[LE}– ‘Trolear’ y ‘troleo’, con una sola ele, palabras correctas

NotaCMP.- Pues en el léxico pasense, y posiblemente en el de otros pueblos de la Canarias de mis tiempos, una trola era una mentira,  y así define el DRAE este término: Trola = Engaño, falsedad, mentira. Por tanto, trolear sería decir mentiras.

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16/12/2015

El verbo trolear y el sustantivo troleo, formados a partir de trol y escritos con una sola ele, son palabras bien formadas, y, por tanto, su uso puede considerarse correcto.

En los medios de comunicación pueden verse frases como

  • «Trollear con imágenes es mucho más difícil que con mensajes en Twitter»,
  • «Los comentarios que busquen el “trolleo” serán eliminados y los usuarios bloqueados» y
  • «El ‘troleo’ de la esposa de Pedro Sánchez a Íñigo Errejón».

El sustantivo trol, adaptación de la voz noruega troll, ha dado lugar a las formas derivadas trolear y troleo, empleadas en un principio en internet para referirse a la acción y al efecto de intervenir en un foro digital con el objetivo de generar polémica, ofender y provocar de modo malintencionado a los demás usuarios, a menudo enviando multitud de mensajes que pretenden captar la atención e impedir el intercambio o desarrollo habitual de dicho foro.

A partir de este primer uso, estas voces han ido extendiendo su significado, de modo que se aplican a múltiples contextos, no siempre digitales, con la idea sobre todo de ‘intervenir con ánimo de hacer fracasar algo’. Con este sentido, trolear puede alternar con otros verbos como reventar, boicotear, provocar…

También se documentan usos con significados próximos como ‘molestar, cansar o enfadar’ y, especialmente, ‘tomar el pelo, vacilar o gastar una broma, por lo general pesada’.

Finalmente, se recuerda que estas adaptaciones al español, al igual que trol, se escriben con una sola ele y sin comillas, por lo que en los ejemplos iniciales lo adecuado habría sido escribir 

  • «Trolear con imágenes es mucho más difícil que con mensajes en Twitter»,
  • «Los comentarios que busquen el troleo serán eliminados y los usuarios bloqueados» y
  • «El troleo de la esposa de Pedro Sánchez a Íñigo Errejón».

Cabe recordar que el verbo trolear tiene en otros países de habla hispana significados diferentes como ‘castigar a alguien con ejercicios físicos extenuantes’ o ‘derrotar con contundencia a un oponente en una competición deportiva’ (Honduras), ‘realizar un paseo o recorrido largo a pie’ (Costa Rica)…

[Hum}– Bromenserio: Reglas para la edad dorada

Si tienes 60 años o más, ya no puedes ser un niño, y tu estilo de vida debe corresponder a una persona de esa edad. Aquí encontrarás las mejores 9 reglas para vivir tranquilo en tus años dorados.

  1. Recuerda. Si no lo haces, escríbelo.
  2. No te presentes con mucho entusiasmo a personas nuevas, pueden ser viejos amigos que te cuesta recordar.
  3. Nunca muestres las fotos de tus nietos y cuentes tus achaques. Cuando conoces gente nueva, tienes el derecho de mencionar a un solo nieto y una sola enfermedad por reunión.
  4. No te sientas celoso de amigos que te dicen que lo hacen dos veces por noche. Están hablando de ir al baño.
  5. No te excedas con historias de cómo era todo cuando eras joven. La gente joven ya «borró» el siglo pasado.
  6. No hagas más chistes de suegras; la tuya ya no está, y ahora tu esposa es la suegra de alguien.
  7. Mantén algunos secretos: Cuando hables con tus nietos acerca de lo que ellos aprenden en la clase de historia, no les hagas saber que tu estuviste allí, y que personalmente conoces a las personas cuyos rostros decoran los billetes. 
  8. Recuerda: iPhone e iPad no son comidas, y cuando tus nietos hablen de tabletas, no se refieren a medicamentos con recetas.
  9. No te quejes por sentir dolor. Recuerda que si te levantas en la mañana y no te duele nada, probablemente signifique que has muerto.

