08 y hasta el 27/08 estuvimos en Stuttgart (Alemania), pero ese viaje no es objeto de este reportaje. Volamos el 22/08, vía Barcelona, llegando a Stuttgart el 23/08. Y el 27, también vía Barcelona, regresamos a Tenerife, llegando sobre las 10:00 del día 28. A las 13:00 tomamos un avión hacia La Palma.

En el aeropuerto de La Palma nos esperaban Javier Simón y Francisco Lorenzo, y con ellos, y en el carro de Javier, llegamos a mi casa natal, en El Paso.

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28/08. Mi casa natal

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A la casa —ahora un poco diferente a cómo se ve AQUÍ se llega por este «amplio y moderno» bulevar, al que seguimos llamando «El callejón». El extremo del fondo —entrada y salida de la casa— conecta con la calle Dr. José María Brito Pérez, y el extremo contrario —primer plano en la foto— termina en el patio delantero de la casa.

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En la casa nos recibieron mis hermanas, María Celia Padrón, y María del Carmen Padrón.

***

29/09. A las 18:00 se celebró en la iglesia del pueblo una misa, encargada por mis hermanas, por el descanso del alma de mi hermano Tomás.

Fue una misa oficiada sólo para él, y me asombró la gran cantidad de familiares, vecinos, amigos y conocidos que se congregaron para ese acto. Desde aquí, y una vez más, mi agradecimiento a todos ellos.

***

Tal vez para tratar de levantarme el ánimo cuanto antes, varios de mis amigos nos habían organizado un almuerzo en el restaurante La Casa del Mar (Tazacorte), y allá fuimos el viernes 30/08 a mediodía.

Las dos fotos siguientes son cortesía de Gilberto Cruz.

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30/08. Wifredo Ramos (trasegando gofio escaldado y pescado), Álvaro (Adolfo) Taño, y Francisco Lorenzo

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30/08. José María Brito Pérez, Carlos M. Padrón, Juan Enrique Brito, Laura (esposa de José María), y Javier Simón

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30/08. Chepina Pernía, y Loly (esposa de Wifredo Ramos).

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30/08. Juan Antonio Pino, y su esposa Begoña

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30/08. Wifredo Ramos, y Álvaro (Adolfo) Taño

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30/08. Francisco Lorenzo, y José María Brito

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30/08. Detrás: Oswaldo Izquierdo, y Javier Simón. Delante: Juan Enrique Brito, y Laura

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30/08. De pie y al fondo: Oswaldo Izquierdo. Sentados: Wifredo Ramos, Álvaro (Adolfo) Taño, Francisco Lorenzo, José María Brito, Carlos M. Padrón

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30/08. Isabel Rodríguez (esposa de Javier Simón), y Chepina Pernía

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30/08. Juan Antonio Pino, y Oswaldo Izquierdo

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30/08. Juan Enrique Brito, y Laura

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Terminado el almuerzocto, Wifredo Ramos, cronista oficial de la ciudad de El Paso, nos hizo una exposición en homenaje al pintor, fallecido recientemente, Juan Fernández González, nombrado Hijo Adoptivo de El Paso.

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Las fotos que siguen, hasta las dos de las tertulias inclusive, son cortesía de Juan Antonio Pino.

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30/08. En el sentido de las agujas del reloj: Chepina Pernía, Loly, Begoña, Gilberto Cruz (en la cabecera de la mesa), Wifredo Ramos. Francisco Lorenzo (sólo la parte posterior de su cabeza), José María Brito (apenas la parte superior de su cabeza), Carlos M. Padrón, Juan Enrique Brito

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30/08. Chepina Pernía

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Tertulias a la salida del restaurante.

La de damas:

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30/08. Loly, Begoña, Laura y Chepina

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Y la de caballeros:

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30/08. Juan Enrique Brito, José María Brito, Carlos M. Padrón, Gilberto Cruz, Álvaro Taño, Oswaldo Izquierdo, Juan Antonio Pino

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En la tarde del 30/08 fuimos a Puerto Naos con mis hermanas, donde pudimos disfrutar de las puestas de sol que desde allí son tan comunes y bellas.

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31/08. Al estar en casa no podían faltar, al menos para un almuerzo, los platos que comí a diario por unos 18 años: gofio escaldado, potaje, carne de res o de cochino, y mojo verde. Esta vez preparados por mis hermanas,

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31/08. Mis hermanas, María Celia Padrón Pérez (el Pérez es para distinguirla de nuestra prima, María Celia Padrón Acosta), y María del Carmen Padrón, en la cocina de la casa

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31/08. Eduardo Lorenzo, Chepina Pernía, María del Carmen Padrón, y María Celia Padrón, durante el almuerzo

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31/08. María del Carmen Padrón, y Carlos M. Padrón. En primer plano, un recipiente con gofio escaldado y un plato con potaje.

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El domingo 01/09 subimos con mis hermanas al Pino de la Virgen porque se celebraba la romería. Tampoco allí tomé fotos.

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02/09. Desde 2006, los cuatro que en 1956 vivimos la Odisea en La Caldera —Ángel Díaz (Lelo), Wifredo Ramos, Gilberto Cruz, y Carlos M. Padrón— hemos adoptado la costumbre, siempre que yo esté por allá, de ir en grupo a La Cumbrecita y a El Riachuelo a conmemorar nuestra inolvidable odisea, y esta vez lo hicimos de nuevo para conmemorar el 57° aniversario de tan memorable aventura.

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02/09. Carlos M. Padrón y Chepina Pernía. En el patio frente a la bodega de la familia de Lelo, donde paramos a surtirnos de vino de la tierra.

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02/09. En La Cumbrecita, al borde de La Caldera —punto que desde nuestra odisea estableció Lelo como el más próximo a La Caldera al que él llegaría en adelante (y lo ha cumplido)—, Carlos M. Padrón, Wifredo Ramos, Gilberto Cruz, y Ángel Díaz (Lelo)

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Foto cortesía de Gilberto Cruz

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02/09. Los dos principales protagonistas de la odisea en La Caldera: Ángel Díaz (Lelo), el rescatador, y Carlos M. Padrón, el rescatado.

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02/09. Carlos M. Padrón, Chepina Pernía, Ángel Díaz (Lelo), y Gilberto Cruz

Una vez hechas en La Cumbrecita las fotos de rigor, el programa exige bajar a El Riachuelo a celebrar debidamente con un refrigerio generosamente regado con vino de la tierra.

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02/09. Frente a «la mesa» del refrigerio, Wifredo Ramos, Carlos M. Padrón, Gilberto cruz, y Ángel Díaz (Lelo)

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02/09. Terminado el refrigerio, mientras Gilberto Cruz hace una siesta, Ángel Díaz (Lelo) explica a Chepina algunos detalles de nuestra odisea.

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02/09. Sigue la siesta y la explicación. Gilberto Cruz, acostado, y detrás Ángel Díaz (Lelo), Chepina Pernía, y Wifredo Ramos

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02/09. Artista al fin y al cabo, Wifredo nos sorprendió con esta especie de pancarta conmemorativa del evento que celebrábamos.

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02/09. Pancarta que aquí puede verse en más detalle

Al final nos comprometimos a reunirnos de nuevo —sin perjuicio de que también sea antes— a celebrar el 60° aniversario, o sea, en 2016. Esperemos que, como dice la pancarta, haya para entoces salud y vida, y todos podamos asistir a esa cita.

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El martes 03/09, Javier Simón nos llevó en su carro a Santa Cruz de La Palma porque, por insistencia suya, el viernes 30/08 entré a la página web de la Policía de esa ciudad, pedí cita para renovar mi DNI y, para mi grata sorpresa, me la dieron para el 03/09.

Entre espera y trámite, sólo tuve que estar unos 20 minutos en las oficinas de la Policía, y salí con mi DNI renovado por última vez, o sea, que no tiene fecha de caducidad. A veces el ser viejo trae sus ventajas 😦

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04/09. El amigo y vecino de la infancia, Luis Herrera, nos organizó un almuerzo en su bodega ubicada en la vertiente norte de la Montaña de Enrique, desde donde se disfruta de esta hermosa vista de la parte alta de El Paso, con el malpaís abajo, y el Bejenado al fondo. Gracias, Luis, por tan amable invitación.

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A fin de «ganarse el pan», antes de la comida —que estuvo de calidad A1, y más que amena por la amistosa concurrencia— Chepina ayudó en la elaboración de taquitos de jamón con melón.

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04/09. Chepina Pernía

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04/09. Fidel González, Wifredo Ramos, Javier Simón, y Carlos M. Padrón

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04/09. Al fondo: Miguel Díaz, Manuel Ángel Yanes, Felipe Yanes, Jose María Brito, Oswaldo Izquierdo (buscando señal para su celular). De espaldas: Juan Enrique Brito. Delante: Carlos M. Padrón

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03/09. Para probar la mayor cantidad de productos de la tierra —además del vino—, nada mejor que un surtido desayuno representativo de El Paso agropecuario de mis tiempos.

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03/09. En la noche, cena familiar en Puerto Naos, a base de papas fritas, calamares y cerveza.

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05/09. Almuerzo en casa antes de que Javier Simón nos llevara en su carro al aeropuerto para iniciar el regreso con el vuelo a Tenerife.

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05/09. María del Carmen Padrón, Víctor Hernández Padrón, Carlos M. Padrón, Chepina Pernía, y María Celia Padrón

El 05/09 nos recogió Lucy en el aeropuerto de Los Rodeos, fuimos con ella a su casa y participamos en la celebración de un cumpleaños.

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05/09. Fila trasera: María Celia Padrón Acosta, Román Morales, Lucy de Armas Padrón, Elena Morales, Airam López. Fila delantera: Daniela Martínez, Alejandro López, Marina Martínez, Sofía Martínez

En esta foto, cortesía de Lucy de Armas Padrón, hay 4 generaciones.

  • 1ª.- María Celia Padrón Acosta (pongo el segundo apellido para distinguirla de mi hermana, María Celia Padrón Pérez).
  • 2ª.- Lucy y Fátima son hijas de María Celia. Fátima no aparece en esta foto pero sí en las de Candelaria, del 18/08.
  • 3ª.- Airam y Alejandro son hijos de Lucy
  • 3ª.- Elena y Román son hijos de Fátima
  • 4ª.- Daniela, Marina y Sofía son hijas de Elena

Dormimos esa noche en casa de Lucy, y en la mañana del viernes 06/09 ella nos dejó en el aeropuerto y volamos de regreso a Caracas.

***

Al rememorar todo esto, sólo me queda hacer llegar mi agradecimiento a todos los amigos que, al igual que en viajes previos, como el de 2009, se preocuparon, esta vez con más ahinco, de levantar mi ánimo y hacer agradable esta nuestra estada en Tenerife y en La Palma. ¡Un abrazo para todos!

 

(1) El domingo 20/10/13 nos dejó mi querido primo (q.e.p.d.), campeón de la concordia y la conciliación, y padre por excelencia. Aquí la foto más reciente que de él tengo.

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Agosto/2009. Pedro Bravo Padrón †

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COMENTARIOS

CMP

En respuesta a Ana M. Padrón.

Cierto. Gracias.No ando bien.

 

Ana M. Padrón
Creo que te equivocaste en la fecha de la muerte de Pedro. En lugar de 20 de septiembre fue 20 octubre.

 

María Elena Veronese

Hola, Carlos y Chepina, antes que nada, sentido pésame.

¡Un abrazo!

 

CMP
En respuesta a Lucy de Armas Padrón.

Lucy, gracias por entender mi estado de ánimo, y disculpa si por ese motivo les agüé la fiesta.

Como ya dije, hice tiempo para que llegaran las fotos, pero las tuyas, que yo recuerde, no las he visto, aunque he revisado entre los e-mails recibidos después del pasado 06/09.

Si quieres, mándamelas que con gusto las añado. Y gracias anticipadas.

