[*Opino}— Se insiste en que el resfriado no tiene remedio, pero…

03-10-12

Carlos M. Padrón

No soy médico pero me gusta compartir los hechos de salud, y remedios asociados, que en mí han probado ser reales y que funcionan, como ya hice con lo de las vibraciones en la pelvis.

El artículo que copio más abajo viene a decir que ni resfriados ni catarros —los tratan como iguales— tienen cura, lo cual me permito poner en duda.

Desde los años ’80s comencé a padecer de resfriados frecuentes. Consulté con médicos y más médicos, pero ninguno logró dar con la solución a este problema que llegó a afectarme hasta dos veces en un mismo mes, con duración de una semana cada vez, confirmando así lo de que un resfriado tratado dura una semana, y sin tratar, siete días.

Después de mucho analizar descubrí que me venían a raíz de un cambio brusco de temperatura, en especial de calor a frío, y lo único que pude hacer fue tratar de prevenirlos, casi nunca con éxito, manteniéndome siempre abrigado, a pesar de que vivo en un país en el que hace calor casi todos los días del año, así que eso de salir a la calle en mangas de camisa, aunque fuera a mediodía, ha sido un lujo que por años no he podido permitirme.

Algunos médicos llegaron a la conclusión de que se trataba de una reacción alérgica, y desde comienzos de los ’90s empecé a tomar antialérgicos cada vez que notaba los síntomas, y a veces éstos desaparecían si yo tomaba el antialérgico dentro de al menos unos 15 minutos de haber comenzado la amenaza. Si no, el resfriado ganaba una vez más.

Lo curioso era que, cuando yo tenía suerte, aproximadamente una hora después de tomar el antialérgico todo volvía a la normalidad como si nada hubiera ocurrido; algo que era —y es— casi irritante.

Desde entonces llevo siempre conmigo el antialérgico de turno. Recuerdo que comencé con uno llamado Polaramine, y el que uso al momento se llama Talzic.

Con el tiempo descubrí una relación directa entre una situación de estrés y la aparición de los síntomas del resfriado, o, dicho de otro modo: cualquier evento que baje mis defensas dispara el inicio de un resfriado.

Y así, en este tejemaneje he estado por años.

En marzo del pasado 2011, al llegar a Canarias tuve una seria situación de estrés tan violenta que ni el Talzic pudo hacer nada. El consiguiente resfriado me duró hasta finales de junio porque la situación en cuestión se reforzaba con nuevos eventos, y no salía yo de una para entrar en otra.

A finales de junio/2011 fui a mi cita periódica con el endocrinólogo, le conté lo que me había pasado, y tal vez porque nuestra relación es ya de vieja data me dijo que, a pesar de ser él un médico “ortodoxo” me recomendaba que fuera a ver a un homeópata, pero a uno en especial que, muchos años atrás, había curado a su hija pequeña —hoy mujer hecha y derecha— de una perniciosa afección que ninguno de los muchos médicos a los que él había llevado a su hija pudo curar.

Con ese homeópata por él recomendado había estado yo en tratamiento en 1990, pero en un viaje de trabajo que hice entonces a México olvidé llevar los diminutos óvulos que los homeópatas mandan a tomar, y me sorprendió por asalto un resfriado de los más graves que he tenido. Ante esto, y como yo iba a seguir viajando, dejé de ir al homeópata.

Por la recomendación de mi endocrinólogo volví de nuevo en julio/2011. El homeópata recuperó mi historia de 1990 y comencé con él un nuevo tratamiento que duró varios meses.

Los síntomas que amenazaban con el comienzo de un resfriado fueron espaciándose en el tiempo y perdiendo fuerza, y cuando ahora aparece alguno —cosquilleo en la nariz o picor en la garganta—, si antes de 5 minutos tomo una pastilla de AirBorne, un complejo vitamínico que se disuelve en agua como el Alka-Seltzer, adiós a los síntomas; si me sobrevienen por causa de una clara situación de estrés, tomo el Talzic, o éste y el AirBorne, y así me he librado de resfriados desde aquél que terminó en junio del año pasado.

