[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Domingo el Bobo

10-12-2007

Carlos M. Padrón

Era un mendigo de uno de los barrios de la parte baja al oeste del pueblo, creo que de El Paso de Abajo, que, dado su aparente admiración por los arrieros, llevaba casi siempre consigo lo que allá llamábamos un zurriago, o sea, un látigo hecho con una vara de almendro, a guisa de mango, a uno de cuyos extremos va ataba una larga trenza de cuero, con la que se inflige castigo.

Al igual que Cuncún no usaba calzado, y sus enormes pies exhibían unos dedos ajados, con uñas melladas, moradas o ausentes, y unas plantas que recordaban la madera, no sólo por el color de las callosidades sino por la dura consistencia que parecían tener.

Para molestarlo o motivarlo, los muchachos solían decirle:

—Domingo, ¡vete a trabajar!

Y, con tono lastimero, contestaba,

—No pue’o, ‘toy enfermo.

De nuevo,

—Domingo, ¡vete a trabajar!

Y ya el tono de la respuesta era más iracundo que lastimero:

—¡Que no pue’o, coño! ¡‘toy enfermo!’

Y, a la tercera:

—Domingo, ¡a trabajar con los ingleses!

Y, por motivos que al menos yo ignoro y Wifredo también, la mención a los ingleses hacía que Domingo montara en cólera y, agitando con fuerza su látigo ponía en fuga a los muchachos. Pero Wifredo, sabedor de otros detalles acerca de Domingo, lo plasmó así en este dibujo:

Sabemos que los ingleses fueron quienes iniciaron en La Palma el cultivo del plátano, pero no qué tenía Domingo contra ellos.

Lo de que estaba enfermo no era difícil de creer porque de sus dos fosas nasales fluían constantemente unos torniquetes de mucosidad verdiamarilla que él no se molestaba en limpiar. Parecía como si tuviera un catarro permanente, pero, aunque dijera que estaba enfermo —eso se le tomaba como pretexto— no daba muestras de sentirse mal.

Ante esto, una señora que no salía de una afección gripal para entrar en otra, le preguntó molesta a don Juan Fernández, el médico del pueblo, por qué gente como ella, que se cuidaba bien, vivía siempre enferma y, en cambio, un Domingo el Bobo, que en nada se cuidaba, nunca se enfermaba. A lo que don Juan Respondió: «No es así, señora. No es que Domingo el Bobo nunca se enferme, es que nunca ha estado sano».

[*Otros}– Tormenta eléctrica en El Sauzal

Foto, cortesía de Roberto González, tomada por su amigo José (Pepe) Pérez el miércoles 21 de noviembre durante una tormenta eléctrica en El Sauzal (Tenerife, Canarias).

Felicitaciones a Pepe, y que cuide bien esa cámara que tiene un obturador con la velocidad necesaria para captar así la luz de un rayo.

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 Comentarios

Comentario por maría chacón [Visitor]
Fecha10/12/2007 at

Realmente esta imagen es de ésas que nos dejan boquiabiertos. ¡Es extraordinaria!

Comentario por Chris [Visitor]
Fecha 29/02/2008 at

Que pedazo de foto!… Esta increible, esta es esas que sacas una vez en la vida… Felicitaciones! te invito a conozcas esta pagina… http://www.panoramio.com … te gustará y si subes esta foto avisame! ya tienes mi cuenta ;)

Un gran saludo y felicitaciones

Comentario por willyfox [Visitor]
Fecha 12/03/2008 at

Esta foto NO ES del tal Jose pepe pepin.. eso NUNCA puede ser el sauzal.está sacada en el litoral SUR de santa cruz.. que poca verguenza de algunos como se apropian de lo que no es suyo..

La próxima vez tienes que poner el autor.. y te puedo jurar que no es el tal Pepín….

Abur

Comentario por juan ki paz [Visitor]
Fecha 18/05/2008 at

que importa de quien sea la foto . lo que si el que la saco felicitaciones, cuando la vi me dio envidia pero sana, de estar ahi observando la maravilla de la naturaleza. ya valechau

Comentario por RAPERO
Fecha 15/01/2009 at

EL AUTOR DE LA FOTOGRAFÍA SE LLAMA WILHEM MEDINA, Y NO FUE REALIZADA DESDE EL SAUZAL, SE HIZO DESDE LA URBANIZACIÓN ACORÁN. LOS ADOSADOS QUE SE PUEDEN VER EN LA PARTE INFERIOR IZQUIERDA CORRESPONDEN A LA URBANIZACIÓN REFERIDA.

