Para ver/bajar el archivo, clicar AQUÍ y luego en Download.
Cortesía de Mary Carmen Barbuzano
Para ver/bajar el archivo, clicar AQUÍ y luego en Download.
Cortesía de Mary Carmen Barbuzano
19/01/2014
Guacimara Hernández
«Algunos sitios en el mundo son especiales. ¿Has oído hablar del efecto Lanzarote?».
Con esa frase provocadora comienza un vídeo sobre esta isla canaria que está recibiendo miles de visitas a la vez que elogiosas críticas en la red social Vimeo.
La producción, debida a los realizadores franceses Lea Amiel y Nicolas Libersalle, dura apenas cuatro minutos y está registrada con la técnica de «time-lapse», basada en la captura de imágenes fotográficas durante largos minutos u horas, pero después reproducidas en una película de alta velocidad.
Además de los paisajes volcánicos, las playas, las salinas y la naturaleza salvaje, también muchas caras de vecinos lanzaroteños se presentan en el vídeo, mientras una voz en «off» sugiere que «puedes ser transportado a otro universo y, si sigues el camino correcto, verás caras que nunca olvidarás»
20/07/2013
Lanzarote forma parte del archipiélago Canario, que está localizado en el Atlántico, y es la Comunidad Autónoma más alejada de la Península.
Cuenta con rincones naturales impensables, y una mezcla de colores única: el azul del mar, el verde de sus palmeras y el negro de su tierra.
He aquí una lista de lo más destacado en esta isla.
Los Jameos del Agua
Los Jameos del Agua impactan al visitante. Se trata de un lugar especial porque se ha convertido en una obra de arte natural y también artística.
En su momento, supuso la primera intervención en Lanzarote del reconocido artista Canario César Manrique.
Los Jameos del Agua, forman parte de un gigantesco tubo volcánico que se adentra en el Atlántico y, además, son el mejor punto de partida para conocer la costa norte de la isla de Lanzarote.
En el mismo punto kilométrico de la carretera LZ-1 en dirección norte, hay una indicación que señala: a la derecha, los Jameos del Agua, y a la izquierda, la Cueva de los Verdes. ¿Qué hacer?
Las dos cuevas merecen una visita, pero los Jameos deben ser la primera opción. Aquí fue donde el artista César Manrique inició su estrecha relación con la naturaleza de la isla.
Un jameo es la parte de un tubo volcánico cuyo techo se ha derrumbado. De esta forma, se abre un gran orificio sobre el terreno. El origen de los Jameos del Agua está en el cercano Monte Corona.
Hace 5.000 años era un volcán que estalló y el río de lava que originó se precipitó hacia el Atlántico. Un tramo de sus casi siete kilómetros es la Cueva de los Verdes, y otro son los Jameos. Incluso hay un tercero, el Túnel de la Atlántida, que penetra más de un kilómetro en el mar.
El Mirador del Río
El famoso y reconocido artista César Manrique ha sido quien mejor ha sabido respetar la esencia de Lanzarote y conjugarla con el arte y la estética. En el Mirador del Río, mezcló como nunca el binomio arte y naturaleza.
Esta obra ofrece actualmente una vista privilegiada sobre la isla de La Graciosa y todo el archipiélago Chinijo, permitiendo que el visitante se integre con el paisaje. Pero, además, el propio mirador es en sí mismo una pequeña obra de arte natural.
En esta ocasión, el río no es tal, sino que se trata del brazo del océano Atlántico que separa Lanzarote del archipiélago Chinijo. Es un parque natural formado por las islas de La Graciosa (la única habitada), Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste.
No hay mejor panorámica sobre Chinijo que el Mirador del Río. Se encuentra ubicado en lo más alto del Risco de Famara, a 400 metros sobre el océano, que se extiende a sus pies. Esta estratégica ubicación no es casualidad: el mirador ocupa lo que en su día fue el emplazamiento de una batería de artillería levantada en 1898, durante la guerra de Cuba y Filipinas, por miedo a un hipotético ataque de la Marina de Estados Unidos.
El Mirador del Río se inauguró en 1973 como uno de los primeros reclamos de turismo sostenible en Lanzarote. César Manrique, con la ayuda de Eduardo Cáceres y Jesús Soto, optó por excavar la zona, que había sido de uso militar, construir el nuevo edificio y, después, taparlo todo de nuevo con un manto de piedra volcánica.
Las mejores playas
En el extremo sur de la isla, Playa del Papagayo es quizás la preferida por los lanzaroteños. Son siete kilómetros de calas situadas entre roquedales y peñascos. Después, se puede completar el viaje con una visita a otra maravilla de la naturaleza: el Parque Nacional de Timanfaya.
Playa Grande, en el animado Puerto del Carmen se ha convertido, con el paso de los años, en una de las zonas turísticas más importantes de Lanzarote. Para muchos viajeros, Puerto del Carmen y sus playas, entre las que destaca Playa Grande, son el primer contacto con la isla. Ésta es una opción ideal para aquéllos que gusten disfrutar de unos días de sol y mar, rodeados de servicios y comodidades.
A los pies de montañas de fuego
La isla canaria de Lanzarote conjuga naturaleza y ocio, modernos equipamientos y arquitectura tradicional.
