[*FP}– Incapacidad de algunas mujeres para aceptar el rechazo amoroso

Carlos M. Padrón

Desde que yo tenía 12 años comencé a ganarme epítetos y comparaciones como “Tienes mucha letra menuda”, ”Eres un protestón”, y “¡Aquí tenemos a Pedro Padrón!” (que fue un tío mío, hermano menor de mi padre, al que no conocí pero que, dado el parecido que en varios aspectos tengo con él, escribiré algo al respecto algún día). Y me los gané porque yo objetaba dichos y principios que todos aceptaban sin rechistar. Por ejemplo, a eso de,

  • Madre no hay sino una”, yo replicaba que padre también hay sólo uno.
  • A la mujer, ni con el pétalo de una rosa”, yo respondía que si una mujer me enfrentaba como si ella fuera un hombre, como un hombre y como a hombre le respondería.
  • “¡La película es buenísima! Lloré desde el comienzo hasta el final”. Mi pregunta era que desde cuándo el arte se mide con cantidad de llanto, y eso enfurecía a sirias y a troyanas.
  • Y me burlaba de quienes usaban la estúpida expresión “¡Me extraña!” que por un tiempo fue usada, como respuesta o comentario a todo, por quienes se consideraban chic, o “in”, como se diría hoy.

Para colmo, yo declaraba públicamente cuáles muchachas tenían piernas bonitas y cuáles no, y como las segundas eran más que las primeras, cosechaba un buen lote de antipatías entre las féminas cuyas extremidades inferiores no merecían mi aprobación. “¡Nieto de su abuelo!”, me decían con despecho.

Una dama, ya mayor pero con unas piernas que parecían troncos de pino, me gritó un día en una reunión: “¡Ojalá a la mujer con la que te cases se le llenen de várices las piernas!”. O sea, como entonces se decía en El Paso, “me pidió una plaga”.

Y un par de años después comencé a ganarme también la antipatía de varios Curas porque yo ponía en duda y tela de juicio algunas de las cosas que ellos decían.

Una vez, creo que con motivo de la Fiesta del Sagrado, desde Santa Cruz de Tenerife trajeron a El Paso como predicador especial a un tal Padre Eguiraun —creo que se llamaba así, aunque no estoy seguro—, pero sí lo estoy de que se distinguía por su arrogancia.

Como yo formaba parte del grupo de Jóvenes de Acción Católica, un día el tal Padre Eguiraun nos preguntó a algunos de ese grupo qué opinábamos sobre sus sermones.

Ante el silencio que se hizo opté por contestar yo, y le dije que, en mi opinión, no estaba bien que los basara principalmente en Teología, pues gran parte de la gente que los escuchaba ni siquiera creía en Dios, por lo que me parecía que debería comenzar por destruir esa incredulidad si es que iba a continuar con el mismo tema.

Maldita la gracia que al Padre Eguiraun le hizo mi comentario, que luego, y no para suerte mía, llegó a oídos del párroco del pueblo.

Pero el tiempo me dio la razón, porque al año siguiente trajeron como predicador especial a un jesuita de apellido, si mal no recuerdo, Arriola. Los sermones de éste nada tenían de teológicos; trataban de problemas de la vida diaria que eran del interés de la mayoría de los feligreses.

A partir del primer sermón, a la iglesia comenzaron a acudir más y más personas, hasta que la llenaron. La sencillez, la claridad y la lógica del Padre Arriola eran de primera, estaban a la altura de los campesinos que conformaban la audiencia, y así se ganó la atención y el respeto de todos.

Para cuando yo tenía 18 años, eran varios los Curas que no me querían cerca, y por eso nunca pude ingresar en ninguno de los famosos Cursillos de Cristiandad que en la segunda mitad del decenio de los años ’50 estuvieron de moda. A quienes me apadrinaron para ver de que yo entrara en alguno de esos cursillos les decían, a guisa de explicación para no aceptarme, que yo era una amenaza.

Volviendo atrás unos años, poco tiempo después de haber dejado la niñez y comenzar a interesarme por las muchachas, dije que “Las mujeres son las niñas mimadas de la sociedad” (al menos allá se usaba entonces, para referirse al súmmum del mimo, la expresión “niña mimada”), y con esto me eché encima a todas las féminas de mi entorno y a buena parte de los varones.

Pero hoy, pasados más de 50 años, sigo creyendo lo mismo, y aunque sé que hay excepciones a lo que voy a decir, las que conozco no son suficientes para hacerme cambiar de opinión. Al contrario, son tan pocas que servirían para corroborar lo de que “la excepción confirma la regla”.

Lo de las niñas mimadas de la sociedad lo dije al percatarme de cómo las mujeres entendían una relación de pre-noviazgo entre dos jóvenes, pues si resultaba que el varón estaba enamorado de la muchacha, y que a ella no le gustaba él pero que, con insistencia, el muchacho trataba de hacerla cambiar de opinión, el comentario era, excepto si el muchacho tenía muy buena posición social: «¿Pero ese bobo no se da cuenta de que está molestando a la pobre muchacha? ¿de que a ella no le gusta él? ¿¡Por qué sigue rondándola como mosca de caballo!?».

Pero si el caso era al contrario, o sea, si resultaba evidente que a una muchacha le gustaba mucho un muchacho, pero él no le hacía caso, entonces el comentario era: «¿Es que ese bobo no se da cuenta de que ella está coladita [1] por él? ¿Por qué no le hace caso? ¿Dónde cree él que va a conseguir una mejor?».

Y este comentario tenía sus bemoles, pues movía a pensar que no siempre las mujeres estaban coladitas por su pareja —como, p.ej., cuando el muchacho tenía muy buena posición social,…— y que, por tanto, cuando lo estuviera era algo que el muchacho debería aprovechar. En fin, que como ella estaba coladita, pues había que complacerla como a una niña mimada.