 

Lucy de Armas Padrón
Como siempre, un reportaje estupendo y esperado por mí, aunque en éste echo en falta tu humor y las pequeñas anécdotas que sueles contar y que te caracterizan, pero es comprensible, pues es de las veces que mas “pocho” y ausente te he visto, y no era para menos.

Fue un duro palo el que la vida nos ha dado, y lo peor es que nos lo seguirá dando, desapareciendo nuestros seres queridos y, más aún, sin esperarlo. Es ley de vida aunque nos cueste aceptarlo. Así que no nos queda otra que resignación y recordarlo con cariño, como es mi caso, y aprovechar al máximo el tiempo en unión con nuestras familias y disfrutarlas mientras podamos.

Los amigos los buscamos, pero la familia es la que es, y no hay más, y para los dos días que vivimos resulta cuando menos una pérdida de precioso tiempo, que cada vez entiendo menos, el que no pasemos de largo de las desavenencias que muchas veces ocurren, porque lo bonito es estar en paz y armonía, y vivir desinteresadamente con todos, pues, a fin de cuentas, todo se queda aquí, y lo único que nos llevaremos serán las vivencias y los recuerdos, que deberían ser todos buenos.

Sí, buenos recuerdos, a pesar de los pesares, como de seguro te los habrás llevado tú de los días transcurridos en estas islas. Abrigo la la esperanza de que tu próximo viaje sea mucho mejor, y yo pueda colaborar en ello.

Por cierto, faltan las fotos que tomé y que creo que te di. Te lo perdono porque sé que no estabas bien y tal vez por eso no lo recuerdes, pero hacerlas las hice, tanto en Candelaria como en el almuerzo en casa.

El fuerte calor que hacía esos días también pudo haber contribuido a tu olvido. Lo importante es que estuvimos reunidos y compartiendo, estrechando lazos familiares y de amistad.

Un fuerte abrazo esperando que pronto volvamos a reunirnos para disfrutar de vuestra presencia.

Gracias por tu entrañable relato.

Un abrazo.

 

Chepina
Carlos, leyendo tu crónica recuerdo cada instante del viaje. Fue impactante la noticia de la muerte de Tomás, pues unos días antes se había despedido de mí como siempre lo hacia: “Hasta luego, cariño”. Siempre lo recordaré.

Como en viajes anteriores, la familia y amigos siempre nos han recibido y atendido como si nos hubiéramos visto ayer. Gracias a todos por tanto cariño. Se les quiere.

 

Vivian
Carlos, conociéndote como te conozco, la expresión que tienes en muchas de las fotos dice mucho de tu estado de ánino. Lo siento.

 

CMP
Ana, aún consciente como estoy de lo cierto que dices acerca de lo apreciado que fue tu padre (q.e.p.d.), mi asombro viene porque la misa fue un día entre semana y época veraniega, cuando mucha gente se va del pueblo (por ejemplo, a Puerto naos), convocada con poca antelación a la acostumbrada, y porque a ella asistieron personas que, por muy jóvenes o por ser de otros pueblos, no conocieron a Tomás.

 

Ana M. Padrón
Muy emotivo el inicio de tu resumen, aún con lágrimas en los ojos, después de dos meses, al recordar la muerte de mi amadísimo padre.

Me permito indicarte lo siguiente, copio textual: “Fue una misa oficiada sólo para él, y me asombró la gran cantidad de familiares, vecinos, amigos y conocidos que se congregaron para ese acto”.

No comprendo tu asombro, ya que mi padre fue una persona muy querida, respetada y admirada por todos. Eso se lo ganó con su forma de ser y su actitud, cosa, que de lo poco que recuerdo, heredó de su padre, que es el tuyo, mi querido abuelo Tomás.

Todos los días le agradezco a Dios por haberme privilegiado con ser su hija, hija de Tomás J. Padrón.

Ana M. Padrón

 

CMP
En respuesta a Charo.

Gracias, Charo.

Lo de la memoria es relativo, pues, si quieres, te puedo decir qué de notorio hicimos, y cuándo (hora aproximada incluida), cuando estuvimos ahí. Para eso sirven las agendas.

Uno de los “deportes” favoritos en Canarias es comer. ¡Qué va uno a hacer sin encima te invitan!

[*FP}– Orgullo de padre: ‘Los Ositos Cumpleañeros’, otro libro ilustrado por mi hija Alicia

23-01-13

Carlos M. Padrón

Ya salió a la venta. Lleva por título “El osito cumpleañero», y está orientado a niños/as desde 1 a 5 años. Por eso consta de cinco (5) páginas dobles, cada una dedicada a un cumpleaños, desde el 1 al 5.

Hay versión en español y en francés, publicadas por Catapulta Editores (Argentina), y Novelty Ediciones (México).

  • La versión en español puede comprarse AQUÍ.
  • Y la versión en francés, AQUÍ.

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Portada

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Mitad derecha de la doble página 5

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Al oprimir el botón rojo señalado arriba por la flecha negra, comenzará a sonar la melodía «Cumpleaños feliz», y en la parte baja se encenderán 1, 2, 3.. ó 5 velas, dependiendo de la doble página que se escoja. Esto debe hacerse en la oscuridad, como generalmente se hace en la realidad.

Para que se apaguen las velas el niño deberá soplarlas, y al apagarse cesará también la música.

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Cubierta trasera

Tapa trasera

En la esquina inferior izquierda, el compartimento de la batería.

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COMENTARIOS

 

CMP
Gracias, Antonieta.

Antonieta
No los conozco “en persona”, ¡pero son muy fotogénicos!
Felicitaciones a Alicia y al padre orgulloso.
Saludos,
Antonieta

CMP
En respuesta a Olga Mazza.

Gracias, Olga.

Olga Mazza
FELICITACIONES PARA ALICIA POR SU CREATIVIDAD. Y AL PAPA ORGULLOSO POR PERMITIRNOS CONOCER ESTA MARAVILLA DE LIBRO CUMPLEAÑERO PARA LOS PEQUES.

CMP
En respuesta a Charo.

Gracias, Charo.

Y de seguro que los niños se pasarán el tiempo apretando el botón para escuchar la musiquita,… ¡y soplando luego las velas!

Charo
Mis felicitaciones tanto al padre cómo a la hija. El libro se ve precioso, y estoy segura de que será todo un éxito pues este tipo de libros les gusta mucho a los niños.

CMP
En respuesta a Juan Antonio Pino Capote.

Gracias, Juan Antonio.

Juan Antonio Pino Capote
Una vez más, felicidades al orgulloso padre de una creadora infatigable y también a la creadora imaginativa

CMP
En respuesta a Estela.

Gracias, Estela.

Estela
Felicidades de nuevo. ¡Qué original y bello libro infantil de cumpleaños!

[*FP}– 25° aniversario de SUICHE 7B, y un reconocimiento que significa mucho para mí

19-12-12

Carlos M. Padrón

Para entender bien lo que sigue, recomiendo leer antes el artículo «20 años de mi opera prima: SUICHE 7B».

Aunque la Corporación SUICHE 7B (S7B) fue creada el 31/08/1987, para la celebración de su 25° aniversario se escogió el pasado 20 de septiembre ya que, siendo agosto un mes típicamente vacacional, se corría el riesgo de no poder reunir en esta celebración a todas las personas que S7B quería ver en ella.

El acto tuvo lugar en el Teatro Chacao (El Rosal, Caracas) y, acompañado por Chepina, mi mujer, asistí atendiendo la invitación que se me hizo por partida doble: por llamada telefónica que recibí en julio, y por carta que me fue enviada en los primeros días de septiembre.

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Abrió el acto Carlos Juan Urdaneta, presidente de la Junta Directiva de S7B, quien, en el breve resumen que de la historia de esa corporación expuso, destacó que:

«La primera transacción se hizo el 8 de agosto de 1988. Comenzamos con 50 cajeros automáticos, y en diciembre de ese año el parque de éstos alcanzó los 109.

Para 1989 ya tenía SUICHE 7B 18 Bancos afiliados, con un total de 177 cajeros automáticos a través de los cuales se realizaron 1.480.904 transacciones, dispensando Bs. 734.247.959.

Hoy tenemos 7.700 cajeros automáticos ubicados a lo largo de todo el territorio nacional, y procesamos un promedio mensual de veinte millones de transacciones —240 millones al año—, dispensando BsF 43 mil millones».

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Pancarta de fondo en el escenario

A diferencia de celebraciones anteriores —como la de 2002 y 2007— que se concentraron en destacar el crecimiento de la empresa y los logros por ella alcanzados, en ésta, aparte del resumen al que corresponden los párrafos anteriores, el énfasis estuvo en dar reconocimiento a quienes contribuimos a que S7B fuera una realidad.

Por esto fuimos mencionados —entre otros que al momento no recuerdo (mis disculpas)—, y recibimos un reconocimiento en forma de una figura acrílica conmemorativa de este aniversario, los presidentes, o representantes actuales, de los Bancos fundadores —Provincial, Venezuela (Carlos Bernárdez), Caracas, y Venezolano de Crédito (Oscar García Mendoza)—, Juan José Denis (presidente actual de IBM de Venezuela), Alfredo Vitale (abogado que estuvo a cargo de toda la parte legal), y los miembros aún vivos del equipo que dio vida a SUICHE 7B, a saber:

  • Carlos Garrido, por Banco de Venezuela
  • Jaime Puig, por Banco Provincial
  • Antonio Díaz, por Banco Venezolano de Crédito, y
  • Carlos Padrón, por IBM de Venezuela.

Lo de ‘aún vivos’ lo menciono porque del equipo inicial formó parte, por Banco Caracas, Gilberto Quezada (q.e.p.d.) y, a falta de él, los organizadores del evento tuvieron el encomiable detalle de invitar a los hijos de Gilberto para recibir el reconocimiento que a él correspondía.

No hace falta que diga el orgullo que sentí al escuchar en boca de Carlos Juan Urdaneta,  en el discurso de apertura, la mención a mi contribución, al recibir, estampado en acrílico, el reconocimiento de la empresa que ayudé a crear, y al ser invitado por Juan José Denis a que de nuevo subiera yo al escenario, ahora con él, para recibir a su lado el reconocimiento concedido a IBM de Venezuela.

Gracias, Juan José, por tan amable gesto. Y gracias a la Junta Directiva de S7B por concederme este reconocimiento.

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Siguió un espacio musical a cargo de Hernán Gamboa y su conjunto, y luego tuvo lugar un brindis en la terraza del teatro.

Allí fueron tomadas las fotos que siguen, que recibí por cortesía de Giovanni Novellino, Gerente General de S7B.

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De izquierda a derecha.

1, Carlos M. Padrón, en el momento de recibir su reconocimiento;  2, Giovanni Novellino;  3, Juan Carlos Urdaneta;  4, Dausi Vélez (Directora por Banesco en S7B)

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1, Carlos M. Padrón;  2, Juan José Denis, de IBM de Venezuela, al momento de recibir el reconocimiento dado a la empresa que él preside;  3, Giovanni Novellino;  4, Carlos Juan Urdaneta;  5, Daisy Vélez

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1, Carlos Juan Urdaneta;  2, Carlos M. Padrón

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1, Félix Miranda (IBM);  2, Giovanni Novellino;  3, Carlos M. Padrón;  4, Gonzalo Orellana (IBM)

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1, Carlos Medina (IBM);  2, Hernando Soto (IBM);  3, Elianora Mota (IBM);  4, Gonzalo Orellana (IBM);  5, Gloria Dos Santos (IBM);  6, Chepina Pernía;  7, Carlos M. Padrón

***

De lo encontrado al respecto en internet he extractado lo que sigue, publicado por Banco Exterior.

