[*Opino}– España. Acerca de horarios, almuerzo, desayuno y otros afectados

09-10-12

Carlos M. Padrón

Por fin, una propuesta razonable.

En ella aplaudo que se use el término ‘almorzar’, que tanto me criticaron en España porque, me decían, lo correcto es ‘comida’.

Mi respuesta era —apegándome a la claridad y a las acepciones únicas, siempre que esto sea posible— que ‘comida’ es un sustantivo que tiene varios usos, mientras que ‘almuerzo’ tiene sólo uno.

En cambio, me permito poner en duda el éxito de 45 minutos —en vez de casi dos horas— para almorzar, la eliminación del desayuno a media mañana —algo que creeré cuando lo vea—, y el que sea cierto que se madrugue demasiado. Si así fuera, no se llegaría tarde al trabajo, cosa que ya he explicado en varios post de este blog

Por supuesto, como en toda ponencia que en España se haga, y que aspire a ser exitosa, no podía faltar la mención al machismo, que ahora, por lo visto, son reos de él los varones que no se presenten en casa temprano.

Tal vez no lo hagan porque deben librarse antes del riesgo de soltar en casa un pedo inoportuno, no vaya a ser que les ocurra algo como lo aquí descrito:

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09/10/2012

El Congreso de Racionalización de Horarios propone regresar al huso de Greenwich

La profesora y directora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE, Nuria Chinchilla, ha propuesto este martes, en la conferencia inaugural del VII Congreso Nacional para Racionalizar los Horarios Españoles, adoptar el huso de Greenwich, es decir, retrasar los relojes una hora.

Esta medida —que tiene «coste cero», según recalcó Chinchilla—, unida a una pausa más breve para el almuerzo, puede suponer ganar una hora y media al día para la vida personal.

Pese a que el Meridiano de Greenwich atraviesa España a la altura de Castellón, nuestro país adoptó el 2 de mayo de 1942 el horario de Europa central y, desde entonces, está en el «huso equivocado», explicó la experta en su conferencia.

El «estropicio» se remonta a un par de años antes, cuando los nazis invadieron Francia e impusieron su huso horario a este país, con el que hasta entonces Alemania tenía una hora de diferencia. España y Gran Bretaña se sumaron después a ese horario europeo central, pero mientras los británicos regresaron en 1945 al huso europeo occidental, los españoles permanecimos en el mismo que Francia y Alemania.

Ello hace que España esté desubicada respecto a su hora solar. Geográficamente, se encuentra muy lejos de Europa central, de modo que en Levante hay una hora de diferencia con respecto a lo que le correspondería en invierno, y dos en verano, y que en Galicia llegue a haber hasta dos en invierno y tres en verano.

Esto condiciona los horarios que los españoles adoptamos a lo largo de la jornada. En este sentido, almorzamos más tarde que el resto de los europeos, ya que damos más importancia a la hora solar. Es decir, comemos a la una, según la hora solar, pero a las dos según la hora oficial de invierno, y a las tres según la de verano.

Y lo mismo con las cenas: lo hacemos a las ocho, según la hora solar, pero a las nueve según la oficial de invierno, y a las diez según la de verano.

Si comemos a las dos o tres de la tarde y cenamos a las nueve o diez, lo lógico sería que empezáramos a trabajar a las diez u once de la mañana. Según la experta en racionalización de horarios, eso no sucede y, en cambio, «madrugamos demasiado, dormimos 50 minutos menos de lo recomendado por la OMS, no alargamos la jornada por la tarde, ¡sino por la mañana!, y nuestra jornada laboral resulta interminable».

Lo lógico sería, según Nuria Chichilla, que en las dos únicas fechas del año en que el día y la noche tienen la misma duración —el 21 de marzo y el 21 de septiembre— el sol se levante a las seis de la mañana y se ponga a las seis de la tarde. Pero en España vamos con una hora de desfase, de modo que, en esos días, a las siete de la tarde en Castellón es de día, mientras que en Praga o Nápoles, donde rige el mismo huso horario, ya ha anochecido.

Además de la desubicación en el huso horario, la actual distribución del tiempo de los españoles tiene otra razón histórica: el pluriempleo al que se vieron abocados muchos ciudadanos en la posguerra, que obligaba a tener un trabajo completo por la mañana, hasta las dos de la tarde, y otro por la tarde, hasta entrada la noche.

«Bastarían 45 minutos para almorzar»

Pero ahora que no hay pluriempleo, señala Chinchilla, «dedicamos dos horas al almuerzo, cuando bastarían 45 minutos»; hay una cultura del presentismo en el trabajo que es «tercermundista» y una «mentalidad machista» que hace que el varón no se presente en casa temprano, y que ser madre requiera renunciar al propio desarrollo profesional.

Por todo ello, propone que el Gobierno apruebe por decreto el cambio al huso de Greenwich aprovechando el próximo cambio al horario de verano, de modo que los relojes no cambien. Pero también considera que se deben adelantar una hora acontecimientos socialmente relevantes, como los telediarios o los partidos de fútbol, y fomentar la jornada continua, suprimiendo el desayuno de media mañana y reduciendo el almuerzo a una hora como máximo, entre otras medidas.

Ello supondría desplazar una hora y media del ámbito laboral al personal, lo que supone dos semanas al año y un 10% del tiempo que permanecemos despiertos. Entre otras ventajas, destaca que generaría mayor productividad, permitiría conciliar la vida laboral y personal, reduciría el fracaso escolar y los accidentes laborales y de tráfico, además de mejorar el descanso y la salud.

Y frente a los que puedan mostrarse críticos y piensen que podemos ir desfasados en el horario con el resto de europeos, señala que en la actualidad ya lo estamos, porque «cuando ellos comen, los españoles trabajamos», y viceversa, y recuerda que en Estados Unidos tienen hasta siete husos distintos desde Puerto Rico hasta Hawái.

Fuente: ABC

[*Opino}– A vueltas con los españoles y el trabajo

31-08-12

Carlos M. Padrón

Si, de nuevo el tema de los españoles y su aversión a trabajo.

¿Cómo es posible que haya tantos que tengan tanta aversión al trabajo, y anden tan escasos de dignidad y solidaridad, que prefieran cobrar del paro —sin trabajar, por supuesto— a cobrar haciendo un trabajo útil?

¿Por qué estos españoles no trabajarían por 400 euros, porque no consideran que sea un salario digno, pero sí lo aceptan los trabajadores alemanes?

Con razón las encuestas revelan un aumento del número de españoles que exigen —OJO: ni siquiera es que prefieren, es que EXIGEN— cobrar dinero sin hacer nada, y, no sólo eso, sino que, además, hay un 30% de ellos que NO TRABAJARÍAN por un sueldo inferior a 1.000 euros mensuales.

Un vocero, o miembro, del grupo de estos «cómodos» y «exquisitos», que se creen mejores que alemanes y portugueses, debe ser quien escribió el manifiesto contra Salvador Sostres porque —y con toda razón, según demuestra el artículo que copio a continuación— Sostres se pronunció, entre otras medidas, por la reducción del paro.

