En un pequeño pueblo del interior de Venezuela, una viejita vivía sola con un loro que se pasaba todo el día gritando: «¡Que muera Maduro!».
Un día, los círculos bolivarianos del pueblo fueron a exigirle a la viejita que hiciera callar al loro o se atuviera a las consecuencias. Ella, preocupada, habló con el loro:
—Lorito, mijo, cállate la boca. Deja de meterte con el gobierno que nos van a joder duro. ¡Cállate la boca!
Pero el loro no le hizo caso y siguió diciendo todo el día «¡Que muera Maduro!».
Más preocupada aún, la viejita fue a hablar con el cura del pueblo para explicarle la situación y ver si podía ayudarla. El cura la escuchó y le dijo:
—Hija, lo que podemos hacer es meter a tu loro en la misma jaula en que está el mío, que es un loro muy bien educado —se sabe de memoria la misa, el Santo Rosario y muchas otras oraciones— para ver si se le olvida el asunto de Maduro y aprende a rezar.
Y así lo hicieron.
Después de 15 días sin saber nada de su lorito, su fiel compañero, la viejita fue de nuevo a casa del cura a enterarse de los resultados del experimento de convivencia entre los dos loros. Apenas la recibió el cura, la viejita le preguntó:
—Padre, ¿qué pasó con mi lorito?
El cura la miró con suma preocupación y le dijo:
—Hija mía, creo que la cosa empeoró, porque ahora cuando tu loro dice «¡Que muera Maduro!» el mío responde «Te lo pedimos, Señor»