Un último consejo: Recuerda que la vida es como andar en bicicleta: si es sencillo, probablemente estés yendo cuesta abajo.

Cortesía de Fernando Lacoste

[LE}– ‘El cara a cara’, plural ‘los cara a cara’

14/12/2015

El plural de la expresión cara a cara, cuando se usa como sustantivo, es invariable: los cara a cara.

En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como

  • «El candidato dijo que participará en las mesas redondas, los debates y los cara a caras que sean necesarios para que los españoles tengan toda la información» o
  • «Sus asesores han estudiado los ‘cara a caras’ de las campañas electorales estadounidenses».

Aunque en origen es una locución adverbial que significa ‘en presencia de alguien y descubiertamente’ o ‘de manera abierta y directa’ («resolvieron el asunto cara a cara»), diccionarios de uso como el de Seco, Andrés y Ramos ya la incluyen como locución sustantiva con el significado de ‘encuentro entre dos personas en que se hablan o enfrentan abiertamente’.

Se trata de una locución masculina (un cara a cara) cuyo plural es invariable (unos cara a cara), como sucede en expresiones similares: mano o mano o vis a vis, y que, al ser una expresión asentada en español, no requiere el uso de comillas ni cursivas.

Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir

  • «El candidato dijo que participará en las mesas redondas, los debates y los cara a cara que sean necesarios para que los españoles tengan toda la información» o
  • «Sus asesores han estudiado los cara a cara de las campañas electorales estadounidenses»

Fuente

[LE}—‘Zasca’, sustantivo válido

14/12/2015

El sustantivo zasca es una palabra válida para aludir a una réplica cortante, rápida y a menudo ofensiva en un debate o una conversación.

Aunque todavía no aparece con ese significado en los principales lexicones, el Diccionario del Español Actual, de Seco, Andrés y Ramos, incluye esa palabra como una interjección, asimilable a zas y explica que ambas se usan para imitar el sonido de un golpe o para denotar el carácter súbito o sorpresivo de un hecho.

A partir de este sentido, tanto zas como zasca han empezando a utilizarse coloquialmente como sustantivos masculinos (un zas, un zasca) para referirse a lo que también podría denominarse un corte, un hachazo dialéctico o una bofetada verbal.

Ese nuevo uso, propio del español de España y al principio más habitual en las redes sociales, los foros digitales y los programas de entretenimiento, se ha extendido ya a los medios de comunicación.

Así es frecuente ver frases como

  • «Los ‘zascas’ del debate»,
  • «Se trata de ver quién pronuncia el eslogan más potente, la réplica más ingeniosa, el zasca más zasca» o
  • «El presentador terminó el programa con un claro zasca a su competencia»,

en las que la utilización de esta voz puede considerarse adecuada.

Como se ve en los ejemplos anteriores, en ocasiones se resalta el término entre comillas, aunque no es preceptivo hacerlo.

Respecto al origen de la voz, podría tratarse de un acortamiento de zascandil, que, si bien en su uso actual se refiere a ‘una persona despreciable, ligera y enredadora’, era originalmente un ‘golpe repentino o una acción pronta e impensada que sobreviene.

[*Opino}– Hay ERE y hay ERRE

11-12-2015

Carlos M. Padrón

Del artículo que copio abajo destaco dos puntos: el de los acentos y el del nombre de R o RR.

L de los acentos no me sorprende, pues ya me acostumbré a que en la presna digital españols —supongo que también en la escrita—aparezca todo tipo de barrabasadas que hacen pensan que quies las escriben no tienen ni idea acerca del idioma que usan para hacerlo.