20 de septiembre de 2012

María Alejandra Stojakovic

Un momento sin igual para Suiche 7B

SU Ingreso Cómodo Hacia la Electrobanca 7 días completos de Banca a la semana” fue el lema que el 31 de agosto de 1987 le dio el nombre a la Corporación SUICHE 7B, como empresa de servicios de interconexión bancaria.

Ahora cumple su 25 aniversario como una organización líder en operaciones y servicios de transacciones electrónicas en cajeros automáticos. En tal sentido, Banco Exterior se suma a esta celebración que marca un hito.

El inicio formal de operaciones de SUICHE 7B fue en 1988. Para la época contaban únicamente con cuatro bancos afiliados y cincuenta cajeros automáticos.

Desde su nacimiento se ha mantenido vigente con tecnología de punta presta para procesar nuevos servicios de pago y altos volúmenes de transacciones que satisfagan a la Banca y sus clientes.

Luego de 25 años es considerada la primera red interbancaria del país, con la mayor cobertura geográfica y operativa, ya que cuenta con más de siete mil cajeros en funcionamiento.

En el marco de su aniversario, la empresa destaca los aportes que durante los últimos años ha ofrecido al mercado: implementación de la pregunta de desafío para transacciones de retiro, reducción del tiempo de respuesta en la tramitación de reclamos interbancarios para operaciones realizadas en cajeros o puntos de venta, y coordinación e implementación de la tecnología chip como mecanismo de blindaje en las operaciones bancarias.

Comprometidos con la calidad

Banco Exterior ha depositado su confianza en la Red por considerarla pionera en la búsqueda de los máximos niveles de servicio, confiable en sus procesos electrónicos e intercambio de información y rigurosa con sus niveles de seguridad.

Para Exterior,  la seguridad es primordial. Es por ello que durante los últimos años ha sido calificada como una de las Instituciones Financieras con los niveles de fraude más bajos del mercado, siendo Suiche 7B un elemento más en la construcción de dicha estadística ya que la seguridad de la información en la empresa está fundamentada en el hardware que utilizan, los equipos de alta disponibilidad, y la capacidad para procesar altos volúmenes de transacciones durante las 24 horas del día, los 365 días del año.

COMENTARIOS

 

Milagro Micó (ex-Kertesz)
Muy bueno tu artículo y el gran recuerdo de hace tantos años. ¡FELICITACIONES!

Sí me extraña que no se nombre a JULIÁN MEJÍAS y a todos los estupendos Analistas de Sistemas que junto a él.., y a otros de varios países, hicieron posible todo esto. Yo lo vi y lo viví; claro, desde mi humilde posición, pero con los ATMs siempre adelante.

Muchas gracias, y saludos a todos.

CMP
En respuesta a Luis Centeno.

Gracias, Luis. Nunca escuché que Chepina dijera eso, pero si tú lo afirmas, te creo.

Luis Centeno
Mil felicitaciones, Carlos, por ese merecido reconocimiento a una labor fructífera y progresista como fue tu gran contribución en la creación del Suiche 7B.

Como dice Chepina, yo también cada vez que veo el cajero me viene a la mente tu nombre.

CMP
En respuesta a Siuly García.

Gracias, Siuly, y aprovecho para desearte felices fiestas… dondequiera que estés

Siuly García
¡Qué orgullo y cuánta satisfacción!

Mis deferencias ante la constancia y perseverancia que te distinguen, Carlos. La excelencia reconocida y llevada a su máxima expresión mediante ese maravilloso acto que no sólo honra a tu persona sino a quienes en su momento formaron parte de ese equipo maravilloso que hizo realidad a S7B, hoy día más vigente que nunca.

Felicitaciones y que Dios les bendiga.

Siuly.

Luis A. Carrillo
Hola, Carlos Miguel, ¿cómo esta??

Aunque no me crea, me da mucho placer y orgullo el justo reconocimiento, tanto a su persona como a IBM. recuerdo bien esa epoca. Mil felicitaciones..

Un sincero saludo, Carlos Miguel, y que esté bien.

CMP
En respuesta a Jorge González.

Gracias, Jorge, y felices fiestas.

Jorge González
Carlos, muchas felicitaciones por el reconocimiento. Saludos, Jorge

CMP
En respuesta a Antonieta.

Gracias, Antonieta, pero recuerda que lo de ganar indulgencias con escapulario ajeno, en especial cuando no es totalmente cierto, ¡es pecado!

Antonieta
Carlos, me uno al coro de felicitaciones.

Cuando alguien conocido va al cajero, yo le digo que soy amiga del creador (escapulario ajeno), ¡y todos que me miran con admiración!

En serio, todo mi reconocimiento; disfrútalo que te lo mereces.

Te deseo todo lo mejor para el 2013, junto a Chepina.

Abrazos

[*FP}– La solución a mi dolor de espalda

18-11-12

Carlos M. Padrón

Hace varios días, a mis contactos habituales de internet les envié un e-mail pidiéndoles si sabían de expertos en el tratamiento contra dolores de espalda; dolores que NO eran de columna sino musculares porque, a diferencia de los que por años me han sobrevenido localizados en la parte lumbar de la columna, éste no, éste está a la derecha de esa parte.

Muchos de esos contactos contestaron enseguida, lo cual les agradezco, y mientras yo esperaba una respuesta que me diera los datos de algún fisioterapeuta que atendiera cerca de mi casa, comencé a usar antiinflamatorios, y cremas y parches de los que generan calor.  

Todo eso aliviaba mi dolencia temporalmente, pero como ésta volvía se me ocurrió pensar que tal vez no era cierto lo de que el dolor no era causado por la columna, pues en 1974, la primera vez que ese dolor en la parte lumbar de la columna me afectó, visité quiroprácticos en Caracas y en Miami —el de Miami me hizo una radiografía, de casi un metro de largo, en la que se ve mi columna completa—, varios médicos que se decían especialistas en eso, y hasta en supuesto doctor, de origen holandés y de apellido Van der Hoven, que tenía fama de exitoso en la cura de esas dolencias.

Con éste me fue mal porque, después de que me pidió que me desnudara quedándome sólo en calzoncillos (interiores), y me tendiera boca abajo en una camilla, me dio masajes en toda la columna sin que eso aliviara en nada mi dolor, y su receta fue que llenara de agua la bañera, echara en ella un sobre de sal de higuera, y me metiera en en la bañera por media hora.

Ante la expresión de incredulidad, que él leyó muy bien en mi rosto, el tipo montó en cólera y me agredió, verbal y gestualmente, agitando cerca de mi cara sus manazas, que más bien parecían garras de dinosaurio, gritando que yo era de ésos sabelotodo ignorantes que no creía en sus soluciones, y pidiéndome que me fuera y no volviera más.

Nunca pensé que uno se sintiera tan indefenso por estar cubierto sólo con calzoncillos, pero así me sentí yo hasta que, tan rápido como pude, me vestí y me fui de allí sin decir palabra.

Acudí luego a un quiropráctico que atendía en Las Mercedes (Caracas), y éste, después de una semana de sesiones diarias, fue tan honesto que me dijo que no volviera más porque él no entendía qué me pasaba, pues en cada sesión me ponía todas las vértebras en su lugar, y al día siguiente las encontraba igual que la primera vez que fui.

Alguien me habló después de un médico  —creo que de apellidó Abadí, o algo así— que pasaba consulta en la Clínica La Floresta.

Acudí a él y, después de radiografías y exploraciones físicas, me dijo que mi problema era congénito, y que consistía en que mi cuarta vértebra estaba sacralizada, o sea, soldada con la tercera, y de ahí mis terribles dolores. Algo que sólo afecta, añadió, a un 20% de la población

A mi pregunta de por qué ese defecto no se había manifestado antes, contestó que mis músculos habían mantenido en su sitio esa vértebra, pero que, a medida que con la edad esos músculos se aflojaran, el dolor aparecería con más frecuencia, y que lo único que yo podía hacer era, por ejemplo,

  • Evitar bajar pesos que estén por encima de mis hombros
  • Evitar levantarlos de forma asimétrica
  • Evitar levantarlos sin doblar las rodillas
  • Dormir en cama dura. (Desde entonces le puse a la mía colchón duro y una gruesa tabla debajo de él)
  • Al acostarme de lado, doblar la pierna de arriba hasta la altura de la rodilla de la de abajo
  • Procurar sentarme sólo en lugares con respaldo y asiento lo más en ángulo recto posible, y en que las caderas me queden más altas que las rodillas
  • Y otra recomendación, que por su índole sexual no voy a publicar aquí (p.ej., a Google no le gusta), y que por su efecto limitante nunca puse en práctica ni la pondré,… a menos que no me quede otro remedio.

Y añadió que si aún así aparecía el dolor, debería yo, además de poner cerca de mi zona lumbar, y por un rato largo, una lámpara que emitiera calor, probar sobre todo con varios ejercicios físicos hasta dar con los que me resultaran efectivos.

A tal fin de dio la lista que sigue, y que copio por si sirve a alguien,

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De esta lista me quedé con los seis siguientes ejercicios, que hago 10 veces cada uno. Desde 1974 hice esta «chuleta» abreviada para cuando debiera usarlos, y, por si acaso, siempre me la llevo cuando viajo. 

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Sus resultados, al menos en mi caso, han sido espectaculares, pues a veces he tenido que bajarme de la cama ayudado por alguien, me he tirado al piso, he hecho estos ejercicios, y me he levantado por mi propio pie y salido caminando con apenas una molestia donde antes hubo un dolor insoportable.

Creo que es el ejercicio número 4 el que más efectivo me resulta, pues, por falta de fuerzas, casi que no puedo hacerlo la primera vez, pero noto luego la mejora en las 9 restantes.

La vez que más fuerte me dio ese dolor paralizante fue en los años ’80s.

Estacioné frente a la ferretería de mi hermano Tomás, en Santa Mónica, y compré 5 galones de pintura que un empleado puso sobre el mostrador.

Para llevar hasta mi carro esos galones, me acerqué tres veces al mostrador, me paré bien paralelo a él, y con cada mano tomé un galón. Pero la tercera vez, como quedaba sólo uno, tuve la «genial» idea de, sin estar cerca del mostrador ni paralelo a él sino de lado, alargar la mano derecha y levantar ese galón.

El resultado fue que sentí una clavada en la zona lumbar y caí al suelo como fulminado, igual que en la vieja serie de TV que, al menos en Venezuela, titulaban «La muñequita viviente», le ocurría a la tal muñeca (un robot) cuando hablaba demasiado y su «marido», ya desesperado, apretaba un botón que ella tenía y ésta se derrumbaba desmadejada.

Como con ese dolor no es posible, ni tampoco seguro, manejar bien, tuve que buscar ayuda para eso.

Y la penúltima vez que me dio fue porque, al estar duchándome, para enjabonar un pie se me ocurrió acercarlo a la altura de mi abdomen, y ¡zuas! De la ducha tuve que salir gateando para ponerme a hacer los ejercicios.

Creí que el dolor de ahora no era de la columna porque me sobrevino cuando al levantarme de una silla de ruedas no lo hice de forma simétrica sino de lado, y en ese momento la silla se movió de forma extraña, y de inmediato me sobrevino el dolor, localizado no al centro de la zona lumbar, como siempre ocurrió, sino a la derecha, y sólo podía yo caminar doblado y a duras penas.

Pero hace días recordé lo que el Dr. Abadí me dijo en 1974: «A medida que con la edad tus músculos se aflojen, el dolor aparecerá con más frecuencia».

Pensando que con lo mucho que en 38 años, se han aflojado ya, tal vez el dolor se manifieste en otro lugar cercano a esa cuarta vértebra, pero no tan centrado en la columna, como siempre ocurrió desde 1074, así que comencé a hacer, 10 veces cada uno, los 6 ejercicios de la chuleta ,y es increíble cómo he mejorado.

Por esto recomiendo tales ejercicios, pues creo que probarlos no haga daño a nadie, a menos que se trate de alguien que tenga otro tipo de problemas.

