¿Se escribe «periodo» o «período»? La RAE despeja la duda
No es la primera vez que esta duda divide a quienes escriben en español, y la respuesta académica sorprende.
¿Se escribe «periodo» o «período»? La RAE despeja la duda
No es la primera vez que esta duda divide a quienes escriben en español, y la respuesta académica sorprende.
02-08-2025
En Venezuela, el futuro más que una promesa parece un rumor persistente. Siempre está al llegar: en las conversaciones, en los titulares, en los discursos. Como ese autobús que anuncia llegada, pero nunca dobla la esquina.
“La esperanza es el calendario nacional”, diría alguien con más ternura que ironía.
A veces, uno siente que el futuro llega disfrazado de pasado. Proyectos fallidos, revoluciones incompletas, regresos con brillo de novedad. Se prometió un país potencia, luego uno soberano, después uno resistente. Todos siempre heroicos. Mientras tanto, el presente se convirtió en un bucle de ajustes.
Hoy el futuro se ha vuelto íntimo. Para algunos, comienza con un pasaporte. Para otros, cuando el dólar deja de regir sus días. Para muchos, se manifiesta cuando pueden dormir sin miedo, o imaginar un porvenir sin migrar.
El futuro aquí es leyenda oral. Se transmite como cuentos antes de dormir: con fe, con temor, con imaginación. Se habla de él como de un pariente lejano que prometió venir, pero siempre posterga el viaje.
Aquí, el futuro no tiene calendario, sólo frases célebres: “Ya viene el cambio”, “Esto no puede seguir así”, “La luz al final del túnel”. Sólo que el problema no está en esa luz que se quiere ver, sino en que el túnel parece haberse tapiado.
En otros países, el tiempo avanza linealmente. En Venezuela, se curva y se repite. El año 2025 puede ser 2002 con mejor internet y menos gasolina. El mañana se parece al ayer, aunque con nuevos términos: blockchain, diáspora. El futuro se reinventa como déjà vu con maquillaje.
Los líderes lo describen con entusiasmo y sin planos. Como quien vende parcelas en Marte. Mientras tanto, los ciudadanos han aprendido a vivir en lo provisional como si fuese definitivo.
El futuro es trámite pendiente: carpeta estacionada en alguna oficina pública en Caracas, susurros en el mercado. Se comenta que va a mejorar. Pero nadie dice cuándo, ni cómo, ni si va a traer pan.
A veces parece absurdo. Como un cuento de Ionesco tropicalizado: una nación donde las decisiones se toman por rumores, los apagones dictan la agenda y cada generación sabe que la realidad supera cualquier ficción.
Muchos tramitan su futuro en otras fronteras. Lo sellan en aeropuertos y lo solicitan en consulados. Se les llama emigrantes, pero quizás son visionarios buscando un mañana sin secuestro.
Y sin embargo, hay quienes siguen sembrando. Escriben, plantan tomates sin garantía, abren librerías donde la electricidad es una invitada caprichosa. Creen que el lenguaje puede sostener el porvenir aunque tiemble.
Cada gesto pequeño —una risa, un poema, una venta de empanadas sin soborno— es una declaración silenciosa de que el futuro existe, aunque sea microscópico. Aunque aún no es colectivo, se siembra en gestos privados.
Quizás el futuro en Venezuela no sea político ni económico: es narrativo. Habita en novelas aún no escritas, en monólogos, en una madre que plancha con esmero el uniforme escolar de su hijo.
En las universidades, imagino, se dicta una materia nueva: Cartografía del porvenir ausente. Aquí, el futuro se busca como quien busca señal en tormenta eléctrica. La brújula moral se desmagnetizó y el GPS dice: “Recalculando, espere unas décadas.”
Algunos cartógrafos se resisten: dibujan caminos con poesía, trazan rutas con humor, usan la ironía como machete para abrir brecha entre la desesperanza y el deseo.
A veces uno sospecha que el futuro ya llegó, pero disfrazado de influencer: con filtros, discursos motivacionales y una torpe obsesión por el éxito personal. Pero no habla de comunidad ni de justicia. Entonces uno lo mira y dice: “Este no es el futuro que pedí.”