Y en cuanto a eso de que la palabra farmacorresistente se escribe sin tilde y con erre doble, discrepo, pues si acerca de ERE dice esto el DRAE:

  • ere Nombre de la letra r en su sonido suave; p. ej., en ara, arena.

es porque la letra R se llama ERE, y la doble R se llama ERRE, y, por tanto, lo de doble erre es incorrecto. Y creo que así lo comnfirma el DRAE:

  • erre. Nombre de la letra r, especialmente en la modalidad múltiple del fonema vibrante al que corresponde.

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10/12/2015

Acentuación de palabras compuestas

Las palabras compuestas se someten a las reglas habituales de acentuación ortográfica, con independencia de cómo se acentúen por separado las voces simples que constituyen el compuesto: tío + vivo > tiovivo, veinte + y + dos > veintidós…

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases en las que el primer componente de la palabra compuesta se tilda:

  • «El físicoculturista Matt Kroc decide mostrar su verdadera personalidad» o
  • «La epilepsia fármacorresistente afectaría a unas 100 000 personas en España».

Tal como indica la Ortografía de la Lengua Española, las palabras compuestas pierden el acento de todos los elementos tónicos menos el último: así, el sustantivo tío lleva tilde de forma aislada, pero tiovivo no la lleva por ser palabra llana terminada en vocal; por otra parte, el monosílabo dos no lleva tilde, mientras que veintidós sí necesita acento ortográfico al convertirse en una palabra aguda terminada en s.

Teniendo en cuenta esta norma, en los ejemplos iniciales, en vez de físicoculturista y fármacorresistente, lo apropiado habría sido escribir fisicoculturista y farmacorresistente, sin tilde (y, en el último caso, con erre doble).

Se recuerda que este mismo criterio se aplica a las voces con prefijos o elementos compositivos, de modo que, en vez de

  • «Un eclipse de súperluna tendrá lugar en la próxima madrugada»,

lo adecuado habría sido superluna, pues se trata de una palabra llana acabada en vocal.

[*Otros}– Tadeo Casañas, el ordeñador de nubes que salvó a la gente de El Hierro

10/12/2015

Ander Izagirre

Tadeo Casañas, el ordeñador de nubes que salvó a la gente de El Hierro

Cuatro días antes de cumplir los 97 años, don Tadeo Casañas recuerda la noche en que salvó de la sed a los habitantes de El Hierro.

 

Sentado en el sofá de su casa, pide perdón porque confunde las historias, se le quedan a la mitad, vuelve una y otra vez a los muertos, la cantidad de muertos que vio tirados en la Batalla del Ebro, vuelve a la trinchera en la que durmió acurrucado con un compañero que a la luz del día resultó ser otro muerto más, vuelve a la novia que tuvo entonces en Sant Sadurní d’Anoia, en cuya casa se alojaba a veces.

—Ella se acostaba con su madre y amanecía conmigo—, cuenta tres veces, y se ríe las tres.

Pide perdón porque confunde las historias, pero hay algunas que narra de corrido. Las que resisten en la memoria, a los 97 años, cuando todas las demás se han desintegrado: las historias de la guerra, las historias del amor, y las historias de la sed.

En 1948 no llovió ni una gota. Los pozos de la isla de El Hierro se secaron, las tierras se agrietaron, los frutales se marchitaron, las vacas y las ovejas se morían. Los humanos no morían, porque un barco cisterna traía agua desde Tenerife, y un camión repartía las cubas casa por casa, pero muchas familias se arruinaron. La sequía empujó la gran emigración clandestina a Venezuela: 12.000 canarios se apretaron en 94 veleros para cruzar el Atlántico entre 1948 y 1950.

—Yo tenía una escopeta, bastante mala, pero escopeta—, dice don Tadeo que, cuando no habla, se queda encogido en el sofá con los ojos casi cerrados, con el cansancio de un siglo. Cuando habla, se apoya sobre las manos, se incorpora, abre los ojos como un búho—. Subía a las tierras que tenían mis suegros, en la parte alta de la isla, a ver si cazaba alguna paloma. Solíamos tener ovejas allí, pero aquel año se nos morían. Me construí una caseta y subía a dormir, para salir a cazar con el amanecer. A la caseta le hice el techo con ramas de brezos. Una noche me desperté porque estaba goteando dentro de la caseta. Era la niebla, que se condensaba en los brezos y goteaba.