Pero, sea como fuere, de todas, todas, las mujeres salían ganando.

Años después caí en cuenta de que ellas creían que lo que tienen entre las piernas es algo que TODOS los hombres desean, y que por lograr conseguirlo harían lo indecible. No importa que fueran tuertas, cojas, gordas, esqueléticas o malencabadas [2], TODAS creían eso como si fuera un dogma de fe. Ninguna podía suponer siquiera que hubiera un hombre capaz de rechazar una oferta amorosa de su parte, pues si la mujer se sabía fea, entonces, en su opinión, su valor residía en su belleza interior. Pero cuando su belleza exterior era notable, entonces la interior ni se mencionaba.

Tal vez la creencia de que lo que las mujeres tienen entre las piernas es algo que TODOS los hombres deseamos, y que, por tanto, ninguno rechazaría jamás la oferta de la posibilidad de obtener ese “tesoro escondido”, dio lugar entre muchas mujeres a la también creencia de que la entrega de ese preciado “tesoro” era lo que ellas tenían que aportar al matrimonio; el hombre tenía que poner todo lo demás.

Tal vez eso funcionó hace muchos años cuando las mujeres se mostraban forradas de arriba hasta abajo y la sola visión de un simple tobillo femenino era para un hombre un logro de alto valor afrodisíaco, y los acercamientos sociales entre novios tenían lugar bajo férrea vigilancia de la madre u otro familiar de la novia, etc. Pero hoy día, ¡por favor!

Sin embargo en el “hoy” —pues me refiero a hace apenas una década— vivió en El Paso una dama, casi enana, que ni en sus 15 tuvo atractivo físico alguno, por lo cual ningún hombre la cortejó, y permaneció solterona hasta su muerte. Era una de esas mujeres acerca de las que en Venezuela los hombres solemos decir que “Ni con uno prestado”, o sea, que el hombre que así se expresa declara que a esa mujer no le haría el amor ni con un pene prestado.

Ya en sus 60 y tantos, esta solterona sufrió una seria complicación y —acompañada de otra dama, por supuesto— tuvo que ir a una detallada revisión ginecológica. Cuando salió de ese para ella tan horrible trance, llorando a lágrima viva le decía a su acompañante,: “¡Tantos años tapándome y tapándome, para que ahora vengan a refistoliarme [3] toda! ¡Y no uno, sino tres hombres!”.

Esto me lo contaron como chiste, pero a mí me produjo ganas de llorar, pues, ¿qué carajo creía esa mujer que eran sus genitales? ¿El Santo Grial? Su queja no era porque le dio vergüenza abrirse de piernas —por usar la expresión popular— sino por tener que “rendirse” y acceder a que un hombre viera sus genitales, a desvelar el “sublime” secreto por tantos años guardado (aunque ni ella sabía para qué), y mostrar lo que, en su opinión, TODOS los hombres estaban locos por ver,… y por algo más. ¡Pobrecita! ¡Ni con uno prestado!

Tal vez por esa convicción acerca de lo irresistible y valioso de su atractivo personal, cuando una mujer se prenda de un hombre y éste no le corresponde, o le corresponde y después la deja, le crea a ella una situación de verdadero trauma, porque si bien los hombres asimilamos como normales los rechazos amorosos, las mujeres no.

Y si el hombre que las rechazó lo hizo para irse con otra, ¡ahí arde Troya! ¡Eso sí que a la pobre le resulta intolerable! Que él la deje, ya le es intragable, pero que la deje POR OTRA escapa a toda posibilidad de la más mínima aceptación. Tal vez porque la hace sentir derrotada por otra MUJER, y eso le resulta del todo intolerable.

Sin embargo, parece como más lógico que la reacción fuera al revés, pues si ella fue dejada por otra, cabe pensar que el hombre que la dejó le vio a esa otra más valor que a ella. Pero si fue dejada de plano, sin que hubiera otra, entonces cabe pensar que el hombre que la dejó no le vio a ella valor ninguno, y que aplicó lo de que es mejor estar solo que mal acompañado. Pero no, con las mujeres eso no funciona así.

Por esto, y como no creo posible, ni muchos otros lo creen tampoco, me parece de una hipocresía sin nombre el que cuando una mujer decide poner punto final a una relación amorosa con un hombre, le proponga a éste que queden como amigos; pero cuando es él quien toma esa decisión, no hay para ella amistad posible: u obtiene de él lo que ella quiere, o será su enemiga jurada para siempre. Por éste, y por detalles como éste, es por lo que no creo posible una verdadera amistad entre hombre y mujer,

Lo paradójico y hasta patético es que, a pesar de que la tan cacareada emancipación femenina ha dado lugar a que el sexo sea un producto “no regulado”, gratuito y de consumo masivo, aún hay muchas mujeres que siguen pensando así acerca de su “tesoro”, y siguen mostrándose incapaces de encajar el rechazo amoroso, lo que sugiere que se trata de una incapacidad no tanto cultural como genética.

Las muchas veces que fui rechazado ─incluso en el caso, poco frecuente, de mi primer amor─ me lo tomé con filosofía y apliqué mi principio de que no quiero conmigo a quien conmigo no quiere estar, pues lo contrario sería de mi parte imposición, abuso y falta de dignidad. Pero cuatro veces he sido yo quien ha rechazado, quien ha cortado una relación amorosa, y con ello me gané, que yo sepa, tres enemigas.

¿Y por qué no cuatro? se preguntará el lector. La respuesta es que en uno de los casos puse punto final porque yo me había drogamorado, pero ella —¡a Dios gracias!— no quiso llevar nuestra relación al próximo y lógico paso, con lo cual me permitió ganar tiempo y ánimos para zafarme de la droga. En cuanto me vi libre, me alejé sin más.