César Manrique, el artista más universal de la isla, imprimió su huella imperecedera en los espacios de gran belleza y espectacularidad, esculpiendo la abrupta naturaleza de un paisaje eminentemente volcánico.
Ésta, la isla más oriental de Las Canarias, tiene la autosuficiencia de saberse, más que especial, única. Sus impresionantes paisajes volcánicos, a veces emulando la cara oculta de la luna, otras como lenguas de fuego congeladas en movimiento, convierten la ínsula en un prodigio de la naturaleza sin parangón.
César Manrique, el artista de Lanzarote
La isla de Lanzarote aún llora la pérdida de su más fiel amante. Se han cumplido ya quince años desde que el artista César Manrique posó su mirada por última vez en la tranquila belleza de esta isla Canaria.
César se mantiene vivo, no sólo en el recuerdo de quienes tuvieron la fortuna de tratarle, sino en las numerosas obras en la ínsula, como un inconmensurable legado.
«Muchas veces la pintura se me queda limitada a medidas establecidas por limitados espacios. Por esta razón, la aplicación de toda la imaginación-arte la traslado a la monumentalidad en contacto con la Naturaleza»,
son palabras del célebre César Manrique, artista que, en su búsqueda de la libertad creadora, encontró en su Lanzarote natal inspiración y aliada.
Sus creaciones, en dispares parajes, comparten la energía y belleza de los paisajes a los que se suma.
El Parque Nacional de Timanfaya
Lanzarote es una de las islas más antiguas del archipiélago Canario, y resume el paisaje volcánico como ninguna de las otras.
Hay un lugar en Las Canarias en el que uno puede disfrutar de lo más parecido a un paseo por la superficie lunar que pueda imaginarse. Hay que dejarse hechizar por sus abruptos parajes volcánicos y experimentar una visita de fantasía que uno querrá repetir una y otra vez.
Esta apariencia lunar, con abundancia de cráteres, barrancos y valles de lava solidificada, tiene su máxima expresión al oeste de la isla, en el Parque Nacional de Timanfaya, más de 5.000 hectáreas de ancestral tierra de volcanes. Todo un muestrario que concentra el ecosistema de una isla declarada Reserva de la Biosfera.
El vino de Lanzarote
Los exploradores europeos de los siglos XVIII y XIX que llegaban a Lanzarote se quedaban boquiabiertos al entrar en camello por el paraje de La Geria.
Hoy, tres siglos después, el que visita este paisaje agrario siente la misma sensación de asombro que los antiguos trotamundos.
El barón Alexander von Humboldt (1769-1859), el naturalista más importante que ha visitado Canarias, hablaba de espectáculo imponente.
La creación del sistema de cultivo para la vid con la arena volcánica —lapilli— que ha dado lugar a este paisaje antrópico tan original, es una muestra de ello.
La puerta de entrada por el pueblo de Uga, al sur de la isla, por donde se inicia la ruta es, sin duda, la más impresionante, con un marco incomparable al fondo, el Parque Nacional de Timanfaya y el Parque Natural de Los Volcanes.
El sereno de la noche, conocido en Lanzarote como la tarosa, hace brillar la arena negra volcánica, y se aprecia la irregular geometría que forman los miles de arcos de piedra que configuran los cortavientos individualizados para cada planta.
Siguiendo por la LZ-30, que cruza La Geria, se encuentran higueras y árboles frutales, asociados también al cultivo de la vid. En el paseo por la zona se aprecia cómo las vides están plantadas en el fondo de agujeros amplios de hasta 5 metros de diámetro y una profundidad de 1 a 2 metros. Las raíces de la vid penetran en las capas donde encuentran alguna humedad.
Hoy, el paisaje de La Geria está siendo transformado para permitir el uso de medios mecánicos, pues la tradicional forma semicircular de la vendimia sólo era posible mediante un proceso manual.
Fuente: ABC
06/06/2013
Romualdo Castillo
El cautivador paisaje de la isla es el escenario de un fin de semana (22 y 23 de junio) que combina gastronomía, running y amor por el vino.
La ‘Lanzarote WineRun’ es mucho más que una media maratón, es un espectáculo que aúna deporte, senderismo y promoción de la gastronomía y de los apreciados caldos locales.
Nació como competición deportiva en 2009, y desde entonces ha evolucionado hasta convertirse en un evento que abandera un ocio y un turismo sostenible, imbricado en la frágil y espectacular naturaleza isleña.
Los 21 kilómetros de carrera transcurren por el espacio protegido de La Geria, principal zona de producción de los vinos Denominación de Origen de Lanzarote, y cuya variedad reina sigue siendo la malvasía volcánica, cultivada en hoyos semicirculares y rodeada de palmeras solitarias y casonas que fueron testigos de otra época.
La Geria es un desierto negro y ondulado, dibujado por tres generaciones de sufridos lanzaroteños, que ya en el siglo XVIII supieron transformarlo y explotarlo en clave sostenible.
La práctica de esta respetuosa agricultura desértica ha dado como resultado un espacio único en el mundo, que aspira a ser nombrado Premio Europeo del Paisaje 2013.