Don Tadeo tuvo una idea. Cortó varias piteras —las hojas largas, duras y acanaladas del agave— y montó un acueducto rústico desde el techo de brezos hasta un aljibe en el que solían recoger lluvia y que estaba seco desde hacía meses. En pocas horas se llenó con el goteo de la niebla.

—Les dije a mis vecinos que les llevaría agua hasta sus casas si me dejaban unas planchas de zinc, las que usaban como techo de las cuadras.

Montó las planchas para recoger más agua de los brezos, instaló una tubería que le cedió el Ayuntamiento y consiguió un chorro que bajaba desde la montaña hasta el pueblecito de Tiñor: daba 14 litros por minuto. En plena sequía, don Tadeo ordeñó la niebla y salvó a sus vecinos.

Don Tadeo insiste en que no inventó nada. Él simplemente observaba nubes y leía libros.

—A mí me llaman “El sabio de El Hierro” y yo lo que soy es un ignorante muy grande. Ahora me estoy muriendo, pero molesto a la gente con preguntas porque quiero saber un poco más. Casi no fui a la escuela, sólo aprendí a leer y las cuatro reglas, pero leía mucho. Sobre todo El Quijote y los libros de Historia. Yo sabía que los bimbaches sacaban agua de la niebla.

Lo contaron los primeros conquistadores europeos, los normandos Bethencourt y La Salle, y muchos se lo tomaron a chufla. A principios del siglo XV explicaron que en la isla de Ezero, hoy El Hierro, los aborígenes bimbaches tenían «un árbol sobre el cual todas las tardes se sienta una nube blanca, que destila agua por las hojas abajo, de la cual beben los vecinos y todos sus ganados».

Las crónicas castellanas, cien años después, repitieron la historia de la isla «seca y estéril» a la que Dios había provisto con un «árbol milagroso» que daba agua. Los nativos lo llamaban garoé y excavaban estanques en su base para acumular el líquido. Pero El Hierro era la isla más occidental, el fin del mundo conocido, un territorio casi mitológico. Y la historia del árbol milagroso sonaba como tantos relatos de los mundos recién descubiertos: pura invención, para autores racionalistas como Feijóo.

No era magia, no era leyenda; es física, sencilla y hermosa: los vientos alisios chocan con la cara norte de El Hierro, el aire húmedo sube por la ladera y se va condensando un mar de nubes. El árbol garoé crece en un emplazamiento perfecto: a mil metros de altitud, en la parte más alta del barranco de Tigulate, una hendidura por la que sube la niebla desde la costa hasta la montaña. Es un tilo de tronco esbelto que se abre en una copa amplia y ramificada: ideal para atrapar el vapor, que se condensa en las ramas y empieza a gotear.

El árbol está siempre empapado, rebozado de musgo, sobre una tierra húmeda, blanda, olorosa. Y en su base se ven las albercas excavadas por los bimbaches, depósitos de tres y cuatro metros de profundidad, donde se acumulaba, y donde se sigue acumulando, el agua del árbol milagroso.

Un ventarrón derribó en 1610 el garoé legendario. El tilo actual lo plantaron en el mismo sitio en 1949, poco después del experimento de don Tadeo con los brezos. Y hubo otros atrapanieblas en los años posteriores, que observaban las brumas, elegían los árboles adecuados y excavaban depósitos debajo de ellos, como cuenta el ingeniero Isidoro Sánchez.

Habla de la sabina del pastor Juan Bartolo, que obtenía agua abundante para sus rebaños, o la sabina del guarda Zósimo Hernández, que recogía miles de litros en dos depósitos, para dar de beber a los cientos de romeros que cada cuatro años cruzan la isla bailando y portando a hombros la imagen de la Virgen de los Reyes.

