Publicose un certamen literario
en cierta capital,
tomando parte en él, del vecindario
lo más intelectual.
Mas era del certamen condición,
a todo concursante
habitar el país, pero, ¡oh, traición
del tribunal farsante!
Recibió mil trabajos admirables,
bellos y en sobre abierto…
Triunfó la envidia y premiaron, ¡miserables!,
¡¡el poema de un muerto!!