Pero bastó que yo me retirara para que comenzara de parte de ella un inusitado interés por mí, con un proceso de insinuaciones, mensajes, ofertas, petición de favores y otras trampitas cuya evidente finalidad era conseguir que yo volviera. Como nada de eso le dio resultado, y de vez en cuando vuelve a la carga, supongo que aún no me ha puesto en la lista de sus enemigos.

O sea, que hasta en casos así, en los que las mujeres deberían aceptar de buen grado que el hombre se retirara ya que ellas no quieren seguir adelante, no aceptan la ruptura,…. a menos que, como niñas mimadas, sean ellas quienes la causen, claro.

¿Vendrá de ahí eso de que las mujeres siempre tienen la última palabra?

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[1] Coladita: Perdidamente enamorada.

[2] Malencabada: Persona de cuerpo carente de proporciones armoniosas, torcida o contrahecha. Palabra del Léxico Pasense que he recopilado.

[3] Refistoliar: Meterse alguien a ver, buscar o averiguar, sin invitación o con intenciones aviesas. Palabra del Léxico Pasense que he recopilado.

 

[*Otros}– «Tacande», novela de Gregorio Javier Hernández González

06.10.08

SANTA CRUZ DE TENERIFE, 6 (EUROPA PRESS).- La obra literaria ‘Tacande’, del profesor de Biología, Gregorio Javier Hernández González, ha resultado ganadora de la vigésimo cuarta edición del Premio de Novela ‘Benito Pérez Armas’, instituido por CajaCanarias, según informó hoy la entidad bancaria en una nota.

El autor, nacido en La Palma, reside actualmente en Lanzarote tras haber vivido varias décadas en Tenerife, y concurrió a la convocatoria de este certamen, dotado con un único galardón de 15.000 euros, con la obra antes mencionada que presentó bajo el seudónimo de ‘M. Luzardo’.

El argumento de la novela galardonada se vertebra a partir de la muerte de Romo y narra la historia de su familia, dueña de una hacienda. En torno a esta familia se narran otras vidas que giran alrededor de la casona y sus plantaciones.

El jurado que emitió el fallo, al que se presentaron un total de 19 trabajos, estuvo integrado por el presidente de CajaCanarias, Álvaro Arvelo; la escritora Cecilia Domínguez Luis; el periodista y escritor Juan Cruz; y el catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de La Laguna, Juan Manuel García Ramos; entre otros.

En opinión de los miembros del jurado, «La novela presenta una estructura sólida y cuidadosamente hilada, y recuerda al realismo mágico que se respiraba en ‘Macondo’, el pueblo ficticio que recreó García Márquez en ‘Cien años de soledad’, o en ‘Comala’, el pueblo fantasma que ideó Juan Rulfo en ‘Pedro Páramo'».

Leyenda de Tacande

Para la elaboración de la novela, el autor se inspiró en La Leyenda de El Alma de Tacande.

Tacande es un paraje situado en el municipio de El Paso, en La Palma, y del que se cuenta la aparición de una mujer que regresó del ‘más allá’ y protagonizó una serie de fenómenos extraños durante 87 días en el año 1628.

El jurado argumentó que ‘Tacande’ se trata de una novela en la que las historias están «perfectamente enlazadas y cerradas» y donde la prosa es «ágil y rica en adjetivación, lo que le confiere a la novela una fusión muy interesante de historias articuladas a un núcleo central».

«Asimismo —continuó— la narradora tiene una voz interesante que lleva la narración con diversos cuentos, sentencias y reflexiones propias de su carácter, ya que es una mujer mayor, solitaria, partera y conocedora de los signos de la muerte».

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AQUÍ un vídeo de un programa de TV que, entre otros casos, habla sobre el de El Alma de Tacande.

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Cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote

[*Otros}– La estatua del cura Díaz en el corazón de La Palma / José G. Rodríguez Escudero

24-Agosto-2008

José Gruillermo Rodríguez Escudero

“Varón ilustre, sabio y virtuoso sacerdote, ornamento de la Iglesia Palmera. Lloremos pues, la memoria del hombre que la muerte acaba de arrebatar á nuestra querida patria, á su familia, á sus compañeros y á sus amigos. ¡Ojalá pudiera yo honrarla como él supo honrar su profesión y sus deberes. Si ha desaparecido de entre nosotros el Sr. D. Manuel Díaz, ¡que su nombre se conserve con todo el lustre y esplendor que reclaman sus virtudes y su mérito!¡Que su memoria sea eterna!”

El Time, (4 de octubre de 1863)

El Time, primer periódico de La Palma, publicó este trabajo, fechado en Cuba el 15 de agosto de 1863, donde el anónimo autor —está firmado por Un compañero— habla en términos panegíricos de la figura del célebre personaje.

clip_image001El mismo rotativo traía el 10 de enero del siguiente año la noticia de la colocación “en la noche del miércoles 6 del corriente”, de un retrato del ilustre fallecido en el Casino-Liceo de la capital palmera, del que había sido socio de mérito. En la publicación del día 17 del mismo mes y año se describía el solemne acto y se decía, además: “todos encontramos en él un hecho memorable, que tan alto habla a favor de la cultura de este pueblo, que honra á la Sociedad que lo dispuso y llevó á cabo con tanto lucimiento y brillantez”.

El número de El Time correspondiente al 3 de abril de 1864 anunciaba la celebración de “fúnebres exequias por el aniversario” de la muerte de Díaz en la parroquia de El Salvador. Ese mismo día quedó colgado en la sacristía gótica de ese templo un retrato del sacerdote pintado al óleo por el polifacético artista palmero Aurelio Carmona.

De su calidad como orador sagrado y de su influjo en la vida palmera, incluso aún después de muerto, da cuenta su biógrafo contemporáneo, Rodríguez López, al reproducir ciertos fragmentos de sus más brillantes sermones. Decía: “el eco de su palabra era demasiado sonoro para que se olvidase… Cuando hablaba á su pueblo desde el púlpito, su voz tenía el doble prestigio de la virtud y de la vejez, y no podía menos de conmover un acento que se escapaba de las cercanías del sepulcro”.