Los herreños dependían del ingenio de un pastor o de un guarda, para no pasar sed. Y no tenía por qué ser así. La sed era una consecuencia política, consecuencia de una cierta organización social, según el geógrafo Carlos Santiago Martín.

En las zonas medias y altas de El Hierro llueve tanto como en Pamplona, Burgos o Huesca. Pero la isla es muy joven: un montón de rocas volcánicas que acaban de emerger, un terreno que aún no se ha compactado, y las aguas se escurren por las grietas hacia el subsuelo. No hay ríos, no hay lagos, pero bastaban unos pozos para extraer agua abundante de los acuíferos.

Martín explica que los grandes propietarios de tierras de El Hierro nunca quisieron invertir en tecnologías hidráulicas y que frenaron cualquier amago de obra pública. Con los pozos escasos que ellos controlaban, les bastaba para mantener su ganado y sus cultivos, incluso vendían agua a los campesinos.

«La posesión de agua es una extraordinaria herramienta de poder», escribe Martín. En la década de 1970, cuando algunos propietarios quisieron ampliar la producción de plátanos para exportarlos, se perforaron los primeros grandes pozos. Hasta entonces, los herreños se las apañaban con métodos rudimentarios: acumulaban agua en los huecos de los troncos, en pequeños estanques en el monte, en los patios de las casas. Y cuando llegaba un año seco, ¡ay!.

—Teníamos que bajar con una garrafa hasta la fuente de Timijiraque, que está en la orilla del mar, llenarla y vuelta—, dice una anciana en Casa Goyo, el bar que está cerca de la casa de don Tadeo, a mil metros de altitud sobre el mar, a mil metros sobre la fuente.

Medio siglo después, Ricardo Gil es capaz de ordeñarle miles de litros diarios a la niebla con un invento sencillo, y también se lamenta de la falta de apoyo para desarrollarlo. Gil nació en Venezuela hace 54 años, hijo de una de aquellas parejas canarias que precisamente emigraron por las sequías, la pobreza y la falta de oportunidades, y ahora vive y tiene ideas en Tenerife.

Muy cerca del árbol garoé, en la cumbre de Ventejís, se levantan seis rectángulos verdes como seis fichas de dominó, de cuatro metros de altura. Son los captadores de niebla inventados por Gil: estructuras de aluminio envueltas en una red mosquitera. Se inspiró en las redes atrapanieblas que tendían los chilenos en el desierto, y desarrolló este modelo tridimensional que resiste vientos más fuertes.

—Cuanto más veloz pasa la niebla, más gotas deja en las mallas. Antes había que plegar los captadores en cuanto soplaba un poco fuerte, pero nuestro modelo soporta vientos de alerta naranja, hasta 70 km/h. Y gracias a eso hemos pasado de recoger una máxima de 140 litros diarios con un captador, a recoger 1.350.

Recogen el agua de niebla en las Canarias, pero Gil dice que sería fácil instalar «huertos hídricos» en muchos otros lugares.

—Llegamos a recoger 35.000 litros de agua potable en un día, en una superficie de apenas 350 metros cuadrados. Eso se podría multiplicar mucho. Y es una tecnología sencilla y baratísima, que no consume ninguna energía, no produce residuos, no agota los recursos hídricos. Tiene un potencial enorme. Pero necesitamos estudios, un mapa de nieblas, necesitamos financiación para fabricar más captadores y permisos para instalarlos… Tenemos un recurso muy abundante, sabemos obtenerlo de manera sencilla, solo falta que nos hagan caso.

—Yo no inventé nada—, dice don Tadeo, incorporado en su sofá, agarrándose al andador—. Se gastan millones para llevar agua de un sitio a otro, y en las cumbres se está perdiendo toda esa agua de niebla que podría bajar sola. En la montaña la niebla viene rabiando. Hasta las pestañas producen agua, cuando la bruma choca con ellas. Sólo hay que recogerla.