NO OBSTANTE, ESTA FOTO SE LA ADJUDICAN OTRAS MUCHAS PERSONAS. “LA OPINIÓN”, DE TENERIFE, LA PUBLICÓ EN PRIMERA PAÁGINA SIN AUTORIZACIÓN DEL AUTOR LEGÍTIMO Y PROPIETARIO DE LA MISMA.

Comentario por CMP
Fecha 15/01/2009 at

Gracias, Rapero, por la aclaratoria.

Comentario por Angelita
Fecha 21/07/2009 at

¿Qué importa quién haya tomado la foto? Esta genialísima. Me la robo para ponerla de fondo de escritorio xD

Comentario por CMP
Fecha 21/07/2009 at

Bien hecho, Angelita, mujer pragmática.

Comentario por Angelito
Fecha 08/11/2009 at

¿¡Pragmática!? ¡¡Jajajá!! Sí, sí. Yo diría otra cosa.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (5/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

Ningún efecto hicieron en Monteverde estas amistosas reflexiones, porque el 23 de abril, y cuando Fierro se disponía a pasar a Canarias, lo llamó a su casa para invitarlo a que lo acompañase a Barcelona, porque trataba de atacar Maturín y no tenía otro oficial de confianza de qué valerse.

A pesar de sus dolencias, condescendió Fierro porque no se creyera que se negaba al servicio del Rey y de la Nación, y a pesar de que presumía que todo esto era una intriga para separarlo de Caracas y poder dejar el mando de la plaza a Tiscar, que era de menos graduación que él.

Llegaron a Barcelona, y el 5 de mayo se le confió a Fierro el mando militar de aquella plaza, que la tenia el coronel de milicias don Jose María Hurtado, pues el de la Provincia estaba a cargo del capitán de fragata don Pedro Cabrera, quedando aquél bajo las inmediatas órdenes de éste.

No se ocultaban a Fierro estas estratagemas, y pasó a Monteverde el siguiente oficio, fechado en Barcelona el 5 de mayo: “Por el oficio que acabo de recibir de V, S. quedo en cuenta de tomar el mando militar de esta Ciudad, por ahora por convenio del mejor servicio, no obstante que mis deseos son los de acompañar a V.S. en el campo del honor».

Con mucho agrado recibieron los barceloneses a su nuevo Gobernador Militar, y las activas y eficaces medidas que para mantener el orden en la población y recoger los soldados dispersos tomó en el momento mismo en que supo de la derrota del ejército en Maturín.

Cabrera, el Gobernador Civil de la Provincia, había fallecido en el ínterin, y Monteverde, en oficio de 26 de mayo, nombró a Fierro para el cargo. El 27 por la noche se le presentó con dicho oficio el comisionado doctor Antonio Gómez, quien traía, de parte de Monteverde, instrucciones y medidas que allí debían tomarse. Por éste supo Fierro que la derrota de Maturín había sido ocasionada por haber precipitado el ataque, viéndose precisado a ello Monteverde para regresar luego a Caracas que se hallaba en el mayor desorden por las medidas tomadas por Tiscar,

En carta fechada en La Guaira a las dos de la madrugada del 8 de mayo, por el doctor Jose Manuel Oropesa y dirigida a Monteverde, después de infornarle de algunos desatinos cometidos por Tiscar, agrega; “Harto siento que Fierro, y todos aquéllos con quienes Vd. chocó por dejar a Tiscar de su segundo, tengan este motivo de complacencia».

