[Canarias}> Sorpresa en un yacimiento aborigen en Lanzarote

28-07-2025

Saúl García

Sorpresa en un yacimiento aborigen en Lanzarote

En los primeros días de la campaña arqueológica de este año ha aparecido el que podría ser el aljibe, cisterna o depósito de agua más antiguo de la isla encontrado hasta la fecha

Cuarenta años después de su primera excavación, el yacimiento de El Bebedero, en Lanzarote, sigue deparando sorpresas. En los primeros días de la campaña de este año ha aparecido el que podría ser el aljibe, cisterna o depósito de agua más antiguo de la isla encontrado hasta la fecha.

Los restos del aljibe, de forma circular y de cerca de un metro y medio de diámetro, han aparecido en la zona sur del asentamiento aborigen, entre los estratos III y V, datado a partir del siglo I antes de Cristo. El Bebedero, junto con Buenavista, ambos en Lanzarote, estarían entre los yacimientos más antiguos de Canarias.

La pared norte del aljibe tiene forma semicircular y se va cerrando, “lo que permite pensar que tendría una cubierta abovedada”, explica a EFE Pablo Atoche, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y uno de los responsables de la investigación en el yacimiento, junto a la arqueóloga Ángeles Ramírez.

Ambos trabajan cada verano sobre el terreno con el apoyo económico del Ayuntamiento de Teguise a través de una subvención concedida a la Fundación Canaria Universitaria de Las Palmas. En el yacimiento también investigan Pedro Méndez y Elena Hernández, historiadores y arqueólogos.

También se puede ver una losa de piedra, que haría de alcogida, en un lateral “con los bloques de piedra trabados con barro para intentar tapar las grietas”, señala Ramírez.

  • El suelo es de tierra endurecida, sin losas. Señala Atoche que es la primera vez que se identifica un aljibe asociado a un poblado indígena.
  • En el interior se han encontrado una gran cantidad de restos de caracoles terrestres, lo que denota que era un espacio con mucha humedad.
  • Los habitáculos del asentamiento se sitúan a mayor altura. Ha aparecido además una estela trapezoidal de basalto con un grabado de altorrelieve.

El geógrafo Antonio Bueno, que está escaneando el asentamiento, señala que la estructura del depósito y su orientación al sur, que garantiza el mayor número de horas de sombra, hacen pensar que se trataba de agua para consumo humano, para no beber del mismo lugar que los animales.

El Bebedero es un asentamiento aborigen que acogería a varias familias, con habitáculos para dormir y para cocinar, que se asemejan a lo que se ha llamado las casas hondas.

El equipo de arqueólogos trabajando en el yacimiento, situado en el pueblo de Tiagua, en el municipio de Teguise. Efe

Sería un asentamiento original, buscado por su ubicación: en una zona protegida, con vegetación y agua, además de una gran visibilidad sobre El Río, el brazo de mar que separa Lanzarote y La Graciosa.

El asentamiento también fue el escenario de diversos intercambios entre los aborígenes y la población romana o romanizada que navegaba por esa zona entre los siglos I antes de Cristo y el siglo IV.

Los restos hallados y las dataciones confirman, según los investigadores, esa relación durante al menos cinco siglos. Los marinos necesitaban agua, comida, como cereales o carne y pieles y podían aportar vino, aceite o salazones, que transportaban en ánforas cuyos restos han aparecido en el yacimiento.

Respecto a las pieles, Atoche considera que hay una estancia que podría servir para trabajar la piel o para almacenarla, por el hallazgo en ella de distintos útiles de piedra pulimentada empleados para cortarla y para curtirla.

El catedrático de Prehistoria, Pablo Atoche (d), y la investigadora Ángeles Ramírez (i) en el yacimiento, situado en el pueblo de Tiagua, en el municipio de Teguise. Efe

La piel de cabra era importante tanto para abrigarse como para fabricar herramientas e, incluso, armas. A lo largo de estos 40 años se han encontrado numerosos objetos romanos, como útiles de metal de hierro, cobre o bronce, elementos vítreos como cuentas de collar y ánforas, que permiten una datación más exacta ya que cada tipo de esos objetos responde a una época determinada.

Hay, asimismo, restos de cerámica aborigen modelada a mano con huellas de carbón y de todo tipo de animales: de la almeja canaria (ya desparecida), lapas, vértebras de pescado, moluscos terrestres, algunas aves, perros, y sobre todo cabras, ovejas y cerdos.

