[*Opino}– La chikungunya y las armas biológicas no letales

12/11/2014

Carlos M. Padrón

Justo hoy, cuando en la prensa digital ha aparecido el artículo que copio abajo, creo haber superado la etapa crítica de la chikungunya, también llamada chikunguña.

Sus efectos me tienen aún asombrado porque, como no soy ni médico ni biólogo, no logro entender que algo que inocule un mosquito pueda ser tan selectivo como para atacar, con tan alta precisión y efectividad, a las articulaciones de las cuatro extremidades, incluidas las de los dedos de manos y pies, consiguiendo así inmovilizar casi totalmente a un ser humano.

A efectos prácticos, así es, porque los dolores en esas articulaciones son tales que —al menos en mi caso y en el de muchas otras víctimas de las que he sabido— no podía cepillarme los dientes, no podía levantarme si estaba en una posición en que las rodillas quedaran más altas que las caderas, no podía llevarme un cubierto a la boca, no podía caminar con seguridad —porque de pronto el dolor extremo en un pie dejaba flácida la pierna correspondiente y yo me venía al suelo, no siendo de gran ayuda que tuviera de qué agarrarme porque mis brazos carecían de fuerza para que el agarre resultara efectivo—, no podía incorporarme de la cama, no podía vestirme ni calzarme,….. En fin, que durante un par de días fui como un prisionero en mi propio cuerpo.

Ante algo así se me ocurre que, debidamente perfeccionado —como para que, por ejemplo, inmovilice por más tiempo— este virus podría ser —¿o ya está en vías de serlo?— el arma biológica ideal para paralizar, de forma masiva y sin causar la muerte, a sus víctimas, a menos que éstas no tomaran los cuidados pertinentes.

Los miembros de un ejército que en el campo de batalla padecieran los síntomas que describí, no podrían sostener un arma, disparar con puntería, lanzar una granada, atisbar por unos prismáticos, manejar un tanque, un radar o una computadora, pilotar un helicóptero, escapar de un peligro, etc. Sólo serían espectadores impotentes de lo que ante ellos ocurriera.

Quien diga que no es impresionante es porque no ha «disfrutado» de la chikungunya.

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12/11/2014

Gonzalo López Sánchez

Armas biológicas de destrucción masiva: silenciosas y letales

Los microorganismos que causan la peste, el ébola, el carbunco o la viruela, pueden ser usados como armas, y muchos países ya cuentan con medidas de defensa frente a ellos.

12 de marzo de 2009. Una investigadora alemana trabaja en el Instituto Bernard Nocht de Medicina Tropical, en Hamburgo. Manipula muestras con virus ébola activo para inyectárselas a animales de experimentación y, por ello, está protegida con una escafandra de nivel 4 de bioseguridad, que impide que ninguna parte de su cuerpo, ni tan siquiera el aire que respira, entre en contacto con el resto del laboratorio.

Pero entonces, una de las agujas con que trabaja atraviesa la goma de su guante y se clava en su piel. En un instante, puede haberse inyectado millones de partículas virales capaces de multiplicarse y atacar sus capilares, su sistema inmune y su hígado. Saltan todas las alarmas, y un equipo internacional decide inyectarle con urgencia una vacuna experimental.

La doctora sufre una ligera subida de fiebre horas después, pero finalmente se salva, quizás gracias a la vacuna, o quizás porque tuvo suerte y no se inyectó suficiente cantidad de virus. En 2004 un científico ruso no tuvo tanta suerte.

En la fecha en que esta investigadora tuvo aquel accidente, se cumplían alrededor de 30 años de investigación en el temible virus ébola, un microorganismo muy letal pero que apenas había causado 2.000 infecciones, gracias a su escasa capacidad de contagio. ¿Por qué se estaba investigando entonces, a costa de la inversión de millones y millones de dólares y en las condiciones más estrictas de seguridad?

El motivo fundamental es que se le consideraba como uno de los microorganismos más peligrosos para el ser humano, y que además podía ser usado como arma biológica en una acción de bioterrorismo.

¿Qué es el bioterrorismo?