Si no hubiera paro, ya se vería si trabajarían o no esos españoles que no quieren hacerlo por 400 euros ni por menos de mil.

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2012-08-31

¿Qué prefiere: cobrar 400 euros por no hacer nada, o por trabajar?

El Consejo de Ministros anunció el pasado viernes que los parados de larga duración que hayan agotado la prestación por desempleo podrán recibir durante seis meses un subsidio de 400 euros al mes.

A cambio, deberán aceptar las ofertas de empleo del antiguo INEM o las Empresas de Trabajo Temporal.

Esta nueva prórroga del Plan Prepara ha abierto un debate en las redes sociales sobre si es preferible recibir este importe en concepto de ayuda o por trabajar.

Hay opiniones para todos los gustos. Muchos consideran que 400 euros no es un salario digno, por lo que no trabajarían por esa cantidad, y otros que aceptarían un trabajo por este importe similar a los minijobs alemanes.

Alemania es el país europeo con el mercado laboral más sano. Pero el milagro, en medio de la crisis mundial, se debe a la creación de los conocidos minijobs, es decir, trabajos con horario reducido que permiten ganar unos 400 euros al mes (libres de impuestos y sin aportes a la caja de la Seguridad Social), y que se combinan con una ayuda financiera del Estado.

De hecho, unos 7,3 millones de alemanes tienen minijobs, y no son sólo estudiantes, también hay jubilados. En concreto, un total de 761.000 jubilados trabajan con un minijob por necesidad o para mantenerse activos, según publica Idealista.es, el portal inmobiliario líder en España.
En otros países, como
Portugal, los parados están obligados a hacer trabajos sociales para poder recibir la ayuda del Estado.

Idealista.com ha salido a la calle para preguntar a la gente si preferiría trabajar, estar activos y cotizar a la Seguridad Social, antes que recibir la ayuda de 400 euros. Una de las entrevistadas, joven y actualmente buscando trabajo, asegura que prefiere trabajar por 400 euros para luego «llegar al mercado laboral con buenos contratos».

Otros ciudadanos destacan la importancia de estar activo y de sentirte útil, «en lugar de estar en casa sin hacer nada». Un entrevistado destaca el aumento de personas que exigen cobrar dinero sin hacer nada por la sociedad.

Por otro lado, una de las parejas entrevistadas hace hincapié en el tipo de empleo. Asegura que no es lo mismo cobrar 400 euros por media jornada de trabajo que por una jornada completa, y cree que el debate no es crear empleo sino generar un empleo de calidad.

Según una encuesta de Manpower, el 30% de los desempleados españoles no trabajarían por un sueldo inferior a 1.000 euros mensuales.

En España, el gasto medio del Estado por desempleado fue de 905,62 euros el pasado junio. Esa cifra, multiplicada por los más de dos millones que cobran el seguro de desempleo, provoca que el Estado abone cerca de 2.500 millones de euros al mes en prestaciones de desempleo.

Fuente: Libre Mercado

[*Opino}– España. A pesar de la crisis, insisten en el tal ‘síndrome posvacacional’

31-08-12

Carlos M. Padrón

Con motivo del final de las vacaciones de este año han vuelto a aparecer en la prensa española los consabidos artículos sobre el síndrome postvacacional, o sea, los efectos negativos que para muchos españoles tiene en su ánimo la obligación de volver al trabajo una vez finalizadas las vacaciones.

Acerca del tal síndrome ya escribí, y hasta puedo aceptar que lo experimente algún que otro niño al tener que regresar a la escuela —aunque todavía no he conocido ninguno que lo manifieste—, pero hoy escribo de nuevo porque me resulta muy difícil entender que, habida cuenta de la cantidad de parados que hay en España y de la crítica situación laboral que, en general, aqueja a ese país, haya españoles que, contando con la gran fortuna de tener un trabajo, se sienta mal por tener que regresar a él, o sea, por tener que hacer acto de presencia al menos para procurar una mayor seguridad de no perderlo.

Lo lógico sería —o al menos así lo entiendo— que se mostraran renuentes a tomar vacaciones —por aquello de que «quien fue a Sevilla perdió su silla»— y que, de tener que tomarlas, lo pasaran mal temiendo que a su regreso ya no contaran con ese tan escaso trabajo.

Pero, por lo visto, no es así. Que los entienda quien pueda; no creo que haya muchos ciudadanos de otros países que logren hacerlo.

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31/08/2012

Elena Sanz

Niños con síndrome posvacacional

La adaptación a la rutina tras las vacaciones puede ocasionar determinadas alteraciones emocionales y físicas conocidas como el llamado “síndrome de depresión postvacacional”.

Éste es un trastorno que no sólo sufren los adultos sino que también afecta a los niños que, en muy poco tiempo, deben recuperar su ritmo habitual en cuanto a horarios, alimentación y actividades, y con la dificultad añadida de que, en el caso de los niños, es más complejo identificar el trastorno.

Según Marta Campo, jefa del Servicio de Psicología del Hospital Sanitas La Zarzuela, “en realidad no existe una patología de depresión postvacacional como tal tipificada en los manuales de clasificación internacionales, pero al regresar del periodo vacacional pueden aparecer reacciones que responden a una dificultad, por parte de la persona, a retomar su vida diaria”.
Los síntomas de este síndrome de depresión postvacacional en niños pueden incluir insomnio, llanto o somatizaciones digestivas, como vómitos o diarreas. Estos síntomas responden a un rechazo al colegio, cuyas causas podrían existir antes de las vacaciones.

Los expertos recomiendan a los padres ayudar a identificar los aspectos positivos que tiene el final de las vacaciones, lo que facilitará que el niño se adapte a la nueva etapa sin problemas.

Ver a los compañeros de clase, recuperar sus juguetes, o dormir de nuevo en su habitación de casa, son algunos de estos puntos positivos que los padres pueden utilizar para que los niños tengan ilusión por recuperar su rutina diaria.

Fuente: MUY

[*Opino}– España. La búsqueda de un Estado moderno

30-08-12

Carlos M. Padrón

El artículo que copio más abajo me llegó con esta nota de cabecera:

NO COMPRES  EL DIARIO “EL MUNDO

A partir del día de hoy, que nadie compre “El Mundo”. NADIE, hasta que echen a este payaso.

Boicot a “El Mundo” hasta que despidan a este impresentable, y que él sepa lo que es estar en paro. ¿A que somos capaces de hacernos sentir?

que supongo que habrá sido escrita y puesta en circulación por funcionarios o, más probable aún, por alguien que está en el paro.

Sin embargo, después de leerlo completo me parece que el autor tiene razón en todo excepto en lo de las vacaciones, pues éste es un derecho laboral que busca proteger la salud del trabajador y, como no, aumentar su productividad.

Si el resto de los trabajadores no reciben paga extra, ¿por qué habrían de recibirla los funcionarios?

Si alguien, sea o no funcionario, incumple con sus condiciones de trabajo, ¿por qué no puede ser despedido? La prohibición de despido sólo contribuye, como muy bien dice Sostres, a fomentar la vagancia, la improductividad, la búsqueda de la excelencia, y una larga lista de otros males.