Y sin embargo, los niños y jóvenes de hoy no conocen la Venezuela que fue. Su futuro es otro, inédito, libre de rasguños de nostalgia. Quizás el futuro no necesita comparación, sino invención.
Hay gestos que lo invocan: una señora vende jugo de patilla sin azúcar porque “así está la cosa pero igual refresca”. Jóvenes hacen teatro en plazas con más apagones que funciones. Un profesor da clases por WhatsApp porque el autobús se accidentó, pero sí llegó la fe.
Cada uno de esos gestos es una célula del futuro: imperfecta, valiente, rotundamente viva. Tal vez no llegue en horario estelar. Quizás se cuele por los márgenes, por las notas al pie, por los silencios entre una risa y un suspiro.
Hay países que no se entienden, se sienten. Y el nuestro, con cada herida abierta y cada gesto de ternura sin cursilería en mitad del caos, insiste en no rendirse. Lo contamos en cuentos porque el dolor pide ritmo y la esperanza, poesía. Porque nombrarlo así, entre metáforas y silencios, es sostener lo que aún no se ha caído.
Y mientras podamos seguir contando, todavía queda país. Y futuro. Y el futuro no llega por extravío ni por error. La patria, honesta, sincera, no se transa en una licencia escrita con errores gramaticales para traficar con el petróleo; cabe en los ojos de esa mujer que amasa en una venta de empanadas.
14-08-2025
Carlos Valentín Lorenzo Hernández*
CRÓNICA — La figura del notorio futbolista Marcos Alfredo Rodríguez Agüín (San Cristóbal de La Laguna, 1931), aunque en el mundillo futbolístico nadie lo conociera por su verdadero nombre y sí por el apelativo de Farrique. Se trata del único jugador vivo -de ahí el título del presente artículo- de aquel mítico once del Atlético Paso, campeón de la Liga Insular y subcampeón de Copa, durante la temporada 1953/54
Marcos Alfredo Rodríguez Agüín, a. Farrique. En su casa de Tenerra. El Paso (julio de 2025).
A las puertas de una nueva temporada futbolística, el Club Deportivo Atlético Paso se encuentra inmerso de lleno en la preparación de la misma. El representativo de la Ciudad de los Almendros, que el pasado mes de junio cumplió setenta y tres años de historia, vuelve a la Tercera División de la RFEF con el firme propósito de recuperar lo más pronto posible la categoría perdida el último curso.
Esta semana se celebra una nueva edición del torneo Nuestra Señora del Pino, decano de cuantos se celebran en Canarias durante la época estival, convirtiéndose en una cita ineludible del fútbol palmero desde hace seis décadas.
Estos acontecimientos generan la lógica ilusión y esperanza en todo aficionado verdinegro ante el inminente inicio de la competición. Este contexto de anhelo por el futuro deportivo que nos espera es propicio para rememorar episodios y hechos que han sucedido a lo largo de los años y acordarse de personas que han formado parte de, la ya septuagenaria, historia del Atlético Paso.
Es por ello que nos vamos a ocupar, a través de estas presentes líneas, de la figura del notorio futbolista Marcos Alfredo Rodríguez Agüín (San Cristóbal de La Laguna, 1931), aunque en el mundillo futbolístico nadie lo conociera por su verdadero nombre y sí por el apelativo de Farrique. Sobrenombre que parece ser le fue impuesto por su semejanza en el estilo de juego con un futbolista llamado Farrique. Recordamos que coetáneo suyo fue el destacado futbolista lagunero Manuel Martínez Hermoso, a. Farrique, que llegó a jugar en el C.D. Tenerife, U.D. Levante, entre otros y, en su madurez, presidió el Club Baloncesto Canarias.
Se trata del único jugador vivo —de ahí el título del presente artículo— de aquel mítico once del Atlético Paso, campeón de la Liga Insular y subcampeón de Copa, durante la temporada 1953/54.
Atlético Paso. Temporada 1952/53. Perucho, Canarito, Tatá, Cabrera, Pedrianes, Jurado, Elías. Miguel Zapatero, Rodríguez, Peracho, Tomás Zurdo y Farrique. Año de la llegada de Farrique al equipo verdinegro.