Los partidarios absolutistas lo persiguieron y lo desterraron de La Palma en 1824, viviendo en Tenerife hasta 1835, por su condición de “advenedizo” líder moral y político a favor del cambio liberal y de la supresión de los privilegios estamentales. Entre otras cosas, decía a menudo que “un pueblo católico puede ser también un pueblo libre”. Siempre se había caracterizado por su crítica al absolutismo y la defensa del liberalismo, además de ser masón.

clip_image002Fue el 26 de marzo de 1835 cuando el tribunal eclesiástico de la diócesis de Tenerife absuelve al párroco en la causa criminal seguida con motivo del sermón en la función del juramento de la Constitución del año de 1820. Desde el Puerto de la Cruz y a bordo del barco La Cayetana llegó el Cura Díaz a Santa Cruz de La Palma, siendo recibido en loor de multitud.

La persecución contra el párroco palmero, tal y como la percibieron no sólo sus defensores sino otros muchos ciudadanos en todo el Archipiélago, contribuyó a convertirle en un mártir a causa de la libertad, algo que, seguramente, Díaz nunca quiso para sí, puesto que nunca deseó casi nada, salvo el justo reconocimiento de la verdad y de la justicia. La lucha de Díaz a favor de una Iglesia más próxima al espíritu fundacional, fraterno y austero de las catacumbas fue, sin duda, la mejor herencia de amor para este padre de la Iglesia palmera de todos los tiempos. Inclinado también hacia las artes, se le conocen obras musicales, escultóricas y pictóricas.

En 1897 se erigió —hace ahora exactamente 111 años, justo en el centro de la triangular Plaza de España de la capital de La Palma— una estatua de tamaño natural en memoria del sacerdote Manuel Díaz. Se levantó a pocos pasos de donde el polifacético rector de la Parroquia Matriz de El Salvador (desde 1817) había muerto accidentalmente al caer por las escaleras de ese templo en la mañana de Pascua de Resurrección.

Se dice que la piedra con la que se desnucó aún se custodia en la prestigiosa Sociedad La Cosmológica de esta ciudad.

clip_image003Un monumento conmemorativo en su honor, que fue levantado, según ha destacado Manuel de Paz, por iniciativa de la logia palmera Abora nº 91 y especialmente de su venerable —varias veces— José García Carrillo (grado 33 y a la sazón alcalde presidente del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma).

El 31 de octubre de 1894 dicho edil había propuesto a la corporación municipal, siguiendo el ejemplo de “todos los pueblos cultos y civilizados, tanto nacionales como estrangeros, perpetuase la memoria de sus hombres célebres, erigiéndoles estatuas y monumentos que recuerden a las generaciones futuras los hechos y circunstancias que motivan aquella celebridad…” También añadía que este tipo de homenajes, lápidas, monumentos que adornan calles y plazas de capitales y lugares peninsulares, servirían de estímulo para que otros les siguieran los pasos y cultivasen la virtud, la ciencia y las bellas artes, etc.

El culto caballero también había propuesto que se les cambiase el nombre de las Calles de la Cuna y Trasera por los de Díaz Pimienta —General de la Armada y Ejército español que expulsó a los ingleses de la Isla Catalina y Providencia— y Álvarez de Abreu —jurisconsulto distinguido y Marqués de la Regalia— y, en cuanto al Cura Díaz, “erigirle una estatua de bronce en la Plaza de la Constitución, frente a la Parroquia del Salvador, donde murió”.

García Carrillo también decía que el inolvidable Señor Díaz, “cuya fácil y elocuente palabra aún llega a nuestros oídos, sus pinturas y arquitecturas adornan nuestros templos, la carencia de sus caritativas obras es lamentada por nuestros pobres y necesitados y sus concejos y doctrinas se reflejan todavía en la moralidad y buenas costumbres de nuestro pueblo; murió en 1863 a las puertas de nuestro templo del Salvador que dignamente regentó, siendo víctima de su excesivo celo en el cumplimiento de sus deberes como Párroco”.

Esta propuesta se aprobó por unanimidad, y la escultura fue encargada a la fundición artística de Federico Masriera y Campins en Barcelona, casa especializada en la reproducción de obras escultóricas monumentales en bronce. Por la correspondencia entre ambos, García y Masriera, se sabe que la fundición de la obra fue ejecutada en junio de 1895 “con felicísimo éxito” y que había merecido “los elogios de cuantas personas han tenido ocasión de verla en esta casa”. Para dar a conocer previamente cómo iba a quedar la efigie, se habían enviado al alcalde dos reproducciones fotográficas de un boceto en yeso.clip_image005

La estatua sería colocada en un pedestal. Sería el primer monumento civil erigido en Canarias. Para su construcción se habían presentado varios diseños; concretamente tres. Dos de ellos en forma de base de tronco piramidal y de columna conmemorativa, confeccionado por la propia fundición Masriera, y el tercero obra del madrileño Ubaldo Bordanova Moreno (pintor también de los techos de las capillas mayores de El Salvador, Santuario de Las Nieves, ermita de San Sebastián, iglesia de San Antonio Abad de Fuencaliente, etc.).

El dibujo de este prestigioso y polifacético artista fue el elegido, aunque se había prescindido de la reja de hierro forjado que rodeaba la base del pedestal. En la cara delantera del mismo, una lápida en mármol lleva esculpidos varios emblemas alusivos al magisterio eclesiástico y a las cualidades, tanto artísticas como humanas, del sacerdote fallecido: el laurel, el cáliz, la palma del martirio, la partitura musical, la lira y una inscripción que reza: “A Díaz. Su Patria, 1894”.

clip_image006En la lápida posterior aparece un relieve del pelícano con sus crías (símbolo eucarístico y cristológico que se repite en el sagrario del tabernáculo del templo) y una inscripción en latín que, traducida, dice así: “Qué honor y esplendor. Cayó muerto en los umbrales del sagrado templo víctima de su celo”. También esta inscripción figura en el enorme retrato de don Manuel Díaz —pintado por el sobrino del fallecido, Aurelio Carmona López (1826-1901)— que aún se custodia en la sala capitular de El Salvador.