Lo de los sindicatos y partidos políticos es una verdad como un templo: sólo sirven para eso y, por tanto, que los mantenga sus afiliados. De sindicatos ya he contado en este blog.

Y lo de las Autonomías está muy claro; lo que no entiendo es que, sin son 17, cuáles serían las dos que se salvarían de la sabia, y casi imperiosa, decisión de eliminarlas. ¿Serán Cataluña y País Vasco? Si así fuera, sería un trabajo mal hecho.

Lo de que muchos trabajadores «trabajaban lo mínimo para poder pasarse luego largas temporadas cobrando del Estado sin hacer nada» lo he visto comprobado en muchos casos. Y también sé de casos en que el «trabajador» en paro ha amenazado a quien lo contrate, o, preguntado sobre qué haría cuando se le termine el paro, ha respondido tranquilamente «Robar».

Tanto que defienden las libertades, ¿por qué no reconocen el derecho que todo patrono tiene a despedir a quien libremente contrató para llevar a cabo una tarea específica durante un horario de trabajo también muy específico? Así como lo contrató, tiene todo el derecho de despedirlo si no cumple con aquello para lo que lo que lo contrató, o si ya no precisa de sus servicios.

Y el señor Sostres tiene todo el derecho a dar su opinión, pero, según parece, para quienes escribieron la nota que copié en rojo arriba, eso sí es motivo de despido. ¡Que viva la libertad de expresión!

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13/07/2012

Salvador Sostres

Un Estado moderno

Rajoy continúa sin hacer lo que tiene que hacer, que es crear las bases de un Estado moderno y verdaderamente útil a sus ciudadanos, y no este insalvable lastre.

Sobra el 40% de los funcionarios, pero no sólo por la crisis, sino porque un Estado no puede ser esta demencial maquinaria de burócratas. Ni los maestros ni los médicos tienen que ser funcionarios, ni que la Sanidad y la Educación sean servicios universales significa que la red que los provee tenga que ser pública. Sobran 15 autonomías, con sus 15 parlamentos y sus 15.000 cargos duplicados.

La paga extra de los funcionarios —que, según Rajoy, se ha suprimido de forma temporal— tiene que suprimirse para siempre y como concepto, porque nadie tiene que recibir nada extra por realizar bien su trabajo; y tiene, en cambio, que poder ser despedido si su rendimiento no es satisfactorio.

Del mismo modo, la prestación por desempleo no sólo tiene que reducirse a siete meses, sino que tendría que quedar como un mero cojín de emergencia —uno o dos meses para parar el golpe— y que ir al paro no fuera una opción como lo ha sido hasta ahora para muchos caraduras, que trabajaban lo mínimo para poder pasarse luego largas temporadas cobrando del Estado sin hacer nada.

Las subvenciones anulan la voluntad, el esfuerzo y la tensión que nos hacen vivir despiertos y aprovechar cada oportunidad como si fuera la única. Cuando perder el empleo no sea visto por tantos gandules como una ocasión de tomarse un descanso pagado, y todos tengan claro que sin su trabajo no son nada, tal vez lo cuiden con más responsabilidad y menos días personales, y entonces seremos una sociedad mucho más dinámica y competitiva.

Hay que eliminar también el concepto de las vacaciones pagadas, y que nadie vuelva a creer nunca más que va a cobrar sin trabajar. Es justo que nos paguen por nuestro trabajo, pero si tenemos la ocurrencia de querer vacaciones, que sea por nuestra cuenta (y, sobre todo, por nuestro riesgo, tal como están las cosas).

He de decir igualmente que me sorprende escuchar tantas voces preocupadas por la crisis, y tantos discursos sobre la solidaridad, y que ningún trabajador haya tenido el gesto de renunciar a sus vacaciones para arrimar el hombro y emplearse a fondo en el propósito de ayudar a su empresa y de proteger su puesto de trabajo.

Cuando en septiembre te encuentres en la calle, no digas que no te lo esperabas, y pregúntate si hiciste algo para salvarte. Estoy harto de los que tantos discursos dan sobre la solidaridad sin que nadie vaya nunca a reclamársela.

Tampoco es suficiente reducir un 20% las subvenciones a partidos políticos y sindicatos. Tanto unos como otros tendrían que vivir de las cuotas de sus militantes y afiliados, y de las contribuciones privadas que recibieran. Si no hay suficientes afiliados para mantener a los sindicatos es porque ya no representan a nadie, ni defienden a nadie más que a sus cuadros de secretarios, agitadores profesionales y liberados.

Ésta es la única verdad de unos sindicatos que viven fuera de la realidad y que son contrarios a la prosperidad.

No se trata sólo de ahorrar, sino de establecer un nuevo contrato, entre el Estado y el ciudadano, basado en la libertad y en la iniciativa personal, en nuestras cualidades de hombres y en nuestra misión de desarrollarlas. Se trata de aceptar el reto, de recuperar el espíritu explorador y el sentido del honor, de alzarnos y de alargar los dedos hasta tocar la cara de Dios.

Fuente: El Mundo

Cortesía de Leonardo Masina

[*Opino}– España y el problema ahora atribuido al gap generacional

o6-08-12

Carlos M. Padrón

Por mis experiencias al respecto, y después de leer la serie de artículos de César Vidal sobre Las razones de una diferencia —la que existe entre España y otros países—, me atrevo a preguntar por qué en países como Inglaterra o Alemania, por sólo mencionar dos, no se ha dado el fenómeno generacional descrito en el artículo que sigue; no al menos en la magnitud que sí se ha dado en España.

Deduzco que si en España resultó así, no fue por el afán de ahorro y de vida espartana de los españoles que ahora están en sus 70 años o más, sino porque éstos se vieron obligados a vivir de esa manera ya que España quedó en la ruina después de la Guerra Civil. De no haber sido así se habría impuesto lo de que el deporte nacional español es la envidia, y habría ocurrido lo que ésta provocó después, cuando llegaron los años de las —ahora sabemos que falsas— vacas gordas.

Tampoco he visto que en otros países europeos haya tantas víctimas de las hipotecas prime, subprime, sub-subprime y demás, concedidas no sólo para comprar vivienda sino también nevera, lavadora, secadora, microondas, automóviles y otros artículos que, si bien se mira, no son de primera necesidad, aunque sí muy útiles, si no imprescindibles, para aparentar.

También César Vidal toca el punto de la versión que en España se le tiene al trabajo, algo que también comprobé durante mi estancia en ese país, al igual que lo han comprobado otros excompañeros de IBM que viven allá.

Pero un buen ejemplo de esto —y que corrobora lo que, en relación a «mancharse las manos» menciono a continuación—es lo siguiente.

En una visita que en 1985 hice a Londres me llamó la atención el aspecto, el vestuario y el afán de trabajo que se notaba en cuatro obreros, aparentemente ingleses, que, en plena calle, trataban de arreglar una alcantarilla. Estaban sucios, con ropas raídas y rotas, y con sus manos llenas de sabañones, pero fajados sin descanso como si tuvieran una lucha contra el tiempo.

