Pedro invitó a cenar en su casa a Federico, su mejor compañero de trabajo. Ambos salieron de la oficina las 6:00 p.m. y en el carro de Pedro se dirigieron a la casa de éste.
Al llegar, la esposa de Pedro comenzó a gritarle a su marido mientras que él y su amigo Federico se sentaban cómodamente en la sala.
—¡No estoy maquillada y todavía no me he peinado! ¡la casa está totalmente desordenada! ¡aún no he lavado la loza! ¡todavía estoy en pijama y no he preparado nada de comer para la cena de hoy! ¡¿para qué diablos se te ocurrió traer a tu amigo a casa?!
Respondió el marido:
—Porque él está pensando en casarse.

JA JA JA- ¡QUÉ BELLO CONSEJO PARA EL AMIGO!
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No sólo bello, Olga, sino altruista, previsor, desinteresado (quien lo dio predicó con el ejemplo) y apegado a una de las obras de caridad: enseñar al que no sabe.
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¡Buenísimo!
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