El profesor Pérez Morera nos informa de que el simbolismo, alusivo al de Salomón, que la palabra ‘templo’ encierra para los masones, el pelícano que desgarra su pecho para dar de comer a sus hambrientas crías, símbolo de la caridad y la filantropía, es “símbolo del grado 18 de la francmasonería” (Díaz Cabrera).

Es magnífica su estatua en el centro neurálgico de La Palma. Un exquisito monumento, de los más fotografiados de la Isla por estar en la renacentista Plaza de España, creado para honrar perpetuamente a un hombre que fue enterrado en el cementerio de su amada ciudad. Una ciudad que, curiosamente, tan sólo colocó sobre su sepulcro una burda lápida de cemento y piedra con una pobre cruz de madera de la que cuelga una tosca leyenda que reza: “D.E.P. El Presbítero Beneficiado de la Parroquia de El Salvador. Don Manuel Díaz Hernández”. La pobre tumba se halla entre tres fastuosos mausoleos blancos de otros hijos de La Palma. ¡Qué incongruencia! Sin embargo, siempre hubo alguien que se acordaba de él, puesto que flores frescas nunca le han faltado.

Gracias a la iniciativa de la Parroquia Matriz de El Salvador, para el 28 agosto de 2008 se ha fijado la traslación solemne de sus restos, tras ser exhumados, desde el cementerio de esta ciudad al antepresbiterio de dicho templo, donde se enterrarán para siempre.

Así, 145 años después de su muerte, El Cura Díaz, una de las grandes figuras de La Palma, entrará de nuevo, por fin, en su amada iglesia, para no salir jamás.

“El Cura Díaz, sería recordado siempre como el modelo a seguir a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, y aún después, entre el clero y entre los seglares isleños por esa inteligente elocuencia apostólica suya, acorde con una vida asociada, según sus coetáneos, a dos de los más caros valores burgueses: la virtud y la caridad”.

J. E. Pérez Hernández

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BIBLIOGRAFÍA

  • CARBALLO WAMGÜEMERT, B. Las Afortunadas. Viaje descriptivo a las Islas Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 1990. «Colocación del Retrato del Sr. Don Manuel Díaz en el Casino-Liceo de esta ciudad», El Time, nº 27, (17 de enero de 1864)
  • DE PAZ SÁNCHEZ, Manuel. La Ciudad. Una historia ilustrada de Santa Cruz de La Palma, C.C.P.C., 2003
  • DÍAZ CABRERA, D. Once cárceles y destierro, Santa Cruz de Tenerife, 1980
  • GONZÁLEZ DUQUE, L. «Manuel Díaz Hernández (1774-1863): semblanza de un católico liberal», La Graja, nº 3, La Laguna, 1990.
  • PAZ SÁNCHEZ, M. de, Historia de la Francmasonería en las Islas Canarias (1739-1936), Santa Cruz de Tenerife, 1984. Ídem. La Masonería en La Palma, C.C.P.C., 1998
  • PÉREZ HERNÁNDEZ, José Eduardo. Las personas de valer. El mundo de la burguesía en La Palma en el siglo XIX, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, 2007
  • PÉREZ MORERA, Jesús «Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. Año 1894. Expediente para la erección de una estatua en memoria del Venerable Sacerdote don Manuel Díaz», en Arte en Canarias [siglos XV-XIX]. Una mirada retrospectiva, tomo II, Gobierno de Canarias, 2001. «Poesía. Recuerdos á la muerte del Venerable Sacerdote D. Manuel Díaz, acaecida en la mañana de la Pascua de Resurrección de N.S.J. del año pasado de 1863», El Time, nº 37, Santa Cruz de La Palma, (3 de abril de 1864)
  • RÉGULO PÉREZ, J. «El cronista de La Palma Juan Bautista Lorenzo Rodríguez. Época, vida y obra», Noticias para la Historia de La Palma, t. I, La Laguna, 1975. «Retrato del Sr. Díaz en el Casino-Liceo», El Time, sección local nº 26, Santa Cruz de L
    a Palma, (10 de enero de 1864).
  • RODRÍGUEZ LÓPEZ, A. Apuntes biográficos de Don Manuel Díaz, Imprenta de El Time, a cargo de Pedro Guerra, Santa Cruz de La Palma, 1868. «Sufragio por D. Manuel Díaz», El Time, nº 38, Santa Cruz de La Palma, (10 de abril de 1864). «Unas cuantas palabras a la memoria del muy venerable presbítero Sr. D. Manuel Díaz como prueba de gratitud y respeto», El Time, sección local nº 13, Santa Cruz de La Palma, (4 de octubre de 1863).

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Francisco Bahamonde de Lugo

Se distinguió en la conquista de las Indias, a las órdenes de su primo, el Adelantado de Santa Marta.

Fue primer regidor de Santa Fe de Bogotá, Encomendero de Goata, y uno de los hombres más ilustres que han producido nuestras Afortunadas, según la autorizada opinión de nuestro distinguido comprovinciano D. Francisco Fernández Bethencourt.

Distinguiose asimismo Bahamonde de Lugo en las guerras contra los indios panches, como capitán de caballería; y más tarde como capitán general de Puerto Rico, siendo el primero que fortificó y puso en estado de defensa a la Antilla española.

Siendo gobernador v capitán general de Cartagena de Indias, cons­truvó el famoso fuerte denominado San Felipe. Falleció en 1584, defen­diendo a Cartagena contra la poderosa escuadra de Francis Drake.