«Consiste en el uso intencionado de un patógeno o producto biológico para producir daño a personas, animales, plantas u otros organismos, para influir sobre la conducta de los gobiernos o intimidar a la población civil», según el «Model State Emergency Health Powers Act», un informe elaborado por dos importantes universidades estadounidenses con el objetivo de ayudar en la elaboración de leyes y respuestas a epidemias y ataques de bioterrorismo en Estados Unidos.

¿Qué son las armas biológicas?

«Se trata de virus, bacterias u otros gérmenes que normalmente se encuentran en la Naturaleza pero que en ocasiones han sido modificados en laboratorio para aumentar su capacidad de dispersión, de resistir los tratamientos médicos o ser más dañinos», según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el CDC, un organismo a la vanguardia mundial en la lucha contra epidemias y en salud pública.

Los expertos consideran que las armas biológicas son fáciles de desarrollar, que son más letales y más baratas que las químicas y más difíciles de detectar que las nucleares. Además, se pueden dispersar a través del aire, del agua, de la comida o entre personas. Pueden resultar difíciles de detectar, y causar la enfermedad después de tiempos de incubación muy variables.

¿Cuáles son las más peligrosas?

El CDC clasifica las armas biológicas en tres categorías, de la A a la C. Las más peligrosas son de la categoría A, y todas ellas tienen alguna de estas características:

  • Ser fácilmente diseminables o transmisibles entre personas.
  • Tener elevadas dosis de mortalidad y un fuerte impacto en la salud pública.
  • Provocar pánico colectivo y afectar a la estabilidad social.
  • Requieren una respuesta y una preparación especiales por parte de las autoridades sanitarias.

Dentro de la categoría A, se encuentran los microorganismos que causan las siguientes enfermedades:

Fiebres hemorrágicas

Causadas por filovirus (ébola y marburgo) y arenavirus. Provocan fallos multiorgánicos y hemorragias al atacar al sistema circulatorio. Los filovirus resultan especialmente peligrosos debido a sus elevadas tasas de mortalidad y al hecho de que no se conozca con exactitud cuál es el animal que actúa como reservorio de estos microorganismos. Por su parte, los arenavirus están divididos en dos grupos, los del Viejo Mundo y los del Nuevo Mundo, y provocan enfermedades como la fiebre de Lassa o la fiebre de Argentina.

Carbunco (en inglés, «Anthrax»)

Se trata de una seria enfermedad que puede llevar a la muerte y que está causada por una bacteria llamada Bacillus anthracis, que puede estar presente en el suelo o en animales. La infección se produce cuando se ingieren esporas presentes en suelos, pasto o agua contaminada, o bien cuando estas llegan a la piel o al pelo y luego se ingieren, por lo que el contagio entre personas es complicado.

Sin embargo, es uno de los mejores candidatos a arma biológica porque sus esporas se encuentran fácilmente en la Naturaleza en muchos lugares, pueden resistir durante mucho tiempo en el medio ambiente, y pueden ser liberadas a través de comida, agua o sprays sin llamar la atención.

En 2001, 5 personas murieron en Estados Unidos a causa de un ataque con esta bacteria a través de cartas.

Peste neumónica

Aparece cuando la bacteria Yersinia pestis es inhalada y llega a los pulmones. Los síntomas (fiebre, debilidad, dolor de cabeza, neumonía, producción de esputos sanguinolentos y fallo pulmonar) aparecen entre uno y seis días después del contagio, y pueden llevar a la muerte si no se suministran antibióticos en un plazo de un día después de la aparición de los síntomas.

Se trata de una peligrosa arma porque la bacteria está presente en la Naturaleza y se puede producir en el laboratorio, y las personas pueden portarla durante varios días sin experimentar síntomas, con lo que la dispersión de la enfermedad puede aumentar considerablemente.

Cuando esta bacteria es transmitida a través de la picadura de pulgas, se produce la llamada peste bubónica (que asoló Europa en el siglo XIV durante el episodio de la peste negra). Produce bubones (hinchazón de ganglios linfáticos), gangrena (manchas negras en la piel por muerte de tejidos) y septicemia (infección generalizada).