Tristemente, por imperativo del inexorable paso del tiempo, los componentes de aquella legendaria plantilla nos han ido dejando paulatinamente. Así, Manuel Herrera, a. Tatá, fue de los primeros en hacerlo (1992). Los últimos han sido: Ángel Alemán, en enero de 2021; Pedro Pedrianes, en septiembre de 2021, a los pocos días del comienzo de la erupción volcánica; y José Miguel Jurado, en agosto de 2023.
Marcos Alfredo Rodríguez Agüín, a. Farrique, nació en San Cristóbal de La Laguna y a temprana edad se trasladó con su familia a residir en el municipio norteño de La Guancha. Allí se inició en la aventura de «darle patadas al balón».
Fue en el equipo juvenil del Atlético Guancha donde comenzó a destacar, mostrando una especial habilidad para vencer la resistencia de las defensas contrarias. El semanario deportivo tinerfeño Aire Libre ya señalaba, a finales de 1949, como grandes promesas del conjunto de La Guancha a Farrique, Luis y Mauro.
A principio de los años cincuenta fichó en la U. D. Icodense, que presidía el gran valedor del fútbol en la Ciudad del Drago, Ezequiel Borges. Por espacio de un par de temporadas Farrique sobresalió en la U. D. Icod, siendo muy recordado el gol de la victoria (1-0) que marcó en el derbi frente al C. D. Gara, el día en que se inauguró el nuevo estadio El Molino del municipio de Icod de los Vinos.
El recién fundado Club Deportivo Atlético Paso, que hizo su debut en la temporada 1952/53, puso los ojos en el fichaje de Farrique. Por medio de su presidente, el industrial tabaquero Pedro Capote Lorenzo (1899-1971) y, de su hermano, Antonio Capote Lorenzo (1902-1984), vicepresidente, le ofrecen formar parte de este novel conjunto que tiene que ir sumando efectivos ante el reto de la competición ya iniciada. La oferta incluye un puesto de trabajo en la Fábrica de Tabacos Capote, propiedad del presidente del Club.
Atlético Paso. Formación equipo titular. Campeón de Liga Insular. Temporada 1953/54. Jurado, Elías, Eusebio, Canarito, Alemán, Pedrianes, Perucho. Peracho, Arteaga, Gilberto, Tomás Zurdo y Farrique. De ese mítico once del At. Paso, el único jugador que aún vive es Farrique.
Las gestiones de la operación de su fichaje y, definitivo traslado hasta La Palma, no fueron fáciles, incluso con algún que otro equipo palmero de por medio en el proceso de negociación. Durante las mismas se contó con la «colaboración» de un paisano suyo afincado en El Paso, Cristóbal Espinosa, a. Cristobita. Para el imaginario colectivo verdinegro quedará aquella célebre frase atribuida a Cristobita una vez resuelta satisfactoriamente su incorporación al Atlético Paso:
—¿No lo queréis?, ¡ahí lo tenéis!
La presentación de Farrique con el Atlético Paso en el Valle de Aridane se produjo el 7 de diciembre de 1952, en partido de la sexta jornada de Liga Insular fente al Atlético Palma, en el Municipal Aceró, con resultado final de empate (1-1). El Atlético Paso formó ese día con: Elías; Cabrera, Pedrianes, Jurado; Manuel Tatá, Francisco Acosta; Eduardo, Rodríguez, Miguel Zapatero, Tomás Zurdo y Farrique.
El primer gol materializado por Farrique luciendo la camiseta del Atlético Paso tardó en llegar. Se produjo avanzada la temporada (en mayo de 1953) en la derrota (1-4) frente al C. D. Mensajero.
La incorporación a las filas del Atlético Paso de importantes jugadores foráneos, principalmente de la isla de Tenerife, fue posible gracias a los sustanciosos contratos de trabajo en la fábrica de Tabacos Capote que se le ofrecían a los nuevos fichajes.
Así, recalaron en el club pasense, en esta primera campaña, junto a Farrique: el portero tinerfeño Elías, Enrique Perucho (portero valenciano que había realizado el servicio militar en La Palma), Manuel Herrera Tatá, los hermanos Pedrianes (Pedrianes y Peracho, de Santa Cruz de La Palma), Canarito y Tomás Zurdo.