[*Otros}– Ermita de Nuestra Señora del Socorro y su relación histórica con Breña Alta y Breña Baja / José G. Rodríguez Escudero

09.08.08

Origen de la ermita

Dedicada a la Virgen María bajo la advocación de “Nuestra Señora del Socorro” o “de Los Reyes”, fue fundada por Don Pedro Fernández Camillón y su esposa, Doña Ana Hernández, entre 1615 y 1621, con licencia obtenida del Sr. Obispo de la Diócesis, Don Antonio Corrionero.

La fábrica se realizó en una hacienda de viña y malvasía que poseía junto al barranco de Aguacencio. El motivo de ponerla bajo esta advocación mariana fue “por el voto y promessa que en cierto peligro de mi vida que me vi en un biaje que Dios fue servido librarme hice de erigir una ermita yglesia a deuocion de nuestra señora del socorro en esta ysla”.

Construida la ermita, Pedro Fernández Camillón solicitó en 1627 licencia para poder celebrar misa en ella, en atención a la utilidad que recibían los vecinos del lugar, distantes de la cabeza del curato, la iglesia de San Pedro de Buenavista, “porque la una de la otra estan distantes muy gran trecho y la dicha ermita muy sercana al comun de los besinos y sabe que de aberse echo la dicha ermyta en la parte y lugar donde esta es muy útil y probechosa y a nadie daña y de conserbarse se seguira mucha onrra y gloria a dios nuestro señor y questa fuera de peligro de barranco y arrimaditos y otras cosas que le pudieren dañar… y sabe que de aberse echo ally no tyene inconveniente nynguno para que se dexe de dar lysensia para decir mysa antes la tyene por muy útil y necesaria para los dichos besinos del dicho termyno como para los camynantes que por el pasan…” Así consta en el Archivo de Protocolos Notariales de la capital palmera (escribanía de Juan de Alarcón).

clip_image001La primera representación de la advocación titular fue un cuadro, como atestigua un inventario fechado el 26 de junio de 1650, durante la visita efectuada por don Pedro de Escobar Pereyra. Allí consta “un quadro de nuestra señora del socorro”.

Así, la ermita se había fabricado en la parte norte, junto al cauce del barranco, en la jurisdicción de Breña Alta, “en terreno propio e inmediata a las casas de su habitación, la cual se bendijo en 13 de febrero de dicho año por el Dr. Don Pedro de Guisla Corona, venerable vicacio de esta isla”.

El alcalde constitucional de la capital palmera y cronista de la época, Lorenzo Rodríguez, tomó estos datos del libro de la ermita, informando de que “las que resultan del libro de visitas de San Pedro están equivocadas, porque confunden la primera edificación con la segunda”.

En 1695 y en 1700 fue tan grande el temporal y tan fuertes las lluvias, que el cauce del barranco se desbordó y causó muchos deterioros a la pequeña iglesia y “la colocó en inminente peligro”. Fue entonces cuando se debió sustituir aquella representación pictórica por una de talla.

clip_image002La preciosa imagen de la Virgen del Socorro fue llevada procesionalmente a la parroquia de San Pedro de Breña Alta, donde fue custodiada con gran cariño y fervor por los fieles. Ante esta situación, los vecinos de este municipio instruyeron expediente ante el vicario insular, aconsejando sobre la conveniencia del traslado de la ermita a otro terreno más seguro. La autoridad eclesiástica autorizó la nueva construcción, que fue finalizada en 1706. El solar fue cedido por Don Manuel Pérez Corral, en la jurisdicción de Breña Baja. “Se cercó desde luego de paredes, por la misma causa, y en este recinto no sólo funciona el señor cura de Breña Alta, sino que siempre hemos visto presidir con bastón al alcalde de dicho pueblo en la procesión el día de la festividad del Socorro”.

El 29 de abril de 1778 la autoridad eclesiástica concedió permiso para que los vecinos de Breña Baja, “que lo solicitaban con empeño”, llevasen en rogativas a la Virgen del Socorro a la Parroquia de San José, “y conservarla allí todo el tiempo que conviniese por la falta de lluvias que se experimentaba”.

El párroco y síndico de San Pedro de Breña Alta, al enterarse, se opuso tajantemente a la procesión, haciendo ver que la ermita pertenecía a su jurisdicción y, por tanto, la autoridad residía en su persona.

Los obstinados vecinos nuevamente le pidieron que fuera él quien entregase a la Virgen al de San José “fuera de muros sin que éste ejerciese jurisdicción y lo mismo al recibirla”. Tras las duras negociaciones, se determinó hacer la rogativa el 2 de mayo.

Sucedió que ese mismo día llovió tan copiosamente que “terminó este litigio en que se empeñaban con acaloramiento ambas partes”. El mismo cronista aseguraba que el expediente de este curioso acontecimiento se custodiaba en el “archivo grande de la parroquia del Salvador”.

clip_image003Según la resolución que se guarda en el archivo de la parroquia de Breña Alta y está transcrita en el libro de la ermita, se volvió a reclamar la propiedad de esta iglesia por parte de los curas de Breña Baja. Finalmente el Vicario Capitular de la Diócesis, en auto de 12 de diciembre de 1886, “resolvió y declaró corresponder a la jurisdicción eclesiástica de Breña Alta, a la que siempre había pertenecido”.

La imagen de la Virgen

La majestuosa talla de la Virgen es una escultura en madera policromada de 99 cms., obra del célebre artista palmero Bernardo Manuel de Silva (1655-1721).

Esta magnífica escultura, salida de la “mano del mejor pintor que tiene esta isla” —según constaba en un auto de la época—, al igual que otras tallas marianas del maestro, tiene una gran influen
cia de la imaginería flamenca. Los débitos flamencos, como nos informa el profesor Pérez Morera, “se manifiestan especialmente en el tipo de rostro, que presenta como característica común dulce expresión ensimismada y abstraída, mente amplia y abombada, ojos semiabiertos, pintados al temple, cejas finas y curvas, labios pequeños, barbilla prominente y redondeada y cabello partido en raya a la mitad, que cae en suaves ondulaciones”.