El 7 de junio llegó Monteverde, desolado, a Barcelona y con la misma fecha pasó a Fierro el oficio siguiente: “Siéndome urgente el pasar a la Ciudad de Caracas a los fines de reunir fuerzas suficientes para destruir a los insurgentes de Maturín y poner esta Provincia en estado de quietud y participación que asegure la existencia de sus honrados vecinos, he tenido por conveniente en nombrar de Comandante de la Provincia y del Ejército al Sr. Mariscal de Campo Don Juan Manuel Cagigal, y de Comandante Militar interino de esta capital al Señor Don Lorenzo Fernández de la Hoz, por necesitar el que V. S. me acompañe a la Ciudad de Caracas al intento de que en ella pueda llenar V. S. con más utilidad los sagrados deberes del servicio Nacional».

Fierro, al recibir este oficio, trató de eludir este compromiso basándose en su inutilidad para todo servicio activo, pues apenas podía caminar apoyado en su bastón, y así se lo manifestó a Monteverde, diciéndole que obedecería aquella orden siempre que se dejase allí a La-Ginestier para que cuidase del servicio militar.

El Cabildo se opuso también a esta salida, fundado en las pocas tropas que quedaban guarneciendo la plaza. Y para vencer esta oposición, Monteverde convocó una junta compuesta del Arzobispo y demás autoridades, las cuales, persuadidas de la precisa e
indispensable necesidad de sostener la plaza de San Carlos —por ser la llave de Los Llanos, y si ésta fuera tomada estaría perdida toda la Provincia— convinieron en ello.

Causas económicas impidieron hasta el 4 de julio la salida de Monteverde de Caracas, desde cuya fecha quedó encargado del mando Fierro con sólo doscientos ochenta y dos hombres útiles para el servicio, la mayoría de los cuales eran criollos y continuamente daban muestras de simpatizar con los patriotas.

El día 14 se intentó, sin consecuencias, la Revolución de La Guaira. El el mismo día debió estallar también en Caracas, de lo que hubo señales ostensibles, pero debido al celo y vigilancia de Fierro no pudo verificarse aquélla.

Le causaba cuidado a Fierro la sospecha de que parte de las tropas del país, que formaban la guarnición de La Guaira, estuvieran complicadas en la revolución, y para evitarlo tuvo que crear de allí la Compañía de Maracaibo, que envió a la orden de Monteverde y mandó otra a reforzar la guarnición de Caracas.

Estas medidas debilitaron en parte las fuerzas de los revolucionarios a lo que se debió, sin duda, que la intentona del día 26 —llevada a cabo en la plaza de La Guaira por Juan José Ayala y sus partidarios, quienes, después de haber asesinado al Sargento de Brigada Alarcón, trataron de apoderarse del Cuartel del Colorado—, hubiese fracasado con la muerte del mismo Ayala y la prisión de sus compañeros que más tarde fueron pasados por las armas.

El día 28 dio parte el Intendente Fierro de que había recibido de Monteverde oficio para que con todos los intereses de la venta del tabaco se trasladaran a Valencia, a donde se había dispuesto que también fuesen, en el término de pocas horas, aquellos habitantes de los Valles de Aragua que se habían mantenido fieles a la corona.

Esta resolución de Monteverde llenó de consternación a las autoridades de Caracas, y, por indicación de las mismas, Fierro le escribió a Monteverde haciéndole presente que el punto interesante para la Provincia era San Carlos, porque si éste se perdía, aunque hubiera muchas fuerzas en Valencia, los patriotas se harían dueños de todo, sin que se les pudiera impedir, y se internarían por Coro, a Caracas, Ocumare y hasta el mar.

Monteverde oyó al fin un consejo amigo, y quiso hacer lo que se le indicaba, pero era ya tarde. El día 27 entraron los patriotas en San Carlos. Fierro redobló la vigilancia de Caracas temiendo un alzamiento general; aunque sin fuerzas con que sostener su puesto, ni dinero con que pagar a las tropas, que se le habían mantenido fieles.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (4/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

El doctor Gómez fue el primero que hizo uso de la palabra en aquella asamblea de notables, manifestando que Monteverde debía asegurar en prisión a todos los individuos que en dos años de revolución habían sido más exaltados.

Vidal y Fierro combatieron la proposición del doctor Gómez, manifestando, así mismo, que la Constitución, recientemente publicada, prohibía las medidas de rigor sin formación de causa que las justificara, y que la aprobación de las capitulaciones, y la palabra OLVIDO solemnemente dada y ratificada en las proclamas, debía cumplirse.

