[*Otros}– Antonio Vidal, el hombre que pudo haber evitado la dictadura de Franco

18/07/2013

Israel Viana

Tres días antes de la sublevación, tres Canarios casi asesinan a Franco en un plan ideado por este anarquista catalán.

¿Puede el lector imaginarse que la Guerra Civil española no se hubiera producido? ¿Que no hubieran muerto el más de un millón de personas que cayeron como consecuencia de los combates y la represión? ¿Qué habría sido de la historia de España sin este episodio cruel?

(Antonio Vidal)

Todas estas preguntas podrían haber sido respondidas si cuatro días antes del inicio de la guerra, de la que hoy se cumplen 77 años, Antonio Vidal hubiera llevado a cabo con éxito su plan de asesinar a Franco en Canarias.

Muchas organizaciones —desde anarquistas a falangistas, pasando por republicanos o independentistas— se plantearon esta misma posibilidad después del 39 para poner fin a la dictadura, pero, en contra de lo que pueda pensarse, los primeros intentos se remontan a los días previos al 18 de julio de 1936.

Franco, por aquel entonces comandante militar de Canarias, no había conseguido mantener a salvo, entre las cuatro paredes de su despacho en la sede de la Comandancia de la capital tinerfeña, la información referente al golpe de Estado que planeaba. No fue un secreto especialmente bien guardado, por lo que llegó hasta los oídos de la CNT, de la Defensa Confederal de Canarias y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI).

Estas organizaciones contaban entonces con la ayuda de Antonio Vidal, un destacado intelectual anarquista catalán que vivía en Santa Cruz de Tenerife, considerado el cerebro de este primer intento de atentado contra Franco, según cuenta el investigador Canario Ricardo García Luis en «Crónica de vencidos» (La Marea, 2005), donde recoge varias primeras fuentes de lo acontecido aquellos días.

El traidor

Franco llevaba pocos meses en la capital tinerfeña, pero ya intuía que cualquier día de ésos podría ser objeto de un atentado, por lo que tomó sus precauciones, como dormir con las puertas y ventanas cerradas a cal y canto, a pesar del calor.

La decisión de asesinarlo había sido tomada por varios miembros del Comité Confederal de Canarias y la FAI en una «desafortunada» reunión en la que no contaban con la presencia de un compañero anarquista que iba a traicionarles, informando de las intenciones de Vidal y sus compañeros a los altos mandos militares involucrados en la sublevación.

Tal vez el traidor, del que no se ha averiguado el nombre, no se planteó su perfidia entonces y, simplemente, cambió de opinión cuando le advirtieron de que, una vez Franco se hiciera con el poder, sería detenido y fusilado.

Según García Luis, uno de los anarquistas que participó en el intento la noche del 14 de julio del 36 fue Antonio Tejera Alonso, conocido como «Antoñé», un anarquista de Santa Cruz de Tenerife.

El segundo colaborador fue Martín Serarols Treserras, apodado «El Catalán», que fue fusilado el 9 de enero de 1937 por pertenecer al Comité de Defensa Confederal de Canarias. Nunca se averiguó tampoco el nombre del tercer brazo ejecutor del plan de Vidal.

«¡Socorro, auxilio, pistoleros!»

Al anochecer del 14 de julio de 1936, estos tres anarquistas se escurrieron por la trampilla que conectaba una cantina cercana con las dependencias que ocupaba Franco.

A través de la azotea, primero, y de un corredor de la Comandancia Militar, después, llegaron a la puerta que daba a la habitación del futuro dictador.

La idea era abrir la puerta y liquidarlo de inmediato, pero Franco se encontraba en el interior con la puerta cerrada por dentro, alertado como estaba de las intenciones anarquistas.

Antoñé, Serarols, y el tercer compinche no se lo pensaron dos veces e intentaron forzar la puerta, pero el general se percató de inmediato del ruido y, según la versión aportada por Antoñé en el libro de García Luis, comenzó a pedir auxilio a grito pelado: «¡Socorro, auxilio, pistoleros!».

Aquello provocó la huida de los anarquistas, que consiguieron escapar rápidamente, a pesar de encontrase a escasos metros de su objetivo, sin ser vistos.

Otros escritores de la época dieron otras versiones diferentes de cómo se produjeron los hechos, pero ninguna duda de que ocurrieron. Entre ellos, el biógrafo de Franco, Joaquín Arrarás, o el teniente general Francisco Franco Salgado-Araujo, en su libro «Mi vida junto a Franco».

Cuando se descubrió la participación intelectual de Antonio Vidal, éste evitó que lo detuvieran ocultándose bajo una lápida del cementerio de San Rafael y San Roque, de Santa Cruz de Tenerife, consiguiendo después huir.

Tras aquello, inició una brillante carrera como espía al servicio de la República, pero Franco consiguió dar su golpe de Estado y, en 1939, perpetuarse en el poder para los siguientes cuarenta años.

Fuente: ABC

2 comentarios sobre “[*Otros}– Antonio Vidal, el hombre que pudo haber evitado la dictadura de Franco

  1. Es curioso suponer que la eliminación física de Franco hubiese evitado la guerra civil. Tal vez la insurrección hubiese quedado momentáneamente sin líder, pero las causas de la misma existían debido a la anarquía reinante en la mal llamada República española, especialmente en el período 1933 al 36, lo que hubiera hecho estallar la revuelta en una u otra forma.

    En cualquier caso cabe preguntarse qué fue lo menos trágico: a) La guerra civil, o b) el desastre al que hubiera llevado a España la (repito) mal llamada República existente.

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  2. Lo menos trágico hubiese sido mantener la legitimidad de la República y no acosarla constantemente para matar más de un millón de personas con la única intención de que gobiernen la banca, la Iglesia y el gran capital, o sea, los mismos que gobiernan ahora. Nunca una barbaridad se puede justificar con otra barbaridad.

    Por otra parte, el líder del golpe militar no era Franco, sino Sanjurjo, que “casualmente” muere en accidente de aviación al ir a ponerse al frente de semejante salvajada. “Casualmente” también murieron en accidente de aviación el general Mola, que era un posible rival de Franco para asumir el liderazgo de la barbarie, y su hermano Ramón Franco, que era un poco díscolo en lo político.

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