O sea, que ya llevo más de un año sin ellos, lo cual no ocurría desde antes de inicios de los ’80s. Eso sí: sigo con mis precauciones de andar abrigado, llevo siempre conmigo Talzic y, si viajo, también el AirBorne,… que en casa mantengo a mano en mi mesa de noche.

Además, descubrí algo que también me ha ayudado: no ducharme con agua caliente sino más bien fría. Así evito el paso de calor a frío al salir de la ducha.

Otra cosa curiosa es que el frío que me hace daño es el natural, el del medio ambiente; con el del aire acondicionado no tengo problema.

Al menos en éste mi caso, el resfriado tal vez no tenga remedio pero sí una forma eficaz de evitarlo.

El mes pasado salí dos veces a la calle en magas de camisa, y ni siquiera aparecieron síntomas.

***

03/10/2012

Silvia R. Taberné

El resfriado no tiene remedio

Otoño. Esa estación en la que lo mismo hace un frío inclemente, que al día siguiente un sol radiante. Días de caída de hojas y puede que de lluvia en una mañana que había amanecido despejada. Y, por supuesto, estación de resfriados por antonomasia.

Aunque los catarros pueden aparecer en cualquier época del año, es común que en los meses de septiembre y octubre las toses, estornudos, dolores de cabeza y de garganta se agudicen por los cambios climáticos, lo que hace que también sea el momento propicio para anunciar los ‘milagros’ de varios compuestos vitamínicos que, según explican, evitarán pasar por tan fastidiosos síntomas.

Pero la realidad se empeña en ser más terca. Esta vez es la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, la encargada de desmontar tales beneficios y llegar a la conclusión de que los suplementos de vitamina D no son esa ‘llave mágica’ que nos permita escapar de la cantidad o severidad de los resfriados.

Los resultados los sacan a la luz desde las páginas del ‘Journal of the American Medical Association (JAMA).

Ni reducen ni alivian

A la vista de los pocos estudios que se han realizado hasta la fecha sobre la efectividad de estos compuestos, el grupo capitaneado por el doctor David R. Murdoch realizó un ensayo aleatorio para examinar los efectos de los suplementos de vitamina D, tanto en la incidencia como en la dureza de los resfriados, escogiendo a un total de 322 adultos sanos, de los que la mitad recibieron estos suplementos, y la otra mitad sólo placebos, durante un total de 18 meses.

“El grupo que tomaba estos compuestos ingirió dosis orales de 200.000 UI [unidad internacional que mide la cantidad de esta sustancia] durante los dos primeros meses, y el resto de tiempo 100.000 UI. El grupo control recibía las mismas cantidades de placebo de la misma forma”, explica Murdoch, que analiza los resultados: “Atendimos a variables, como el número de infecciones respiratorias, la duración de los síntomas de cada episodio y el número de días que estos resfriados impidieron a las personas analizadas acudir a sus puestos de trabajo”.

Para este investigador, los datos hablan por sí solos. “Hemos encontrado que no hay diferencias, estadísticamente ni epidemiológicamente significativas, entre ambos grupos”, asegura, “En total, hubo 593 catarros del grupo de los suplementos de vitamina D, por 611 de los del grupo placebo, lo que no representa una diferencia a tener en cuenta”, indica el doctor Murdoch.

“El promedio de la duración de los síntomas era de 12 días en cada grupo, mientras que la media de abstención al trabajo por estos resfriados era de menos de uno también en ambos grupos”, afirma.

Resultados de esperar

Para varios especialistas los datos eran de esperar, más que nada porque, según dicen, vienen a confirmar lo que otros estudios ya han empezado a indicar. Siempre se está especulando sobre este tipo de complementos, y es cierto que estos meses son época propicia para que los herbolarios los vendan, pero la realidad es que no hay ninguna evidencia científica de que den algún resultado significativo sobre la prevención o alivio de los síntomas de gripe y resfriados fuertes.

El suplemento de vitamina D estudiado sí puede ser beneficioso para quienes tengan un déficit de esta vitamina y sufran enfermedades como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), pero si se trata de pacientes sanos, como son los estudiados, los resultados vienen a ser muy similares a los de otros compuestos que se venden como panaceas contra los catarros, como los compuestos de vitamina C, E, las equináceas o el zinc, que son los clásicos para atajar estos síntomas o tratar de prevenirlos.

