02-11-2011
Roberto Alibardi
Viendo la publicidad reciente de “I go to Washington, too” vinieron a mi memoria muchas anécdotas —varias de ellas contadas por sus protagonistas, entre cerveza y cerveza— de las vivencias y penurias de muchos de mis compañeros de trabajo al tener que lidiar con el idioma Inglés (y con otros) en sus viajes de entrenamiento.
A los protagonistas los mencionaré sólo por un nombre.
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Por no pasar trabajos al momento de ir a comer, Alejandro buscaba siempre un fast food, donde lo único que había que hacer era señalar con el dedo y decir: “This”.
Un día, en algún lugar texano o similar donde todo es spicy, Alejandro decidió comer pollo y, señalando un menú, dijo el consabido “This”.
La pregunta inmediata de la persona tras el mostrador fue: “Do you want it hot?”.
La respuesta de Alejandro fue más inmediata aún: “Yes, yes, very hot!”. Y para sus adentros comentaba “¿Es que éste se cree que en Caracas comemos pollo frío?”.
Pues ese día Alejandro NO comió pollo.
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Con lo poco que de inglés había aprendió Helmer en la academia, había creado su propia chuleta, y a toda frase o pregunta confusa contestaba con un “Yes, man. Yeah, man!”.
Contaba el propio Helmer que, al llegar en USA a un puesto de control de inmigración y presentar su pasaporte, el agente de que lo atendió, un tipo de sonrisa amplia, le fue haciendo las típicas preguntas del dónde, cuándo, cómo, por qué, etc.
Helmer, también con una amplia sonrisa, respondía con su ”Yes, man. Yeah, man! ”…. “Yeah, man” y más “Yeah, man!”.
De repente, el agente se puso muy serio y exclamó: “WHAT!?».
Esta vez, lo único que a Helmer se le ocurrió responder fue “NO MAN, NO MAN!”.
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Esta anécdota la viví personalmente.
Coincidí con Pedro (un maracucho) en un curso en Toronto.
Él no se despegaba de mí alegando que entendía muy bien el inglés pero que le costaba un poco hablarlo.
En clase teníamos, en cada escritorio, una pantalla y un teclado que emulaban consolas de sistema de algún mainframe.
Al pasar de la teoría a la práctica, el instructor empezó a dictarnos algunos comandos para practicar.
De repente, el instructor, al percatarse de que Pedro no tecleaba nada, le dijo:
—Press di ei.
Y Pedro,… nada.
—Press di ei ki—, le insistía el profe.
Pero Pedro no hacía nada.
—¡QUE PISES LA TECLA ‘A’!—, le grité desde el fondo del salón.
—Sorry, maybe my English is not so good—, comentó enseguida el profe.
Y así continuamos el aprendizaje (¿?).
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Ésta la escuché en Campina (Brasil) de boca de un joven de nombre Joao.
Lo enviaron a un curso en Alemania a la planta de S/38.
Los IBMistas de allá, conscientes de las falencias de Joao con el idioma alemán, lo buscaron en el aeropuerto, lo ayudaron con el alquiler de carro, y lo acompañaron al hotel.
Cuenta Joao que, al despertar al día siguiente, que era domingo, desayunó y se lanzó a la calle con su carro para “orientarse”.
Después de muchas vueltas decidió volver al hotel,… pero no había forma de que encontrara cómo regresar.
Al llegar a un cruce le pareció muy familiar el nombre de la calle; es más, estaba convencido de que era el mismo nombre de la calle del hotel: “Einbahnstrasse”.
Anduvo un par de calles más y, de repente, vio un cruce a la derecha con el cartel “Einbahnstrasse”, así que cruzó a la derecha y siguió.
Después de varios cruces más para tomar la calle “Einbahnstrasse”, no le quedó más remedio que darse por perdido.
Más tarde, ese mismo día, aprendió que “Einbahnstrasse” quiere decir «un solo sentido», o sea, «One way«.
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Ésta es la historia de Antonio, quien en su primera salida de Venezuela para ir a un curso, aterrizó en New York, pero, aunque viajaba solo, no pudo bajar del avión solo,… pues dos funcionarios del FBI lo fueron a buscar a la cabina.
¿Qué había pasado?
El FBI tenía en sus registros, y andaba buscando, a una persona con los mismos nombres y apellidos de Antonio, y la misma fecha (día, mes y año) de nacimiento.
Así Antonio tuvo que hacer gala de su mejor inglés desde el primer día.