Estas razones hicieron efecto en el ánimo de Monteverde, y, comprendiéndolo así sus consejeros, propusieron otra medida más benigna, esto es: que los mismos patriotas, ya que no encarcelados, fueran expulsados de la Provincia. Con los mismos argumentos combatió Fierro esta proposición, pero, sin embargo, fue aceptada por la mayoría de los concurrentes, acordándose que cada uno de los presentes hiciera aquella misma noche una lista de todas las personas que debían ser expulsadas. Fierro, de regreso a su casa, pasó a Monteverde el oficio siguiente:

“En conformidad de lo acordado por los señores que han compuesto la junta celebrada en la mañana de este día, en la habitación de V. S., para tomar medidas de seguridad pública, creo de mi deber y rigurosa justicia hacer presente que estando ya presos, o en inspección del Gobierno, las causas de las personas que concurrieron activamente a los sucesos del 19 de abril de 1810, y habiendo sido yo expulsado inmediatamente de esta Provincia sin haber vuelto a ella, hasta que las armas del Sr. Monteverde tomaron posesión de la misma, nada puedo decir acerca de los que posteriormente hayan tenido una parte activa y son acreedores a estas medidas, por carecer absolutamente de conocimientos en materia tan delicada, y creo de mi obligación manifestarlo así a V. S.”.

Este oficio le acarreó la odiosidad de los que, de buena o mala fe, creían que la tranquilidad pública sólo se aseguraba con la prisión o extrañamiento de sus enemigos. Y Fierro era el único que había tenido la dignidad de salvar su voto en aquella junta.

Antes de esto, se había dispuesto que muchos de los presos que existían en las cárceles fueran trasladados a las Bóvedas de La Guaira para poder encarcelar a los que nuevamente iban a serlo; y en el mismo día en que en el Templo de San Francisco se estaba celebrando la función en acción de gracias por haber sido publicada la Constitución, se vieron en las puertas de la Cárcel de Corte y en Capuchinos más de cincuenta mulas cargadas de provisiones, y multitud de presos con grillos y cadenas que iban a ser trasladados a su destino.

Fierro, heciéndose eco del clamor popular, pasó a la casa habitación del oidor Vidal, y le informó del gran escándalo que se estaba dando en la población, y a la vez le suplicó que interesase a Monteverde a que evitara aquel contraste, puesto que al mismo tiempo que se publicaba la Constitución, se hacían prisiones por orden de los mismos que habían jurado guardarla.

Encaminándose Vidal al alojamiento de Monteverde, y después de breve conferencia, mandó a recoger a los presos prontamente, sorprendido de aquella disposición, puesto que el no había ordenado que la traslación se hiciese a semejante hora sino por la noche, corno después se realizó.

Por fin se hicieron las listas, acordadas por la junta de notables, comprensivas de las personas que había que asegurar, y, sin previa formación de causa ni de otra de enjuiciamiento, se allanaron las casas de los vecinos. Personas de todas clases y condiciones fueron encarceladas; y como las expresadas listas no estaban firmadas ni autorizadas por nadie, sucedió que cuando alguna de estas mismas personas se querellaba de la injusticia con ella cometida, probando sus servicios y amor al Gobierno de España, se ponía a su demanda esta ridícula y vejatoria providencia: “Informe quien lo puso preso».

No podía darse mayor desmoralización. La aflicción de la familia y el estupor que estas medidas arbitrarias produjeron en el pueblo son indescriptibles. La misma informalidad observada para hacer las prisiones se vio después en las encarcelaciones.

El 11 de febrero de 1813 se anunció al público, por bando y una proclama impresa, el descubrimiento de una conspiración que debía ejecutarse aquel día en la cual, se decía, iban a perecer las personas de las autoridades entre el trastorno del gobierno. Para el castigo de esto creó Monteverde una comisión militar compuesta por Fierro, Tiscar, el Mayor General don Juan La-Ginestier, y otros dos oficiales, con un secretario y el abogado doctor Isidro González por asesor, reservándose Monteverde la aprobación de la sentencia. Esta junta no condenó a nadie.