La ‘Lanzarote WineRun’ arrancará el próximo sábado 22 de junio con un Festival de Cocina Tradicional que reivindicará y divulgará los productos locales de temporada, prestando especial atención a dos fuentes tradicionales de sabor y carbohidratos: el boniato (batata) y la papa (patata), dos frutos de la agricultura insular, omnipresentes en la cocina tradicional y en las experimentaciones de la nueva cocina Canaria.
Al día siguiente, La Geria acogerá una carrera de 21 kilómetros y una ruta de trekking de 13 kilómetros que tendrán un denominador común: el respeto al corredor y al paisaje.
A ello se suman las mejores bodegas, que estarán presentes ofreciendo su amplia gama de vinos.
La ‘Lanzarote Wine Run’ es proyecto enmarcado en un plan de mayor alcance: «Salvar La Geria». Desde que, en los años 70, el turismo sustituyera al sector agrario como principal motor económico de la isla, muchas tierras se abandonaron.
Hoy, la identidad de Lanzarote y su principal valor turístico es su esencia paisajística, que es la síntesis más impactante su idiosincrasia e historia.
Por eso, el plan de revitalización del Espacio Agroecológico de La Geria persigue la sostenibilidad económica, cultural, medioambiental y turística de este paisaje, a través del enoturismo, el senderismo y la recuperación de espacios agrícolas degradados.
Fuente: ABC
Artículo relacionado:
11/05/2013
Los exploradores europeos de los siglos XVIII y XIX que llegaban a Lanzarote se quedaban boquiabiertos al entrar en camello por el paraje de La Geria.
Hoy, tres siglos después, el que visita este paisaje agrario siente la misma sensación de asombro que los antiguos trotamundos.
El barón Alexander von Humboldt (1769-1859), el naturalista más importante que ha visitado Canarias, hablaba de espectáculo imponente.
La creación del sistema de cultivo para la vid, con la arena volcánica —lapilli— que ha dado lugar a este paisaje antrópico tan original, es una muestra de ello.
La puerta de entrada por el pueblo de Uga, al sur de la isla, por donde se inicia la ruta es, sin duda, la más impresionante, con un marco incomparable al fondo: el Parque Nacional de Timanfaya y el Parque Natural de Los Volcanes.
El sereno de la noche, conocido en Lanzarote como la tarosa, hace brillar la arena negra volcánica y se aprecia la irregular geometría que forman los miles de arcos de piedra que configuran los cortavientos individualizados para cada planta.
Siguiendo por la LZ-30, que cruza La Geria, se encuentran higueras y árboles frutales, asociados también al cultivo de la vid. En el paseo por la zona se aprecia cómo las vides están plantadas en el fondo de agujeros amplios de hasta 5 metros de diámetro y una profundidad de 1 a 2 metros. Las raíces de la vid penetran en las capas donde encuentran alguna humedad.
Hoy, el paisaje de La Geria está siendo transformado para permitir el uso de medios mecánicos, pues la tradicional forma semicircular de la vendimia sólo era posible mediante un proceso manual.
Cultivos del vino de Lanzarote
Frente a la bodega de La Geria, a la izquierda del camino, hay una pequeña ermita recién restaurada, Nuestra Señora de la Caridad. Un poco más adelante, un cartel indica la montaña de El Chupadero. En este lugar, cada 18 de agosto, se celebra la fiesta del verano.
Continuando por la carretera central, se vuelve al camino que conduce a nuevas bodegas. Aquí se puede ver un corte geológico de las distintas capas de suelo donde crecen las plantas y sus raíces.
La mayoría de las plantaciones de viñedos de La Geria son de las familias de Lanzarote, que siguen fielmente el cultivo tradicional.
Continuando la ruta por el camino principal, hay un desvío hacia La Asomada y luego al poblado de Vegas de Tegoyo. Justo frente a la ermita de este pueblecito se puede admirar un jameo, tubo volcánico, a ras del suelo.
De vuelta a la LZ-30, en dirección a Teguise, desviándose por la LZ-56, se llega a un área llamada Tinguatón, uno de los puntos más próximos al Parque Nacional; y de allí a Tinajo, la localidad de Lanzarote donde hay más viñas.
Tomando aquí la LZ-58 y luego, a la derecha, la LZ-30, el siguiente enclave es Masdache, un pequeño pueblo orgulloso de su ermita.
Nada más pasar este poblado, a la izquierda, hay que hacer una parada imprescindible en esta ruta: el Museo del Vino, instalado en la bodega El Grifo, del siglo XVIII, la más antigua de Canarias.
Allí, a la izquierda, aparece un camino que va a El Islote, un interesante lugar para los verdaderos amantes del vino.
De vuelta a la carretera se llega a Teguise, donde se encuentra la casa-museo Monumento al Campesino, la puerta de salida del espectacular paisaje de La Geria, situado justo en el centro geográfico de la isla. Este recorrido deja en el viajero sensaciones impactantes e inolvidables.
Rincón del vino
La forma de cultivar el vino en Lanzarote es única en el mundo: la uva crece en hoyos excavados en la ceniza volcánica, en un paisaje sublime que durante siglos ha esculpido el agricultor conejero, habitante de Lanzarote.
El segundo elemento diferenciador del vino de Lanzarote es la variedad de la uva: la malvasía, que se cultiva en islas —Grecia, Sicilia, etc.— y, principalmente, en Canarias. Esta uva da unos vinos jóvenes, suaves y afrutados, con unos perfiles muy buscados, al ser delicados, tanto en boca como en nariz.
