[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (5/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

Ningún efecto hicieron en Monteverde estas amistosas reflexiones, porque el 23 de abril, y cuando Fierro se disponía a pasar a Canarias, lo llamó a su casa para invitarlo a que lo acompañase a Barcelona, porque trataba de atacar Maturín y no tenía otro oficial de confianza de qué valerse.

A pesar de sus dolencias, condescendió Fierro porque no se creyera que se negaba al servicio del Rey y de la Nación, y a pesar de que presumía que todo esto era una intriga para separarlo de Caracas y poder dejar el mando de la plaza a Tiscar, que era de menos graduación que él.

Llegaron a Barcelona, y el 5 de mayo se le confió a Fierro el mando militar de aquella plaza, que la tenia el coronel de milicias don Jose María Hurtado, pues el de la Provincia estaba a cargo del capitán de fragata don Pedro Cabrera, quedando aquél bajo las inmediatas órdenes de éste.

No se ocultaban a Fierro estas estratagemas, y pasó a Monteverde el siguiente oficio, fechado en Barcelona el 5 de mayo: “Por el oficio que acabo de recibir de V, S. quedo en cuenta de tomar el mando militar de esta Ciudad, por ahora por convenio del mejor servicio, no obstante que mis deseos son los de acompañar a V.S. en el campo del honor».

Con mucho agrado recibieron los barceloneses a su nuevo Gobernador Militar, y las activas y eficaces medidas que para mantener el orden en la población y recoger los soldados dispersos tomó en el momento mismo en que supo de la derrota del ejército en Maturín.

Cabrera, el Gobernador Civil de la Provincia, había fallecido en el ínterin, y Monteverde, en oficio de 26 de mayo, nombró a Fierro para el cargo. El 27 por la noche se le presentó con dicho oficio el comisionado doctor Antonio Gómez, quien traía, de parte de Monteverde, instrucciones y medidas que allí debían tomarse. Por éste supo Fierro que la derrota de Maturín había sido ocasionada por haber precipitado el ataque, viéndose precisado a ello Monteverde para regresar luego a Caracas que se hallaba en el mayor desorden por las medidas tomadas por Tiscar,

En carta fechada en La Guaira a las dos de la madrugada del 8 de mayo, por el doctor Jose Manuel Oropesa y dirigida a Monteverde, después de infornarle de algunos desatinos cometidos por Tiscar, agrega; “Harto siento que Fierro, y todos aquéllos con quienes Vd. chocó por dejar a Tiscar de su segundo, tengan este motivo de complacencia».

El 7 de junio llegó Monteverde, desolado, a Barcelona y con la misma fecha pasó a Fierro el oficio siguiente: “Siéndome urgente el pasar a la Ciudad de Caracas a los fines de reunir fuerzas suficientes para destruir a los insurgentes de Maturín y poner esta Provincia en estado de quietud y participación que asegure la existencia de sus honrados vecinos, he tenido por conveniente en nombrar de Comandante de la Provincia y del Ejército al Sr. Mariscal de Campo Don Juan Manuel Cagigal, y de Comandante Militar interino de esta capital al Señor Don Lorenzo Fernández de la Hoz, por necesitar el que V. S. me acompañe a la Ciudad de Caracas al intento de que en ella pueda llenar V. S. con más utilidad los sagrados deberes del servicio Nacional».

Fierro, al recibir este oficio, trató de eludir este compromiso basándose en su inutilidad para todo servicio activo, pues apenas podía caminar apoyado en su bastón, y así se lo manifestó a Monteverde, diciéndole que obedecería aquella orden siempre que se dejase allí a La-Ginestier para que cuidase del servicio militar.

El Cabildo se opuso también a esta salida, fundado en las pocas tropas que quedaban guarneciendo la plaza. Y para vencer esta oposición, Monteverde convocó una junta compuesta del Arzobispo y demás autoridades, las cuales, persuadidas de la precisa e
indispensable necesidad de sostener la plaza de San Carlos —por ser la llave de Los Llanos, y si ésta fuera tomada estaría perdida toda la Provincia— convinieron en ello.

Causas económicas impidieron hasta el 4 de julio la salida de Monteverde de Caracas, desde cuya fecha quedó encargado del mando Fierro con sólo doscientos ochenta y dos hombres útiles para el servicio, la mayoría de los cuales eran criollos y continuamente daban muestras de simpatizar con los patriotas.

El día 14 se intentó, sin consecuencias, la Revolución de La Guaira. El el mismo día debió estallar también en Caracas, de lo que hubo señales ostensibles, pero debido al celo y vigilancia de Fierro no pudo verificarse aquélla.

Le causaba cuidado a Fierro la sospecha de que parte de las tropas del país, que formaban la guarnición de La Guaira, estuvieran complicadas en la revolución, y para evitarlo tuvo que crear de allí la Compañía de Maracaibo, que envió a la orden de Monteverde y mandó otra a reforzar la guarnición de Caracas.

Estas medidas debilitaron en parte las fuerzas de los revolucionarios a lo que se debió, sin duda, que la intentona del día 26 —llevada a cabo en la plaza de La Guaira por Juan José Ayala y sus partidarios, quienes, después de haber asesinado al Sargento de Brigada Alarcón, trataron de apoderarse del Cuartel del Colorado—, hubiese fracasado con la muerte del mismo Ayala y la prisión de sus compañeros que más tarde fueron pasados por las armas.

El día 28 dio parte el Intendente Fierro de que había recibido de Monteverde oficio para que con todos los intereses de la venta del tabaco se trasladaran a Valencia, a donde se había dispuesto que también fuesen, en el término de pocas horas, aquellos habitantes de los Valles de Aragua que se habían mantenido fieles a la corona.

Esta resolución de Monteverde llenó de consternación a las autoridades de Caracas, y, por indicación de las mismas, Fierro le escribió a Monteverde haciéndole presente que el punto interesante para la Provincia era San Carlos, porque si éste se perdía, aunque hubiera muchas fuerzas en Valencia, los patriotas se harían dueños de todo, sin que se les pudiera impedir, y se internarían por Coro, a Caracas, Ocumare y hasta el mar.

Monteverde oyó al fin un consejo amigo, y quiso hacer lo que se le indicaba, pero era ya tarde. El día 27 entraron los patriotas en San Carlos. Fierro redobló la vigilancia de Caracas temiendo un alzamiento general; aunque sin fuerzas con que sostener su puesto, ni dinero con que pagar a las tropas, que se le habían mantenido fieles.

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