Como en el caso de la vitamina D, los compuestos de vitaminas C o E no han demostrado, hasta el momento y de forma científica, ninguna efectividad especial. De forma preventiva, es cierto que, en algunos estudios, se ha observado una mínima reducción de los casos, pero realmente escasa; mientras que tomados cuando ya se notan los síntomas no han reducido ni el tiempo ni la severidad de los resfriados.

Sin embargo, en el caso de pacientes con estrés físico, como los atletas, sí parece que la vitamina rebaja la incidencia de resfriados, pero esto no es aplicable a la población general.

En cuanto a las equináceas, se presentan de tantas formas y con tantos compuestos que su efectividad es mucho más complicada de analizar. Aún así, tampoco se ha demostrado que acorten ningún síntoma ni tiempo ingeridas una vez se está resfriado. Igualmente, tampoco hay evidencia de que prevengan para nada. Además, en este caso hay que contar con algunos efectos secundarios, que no suelen ser habituales ni graves pero que hay que saber, como son los problemas cutáneos.

Los únicos que han demostrado algo más de eficacia son los suplementos de zinc. En este caso, hay evidencias de que tomarlos cuando se tienen los primeros síntomas acorta entre dos o tres días los resfriados, y también alivian sus síntomas, mientras que de forma preventiva reducen las consecuencias de los catarros, como puede ser el absentismo laboral.

Pero incluso aquí hay una advertencia: estos suplementos suelen ser muy caros, y hay que pensar en el costo-eficacia de ellos. Quizá ahorrarse dos o tres días de catarro salga demasiado caro, y más como están las cosas. Además, cuentan con efectos secundarios desagradables, como las náuseas.

Por todo ello, hay que plantearse si merece la pena tomarlos. Lo que hay que tener claro es que, a día de hoy, no hay forma de prevenir un catarro. Para la gripe y otras infecciones son eficaces las vacunas y, sobre todo, las medidas higiénicas, pero para los resfriados no hay nada.

Fuente: El Mundo

3 comentarios sobre “[*Opino}— Se insiste en que el resfriado no tiene remedio, pero…

  1. Muy bien, Carlos. Has sabido seguir la norma del Evangelio que dice “Médico, cúrate a ti mismo”. Y no es que todos debamos ser médicos en el sentido profesional de la palabra, pero sí conocer nuestro funcionamiento interno y nuestra respuesta a la agresiones del medio externo. Lo que nos prescribe un profesional sirve para ir descubriendo lo que tiene mejor efecto, como tú has hecho.

    Nada hay que añadir a lo que dices del estrés, pero el estrés también es diferente en cada individuo. Los cambios térmicos son un estrés para los que no tenemos bien la termorregulación, y ya has demostrado cómo se lucha contra esta deficiencia. Para combatir el estrés emocional no recomiendo el recurso fácil de los sedantes sino la propia relajación autógena, para la que hay que prepararse y saber hacerla con eficacia.

    Todo esto supone que los profesionales deben ejercer una Medicina muy individualizada y más difícil en la práctica, pero sí que ayudan a orientarnos en los medios terapéuticos, que son más eficaces para cada cual.

    Enhorabuena por haber superado tus tediosos y molestos resfriados.

  2. Gracias, Juan Antonio. Yo no diría que los he superado sino que he logrado manternlos bajo control, y ya por nada menos que 14 meses, lo cual es un record que, como dije, hace unos 30 años que se dio por última vez.

    Seguro estoy de que este domingo tendré que recurrir a mis remedios, y espero que me funcionen.

  3. Bueno, para los resfriados a mí me gusta tomar infusiones con yerbas medicinales. Estas cosas son de isleños, y mi abuela me las enseñó y sigo la tradición.

    Para el estrés, pues tomo tilo, pero directo de la mata para el recipiente. Lo tomo bien calentito y me ayuda al momento. Para eso tengo mi matica en el patio de la casa sembrada en maceta, tal y como también las tenía mi abuela canaria.

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