[LE}— El sustantivo «formación» no equivale a «curso» ni a «taller»

El sustantivo formación significa ‘acción y efecto de formar o formarse’, pero no equivale a curso o taller ni a conferencia o discurso.

Uso no recomendable

• Hicimos una formación de una semana y después todo ha resultado muy fácil.

• Ayer en la sede de la Cruz Roja se impartió la formación «Autocuidado en el acompañamiento» dirigida al personal de orientación.

• ¿Puede la empresa obligar a sus trabajadores a acudir a una formación en otra provincia?

Uso recomendable

• Hicimos un curso de una semana y después todo ha resultado muy fácil.

• Ayer, en la sede de la Cruz Roja, se impartió la conferencia «Autocuidado en el acompañamiento» dirigida al personal de orientación.

• ¿Puede la empresa obligar a sus trabajadores a acudir a un curso formativo en otra provincia?

Formación se usa adecuadamente cuando se refiere a la acción y al efecto de formar a alguien o formarse uno mismo, como en «Los cursos por internet ofrecen una gran flexibilidad y una formación de calidad», «No hace falta tener una formación concreta» o «El máster ofrece una formación indispensable para formar parte de comités de ética asistencial». Pero también se está utilizando muy habitualmente para hacer referencia a la actividad docente o pedagógica concreta a través de la que se forma, lo que resulta impreciso, ya que se pueden emplear alternativas más apropiadas, como curso, cursillo, taller, jornada de formación o incluso conferencia o discurso, dependiendo del contexto.

Este sustantivo también se usa de forma genérica cuando no se quiere o no se puede precisar el formato que adoptará la formación concreta, como en «Impartir una formación no resulta fácil cuando tu objetivo es provocar resultados tangibles en tus alumnos»; en este caso sigue siendo preferible sustituirlo por alguno de los sustantivos propuestos en el párrafo anterior u optar por una redacción alternativa: «Dar clase no resulta fácil cuando tu objetivo es provocar resultados tangibles en tus alumnos».

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[LE}— «la Moncloa» y «la Zarzuela», no «Moncloa» y «Zarzuela»

Los nombres de la sede de la Presidencia del Gobierno español y de la residencia de los reyes de España van precedidos por el artículo la y, por tanto, no es apropiado suprimirlo cuando se utiliza la forma abreviada la Moncloa (por el Palacio de la Moncloa) o la Zarzuela (por el Palacio de la Zarzuela).

Uso inadecuado

• Zarzuela no desvela el destino de Juan Carlos I tras su salida de España.

• Encuentro en Moncloa entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición.

• La salida de Juan Carlos I, fruto de una delicada negociación entre Moncloa y Zarzuela.

Uso adecuado

• La Zarzuela no desvela el destino de Juan Carlos I tras su salida de España.

• Encuentro en la Moncloa entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición.

• La salida de Juan Carlos I, fruto de una delicada negociación entre la Moncloa y la Zarzuela.

Al igual que se hace con la denominación de los edificios que albergan las sedes de instituciones u organismos de Estado de otros países: el Elíseo (por el Palacio del Elíseo), la Moneda (por el Palacio de la Moneda), lo apropiado es aplicar el mismo criterio a los españoles. Conviene recordar que en esos casos, el artículo se escribe con inicial minúscula.

Este uso se mantiene cuando esos nombres se emplean para referirse a las instituciones que albergan esos palacios: el Gobierno de España, la Casa del Rey…

Conviene recordar que la ortografía académica explica que si el nombre propio se corresponde con la naturaleza del edificio, es admisible la escritura del sustantivo genérico palacio con mayúscula o con minúscula.

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[Hum}— Él, ella y el matrimonio

  1. Si ella se enferma, puede llamar a  su mamá para que venga a cuidarla.
    Si él se enferma, no puede llamar a su mamá para que venga a cuidarlo porque se armaría Troya.
  1. Ella tiene ahora su propia casa para invitar a sus amigas a tomar café .
    Él ya no puede invitar a sus amigos a la casa, porque a ella no le caen bien y, según ella, son unos latosos y gorrones.
  1. Si ella no trabaja, o si trabaja pero sale temprano de la oficina, puede irse al café con sus amigas.
    Para él se acabaron las noches de squash, tenis, la copa del viernes, o lo que sea que hacía con sus amigos.
  1. Ella tiene más dinero.
    Él tiene menos dinero.
  1. Ella tiene la oportunidad de aprender a cocinar.
    Él anda siempre enfermo del estómago.
  1. Ella adquiere libertad sexual inmediata.
    Él pierde la libertad para andar de juerga.
  1. Ella puede llevar la ropa a lavar a casa de su mamá.
    Él no puede llevar la ropa a lavar a casa de su mamá porque eso daría lugar al comentario de que se casó con una floja inútil.
  1. A ella la envidian sus amigas solteras.
    A él no lo envidian sus amigos solteros.

Y, ante esto, ¿todavía quieres casarte, amigo mío? ¡Qué … voluntad!

[LE}— «Eliminar» y «erradicar» una enfermedad, diferencias

Eliminar es el verbo más adecuado para expresar que una enfermedad deja de estar presente en un determinado país o territorio, mientras que erradicar una enfermedad supone, en la jerga técnica, eliminarla por completo. 

Uso no recomendable

• Estos son los pasos que siguió Nueva Zelanda para erradicar el coronavirus en tres meses.

• Tras erradicar la covid, se reanudan en la ciudad los rodajes.

Uso recomendable

• Éstos son los pasos que siguió Nueva Zelanda para eliminar el coronavirus en tres meses.

• Tras eliminar la covid, se reanudan en la ciudad los rodajes.

El Diccionario de términos médicos de la Real Academia Nacional de Medicina define erradicar como ‘eliminar por completo una enfermedad, por lo general infecciosa’. En un contexto médico, los epidemiólogos aplican este término a la desaparición completa de una enfermedad infecciosa en todo el mundo o, como mínimo, en un continente. Esto ha sucedido, por ejemplo, con la viruela.

Desde este punto de vista, la eliminación es el paso previo a la erradicación, ya que supone que la enfermedad simplemente está ausente en un territorio, como sucede con la covid-19 en Nueva Zelanda, pero no excluye la posibilidad de nuevos brotes al estar presente en países vecinos, por lo que obliga a una vigilancia constante que evite un repunte.

Aunque en ámbitos más divulgativos, como el periodístico, es frecuente y no resulta censurable hacer un uso laxo del verbo erradicar, los expertos consultados aconsejan emplear los términos con la debida exactitud, siempre que se pueda, para informar con la mayor claridad.

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