[Col}> Ernesto Lecuona, hijo / Estela Hernández Rodríguez

17-10-2011

Ernesto Lecuona, hijo, intérprete y compositor de fama universal.

En un modesto hogar de Guanabacoa, La Habana, nació el 6 de agosto de 1895 un niño de doce libras de peso. Era un pequeño que, al pasar de los años, se convertiría en un genio de la música. Su nombre: Ernesto Sixto de la Asunción Lecuona y Casado.

Cuentan que este calificativo de genio tuvo que ver con la predicción de una negra, pobre y desamparada, de su natal Guanabacoa. El «¡Dios te bendiga, genio!» dicho por esa mujer delante de la cuna del niño Ernesto se convirtió con los años en una gran verdad, según cuenta el intelectual Orlando Martínez, uno de los biógrafos de Ernesto Lecuona, quien fuera además su amigo.

Ernesto Lecuona fue el iniciador de la auténtica visión de los valores afrocubanos en nuestra cultura, y nadie imaginó el alcance que tuvo tal predicción hasta que se convirtió en una realidad, pues Ernesto Lecuona compuso 406 canciones y 176 obras para piano, entre otras.

Ernesto Lecuona, así conocido por su nombre artístico, era hijo del periodista Ernesto Lecuona y Ramos, nacido en 1854 en Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias), quien se radicó en Cuba.

Luego de la muerte de Ernesto Lecuona padre, la familia trató de ofrecer a Ernesto Lecuona hijo la mejor instrucción posible, y éste comenzó a estudiar piano bajo la tutela de su hermana Ernestina, la que, simultáneamente, le enseñaba música, hasta que el niño Ernesto pasó a estudiar con otros profesores para llevar adelante sus conocimientos en esta especialidad, que sería su  brillante porvenir.

A pesar de que la familia no estaba mal económicamente existían razones para que él se buscase un futuro prometedor, pues había quedado huérfano de padre a temprana edad, y su madre estaba delicada de salud.

Así, Ernesto comenzó a trabajar en el cine Fedora, lo que despertó su afición por este nuevo arte, y en 1907, con sólo 12 años de edad, dirigía al grupo musical de ese cine, y en los intermedios hacían instrumentales.

Su primer recital lo dio a los 5 años, y a los 13 realizó su primera composición, la marcha two step titulada «Cuba y América» para banda de concierto. De ahí que le llamaran niño prodigio.

Estudió en el Peyrellade Conservatoire, y a los 16 años se graduó en el Conservatorio Nacional de La Habana con medalla de oro en interpretación.

Su vida se desarrollaba de forma ascendente hasta que, conociendo ya bien su trabajo, creó la primera orquesta latina que hubo en los Estados Unidos, la llamada Lecuona Cuban Boys.

En ese entonces, por su obra para piano fue considerado como el músico cubano más destacado, y se le comparó con los grandes de esa manifestación artística, como Manuel de Falla y Maurice Ravel.

También incursionó en el teatro lírico cubano, y con Gonzalo Roig y Rodrigo Prats formó la trilogía más importante de compositores, en especial del género de la zarzuela, en el que cabe destacar «Damisela Encantadora» y, entre sus canciones, «La Comparsa», «Malagueña», la «Rapsodia Negra», para piano y orquesta, además de su «Suite Española».

Una de sus obras, “Siempre en mi corazón”, fue nominada para el Oscar, premio que ese año ganó White Christmas.

Su música recorrió el mundo, y con ella dieron conciertos muchas personalidades. La interpretó el tenor Canario Alfredo Kraus, y, con una selección de piezas de Ernesto Lecuona, Plácido Domingo grabó un álbum al que tituló “Siempre en mi corazón”.

A su favor tuvo Ernesto Lecuona la crítica, que siempre hablaba bien de su persona.

Su música fue también llevada al cine en catorce oportunidades. Su zarzuela “María La O” se presentó en la pantalla del celuloide mexicano.

En la televisión, produjo en CMQ, y para la cantante Esther Borja, el programa “Álbum de Cuba», que se transmitió durante muchos años.