El equipo de arqueólogos trabajando en el yacimiento. Efe

“Las dataciones de los elementos romanos coinciden con las fechas de carbono 14” dice Atoche. “No se trata de una fecha ni de dos, contamos con una serie de 40 dataciones diferentes”, añade.

Las fechas de las ánforas coinciden con las dataciones obtenidas de muestras de distinta naturaleza, como huesos, sedimentos, coprolitos o carbones y se han realizado en tres laboratorios distintos “proporcionando todas fechas muy similares, coherentes entre sí y situadas entre el siglo I antes de la Era y el siglo IV”, asegura.

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[LE}> «La sístole» y «la diástole», no «el sístole» ni «el diástole»

«La sístole» y «la diástole», no «el sístole» ni «el diástole»

Las voces sístole y diástole, que aluden a la contracción y a la dilatación del corazón y las arterias, respectivamente, son femeninas: la sístole, la diástole.

Uso inadecuado

  • El sístole es la contracción y el diástole la expansión del corazón.
  • Cuando la aparición de una determinada imagen coincidía con un sístole, en lugar de un diástole, identificaban el objeto como un arma.
  • Danzaban alrededor mientras sonaba el tambor que simulaba el sístole y el diástole

Uso adecuado

  • La sístole es la contracción y la diástole la expansión del corazón.
  • Cuando la aparición de una determinada imagen coincidía con una sístole, en lugar de una diástole, identificaban el objeto como un arma.
  • Danzaban alrededor mientras sonaba el tambor que simulaba la sístole y la diástole

Como explica el Diccionario panhispánico de dudas, aunque en otras épocas se registrase diástole como palabra masculina, sólo es adecuado emplearla actualmente en femenino; igualmente, lo indicado es usar el femenino con sístole: la diástole, la sístole. Por ello, concuerda en femenino, por ejemplo, sístole cardíaca, expresión que recoge el Diccionario panhispánico de términos médicos como sinónima de sístole.

Esto se aplica tanto a las acepciones relativas al movimiento cardíaco y arterial como al resto de ellas, entre las que están las propias de la métrica: «La sístole y la diástole tienen que ver con cómo se articula el verso», no «El sístole y el diástole tienen que ver con cómo se articula el verso».

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[Canarias}> Canarismos / Julio Albertos

30-07-2025

Hacia los peninsulares
que vienen a las Canarias,
traigo traducciones varias
pa’ que no hagan malabares.

Porque en todos los bazares
en donde comprar se pueda
te aceptarán la moneda,
pero usando sus palabras
más simpatía te labras
y entrarás como la seda.

~~~

Al maíz, lo llaman millo,
la manta es una cobija,
el inodoro, vasija
y la escoba es el cepillo.

Se cierra con el fechillo,
el globo es la sopladera,
un sol fuerte, solajera,
el autobús es la guagua,
tristeza viene a ser magua,
y el pleito, fogalera.

Rápido es enfolinado,
barbacoa es asadero,
un armario es un ropero,
elegante es lo emperchado.

Lo torcido está cambado,
trago largo es tanganazo,
un gran golpe es un gajazo,
pero una copa es golpito,
ser pequeño, menudito
y colleja, cogotazo.

Atragantarse, añurgarse,
al que destaca, un puntal
prado de algas, sebadal,
atascarse, entaliscarse.

Moverse dice arrecharse,
molida enuncia majada,
tontería, machangada,
porque un tonto es un machango.
pero la maña es el jango,
sin control, desarretada.

Un bastón es un garrote,
a lo mucho llaman fleje,
niño travieso es hereje
y también es iscariote.

El bravucón es rufote,
a la chancla dicen chola,
un vientre gordo, bandola,
hacer aire es abanar,
columpiarse es el remar,
si algo rueda, más bien tola.

~~~

No quiero ser exhaustivo,
porque hay muchos canarismos,
mejor por ustedes mismos
planten su propio cultivo.

Así tendrán un motivo
para a Canarias volver
si se pueden aprender
los términos coloquiales
y voces tradicionales
como ropa del traer.

Cortesía de Oswaldo Izquierdo

 

[Col}> Descalza por dentro / Soledad Morillo Belloso

27-07-2025

Soledad Morillo Belloso

Descalza por dentro

La serenidad no se conquista, se revela. No es una cima a la que se asciende con esfuerzo, sino un claro al que se llega cuando uno se detiene en mitad del bosque interior y decide escuchar. Es el susurro de lo eterno en medio del ruido de lo urgente, una forma de estar sin desbordarse, de sentir sin aferrarse.

