8 comentarios sobre “[*ElPaso}– La Brisa vista, en pleno apogeo, desde La Cumbrecita”
Inspirado por efluvios de brisas transatlánticas has logrado un bellísimo y completo reportaje sobre la brisa mensajera y bandera blanca, señera de nuestro pueblo. Gracias por los recuerdos.
La canción, bellísima, con música adecuada y letra emocionante. Begoña me dice que te comunique que has removido algo en su interior.
Y de nuestro nieto Javier, a quien se le llenaba la boca al pronunciar «El Passsoo», cuando aún era pequeño.
Y con su profesor de matemáticas —Antonio Valcárcel, hijo del padre del mismo nombre que fue el telegrafista del El Paso, a quién, como sabes, «ayudé» con las matemáticas para sus oposiciones, en las que obtuvo el nº 5 de toda España, por su tesón, más que por mi ayuda— todavía mi nieto presume de tener un abuelo de El Paso,.
Inspirado por efluvios de brisas transatlánticas has logrado un bellísimo y completo reportaje sobre la brisa mensajera y bandera blanca, señera de nuestro pueblo. Gracias por los recuerdos.
La canción, bellísima, con música adecuada y letra emocionante. Begoña me dice que te comunique que has removido algo en su interior.
Gracias por compartir tus sentimientos y tu arte.
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Gracias, Luan Antonio, para ti y para Begoña. Es que nuestro pueblo es nuestro pueblo, ¿o no?
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Pero lo de El Paso es cuestión de genes marcados
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Y también de contagio; si no, ¿cómo se explica lo de Begoña? 🙂
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Porque «el corazón tiene razones que la razón ignora».
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«Razones» que fueron formándose por la exposición a la Brisa, al paisaje, al gofio, al habla, a las fiestas, etc., o sea, por contagio. 🙂
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Y de nuestro nieto Javier, a quien se le llenaba la boca al pronunciar «El Passsoo», cuando aún era pequeño.
Y con su profesor de matemáticas —Antonio Valcárcel, hijo del padre del mismo nombre que fue el telegrafista del El Paso, a quién, como sabes, «ayudé» con las matemáticas para sus oposiciones, en las que obtuvo el nº 5 de toda España, por su tesón, más que por mi ayuda— todavía mi nieto presume de tener un abuelo de El Paso,.
¡Las vueltas que da la vida!
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Recuerdo la anécdota del hijo del telegrafista, mas no sus caras, ni la del padre ni la del hijo.
Y te envidio, porque, por los vientos que soplan, moriré con el desconsuelo de que mis nietos conozcan El Paso.
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