También en Cuba, la CMBF —emisora con una programación cultural informativa especializada en la difusión de música clásica, ballet, cine, teatro, artes plásticas, literatura y espacios de análisis sobre música y cultura general— tuvo el programa “Cómo recuerdas a Ernesto Lecuona”, programa, dedicado a este gran músico, en el cual destacadas personalidades hablaban de él y hacían un vivo retrato de su vida y éxitos.

Ernesto Lecuona expresó con talento e inspiración su cubanía, una identificación que dejó huellas en lo más profundo de su pueblo.

Su obra genial no puede quedar en el olvido. Está siempre vigente como un excelente legado, inclusive más allá de su muerte ocurrida a las 11:30 de la noche del viernes 29 de noviembre de 1963, en Santa Cruz de Tenerife, lugar donde había nacido, y donde también murió, su progenitor, Ernesto Lecuona y Ramos.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba)

[*Opino}– Steve Jobs: Murió el hombre,… y nació el mito

Carlos M. Padrón

Sé bien que lo que voy a decir molestará a más de uno, pero es lo que pienso y siento.

Murió Steve Jobs (q.e.p.d.); murió el hombre y nació el mito. Algo que sigue creciendo en los medios mundiales y que ya me resulta fastidioso, tal vez porque siempre he sido un tanto iconoclasta, rasgo que, por cierto, apareció en el resultado del test de personalidad que publiqué aquí hace días, en el que se dice que ni soy líder ni sigo a quien lo sea, que soy individualista, lo cual explica que, como en mi vida laboral yo encaraba hacia arriba y protegía hacia abajo, no fui muy popular entre algunos de mis jefes.

Esto no obstante, siento admiración y respeto por quienes hayan brillado en Ciencia, Medicina, salud, arte, cultura o dedicación a sus semejantes, y ya sea en forma de sólo conocimientos o de logros prácticos. En esa lista tengo a Ghandi, Einstein, Flemming, Tesla, Churchill, Teresa de Calcula, Michelangelo, Leon Tolstoi, José Ortega y Gasset… por nombrar a sólo muy pocos.

Pero en esta lista no encuentro posición para Steve Jobs, como tampoco la encuentro para Bill Gates ni para Soros ni para Onassis ni para ninguno que haya dedicado su vida a hacer dinero sin que su trabajo haya aportado a la Humanidad algo más sustancial o trascendental que comodidades o facilidades materiales.

Cuando escuché el discurso pronunciado por Jobs en la Universidad de Stanford me pareció muy bueno, pero no puedo acreditarle los méritos de esa pieza oratoria, tal como lo han hecho los medios, porque acerca de discursos dados por personajes famosos aprendí bastante durante mi asignación en los HQ de IBM-A/FE (New York) en 1978.

Por tanto, cuando me garanticen que ese discurso fue realmente escrito por Jobs, le rendiré el tributo que, sin mayores averiguaciones, se le rinde desde que lo pronunció.

Muy poco o nada de lo que ha ganado para Steve Jobs (Apple), para Mark Zuckerberg (Facebook), para Jack Dorsey (Tweeter) y para otros, la fama de que gozan habría sido posible sin la internet, pero en honor de quienes inventaron esa maravillosa recnología, o la WWW (WorldWde Web), no he visto todavía ni el 1% de las alabanzas, películas incluidas, que le llueven a Jobes, Zukerberg, Dorsey y demás.

No es mi intención restar méritos a ninguno de ellos; sólo destacar la enorme desproporción entre lo que han hecho y las exaltaciones y alabanzas que por eso se les dedican.

Entiendo que los jóvenes devoradores de tecnologías  expresen por Jobs la devoción que han expresado, pero no la comparto.

Esos logros no me impresionan tanto como, por ejemplo, lo hecho por el personaje que protagonizó lo contado en el artículo que sigue por la  exIBMista Rebeca Perli , y publicado en el diario El Universal (Venezuela).

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11 de octubre de 2011

El héroe ciclista

Rebeca Perli | El Universal

Gino Bartali fue un notable ciclista italiano nacido en julio de 1914 en el seno de una humilde familia. Su trabajo en un taller de reparación de bicicletas le valió la posesión de una de ellas, con la que recorrió los accidentados terrenos de la región.

