[Hum}– Magia

Después de una pelea, la mujer, llorando, le dice al marido:

—¡A este matrimonio le falta magia!

Y el marido contesta:

—Entonces ¡desaparece viernes, sábado y domingo!

[LE}– Insultos: Huevón

11/02/2015

A. S. Moya

Pasear la holgazanería por bandera es un mal endémico demasiado extendido en estos tiempos que corren.

Aunque suene paradójico, son muchos los casos de individuos que presumen de sacarle réditos al hecho de escaquearse.

Y no se trata de hacerle un guiño a la diosa fortuna, tan ansiada y tan de moda en un contexto marcado por el auge de las desdichas, sino de hacer un alegato en favor de la no siempre valorada cultura del esfuerzo.

Para ello, resulta necesario desenmascarar al huevón, al individuo, que tal y como explica Pancracio Celdrán en «El Gran Libro de los Insultos», es «tranquilo, perezoso y torpe» y «cuya cachaza y escasa energía exaspera a quienes le rodean y tratan».

En palabras del autor también se desprende otro significado que bien puede suponer un peligro ante cualquier imprevisto de riesgo que surja. «Se predica asimismo del bobalicón, sujeto sin reflejos o de reacciones lentas que por nada se inmuta». O de un hecho demasiado tortuoso como para no afrontarlo con honor, «el huevón alude además al calzonazos que puede terminar cornificado, eventualidad que no le saca de su arrobamiento y pasmo».

Sin embargo, lo realmente increíble proviene de su parentesco con una modalidad de tonto pasmón o tonto (de) los huevos.

«Se tiene en mente los testículos, a los que se alude en metáfora formal equivalente a esas utilísimas piezas anatómicas gemelas que el macho tiene dando escolta al pene, y que en el caso de estos sujetos son de tamaño superior al ordinario por estar siempre ociosos, lo que a decir del vulgo ‘se los engorda’», precisa Celdrán.

El término deriva del verbo leonés hueverear (revolver), de donde huevero significa curioso y fisgón. También a quien es estúpido o imbécil. A pesar de que en países como Méjico o Nicaragua este vocablo significa persona animosa y valiente, es probable que su origen sea sudamericano.

En cuanto a su generalización en la cultura española, Juan Marsé escribe en «La oscura historia de la prima Montse»: ‘¡Pero este papanatas es (…) un huevazos!’.

Celdrán recopila los diferentes blancos de la ofensa según la región desde donde se apunte: «En Canarias llaman huevón a quien se muestra remiso en las cosas; cobardón, poco decidido, que no tiene sangre. En Málaga y otras provincias andaluzas llaman huevúo al sangregorda y cachazudo que con su pachorra desconcierta y saca de quicio. En la villa pacense de Oliva de la Frontera y otros lugares de esa zona dicen huevata al hombre extremadamente calmoso cuya pachorra saca de quicio a quien ha de sufrirlo. En la Ribera de Navarra llaman a estas criaturas cojonazos».

La copla dice de estos sujetos:

Pareces un guajadero,
gustas de verme enfadada,
rapaz, lampizo, huevón,
babieca y de poca barba.

Fuente

NotaCMP.- En Venezuela se usa con la acepción de bobalicón, y a veces se escribe como se pronuncia: güebón, que suena más fuerte y feo.

[LE}– ‘Fe’ se escribe sin tilde

11/02/2015

El sustantivo fe se escribe sin tilde por tratarse de una palabra monosílaba.

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

  • «Zekri sugiere a las autoridades francesas reforzar la seguridad en los templos donde se practica la fé islámica»,
  • «Un agente dio fé de los hechos y ordenó el traslado del cuerpo» o
  • «Trágico accidente en Santa Fé por el choque de un auto con un micro».

Tal como indica la Ortografía de la Lengua Española, salvo en los casos de tilde diacrítica, «las palabras de una sola sílaba no se acentúan nunca gráficamente […]: mes, bien, sol, me, ya, son, fe, fue, vio, dio».

En el caso concreto de Santa Fe, se recuerda que ésta es la grafía adecuada para referirse a una ciudad y una provincia de la Argentina, así como a la capital del estado estadounidense de Nuevo México, tal como señala el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir 

  • «Zekri sugiere a las autoridades francesas reforzar la seguridad en los templos donde se practica la fe islámica»,
  • «Un agente dio fe de los hechos y ordenó el traslado del cuerpo» o
  • «Trágico accidente en Santa Fe por el choque de un auto con un micro».

Fuente

[Hum}– General gallego

El general gallego encargado de la sección de logística, al ver la nómina de los sueldos de los soldados, le dice al cabo que se encarga de pagarla:

—Bueno, cabo, ¿y quién coño es ese Total que cobra más que yo?

[LE}– ‘Las mejor vestidas’, y no ‘las mejores vestidas’

06/02/2015

Las palabras mejor y peor se mantienen invariables cuando aparecen antes de un participio, pues ahí son adverbios comparativos de bien y mal: bien/mejor vestidas y mal/peor vestidas.

Sin embargo, en los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

  • «Blanca Suárez, considerada una de las mejores vestidas en 2014»,
  • «Las mejores vestidas de los Globos de Oro 2015» o
  • «María Valverde y María León, entre las peores vestidas de los Goya 2013».

El Diccionario Panhispánico de Dudas indica que, en estos casos, mejor y peor son las formas comparativas de bien y mal, por lo que funcionan como adverbios y, como tales, no varían en número.

Lógicamente, este criterio se aplica asimismo cuando mejor y peor anteceden a otros participios: «Las generaciones actuales son las mejor preparadas», en vez de «… las mejores preparadas».

Así pues, en los ejemplos iniciales lo apropiado habría sido escribir 

  • «Blanca Suárez, considerada una de las mejor vestidas en 2014»,
  • «Las mejor vestidas de los Globos de Oro 2015» y
  • «María Valverde y María León, entre las peor vestidas de los Goya 2013».

Cuestión distinta es que mejor y peor sean las formas comparativas de bueno y malo, caso en el que se consideran adjetivos y, por tanto, concuerdan en número con el sustantivo al que acompañen y pueden escribirse en plural: prendas buenas/mejores, vestidos malos/peores.

Fuente

[Hum}– Para los que vuelan mucho

Durante un vuelo comercial, a un piloto veterano de la Fuerza Aérea le tocó de compañera de asiento una joven madre que lleva en brazos a su bebé. Cuando éste comenzó a llorar durante el descenso para el aterrizaje, la mamá, de la forma más discreta que pudo, comenzó a amamantarlo.

El piloto fingió no ver nada de eso, y, al momento del desembarque, galantemente se ofreció a ayudar a la joven madre con el manejo de las pertenencias del niño.

Cuando ésta le dio las gracias, el piloto le dijo:

—Tiene usted un bebé muy lindo, y ¡tenía mucha hambre!

Un tanto avergonzada, la madre explicó que el pediatra le había dicho que el tiempo que el bebé pasara mamando ayudaría a aliviar la presión en sus oídos

Moviendo su cabeza, el piloto dijo:

—¡Y todos estos años yo he estado mascando chicle!