Esta última no es contagiosa entre humanos si no es a través de las pulgas, pero puede infectar a los pulmones y convertirse en la variedad neumónica, que sí es contagiosa.

Botulismo

Es una enfermedad que paraliza los músculos y que puede llevar a la muerte por fallo respiratorio. Es producida por una bacteria llamada Clostridium botulinum, que puede transmitirse a través de la comida, el agua o el aire.

Viruela

Es una enfermedad grave y muy contagiosa que puede llevar a la muerte de los pacientes. Ha acompañado al ser humano durante miles de años, pero el último enfermo de viruela se diagnosticó en 1977 y se considera que está erradicada desde 1980 gracias a una extensa campaña de vacunación. Sin embargo, existen reservas con este virus en dos instalaciones de alta seguridad para futuras investigaciones, puesto que se cree que podría haber muestras de este microorganismo en manos de terroristas.

Hay una variante de la enfermedad más grave, que alcanza una letalidad del 30%, y otra menor, que apenas llega al 1%. Provoca fiebre, dolor, vómitos, sarpullidos, la aparición de pústulas y a veces ceguera.

Tularemia

Es una enfermedad muy contagiosa causada por una bacteria llamada Francisella tularensis. Se encuentra en la Naturaleza y podría ser usada como arma biológica al aplicarla en forma de aerosol. Se transmite por vía aérea y provoca una grave neumonía y una infección sistémica.

¿Se han usado alguna vez?

Las armas biológicas comenzaron a investigarse durante la Gran Guerra y sufrieron un desarrollo importante durante la Segunda Guerra Mundial (se estima que 10.000 prisioneros murieron en campos de concentración japoneses a causa de las pruebas que realizaron con ellos).

Entre 1950 y 1970, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética produjeron importantes arsenales de armas biológicas, el primero produjo municiones con al menos siete tipo de agentes biológicos, pero a partir de entonces ambas naciones ratificaron acuerdos para evitar su proliferación y destruir sus reservas.

Con todo, hasta 1999 se registraron 100 incidentes relacionados con armas biológicas, con un total de 990 muertes. Desde entonces, se han producido desde intentos de contaminar los alimentos de un buffé de ensaladas (en el que se infectaron 750 personas) a un ataque con la bacteria causante del carbunco en Estados Unidos («Anthrax» en inglés), que en 2001 infectó a 22 personas y mató a 5 a través de las cartas enviadas por el servicio postal.

En Japón, el ya extinto grupo terrorista «Aum Shinrikyo», que perpetró un ataque con gas sarín en las ciudades de Tokio y Matsumoto (Japón), también intentó realizar varios ataques con las bacterias del carbunco y del botulismo, e incluso viajó a Zaire para conseguir muestras de virus ébola.

¿Hay que temer un ataque bioterrorista?

«No es necesario vivir con un constante temor por un ataque bioterrorista. Basta con permanecer vigilante y preparado», explica Joanne Cono, portavoz del CDC, en un vídeo institucional. El grado de preparación varía entre los países, pero pasa por acumular antibióticos, antivirales y vacunas, si los hay, preparar planes de respuesta o incluso mensajes para ser enviados a través de radio y otros medios de comunicación en caso de emergencia.

Aunque muchos de los agentes biológicos que pueden ser usados como armas son fáciles de conseguir, lo más difícil es producirlos en elevadas cantidades y después liberarlos de forma efectiva en el suministro de agua o en forma de aerosol.

Mientras que harían falta varias toneladas de toxinas para hacer un ataque a través del viento, bastaría con un kilogramo de Bacillus anthracis para cubrir una zona de 100 kilómetros cuadrados y provocar una letalidad del 50%, según el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército de los Estados Unidos.

Los microbios más letales

Los virus y las bacterias son esenciales para la vida en la Tierra, tal y como la conocemos, (son los seres vivos más numerosos, responsables de la aparición de organismos superiores y los que oxigenaron la atmósfera, entre otras cosas). Muy lejos de las humildes cifras cosechadas por las armas biológicas, los microbios son asesinos temibles para el ser humano en su entorno natural.

