29-06-2025
Soledad Morillo Belloso
Los pasos por venir
A veces el camino se dibuja con claridad, otras veces es sólo una intuición lejana en la penumbra. Me aferro a la certeza del avance, al impulso de seguir adelante, sin saber lo que me espera.
Cada paso es una decisión, un acto de voluntad, un salto hacia lo desconocido. Hay quienes caminan con prisa, con la urgencia de llegar sin detenerse a mirar el paisaje que los rodea. Otros avanzan con cautela, temerosos de lo que puedan encontrar. Y algunos se detienen, miran atrás, preguntándose si el sendero recorrido los ha llevado al lugar correcto. Yo camino, como la superviviente que soy, y lo hago sin hacerme preguntas necias.
El suelo que piso es memoria viva. Contiene el eco de mis aciertos y errores, la huella de lo que fui, la sombra de lo que aún no soy. Pero mi pasado no dicta mi futuro; el porvenir es una página en blanco que espera ser escrita.
No sé si el próximo paso me llevará a la cima o al abismo. No sé si la ruta será fácil o estará otra vez plagada de escollos. Pero sí sé que cada paso es una afirmación de mi existencia.
Entonces, camino. No porque tenga garantías, sino porque la incertidumbre es la esencia misma de la vida. Y en ese vértigo de lo posible, busco mi propósito.
Los pasos por venir no son sólo trayectos físicos, son viajes internos, son movimientos del alma. Y al final, no importa cuán lejos llegue, sino cuánto aprendí en el camino.
El camino no es ni bueno ni malo. Es simplemente el camino. Ante cada paso, lo único que puedo controlar es mi respuesta: la voluntad con la que sigo adelante, la actitud con la que enfrento lo inevitable.
No importa lo que me aguarde, porque no está en mi poder cambiar el destino. Lo que sí está en mis manos es mi manera de recibirlo, mi capacidad de aceptar y adaptarme sin lamentos, sin resistencia inútil.
Cada piedra en el sendero es una prueba, pero no una maldición. No hay obstáculos, sólo desafíos. Lo que parece adversidad es, en realidad, una oportunidad para fortalecer mi espíritu, para templar mi carácter, para recordar que soy dueña de mi mente aunque el mundo exterior sea incierto.
Las circunstancias cambian, el azar juega su papel, pero mi virtud permanece firme. Si el próximo paso me lleva a la ruina, que no me quite la serenidad. Si me lleva al éxito, que no me nuble la razón. Sólo aquellos que comprenden que el futuro es incierto, pero que su dominio sobre sí mismos es absoluto, caminan con verdadera libertad.
Así avanzo. Lentamente y en silencio. No porque la esperanza me ilusione, sino porque la razón me guía. No porque crea en un destino favorable, sino porque sé que, venga lo que venga, lo enfrentaré con dignidad.
Los pasos por venir no son lo que me define. Lo que me define es cómo los doy. La verdadera fortaleza no reside en dominar lo externo, sino en reconocer que mi única posesión real es la manera en que elijo enfrentar lo inevitable. No controlo el rumbo del viento, pero sí mi respuesta a él. En esa elección consciente, en esa aceptación sosegada de lo que no puedo cambiar y la firmeza ante lo que sí, encuentro la fuerza para levantarme todos los días.