A partir de 1935 comenzó a destacarse en el ciclismo profesional, y en 1938 ganó el Tour de France para Italia, entonces bajo el régimen fascista, lo cual, por una parte, complació a Mussolini y, por la otra, marcó a Bartali como deportista del régimen.

Durante 1943 y 1944, y a pesar de que, debido a la guerra, estaban prohibidas las competencias, Bartali continuó su entrenamiento recorriendo montañas y caminos escarpados con relativa tranquilidad dada su conocida afiliación política.

A lo largo de su vida obtuvo 91 victorias. Falleció en el año 2000 en su Toscana natal.

Un casual descubrimiento en el año 2003 reveló una faceta desconocida de Bartali: Sus recorridos de «entrenamiento» durante la II Guerra Mundial no tenían otro propósito que transportar en su bicicleta pasaportes falsificados que sirvieron de salvoconducto a judíos italianos refugiados en monasterios y conventos.

Así consta en documentos encontrados por los hijos de Giorgio Nissim, un judío de Pisa quien, con el apoyo de prelados de la Iglesia, coordinó una red clandestina de salvamento la cual evitó que más de 800 judíos fueran deportados a los campos de concentración nazi.

Bartali pertenecía a esta red y, arriesgando su vida en caso de ser detenido, se ocupó de transportar los documentos necesarios.

Gino Bartali, gloria del ciclismo, no sólo italiano sino universal, nunca hizo pública su hazaña, ni alardeó de su heroico comportamiento que merece en estas breves líneas un cálido homenaje.

[*Misc}– El nombre científico del volcán de El Hierro es 1803-02. ¿Discriminación, arbitrariedad u olvido?

Carlos M. Padrón

Esta nomenclatura asignada a los volcanes habidos en Canarias no la entiendo.

Según el artículo que sigue, el nombre científico del actual volcán en actividad en El Hierro es 1803-02 porque el 18 corresponde a la región (España); el 03 a la subregión (Canarias), y el 02 al número del volcán, pues el 01 es el Teneguía, en la Palma, y el 03 es el Teide, en Tenerife.

¿Y dónde queda, por ejemplo, el que hizo erupción en La Palma el 24/06/1949 y al que se le conoce por los nombres de Duraznero, Cumbre Vieja, San Juan o Nambroque?

¿Y cuál será el número que corresponda al próximo? ¿00?

Ni siquiera vale decir que la nomenclatura comienza en el siglo XX, pues El Teide es de mucho antes.

Esto no tiene sentido.

Veamos sólo año, nombres y lugares del algunos volcanes habidos en Canarias.

  • 1470 y 1472. Montaña Quemada, en La Palma.
  • 1492. Se dice que cuando en su primer viaje a lo que luego se llamaría América pasó Colón por Canarias, no quiso detenerse en Tenerife porque había un volcán en erupción —posiblemente el Teide—, y por eso se detuvo en La Gomera.
  • 1585. Tahuya, en La Palma.
  • 1646. Tigalate, en La Palma.
  • 1677. San Antonio, en La Palma.
  • 1730-1736. Timanfaya, Lanzarote.
  • 1909. Chinyero, en Tenerife.
  • 1949. Duraznero, Cumbre Vieja, San Juan, o Nambroque, en La Palma.
  • 1971. Teneguía, en La Palma.
  • 2011. La Restinga, en El Hierro.

O sea, que de esta pequeña lista sólo tres tienen nombre «científico». Pero la cosa empeora si echamos un vistazo al cuadro que sigue.

Volcanes Canarias

En fin, que esto del 1803-02 como nombre «científico» para el volcán actualmente en proceso en la isla Canarias de El Hierro me suena a discriminación, arbitrariedad u olvido.

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14/10/2011

El nombre científico del volcán de El Hierro es 1803-02

Un accidente geográfico, la mitología, el folclore o la imaginación popular son el origen habitual del nombre de los volcanes, que en el caso de El Hierro es conocido por los científicos con los números 1803-02.

Estas cifras identifican el volcán: el 18 corresponde a la región (España); el 03 a la subregión (Canarias) y el 02 al número del volcán, (el 01 es el Teneguía, en la Palma, y el 03 es el Teide, en Tenerife).

