04-04-2007
Carlos M. Padrón
El Ñoño —el mismo de El Ñoño y el arco iris—, absolutamente chocho con su nietita, Marían Nela —que así se llamaba la hija de Julita, la de Sin derecho a pedir más— salió un día al jardín llevando en brazos a la niña cuando ésta tenía apenas unos cinco meses, y cortando una rosa de vivos colores pero con el tallo lleno de espinas, comenzó a moverla a escasos centímetros de la cara de la bebé mientras cantaba:
—¿Ónde as, Aría Ela? / A er la abrita e apá (= ¿Dónde vas, María Nela? / A ver la cabrita de papá).
Atraída por el color y el movimiento de la rosa, la niña extendió su mano con clara intención de empuñar el espinado tallo, ante lo cual Doña Fina —la vecina mencionada en “El Ñoño y el arco iris”— que había observado todo muy de cerca, exclamó alarmada:
—Pero, hombre de Dios, ¿¡no ve que esa niña se va hacer daño con las espinas!?.
Y El Ñoño, sin dejar de bailar a su nieta y sin mirar siquiera a Doña Fina, contestó inmutable:
—Yo ya e lo dije: “Aría Ela, ¡en cuidado, ira e las osas ienen espinas!” (= Yo ya se lo dije: María Nela, ¡ten cuidado, mira que las rosas tienen espinas!”).
