[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Juan el Bobo

Carlos M. Padrón

De entre los que, según recuerdo, recibían el ‘apellido’ de Bobo, éste, también mendigo, era el menos bobo de todos; era bastante pícaro y hasta se aprovechaba de Cuncún cuando nadie los veía,… o él creía eso.

Usaba sombrero y bastón, como aparece en este dibujo de Wifredo Ramos,

y era dicharachero. No recuerdo dónde vivía ni quién era su familia, pero sí recuerdo muy bien que nunca faltó a ningún entierro, y era de los primeros entre los acompañantes del cortejo fúnebre de cualquiera que hubiera muerto en el pueblo.

Sé que Juan el Bobo y algunos otros de su condición mental y social fueron llevados a una especie de hospicio en Tenerife, donde murieron y nunca más supe de ellos. Pero no creo equivocarme al asegurar que si Juan el Bobo hubiera muerto en El Paso, habría dado lugar al entierro más multitudinario en la historia de nuestro pueblo.

[*Opino}– Warren Buffett, un ejemplo de ahorro, frugalidad y rechazo a la ostentación

No sé si esto es o no cierto en su totalidad. Según lo que acerca de Warren Buffett encontré en Google, aunque no leí todo lo encontrado, algo de cierto podría haber en el artículo que sigue que, si bien sospecho que podría estar más o menos “adobado”.

Lo publico por la empatía que me causa o por lo mucho que me identifico con la filosofía de Buffett, pues, como ya he dicho antes, si yo fuera millonario viviría como vivo ahora y como he vivido por muchos años, los buenos y los malo, o sea, que viviría básicamente,

• sin lujos
• sin alternancia social, en su acepción de hacer vida social con personas “high”, o entrar a competir socialmente con alguien
• sin objetos que carezcan de utilidad práctica y funcional o que sólo sirvan para denotar frivolidad o vanidad que, en definitiva, es ofensiva ostentación, y valga la redundancia porque la ostentación es siempre ofensiva; y,
• en una casa con sólo lo necesario, sin periquitos “intocables” y detalles que sólo sean mero lujo o valgan una fortuna, y en la que, por tanto, pueda yo vivir a gusto sin que sea la casa la que me “viva” a mí

En lo que sigue he resaltado aquello con lo que más me identifico.

Como dijo H. D. Thoreau, ya publicado en la sección APF, “Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar”.

Carlos M. Padrón

***

Hubo una entrevista de una hora en CNBC con Warren Buffett, la segunda persona más rica del mundo,

quien donó $31 mil millones para caridad. He aquí algunos aspectos muy interesantes de su vida:

• Compró su primera acción a los 11 años, y se lamenta de haber empezado demasiado tarde.

Con sus ahorros, provenientes de repartir periódicos, compró una pequeña granja a los 14 años.

Todavía vive en la misma pequeña casa de 3 cuartos en Omaha, casa que compró luego de casarse hace 50 años. Dice que en esa casa tiene todo lo que necesita; una casa que no tiene ningún muro o reja de seguridad.

Maneja su propio carro, y no anda con chofer o guardaespaldas.

• Nunca viaja en jet privado, a pesar de ser el dueño de la compañía de jets privados más grande del mundo.

• Su compañía, Berkshire Hathaway, es dueña de 63 otras compañías. A los CEOs de estas compañías les escribe sólo una carta cada año dándoles las metas para ese año. Nunca los convoca a reuniones o los llama regularmente, pero a todos les ha dado dos reglas:

1: No perder nada del dinero de sus accionistas
2: No olvidar la regla número 1

No socializa con la gente de la alta sociedad. Su pasatiempo, cuando llega a casa, es prepararse palomitas de maíz y ver televisión.

• Bill Gates, el hombre más rico del mundo, lo conoció apenas hace 5 años y pensó que no tenía nada en común con Warren Buffett. Por esto programó la reunión para que durara únicamente media hora. Pero cuando Gates lo conoció, la reunión duró diez horas y Bill Gates se volvió un devoto de Warren Buffett.

• Warren Buffet no anda con celular ni tiene una computadora en su escritorio.

Su consejo para la gente joven: Aléjese de las tarjetas de crédito cuando ha de pagar intereses por ellas, e invierta en usted. Recuerde:

1. El dinero no crea al hombre; fue el hombre quien creó el dinero.

2. La vida es tan simple como usted la haga.

3. No haga lo que los otros digan. Escúchelos, pero haga lo que lo que a usted le hace sentir mejor.

4. No se vaya por las marcas. Póngase y use las cosas con las que se sienta cómodo.

5. No gaste su dinero en cosas innecesarias. Gaste en las que de verdad necesita, y en quienes de verdad lo necesitan.

6. Después de todo, es su vida, ¿por qué darle a otros la oportunidad de manejársela?

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (3/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

El oficio que de parte de Miyares entregó Fierro a Monteverde, fechado en Puerto Cabello el 26 de julio, decía: “Mi carácter es, por fortuna mía, bastante pacífico para desear que estas desagradables ocurrencias terminen del modo que conviene al servicio del Rey, a la tranquilidad de estas provincias y al honor de entrambos, y a fin de que así pueda conseguir sin estrépito, sin escándalo público y sin dilaciones perjudiciales, he comisionado al coronel don Manuel Fierro para que, entregándole este oficio, pueda enterar a usted de los sentimientos que me animan y ser nuestro iris de paz».