COMENTARIOS

Leonardo Masina
masina@wanadoo.es
80.36.195.13

Alberto, confirmo lo de Carlos: el quiropráctico trabaja más a nivel de la columna vertebral, enderezando luxaciones, que causan pinzamientos y hernias.

Hay que tener presente que los desgastes, desafortunadamente, tienen poco y nada remedio, porque esa es una pieza “desgastada” no fuera de sitio.

En España, ahora se han puesto de moda unos especialistas llamados “espinólogos”, que no sé exactamente qué son; el fisioterapeuta ha tenido que pasar por la facultad de Medicina, pero creo que son sólo 3 años de carrera.

Hay que diferenciar que, además, existen quiroprácticos que son médicos primero y luego se especializan, y los quiromasajistas, que pueden ser “cualquier cosa”. Yo seguramente no me pondría en mano de uno de éstos.

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CMP
padronel.netx
padronel@padronel.net
200.109.40.8
En respuesta a Alberto Lema S..

Gracias, Alberto.

Mi dolor no llega ni de lejos al que causa el nervio ciático. Aún así, estoy tomando magnesio, y con los ejercicios me va bien.

Ignoro la respuesta a tu pregunta, pero, hasta donde sé, el fisioterapeuta trabaja mayormente con músculos, y el quropráctico con huesos.

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Alberto Lema S.
astrolavio@gmail.com
201.208.146.33

Estimado Carlos, después de ver la “chivera” de esqueletos desalineados que dejaron muchas horas sentados y en tensión en la Big Blue local, tengo que añadirme al grupo, no de 3ra. edad, como dice Carlos S. con el cariño de siempre, sino como “adulto contemporáneo”, pero con sus abolladuras de rigor internas y externas.

Por estar mal sentado trabajando con todos los modelos de pantallas desde la 3277 al último Thinkpad más de 2 décadas, se me desarrollo una artrosis cervical —no sé dónde tengo el informe de eso, ya hace 10 años atrás— que no la pagó el plan médico de IBM, sino el de la ex-INTESA.

A fuerza de terapias medio se compuso aquella “oxidación”, pero hay que cuidarla de vez en cuando.

Otro problema me sucedió hace como 4 años, al levantarme con el pie equivocado,… ya no recuerdo cuál, pero fue tremendo dolor de espalda que no era tal sino el nervio ciático. Consulté al Dr. Google y salió que eso no se curaba a fuerza de calmantes sino con Cloruro de Magnesio, que cierto monje descubrió por allá en la Edad Media, disuelto en un litro de agua, y tomar una tacita al levantarse x 7 días, y santo remedio.

Una pregunta, por curiosidad, ¿un fisioterapeuta está catalogado como rama del quiropráctico o viceversa?

Saludos a todos, y que estén bien.

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CMP
padronel.netx
padronel@padronel.net
173.234.241.99
En respuesta a Leonardo Masina.

Pues sí, veo que se eso de practicar una variante de pole dance podría dejar dividencos. En vez de una foto será mejor un vídeo, pero antes tengo que perfeccionar la técnica, bucar ropa apropiada (que dele ver mis encantos), y convencer a Chepina de que haga la filmación,

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Leonardo Masina
Vaya, Carlos, ya te veo como “bailarín de barra” en alguna discoteca caraqueña.

Eso sí: publica una foto en el blog para que te podamos ver.

CMP
En respuesta a Leonardo Masina.

Leo, me extraña que no hayas dicho a qué brujo recurriste para que le hiciera un “favorcito” a esa mujer.

Me temo que desacralizar la cuarta vértebra requiera operación, y ésa no me la juego porque, como dije, con los ejercicios mejoro mucho. Hace días descubrí que hacer flexiones de rodillas sujeto al poste de cabecera de la baranda de la escalera de mi casa me da muy buenos resultados, pero debo hacer ejercicios todos los días porque me acuesto sin molestias ni dolores, pero y cuando quiero levantarme de la cama los tengo todos de nuevo.

Leonardo Masina
Carlos, otro remedio, que definen como el “recurso final”, es AGUA Y AJO, o sea: a aguantarse y a joderse, ¡DESGRACIADAMENTE!

Como ya te comenté, hace unos 11 años, por un choque de una mujer que, estando yo parado con el carro, puso la marcha atrás y me pegó un castañazo y me quedó:
* CERVICAL: herniación circunferencial C5-C6; Hernia C6-C7; problemas también en C3-C4 y C4-C5.
* DORSAL: Discopatías D1-D2 y D2-D3.
* LUMBAR: problemas varios en L2-L3 – L3-L4 – L4-L5 y L5-S1.

El neurocirujano no sabía por dónde empezar, eso sí, antiinflamatorios y medicación para el dolor a lo bestia, hasta que el panorama se aclarara un poco. Reconozco que yo andaba como loco por el dolor y caminaba como un zombie.

Después de mucha reticencia por mi parte, accedí a ir al quiropráctico (es un médico —¡médico!— francés con especialización) al que va mi mujer, y te puedo decir que para mí ha sido milagroso, pues al cabo de una semana ya no necesité medicación.

Como a los 2 meses de ir a él, me tocó la revisión con el neurocirujano, y él mismo dijo que: “Sería de loco que te operase si te va bien así; mejor no toquemos nada”. Además, me pidió sus datos del quiropráctico porque, vistos los resultados —sobre todo en la parte cervical, que es la más delicada para operar—, ha aconsejado a algunos de sus pacientes que intenten con él.

Yo sigo yendo al quiropráctico, ahora en unas 3-4 sesiones al año, y sigo sin medicación. Cuando volví al neurocirujano para el control, pasados otros 6 meses, me dijo que muchos de sus pacientes en lista de espera para ser operados y que habían pasado por el quiropráctico, habían renunciado a la operación porque habían readquirido su misma calidad de vida.

Así que cada uno podrá hablarte bien o mal de su propia experiencia personal. Por ejemplo, en mi caso, la acupuntura no ha servido para nada, pero no puedo decir que sea mala, sólo que a mí no me ha hecho efecto, a otros posiblemente sí.

Cada uno es como es y, lo que le va bien a uno puede ser catastrófico para otro, lo digo también por las medicinas que a cada uno pueden hacer un efecto “personalizado”. En mi caso, por ejemplo, ninguna medicación para la hipertensión me funciona, sin embargo, media pastilla de Valium me la deja estabilizada…

CMP
En respuesta a Pedro Mazzei.

Gracias, Pedro. Algo más a tener en cuenta.

Pedro Mazzei
Saludos, Carlos.

Tengo varios años conociendo unas tecnologías japonesas donde he visto resultados “milagrosos” en el caso de las columna. Estas tecnologías se basan en la reproducción de las condiciones naturales que por siglos fueron la influencia sobre el cuerpo humano.

Una de ellas, el magnetismo de la Tierra, la civilización al comenzar a vivir verticalmente se alejan del magnetismo. Nikken (hace 40 años desarrollo la primera plantilla magnética) desarrolló un sobre colchón que reproduce ese magnetismo. los resultados han sido excelentes y ha demostrado combatir muy eficientemente los dolores.

A un compañero nuestro, con un terrible dolor de espalda, le di una demo de media hora y su dolor bajó violentamente.

Hay otras tecnologías, la del aire y agua. La primera te limpia el ambiente y de ofrece un aire similar al del pie de una cascada o en la playa. El agua te reproduce el agua de manantial, mineralizado y magnetizado, con PH alcalino, ideal para bloquear las enfermedades. En su conjunto te ofrecen una condición de bienestar.

Roberto
Gracias, Carlos. Yo también he tenido problemas de espalda, tengo un pinsamiento en la segunda vértebra lumbar, pero afortunadamente desde mi pérdida de peso –7.5 kgms menos– ha dejado de dolerme.

De todos modos, tomaré nota de tus ejercicios. Yo acostumbro a hacer algunos parecidos también.

[*FP}– Orgullo de padre: ‘Un beso antes de dormir’, otro libro ilustrado por mi hija Alicia

Ya salió a la venta. Lleva por título «Un beso antes de dormir», y está orientado a niños/as de hasta 3 años.

Fue publicado por Ediciones SM (España), y Ediciones SM (México), y puede adquirirse en librerías de España, de México, en Amazon España o en Amazon USA.

Imagen de la portada

Portada

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Imagen de una de las páginas

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COMENTARIOS

Alicia Padrón
¡Qué bueno, Patricia! Me da mucha alegría. ¡Gracias!

CMP
En respuesta a Patricia.

Gracias, Patricia. Se lo contaré a mi hija.

Patricia
¡Lo tengo! Se lo leo a mi hijo todas las noches, y me aprovecho para besarle en cada página. Las ilustraciones son preciosas y llenas de ternura. ¡Enhorabuena!

Alicia Padrón
¡Muchas gracias a todos por sus bellos comentarios!
Cariños,
Alicia

CMP
En respuesta a Manuel A. Gutiérrez V..

Gracias, Manny.

Manuel A. Gutiérrez V.
Felicitaciones a tu hija Alicia, y también al orgulloso padre.
Con cariño y aprecio.

CMP
En respuesta a juan fermin dorta.

Gracias, JF.

juan fermin dorta
Con mucho agrado recibo la noticia sobre la publicación de “Un beso antes de dormir”.
FELICITACIONES A LA ARTISTA Y A SU ORGULLOSO PAPI.

Ada Padrón
¡Otro batacazo! ¡¡Felicidades, chama!!
Tu prima, Ada.

[*FP}– Orgullo de padre: Conceden beca a mi hija Elena para que siga adelante con su investigación

23-07-12

Carlos M. Padrón

Ya en el artículo Orgullo de padre: Entrevista a la profesora Dra. Elena Padrón dije donde trabajaba mi segundogénita, Elena, y qué hacía.

Dentro de ese mismo marco de trabajo, en 2010 Elena comenzó un proyecto de investigación para el que acaban de concederle una beca, lo cual ha sido anunciado por la oficina de investigación y academia de la Universidad Alliant con este texto, cuya traducción al español pongo más abajo.

Cabe destacar que la fundación que concedió estas beca sólo concede 4 cada año.

«Dr. Elena Padrón   has  just  been  awarded  a  $19,950  grant  from the New York Community Trust’s Fahs-Beck Fund for Research and Experimentation. Dr. Padrón’s research, entitled “Attachment and Trauma in Former Foster Youth and Their Young Children”, will evaluate the attachment patterns of 50 former foster youth and their young children ages 1-3 by using well-established and validated measures that constitute the gold standards in the field of child development.

This research builds on a pilot study that Dr. Padrón initiated using a Provost Seed Money grant in 2010.  Dr. Padrón has working with a team of graduate students to complete the assessments, which are being conducted at the Psychological Services Center in Oakland. 

Ultimately Dr. Padrón hopes that this research into the mechanisms responsible for the intergenerational transmission of maladaptive attachment patterns will enable her to develop better therapeutic interventions  to address the needs of this underserved population.

Dr. Padrón is an Assistant Professor and a Rockway Institute Fellow and Research Associate at the California School of Professional Psychology at Alliant’s San Francisco campus.