Conocida de las personas que rodeaban a Monteverde, la oposición de Fierro hacia las medidas de rigor adoptadas, influyeron en él para que le enviara a su destino, lo que dio motivo a que se le pasase el 23 de marzo el siguiente oficio: “En el I° de noviembre último dejé que V. S. permaneciese en esta Capital hasta otra disposición mía, por la escasez de oficiales que tenía para el servicio; y hallándome ya con número suficiente de aquéllos, está V. S. expedito para trasladarse a la plaza de Santa Cruz de Tenerife, a donde se le ha destinado, según lo que me informó el 6 del mismo mes».

Cuando Fierro recibió este oficio se hallaba enfermo en cama, y en cuanto experimentó algún alivio fue a visitar a Monteverde para darle las gracias por la determinación que había tornado de enviarle a su destino, significándole al mismo tiempo su extrañeza de que en aquellas circunstancias prescindiera de sus servicios.

Monteverde le contestó que estaba muy resentido contra él porque le habían asegurado que desaprobaba su providencia. Entonces Fierro le manifestó que en efecto había visto con mucho dolor como se daban a cometer muchos excesos, a nombre de Monteverde, las personas que lo rodeaban, y como no era conforme a la justicia que tuviera presos tanto tiempo a los que lo estaban por orden suya, sin haberlos entregado al tribunal competente, y concluyó aconsejándole que apartara de si a todos aquellos malos consejeros, que, a la vez que procuraban enemistarlo con los jefes con quienes más íntimamente debía estar ligado, lo exponían a la critica y odiosidad del pueblo.

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Juan el Bobo

Carlos M. Padrón

De entre los que, según recuerdo, recibían el ‘apellido’ de Bobo, éste, también mendigo, era el menos bobo de todos; era bastante pícaro y hasta se aprovechaba de Cuncún cuando nadie los veía,… o él creía eso.

Usaba sombrero y bastón, como aparece en este dibujo de Wifredo Ramos,

y era dicharachero. No recuerdo dónde vivía ni quién era su familia, pero sí recuerdo muy bien que nunca faltó a ningún entierro, y era de los primeros entre los acompañantes del cortejo fúnebre de cualquiera que hubiera muerto en el pueblo.

Sé que Juan el Bobo y algunos otros de su condición mental y social fueron llevados a una especie de hospicio en Tenerife, donde murieron y nunca más supe de ellos. Pero no creo equivocarme al asegurar que si Juan el Bobo hubiera muerto en El Paso, habría dado lugar al entierro más multitudinario en la historia de nuestro pueblo.

[*Opino}– Warren Buffett, un ejemplo de ahorro, frugalidad y rechazo a la ostentación

No sé si esto es o no cierto en su totalidad. Según lo que acerca de Warren Buffett encontré en Google, aunque no leí todo lo encontrado, algo de cierto podría haber en el artículo que sigue que, si bien sospecho que podría estar más o menos “adobado”.

Lo publico por la empatía que me causa o por lo mucho que me identifico con la filosofía de Buffett, pues, como ya he dicho antes, si yo fuera millonario viviría como vivo ahora y como he vivido por muchos años, los buenos y los malo, o sea, que viviría básicamente,

• sin lujos
• sin alternancia social, en su acepción de hacer vida social con personas “high”, o entrar a competir socialmente con alguien
• sin objetos que carezcan de utilidad práctica y funcional o que sólo sirvan para denotar frivolidad o vanidad que, en definitiva, es ofensiva ostentación, y valga la redundancia porque la ostentación es siempre ofensiva; y,
• en una casa con sólo lo necesario, sin periquitos “intocables” y detalles que sólo sean mero lujo o valgan una fortuna, y en la que, por tanto, pueda yo vivir a gusto sin que sea la casa la que me “viva” a mí

En lo que sigue he resaltado aquello con lo que más me identifico.

Como dijo H. D. Thoreau, ya publicado en la sección APF, “Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar”.

Carlos M. Padrón

***

Hubo una entrevista de una hora en CNBC con Warren Buffett, la segunda persona más rica del mundo,

quien donó $31 mil millones para caridad. He aquí algunos aspectos muy interesantes de su vida:

• Compró su primera acción a los 11 años, y se lamenta de haber empezado demasiado tarde.