Es como un lago al amanecer, donde el tiempo parece contener la respiración. No hay prisa en sus aguas, pero tampoco estancamiento. Todo fluye, lento,  lúcido. La serenidad es ese estado donde el alma deja de pelear con el mundo y empieza a bailar con él, sin que le importe llevar el paso perfecto.

Ser sereno no es estar ajeno al dolor, sino mirarlo sin permitir que devore. Es tomar entre las manos la incertidumbre, no para controlarla, sino para comprender su lección. Es encontrar abrigo en lo invisible: en un rayo de luz que atraviesa la ventana, en una palabra dicha con intención, en el silencio que no incomoda, sino abraza.

Hay quienes confunden la serenidad con la pasividad, pero nada hay más activo que el espíritu que elige no reaccionar desde el miedo. Sereno es quien ha hecho las paces con sus sombras y les ha cedido asiento sin permitirles el timón. Es quien puede llorar sin desesperación, reír sin euforia, y amar sin posesión.

Cultivar la serenidad es deshojar la ansiedad que crece como hiedra en la mente. Es soltar el ancla del pasado y no dejarse arrastrar por la marea del porvenir. Es caminar descalzo por dentro, habitando con gentileza cada rincón del ser.

La serenidad no llega con estruendo ni se anuncia con fanfarrias. Camina descalza por los bordes del alma, acariciando con pasos de seda las heridas que aún no han cicatrizado del todo. No exige; se posa. No conquista; florece.

Es como una abuela sabia sentada al borde de mi conciencia, tejiendo en silencio con hilos de aceptación. En sus ojos hay siglos de espera paciente. Cuando todo a mi alrededor se acelera, ella me toma la mano y me recuerda que también puedo quedarme quieta, que respirar es suficiente.

Estar serena es aprender a tocar la vida con los dedos del alma, sin apretar. Es descubrir que no todas las batallas son mías, y que  rendirme ante lo inevitable no es cobardía ni  debilidad, sino amor propio. Es darme permiso de llorar sin romperme, de detenerme sin sentir culpa, de ser sin tener que demostrarlo.

La serenidad vive en los rituales simples: en el primer sorbo de café  al amanecer, en el roce del viento sobre la piel, en mi voz que canta bajito mientras cocino. Habita en la ternura de hablarme bonito, como quien le susurra al mar para calmar su oleaje.

No siempre está conmigo, lo admito. A veces me olvido de ella cuando la prisa me traga o cuando el miedo me grita más fuerte. Pero cuando regreso —porque siempre regreso— la encuentro esperándome, como si supiera que tarde o temprano volvería a necesitarla.

Serena estoy cuando dejo de exigirle respuestas a la vida y empiezo a abrazarla como es: impredecible, salvaje, preciosa. Y entonces comprendo que la serenidad no es un destino, es un modo de andar… con los pies descalzos, el pecho abierto y el alma en calma.

Y así, me reconozco: mujer que ha aprendido a quedarse con lo esencial, a sostenerse con dulzura en medio del torbellino. La serenidad no me ha hecho invulnerable, pero sí más verdadera. Es mi refugio y mi elección. Porque en este mundo que a veces parece desbordarse, he decidido ser río que fluye con calma y no tormenta que arrasa.

Serenidad. No como escapatoria, sino como raíz. No como renuncia, sino como abrazo. Y en ese abrazo, encuentro —por fin— un hogar dentro de mí, un lugar donde escribo descalza.

[LE}> «Ex-», escritura adecuada del prefijo

26-07-2025

El prefijo ‘ex-‘ se escribe, por lo general, unido a la palabra siguiente (exministra, exactor, exreportera).

Uso inadecuado

  • Confirmó su romance con el ex esposo de una famosa.
  • Denunció a su ex abogado por una estafa millonaria.
  • La ex financiera que ahora escribe libros para niños inspirados en la economía.

Uso adecuado

  • Confirmó su romance con el exesposo de una famosa.
  • Denunció a su exabogado por una estafa millonaria.
  • La exfinanciera que ahora escribe libros para niños inspirados en la economía.

De acuerdo con la Ortografía de la lengua española, salvo algunas excepciones, los prefijos, como ‘ex-‘, se unen a la palabra a la que acompañan, sin espacio ni guion intermedios: exmarido, exvicepresidenta. Igualmente, se recuerda que, si se agrega a una voz que empieza por ‘r’, ésta no se duplica: exrector, no exrrector.