Cuando después de esta visita fui a Madrid no pude menos que reparar en seis obreros que, también en plena calle, estaban haciendo lo mismo: arreglar una alcantarilla.

Pero éstos, a diferencia de los de Londres, estaban casi de punto en blanco, con monos/overoles/bragas (el nombre depende del país) limpísimas, si se toma en cuenta con qué estaban trabajando, y, mientras tres movían los picos y palas casi a paso de tortuga, los otros tres, sentados en bancos de plástico que seguramente habían traído al efecto, y fumando, miraban a sus compañeros y hacían chistes con ellos.

Después de un rato —pues me quedé viéndolos sin dar crédito a mis ojos— los grupos se alternaron, pero todo siguió igual: mientras tres trabajaban con visible pereza y falta de entusiasmo, los otros tres, cómodamente sentados, fumaban y hablaban con los tres de los picos y las palas.

Lo que sigue —y que copio entre comilla latinas, o sea, « y »— es el extracto de un comentario que un visitante español, que se identifica como Ricardo Martínez, residente en Reino Unido, puso el 23/06/2012 en el artículo «La generación que construyó España», artículo que, como ya dicho, copio íntegro más abajo.

«Yo nací en el 61 y llevo fuera de España desde el 89. Esto me ha dado una posición privilegiada al poder observar desde fuera el progreso del país. Durante los primeros diez o quince años el progreso era notable, y era algo que me ponía orgulloso, aunque nunca he sido un gran nacionalista.

Desde que estoy fuera he vuelto a España cada año a visitar a mi familia y amigos, y cada año yo flipaba mas, pues caminando por las calles de Zaragoza —ciudad en la que nací—, yo veía que había más BMW, Audi, VolksWagen y Mercedes que aquí. Y me preguntaba de dónde salía toda esa riqueza, todo ese dinero.

Aunque algo tiene, no se puede decir que Zaragoza sea una ciudad que tenga una industria enorme o potente, o un turismo o una actividad de servicios notable y determinada que pueda justificar semejante despliego de ‘riqueza’. A ver [….] a lo largo de los años para mí estaba claro que la gente estaba viviendo muy por encima de sus posibilidades. Y si el vecino conduce un no-sé-qué, pues yo conduzco el-no-sé-qué-plus-x que tiene más prestaciones.

El ejemplo de esos ‘expertos enólogos’ me ha encantado pues es la pura realidad y, para mí, el colmo de la gilipollez.

En la TV de Reino Unido pasaron un programa en el que le echaran tinte alimentario a vino blanco sólo para darle color de tinto, y de los diez ‘expertos’ que lo probaron sólo uno notó que había algo raro con aquel. Los demás empezaron con las típicas tonterías de los frutos del bosque, la mantequilla y el roble, describiendo los distintos aromas y cualidades del vino.

O el tema de los inmigrantes. «Mira tú, se están llevando los mejores trabajos». ¿Ah, sí? Es posible que haya algunos que hayan venido a chupar de la teta, pero estoy seguro de que la mayoría lo único que querían era trabajar y ganarse el sueldo honestamente, y venían a hacer esos trabajos que los españolitos no hacían por eran muy finos para mancharse las manos. ¿O no?».

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11/03/2012

Fernando Sánchez Salinero

La generación que construyó España

“¿Quiénes son los pobres? Los nietos de los ricos”. Aforismo castellano

Cuando analizas lo que ocurre en una empresa o una sociedad, debes buscar las causas que provocan su situación, porque sólo trabajando sobre las causas, puedes cambiar los efectos.

Y no tengo ninguna duda de que una de las principales causas de la prosperidad que vivimos en los años pasados fue la actitud de la generación de nuestros padres; y una de las principales causas de la crisis, es haber perdido esa actitud.

Recuerdo que, hace años, un empresario brillante que viajó a China para hacer negocios, me comentaba: “China va a ser imparable. Cuando llegas allí el ambiente te recuerda la España de los años ’70s. Todo el mundo quiere trabajar mucho, ahorrar, comprarse su casa, su coche, que sus hijos vayan a la universidad… Cuando una generación está así centrada, no hay quien la pare”.

Este pensamiento me hizo reflexionar entonces, y me ha vuelto a la memoria al contemplar a las tres generaciones que convivimos.

Mis padres tienen en torno a 70 años, y siempre han sido un ejemplo de trabajo, honradez, austeridad, previsión y generosidad. Pertenecen a una generación que, como dice mi padre, les tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaron para sus padres, y de casados para sus hijos.

Son gente que veían el trabajo como una oportunidad de progresar, como algo que les abría a un futuro mejor, y se entregaron a ello en condiciones muy difíciles.

Son una generación que compraba las cosas cuando podía, y del nivel que se podía permitir; que no pedía prestado sino por estricta necesidad; que pagaban sus facturas con celo, y ahorraban un poco “por si pasaba algo”; que gastaban en ropa y lujos lo que la prudencia les dictaba; y se bañaban en ríos cercanos, disfrutando de tortillas de patata y embutidos, en domingos veraniegos de familia y amigos.

Y tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron, que constituyeron casi todas las empresas que hoy conocemos, y que dan trabajo a la mayoría de los españoles.

Sabían que el esfuerzo tenía recompensa, y la honradez formaba parte del patrimonio de cada familia. Se podía ser pobre, pero nunca dejar de ser honrado.

La democracia significaba libertad y posibilidades, y seguir viviendo en armonía y respeto. Y cometieron los dos peores errores imputables a esa generación:

  1. “Que mis hijos no trabajen tanto como trabajé yo”. Nos cargamos de un plumazo la cultura del esfuerzo y del mérito, convirtiendo el trabajo en algo a evitar.
  2. “Como tenemos unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están tus padres”. Con lo cual mi generación empezó a pensar que el dinero nacía en las cuentas corrientes de sus padres, cuentas que daban la impresión de ser inagotables, y que los Bancos eran unas fuentes inagotables de hipotecas, rehipotecas y contrarrehipotecas.

Y entonces eclosionó nuestra generación (yo soy del 67): la generación de los nuevos ricos, la generación de “los pelotazos”, del gasto continuo, de la especulación, de la ingeniería financiera, de la exhibición del derroche, la de lo quiero todo y lo quiero ya, la de “papá, dame”.

Y todos nos volvimos ricos —en apariencia—, todos nos convertimos en gastro-horteras. ¿Conocéis a alguien que se atreva a comer un bocata de chorizo? Le corren a gorrazos por paleto. Ahora hay que comer hamburguesas deconstruidas al aroma de los almendros al atardecer. ¿Y qué decir del vino? Pasamos del Don Simón con Casera, al Vega Sicilia sin fase de descompresión.

El vino ya no está “bueno”, ahora tiene matices a fruta del bosque, con un retrogusto alcohólico que adolece de un cierto punto astringente, con demasiada presencia de roble. Esto, por supuesto, a golpe de docenas de euros, que para ser un “enterao” hay que pasar por taquilla. ¡Y es que pocas cosas cuestan tanto como ocultar la ignorancia!

Somos la generación de “endeudarse para demostrar que eres rico”. Increíble pero cierto.