Con sus ahorros, provenientes de repartir periódicos, compró una pequeña granja a los 14 años.

Todavía vive en la misma pequeña casa de 3 cuartos en Omaha, casa que compró luego de casarse hace 50 años. Dice que en esa casa tiene todo lo que necesita; una casa que no tiene ningún muro o reja de seguridad.

Maneja su propio carro, y no anda con chofer o guardaespaldas.

• Nunca viaja en jet privado, a pesar de ser el dueño de la compañía de jets privados más grande del mundo.

• Su compañía, Berkshire Hathaway, es dueña de 63 otras compañías. A los CEOs de estas compañías les escribe sólo una carta cada año dándoles las metas para ese año. Nunca los convoca a reuniones o los llama regularmente, pero a todos les ha dado dos reglas:

1: No perder nada del dinero de sus accionistas
2: No olvidar la regla número 1

No socializa con la gente de la alta sociedad. Su pasatiempo, cuando llega a casa, es prepararse palomitas de maíz y ver televisión.

• Bill Gates, el hombre más rico del mundo, lo conoció apenas hace 5 años y pensó que no tenía nada en común con Warren Buffett. Por esto programó la reunión para que durara únicamente media hora. Pero cuando Gates lo conoció, la reunión duró diez horas y Bill Gates se volvió un devoto de Warren Buffett.

• Warren Buffet no anda con celular ni tiene una computadora en su escritorio.

Su consejo para la gente joven: Aléjese de las tarjetas de crédito cuando ha de pagar intereses por ellas, e invierta en usted. Recuerde:

1. El dinero no crea al hombre; fue el hombre quien creó el dinero.

2. La vida es tan simple como usted la haga.

3. No haga lo que los otros digan. Escúchelos, pero haga lo que lo que a usted le hace sentir mejor.

4. No se vaya por las marcas. Póngase y use las cosas con las que se sienta cómodo.

5. No gaste su dinero en cosas innecesarias. Gaste en las que de verdad necesita, y en quienes de verdad lo necesitan.

6. Después de todo, es su vida, ¿por qué darle a otros la oportunidad de manejársela?

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (3/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

El oficio que de parte de Miyares entregó Fierro a Monteverde, fechado en Puerto Cabello el 26 de julio, decía: “Mi carácter es, por fortuna mía, bastante pacífico para desear que estas desagradables ocurrencias terminen del modo que conviene al servicio del Rey, a la tranquilidad de estas provincias y al honor de entrambos, y a fin de que así pueda conseguir sin estrépito, sin escándalo público y sin dilaciones perjudiciales, he comisionado al coronel don Manuel Fierro para que, entregándole este oficio, pueda enterar a usted de los sentimientos que me animan y ser nuestro iris de paz».

Asi, provisto de los pliegos de instrucciones necesarias, llegó Fierro a Caracas el 2 de agosto, y allí, auxiliado por el Arzobispo de la Diócesis y el Marqués de Casa-León, procuró cortar las diferencias que existían entre Monteverde y Miyares, haciendo comprender al primero que podía ocasionar a la nación graves perjuicios la desunión de ambos jefes.

De estas conferencias no pudo sacar resultado positivo alguno, y sí la convicción de la existencia del oculto complot que se fraguaba y las consecuencias funestas que de él iban a resultar. En el oficio con que Monteverde respondió a Miyares decía: “En esta virtud, después de haber conferenciado detenidamente con el coronel don Manuel Fierro, a quien V. S. destinó a este efecto, estoy convencido de que es indispensable insistir en mi anterior insinuación».

De regreso a Puerto Cabello, dio cuenta a Miyares de lo infructuoso de su comisión, y así como Monteverde había creído que las reflexiones de Fierro para que entregara el mando a Miyares habían nacido más de su inclinación a este General que del escándalo que causaría la separación de la Provincia de la autoridad del Jefe nombrado por el Supremo Gobierno de España, así también Miyares creyó que Fierro no había llenado
cumplidamente su cometido por ser pariente, aunque lejano, de Monteverde. ¡Desesperada y dolorosa situación!