Atlético Paso. Temporada 1958/59. Imeldo, Mario, Pedrianes, Arteaga, Farrique, Tatá. Nelson, Orestes, Peracho, Miguel Zapatero y Francisco Guayete.
A la conclusión del Campeonato Insular de Liga, temporada 1952/53, el Atlético Paso quedó situado a mitad de tabla, en el quinto puesto.
Al inicio de la temporada 1953-54 el equipo pasense continúa en la misma línea de progresión con la que había finalizado la competición anterior. En el mes de agosto de 1953 se contrata como nuevo entrenador a Antonio Fuentes Fajardo (1917-1992), tinerfeño, ex – medio centro del Real Celta de Vigo de los años cuarenta.
La Junta Directiva sigue apostando por reforzar el conjunto e incorpora jugadores de superior categoría a los que habitualmente se encuentran en La Palma. Esta temporada se producen los fichajes de: Eusebio, Alemán, Arteaga y Gilberto (jugador éste de Santa Cruz de La Palma).
Se logró un gran equipo, lleno de grandes figuras. El Atlético Paso estaba entre los grandes del fútbol palmero y constituía un firme candidato a optar al campeonato insular de Liga. El Club Deportivo Atlético Paso se alzó con el título de campeón de Liga Insular, en dura pugna con el C. D. Mensajero, tan solo dos temporadas después de su fundación. En la Copa Insular el Atlético Paso quedó subcampeón.
La contribución de Farrique a los éxitos conseguidos por el conjunto verdinegro durante esta temporada fue muy importante. Se trataba de un gran extremo izquierdo, cuyo fuerte era la velocidad, gran regate y mucha picardía. Destacamos su actuación en el Campo de Bajamar en partido frente al C. D. Mensajero con resultado de empate (1-1), siendo el autor del gol del conjunto de El Paso.
Este empate fue decisivo en la lucha final por el título, ya que permitió que el Atlético Paso, con su victoria ante el C. D. Tanausú (1-3), en la última jornada liguera (mayo de 1954), se proclamara campeón de Liga Insular.
Atlético Paso. Temporada 1962/63. Mederos, Chiche, Arteaga, Juvenal, Farrique, Peracho, Mamiro. Cristóbal, Pepe, Pedrianes, Juanelo y Luis Pérez. Última temporada en activo en el At. Paso de Farrique.
Los aficionados de El Paso, los más viejos del lugar, aún recitan de memoria la alineación de aquel equipo del Atlético Paso, que obtuvo el primer título insular de su historia:
Elías (Perucho); Jurado, Pedrianes, Eusebio; Canarito, Alemán; Peracho, Arteaga, Gilberto, Tomás Zurdo, Farrique. Cabrera, Tatá, Rodríguez. Como hemos señalado, de este conjunto de futbolistas, 71 años más tarde, sólo permanece con vida el mencionado Farrique.
La siguiente temporada (1954/55), con un conjunto muy similar al de la anterior (Gilberto fichó por el Mensajero y llegó el delantero tinerfeño Masanett), el Atlético Paso obtuvo la Copa Inaugural de la zona Valle de Aridane y quedó subcampeón de Liga Insular empatado a puntos con el C. D. Tanausú. Fue también finalista de la Copa Insular perdiendo ante el C. D. Tanausú.
En agosto de 1955 se inaugura el Campo de Fútbol de El Paso y a partir de entonces el Atlético Paso juega sus partidos en ese recinto deportivo como local, sin necesidad de hacerlo en el Campo Aceró de Los Llanos de Aridane como hasta entonces. También es el punto de partida de los Trofeos o Copas a celebrar durante las celebraciones de las Fiestas de Ntra. Sra. del Pino (aunque las ediciones del torneo no incluyan los primeros trofeos disputados).
En las siguientes temporadas (finales de los años cincuenta y principio de los sesenta del siglo XX), de ese equipo campeón del año 1954 se van algunos efectivos y se consolidan en el Atlético Paso los jugadores que se instalan y forman familia en el municipio pasense, caso de: los hermanos Pedrianes, Perucho, Tatá, Farrique, Arteaga…
A principios de los años sesenta las crónicas periodísticas destacan de los jugadores del Atlético Paso a los veteranos Pedrianes, Peracho, Tatá y Farrique «incansables en la brega».