—¿Sólo debes 500.000 €? Es que eres un cutre. Mira, nosotros debemos ya 2.000.000 y nos están estudiando una operación por otros 2 más.

—Vosotros sí que sabéis sacar provecho al sistema… Ojalá yo algún día pueda deber esas cantidades. ¡Cuánto envidio tus préstamos!

En Alemania no daban abasto a fabricar Mercedes, Audis, y BMW para los españoles. Irrumpió Europa en nuestras vidas, y llegó en forma de mega infraestructuras que producían mega comisiones para todos los involucrados. ¡Viva el cazo! ¡Viva el yerno del Rey! ¡Que se besen los padrinos!

Además, llovían las subvenciones, nos daban una fortuna por plantar viñas y luego, a los dos años, otra fortuna por arrancarlas; que llegaba un momento en que no sabías si tenías que plantar o arrancar. A propósito, ¿qué toca este año?

Si algún “tarao” dice que hay que parar esto, se le lapida y “que no pare la fiesta”. Por supuesto que todos estamos de acuerdo en que esto es imposible que se sostenga, pero hay que empezar a recortar por el vecino, que lo mío son todo derechos esculpidos en piedra en la sacrosanta Constitución.

De la siguiente generación, mejor no hablar (lo dejaré para otro post). Ésa es la generación que, según dice el aforismo, será pobre, por ser nieta de ricos.

Si somos incapaces de volver a los valores con los que se construye una sociedad sostenible, nos hundiremos, eso sí, cargados de reivindicaciones.

En mi casa siempre he tenido un ejemplo vivo de cordura, honradez y esfuerzo; y no han sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de hecho, dicen que al revés, que han sido bastante más.

Debe ser que la sencilla tortilla, el melón fresquito, comprar el sofá cuando se podía, poner las cortinas cosidas por nuestra madre con ayuda de la abuela, trabajar y echarle huevos para emprender (aunque no lo llamaban así) no debía ser mala receta.

Desde aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa generación que nos regalaron un país cojonudo, que nos hemos encargado de arruinar (entre todos, que todos hemos aplaudido la locura), y que, sólo con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a nuestros hijos un protectorado chino, donde serán unos esclavos endeudados y tendrán unas historias legendarias sobre la prosperidad que crearon sus abuelos, empeñaron sus padres, y son incapaces de imaginar los nietos.

Estamos a tiempo de cambiarlo, pero cada vez tenemos menos. Podemos encontrar maestros en casa.

Fuente: Blog de Fernando Salinero

Cortesía de Ileana Leyba

[*Opino}– Acerca de ‘España debe salvarse a sí misma’, de Ángel Pascual-Ramsay

22-07-12

Carlos M. Padrón

Es refrescante ver que hay algunos con sesera suficiente para detectar las llagas y poner el dedo en ellas.

Pero ésos son una privilegiada minoría que no puede acabar con la ley de que, por ejemplo, un gobierno es el reflejo de la mayoría de los ciudadanos que lo eligieron, y de la mayoría de los rasgos que imperan en su país o, dicho de otro modo, de su idiosincrasia. Es lo que pasa, por ejemplo, en Venezuela.

En el caso que denuncia el excelente artículo que sigue, que creo importante destacar estas frases:

• Se excusaba en el origen internacional de la crisis

Y los españoles seguirán haciéndolo porque, para ellos, el trabajo es castigo y su aspiración es vivir sin trabajar, sin esfuerzo y sin sacrificios, en un país en el que impere el Estado de Bienestar, que, si bien es algo que funciona, por ejemplo, en los países nórdicos, en España se entiende como vivir sin dar golpe y sin pagar impuestos. Para los más de los españoles, los equivocados son los otros, ellos no.

España no ha construido un modelo productivo dinámico

Ni veo cómo pueda hacerlo. Eso exige trabajo.

Nos hemos contado una historia de país rico, innovador y dinámico, que no es cierta

Algo que se ha dicho muchas veces y que a mí ya me da vergüenza ajena, pues cuando algún español destaca en algo, que generalmente es intranscendente, la prensa española —al menos la digital, la que reviso cada día— lo anuncia, por semanas, a bombos y platillos como si de la cura definitivamente del cáncer se tratara.

• Ambición reformista

No, como son los otros los equivocados, son ellos —esos otros— los que deben cambiar su actitud.

España no tiene mimbres para competir en este entorno tan competitivo; o se reforma o languidecerá

Ni los tendrá; ergo: languidecerá. Una golondrina no hace verano, y voces como las de quien escribió este excelente artículo son una golondrina solitaria y, además, vista como peligrosa.

• Dominado por las grandes empresas, en connivencia con los poderes públicos

Es lo que denunció César Vidal en uno, o tal vez más, de la serie de artículos España. Las razones de una diferencia, que publiqué en el blog. Una costumbre ancestral que podrá cambiarse con la urgencia que el caso requiere, pues no cuenta con la empatía de la idiosincrasia nacional.

• Reformar la Administración

Es lo que todos claman ahora, pero, ¿quién le pone el cascabel al gato? Conviene ver este documento para hacerse idea de la magnitud del problema.

• Acabar con el corporativismo conservador del alto funcionariato

Esto me hace recordar lo que un consultor que conocí mientras yo vivía en Madrid me dijo un día: «El problema de España es que es un funcionariato«. Fue la primera vez que escuché esta palabreja.

• Culpabilización de Europa

Repito: los equivocados son los otros, que no saben vivir.

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21-07-12

Prólogo del libro «¿Qué nos ha pasado?»

En menos de cuatro años España ha pasado de ser uno de los países de mayor crecimiento de la UE, a sufrir una profunda depresión nacional, con más de cinco millones de parados, y una reducción de la riqueza que amenaza con llevar a una década perdida.

Durante la última legislatura, el país ha transitado de la euforia a una intensa crisis económica y social. Y el PSOE pasó de revalidar su victoria en marzo de 2008 a cosechar en noviembre de 2011 el peor resultado de su historia, permitiendo al PP acumular más poder, central y territorial, que ninguna otra formación en la democracia.

El mundo también ha cambiado, acelerándose el desprestigio de la globalización y del modelo económico imperante, el

desplazamiento, de Occidente a Oriente y al Sur, del poder y riqueza, el declive relativo de los EE UU, y una crisis sin precedentes del euro y de la Unión Europea.

Las explicaciones han oscilado entre la personalización, en Rodríguez Zapatero, de todos los males, y una visión acrítica que se excusaba en el origen internacional de la crisis, cuando lo que ha habido es un fallo de país en plena transformación europea y global.

Los autores han vivido esta transmutación desde dentro, desde el Departamento de Análisis y Estudios del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, y aportan las claves para entender este naufragio nacional, y cómo superarlo.

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16/07/2012

Angel Pascual-Ramsay

España debe salvarse a sí misma

Europa no salvará a España; ni puede ni debe. Pero sí que ayudará, si asumimos nuestra responsabilidad de modernizar el país. De hacerlo no sólo depende el futuro de España sino incluso la supervivencia del proyecto europeo. La falta de perspectivas de crecimiento de las economías del sur, y especialmente España, está haciendo dudar a la Europa del norte de la viabilidad del euro.