Cortesía de Manuel Fernández

[*Opino}– Acerca de ‘test’: equivalentes, verbos y plural

10-12-20156

Carlos M. Padrón

Abajo copio dos artículos que tratan de lo que he puesto en el asunto de este post.

Por el primero debo felicitar a quienquiera que haya tenido el valor de reconocer públicamente que en España el plural de test es también test, y no tests por la dificultad que para los hispanohablantes —entiéndase que son los de España, pues del otro lado del charco hay también muchos hispanohablantes, pero pocos que tengan este problema— representa el pronunciar las tres últimas consonantes que, por lógica, lleva el plural de test, o sea, tests. ¡Felicidades! (por acá decimos felicitaciones)

Eso también ocurre con muchas otras palabras —como Mapfre, donde la pobre P es olvidada; o Internet, donde la olvidado es la T; o WhatsApp, que no sólo pronuncian wasa o guasa, sino que, por supuesto, olvidan la P final— y no he visto que acerca de ellas hayan reconocido lo mismo

Por otra parte, si testar tiene varias acepciones, y testear tiene sólo un (según el DRAE, testear es someter algo a un control o prueba), ¿por qué no aceptar sólo testear y poner fin a las dudas? ¿No será porque testear lo usan sudacas?

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28/10/2015

El test, plural los test

La voz de origen inglés test permanece invariable al formar el plural: los test.

Las normas generales indican que las palabras terminadas en más de una consonante —procedentes todas ellas de otros idiomas— forman su plural añadiendo una ese. Conforme a este criterio, el plural regular de test sería, al igual que en inglés, tests.

Sin embargo, la dificultad que supone para el hablante hispano articular esas tres consonantes finales hace preferible, según explica la Nueva Gramática, mantener invariable el plural en español: los test.

Así, en frases como

  • «El caso Volkswagen abre la veda contra el trucaje de los tests de las emisiones»,
  • «Coe anuncia tests antidopaje ‘más rápidos’ para proteger a los atletas» o
  • «Empezarán a usarse tests de sangre para mejorar los tratamientos»,

habría sido preferible emplear la forma invariable test.

Cabe recordar que el Diccionario Académico define test únicamente como ‘prueba destinada a evaluar conocimientos o aptitudes, en la cual hay que elegir la respuesta correcta entre varias opciones previamente fijadas’ o, en el ámbito de la psicología, ‘prueba psicológica para estudiar alguna función’.

No obstante, de acuerdo con lo recogido por diccionarios como el Clave, el Diccionario del Español Actual o el Diccionario del Estudiante, test ha dejado de designar únicamente una evaluación psicológica para pasar a referirse a cualquier tipo de prueba, como demuestran los famosos test de embarazo o test de alcoholemia.

Por último, aunque la palabra test aparece recogida en los principales diccionarios del español, conviene recordar que existen otras alternativas de sentido similar, como prueba, cuestionario, examen, análisis (en el ámbito médico) o control.

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10/12/2015

Testar y testear es ‘someter (algo) a una prueba’

Los verbos testar y testear son adecuados para la acción de ‘someter algo a una prueba o control’.

El Diccionario de la Lengua Española recoge esa acepción del verbo testar junto a las de ‘hacer testamento’, ‘tachar, borrar’, ‘atestar’ (‘dar con la cabeza’) y la desusada ‘declarar o afirmar algo como testigo’.

Además, incluye con ese mismo significado de ‘someter a prueba o control’ la variante testear, que se usa sobre todo en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay.

Si se prefiere evitar ese verbo, que en esta acepción viene del inglés to test, se recuerda que hay otros que pueden expresar la misma idea en distintos contextos: examinar, controlar, analizar, probar, comprobar, experimentar, ensayar…, así como construcciones como someter a control, someter a prueba, hacer un ensayo…

En todo caso, frases como

  • «Los ingenieros han testado estructuras similares a las usadas en los edificios californianos» o
  • «Los medicamentos se testean durante años antes de salir al mercado»

pueden considerarse correctas.