Equipo de fútbol de empresa. Tabacos Capote. Tatá, Reneldo, El Alemán, Neido, Fidel, Charly Bullman, Lucio, Cuco Carmona. Álvaro Ñamero, Chanito, Rafael Ángel, Chiche, Rodrigo, Arteaga, Farrique y Manolo Farrique. (Padre e hijo en el mismo equipo).
Prácticamente fueron 11 temporadas en las que Farrique defendió los colores del Atlético Paso. Con el transcurso de los años fue retrasando su posición y terminó jugando como lateral izquierdo.
Sobre la última temporada en la que nuestro protagonista se vistió de corto en partidos oficiales, se señala 1962/63 y un partido en Bajamar de Copa Federación, con derrota frente a la U. D. La Palma. Los verdinegros alinearon a: Mederos; Juanelo, Peracho, Farrique; Arteaga, Juvenal; Cristóbal, Pepe, Pedrianes, Chiche y Luis.
Marcos Alfredo Rodríguez a. Farrique contrajo matrimonio en El Paso con Consuelo Morera González (1938-2020) y tuvo descendencia. Sus dos hijos varones también fueron futbolistas e igualmente, con notable presencia, pertenecieron a la disciplina del Atlético Paso. Juan Manuel, a. Manolo, (El Paso, 1957) y Alfredo (El Paso, 1963). Ambos ocuparon la misma demarcación que su progenitor, actuando como delanteros en banda y, por su puesto, también heredaron ambos el apodo de Farrique.
Con el deseo de que continúe con su plácida vida de persona nonagenaria en su domicilio del barrio de Tenerra (Las Laderitas) en el municipio de El Paso, hemos considerado oportuno recordar, a través de este pequeño artículo, a un futbolista que marcó una época en el fútbol de La Palma, mencionando someramente su magnífica trayectoria.
*Fuente: Carlos Valentín Lorenzo Hernández, cronista oficial de El Paso
¿Se dice «bendecido» o «bendito»? La RAE aclara cuál es la forma correcta
La RAE explica que «bendito» y «bendecido» son correctos, pero cada uno tiene un uso distinto.
05-08-2025
A ti, que te fuiste como quien se despide con el último suspiro del atardecer. Que hiciste la maleta con más preguntas que ropa, más miedos que mapas. Que te despediste con un “nos vemos pronto”, con las ojeras mojadas y chistes malos para disimular el nudo en el pescuezo.
Acá, los días siguen oliendo a mango maduro, a cafecito colado en media, a pan calentico que alguien trae sin saber que salva una mañana. Las paredes están igual de escarapeladas, pero les hemos colgado más sueños para que no se caigan del todo.
Y sí, el ventilador todavía suena como helicóptero nervioso, pero uno se acostumbra. Lo que no cambia es que Venezuela sigue queriéndote como se quiere la medallita de la virgen que se perdió en una fiesta y uno ruega que aparezca al día siguiente.
No, no te hemos borrado. Estás en el saludo del kioskero que pregunta si allá también hay empanadas de pabellón, si el queso se derrite igual, si el “quihubo” se entiende o hay que traducirlo. Estás en el que dice “mi primo vive afuera”, como si “afuera” fuese un planeta. Estás en los abuelos que no entienden los horarios de otro país, pero igual te mandan bendiciones a cualquier hora.
Sabemos que allá estás aprendiendo a vivir con reglas que no incluyen regatear en el mercado, o buscar el USB con las novelas turcas. Que allá nadie grita “¡pasajeros pa’l centro!” en la calle, ni te regalan un chiste con el vuelto. Que allá no hay ron con nombre de héroe patrio ni apagones que terminan en cuentos con velas.
Pero también sabemos que allá estás haciendo patria, hecho el zoquete, en silencio, con tu acento que se resiste a irse, con tus canciones que suenan muy fuerte los domingos, con esa manía de decir “gracias” y “por favor” aunque nadie lo espere.