Por ejemplo, la viruela, los resfriados, la peste y la gripe mataron al 95% de la población nativa americana, desde la colonización española, la peste negra mató a alrededor de un cuarto de la población europea en el siglo XIV, y la pandemia de la gripe española mató a un número de personas comprendido entre los 20 y los 50 millones después de la Primera Guerra Mundial.

Fuente

[*Opino}– A vueltas con un par de buenas piernas femeninas. ¡Y luego dicen que yo!

 11-12-11

Carlos M. Padrón

En algunos comentarios puestos en el artículo El (supuesto) atractivo de las piernas largas, varias mujeres me han tildado de machista, cerdo, acomplejado, etc. Son mujeres que, seguramente, tienen piernas que en nada se parecen a las que describí como bellas.

Me pregunto qué dirán estas mujeres al leer el artículo que sigue, en el que, en cierto modo, se ratifica mi apreciación sobre el valor de unas buenas piernas, que no son precisamente las que califico de caprinas.

¿Y qué dirían de mí las que cuentan con un par de buenas piernas y las usan, como describe el tal artículo, como «capital erótico»?

¿Son machistas los que dan valor a ese capital, o es la envidia de otras mujeres lo que incrementa ese valor?

Si es que esos hombres son machistas, ¿despotricarán de ellos las mujeres que haciendo uso de su capital erótico lograron encandilarlos?

Si así fuera, ¿es malo el machismo? ¿O es que el machismo es como el colesterol, que lo hay malo y bueno?

La conclusión subyacente al artículo que sigue es que «La mujer debe invertir bien el capital erótico que le dio la Madre Naturaleza, antes de que se lo devalúe el Padre Tiempo».

P.D.: La piernas de la foto no son muy bonitas que se diga; están ligeramente torcidas.

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11/12/2011

Silvia Hinojosa

El capital erótico sirve a la mujer como atajo al éxito

Un par de buenas piernas pueden ayudar a llegar lejos. Y no sólo en la pasarela, en cualquier profesión.

Ocurre en las mejores oficinas: un par de buenas piernas pueden ser de utilidad para dar la zancada; sin mala conciencia, sin reparos, sin temor a que debiliten la inteligencia.

Distintos académicos y expertos del ámbito de la sociología defienden, no sin polémica, que la mujer puede usar su capital erótico en el trabajo Xavier Cervera

¿Revolucionario? La polémica está servida. Una parte de la sociedad estaría dispuesta a admitir que una mujer puede ser femenina, usar maquillaje, llevar un vestido bonito y zapatos de tacón sin que se cuestione su talento, sin tener que hacer esfuerzos adicionales para demostrar que además de guapa es eficiente.

Pero que una chica utilice su atractivo físico como parte de su estrategia para prosperar en la vida, para subir peldaños en la empresa, suena tan machista, superficial y anticuado que no parece el mejor consejo que una madre daría a su hija.

Una madre diría que es mejor una titulación académica, mejor trabajar duro y dejarse de frivolidades. De acuerdo. Pero usar el encanto personal para triunfar puede ser una estrategia más moderna de lo que parece, y su eficacia ya está siendo defendida desde tribunas de prestigio. Con gran controversia, lógicamente.

La pionera en el estudio de una disciplina que puede cambiar las relaciones personales es la socióloga británica Catherine Hakim, de la London School of Economics, que ha acuñado el término capital erótico para referirse a una combinación de atractivo estético, social y sexual que las personas ejercen sobre el resto de la sociedad y, de forma especial, sobre el otro sexo.

Y defiende que ese atractivo —construido a partir de una inversión inteligente en la propia imagen, en la forma como uno se mueve, habla y se comporta— debe ser utilizado en beneficio propio.

La tesis de Hakim es una extensión del análisis del sociólogo francés Pierre Bourdieu sobre las diferencias sociales y el éxito.