El malvasía contiene agua, alcohol, azúcares no fermentables, ácidos orgánicos, sales minerales y vitaminas del grupo B, además de colorantes y antioxidantes.
Su valor energético depende del grado alcohólico (7 kcal./gr.) y de azúcares (4 kcal./gr.). Su consumo moderado es beneficioso para prevenir enfermedades degenerativas, cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.
Lo que hay que saber
Destacan las papas arrugadas, pequeñas patatas cocidas con agua de mar, con mojo, aliño elaborado con especias del lugar. También, el gofio, harina trigo tostado y amasado con un buen caldo de pescado; los pejines, peces pequeños de la familia de las sardinas, los boquerones y la vieja, un pescado de la zona, asado.
Los guisos más populares son el puchero Canario con garbanzos o judías. Las carnes recomendadas son el conejo en salmorejo y la carne de baifo (cabrito), embarrada con mojo picón y frito.
Qué comprar
Los cuencos de barro cocidos al sol (gánicos) servían para preparar los alimentos a los antiguos habitantes de la isla.
Son muchas las casas donde se trabaja la alfarería y la cerámica. Los cestos, esteras, escobas y sombreros de palma, mimbre o pita, son otros de los elementos artesanales que definen a Lanzarote, así como la confección de tejidos de bolillos, bordados, calados, ganchillos, hilado, macramé o telares.
Otra actividad artesanal son los trabajos en piedra de las canteras locales. No se puede olvidar la sal marina elaborada a la antigua usanza en las viejas Salinas del Janubio.
Mejor época para hacer la ruta
Los primeros días del mes de julio se realiza en Lanzarote la primera vendimia de Europa. La recogida de la uva en La Geria es manual. La mujer continua utilizado los atavíos para protegerse del sol que utilizaban sus abuelas, y todavía algunas familias se ayudan del camello y el burro para cargar la uva.
Desde hace ocho años, cada 15 de agosto se celebra la Fiesta del Vino en La Geria. Se organiza en el núcleo central del paraje protegido, en la zona de la ermita de Nuestra Señora de la Caridad. Las bodegas montan grandes carpas e invitan a todo el que se acerque a tomar una copa de vino.
Visita obligada
Sin ir al espacio, dentro del planeta Tierra existe un lugar completamente de otro mundo a los ojos de cualquier humano: Timanfaya, un mar de lavas recientes que ha sido declarado Parque Nacional.
La Montaña de Fuego se puede visitar en una guagua (autobús) o a lomos de un camello. También son posibles paseos a pie, previa cita en el Centro de Visitantes de Mancha Blanca.
La ermita de Nuestra Señora de la Caridad, situada en La Geria, fue construida a principios del siglo XVII. Luego fue sepultada por la erupción del Timanfaya en 1730, y se volvió a desenterrar a principios del siglo pasado.
En su interior se encuentra uno de los lienzos más importantes de Lanzarote, la Virgen de la Caridad del Cobre, de procedencia americana.
Fuente: ABC
08 marzo 2013
Enrique Sacristán
Hace 90 años paseaban por Madrid Albert Einstein y Blas Cabrera.
El primero no necesita presentación, pero el segundo sigue siendo un desconocido para la mayoría de sus compatriotas. Sin embargo, Blas Cabrera y Felipe (Lanzarote, Canarias, 1878 – México, 1945) es uno de los padres de la Física española, además de todo un referente en el campo del magnetismo.
Por su vida se cruzaron personajes como Ramón y Cajal, Marie Curie, Niels Bohr y Erwin Schrödinger.
Blas Cabrera y Felipe, y Marie Curie en 1931. / Residencia de Estudiantes
“Paseo en coche con los Kocherthaler. Escribí una respuesta al discurso de Cabrera en la Academia. Por la tarde, una reunión en la Academia con el rey como presidente. Después, té con una aristócrata señorita”.
Así describía Albert Einstein en su lacónico diario cómo transcurrió el 04 de marzo de 1923 durante su visita a Madrid, donde estuvo once días entre sus conferencias de Barcelona y Zaragoza.
Los Kocherthaler eran una familia de banqueros alemanes amigos de Einstein, y Blas Cabrera el Físico que actuó de anfitrión durante su estancia en la capital y que, efectivamente, aquel día ensalzó la figura del genio de la relatividad en una presentación en la Academia de Ciencias, bajo la atenta mirada del rey Alfonso XIII.
La precisión con la que el Físico Canario expuso el trabajo del alemán hizo responder a Einstein: “Vuestras palabras han llegado a lo más hondo de mi corazón porque demuestran la forma consciente y cariñosa con que habéis estudiado el trabajo de mi vida haciéndoos eco de la frase del poeta: Queremos recibir menos alabanzas, y, en cambio, que se nos lea con aplicación”.
Cabrera también tomó el té aquella tarde en casa de los Marqueses de Villavieja, un acto social al que acudieron, entre otras personalidades, Gregorio Marañón y su esposa; Ortega y Gasset, Ramiro de Maeztu, y Gómez de la Serna. Durante la velada Einstein tocó el violín, y juntó al músico Fernández Bordas ofreció un breve concierto a la selecta audiencia.