Queremos que estés bien. De verdad. Que te abracen sin tanta preguntadera, que te besuqueen los cachetes y la frente, que el metro o el autobús lleguen a tiempo, que el pan no tenga más inflación que levadura. Pero también queremos que no nos olvides. Ni a tus amigos con apodos inexplicables. Ni al perro que te sigue aunque ya no vivas en la esquina. Ni al sonido de las olas diciéndote “pana, no todo se rompe”.
Guarda en tu bolsillo un boleto de regreso. Aunque sea imaginario. Aunque lo uses sólo para soñar. Por si un día te despiertas con ganas de guayaba, con nostalgia de reggaetón mal cantado en la buseta, o con el deseo inexplicable de un abrazo de esos que duran más de lo necesario.
Aquí seguimos. Con los mismos problemas y otros nuevos, pero, ya sabes, sabaneando improvisaciones. Con el humor intacto, medio desdentado pero aún mordiendo. Con ganas de verte llegar con acento mezclado y cara de “yo también pasé trabajo, vale”.
Sé que allá “no te hace falta na’, aparentemente na’”, como canta Maluma, pero sé también que ese lugar aún no ha aprendido a quererte como te quiere esta tierra. Venezuela no te exige, no te reclama, te espera. Con las luces intermitentes, pero encendidas. Te quiere con tus aciertos y tus errores, con tu acento que va mutando sin querer, con tu nostalgia pintada de logros.
Y aunque no te lo digamos siempre, queremos que tengas bajo la almohada el boleto de deseo de regreso. Por si un día el corazón se te sale del pecho pidiendo volver. Por si se te antoja el ruido de las motos sin silenciador o las peleas por quién tiene la mejor hallaca. Por si acaso, por si todo.
Regresa cuando quieras, cuando puedas. Pero, mientras tanto, deja que el recuerdo del merengón de níspero y de esta tierra te haga cosquillas en el alma.
¿Se dice «incendio extinguido» o «incendio extinto»? La RAE lo deja claro
La RAE distingue entre «extinto» como adjetivo y «extinguido» como participio del verbo extinguir.
13-08-2025
Luis G. Morera
La octava edición del Campus de Arqueología de Tijarafe, desarrollada en el Barranco de Los Gomeros, continúa arrojando luz sobre el pasado indígena de La Palma, constatando la población temprana de la cara oeste de la isla y la presencia de actividad agrícola que desapareció con el paso de los años.
Incluida en el Proyecto Occidente, la excavación en el entorno del Barranco de Los Gomeros ha permitido documentar nuevas evidencias de ocupación benahoarita y usos posteriores del espacio durante la etapa colonial, a través de un enfoque científico, formativo y divulgativo.
El arqueólogo responsable del sondeo principal, Pedro Sosa, ha detallado que los trabajos se han centrado en un corte de 3,80 por 2 metros, donde se ha analizado la estratigrafía para comprender cómo se han sucedido las ocupaciones a lo largo del tiempo.
“Nos encontramos en una interfaz arqueológica muy interesante, con estructuras de combustión, muros antiguos y rellenos que nos hablan de distintas fases de ocupación, incluyendo un hogar con restos materiales asociados a la etapa indígena y otra capa vinculada a su uso posterior como corral”, señala.
La lectura del terreno ha permitido identificar materiales desde el presente, como la ceniza del volcán Tajogaite, hasta niveles que, según estimaciones preliminares, podrían remontarse a los siglos V o VI.
“Aún es pronto para establecer una cronología definitiva, pero los indicios apuntan a una ocupación muy antigua. Será a través de los análisis posteriores cuando podamos precisar las dataciones con rigor”, ha añadido el arqueólogo Sosa.
La arqueóloga y coordinadora del proyecto, Agnès Louart, ha destacado que el campus permite acercar la arqueología a personas no profesionales.
“Contamos con 11 participantes de distintas edades y orígenes que aprenden rápido y adquieren una conciencia muy valiosa sobre la protección del patrimonio, lo cual es una excelente forma de divulgar el conocimiento desde la práctica”, ha afirmado Louart.
El director del campus y del Proyecto Occidente, el arqueólogo Fran Camaño, contextualiza estos trabajos dentro de una iniciativa más amplia que comenzó en 2017 con la excavación de la cueva de Las Mejoras.