Si mostramos que España puede crecer, con verdaderas reformas y no sólo con brutales recortes, daremos a nuestros socios

europeos la confianza que necesitan para apoyar una mayor integración fiscal y económica, y ayudaremos a Europa a salvarse a sí misma.

Hoy Europa es el problema, y España —puede ser— la solución. Pero, lejos de responder al reto, este país parece empeñado en buscar culpables externos; nada bueno vendrá de esta actitud. España no funciona bien, la responsabilidad es nuestra y, en el fondo, lo sabemos; por tanto, urge asumir la gravedad de la situación y la necesidad de afrontarla colectivamente.

Un primer paso es desmontar varios mitos exculpatorios que dominan hoy la conversación pública española:

1. La culpa es de Merkel y de Alemania

Falso. La postura de Alemania es racional y razonable. Se le está pidiendo a un país, que tiene grabado a fuego por su historia el peligro de la laxitud fiscal, que ponga el dinero para financiar un proyecto que —piensan, y con razón— que puede ser un cubo sin fondo y que puede acabar quebrándoles a ellos también.

Pedimos disparar con pólvora alemana, y Merkel, presionada por su preocupada opinión pública, lógicamente se niega. Antes quiere garantías de que las economías del sur pueden repagar sus deudas, y que la UE es económicamente viable.

2. El problema es el BCE

No; la negativa del BCE a comprar deuda española, y la incapacidad de España para acceder a los mercados, es un problema acuciante, pero no el de fondo, que es nuestra falta de potencial de crecimiento. La prima de riesgo es síntoma, no causa, del problema.

Si el BCE comprara masivamente nuestra deuda, o actuara como prestamista de última instancia, el paciente España seguiría enfermo, y una mayor rebaja de tipos de interés apenas tendría impacto, pues en una recesión de endeudamiento la prioridad es reducir deudas, no obtener crédito barato para inversión o consumo.

En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra hace lo que se pide al BCE, pero el país sigue en deflación.

3. Los responsables son la UE y su política de austeridad

Es cierto que la UE sigue inexplicablemente colonizada por una política económica neoliberal que la crisis ha desacreditado y que las desastrosas políticas de reducción del déficit —que toda evidencia empírica muestra que son suicidas en una recesión de endeudamiento como la que vivimos— nos están llevando a una tercera recaída económica.

Pero nada de lo que le estamos pidiendo a Europa nos sacaría de nuestro agujero particular.

El problema es la falta de dinamismo de nuestra estructura económica, y no la falta de estímulo, que, aunque sí evitaría

que las cosas fueran a peor, apenas generaría crecimiento, como vimos con el Plan E.

4. El origen del problema es el mal diseño institucional de la UE

Sólo a medias. Efectivamente, hay desequilibrios entre regiones, y no existen mecanismos de ajuste e instituciones que los gestionen.

Pero las transferencias de la UE no subsanarían el problema de base: tras dos décadas de fondos de cohesión y estructurales, España no ha construido un modelo productivo dinámico que produzca crecimiento y empleo de calidad.

5. España no va tan mal; en las crisis siempre cunde el desanimo.

España va mal, y negarlo es tan irresponsable como contraproducente. Nos hemos contado una historia de país rico, innovador y dinámico, que no es cierta.

Nuestra economía es poco competitiva, está concentrada en sectores de baja productividad, y las empresas no invierten lo suficiente en I+D y formación. No tenemos recursos naturales ni ventajas competitivas en sectores de alto crecimiento y empleo. Muchos mercados están protegidos de verdadera competencia por un ancestral corporativismo. Nos enfrentamos al siglo XXI con estructuras del siglo XX e incluso del XIX.

6. Es culpa de los políticos y su falta de liderazgo

Los principales responsables son, sin duda, los políticos, e igual, o más, la élite empresarial y financiera, que ha llevado al país al borde de la quiebra.

Pero ellos no son sino reflejo de una dejación de responsabilidad colectiva. Como dijo Ortega en su «España invertebrada», cuando las masas dicen que no hay líderes, es que no hay masas: demasiados corruptos han sido legitimados con mayorías absolutas; demasiados españoles exigen servicios sociales pero piden pagar sin IVA.

Todo lo anterior es, por supuesto, matizable. Alemania podría estar jugando un papel más útil, y el BCE debería actuar como prestamista de última instancia. Pero lo cortés no quita lo valiente: la principal causa de nuestro actual predicamento es la falta de ambición reformista durante los últimos quince años (aquél ‘España va bien’ suena hoy a irresponsable complacencia).

Superarlo pasa por tomar conciencia del inmenso reto al que nos enfrentamos, y acometer este verdadero proyecto de regeneración nacional. Basta ya de echar la culpa a Europa.

Y es que España afronta un reto histórico. El mundo está experimentando un cambio sísmico por la eclosión de las economías emergentes. Tres quintos de la población mundial se están incorporando al sistema económico global, con ingentes reservas de mano de obra barata, y, cada vez más, innovación —China ya produce más patentes que EE UU, y más ingenieros

que el todo Occidente junto—, van a generar una dislocación económica como el mundo no ha visto en siglos.

España no tiene mimbres para competir en este entorno tan competitivo; o se reforma o languidecerá. El país necesita un verdadero shock de modernidad; no sólo recortes sociales o cambios en los márgenes, sino auténticas reformas que dinamicen el país y desmantelen intereses creados.

Hay que desmontar el mito de que las reformas son necesariamente sinónimo de sacrificio. Las verdaderas reformas estructurales rompen privilegios y benefician a la mayoría. La fiscalidad progresiva y la creación del estado del bienestar son buenos ejemplos.

El equivalente en la España de hoy deben ser reformas que democraticen la innovación; que den acceso a los instrumentos que permiten innovar a una base mucho mayor de ciudadanos y empresas, y liberen así todo el potencial creativo del país.

Debemos para ello liberalizar la economía, rompiendo el corporativismo que la tiene atenazada, y que resulta en un mercantilismo plutocrático dominado por las grandes empresas, en connivencia con los poderes públicos y en detrimento de la mayoría de empresas y emprendedores.

Debemos reformar la Administración para acabar con el corporativismo conservador del alto funcionariato y su práctica monopolización de la vida política. Y debemos construir una sociedad civil pujante y más cívica, que vigile a sus líderes y alumbre una cultura fiscal más responsable que haga viables los servicios sociales que demandamos.

Pero nada de esto será posible si se arrastra a España a un ajuste demasiado rápido y socialmente inviable con imposibles exigencias de austeridad. La única solución pasa por pedir a la UE un gran pacto por el que demos garantías de reforma y crecimiento cediendo aún más soberanía en política económica, a cambio de financiación del BCE y mayor flexibilidad en el

ajuste fiscal, pues las reformas no generan crecimiento a corto plazo.

Necesitamos espacio para el estímulo y para implementar políticas de crecimiento, empezando por una nueva política industrial.

