EN EL CEMENTERIO
¡Oh, triste cementerio:
en ti reposa la altiva, insana, sórdida ambición;
a ti sucumbe el fuerte corazón,
y el inmundo gusano le destroza!
En ti cubre al más rico fina loza,
y el pobre,… de la tierra en un rincón;
mas todo es vanidad, todo ilusión
que se pierde en las sombras de la fosa.
Por eso mi alma con dolor murmura,
mirando de la muerte despiadada,
secos despojos de brillante altura
en las tumbas, por última morada:
¡Todo baja a la triste sepultura,
convirtiéndose en polvo, en humo, en nada

Triste destino para el hombre que no tiene esperanza: es igual que ser un indigente el ser gerente o presidente. Es mejor morir en manos de un verdugo, en la horca o guillotina que agonizar en manos de médicos, cirujanos o quimiotina.
Por fortuna, existe la comunion con los sanados que de estas plagas podemos ser salvados los humanos y así librarnos para siempre en estos días de la inmunda maldicion de los gusanos.
EU Xaris
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«Disculpe que no me levante«,
reza un epitafio pedante,
no menos que este otro:
«Fuimos lo que eres,
y serás lo que somos«.
Don Pedro es, por tanto,
lo que seré yo en cuanto
¡quiero ser como mi abuelo!
pero sin tener por ello anhelo.
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