Al día siguiente, el anfitrión estuvo con el Físico alemán durante una reunión en la Sociedad Matemática, aunque se desconoce si también lo acompañó a visitar a Santiago Ramón y Cajal, “un maravilloso viejo, seriamente enfermo”, según reseñó el genio en su diario.
Sin duda, Cabrera y Felipe, presidente entonces de la Sociedad Española de Física y Química, atendió con interés a las complejas conferencias que sobre la Relatividad impartió Einstein en Madrid. De hecho fue uno de los científicos que introdujo su teoría en España mediante el libro Principio de la Relatividad, que presentó ese mismo año entre las publicaciones de la Residencia de Estudiantes.
Cabrera y Felipe, desconocido para la mayoría de la ciudadanía, “es el Físico español más relevante del primer tercio del siglo XX —destaca a SINC el historiador de la ciencia José Manuel Sánchez Ron—, y se incorporó plenamente a la comunidad científica internacional en su campo: el magnetismo. En el plano institucional —prosigue el experto—, la Junta para la Ampliación de Estudios le nombró en 1911 director del Laboratorio de Investigaciones Físicas, un centro que contribuyó notablemente al desarrollo de la Física y la química en España, y a su reconocimiento internacional”.
Aquel laboratorio fue un centro de excelencia científica. Cabrera, además de dirigirlo, se encargaba, junto al investigador Arturo Duperier, de una de sus cuatro secciones: la de Electromagnetismo. Las otras tres eran la de Química, coordinada por Enrique Moles; la de Espectrometría y Espectrografía, al mando de Miguel Catalán; y la de Metrología que llevaba Julio Palacios.
La calidad de los trabajos del equipo de Cabrera, que llegó a publicar alrededor de 150 investigaciones, era reconocida por los máximos expertos en magnetismo de la época. Uno de los estudios más relevantes fue la medida de los momentos magnéticos de los iones de las tierras raras: 15 elementos del grupo de los lantánidos, junto al itrio y el escandio.
Su interpretación teórica de este trabajo propició en 1925 el advenimiento de la Mecánica Cuántica. Los detallados experimentos fueron llevados a cabo por Cabrera y Duperier, pero la teoría la desarrolló John Hasbrouck van Vleck de Van Vieck, de la Universidad de Harvard.
Van Vleck, premio Nobel de Física en 1977, hablaba así de Cabrera: “En la historia del paramagnetismo será recordado como el Físico que hizo el experimento adecuado en el momento oportuno”. En el libro del Nobel sobre la Teoría de Susceptibilidades Eléctrica y Magnética, el nombre de Cabrera aparece con más frecuencia que el de ningún otro investigador.
“Es complicado divulgar la figura de un personaje cuyos trabajos son difíciles de entender para el gran público”, comenta a SINC Jacinto Quevedo Sarmiento, exdirector del Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología en Las Palmas (Canarias), donde hace unos años organizó la exposición «Albert & Blas – Einstein y Cabrera».
«Quizá una de las mejores formas de introducir su trabajo es recordar que sus investigaciones en ciencias básicas, junto a las aportaciones de sus colegas, sirvieron de base para el desarrollo del aparato con el que nos hacemos las resonancias magnéticas, algo que todo el mundo entiende que ayuda a cuidar nuestra salud», comenta Quevedo, quien considera a su paisano el “científico Canario más universal”.
Blas Cabrera y Felipe nació el 20 mayo de 1878 en Arrecife, Lanzarote. Tres años después la familia se trasladó a Tenerife. En La Laguna fue al colegio y al instituto, donde conoció al amor de su vida, María Sánchez Real, con la que se casaría en 1906.
Años antes, en 1894, se había trasladado a Madrid para estudiar Derecho, como su padre. Pero algo debió de ver en él Ramón y Cajal para convencerle —quizá durante alguna tertulia en el Café Suizo— de que dejara las Letras y se pasara a las Ciencias.
Así lo hizo, y en 1898, el año que dio nombre a toda una generación de escritores, Cabrera se licenció en Ciencias Físico-Matemáticas en la Universidad Central de Madrid, la actual Complutense. En 1901 obtuvo su título de doctor en Ciencias Físicas en la misma universidad, y se le nombró catedrático cuatro años más tarde.
Fue uno de los socios fundadores de la Sociedad Española de Física y Química, y los Anales de esta institución le sirvieron de plataforma para publicar sus primeros trabajos.
Sus experimentos sobre electromagnetismo en el Laboratorio de Investigaciones Físicas le estaban convirtiendo en un experto mundial en la materia, pero sintió la necesidad de perfeccionarse en el extranjero.
Con el apoyo de la Junta para Ampliación de Estudios, viajó en 1912 a Zurich (Suiza), donde conoció a Einstein y comenzó su amistad. El objetivo del viaje era aprender las técnicas más avanzadas en los laboratorios del gran sabio del magnetismo de aquella época, Pierre Weiss.
La llegada no fue nada fácil. Según narra Cabrera en una carta, Moles, que también estaba pensionado en el centro, le explicó que tenía que haber solicitado la matrícula con antelación, por lo que el Físico Canario fue a ver al profesor Weiss: “Me dijo que le era imposible darme sitio para trabajar porque tenía el laboratorio completamente lleno”.