Ante todo, y sobre todo, debemos sustituir la cada vez más preocupante culpabilización de Europa por empatía y diálogo; entender las razones de nuestros socios, que las tienen, y explicar las nuestras, que también las tenemos; y superar la dinámica acusatoria y nacionalista que tan desastrosa ha sido para Europa en el pasado y que tan peligrosamente parecemos estar

repitiendo.

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  • Ángel Pascual-Ramsay (Madrid, 1973).
  • · Titulado en Ciencias Empresariales Europeas (ICADE) y en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad de Cambridge.
  • · Máster en Administración (Universidad de Harvard).
  • · Dedicó el año 2003 a viajar y escribir en India.
  • · Ha trabajado en los sectores público y privado.
  • · Entre 2008 y 2011 fue asesor de tendencias económicas y geopolíticas globales del Departamento de Análisis y Estudios del Gabinete de la Presidencia del Gobierno.
  • · Formó parte del grupo de trabajo para el Foro de Davos.
  • · Es Asesor en el Gabinete del Presidente del Gobierno.
  • · En la actualidad es Director of Global Risks del ESADEgeo-Center for Global Economy and Geopolitics.
  • · Es autor de varias publicaciones de política económica e internacional.

Fuente: El País

Cortesía de Adolfo Blanco

[*Opino}– Los españoles prefieren una pensión más baja a trabajar durante más años

02-07-12

Carlos M. Padrón

Este título, que corresponde al artículo que copio más abajo, me resulta insólito, pues si me hubieran permitido trabajar en IBM hasta, por ejemplo, los 75 años —que aún no tengo—, habría aceptado de buen grado, ¡a pesar de que entonces no sabía yo lo mala que es la vida de jubilado, o sea, quedarse sin trabajo, quedarse sin algo en lo que uno se sienta útil y productivo!

Esto choca de frente con eso de que el 48% de los españoles encuestados creen que no debería ampliarse la edad de jubilación (la última reforma de pensiones elevaba hasta 67 años la edad), y explica, como ya conté en este post, por qué mi opinión sobre las bondades del trabajo, que manifesté públicamente en la radio española cuando aún ni sospechaba yo que me jubilarían antes de los 65 años, no la compartían la mayoría de los españoles con los que hablé al respecto, aunque es algo de lo que tratan otros artículos de plumas mucho más autorizada que la mía.

Igualmente me resulta insólito que muchos españoles consideren que «De trabajar más, nada de nada; es preferible, incluso, afrontar recortes de prestación como mal menor», y encima digan que no piensan que ahorrar para la jubilación sea prioritario en este momento.

Sospecho que el motivo es que siguen apegados al bendito Estado de Bienestar y piensan que Papá Estado se hará cargo de mí y, por tanto, ¿qué sentido tiene ahorrar para mi jubilación?

Mejor sería que hicieran caso a lo de que, según desvela el informe, «España está por debajo de la media europea en el denominado índice de preparación para la jubilación», y, cuanto antes, comenzaran a tomar medidas, como la del ahorro o planes alternos, para cuando al fin les llegue la jubilación.

La medida de prepararse anímicamente para ese trance no la menciona porque me temo que no la necesiten quienes quieren rebajar la edad de jubilación.

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02/07/2012

Los españoles prefieren una pensión más baja a trabajar durante más años

¿Cómo ve la transición a la jubilación? ¿Cree necesaria una reforma de pensiones? ¿Hay que trabajar más años para compensar los costos derivados del aumento de la esperanza de vida? ¿Las futuras generaciones de jubilados estarán mejor o peor que los jubilados en este momento?

Un mar de dudas planea sobre la Seguridad Social; la crisis ha hecho mella en los ingresos y desatado un mar de dudas sobre la solidez del sistema de pensiones en el presente y en el futuro, una situación que ha vuelto a abrir el melón de nuevas reformas.

La aseguradora Aegon España ha elaborado un estudio sobre la jubilación basado en 9.000 encuestas realizadas en España, Francia, Alemania, Hungría, Holanda, Polonia, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos, en el que se analizan también las opiniones de los trabajadores sobre el papel del Estado y el sector privado en las pensiones, así como el impacto que la crisis tiene sobre sus planes de jubilación, junto con su grado de prevención económica para la misma, que en España está bajo mínimos.

De entre todas las respuestas, una de ellas sobresale sobre las demás en el informe «la cara cambiante de la jubilación». De trabajar más, nada de nada; es preferible, incluso, afrontar recortes de prestación como mal menor.

Y es que el 48% de los encuestados en nuestro país creen que no debería ampliarse la edad de jubilación (la última reforma de pensiones elevaba hasta 67 años la edad). Un 26% piensan que sí debería aumentar la edad de jubilación salvo para trabajadores que tienen oficios de riesgo o manuales.

Pese a estos resultados, la mayoría (94%) de los encuestados (1.000 personas), consideran necesaria la reforma de las pensiones.

De ese porcentaje, un 49% son partidarios de una propuesta equilibrada con reducciones en pagos individuales y subidas de impuestos, un 30% piensan que habría que aumentar los fondos para las pensiones mediante una subida de impuestos, y el 15% optan por reducir el costo total de las pensiones mediante la reducción del valor de los pagos de la pensión individual.

Adiós «jubilación dorada»

El estudio de Aegon apunta a España como uno de los países más pesimistas sobre el futuro de su sistema de pensiones. El antiguo concepto de «jubilación dorada» desaparece para dar paso a un clima de desconfianza, en el que un 70% de los españoles consideran que las futuras generaciones tendrán una jubilación con peor calidad de vida.

Sobre su situación personal, el 29% de los encuestados confían en mantener un buen nivel de vida tras su jubilación, frente a un 45% que no lo creen así, lo que supone un índice de pesimismo mayor que la media en Europa.

Curiosamente, hay una sensación más positiva entre el grupo de edad de menores de 25 años, de los cuales un 14% creen que su jubilación será mejor que la de la generación actual. Sin embargo, el porcentaje de los que opinan que tras jubilarse conseguirán el dinero que necesitan para vivir, se reduce al 7% frente al 15% de la media europea.

Los recortes ejercen también su influencia en la planificación de la jubilación a medio o largo plazo.

Sólo un 32% de los encuestados creen que podrán dejar de trabajar por completo cuando llegue su edad de jubilación, y un 60% opinan que deberán trabajar durante más años para poder jubilarse en buenas condiciones; el mismo porcentaje que se declara consciente de que tendrán que empezar a planificar su jubilación.

Sin embargo, hay también un 55% de encuestados que, aunque creen que es importante ahorrar para la jubilación, no piensan que sea prioritario en este momento.

Poco preparados

El informe desvela que España está por debajo de la media europea en el denominado índice de preparación para la jubilación.

Este índice se ha establecido teniendo en cuenta el grado de compromiso en seis puntos básicos —responsabilidad, conocimiento, comprensión, planificación, ahorro, y expectativa— para determinar cómo se prepara la población de cada país.

Aunque un 64% de los españoles encuestados otorgaron una valoración alta a la necesidad de planificar su jubilación, esa conciencia no se traduce en una acción práctica; sólo un 26% lo están haciendo de forma activa, lo que supone la mayor brecha entre comprensión y ahorro de todos los países encuestados, a excepción de Polonia.

