Debemos a la ilustrada pluma del erudito Dr. Vidal Morales y Morales —juez de Primera Instancia del Distrito Sur de Matanzas y hoy secretario ilustradísimo de la Excma. Audiencia en La Habana— la mayor parte de las noticias biográficas de este eminente hijo de Lanzarote, y que a continuación insertamos, dando realce a nuestro trabajo histórico, a la vez que ponen de manifiesto los antecedentes de nuestros compatriotas en el Nuevo Mundo, pues el
estudioso Dr. Vidal Morales, y en ello nos complacemos en consignarlo, es oriundo de Canarias, y tiene para los hijos de las Afortunadas grandes simpatías.
Francisco Guerra Bethencourt nació en la isla de Lanzarote, sien uno de sus tíos gobernador militar del Puerto del Arrecife. Realizó su educación en Inglaterra, regresando a su país después de haber concluido con notable aprovechamiento sus estudios en la capital de la Gran Bretaña. Más tarde pasó a Madrid, dándose a conocer como notable jurisconsulto y periodista.
Huyendo de la borrascosa política de la Península, pasó a Cuba, por los años de 1828 a 1829, fijando su residencia en la ciudad de Matanzas y dedicándose a la espinosa carrera de la enseñanza. Como maestro de humanidades —dice Vidal Morales—, regentó la cátedra de latinidad que costeaba el Ayuntamiento, y fue maestro de Federico y José Jacinto Milanés, de los Campuzanos, Gener, Tolón, Guiteras, y de otros distinguidos matanceros que después figuraron con brillo en la literatura cubana.
El ilustrado Francisco Calcagno, en su Diccionario Biográfico Cubano tributa merecidos elogios a nuestro compatriota, a la vez que nos da a conocer algunos rasgos de su vida que, unidos con los de nuestroamigo Morales y a los que nosotros hemos acumulado, damos a conocer en estas líneas.
Nuestro biografiado Guerra v Bethencourt fue uno de los fundadores del periódico La Aurora, de Matanzas, hoy el decano de la prensa cubana, y de dicho periódico fue primer redactor por mucho tiempo.
Entre sus trabajos más notables aun se recuerdan sus artículos que, en defensa de nuestro paisano Tomás de Iriarte y de los habitantes de las Islas Canarias, dio a luz combatiendo el juicio crítico que hizo el literato colombiano Félix M. Tanco, corredactor de la misma Aurora.
Entre sus traducciones inglesas se cita "El Profeta de San Pablo", novela histórica, por Lord Normando.
Fue amigo del esclarecido humanista, mecenas de los literatos cubanos, D. Domingo del Monte, y, obedeciendo a insinuaciones suyas, escribió para la famosa "Revista Bimestre Cubana", uno de sus artículos más notables: el juicio crítico del arte de hablar en prosa y verso, por Hermosilla.
Así mismo asistió al celebrado banquete en la quinta denominada Tívoli, con que los habaneros, presididos por Luz, Osés, Del Monte y Escobedo, festejaron al ilustre diputado catalán D. Tomás Gener, que había presidido la memorable sesión de las Cortes del año 23, en que fue depuesto por breves momentos el Rey D. Fernando VII por juzgársele como demente.
Vuelto a España, en enero de 1835, en tiempo de Calatrava, de quien fue grande amigo, se declaró asimismo ministerial y escribió, con el pseudónimo Palmario, artículos y folletos sobre la isla de Cuba, presentándose como partidario del sistema colonial, y a la vez que combatía a los diputados Montalvo y Saco, defendía al general D. Miguel Tacón.
Bethencourt llegó al fin de sus aspiraciones al ser nombrado miembro del Tribunal de cuentas de la Superintendencia de esta Isla.
En la Península ingresó en el partido Progresista, y escribió en el periódico La Estrella, según Calcagno, luminosos artículos bajo el pseudónimo «El canario». También afirma Calcagno que fue diputado a cortes por Canarias.
Los folletos políticos de Guerra Bethencourt, impresos en Madrid en el año de 1836, fueron Cuatro palabras en contestación al breve discurso del Excmo. Sr. Montalvo, procurador a cortes por la Isla de Cuba, pronunciado en la sesión de 15 de enero de 1836, y el titulado Despertar Patriótico, por Palmario.
A estos trabajos contestó, sin su firma, D. Domingo del Monte en otro folleto titulado La isla de Cuba tal cual es, Nueva York, 1836.
He ahí, a grandes rasgos, trazada la vida activa del laborioso y eminente jurisconsulto Francisco Guerra Bethencourt, una de las glorias canarias que honraron con su pluma el suelo de América.

¡Qué bueno tener conocimiento de estos asuntos!
La historia de Cuba no se puede escribir sin citar la influencia de los canarios. Desde pequeña los conocí, y mi padre me hizo sentir muy orgullosa de mi origen.
Cabaiguán no hubiera existido sin los inmigrantes de las Islas Canarias.
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Pues, Adela, ¡ahora es que quedan historias de canarios para publicar en Padronel!
Aunque siempre supe de la fuerte corriente migratoria hacia Cuba, nunca pensé que hubiera sido tan fuerte, ni que también tuviera peso en Uruguay, Louisianna, Texas, etc., etc.
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