Afortunadamente, después de la incertidumbre inicial, Cabrera demostró su valía, y el maestro puso a su disposición los medios y un local para trabajar: “El profesor me visita dos o tres veces al día, proponiéndonos nuevos problemas a resolver, que seguramente no podrán todos ser abordados durante nuestra estancia aquí”.
Así fue, y la colaboración entre los dos científicos se prolongaría durante más de dos décadas.
Sin duda, uno de los años más trascendentes en la carrera de Cabrera es 1928, cuando le nombraron miembro del Comité Científico de la VI Conferencia Solvay, la reunión trianual que juntaba a las mentes más brillantes de la época: Schrödinger, Planck, Dirac, Lorentz, Rutherford, Heisenberg, Born,…. Su candidatura fue propuesta por su amigo Albert Einstein, y nada menos que por Marie Curie.
En 1930 se celebró esta conferencia, cuyo tema principal fue la especialidad del Físico español: el magnetismo.
La fama y los trabajos del director del laboratorio madrileño llegaron hasta EE UU. La Fundación Rockefeller decidió subvencionar con 420.000 dólares la creación de un nuevo Instituto Nacional de Física y Química, todavía más moderno. El edificio, bautizado con el nombre de su benefactor, se inauguró en febrero de 1932, y hoy lo ocupa el Instituto de Química-Física Rocasolano del CSIC.
Allí se continúo el trabajo experimental para determinar los momentos magnéticos atómicos de las tierras raras. En estas medidas también colaboraron Moles, Duperier —ya toda una autoridad mundial en radiación cósmica—, e incluso su propio hijo, Nicolás Cabrera.
En 1933 fue nombrado secretario del Comité Internacional de Pesas y Medidas con sede en París.
Ese mismo año participó en la VII Conferencia Solvay, dedicada en aquella ocasión a la estructura del núcleo atómico. También participó en la creación de la Universidad Internacional de Verano de Santander —actual Universidad Internacional Menéndez Pelayo—, centro del que se le nombra rector al año siguiente.
Desgraciadamente en esta universidad cántabra le sorprendió el acontecimiento que truncaría su brillante carrera: la Guerra Civil Española. Tras un incidente con alumnos fascistas, se vio obligado a organizar un grupo de 130 personas para tratar de regresar a Madrid, navegando primero en barco hasta la frontera francesa para sortear el frente nacional.
Con la Guerra Civil abandona España para seguir haciendo Ciencia. «Emprendimos aquel desdichado viaje —le contaba Cabrera a Ortega en un carta— en el que, prescindiendo de las molestias del paso a Francia después de la caída de Irún, no ocurrió nada hasta San Juan de Luz, donde se disolvió la comitiva, y la expedición quedó reducida a menos de cien».
Pero el ambiente en la capital española no era el propicio para la Ciencia, y a finales de 1936 Cabrera abandonó definitivamente España y se instaló en París, donde continuó su labor en el Comité Internacional de Pesas y Medidas. Es entonces cuando volvió a participar en la organización de la VIII Conferencia Solvay sobre partículas elementales y sus interacciones, aunque al final ésta se suspendió como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.
En marzo de aquel año, otro de sus prestigiosos amigos, Erwin Schrödinger —conocido por sus aportación a la Mecánica Cuántica y su famoso ‘gato’—, le envió a Cabrera una carta, escrita en español y en estos términos: «¿Y qué tal, cómo lo pasan Vs.? ¿Qué se hará de su magnífico instituto? ¿Hay alguna esperanza de volver Vd. allá? Me figuro que son éstas las mismas preguntas que Vd. se pone diariamente sin poder contestarlas. Todo esto es una desdicha terrible».
Schrödinger, que también se había visto obligado a abandonar Alemania unos años antes por el auge del Partido Nazi, incluso le llegó a proponer a Cabrera huir a Sudamérica: «He pensado si, añadiendo nuestros dos nombres bien conocidos en el mundo —por lo menos en el mundo de la Física— nos ofreciésemos a trasplantar la Física europea a un sitio apartado; en Perú, por ejemplo».
Al final no sería al país andino donde se iría el Físico español, sino a México. La imposibilidad de volver a España, y la presión del régimen franquista para que dejara el Comité Internacional de Pesos y Medidas le dejó “moralmente hundido”, según recordaría su hijo años más tarde.
En 1941 Cabrera se trasladó desde París a la capital azteca, donde fue acogido con los brazos abiertos por la Universidad Autónoma de
México. Allí, en el exilio, pasaría los últimos días de su vida.
Blas Cabrera y Felipe falleció 01 de agosto de 1945 a causa de la enfermedad de párkinson, sin que viera cumplidos sus deseos de regresar a su patria y reincorporarse a su añorado Instituto Nacional de Física y Química. «Como en otros casos, fue una tragedia, otra víctima de la Guerra Civil», se lamenta Sánchez Ron.
En cualquier caso, el legado de sus experimentos y sus palabras, como las que dirigió a Einstein durante su visita a Madrid, permanece: «Espero que al final de vuestra vida, que será también el de mi generación, la España científica, que hoy apenas encontráis en embrión, haya llegado al lugar que tiene el inexcusable deber de ocupar. Así al menos pensamos aquéllos para los que el optimismo es una virtud motora del progreso».