Please join me in congratulating Dr. Padrón on her recent success!»

~~~

«La Fundación Fahs-Beck para la Investigación y la Experimentación, del New York Community Trust  ha concedido a la Dra. Elena Padrón una beca de investigación de $19.950.

La investigación de la Dra. Padrón, titulada «Apego y trauma en jóvenes que fueron colocadas en acogimiento familiar, y en sus hijos pequeños«, evaluará —usando mediciones, bien fundamentas y ya validadas, que constituyen el estándar de oro en el campo del desarrollo infantil— los patrones de apego de 50 madres jóvenes que estuvieron previamente alojadas en hogares de acogimiento, debido a abuso o negligencia por parte de sus padres, y de los hijos de ellas con edades comprendidas entre 1 y 3 años.

Esta investigación está basada en un estudio que la Dra. Padrón comenzó usando fondos de la beca de investigación Provost Seed Money, de Alliant International University, que le fue concedida en 2010. Para completar la mencionada evaluación, la Dra. Padrón trabaja, en el Psychological Services Center, en Oakland, con un equipo de estudiantes de doctorado.

La Dra. Padrón aspira a que eventualmente esta investigación de los mecanismos responsables por la transmisión intergeneracional de patrones mal adaptativos de apego, le permita desarrollar mejores intervenciones terapéuticas dirigidas a atender las necesidades de esta población ahora mal servida.

La Dra. Padrón es al momento Assistant Professor y Rockway Institute Fellow and Research Associate en la California School of Professional Psychology en San Francisco, que forma parte de Alliant International University.

Por favor, ¡únanse a esta felicitación a la Dra. Padrón por éste su reciente éxito!»

[*FP}– Del turismo en Canarias y su aporte a mi inglés

13-02-12

Carlos M. Padrón

En algún lugar de este blog escribí que, cuando yo estudiaba bachillerato, dejé de lado el francés y opté por el inglés.

Fue a comienzos de la década de los ’50s, y muchos calificaron de locura esa mi decisión  por cuanto no había disponibles en El Paso profesores de inglés, pero me las arreglé con sólo libros.

Los tales libros no eran realmente de texto escolar, sino dos que mis dos hermanos —un libro cada uno— me habían enviado desde Venezuela.

Uno era de Berlitz, que no me gustó, y el otro, cuyo autor no recuerdo, tenía formato apaisado, tapas duras de color rojo oscuro, muy buen papel, y nítida impresión.

Comoquiera que desde siempre he reparado más en el fondo que en las formas, no creo que este libro me gustara por esas características físicas —que en algo ayudaron— sino más bien creo que me enganchó por las excelentes explicaciones y los muy buenos ejemplos ilustrados que contenía.

El caso es que con este libro aprendí lo básico de la gramática y el vocabulario inglés, pero, por supuesto, no su pronunciación, lo cual, como también dije en este blog, es un problema que arrastro hasta hoy y que se manifiesta en mi dificultad para entender el inglés hablado cuando no estoy frente a quien lo habla.

Con el inglés escrito no tengo mayor problema.

Cuando durante esa época iba yo a Tenerife a presentar exámenes, estaba ya aumentado la afluencia de turismo a esa isla.

Venía masivamente en barcos que atracaban en el puerto de Santa Cruz, y luego los turistas, que para entonces eran ingleses en su mayoría, se trasladaban por carretera hasta Puerto de la Cruz, en el norte de la isla, que fue el primer centro turístico de Tenerife, tal vez porque entre esa ciudad y su muy cercana vecina La Orotava reunían una mezcla única de excepcionales paisajes de montaña y mar, y clima frío, templado y cálido.

Mucho me habría gustado tener la oportunidad de entablar conversación con esos turistas, pero, por motivos de edad y de falta de recursos, no podía yo ir a Puerto de La Cruz.

Sin embargo, sí pude cuando a finales de 1957 me fui a vivir y a trabajar en Santa Cruz de Tenerife.

Entonces pude pagarme un viaje en guagua (autobús) hasta Puerto de La Cruz, y buscar la forma de hablar allá con cualquier turista, de cualquier sexo o edad, que aceptará cruzar conmigo algunas palabras.

Y digo que con cualquier turista porque todos, ya fueran ingleses, alemanes, daneses, etc., hablaban inglés.

San telmo

(Paseo de San Telmo)

Los lugares más fáciles para conseguir lo que yo buscaba eran el paseo de San Telmo, las terrazas de algunos bares, y la playa Martiánez, una playa que, al igual que las de La Palma, mi isla natal, es de arena negra dado su origen volcánico.

El Puerto de La Cruz de entonces muy poco se parecía al de ahora.

En 1958 eran pocos, y no muy buenos, los hoteles que allí había, pero desde hace varios años son muchos, y muy variados, los hoteles que hay en Puerto de La Cruz; algunos con las mejores calificaciones en estrellas.

Hot. varios

(Puerto de La Cruz. Hoteles al borde del mar. Foto cortesía de Lucy de Armas Padrón)

Tal vez para recordar viejos tiempos, o para disfrutar de los excelentes paisajes, cada una de las muchas veces que, después de vivir en América, he ido a Tenerife, mi paisano y buen amigo de la infancia, Gilberto Cruz —a quien en El Paso llamábamos Bero—, me lleva, en su auto —o mejor digo que nos lleva, pues últimamente he ido con Chepina, mi mujer—, bien a algún lugar específico de la isla o bien a darle la vuelta a toda ella.

El 90% de las veces toma la ruta del norte, e infaliblemente nos detenemos en Cuesta de La Villa en el llamado Mirador Humboldt, y desde allí disfrutamos del impresionante paisaje del Valle de La Orotava, que cubre desde el Teide hasta el mar

ValleOrotava

 (Valle de La Orotava, con el pico Teide, nevado, al fondo. Foto cortesía de Ramón López)

Desde ese mirador contemplamos alelados lo que admiró Humboldt en 1799, aunque entonces no estaba en ese paisaje el núcleo urbano del hoy espectacular Puerto de La Cruz.

De noche es frecuente ir también a «El Puerto», que es como en Tenerife se le llama a Puerto de La Cruz, a disfrutar de lo que ofrecen muchos de esos hoteles, como discoteca, restaurante, bar interno, o servicio en terraza externa.

El turismo creció mucho en Tenerife desde entonces y se expandió por el sur de la Isla, pero ésa es un área distinta, pues, a diferencia de la parte norte —o sea, del Valle de La Orotava— no cuenta con diferentes climas entre los que escoger; no es verde sino más bien seca; y no tiene los paisajes de montaña que abundan en el norte.

El sur de Tenerife es más una zona residencial en la que han proliferado urbanizaciones cuyas casas están habitadas mayormente por extranjeros que una vez llegaron a Tenerife como turistas.

Para pasar una o dos semanas, el lugar es El Puerto. Y desde allí se puede dar vuelta completa a la isla, visitar el pico Teide —o al menos el Valle de Ucanca— y, si se quiere, detenerse a conocer las playas del sur y, por supuesto, la capital de la isla: Santa Cruz de Tenerife.

Las vías para completar este periplo son todas muy buenas, y es aconsejable llevar algo de ropa de abrigo porque los cambios de clima podrían ser bruscos y pronunciados.

Por mi parte, cada vez que voy a El Puerto, o lo contemplo desde lejos, recuerdo mis «peninos» con el idioma inglés, ése que luego me fue de gran utilidad en mi vida profesional, y que lo sigue siendo en la social, familiar y cibernética.

COMENTRARIOS

CMP
En respuesta a Juan Antonio Pino Capote.

Entonces, Juan Antonio, somos dos los que no hemos vuelto a ver a Olguita (Perera es su apellido) desde que dejamos El Paso.

Ella fue mi compañera de infortunio frente al sádico Moncada, de quienes ambos éramos víctimas preferidas para humillación, burla y escarnio.

Según escuché en el seno de mi familia, el padre de Olguita, conocido como Mazo Perera, fue un hombre muy querido que murió a edad temprana. Yo no lo recuerdo.

Juan Antonio Pino Capote
Yo era un poco mayor que el grupo de D. Santiago, grupo al que le tenía envidia por la calidez de este buen hombre y también por una alumna que yo admiraba. A Olguita la tuve por una niña siempre sonriente y entrañable. Gracias, Carlos, por recordarme esa foto.

Roberto, creo que después que me fui de El Paso no he vuelto a ver a Olguita. Por las anteriores característica se tiene muy merecido lo de Olguita, mucho mejor que Olga. En El Paso no hacía falta decir su apellido, todo el mundo sabía quién era Olguita.

CMP
En respuesta a Roberto.

¡Vaya, vaya! Eres más joven de lo que pensé. Olguita, a quien siempre tuve mucho aprecio, estudió conmigo varios años de bachillerato; una prueba es la foto que puedes ver AQUÍ.

Todas las veces que, estando yo ya en América, he vuelto a El Paso, la he buscado “como palito de romero”, pero sin éxito, lo cual me ha puesto de muy mal humor, pero sólo logro explicármelo con lo que también me ocurrió buscando a Carmensa durante 26 años. ¡Es increíble!

Si aún tienes contacto con ella, dile esto, por favor (pues tal vez nadie se lo haya dicho, y dale un abrazo de mi parte. Y dale mi dirección por si acaso quier escribirme.

Gracias.

Roberto
¡Es una maravilla lo que cuentan los dos!

Por cierto, ¿alguno de ustedes estudió con “Olguita”? Ella fue quién me inició a mi en el camino del inglés.

CMP
En respuesta a Juan Antonio Pino Capote.

No sabía, Juan Antonio, que tus inicios con el inglés habían sido en El Paso. Tal vez mi ignorancia en esto se deba a que cuando Moncada se autoproclamó profesor de inglés, ya hacía tiempo que yo me había librado de ese sádico, y más de un año que me había dedicado al inglés por mi cuenta. Sí recuerdo que impartía las clases en los altos de donde estuvo la farmacia de Don Miguel Jurado, lugar al que nunca entré.

Mi principal punto de aversión al inglés, aparte de que me lo “enseñaba” Moncada, no fueron, ni son, los verbos, sino la oscura y machacona fonética de ese idioma, y hasta la forma en que hay que pronunciar ciertas sílabas.

Lo de la turista de Monterrey me ha hecho gracia, pues puedo imaginar el caso y el alcance de tu reacción.

Sí recuerdo a Manolito Julián, pero de él no sé tanto como para poder escribir algo.

En mi caos, el inglés me fue útil desde un trabajo que tuve en Santa Criz de Tenerife, y luego, por supuesto, en todos los que tuve en Venezuela, en espeical e IBM, empresa en la que, como useña que es, poco futuro tienes si no hablas inglés. Así que mi decisión de dar la espalda al francés y dedicarme al inglés fue una de las buenas que tomé en mi vida.

Juan Antonio Pino Capote
Bonito y, para mí, evocador relato. Ya somos tres de El Paso los que elegimos el idioma inglés, que yo sepa.

Yo lo elegí para librarme de los antipáticos verbos y gramática francesa. El inglés lo estudié con el bachiller Adolfo Moncada, de triste recuerdo. No sé cuál era su nivel real de conocimiento del inglés ni de otras materias, pero nos hizo aprender vocabulario en cantidad.

No sé si por sus conocimientos o por mi gran afición al inglés, pero me dieron tres sobresalientes en los exámenes, en el Instituto de Santa Cruz de La Palma. Los otros tres alumnos de la clase no obtuvieron el sobresaliente. Algo había en mi interés particular.

Yo también buscaba el contacto con los turistas, y hasta serví de camarero en Monterrey cuando comían allí muchos de ellos. La verdad es que esto era sólo ocasional, pero era mucho para El Paso. No tuve ocasión de intercambiar muchas palabras con ellos pero sí aluciné con una turista joven que llevaba un enorme escote, como nunca había yo visto. Casi le derramo la sopa.
Se veía desde arriba, al estar yo de pie y ella sentada. Y ésta también era mucho para El Paso.

El tercer pasense, que yo recuerde, era Manolito Julián. El peculiar hermano de las “Adolias”, también peculiares ellas, Adolia y Carmen Dora.

Manolito Julián, que presumía de tener un libro de inglés, nos decía palabras sueltas con una pronunciación especial como ‘ru-moni’ (por good morning) y ‘a litle’ (por a little). No sé si lo incluiste en los bobos de El Paso en tu blog, pero no era tonto del todo.

A mí me fue muy útil el inglés para especializarme en Inglaterra, y luego para seguir leyendo las revistas especializadas del más alto nivel científico.

[*FP}– Una semana en San Francisco

17-06-12

Carlos M. Padrón

Los más de los lectores habituales de este blog supieron que hace unos días estuve en a San Francisco (California) a ver a mi hija Elena, la psicóloga, y algunos de tales lectores tal vez hayan visto el post Nueve días (¡y diez noches!) en San Francisco en el que dije que la última vez que estuve allá las pasé canutas.

Pero como guerra avisada no mata soldado, esta vez fui provisto de todos los remedios contra mi alergia a los cambios de temperatura; con la ropa apropiada para que el repentino frío no me afectara, aunque pasara yo calor cuando la temperatura subiera algo; y con un antifaz que me ponía al disponerme a dormir y que, por su buen diseño, me cubría de tal forma que no veía yo ni resquicio de la luz que entra a raudales por los ventanales del apartamento de mi hija, luz que en el viaje anterior, el de junio de 2008, me impidió dormir.

Primero, la parte mala

Esta vez lo pasé muy bien…. en San Francisco, aunque no en los viajes de ida y de vuelta, hechos todos con American Airlines (AA).

Lo que en ellos tuve que sufrir me reafirma en lo que dije en Cuando viajar era un placer y en que para viajar por avión en estos tiempos hay que tener una buena dosis de masoquismo.

Mi ruta, tanto de ida como de vuelta, era con escala en Plastaforma (= Miami) donde el vuelo AA-902 desde Caracas llegaría a las 12:40, y el AA-1455, de Plastaforma a San Francisco, saldría a las 16:30.

A pesar de ese aparente amplio margen de tiempo, Chepina, que ahora viaja más que yo, me advirtió de que la cola en inmigración* en Plastaforma sería gigantesca, y también la que yo tendría que hacer después —una vez pasada la aduana y entregada la maleta a los de AA para que la montaran en el vuelo a San Francisco— para someterme a los humillantes controles de seguridad.

Y sí, sólo en inmigración se me fue 1:10 h, más 15 minutos en la aduana, y cuando, ya preocupado porque mi margen se había reducido a 2:15 h y yo debía presentarme en el mostrador del vuelo AA-272 con tiempo suficiente, mi preocupación aumentó porque el tipo de AA que recogió mi maleta miró la etiqueta de destino y, con aire de preocupación, murmuró «¿San Francisco? ¡Uhmm!», miró su reloj y se encogió de hombros en un gesto de evidente escepticismo, todo lo cual me hizo pensar que, por algún cambio de horarios, el tipo dudó que yo tuviera tiempo de tomar ese vuelo.

Ante esto salí disparado, y el alma se me fue a los pies al ver la cola que había en el control de seguridad.

Cuando después de 20 minutos en ella me tocó el turno de hacer el maldito strip-tease —sacarme la chaqueta, el cinturón, los zapatos, lo que llevaba en los bolsillos (fuera o no metálico) y poner todo en bandejas, más, aparte, el maletín de mano, canguro y roller), al pasar mis bártulos del otro lado del túnel de rayos X, una mujer detuvo la operación de recogida, que había yo iniciado mientras sujetaba mis pantalones para que no se me cayeran, y me preguntó si yo llevaba una computadora en mi roller.

Cuando le dije que sí, puso mala cara, me pidió la computadora —que era la Mierdaptop que me llevo cuando viajo—, me dijo que esperara mientras ella la pasaba por rayos X, y luego me la entregó diciéndome, con cara de pocos amigos, que las computadoras hay que ponerlas en bandeja aparte.

Sí, algo de eso recordaba yo, pero como en la revisión de seguridad que me hicieron en Caracas no me dijeron nada al respecto, supuse que habrían cambiado la regla en todos lados.

Una vez que, a duras penas, pude ponerme los zapatos, cinturón y demás, ubiqué en un tablero electrónico la puerta de salida del vuelo AA-272 a San Francisco,…. ¡y a correr se ha dicho!