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La mancha verde revela la erupción volcánica

El catedrático de volcanología de la Universidad Complutense de Madrid, Eufemio Ancochea, ha señalado que la mayoría de los volcanes están relacionados con la mitología de los pueblos y con lugares sagrados.

En el hipotético caso de que surgiera una nueva isla volcánica como consecuencia de las erupciones en El Hierro, Ancochea ha afirmado que «no hay ningún criterio para darle un nombre, a no ser que los pescadores denominen de alguna manera a esa zona».

El área donde se han producido las dos erupciones es conocido como el mar de Las Calmas.

Hoy, el buque científico «Profesor Ignacio Lozano» llegará al puerto de La Estaca, en Valverde (El Hierro), para colaborar en la gestión y evaluación de las erupciones submarinas que se han producido en las proximidades de La Restinga.

Desde este buque se harán diversos perfiles verticales de parámetros físico-químicos y geoquímicos, así como de gases disueltos en las aguas.

Fuente: ABC

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-VII

– VII –

¡Oh, sí! Te vi bañar
de la playa en las aguas nacaradas,
y con tu ser de formas delicadas,
allí jugaba el mar.

Cual soñada sirena,
que está en la mente de inspirado artista,
formabas una estela como arista
llegando hasta la arena.

Entre blancas espumas,
cuando bajo las olas te creía,
tu cara angelical aparecía,
cual Febo entre las brumas.

Quedo el mar un momento,
tendida entre sus aguas reposabas,
y en éxtasis profundo contemplabas
el bello firmamento.

Figura vaporosa
o ninfa, de los mares parecías.
Nadando, muchas veces emergías
en forma caprichosa.

De nuevo tu cabeza
aparecía en las inquietas olas,
y entusiasmado contemplaba a solas
de tu ser la belleza.

Mas, en lapso apacible,
en reposo la mar, en un instante,
te vi sobre sus aguas, arrogante
como un ser intangible.

De fragancias esencia,
y extracto de lo bello en la hermosura,
de tu alto ser tal era la figura,
que sólo era inocencia.

Las líneas cabalísticas
y los perfiles de tu ser sonado,
le daban a tu cuerpo delicado
direcciones artísticas.

Ya en pie sobre la arena,
y envuelta en blanco manto, te enjugabas;
el oleaje extática mirabas,
con reto de sirena.

Más que ninfa dichosa,
angélica visión me parecías,
cuando sobre tus carnes extendías
tu cabellera hermosa.

Allí lo acariciaba
el aura, y por tu cuerpo seductor,
en mis ansias pletóricas de amor,
ansioso te miraba.

Y cuando a tu retiro
tornabas leda, de ventura en pos,
tenues olas enviábante un adiós,
y mi alma un fiel suspiro.

¡Oh, sí! Tu gran belleza
hizo en mi pecho el corazón latir,
y en mi cerebro un ideal surgir,
basado en tu grandeza.

Y además completaba
el valor do tu física hermosura,
la existencia de un alma bella y pura
que en tu faz reflejaba.

Dones que te dio el Cielo,
que en ti desde aquel día he contemplado,
y este sencillo canto han inspirado,
ansioso en mi desvelo.

Porque ores, bella flor,
el hada en quien pensaba con delirio;
por ti seguí el sendero del martirio,
la ruta del amor.

¡Oh, sí! Te vi bañar
de ribera en las aguas nacarinas,
y alcé para tus gracias peregrinas
en mi pecho un altar.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Historias paranormales / Leonardo Masina

14-09-2003

Leonardo Masina

Como empleado de IBM y por trabajo para IBM tuve que viajar bastante.

En la primavera de 1971 estuve en Londres un mes y me hospedé en un hotel cerca de Hyde Park.

Recuerdo que la encargada era un bella mujer de origen árabe, casada con el director del hotel, y que siempre me comentaba que tenía una prima en Venezuela que era una actriz de telenovelas (yo ni sabía quién era), y que algún día iría a Venezuela a visitarla.

Recuerdo también que en el hall del hotel había una de esas slot machines, y todas las noches, antes de irme a acostar, ponía yo una moneda en la máquina, halaba la palanca y me iba, y esta mujer me preguntaba por qué nunca esperaba a ver si había ganado.