Pérez Morera también nos informa de que “la belleza que irradia la majestuosidad icónica de la pieza, manifiesta el elevado nivel alcanzado por los escultores palmeros”. La autoridad eclesiástica tampoco quedó al margen de estas alabanzas a la talla. Así, su acabado llamó la atención del primer obispo de Tenerife, Don Luis Flojeras Sión. Prueba de ello fue lo que consta en el Libro de Visitas, en 1831: “En esta Iglesia hay una imagen de nuestra Señora con una disciplina en la mano en ademan de azotar al Diablo que tiene a los piez; se encargo al Señor Visitador que indagara el origen de esta singularidad”.

A este tipo iconográfico de la Virgen, de pie con el Niño Jesús en brazos, corresponden varias imágenes del artista, como la “Virgen del Rosario” (1690) de la Parroquia de San Andrés (en San Andrés y Sauces) y la “Virgen del Carmen” (1703) de la de Villa de Mazo. Son piezas que presentan idénticas características formales, “de ahí la supuesta filiación flamenca que se les ha querido dar”.

La elegante y suave caída de los pliegues, el tipo de calzado y los motivos de los estofados apuntan su paternidad, al igual que el acabado posterior de la pieza, repetido en casi todas las esculturas por Bernardo Manuel de Silva, con manto que cruza diagonalmente desde el hombro izquierdo hasta la altura de la cintura, cayendo por la espalda en pliegues paralelos y rectos. Pérez Morera también compara la imagen del Niño, cuya cabeza se asemeja con la de la talla de “San José” de Los Llanos de Aridane.

Estrechamente emparentada con la mencionada “Virgen del Carmen” de Mazo, la del “Socorro” comparte el mismo tipo de expresión flamenca, “rostro oval, enmarcado por la caída ondulada del cabello, partido en dos, que desciende libremente por la espalda hasta más debajo de los hombros. Sin embargo, la posición hierática y frontal, así como el aspecto de tronco, que acusa la disposición vertical de los pliegues, confieren a la talla un aspecto más arcaizante y un volumen más concentrado”.

clip_image004El profesor palmero también profundiza en los motivos y la técnica que muestran los estofados de los vestidos, comparándolos con otras obras escultóricas de Bernardo de Silva, “a base de motivos florales compuestos de trifolias, gruesos roleos y orlas punteadas en oro”.

A sus pies aparecen dos figuras que representan el “bien” y el “mal”, encarnados por las figuras de un angelito y un diablo. El Maligno está representado por una terrible figura alada completamente negra con cuerpo humano. Aparece de pie con una cara de bestia demoníaca y grandes cuernos. Los afilados dientes blancos, sobre todo los caninos, sobresalen de una boca grande de fondo rojo. Realmente impone respeto. Nos recuerda a la figura del “Diablo de Tijarafe”.

Se cuenta que hace unas décadas, allá por los años ochenta, uno “medio loco de San José”, no se sabe cómo, agarró la talla antigua de Satán y lo destrozó. Una vecina del barrio fue la que talló la que ahora se ubica a los pies de la Virgen. Los vecinos cuentan que había unas piedras en el barranco con unos agujeros que atemorizaban a los niños del lugar ya que “creían que eran las huellas de las patas del Diablo”.

Según contaba otra señora, el origen había que encontrarlo en una madre que, harta de las ruindades de un hijo, le gritó que “se lo llevara el Diablo”. Se cree que fue así, ya que el hijo desapareció. Después de la lógica amargura de esta terrible experiencia, la pobre mujer donó la figura original de Satanás y la colocó a los pies de la Virgen para que Ésta lo castigara, como recuerdo a su hijo y para penar por tal blasfemia.

El último lunes de agosto de cada año, los pureros de las Breñas celebran con fervor la onomástica de su patrona. La bonita imagen es homenajeada con novenas y procesiones y diversos actos, entre los que se encuentran el tradicional “Baile de la Escoba”.

Los grandes fuegos artificiales iluminan a la Virgen durante su recorrido procesional, al igual que a las dos figuras, la del ángel y la del diablo que la acompañan a ambos lados de la peana sobre el trono de madera. Los fuegos lanzan luces de colores y sombras sobre la Virgen y al ángel, y los hace más bellos, mientras que el diablo presenta un aspecto aún más sobrecogedor.

                      POEMA A LA VIRGEN

(Se conserva enmarcado y colgado en un lateral del interior de la ermita)

El SOCORRO de ayer, de hoy y de mañana,

en la ermita flamante y marinera,

la que guarda la Virgen que quisiera

darnos su mano de MADRE y SOBERANA.

 

Es su imagen la rica filigrana

que nos trae la Fe más verdadera.

El gentío la canta y la venera,

y en sus labios el rezo se desgrana.

 

Tú lo sabes, SEÑORA. Te han traído

con la flor un recuerdo allá escondido

que es su ofrenda de gracia y de
fervor.

 

Bajan y suben; ante Ti se entregan

porque conocen que al partir se llevan

el más dulce SOCORRO de tu amor.

 

G. Galván de Las Casas

1966.

***

 BIBLIOGRAFÍA

  • LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista: Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna- Santa Cruz de La Palma, 1975, t. I.
  • PÉREZ MORERA, Jesús. Silva. Bernardo Manuel de Silva, Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, Litografía Romero, Santa Cruz de Tenerife, 1994.

[*Opino}– Las frases más absurdas de la farándula… y de los políticos

Si los medios que adulan a estas personas hicieran escarnio masivo de ellas cuando meten la pata por incursionar en terrenos para los que no están preparadas, tal vez lo pensarían dos veces antes de incursionar de nuevo, o hasta tal vez aprenderían a decir “No sé nada de eso”. Pero —y voy con un tercer ‘tal vez’— tal vez eso sea pedirle peras al olmo.