En cambio, se escribe guion cuando la siguiente palabra empieza por mayúscula (como una sigla, por ejemplo): ex-ATS. Excepcionalmente, también es admisible añadir el guion cuando sea preciso para la correcta comprensión del derivado: ex-preso (para referirse a alguien que ya no es presidiario) frente a expreso (tren de viajeros o tipo de café).

Sí se escribe separado cuando el prefijo afecta a una expresión de varias palabras que tienen un significado unitario, como ocurre en ex primera ministra o ex número uno.

Además, tal como señala el Diccionario panhispánico de dudas, no se recomienda usar ‘ex-‘ antepuesto a un sustantivo que se refiera a cosa ni a un adjetivo (república exsoviética, exhuracán). En esos casos, lo apropiado es añadir antiguo, anterior o expresiones como antes, otrora, en otro tiempo o anteriormente: la antigua república soviética, el otrora huracán…

Por último, se recuerda que ‘ex’ puede también funcionar como sustantivo con el sentido de ‘persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra’: «Mi ex me llamó por la mañana». Con ese sentido, no lleva tilde, cursiva ni comillas y es invariable en plural: «Es amigo de todos sus ex».

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[Col}>La insoportable apatía de algunos / Soledad Morillo Belloso

24-07-2025

Soledad Morillo Belloso

La insoportable apatía de algunos 

El mundo arde, pero algunos ni siquiera sienten calor. La indiferencia es la enfermedad más insidiosa y terrible de los tiempos modernos, un letargo que anestesia conciencias y embalsama voluntades.

Pero hay una apatía más perjudicial, más silenciosa, más devastadora: la que se instala en las relaciones, en los afectos, en esos lazos que deberían ser refugios pero que, sin cuidado, se convierten en espacios vacíos.

Es la apatía que transforma reuniones familiares en trámites, que convierte amistades en nombres en una lista de contactos que ya no marcan llamadas. Es la distancia disfrazada de rutina, la frialdad envuelta en excusas.

Nos acostumbramos a no preguntar. A no insistir. A no escuchar más allá del «estoy bien» mecánico que es la respuesta que nada revela. Nos volvemos expertos en el arte de la presencia superficial, en la convivencia sin conexión.

Y así, los afectos se van marchitando lentamente, no por grandes conflictos o traiciones, sino por la ausencia de interés, por la negligencia emocional, por la pereza de sentir.  ¿Cuántas relaciones mueren no por una pelea, sino por la indiferencia? ¿Cuántos abrazos se vuelven más fríos simplemente porque dejamos de darlos con intención? ¿Cuántos «te quiero» pierden peso porque se dicen sin pensarlo y sin sentirlo?

Hay un momento en que la apatía ya no es una mera falta de acción, sino una dolorosa forma de abandono. Un abandono silencioso, que no grita, que no enfrenta, que simplemente deja ir. La apatía es la gran traición muda. Nos roba momentos, nos distancia de quienes amamos, nos convierte en meros espectadores de una vida que deberíamos estar viviendo con intensidad.

Lo peor de la apatía es que no siempre se nota de inmediato. Es un enemigo paciente, que se infiltra en los días, las semanas, los meses y los años, que convierte conversaciones en burda burocracia y miradas en tediosa rutina. Y cuando finalmente nos damos cuenta, ya hemos perdido demasiado.

La vida no es una suma de ausencias, sino una oportunidad para construir presencias. Para estar, para sentir, para demostrar que el afecto necesita esfuerzo. Y si la apatía es una sombra, el compromiso es la única luz capaz de disiparla.

Siempre hay tiempo para reconstruir lo que se ha ido desmoronando, para mirar a los ojos y decir con verdad: «Estoy aquí. Me importas.» El amor, la amistad, la familia, no son sentimientos automáticos, sino decisiones que se renuevan con cada gesto, con cada palabra, con cada presencia real. Despertar es posible. Rehacer los lazos es posible. Basta un gesto, una palabra, una mirada que diga: «Estoy aquí. Te veo. Te escucho. Me importas. Me duele lo que te duele, me alegra lo que te alegra.»

La historia no sólo olvida a los indiferentes, también los olvidan sus seres queridos. Y ese olvido, ese vacío, es quizás el precio más alto de la apatía.

“Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón… “; ¿haremos algo hoy mismo para no dejar que nos volvamos esclavos del olvido?

[LE}> «Complementariedad», no «complementaridad»

El sustantivo complementariedad, con una ‘e’ después de la ‘i’, y no complementaridad, es el adecuado para expresar la cualidad de complementario.