La última noche, y ya que tenía que salir temprano para Greenock (Glasgow) por la mañana, les pedí que me tuviesen preparada la cuenta, e hice lo de siempre, pero cuando iba por el pasillo rumbo a mi habitación empezaron a sonar sirenas y campanas.

Me asusté porque pensé más bien en una alarma de incendio, pero resultó que yo había hecho el jack pot. Y en recepción me dijeron que por la mañana sacaríamos cuentas.

En efecto, cuando por la mañana fui para el checkout me encontré mi factura y un fajo de billetes. Era lo que me quedaba después de haber pagado el hotel, ¡y era una buena cantidad!

Al cabo de unos años, exactamente en el verano de 1974, volvía yo de un curso del S/7 Marítimo, en Bruxelles, y ya que lo último del curso era una práctica en el “Prince Philippe”, un ferry que hacía la ruta Ostenda Dover, en lugar de volver a Bélgica para luego irme a Paris y de allí a Caracas, me las arreglé para quedarme en Dover e irme luego a Londres para tomar un vuelo esa misma noche y así poder regresar a Caracas un día antes.

Como sufro de claustrofobia, en el avión intento dormirme para así desconectarme y viajar tranquilo.

Recuerdo que en ese viaje de regreso a Caracas cené y caí en un entresueño, y que cerca de mí estaba una mujer que no hacía más que hablar de espíritus, fantasmas, reencarnaciones, y cosas paranormales.

De repente hubo un gran estruendo y un salto en el vacío que no paraba; parecía la bajada de una montaña rusa. Una azafata se partió una pierna, y hubo algunos heridos más.

Cuando pude abrir los ojos me encontré en medio de gente rezando y, en mi entresueño, modestamente pensé: «Ya estoy en el Paraíso».

Luego me di cuenta de la realidad: había sido un vacío de aire muy grande, y el avión había perdido no sé cuánto de altura. Afortunadamente no pasaron cosas mayores.

Parece que ese susto le dio más ánimo a la mujer espiritista, pues con sus temas paranormales puso a todo el mundo con los pelos de punta.

De pronto recordé algo y le dije: «Yo sé leer la mente y el pensamiento». Y, haciendo un poco de farsa, le conté un poco de su vida: le dije que era egipcia, que trabajaba o había trabajado en un hotel, y que iba a Venezuela a visitar a su prima que era una actriz famosa, etc.

La mujer se acojonó tanto que nos dejó descansar todo el resto del vuelo, pues no volvió a abrir la boca, y así pude volver a dormir.

Cuando, poco antes de aterrizar, nos despertaron para el desayuno, la mujer tenía el aspecto de alguien que ha pasado una mala noche. Sus ojos parecían los de un búho, y no paraba de mirarme, pero no se atrevía a dirigirme la palabra.

De repente le pregunté:

—¿Cuántas personas hicieron el jack pot en la slot machine de su hotel?

Ella me contestó:

—Que yo recuerde, una sola: un muchacho que venía creo que de Venezuela.

Y le contesté:

—¡Ese muchacho soy yo!

Por poco me pega. Empezó a decirme de todo porque le había hecho pasar una noche terrible creyendo que de verdad yo podía leer el pensamiento.

Éstas son de esas casualidades que le pueden ocurrir a uno una sola vez en la vida,… como la de ganar el jack pot.   

[*Otros}– Diálogo entre Baldomero y Eulogia, una pareja de campesinos de Tazacorte (La Palma)

—¿De ande vienes tan alberejao, Baldo?

—Vengo del Puerto, Ulogia, y hablando ahí con uno ¡me dio una idea del carajo!

—¡Babaaan! Cuando tú me vienes con una idea mejor me echo corré por la serventía p’alantre

—Que no, Ulogia, que estuve hablando con mi compadre «el enturriao» y me dijo que por qué no
acotejamos el pajero y alquilamos los cuartos a gente de pa’fuera.

—Baldo, ¿¡tú tas loco!? ¿Y ande nos quedamos a dormir nosostros?

—Ulogia, nos quedamos en el cuarto chico que está detrás del pajero.

—Baldo, el cuarto chico está too lleno ‘e trafallos y tarecos, ¡¡buena chuscáa!!