No entiendo cómo en estos aeropuertos grandes de ahora obligan a los pasajeros a caminar cientos de metros para llegar a un control de pasaportes o a una puerta de embarque. Cuando llegué a la de mi vuelo, sin aliento y sudando a chorros, vi que ya los pasajeros estaban abordando y, sin más, presenté mi boarding pass.

El empleado de AA lo miró, puso expresión de asombro al ver lo mucho que yo sudaba, y con tono de lástima me dijo «Señor, su vuelo es el 1455 a San Francisco, y saldrá a las 16:30».

Aunque eso me dio vergüenza —y también me molestó porque no entendí lo que había dicho y hecho el tipo que, a la salida de la aduana, recogió mi maleta—, en cierto modo también me alegró porque tuve tiempo de sobra para ir al baño, sacarme los lentes de contacto —ya que pensaba dormir durante ese vuelo, que tendría una duración de 6 horas—, y sentarme a descansar de lo que había resultado ser un innecesario agite.

A las 16:15 entré al avión, un Boeing 757 —dos filas de tres asientos—, y me alegré al darme cuenta, después de que cerraron puertas, de que el asiento entre el mío, que era de ventana, y el de pasillo, estaba vacío. En el de pasillo iba sentada una anciana india (de la India) cuya hija ocupaba el asiento del otro lado del pasillo.

Otra «delicia» de los vuelos domésticos, al menos dentro de USA, es que no dan comida no importa cuánto duren; si uno quiere comer algo, como un sandwich, tiene que pagarlo. Lo gratis es sólo café, jugo y agua.

A la altura de mi asiento pasó tres veces, siempre procedente de la cola del avión, una aeromoza ofreciendo jugo de naranja.

La primera vez le entregó el último a la anciana india; la segunda vez pasó de largo, aunque la hija de la anciana, como apenada porque el último jugo de la vez anterior lo había tomado su madre, llamó a la aeromoza y le hizo señas de que yo quería jugo, ante lo cual pensé que en la próxima pasada me lo traería, pero me equivoqué porque pasó una tercera vez, y aunque la hija de la anciana repitió sus señas, la bendita aeromoza siguió de largo.

Ante esto, la hija en cuestión habló con otra aeromoza que venía en sentido contrario, y ésta se presentó al rato con un vaso de jugo. Cuando me lo extendió le fije «Finally!» (= ¡Por fin!), ante lo cual, y con cara de extrañeza, me preguntó que por qué le decía eso cuando la otra aeromoza le había contado que me había ofrecido jugo 3 veces y yo le había dicho que no lo quería. ¿Qué tal?

Creo que el nivel de competencia del personal que hoy se consigue en las empresas, sean del tipo que sean, es del peorcito que hay en el mercado.

De pronto, la anciana india levantó el descansabrazos entre el asiento central (vacío) y el que ella ocupaba (el del pasillo), se acostó en el espacio que quedó libre, puso sus pies sobre el descansabrazos fijo del asiento exterior y, sin aviso ni protesto, recostó su cabeza sobre mi hombro derecho y se puso a dormir plácidamente.

La sorpresa del desparpajo de la señora me causó risa. Volteé a mirar a su hija, y ella, con gesto de resignación, sonrió y se encogió de hombros como diciendo «cosas de viejos».

A las 19:40, hora local, aterrizamos en San Francisco, y a las 20:00 ya iba con mi hija Elena en camino a su casa en un carro que ella había alquilado para ir a buscarme.

El dato para mí curioso es que ahora alquilan carros por horas.

Antes de los detalles buenos, algunos otros malos

La hora de salida del vuelo de regreso desde San Francisco a Plastaforma era las 20:45, y yo debía presentarme en el mostrador de AA a las 18:45.

De casa de mi hija, y en otro carro alquilado ($12 la hora) salimos a las 17:30, pero con tan «buena» suerte que la vía que por lógica debíamos tomar pasa por un estadio de béisbol, y esa tarde había partido, así que en rebasar el atasco de tráfico hasta el estadio se nos fue más de media hora.

Luego el tráfico fluyó bien, pero mi hija cometió el mismo error que yo cometí dos de las veces que estuve en San Francisco y, en un carro alquilado, me dirigía al aeropuerto: yendo por la 101 sur, pasar de largo el desvío correspondiente y tener que rodar bastante hasta llegar a Milbrae donde se puede dar la vuelta para regresar en busca del aeropuerto.

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Justo a las 18:45 me dejó mi hija en la entrada del terminal de AA.

En los mostradores había sólo dos personas para atender a todos los pasajeros: una para primera clase, y otra para turista.

A las 19:30 llegué al próximo strip-tease del viaje, que ha sido el más detallado de todos los que he sufrido en mi vida de viajero después del aciago 11-Sep-2001.

Primero analizaron con una especie de linterna la fotografía de mi pasaporte y la de la visa para USA, supongo que para ver si eran originales o habían sido falsificadas, pues la mujer que hizo el análisis miró varias veces mi cara y también las fotos.

Luego vino el strip-tease como tal (zapatos, cinturón, etc.), pero esta vez sí puse la Mierdaptop en bandeja aparte.

Cuando aún con los zapatos sin amarrar y los pantalones sin cinturón me dirigí, para cruzar al otro lado y recoger mis bártulos, a ese arco que detecta metales, y quise atravesarlo sin más, como he hecho siempre, me llamó la atención que era mucho más ancho que los que yo había atravesado antes, y en esa reflexión estaba cuando desde el otro lado del arco una mujer con cara de perro me hizo con su mano la señal de alto, lo cual me salvó de que me estrellara contra una puerta de vidrio que, de golpe, se cerró ante mí.

Creyendo que la señal de alto era indicación de que debía salir y volver a entrar, cuando di la vuelta para hacerlo, otra puerta de vidrio se cerró del otro lado y me vi encerrado en una especie de cubo.

La mujer de la señal de alto me dijo que abriera las piernas y pusiera mis pies sobre la silueta de unas plantas de zapato que había pintadas en el piso, y que levantara luego los brazos por encima de mi cabeza.

A riesgo de que se me cayeran los pantalones tuve que levantar los brazos, y todo eso para que algo, emitiendo un zumbido, escaneara todo mi cuerpo, luego de lo cual se abrió la puerta correspondiente y pude salir al otro lado,…. donde me interceptó un tipo que, a mano, me hizo un cacheo general.

Para colmo, como todavía no había retirado yo mis bártulos de la banda trasportadora, otro tipo que estaba parado detrás de ella comenzó a meterme prisa. Lo más rápido que pude retiré todo y lo puse sobre un banquito que encontré vacío y en el cual me senté después para amarrarme los zapatos y enhebrar el cinturón de mis pantalones.

En eso estaba cuando el mismo tipo se acercó a mí, ahora visiblemente molesto, y me hizo entrega de mi pasaporte y el boarding pass que, debido a las prisas, había dejado yo olvidados en la banda trasportadora.

Definitivamente, HUMILLANTE.

Confiado en que durante el vuelo AA-272 hasta Plastaforma podría comprar a bordo algo para cenar, como en el viaje de venida lo había comprado para almorzar, me senté tranquilo a esperar la hora de entrar al avión, otro 757 que se llenó hasta la bandera y cerró puertas a las 20:30, o sea, 15 minutos antes de la hora prevista.

A poco de arrancar motores el capitán anunció que se había presentado una falla sencilla: se había estropeado la válvula que suministra agua al avión, pero dijo que arreglarla era cosa de 5 minutos.

Cuando habían pasado 15 nos dijo que se había equivocado porque algo que parecía ser sencillo iba a tomar una hora. Eso sí, autorizó a encender de nuevo los aparatos electrónicos, incluidos los celulares, lo que aproveché para mandarle a mi hija un mensaje contándolo lo que había pasado, y mi temor de que perdería la conexión para el vuelo AA-2107, de Plastaforma-Caracas, que saldría a las 07:15 del día siguiente.

Algo que en situaciones así me ha asombrado de los gringos es que nadie protesta, aunque era lógico suponer que, al llegar a Plastaforma, muchos de los pasajeros tendrían que tomar, como yo, un vuelo hacia otro destino.

Pasada la hora habló de nuevo el capitán para, pidiendo mil disculpas, decirnos que la falla no se había arreglado y que, para colmo, era la hora de cambio de turno de los obreros, por lo cual habría que esperar a que los miembros del nuevo turno se hicieran cargo del problema. Silencio total entre el pasaje.

Apenas unos 15 minutos después el capitán anunció que ya podríamos salir pero que, por favor, evitáramos usar los baños que, cuando mucho, servirían para lavarse las manos.

El vuelo AA-272 salió por fin a las 22:30 —o sea, con 01:45 h de retraso— y durante las 05:30 h que duró sólo nos ofrecieron agua; de comer, nada de nada, lo cual no me importó mucho porque el estrés me sacó las ganas de comer, pues estaba yo convencido de que perdería el vuelo de conexión, y me preguntaba cuándo AA me mandaría a Caracas, pues todos los vuelos entre Plastaforma y Venezuela están llenos con semanas de antelación.

Que lo perdería era 100% seguro si, por algún incidente de mala suerte, como el de la válvula del agua, tenía yo que pasar otro control de seguridad antes de abordar el AA-2107.

En Plastaforma aterrizamos a las 06:30. Cuando logré salir del avión eran las 06:45. Me dirigí a una empleada de AA y le pregunté dónde estaba la puerta D-15, que era la de salida del AA-2107 a Caracas, y si para llegar a ella tenía yo que pasar control de seguridad.

A lo primero me dijo que tomara el Sky Train y me bajara en la parada 1. Y en cuanto al control de seguridad me dijo que no, lo cual alimentó mis esperanzas de llegar a tiempo al AA-2107.

A galope limpio me dirigí al tren, que abordé en la parada 3, o sea, que para llegar a la 1 hizo dos paradas más. Al bajarme en la 1 miré a mi alrededor, y allá, como a 50 metros, vi la puerta D-15. A la máxima velocidad que pude desarrollar cargando, no rodando, mi roller, me dirigí a esa puerta.

Paradas delante del mostrador y mirando hacia todos lados había dos damas con uniforme de AA. Apenas se percataron de cómo yo venía, una gritó «¿Carlos Padrón?». «Yeees!», contesté, gritando también.

En señal de alivio, ambas levantaron sus brazos, me permitieron acceso a la manga de entrada al avión y, en cuanto estuve dentro del aparato, cerraron la puerta. Fui el último pasajero en entrar a un avión que tenía vacío solamente el asiento que yo ocupé, o sea, que también iba lleno hasta la bandera.

El desayuno que en ese vuelo me dieron fue mi primera comida y bebida desde el almuerzo del día anterior.

Por suerte, llegamos a Maiquetía (aeropuerto internacional de Caracas) con bastante antelación a la hora fijada, en control de pasaportes había poca cola, y como mi maleta fue de las últimas que en Plastaforma montaron en el avión, fue de las primeras en salir en Maiquetía, así que a las 11:00 en punto entré a mi casa, muerto de sueño y tan agotado como si, después de correr una maratón, me hubieran dado una paliza.

Y ahora, lo anecdótico y lo bueno

En una tienda vi este afiche de gran contenido de humor político: Obama y Sarah Palin, rivales acérrimos, bailan juntos.

Obama y Palin

Y de lo político, vamos a lo sexual.

Sabido es que una gran parte de la población «masculina» de San Francisco es gay.

Ya en 1979, la primera vez que estuve en esa ciudad, se hablaba de un 40%, y las autoridades habían reservado para ellos cuatro cuadras de una calle llamada Castro.

Con el tiempo fueron dándoles más espacio hasta que la tal calle dejó de ser el único reducto, y se extendieron por toda la ciudad.

Como prueba del «destape» que hay en San Francisco, un mediodía —mientras después de almorzar con mi hija esperaba yo en la calle, frente al restaurante, a que ella regresara del baño— apareció de repente un grupo de individuos montando bicicleta y completamente desnudos.

Desnudos

Desde que, por motivos de peso y volumen, dejé de llevar en los viajes mi cámara réflex de carrete, no terminan de gustarme las digitales ni termino de hacerme a la idea de que mi celular tiene cámara fotográfica, así que, para cuando vine a caer en cuenta de esto último, ya el pelotón de nudistas se había alejado bastante, por lo cual la foto que les tomé con el celular no sólo no permite verlos muy bien sino que se los ve de espaldas, lo cual es una lástima porque de frente se veían claramente sus genitales disfrutando del fresco viento de San Francisco, lo cual me hizo recordar la expresión venezolana de «echarse aire en las bolas», aunque el último de los ciclistas era una mujer y, por tanto, no tenía bolas.

Recuerdo haber leído o escuchado que donde abundan los gays abundan también las mujeres bellas, lo cual me pareció siempre algo tonto que, después de esta estadía en San Francisco, no me lo parece tanto.

Además de que es ésta la vez que menos personas obesas he visto en cualquiera de las muchas ciudades de USA en que he estado, es también la vez en que más piernas femeninas bellas he visto en cualquier ciudad, no sólo de USA. Y esto fue como bálsamo para mí, pues ya he contado lo mucho que aprecio unas piernas femeninas lindas.

Fue una verdadera delicia ver tantas y tantas mujeres, calculo que de menos de 30 años, casi todas de unos 1.60 m de estatura, o tal vez un pelín menos, con cuerpos estilizados, de ésos en los que están presentes todos los rasgos físicos propios de su sexo (pechos, trasero y caderas), pero en un justo y delicado balance, sin que ninguno destaque en demasía, y soportados por un par de piernas —más bien largas, en relación a la estatura total—, finamente torneadas a pesar de lo estilizadas, y de piel blanca y limpia, sin mácula en el cutis.

Esta característica se daba tanto, y en tantas mujeres que parecían «cortadas por la misma tijera», que se me ocurre pensar que es consecuencia de un cruce entre genes gringos y asiáticos.

Los más de los días que pasé en San Francisco, aunque me parecieron fríos y ventosos, para quienes viven en esa ciudad fueron soleados y calurosos —siendo el más el del pelotón de nudistas—, y por ello esas mujeres vestían faldas delgadas y más bien cortas —o sea, por encima de la rodilla— que cuando el viento las pegaba a sus cuerpos los hacía aún más atractivos.

La guinda del postre fue la muchacha que nos recibió en un restaurante de Fisherman’s Wharf al que mi hija me invitó el miércoles 13 de junio —o sea, un día antes de mi viaje de regreso— como regalo adelantado al Día del Padre, que en América se celebra hoy, domingo 17 de junio.

Esa muchacha, tal vez de unos 23 años y de mayor estatura que la ya mencionada, llevaba un vestido de tela muy delgada y de un color negro que resaltaba más la tersa blancura de sus esbeltas y perfectamente torneadas piernas que se veían más que bien porque el vestido llegaba, al igual que las faldas de que antes hablé, sólo un poco por encima de las rodillas.

Caminando con un donaire poco común, a pesar de que calzaba zapatos bajos, sin tacón, fue delante de nosotros hasta llevarnos a la mesa que nos asignó, y durante el minuto que duró ese trayecto —el local del restaurante es muy grande— no salí yo de mi asombro al contemplar tan delicada perfección.

Cuando al llegar a la mesa en cuestión se volteó para mover las sillas, quedé estupefacto ante la belleza de la cara de aquella criatura. A punto estuve de, además de felicitarla, preguntarle en qué concurso de Miss Universo había participado. Era la suya una belleza tan sencillamente perfecta que más que mujer terrenal se me antojó un ángel.

¿Que por qué no les tomé fotos a al menos algunas de las tan bonitas piernas? Ganas no me faltaron, pero, además de lo ya dicho sobre los olvidos de mis cámaras fotográficas, como tomar esas fotos es algo que no está bien visto en USA, seguramente me habrían acusado de acoso sexual.

Me conformaré con estos gratos recuerdos y con los asociados al precioso tiempo pasado con mi segundogénita, que fue bien aprovechado porque prácticamente no nos separamos en ningún momento de la semana que pasé en San Francisco.