Camaño ha recordado que el proyecto nació “con un enfoque integrador de investigación científica, enseñanza y divulgación, ya que el campus, que se celebra desde 2018, no está dirigido exclusivamente a estudiantes de arqueología, sino a cualquier persona interesada en conocer nuestro pasado desde dentro”, explica.
“En 2017 iniciamos aquí los trabajos, y desde entonces hemos excavado varias cuevas con resultados extraordinarios”, ha confirmado.
Entre esos hallazgos, uno de los más relevantes es la confirmación de un poblamiento indígena temprano en la comarca noroeste de la isla, ya que “siempre se había pensado que la colonización aborigen comenzó en la banda oriental de La Palma y se extendió luego hacia el oeste”.
Sin embargo, las excavaciones del Campus de Arqueología demuestran que el noroeste también estaba poblado desde más temprano, en torno al siglo IV o V d.C., según ha explicado el doctor.
Otro de los descubrimientos más importantes del campus es la constatación de actividad agrícola indígena en la cueva del Lomo de Las Viñas, lo que convierte al yacimiento en el tercero de la isla, tras El Tendal y Belmaco, con evidencias de cultivo.
“Hemos documentado semillas de cebada y habas en una estructura de combustión excavada en 2021, datada entre los siglos V y VI, que demuestra que hubo agricultura en La Palma antes del primer milenio, algo excepcional, porque después no vuelve a aparecer en los registros arqueológicos hasta la llegada de los europeos”, ha apuntado Camaño.
Este fenómeno, el abandono del conocimiento agrícola por parte de los indígenas palmeros, lo califica como “una rareza en el mundo”, que refuerza el valor singular de los hallazgos realizados.
De cara al futuro, Camaño ha mostrado su intención de proseguir las excavaciones en el barranco, donde aún quedan muchos yacimientos por estudiar, señalando que “solo en este entorno hay 38 yacimientos arqueológicos, la mayoría cuevas de habitación o sepulcrales, y muchas están intactas”.
“Éste fue un espacio para la vida y para la muerte, por lo que apenas estamos empezando”, ha sentenciado.
12-08-2025
*Escrito para las mujeres, pero es bueno que lo lean los hombres
Ella no madruga por gusto. Madruga porque el mundo insiste. Pero mientras se cepilla los dientes, está imaginando una vida alternativa donde es estrella de cabaret y desayuna champagne con fresas.
Le fascina hablar sola, porque es la única que siempre le da la razón. Le hace ojitos a los desconocidos, no por flirt, sino por deporte. Le gusta desordenar gavetas cuando busca “algo que no sabe qué es”. Siempre lo encuentra.
A esa otra mujer le importan tres pepinos lo que opinan los influencers. Su influencer de cabecera es la tía loca que baila salsa sola en las fiestas familiares. Esa mujer colecciona momentos, no evidencias. Por eso tiene mil recuerdos y ninguna foto.
Cuando entra al supermercado, va por detergente y sale con tacos y esmalte de uñas. A veces aparece disfrazada de carcajada, de silencio incómodo, de mirada que dice “sé más de lo que parezco”. Le gusta sabotear la rutina con ideas absurdas tipo “¿y si dejo todo y me voy a aprender gastronomía en La Toscana?” No lo hace. Pero por cinco minutos, lo vive.
Esa mujer está hecha de magia cotidiana. Es la voz que te dice “no pidas permiso”. Es la que se escapa por la ventana de tus pensamientos cada vez que la vida se pone seria. Es la versión sin filtros, sin excusas.
Y cada vez que la dejas salir… te recuerda que ser mujer también es un acto de comedia divina.
A veces la diferencia está en el tono. Si quien te habla es seria, organizada, preocupada por si ya pagaste el seguro del carro, probablemente sea “tú oficial”. Pero si la voz se ríe antes de terminar la frase, si propone locuras tipo “vamos a fingir un acento ruso en la reunión”, entonces sí, es la otra.