Uso inadecuado

  • Esta complementaridad fue reforzada en 2024.
  • Legado de integración con solidaridad y complementaridad.
  • Las relaciones entre ambos países están basadas en los principios esenciales de complementaridad

Uso adecuado

  • Esta complementariedad fue reforzada en 2024.
  • Legado de integración con solidaridad y complementariedad.
  • Las relaciones entre ambos países están basadas en los principios esenciales de complementariedad.

Tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas, la voz con el sentido de ‘cualidad o condición de complementario’ es complementariedad, terminada en ‘-edad’, que es la grafía que recoge también el Diccionario de la lengua española. En cambio, no son apropiadas las variantes complementaridad, acabada en ‘-idad’, ni complementareidad.

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[Col}> Cuando lo estático no es paz, sino vacío / Soledad Morillo Belloso

21-07-2025

Soledad Morillo Belloso

Cuando lo estático no es paz, sino vacío 

Hay un espejismo peligroso en la inmovilidad, en esa ausencia de perturbación que algunos confunden con paz. Nos acostumbramos a la idea de que la ausencia de ruido es sinónimo de tranquilidad, pero hay silencios que pesan, que ahogan más que el estruendo. Hay momentos en los que lo estático no representa equilibrio ni serenidad, sino vacío.

La historia —tanto la que se escribe en los libros como la que cada individuo esculpe en su alma— está llena de pausas que no fueron descanso, sino abandono. De tiempos en los que se dejó de preguntar, de imaginar, de desafiar lo impuesto. En esos momentos, el aire se torna denso, como si la ausencia de movimiento robara incluso el oxígeno necesario para la reflexión.

El ser humano es, por naturaleza, una criatura de impulso, de búsqueda, de acción. Cuando el pensamiento deja de fluir, cuando la inquietud es sofocada por la apatía, algo esencial se desmorona. Porque la paz verdadera no es la ausencia de conflicto, sino el resultado de su resolución. No es el estancamiento, sino el fluir armónico de ideas, emociones y voluntades que construyen algo más grande que la simple supervivencia.

El peligro de lo estático es que se disfraza de refugio. Nos hace creer que hemos encontrado un lugar seguro, un puerto sin tormentas. Pero si ese puerto nos impide zarpar, si sus aguas se tornan cenagosas por la falta de corriente, entonces no es un refugio, sino una trampa. Y lo que antes fue descanso, ahora es prisión.

La pregunta que debemos hacernos, como individuos y como sociedad, no es si estamos cómodos o si estamos vivos, sino qué clase de vida cabe en lo estático. No si la superficie está en calma, sino si debajo de ella todavía hubiera mareas que impulsen. Porque la vida no es un lago estancado. Es un río en perpetuo movimiento, con corrientes que nos retan, que nos enseñan, que nos obligan a  evolucionar.

El verdadero riesgo no está en el conflicto. Está en lo estático de la  indiferencia. No está en el ruido, sino en la parálisis. Porque lo estático puede parecer paz, pero si ha apagado el pulso, entonces no es más que vacío.

El verdadero dilema no estaba entre votar o no votar.  La esencia del dilema probablemente radicaba en el significado del voto más que en el acto mismo de votar. No se trataba sólo de marcar una casilla con el dedo en una pantalla, sino de decidir si el voto tenía poder real, si era una herramienta de transformación o simplemente una formalidad inocua dentro de un sistema que ya tenía su curso decidido.

Muchas veces, el dilema profundo no está en la acción, sino en la expectativa. ¿Votar significaba elegir o simplemente legitimar lo inevitable? ¿Era una expresión de voluntad o un inútil acto simbólico de resistencia? ¿Qué se decía,  decidía o cambiaba con ir a votar o con no hacerlo? En ciertos momentos de la historia, el voto se convierte en una falsa encrucijada donde la verdadera decisión no está en acudir o no a las urnas, sino en creer o no en que votar es la posibilidad del cambio.

Cuando el voto pierde su capacidad de decidir, deja de ser una herramienta de transformación y se convierte en un ritual sin sustancia.

La democracia no se mide sólo en la existencia del sufragio, sino en el impacto que ese sufragio tiene en la realidad política, social y económica. Un voto que no cambia nada es apenas una sombra de lo que debería ser. Es peligroso porque se presta a trapisondas, genera una falsa sensación de estabilidad, cuando en realidad es apenas una pieza más dentro de un engranaje que ya tiene su rumbo trazado.