Asi, provisto de los pliegos de instrucciones necesarias, llegó Fierro a Caracas el 2 de agosto, y allí, auxiliado por el Arzobispo de la Diócesis y el Marqués de Casa-León, procuró cortar las diferencias que existían entre Monteverde y Miyares, haciendo comprender al primero que podía ocasionar a la nación graves perjuicios la desunión de ambos jefes.

De estas conferencias no pudo sacar resultado positivo alguno, y sí la convicción de la existencia del oculto complot que se fraguaba y las consecuencias funestas que de él iban a resultar. En el oficio con que Monteverde respondió a Miyares decía: “En esta virtud, después de haber conferenciado detenidamente con el coronel don Manuel Fierro, a quien V. S. destinó a este efecto, estoy convencido de que es indispensable insistir en mi anterior insinuación».

De regreso a Puerto Cabello, dio cuenta a Miyares de lo infructuoso de su comisión, y así como Monteverde había creído que las reflexiones de Fierro para que entregara el mando a Miyares habían nacido más de su inclinación a este General que del escándalo que causaría la separación de la Provincia de la autoridad del Jefe nombrado por el Supremo Gobierno de España, así también Miyares creyó que Fierro no había llenado
cumplidamente su cometido por ser pariente, aunque lejano, de Monteverde. ¡Desesperada y dolorosa situación!

Miyares dispuso inmediatamente su salida para Coro, y con fecha 13 de agosto pasó oficio a Fierro ordenándole que se quedase en Caracas a las órdenes de Monteverde. Resentido Fierro de la conducta de su General hacia él, contestole dicho oficio el mismo día con otro, enviado desde Puerto Cabello, que decía: “Respecto de que V. S. considera el que en obsequio del servicio me quede en esta plaza a la disposición del Comandante en Jefe, don Domingo de Monteverde, obedezco a V. S. con la seguridad del acierto; pero en atención de que tengo entendido está despachada mi solicitud de retiro a las Islas Canarias, y que la postración en que me tiene el achaque que padezco no me permite ocupaciones activas, aguardaré que V. S. me comunique aquella gracia y solicitar mi pasaporte para efectuarlo».

Miyares accedió a los deseos de Fierro, y, en cumplimiento de su deber como caballero, le remitió, en oficio de 10 de septiembre, su Real Despacho de Brigadier de los Reales Ejércitos, y le participaba su agregación de Coronel con el sueldo de reglamento, al Estado Mayor de la plaza de Santa Cruz de Tenerife, tan satisfactoria noticia la comunicó el nuevo brigadier a Monteverde, manifestando que pasaría personalmente a presentarle su Real Despacho tan pronto como se lo permitiera su quebrantada salud.

Pronto estuvo en estado de hacer el viaje, y el 20 de octubre 1egó a Caracas con objeto de arreglar y poner en orden los cuantiosos bienes que aquí había heredado de su tío don José Gabriel Fierro de Torres y Santa Cruz, y se impuso, con sorpresa, de que las proclamas de Monteverde publicadas en los días 2, 3 y 5 de agosto ofreciendo a los caraqueños un completo olvido de lo pasado, no se habían cumplido, antes, por el contrario, se estaban haciendo multitud de prisiones.

No quería que estos habitantes, entre quienes había vivido trece años, le confundiesen con aquellos violadores. Y dada la circunstancia de que había sido expulsado de Caracas el 19 de abril de 1810, y podían creer que venía para ejercer crueles venganzas, aceleró el arreglo de sus asuntos con objeto de regresar a Canarias cuanto antes. Pero Monteverde no se lo permitió, disponiendo que, en atención a la falta de jefes y oficiales que había en Caracas, continuase aquí a sus órdenes.

Este mandato contrarió mucho a Fierro, porque, viendo por una parte el clamor general del vecindario, de que se faltaba a lo capitulado, y por la otra la discordia que mediaba entre las autoridades, algunas de las cuales influirían poderosamente en el ánimo de Monteverde para que usara el rigor con el pueblo, llegando a hacerse sospechosas a éste aquellas personas que opinaban de distinto modo, y mirándose como un crimen el visitar a los patriotas y tener trato con ellos, estaría expuesto el honor militar de Fierro por ser partidario de la conciliación y de la paz. Sin embargo, en fuerza de aquella orden superior, fue preciso quedarse en Caracas a las órdenes de Monteverde y arrastrar las consecuencias de los acontecimientos que se preparaban.

El 29 de noviembre se publicó la Constitución Política de la Monarquía por el Estado Militar, el 2 de diciembre lo hizo el Cabildo, v el 3 fue la función en la Iglesia, y en estos mismos días dio parte el Comandante Militar de La Victoria, de que allí se tramaba llevar a cabo para la Nochebuena una conspiración en contra del Gobierno.

Esta noticia inquietó mucho a Monteverde y le sugirió la idea de celebrar una junta para tomar las medidas de seguridad oportunas. Esta junta la formaban Monteverde; don Femando Monteverde, tío de don Domingo; Fierro; don Gonzalo María de Orea, comerciante; don Antonio Gómez, médico; fray Juan José García, de la Orden de Predicadores; don Vicente Linares; don Juan Esteban Echezuría; don Pedro de la Mata; don Jaime Bolet; don Juan Manuel Tejada; don Manuel Rubín; don Pedro Benito Vidal, Oidor; don Antonio Tiscar, Oficial de Marina; el Marqués de Casa-León; don Luis Escalona; doctor José Manuel Oropesa, abogado asesor; los presbíteros, doctor don Juan Antonio Rojas Queipo, y doctor don Manuel Vicente de
Maya; y don Manuel Linares.