~~~

(*) Nota tecnoesotérica

Cuando me puse en esa cola de inmigración, mi smartphone Nokia, al que le había inhabilitado el roamming, tenía instalada una tarjeta SIM de Movilnet, operadora móvil venezolana que, por lógica, tiene cobertura en Venezuela.

Pues bien, estando yo en esa cola, en Plastaforma, pude cruzar con Chepina, que estaba en Caracas, varios mensajes de WhatsApp. Pero cuando, después de pasada la aduana y entregada la maleta al tipo de AA, quise enviarle a Chepina otro mensaje, ya no pude porque mi smartphone no consiguió conexión.

De hecho —y esto no requiere explicaciones—, sólo pude enviar/recibir de nuevo esos mensajes cuando, ya en San Francisco, le compré a AT&T —una operadora gringa— e instalé en mi smartphone, una tarjeta SIM (para telefonía celular en USA), y un packet data (para acceso a internet).

¿Alguien puede explicarme por qué funcionó en USA una tarjeta SIM  de Venezuela?

Las veces que hasta ahora he hecho esta pregunta a personas que de telefonía celular saben más que yo, las respuestas han sido del corte de estas tres:

  1. «¡Qué raro! No tengo idea»
  2. «¿Me estás tomando el pelo?»
  3. «¡Eso no te lo crees ni tú!»

COMENTARIOS

 

Mónica Plaut
Desde que vivo aquí, en USA, he aprendido que no se quejan porque son cosas que suceden, y la queja no las va a cambiar. Y creo que, en el fondo, gran parte de nuestro estrés es preocuparnos de lo que va a pasar.

¡Qée lindo que la pasaste bien con tu hija!

CMP
En respuesta a Javier Palacios.

Javier, desde que compré el smartphone me aseguré de desactivarle el roaming. Ahora, bien, si él se activa solo, eso es otra cosa, pero al menos no me advirtió al repecto.

De todas formas, me inclino a descartar esa opción porque, de haber sido cierta, se habría conectado bien cuandoe yo estaba dentro de la terminal, pero ahí, y por más que traté con todas las Wi-Fi networks que mi celular detectó, no logré conectarme.

Yo llevé mi cámara digital, pero, por lo que ya dije, no me atreví a tomar fotos a las niñas de las piernas bellas. De haber sabido que la tal Godiva iba a pasar en bicicleta habría sacado esa cámara y me habría apostado en la acera del lado de la calle por donde pasaron.

Con respecto a los precios de los pasajes entre Plastaforma y Venezuela, sólo puedo decirte que son un robo; casi los mismos que los que hay para viajar de Venezuela a Canarias. El motivo es la alta demanda, y la prueba es que, a pesar de tales precios, todos los vuelos van y vienen llenos.

Ten en cuenta que Plastaforma es —desde hace tiempo, y cada vez más— algo así como la capital de Latinoamérica.

Javier Palacios
Carlos, con respecto a poder conectarte dentro del aeropuerto de MIA, seguramente tu smartphone se conectó por medio del WI-FI gratuito que ése, y ya casi todos los aeropuertos del primer mundo, ofrecen. A ver si te llega una cuenta de roaming por otros servicios no gratuitos de WI-FI que hayas inadvertidamente contactado.

Por lo demás, tu descripción de ese avión ‘lleno hasta la bandera’ hacia Caracas me explica el por qué de esos precios tan elevados hacia allá, que inhiben hacer turismo, o visitar familia, a los retirados como yo.

Y la próxima vez que vayas a San Francisco, lleva cámara, caray, para poder ver esas féminas que describiste, ¡especialmente la de Lady Godiva en bici!

CMP
En respuesta a Luis Guia.

Pues sí, Luis, la semana que pasé con mi hija justificaron con creces todos los inconvenientes, angustias, malos tratos y humillaciones de los viajes de ida y de vuelta.

Luis Guia
Pasamos de la época de VIASA (fui asesor de VIASA, y ¡miren que viajé!) a la era del “autobús” aéreo, sin duda un gran bajón en la calidad y en el placer. Ahora, viajar en avión es como tomar un autobús, que a veces parece un autobusete.