—Eso s’acoteja y verás cómo nos cabe el catre y la mesa noche, Ulogia.

—¿Y la perra??

La perra se quea por fuera.

—¡¡Y una mierdaaa!!

—Yo le aquello una caseta tapaa con badana, y un dornajo por fuera y tú verás lo bien que está la perra, Ulogia.

—Pos no, ¡¡pa’too está!!

—Ulogia, que esto es el futuro, el turismo rurá que le dicen, y eso senefica unos tintines más pa’ nosotros.

—Pos yo no lo veo claro, Baldo, ¡eso de meté gente ajena en el pajero!

—Ulogia,… Y si m’apuras acotejo la cueva de los cochinos, como hizo El Vikingo en el Time, y la alquilo también.

—Baldo, tú, desde que te diste el samagaso en los plátanos regando al calabazo, ¡¡no andas bien del totiso!!

—Pos yo estoy embelecaito con la idea, Ulogia.

—¡Mía tú pa’rai! ¡Quién te vería a ti de empresario! Y mira que dejaste las lonas encima del muro de la cochinera y se te abicaron pa’dentro.

—¡Indito sía Dió! ¡Ay, que me las juran los cochinos, y son las que tengo pa’ dir a trabajar!

—No te aquelles, Manolo, que los cochinos se botaron pa’fuera del fatume que tenían las confiscaas lonas.

Cortesía de Roberto González Rodríguez

NotaCMP.- Por un módico precio mandaré por e-mail la traducción a quien me la pida.

 

[*Opino}> Los para mí fascinantes patos

Carlos M. Padrón

Como por años crié patos, pues esos animales me parecen fascinantes, estas fotos las entiendo muy bien y me traen gratos recuerdos. La última, en cambio, me da mucha lástima.

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Aún sin terminar de salir del cascarón, pero ya con sus ojos bien abiertos y listo para levantarse y echar a andar apenas despegue su culito del resto de yema que hay dentro de la cáscara del huevo, que es lo último que ocurre durante el nacimiento.

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Se dice que adoptan por madre al primer ser vivo que ven al nacer y que luego permanezca cerca de ellos. Es casi seguro que éstos nacieron en incubadora.

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Sí, hay países que dan prioridad a los animales que, como los patos, deben atravesar una vía pública para ir, por ejemplo, a un lugar donde puedan nadar.

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Pero a veces esa travesía encierra peligros que mamá pata no sabe anticipar, y entonces ocurre una desgracia.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Antonio López de Botas

El Excmo. e Iltmo. Dr. Antonio López Botas, de quien nos vamos a ocupar en este capítulo, nació en la ciudad de Las Palmas el 17 de diciembre de 1818.

Cursó sus estudios literarios este eminente hijo de las Afortunadas en la Universidad de San Cristóbal de La Laguna, con notable aprovechamiento, distinguiéndose siempre entre sus numerosos condiscípulos en todos los cursos universitarios hasta obtener en buena lid la investidura de doctor periodista y escritor público de gran talla.

Desempeñó siempre los más importantísimos cargos en todas las carreras de la Administración Civil y Política. Fue diputado a cortes en varias legislaciones; senador del reino, diputado, tesorero, y cinco veces decano del Ilustre Colegio de Abogados de Las Palmas. Juez de primera instancia y promotor fiscal del mismo Juzgado; 1854, magistrado de la Audiencia del territorio; 1856-1866, vocal de la Junta de Disciplina y Establecimientos penales; alcalde presidente del Excmo. Ayuntamiento; 1861-1868 diputado y consejero provincial;

1852-1858; presidente de la Junta Provincial de Sanidad; vocal de La Beneficencia; jefe civil y gobernador económico del distrito de Las Palmas y ministro honorario de la Junta de Establecimientos Penales de Suiza.

Falleció este benemérito Canario en la ciudad de La Habana, donde había sido nombrado para el desempeño de la Fiscalía del Tribunal de Cuentas.

Como méritos y servicios particulares tuvo López Botas los de individuo de la Junta Inspectora del Crédito Territorial Español; presidente de la Exposición provincial de Canarias, en 1862; socio de la de Bellas Artes de Las Palmas, y de la Aragonesa; individuo de la Sociedad de Escritores y Artistas Españoles; fundador y vice-presidente del Gabinete Artístico-Literario de Las Palmas; y otros varios cargos.