Miyares dispuso inmediatamente su salida para Coro, y con fecha 13 de agosto pasó oficio a Fierro ordenándole que se quedase en Caracas a las órdenes de Monteverde. Resentido Fierro de la conducta de su General hacia él, contestole dicho oficio el mismo día con otro, enviado desde Puerto Cabello, que decía: “Respecto de que V. S. considera el que en obsequio del servicio me quede en esta plaza a la disposición del Comandante en Jefe, don Domingo de Monteverde, obedezco a V. S. con la seguridad del acierto; pero en atención de que tengo entendido está despachada mi solicitud de retiro a las Islas Canarias, y que la postración en que me tiene el achaque que padezco no me permite ocupaciones activas, aguardaré que V. S. me comunique aquella gracia y solicitar mi pasaporte para efectuarlo».

Miyares accedió a los deseos de Fierro, y, en cumplimiento de su deber como caballero, le remitió, en oficio de 10 de septiembre, su Real Despacho de Brigadier de los Reales Ejércitos, y le participaba su agregación de Coronel con el sueldo de reglamento, al Estado Mayor de la plaza de Santa Cruz de Tenerife, tan satisfactoria noticia la comunicó el nuevo brigadier a Monteverde, manifestando que pasaría personalmente a presentarle su Real Despacho tan pronto como se lo permitiera su quebrantada salud.

Pronto estuvo en estado de hacer el viaje, y el 20 de octubre 1egó a Caracas con objeto de arreglar y poner en orden los cuantiosos bienes que aquí había heredado de su tío don José Gabriel Fierro de Torres y Santa Cruz, y se impuso, con sorpresa, de que las proclamas de Monteverde publicadas en los días 2, 3 y 5 de agosto ofreciendo a los caraqueños un completo olvido de lo pasado, no se habían cumplido, antes, por el contrario, se estaban haciendo multitud de prisiones.

No quería que estos habitantes, entre quienes había vivido trece años, le confundiesen con aquellos violadores. Y dada la circunstancia de que había sido expulsado de Caracas el 19 de abril de 1810, y podían creer que venía para ejercer crueles venganzas, aceleró el arreglo de sus asuntos con objeto de regresar a Canarias cuanto antes. Pero Monteverde no se lo permitió, disponiendo que, en atención a la falta de jefes y oficiales que había en Caracas, continuase aquí a sus órdenes.

Este mandato contrarió mucho a Fierro, porque, viendo por una parte el clamor general del vecindario, de que se faltaba a lo capitulado, y por la otra la discordia que mediaba entre las autoridades, algunas de las cuales influirían poderosamente en el ánimo de Monteverde para que usara el rigor con el pueblo, llegando a hacerse sospechosas a éste aquellas personas que opinaban de distinto modo, y mirándose como un crimen el visitar a los patriotas y tener trato con ellos, estaría expuesto el honor militar de Fierro por ser partidario de la conciliación y de la paz. Sin embargo, en fuerza de aquella orden superior, fue preciso quedarse en Caracas a las órdenes de Monteverde y arrastrar las consecuencias de los acontecimientos que se preparaban.

El 29 de noviembre se publicó la Constitución Política de la Monarquía por el Estado Militar, el 2 de diciembre lo hizo el Cabildo, v el 3 fue la función en la Iglesia, y en estos mismos días dio parte el Comandante Militar de La Victoria, de que allí se tramaba llevar a cabo para la Nochebuena una conspiración en contra del Gobierno.

Esta noticia inquietó mucho a Monteverde y le sugirió la idea de celebrar una junta para tomar las medidas de seguridad oportunas. Esta junta la formaban Monteverde; don Femando Monteverde, tío de don Domingo; Fierro; don Gonzalo María de Orea, comerciante; don Antonio Gómez, médico; fray Juan José García, de la Orden de Predicadores; don Vicente Linares; don Juan Esteban Echezuría; don Pedro de la Mata; don Jaime Bolet; don Juan Manuel Tejada; don Manuel Rubín; don Pedro Benito Vidal, Oidor; don Antonio Tiscar, Oficial de Marina; el Marqués de Casa-León; don Luis Escalona; doctor José Manuel Oropesa, abogado asesor; los presbíteros, doctor don Juan Antonio Rojas Queipo, y doctor don Manuel Vicente de
Maya; y don Manuel Linares.