Al menos la pasaste bien con la segundogénita, y a ella le cayó muy bien verte.

A todos, ¡ojalá hayan pasado un lindo Día del Padre!

CMP
En respuesta a Adolfo Blanco.

Adoolfo, creo que eso tenemos que “agradecerlo” a los responsables del 11-Sep-2001.

Al menos yo, los recuerdo a ellos, sean quienes fueren, y a todos sus ancestros, cada vez que he viajado desde esa fecha.

Adolfo Blanco
Después de leer las angustias, humillaciones y carreras que pasaste es grato leer el final feliz de la recepcionista.

¿Por qué el viajar —que era algo muy grato hace unos años atrás—, lo hemos complicado de tal forma que lo único que provoca es quedarse encerrado en casa? Todo sea por el cariño a una segundogénita.

Roberto
Fantástico y genial relato, Carlos. Un abrazo

[*FP}– Mi encuentro con las lentillas, o lentes de contacto

21-05-12

Carlos M. Padrón

Otro de los encuentros, éste memorable por el impacto que causó en mi vida, fue el que tuve con las lentillas —llamadas así en España— o con los lentes de contacto, como se les llama generalmente en el otro lado del charco.

Siguiendo con mi costumbre de aplicar la economía, usaré el término ‘lentillas’ porque es más corto.

Como ya conté aquí, desde la tierna edad de 10 años me pusieron lentes (gafas) porque un examen oftalmológico detectó que yo padecía de miopía y astigmatismo, lo cual, excepto por mi corta edad, no asombró mucho a nadie en la familia porque mi padre y dos de mis hermanos también usaban gafas, pero no desde edad tan temprana como yo.

Para la época, la situación económica de mi familia podría haber sido mejor, y por ello mi padre me advirtió de que si yo rompía las gafas no habría dinero para comprarme otras, así que dejé de jugar fútbol, el único deporte que algunas vez practiqué y el único que me gusta, y me concentré en mis estudios, pues con las gafas se me hacía la lectura más placentera.

Pero, como dicen los useños There’s no free lunch(= «No hay almuerzo gratis» o, usando el sentido de la frase y no apegándose a su texto, «Todo tiene su precio»), y el precio que por usar gafas tuve que pagar —además de tener que renovar la fórmula cada dos años y tener que comprar, por tanto, cristales nuevos y a veces hasta montura también nueva— es que mis ojos fueron hundiéndose paulatinamente, en las sienes se me hicieron hendiduras causadas por las patas de las gafas, y los vidrios de ellas se empañaban cuando yo sudaba o cuando se mojaban si me alcanzaba la lluvia, dificultando así la visión.

Pero en los sucesivos 22 años ni siquiera pasó por mi mente que hubiera para mi vista otra solución diferente a las benditas gafas, hasta que, ya en Venezuela, alguien me habló de lentillas. Pero cuando me dieron detalles al respecto deseché la idea porque hasta me pareció un tanto masoquista.

Un buen día, al notar que ya las gafas que yo usaba no me permitían ver tan bien como antes, fui al oftalmólogo, y éste encontró que yo necesitaba una fórmula nueva, pero cuando la materializaron en nuevos cristales, mi visión empeoró.

Varias veces volví al mismo oftalmólogo a quejarme al respecto, hasta que, ya molesto el hombre, me dijo que mi problema era psicológico y que la fórmula que él me había dado era la indicada para mí y, por tanto, tenía yo que adaptarme a ella.

Casi un año después de tener que vivir con una visión defectuosa, pues volví a usar las gafas que usaba cuando fui a ese oftalmólogo, en una reunión social con una prima hermana mía y varios de sus amigos, le conté de mi caso a uno de los invitados que dijo que trabajaba para un mayorista de productos ópticos. Él se interesó y me puso en contacto con el oftalmólogo jefe de taller de ese mayorista.

Este señor, de nombre Eddy Lehrer (q.e.p.d.), me examinó un día, examinó luego las gafas que no me habían servido, y concluyó que mi problema estaba en que, si bien la fórmula que me había dado el oftalmólogo era la correcta, éste no había tomado en cuenta que no era posible materializarla exactamente en vidrios, a menos que la compañía que fuera a hacerlo —una como en la que él trabajaba— estuviera dispuesta a perder muchos de ellos porque en el intento se romperían.

Por tanto, las gafas que yo estaba usando no respondían a la fórmula correctiva que mi vista necesitaba, sino que se acercaban a esa fórmula sólo hasta el punto en que el vidrio podía tolerarla sin romperse.

Entre molesto y asustado, pregunté a Eddy qué diablos iba yo a hacer. Su respuesta fue que yo tenía dos opciones, a saber,

  1. Pagar a una óptica por el trabajo completo, o sea, por los vidrios correctos más todos los que el taller rompiera en su intento por materializar en ellos la fórmula correcta,… si es que lo lograba, o,
  2. Pasar a usar lentillas.

Como estaba yo ante un experto, le pregunté qué debería hacer para probar con lentillas, a lo cual me dijo que él era también contactólogo y que podía atenderme en su óptica privada.

Allí mismo me dio cita para dos días después, a la que asistí puntualmente.

Una vez en su consultorio, el bueno de Eddy me explicó que me pondría unas lentillas de prueba, que, por supuesto, no habían sido hechas según la fórmula correctiva que yo necesitaba, y que eso me pondría a llorar porque la parte interna del párpado superior, que es muy sensible, rozaría con la superficie de la lentilla, que entonces eran duras —y bastante gruesas, por cierto—, y eso provocaría abundante lagrimeo.

Para superar esta etapa, yo debería ir a la óptica de Eddy durante 15 días hábiles seguidos a pasar por el calvario de llorar como una magdalena —y con ganas locas de frotarme los ojos, lo cual no debía hacer— comenzando con 15 minutos el primer día e incrementando luego la duración hasta que, con buena suerte, ya las lentillas duras no me molestarían.

Creo que fue en la tercera de esas sesiones de abundantes lágrimas cuando abrumé a Eddy con tantas preguntas y objeciones, que él —muy sabiamente, según comprendí después— me sacó las lentillas y me dijo «Carlos, sólo estoy dispuesto a seguir con esto cuando vengas aquí a ponerte lentillas por bolas», o sea, «por huevos», como se diría en España; a lo macho, no importando las molestias.

Frustrado y medio ofendido me fui de la óptica y seguí aguantando mi visión defectuosa.

Un día, yendo yo en mi automóvil en camino a visitar a un cliente, comenzó de repente una lluvia torrencial —100% del tipo tropical, de ésas que dan la impresión de que el mundo se viene abajo— que, comoquiera que mi auto carecía de aire acondicionado, me obligó a subir al tope el vidrio de la ventanilla de mi lado, el único que yo llevaba abierto.

El resultado fue que los vidrios de mis gafas se empañaron, dificultándome mucho la visión, lo cual, añadido a que la cortina de la densa lluvia era casi impenetrable, no me dejaba ver nada más allá del capot del vehículo.

Asustado intenté detener la marcha, pero los autos que venían detrás del mío comenzaron a protestar haciendo sonar el claxon, ante lo cual decidí reiniciar la marcha.

Apenas arrancar, desde delante de mi auto sonó un alarido horrible, y vi, muy difuso, un bulto que se movía. Alarmado frené en seco y, a pesar de la lluvia, me bajé para saber el motivo…. y me quedé petrificado al comprobar que a escasos centímetros del parachoques de mi auto había una mujer con un niño en brazos, y ambos empapados por la lluvia.

¿Qué había pasado? Que la mujer, vaya usted a saber por qué, decidió cruzar la avenida a pesar de la intensa lluvia, y, confiada decidió pasar frente a mi auto porque lo vio detenido. Pero justo en ese momento fue cuando yo reinicié la marcha, y estuve a punto de atropellarla a ella y al niño que llevaba en brazos.

Convencido de que eso no habría ocurrido si los malditos cristales de mis gafas no se hubieran empañado, olvidé la visita al cliente y, mojándome porque entreabrí el vidrio de mi lado del auto, me fui directamente a la óptica de Eddy.

Cuando éste me vio entrar, mojado y aún pálido por el susto, me preguntó qué me había ocurrido. Por toda respuesta, sin invitación me senté en el sillón destinado a los pacientes y, mirando a Eddy, le dije sin más: «¡Vengo a ponerme lentillas por bolas!». Y le conté lo ocurrido.

Con cara de satisfacción se dio él a la tarea, y después de unas 16 sesiones diarias ya mis párpados se habían encallecido y no me provocaban lagrimeo; por tanto, ya estaba yo listo para abandonar mis gafas.

Como los prejuicios contra las lentillas eran entonces muchos, era 100% seguro que si de pronto me presentaba en la oficina sin llevar gafas, no faltarían quienes, al saber que me había puesto lentillas, comenzarían a presagiarme las siete plagas de Egipto, así que pedí a Eddy que en las monturas que yo tenía me montara unos vidrios neutros que yo podría usar cuando tuviera las lentillas, y así nadie sabría de éstas porque todos me verían con las mismas gafas de siempre.

Y así estuve, usando las lentillas 3 horas el primer día, 4 el segundo, etc., o sea, incrementando 1 hora diaria de uso hasta que pude usarlas sin molestias cada día desde las 6:00 hasta las 23:00.

Cuando logré esto dejé de lado las gafas —¡por fin, después de 22 años!— y, efectivamente, al presentarme en la oficina sin ellas comenzaron las profecías siniestras que sólo duraron hasta que a los «profetas» les dije que ya hacía más de 15 días que estaba yo usando lentillas, aunque ellos me hubieran visto con gafas, y que no sólo no me había pasado nada malo sino que con las lentillas mi visón era mucho mejor que la que por años había yo tenido.

Cuando por el uso aparecían rayas en las lentillas duras era hora de cambiarlas, y, para mi sorpresa, cada nueva fórmula indicaba menos miopía y sin avance del astigmatismo.

Un día comencé a ver mal, y la solución fueron las lentillas tóricas, cuya curva externa no es concéntrica con la interna. Además, también con el tiempo las lentillas fueron reduciendo su grosor y algo de su diámetro, pero aumentando la permeabilidad, o sea, dejando pasar a la córnea más aire que sus predecesoras.

Allá por 1979 mi visión de cerca no era tan buena como había sido, y entonces la solución fue que, previo examen, la lentilla a usar en el ojo izquierdo me la adaptaron para ver muy bien de lejos, y la a usar en el ojo derecho, para ver muy bien de cerca, y, ¡oh, maravilla!, el cerebro se las arregló, y se las sigue arreglando, para hacerme ver bien tanto de lejos como de cerca. Es lo que en optometría llaman monovisión.

Y hoy, 42 años después, así sigo,… a pesar de los muchos malos presagios que acerca del uso de lentillas me hicieron en los años ’70s y que desde hace mucho ya no se escuchan más porque la contactología ha progresado tanto que hace años que, además de tóricas, pueden hacerlas también bifocales, y quienes quieran pasar a usar lentillas no tienen ya que caer necesariamente en las duras sino que pueden optar por las blandas —desechables, de uso variable (semanal, quincenal, etc.)— que hoy en día son baratas.

Aunque me gustaría usar las blandas, no puedo hacerlo porque mi astigmatismo es corneal, o sea, que como la superficie exterior de mi córnea es irregular, ponerle encima una lentilla dura es como si yo tuviera una córnea perfecta, pero si se le pone una lentilla blanda, ésta se adaptaría en parte a las irregularidades de mi córnea, y la corrección no sería buena.

Lamentablemente, mi encuentro con las lentillas ocurrió muy tarde, y para entonces ya mis ojos se habían hundido tanto que habían perdido el sex appeal cautivador que antes tuvieron. ¡Una verdadera desgracia! 🙂