Estaba condecorado con un diploma de distinción; era caballero de la Real y distinguida orden de Carlos III, tenía la Cruz de Beneficencia de primera clase, y era caballero Gran Cruz de la orden de Isabel la Católica.

Pero demos la palabra al Eco de Canarias de La Habana, que, en el momento de tener noticia del fallecimiento del gran patriota, se expresó en estos términos elocuentísimos:

«López Botas no fue sólo un distinguido abogado, un notable tribuno, o un eminente literato; López Botas, traspasando los limites de la honrosa carrera, llevó más allá sus nobles aspiraciones, que realizó con resultados felices, para gloria suya y provecho del suelo que le vio nacer.

Hombre de sentimientos nobles, elevados, de gran iniciativa, dotado de un civismo poco común, de un alma ardiente, espíritu recto y emprendedor y filántropo por temperamento, consagró la mejor parte de su vida en beneficio de su pueblo natal, y en beneficio también de cuantos a él acudieron en solicitud de su inagotable filantropía.

López Botas pertenece al número de esos héroes que forman época en la vida de los pueblos. López Botas fue a la ciudad de Las Palmas lo que el inolvidable José María Pinto fue a la ciudad de La Laguna, en Tenerife. Estos mártires de la humanidad, estos esclavos del deber, colocando una infranqueable barrera a las preocupaciones monomaniacas de los tiempos que les precedieron, abrieron ancho campo al progreso en sus distintas manifestaciones, y fijaron en nuestra provincia el punto de partida de la nueva etapa que nos ha elevado al nivel de los pueblos mis civilizados del globo. El señor López Botas fue fundador, rector y director del colegio de primera y segunda enseñanza de San Agustín, en la ciudad de Las Palmas, creado en 1844, y del cual fue constante catedrático de filosofía moral, derecho público y derecho constitucional, gramática castellana, religión y moral, geografía, psicología y lógica; el señor López Botas, repetimos, obtuvo con la fundación de ese plantel modelo los más halagüeños resultados que pudo apetecer.

De aquel famoso establecimiento logró sacar hombres tan respetables como León y Castillo, Pérez Galdós, Alvarado y Saz, Gutiérrez Brito, y otros muchos que hoy brillan en el campo de las Letras, que deben a López Botas la exquisita educación que los ha elevado a la envidiable altura en que se encuentran.

Pues bien: este hombre, cuyos inmensos beneficios hechos a la humanidad lo elevaron a la más alta consideración social; el héroe incógnito de la Revolución de Septiembre, el más consecuente amigo del duque de la Torre, el educador incansable de esa moderna pléyade de Canarios ilustres; este distinguido filántropo, cuya inmensa fortuna de mejores tiempos se dedicó con suma preferencia a engrandecer a su pueblo y a enjugar lágrimas y ahora suspiros de miles de necesitados; este ilustre pensador y eminente jurisconsulto… ¡ha muerto pobre, sumamente pobre!».

La noticia del fallecimiento del eminente hijo de las Afortunadas fue comunicada al distinguido periodista Manuel Linares, quien inmediatamente se dirigió al Dr. Cubas, presidente de la Sociedad de Beneficencia, dándole conocimiento del desgraciado suceso, acordando lo conducente a inhumar con la dignidad debida el cadáver del que fue don Antonio López Botas.

En efecto, el Dr. Cubas, con una actividad y una solicitud que lo enaltecen, hizo que los restos del ilustre Canario fuesen conducidos a la casa que ocupaba nuestra Sociedad de Beneficencia, en donde se levantó un magnifico catafalco, y de cuyo punto, seguido de un numeroso y distinguido acompañamiento, entre los que figuran representaciones civiles y militares, y a la vez comisiones de distintas sociedades benéficas, fue conducido el cadáver al Cementerio de Colón y depositado, en magnifica caja, en la bóveda que en aquel recinto mortuorio posee el ya mencionado Dr. Cubas y en donde se hallaban depositados los restos de otro hijo eminentísimo de las Canarias, Ldo. León y Mora.