Una pista segura es que la otra mujer no da consejos… hace invitaciones. No te dice “ten cuidado”, sino “¿y si lo hacemos igual, pero con seda y encaje?”. Hay quienes aprenden a reconocerla por el cosquilleo previo a una decisión poco lógica pero absolutamente deliciosa. Ella no razona, ella provoca. Y no responde con argumentos, sino con carcajadas que suenan a permiso.
Hay días en que te despiertas con una voz que te dice: “Hoy ponte los zapatos de tacón, aunque vayas al abasto”. Y ahí sabes: ésa no eres tú-tú, la que organiza el calendario y paga la luz. Ésa es la otra, la que se aburre de lo sensato y busca el efecto sorpresa. La misma que sugiere mensajes misteriosos, como “Me acordé de ti sin razón”, sólo para ver qué pasa.
¿La quieres identificar? Fácil: la otra no te habla, te guiña. No te exige nada, pero te da ganas de hacer todo. Es esa voz bajita que aparece cuando el silencio se pone interesante. A veces la sientes como cosquilleo en las costillas antes de hacer algo que nunca harías. Otras veces, entra como tromba marina con una idea loca que te hace reír sola.
Y si dudas de quién lleva el volante interno… basta con mirar tu outfit: ¿práctico o provocador? ¿Rutina o aventura? Si hay color, riesgo, o una decisión innecesariamente teatral… ya sabes quién está al mando.
Algunas mujeres la confunden con un impulso. O con el efecto del café mal colado. Pero ella no es una ocurrencia: es una presencia. No hace ruido, hace efecto. Se manifiesta cuando estás a punto de decir “no puedo”, y de pronto te sale un “pues claro que sí, y con brillo”.
Cuando le hablas a alguien y no sabes si eres tú o la otra, hay formas de averiguarlo. Por ejemplo, si usas palabras como “imposible”, probablemente sea la versión de ti que organiza las prioridades. Pero si la frase empieza con “no sé por qué, pero tengo ganas de…”… Ya estás cruzando a terreno prohibido. La otra mujer vive en esas frases que no esperan permiso, ni explicación.
Una vez al mes (o a la semana, si anda inspirada), se asoma en conversaciones inocentes. Tú dices: “sólo voy a mirar”, y ella compra. Tú susurras “tengo que comportarme”, y ella grita “¡Aburridooo!”. A veces, aparece cuando lees un mensaje que no deberías responder, y ella teclea el emoji antes de que tu juicio despierte.
¿Y sabes qué? Tiene excelente timing. No interrumpe cuando estás en modo responsable. Pero cuando se abre una rendijita de libertad, entra como brisa con olor a fiesta, y te recuerda que vivir también es permitirse el desorden ocasional. Por eso, no siempre sabrás si quien está hablando es “la tú de todos los días”… o esa otra tú que lleva puesta la piel de secreto.
Eres tú y eres la otra. Y a tu pareja le gusta una, pero mucho más la otra. Y claro que le gusta la una: la que organiza los domingos, recuerda cumpleaños, y sabe que los granos se cocinan a fuego lento. Esa eres tú, sin adornos. Pero cuando aparece la otra —con su humor impertinente, su risa de medio lado y su capacidad para convertir una cena cualquiera en escena de película— entonces él se derrite como mantequilla en arepa caliente.
La otra no pregunta “¿te parece bien?”… simplemente lo arrastra. Le dice “vamos a hacer algo irresponsablemente divertido”, y él ya está buscando las llaves. A ella le celebra el descaro, la falta de horarios, el vestidito innecesario un martes por la tarde. Y tú lo ves, y entiendes: a veces la pasión no se enamora de la lógica, sino de ese disparate que no avisa.
Pero lo sabroso es que no hay que elegir. Porque tú eres las dos. La que sirve sopa y la que improvisa un viaje con lo que hay en el bolso. Él cree que tiene una, pero está con un dúo que se turnan el protagonismo según el clima emocional. Y aunque diga que le gusta más “la otra”, lo que de verdad lo cautiva… es no saber cuál aparecerá al abrir la puerta y a cuál desvestirá en la cama esa noche.
¿»Adscripto» o «Adscrito»? La RAE resuelve la duda
«Adscrito» es la forma más usada en español; «adscripto» se mantiene en Argentina, Uruguay y Paraguay, según la RAE.