Cuando el resultado está determinado antes de que el primer voto sea contabilizado, el ejercicio deja de ser elección y se convierte en imposición y resignación. El ciudadano deja de ser protagonista y pasa a ser espectador atado en la butaca presenciando una obra cuya trama ya ha sido escrita por otros.

La gran pregunta es cómo se revierte esa situación. ¿Cómo se restaura el poder del voto para que realmente decida? Porque si el voto no define el destino de una sociedad, si no puede inclinar la balanza, entonces esa sociedad no  es libre y no decide. Y todo se vuelve estático.

La verdadera amenaza no radica en el fraude explícito o en la represión directa, sino en la indiferencia disfrazada de normalidad que genera costumbre. Cuando el voto deja de decidir, la democracia se convierte en una apariencia, un teatro donde las reglas del juego están escritas de antemano.

Y en ese escenario, el ciudadano corre el riesgo de perder no sólo su voz, sino su fe en la posibilidad de cambio. Su mente se inunda de un pensamiento que se condensa en una muy corta frase: “Esto no tiene remedio”. Porque cuando el destino de una nación se vuelve ajeno a la voluntad de su gente, no hay elección, sólo resignación. Recuperar el poder del voto no es apenas una cuestión política, sino un acto de resistencia contra el vacío, contra la inercia, contra la renuncia a la esperanza.

[LE}> Gerundio, uso adecuado

21-07-2025

El gerundio es una forma verbal que plantea dudas, sobre todo en lo relativo a aquel que expresa posterioridad (¿es adecuado en ‘Se graduó, marchándose a trabajar al extranjero’?), por lo que a continuación se ofrecen una serie de claves para su uso en cierto número de casos.

  1. Gerundio de posteridad, usos
  • Es apropiado el gerundio si éste expresa una acción o un suceso inmediatamente posterior a lo otro que se expresa: ‘Se cayó, rompiéndose una pierna’.
  • Es admisible si entre las dos acciones se puede establecer una relación o sucesión lógica, como de causa-efecto, aun cuando no exista inmediatez temporal, de acuerdo con la segunda edición del Diccionario panhispánico de dudas: ‘Se graduó, marchándose a trabajar al extranjero’ (el hecho de graduarse tiene como consecuencia que pueda irse a trabajar a un lugar), ‘Hizo una maratón de capítulos, terminando de ver la serie en un mes’ (el ritmo al que se ve la serie lleva a que se acabe en unas semanas).

Favorece que se pueda entender este tipo de relación la presencia de elementos temporales con el gerundio, como luego, después, más tarde, etc. (Madrugaba bastante, dedicándose luego a hacer sus tareas), o de elementos referidos a lo anterior, como así, por ello, con ello, etc. (Ahorró muchos años, pudiendo pagarse así el viaje de sus sueños).

  • No es adecuado si no hay inmediatez temporal ni se puede establecer con claridad esa relación entre las acciones: Se fue a casa y leyó una novela pendiente, no Se fue a casa, leyendo una novela pendiente.
  1. Una vez añadido, no una vez añadiendo

No se emplea el gerundio para hablar de algo terminado, sentido que sí se puede expresar con un participio: Una vez añadida la salsa, se remueve, no Una vez añadiendo la salsa, se remueve.

  1. Un libro que tiene tapas duras, no un libro teniendo tapas duras

El gerundio puede referirse a un sustantivo para indicar un proceso o una acción (Una atleta corriendo por la pista), pero en general no se usa si se refiere a algo que no cambia, sino que es estático, como sucede, en función del contexto, con verbos como tener, contener, significar, constituir… (‘Un libro que tiene tapas duras’ o ‘Un libro con tapas duras’, no ‘Un libro teniendo tapas duras’).

  1. Una ley que reforma los precios, no una ley reformando los precios

Tampoco se recomienda emplearlo, como a veces se hace en textos legales y administrativos, para especificar a qué elemento se está aludiendo de otros posibles: ‘Una ley que reforma los precios’ o ‘Una ley de reforma de los precios’, no ‘Una ley reformando los precios’. Se exceptúan casos como hirviendo (agua hirviendo), ardiendo (clavo ardiendo) o tirando (un lugar tirando a pequeño).

  1. Gerundio en títulos, uso adecuado

Se consideran válidos los gerundios independientes que aparecen en títulos de obras, programas, etc.: ‘Buscando a Nemo’, ‘Cocinando con Pepe’. También lo son los que aparecen en pies de foto (Trabajadores entrando en la oficina) y memes (Yo fingiendo que lo he entendido).

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