Bourdieu clasificó en tres grupos los recursos que cada persona pone en juego:

  • El capital económico: lo que se tiene, dinero.
  • El capital cultural: lo que se sabe, titulaciones; y,
  • El capital social: la red de relaciones, a quién se conoce.

Y planteó un cuarto tipo de recurso, que llamó simbólico porque no es inherente a cada uno sino que existe en la medida en que los demás se lo reconocen, y que incluiría la autoridad, el prestigio, la reputación, y el talento.

Pero Catherine Hakim sostiene que al capital económico, cultural y social hay que añadir el capital erótico, que puede ser un activo innato pero también se puede adquirir, acumular y sacarle provecho.

Ser atractivo incluye la elegancia en el vestir, las habilidades interpersonales e incluso el sentido del humor, añade.

Esta socióloga, experta en teorías sobre el posicionamiento de la mujer en la sociedad, explica que durante años se ha tejido una ideología moral que impide que las mujeres aprovechen su capital erótico para lograr beneficios económicos y sociales.

Pero, en lugar de ignorarlo, debería ser tenido en cuenta y trabajar en él, como se potencia el patrimonio económico, académico o social. Según sus cifras, «la gente guapa puede ganar de un 10% a un 15% más que las personas de aspecto normal».

Y añade: «Dado que funciona, debería usarse sin sentimiento de culpa, y es un potencial que no depende de la clase social».

A las tesis de Catherine Hakim se suma el profesor de la Universidad de Texas, Daniel Hamermesh, en su libro «Beauty pays» (= La belleza paga), en el que sostiene que ser atractivo ayuda a ganar más dinero, a encontrar una pareja mejor, y a conseguir mejores negocios.

Los trabajadores atractivos, asegura, ganan más que los que no lo son; los profesores guapos obtienen mejores valoraciones, y algo parecido ocurre con los políticos.

«Al principio me sorprendió lo útil que podía resultar medir el impacto económico de la belleza en diversos ámbitos, pero no tiene por qué sorprender ya que la belleza es algo escaso, y la economía se ocupa de medir el impacto de la escasez», señala.

Hamermesh concluye también que «las diferencias salariales motivadas por la imagen son mayores entre los hombres que entre las mujeres».

Los hombres

Catherine Hakim opina que el capital erótico no es una ventaja de género, pero «dado que, en general, las mujeres poseen más que los hombres, éstos niegan su existencia o que tenga algún valor. Y han tomado medidas para que las mujeres no se aprovechen legítimamente de esta ventaja», señala.

El patriarcado, dice Hakim, pone trabas a que las mujeres utilicen su capital erótico, les infunde mala conciencia. Pero hay otros culpables: «El feminismo puritano anglosajón condena el capital erótico, con estrechez de miras, mientras que los feminismos mediterráneos jamás criticarían a una mujer por vestir con elegancia o utilizar su encanto; no condenan la sensualidad», señala.

La psicóloga Carme Freixa lo analiza desde otra perspectiva. Piensa que en una sociedad con una competitividad feroz, a hombres y mujeres les han impelido a pensar que si utilizan su atractivo físico tendrán más éxito social.

«Es la profecía autocumplida —señala—, si crees algo desarrollarás conductas que acabarán haciéndolo realidad. Si piensas que tu físico es una parte de tu atractivo, desarrollarás las conductas de seducción más diversas, y harás que se cumpla la profecía. En cambio, si tienes una autoestima baja en lo referente a tu físico, no lo harás».

Freixa señala que «la sociedad actual hace que esto sea posible, que creas que el físico es una parte mucho más importante de lo que lo es para una relación de éxito, ya sea laboral o de pareja».

Su teoría es que los hombres alcanzan el éxito por el «circuito de los campos de golf», y las relaciones sociales, mientras que las mujeres deben saltar vallas y no tienen tiempo para el golf.

«El patriarcado las ha hecho pensar así. No estoy de acuerdo con Catherine Hakim en que el patriarcado condene que la mujer utilice su capital erótico, es al revés, ha promovido que la mujer sea reconocida por su valía física más que por la intelectual», defiende.

Fuente: La Vanguardia