La saga de los Cabrera
Nicolás Cabrera Sánchez (Madrid, 1913 – Madrid, 1989).
Nació el 12 de febrero de 1913. Con tan sólo nueve años conoció a Albert Einstein gracias a la amistad de su padre, Blas Cabrera, con el genio de la relatividad.
Sus trabajos experimentales se iniciaron en el Instituto Nacional de Física y Química que creó su progenitor, con el que se exilió en 1936 a París, donde obtuvo su título de doctor.
En 1947 se trasladó a la Universidad de Bristol, donde desarrolló el trabajo más importante de su carrera: un estudio sobre la estructura atómica de las superficies cristalinas y cómo crecen los cristales. El artículo ha sido durante décadas uno de los más citados en su campo.
Después, en 1952, Nicolás Cabrera viajó a EEUU para trabajar en la Universidad de Virginia, donde formuló la primera teoría cuántica de dispersión de átomos por superficies cristalinas.
En 1968 recibió la invitación para regresar a España y dirigir el departamento de Física de la recién creada Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Superando los problemas ideológicos con el régimen franquista, logró sacar adelante el proyecto.
Nicolás Cabrera no dejó de impulsar la excelencia científica entre su equipo, hasta su muerte en 1989. Ese mismo año se creaba el Instituto de Ciencia de Materiales Nicolás Cabrera en la UAM.
En el Instituto de La Laguna —Tenerife, Canarias—, llamado ahora Cabrera Pinto, hay un busto dedicado a Blas Cabrera y Felipe.
Blas Cabrera (París, 1946 – actualidad)
El nieto de Blas Cabrera lleva el mismo nombre y apellido que su abuelo. El joven Blas Cabrera decidió también seguir el camino de la Física, curiosamente en contra de los consejos de su padre.
Blas Cabrera. Universidad de Stanford
Se licenció en 1968 en la Universidad de Virginia y se doctoró en 1975 en la de Stanford, en California, donde ha desarrollado toda su carrera desde entonces.
Uno de sus descubrimientos más conocidos fue la detección —probablemente fortuita— de un monopolo magnético, una partícula hipotética con un imán de un solo polo magnético. El experimento se llevó a cabo en el año 1982 mediante una bobina superconductora mantenida cerca del cero absoluto, pero desde entonces no se ha vuelto a registrar ningún evento similar.
Durante los últimos años, Blas Cabrera ha dirigido sus esfuerzos a la búsqueda de la materia oscura. Desde el detector subterráneo Cryogenic Dark Matter Search, localizado en el interior de una mina de Minnesota, su equipo trata de descubrir los WIMP, unas partículas que podrían constituir la misteriosa materia oscura.
Sus trabajos le han valido el Premio W. K. H. Panofsky 2013 en Física Experimental de Partículas.
Por otra parte, la que fuera ministra de Educación y Ciencia entre 2006 y 2009, Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo, también es nieta del gran Físico Canario. Además, uno de los hermanos de Blas Cabrera y Felipe fue el también Físico Juan Cabrera, rector de la Universidad de Zaragoza entre 1954 y 1968; y otro, el ingeniero José Cabrera, dirigió la construcción de la primera central nuclear española que, aunque lleva su nombre, es más conocida como Zorita.
Cortesía de Eleuterio Sicilia
25-09-12
A mediodía de un día como hoy, hace veinte años, murió César Manrique.
El artista que reinventó Lanzarote salió de su casa en Tahiche, convertida ya entonces en la sede de su fundación, se subió al coche grande que conducía, y se encaminó hasta Haría, al norte de la isla, donde dos años antes había fabricado una casa rodeada de silencio y de palmeras.
César Manrique en Lanzarote / FRANCISCO ONTAÑÓN
Eran las dos de la tarde. Al entrar en el cruce que le daba acceso a la carretera, un automóvil, cuya llegada él no advirtió, arremetió contra el suyo y acabó con la vida de César.
César había nacido en Arrecife en 1919. Fue pintor, intentó la aventura de Nueva York cuando el arte tenía allí su destino y su frontera, pero un día de primeros de los años ’60s volvió a la isla urgido por una pasión: quitarle a Lanzarote la maldición de la pobreza, convertir su belleza oculta en una obra de arte.
Consiguió la complicidad del presidente del Cabildo isleño de entonces, Pepín Ramírez, y comenzó, con él, a descubrir algunos de los lugares que luego fueron muchas de las maravillas que él acondicionó para que se convirtieran en tesoros públicos de la isla que reinventó. En primer lugar, la Cueva de los Verdes y los Jameos del agua.
Desde entonces, ayudó a arquitectos a tratar la isla con extrema delicadeza, y él mismo se puso a la tarea de acondicionar espacios dejados de la mano de Dios (como los volcanes de Timanfaya), y creó una especie de libro de estilo que fijó en Lanzarote algunas líneas rojas que nadie podía cruzar.
Era una isla, pero él la trató como una obra de arte, como su gran pintura o como su gran escultura. Su casa, fabricada en cuevas volcánicas que descubrió en Tahiche —en el municipio de Teguise, donde luego encontraría la muerte— fue uno de los emblemas de ese territorio que convirtió, a su manera, en una especie de paraíso que defendió, mientras vivió, como si estuviera en guerra permanente contra los bárbaros que trataban de llenarlo de carreteras y autopistas que iban a inundar de automóviles el espacio de una isla que él consideraba milagrosa.