Todavía recuerdo lo de la petición, por demás arrogante, de Mia Farrow, y que Arnold Schwarzenegger es hoy gobernador de California.

Mi amigo Fernando Lacoste, nuestro destacado “filósofo” mientras estuvo en IBM, decía: “Para ser comerciante no hacen falta inteligencia ni cultura; éstas mas bien estorban”.

Yo incluiría que también para ser político, pues los más de ellos ?como los de la lista que copio al final? no sólo encajan en esta realidad sino que, además, son en cierto modo comerciantes porque es el beneficio económico personal lo que les mueve a incursionar en política.

Definitivamente, sigue siendo cada vez más válido lo de “Zapatero, a tus zapatos”.

Carlos M. Padrón

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29.09.08

(PD).- Presentamos algunas de las frases que, según la revista People, no se pueden creer por lo graciosas y absurdas que son. Todas ellas fueron dichas por reconocidas celebridades mundiales.

Britney Spears: “Nunca he querido ir a Japón, simplemente porque no me gusta el pescado, y sé que es muy popular allá en África”.

Cameron Diaz: “Si me quieres torturar, siéntame en un cuarto atada a una silla y pon una canción de Mariah Carey”.

Paris Hilton: En una ocasión le preguntaron: “¿Usted cree que todas las guapas son tontas?”, a lo que ella respondió: “No, también hay feas que son tontas”.

Pamela Anderson: “No es la contaminación la que esta dañando el ambiente. Son las impurezas que hay en nuestro aire y en nuestra agua las que lo están haciendo”.

Claudia Schiffer: “Esa rastrera sinvergüenza merece ser muerta a patadas por un asno… y yo soy justo la indicada para hacerlo”. – Se dice que de esta forma se refirió la supermodelo alemana a su colega Naomi Campbell, aunque al hacerlo se llamó asno a sí misma.

Valeria Mazza: “Yo nunca he fumado marihuana porque eso da celulitis”.

Mariah Carey: “Siempre que veo la televisión y veo esos niños pobres y hambrientos en todo el mundo, no puedo evitar llorar. O sea, me encantaría ser tan flaquita como ellos, pero no con todas las moscas, y muerte, y esas cosas”.

Winona Ryder: “Me encuentro mejor que nunca cuando soy feliz”.

Arnold Schwarzenegger: “Creo que el matrimonio homosexual es algo que debería darse entre un hombre y una mujer”, dijo el gobernador de California sobre el matrimonio entre homosexuales, al cual se oponía en ese entonces.

Rocío Jurado: “La mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país”.

Mónica Castañeda: En el certamen de belleza Miss Colombia 2000, a la representante del departamento del Cauca le preguntaron a qué personaje le gustaría conocer, y su respuesta fue: “Definitivamente me gustaría conocer a Lady Di. Aunque, afortunadamente, ya falleció…”. Aunque Castañeda era la favorita ese año, esta pequeñísima equivocación la envió al tercer lugar.

Chrsitina Aguilera: “Entonces, ¿dónde se realizará el Festival de Cine de Cannes este año?”

Jessica Simpson: “¿Esto es pollo,… o pescado? Sé que es atún, pero pone el pollo del mar”. La cantante estadounidense dijo esto en su programa reality Newlyweds. La intérprete confundió el atún con el pollo porque la marca del atún es Chicken of the Sea (El pollo del mar).

Jennifer Lopez: “No he cometido ningún delito, lo que hice es no cumplir la ley”, declaró en 1999 la actriz y cantante de ascendencia puertorriqueña, tras el tiroteo en el que se vio envuelto P. Diddy, quien fuera su novio en ese entonces. JLo se encontraba junto a Diddy en el momento del tiroteo.

Brooke Shields: “El fumar mata, y si te mueres has perdido una parte muy importante de tu vida”.

PD

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De políticos.

27-09-08

A. de Miguel

Gustavo Laterza Rivarola aporta un estupendo trabucamiento:

  • En de la diputada que dijo de un contrincante que «andaba buscando la quinta pata al gallo».
  • El del diputado que acusó a alguien de “rascarse las vestiduras». Por cierto, se me ocurre que la voz «vestiduras» sólo se emplea en español para rasgárselas en el caso de que proceda. Supongo que el rito proviene del Antiguo Testamento.

Miguel Á. Taboada me remite un divertido florilegio de frases célebres pronunciadas por los políticos paraguayos de diversas épocas. Entresaco una muestra:

  • Perón quemó Roma
  • Para analizar este problema tenemos que constituir una comisión hot dog.
  • Dentro del Partido Colorado cada uno tiene su talón de Ulises.
  • A la oposición nada le gusta, nada le conforma. Los opositores son como el perro de don Ortellado: no comen ni dejan comer.
  • Y como dijo Martín Fierro: «Ladran, Sancho, luego cabalgamos».
  • Y
    o no torturaba a los presos, solo les pegaba con el sable.
  • Y el general Rodríguez, que en paz descanse, lo sabe.
  • No, no tenemos por qué rasurarnos las vestiduras.
  • Y para que todo llegue a su feliz culmino.
  • El acto no está prohibido. Lo que pasa es que la entrada está prohibida no más.
  • No hay dudas de que hay gato incendiado.
  • El tribunal no le hizo caso omiso a las pruebas presentadas.
  • El sujeto se lavó las manos como Pitágoras.
  • Lo cortés no quita lo bailado.
  • El presidente norteamericano Clin Binton.
  • Nos levantamos de las cenizas como el gato Féxis.
  • La oposición se encuentra entre la capa y la espada.
  • Es difícil negociar con los directivos del banco; son ellos los que tienen la sartén en la manga.