En medio de esa guerra —que lo llevó a ir contra todos, contra las autoridades, aún las más altas, porque consentían el maltrato del paisaje—, César Manrique buscó, poco después de cumplir los setenta años, una cierta paz, un lugar donde pasar el tiempo que le quedaba; quería ir dejando en manos de otros (en manos de su ahijado, Pepe Juan Ramírez, hijo de Pepín, presidente de la Fundación César Manrique desde que murió el artista) la gestión más inmediata de sus obsesiones medioambientales, y se fue a vivir a una casa en Haría, al norte de la isla, en medio de un palmeral que incrementa el aire de silencio que domina esa zona, y que él quería para regresar a la pintura y al sosiego, sus pasiones de los últimos tiempos.
Esa paz le duró dos años, hasta que aquel automóvil segó su paso y César pasó a ser una leyenda gracias a la cual los depredadores que él denunciaba no han podido acabar, aún, con el Lanzarote que había soñado en Nueva York.
Ese César en guerra es protagonista ahora de una película, «Taro. El eco de Manrique«, que se estrena esta noche en la Fundación César Manrique de Taro de Tahiche, al lado de donde murió el artista hace veinte años.
En la película, realizada por el cineasta Miguel García Morales a partir de documentos filmados de César, se ve al inventor de la isla en plena guerra, en plena tarea de denuncia de lo que él creía que conspiraba en contra de la belleza de Lanzarote.
Ahora esos caminos que recorría César con su altavoz ideológico y medioambiental precisarían de nuevo de su grito; este eco de Manrique es considerado, aquí y en este momento, como la reverberación de una preocupación, la suya, que crece de nuevo ante la evidencia de que aquellos depredadores que él denunciaban se han hecho ya, sin sujeción alguna, con las riendas de un desarrollo que amenaza otra vez con ser desaforado.
Mientras tanto, en Haría, que era su destino veinte años atrás, su casa, rodeada de palmeras, era ayer un monumento al sosiego que César buscó después de tanta guerra, pero él ya no está. Y los que han seguido su eco consideran, con la razón que se ve desde las cunetas, que la isla peligra si el espíritu de César Manrique desaparece.
Ver fotogalería de la obra de César Manrique
Fuente: El País
Para bajar/ver/escuchar el archivo, clicar AQUÍ y luego en File (Archivo) –> Download (Descargar)
Cortesía de Eleuterio Sicilia
Carlos M. Padrón
Esta nomenclatura asignada a los volcanes habidos en Canarias no la entiendo.
Según el artículo que sigue, el nombre científico del actual volcán en actividad en El Hierro es 1803-02 porque el 18 corresponde a la región (España); el 03 a la subregión (Canarias), y el 02 al número del volcán, pues el 01 es el Teneguía, en la Palma, y el 03 es el Teide, en Tenerife.
¿Y dónde queda, por ejemplo, el que hizo erupción en La Palma el 24/06/1949 y al que se le conoce por los nombres de Duraznero, Cumbre Vieja, San Juan o Nambroque?
¿Y cuál será el número que corresponda al próximo? ¿00?
Ni siquiera vale decir que la nomenclatura comienza en el siglo XX, pues El Teide es de mucho antes.
Esto no tiene sentido.
Veamos sólo año, nombres y lugares del algunos volcanes habidos en Canarias.
O sea, que de esta pequeña lista sólo tres tienen nombre «científico». Pero la cosa empeora si echamos un vistazo al cuadro que sigue.
En fin, que esto del 1803-02 como nombre «científico» para el volcán actualmente en proceso en la isla Canarias de El Hierro me suena a discriminación, arbitrariedad u olvido.
***
14/10/2011
El nombre científico del volcán de El Hierro es 1803-02
Un accidente geográfico, la mitología, el folclore o la imaginación popular son el origen habitual del nombre de los volcanes, que en el caso de El Hierro es conocido por los científicos con los números 1803-02.
Estas cifras identifican el volcán: el 18 corresponde a la región (España); el 03 a la subregión (Canarias) y el 02 al número del volcán, (el 01 es el Teneguía, en la Palma, y el 03 es el Teide, en Tenerife).
La mancha verde revela la erupción volcánica
El catedrático de volcanología de la Universidad Complutense de Madrid, Eufemio Ancochea, ha señalado que la mayoría de los volcanes están relacionados con la mitología de los pueblos y con lugares sagrados.
En el hipotético caso de que surgiera una nueva isla volcánica como consecuencia de las erupciones en El Hierro, Ancochea ha afirmado que «no hay ningún criterio para darle un nombre, a no ser que los pescadores denominen de alguna manera a esa zona».
El área donde se han producido las dos erupciones es conocido como el mar de Las Calmas.
Hoy, el buque científico «Profesor Ignacio Lozano» llegará al puerto de La Estaca, en Valverde (El Hierro), para colaborar en la gestión y evaluación de las erupciones submarinas que se han producido en las proximidades de La Restinga.
Desde este buque se harán diversos perfiles verticales de parámetros físico-químicos y geoquímicos, así como de gases disueltos en las aguas.
Fuente: ABC