Esta diferencia se explica por factores como el alto índice de desempleo, las fuertes medidas de austeridad, y la confianza que se tuvo durante años en el sector inmobiliario como uno de los pilares de los planes de jubilación.

Todo ello impide a los españoles invertir tanto como querrían en sus planes de jubilación, y deja a España con un nivel de 5 puntos, tres décimas por debajo de la media europea (5,3), igualada con Polonia y solo por delante de Hungría (4,8).

Fuente: ABC

[*Opino}– Gibraltar, Ceuta y Melilla,… y Canarias de por medio

24-06-12

Carlos M. Padrón

La lectura de los fragmentos del artículo que copio más abajo me lleva a hacerme dos preguntas:

  1. Con qué cara  —o con qué base moral, si es que existe tal en política— se negaría España a las aspiraciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, si está pidiendo a Inglaterra que le devuelva Gibraltar.
  2. Cuánto tardaría Marruecos en pedir también Canarias, si España accediera a darle Ceuta y Melilla,… o si las prospecciones de Repsol cerca del límite de las aguas Canarias encontraran petróleo.

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2012-06-24

Marruecos espera «mejores días» para exigir Ceuta y Melilla a España

Marruecos no tiene intención de reclamar en la actualidad a España la apertura de un diálogo sobre la soberanía de Ceuta y Melilla, que considera ocupadas.

«Esperamos mejores días para que España y Marruecos puedan discutir con inteligencia sobre estas dos ciudades que para nosotros son marroquíes», afirma en una entrevista con Europa Press el presidente de la Cámara de Consejeros, Mohamed Cheikh Biadillah.

Este representante del Partido Autenticidad y Modernidad, que se considera creado a iniciativa del Rey Mohamed VI en 2008 como contrapeso a los islamistas moderados, aboga «sinceramente» por el «diálogo» entre ambos países para solucionar el contencioso, pero subraya que Marruecos «nunca» ha «exigido» a España el inicio de estas conversaciones.

«Siempre hemos usado nuestra amistad, comprensión y cooperación como medio que debe permitir algún día poner en marcha una comisión de sabios para encontrar una solución a este problema», señala durante su estancia en Madrid el viernes pasado para comenzar a preparar un foro novedoso entre parlamentarios de ambos países en septiembre próximo.

Biadillah, de origen saharaui, se reunió el viernes con su homólogo español, el presidente del Senado, Pío García Escudero, los miembros de la Mesa del Senado y el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara Alta, el popular Alejandro Muñoz Alonso.

Con ellos acordó celebrar un foro parlamentario hispano marroquí, que se celebrará en Rabat «justo antes» de la próxima cumbre bilateral, fijada para el 12 de septiembre, con el objetivo de acercar más a los parlamentarios de ambos países.

Por parte marroquí, participarán en ese foro los jefes de todos los grupos parlamentarios, mientras que del lado español corresponderá a García Escudero cursar las correspondientes invitaciones. Marruecos, asegura Biadillah, está «abierto» a que visiten Rabat representantes de todos los partidos políticos españoles.

Aunque los temas sobre los que debatirá el foro aún no se han acordado, Biadillah considera que puede suponer una buena oportunidad para discutir sobre asuntos de interés común como la lucha contra la inmigración ilegal, la seguridad en el Sahel e incluso del contencioso del Sáhara Occidental.

…/…

También aborda de pasada las prospecciones de Repsol cerca del límite de las aguas Canarias. «Es necesario que los Gobiernos respectivos, en función de su ley interna y de la normativa internacional, encuentren soluciones adecuadas para respetar los intereses de unos y otros. Pero nuestro futuro y desafíos comunes en materia de desarrollo sostenible, empleo, seguridad, son más importantes y sobrepasan estos problemas coyunturales, que encuentran siempre una solución gracias a la negociación, el diálogo y la cooperación mutua», zanja.

El Gobierno español ha autorizado a Repsol a que haga prospecciones en aguas canarias, cerca de la mediana imaginaria con Marruecos, ante la posibilidad de que haya petróleo bajo la plataforma continental. El reino alauí ya ha iniciado prospecciones en esa zona, desde su lado, por lo que España teme que si existe una bolsa de petróleo se beneficie de ella solo Marruecos.

Fuente: Libertad Digital

[*Opino}– España. El triunfo de los mediocres

14-05-12

Carlos M. Padrón

Por vía de e-mail, Mary Carmen Barbuzano, una paisana asidua de este blog, me ha hecho llegar, como obra de un anónimo que supuestamente se hace llamar ‘Bloguero’. el artículo que copio más abajo.

Como reúne todas los puntos —y más— que acerca de la mediocridad de España he visto en la propia prensa digital española, y que varias veces he publicado aquí (ver más abajo ‘Artículos relacionados’), busqué en Google y encontré que su autor es un señor de nombre David Jiménez, quien lo publicó en su blog personal.

Lo que me ha impactado más de este artículo es la frase «porque son de los nuestros«. En mi opinión, es ahí donde radica la causa del evidente deterioro de muchos países, EEUU entre ellos, porque en todos ha aumentado, y sigue aumentando, la cantidad de mediocres y, peor aún, la cantidad de chusma, y tanto los de una clase como los de la otra, que tienen derecho a voto, sólo se sienten felices cuando en los puestos de mando ven a uno como ellos.

Los chusma son mayormente acomplejados sociales que creen que el hábito hace al monje, que, yendo siempre por la vía del mínimo esfuerzo, cambian o destruyen todo lo que haya sido hecho por otros, ya que en eso no pueden ver reflejada su chabacanería sino algo que, además, les ofende porque funciona, pues lo de ellos es, en su afán de cambiar todo, improvisar, sin lógica ni fundamento, medidas que más pronto que tarde demuestran su ineficacia.

Me temo que la única salida a esto, si es que la hay, es que un día, que podría ser muy duro, el péndulo de la política se vaya abruptamente al otro extremo.

No se me ocurre añadir nada más a la ya deplorable lista armada por el Sr. Jiménez y que me llegó con estas fotos a título de ejemplos de mediocres muy conocidos —y, por supuesto, populares y hasta admirados— en España.

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Mis felicitaciones a David Jiménez.

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Febrero 28, 2012

El triunfo de los mediocres

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Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, que va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o de la prima de riesgo.

Que ha llegado la hora de asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general, de reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel, y de admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana; tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación, y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan,… porque son de los nuestros.

Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

  • Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
  • Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional.
  • Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
  • Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
  • Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo, y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
  • Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que, sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
  • Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada —cuando no robada impunemente— y la independencia sancionada.
  • Mediocre es un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad, y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
  • Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse, o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

Fuente: Blog de David Jiménez

Cortesía de Mary Carmen Barbuzano

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COMENTARIOS

 

Leonardo Masina
MEDIOCRE es un país donde, como sucede en España, los aumentos de sueldo son colectivos, pactados entre la patronal y los sindicatos, o sea, todos en la misma fecha y todos con el mismo porcentaje.

Cuando uno, trabajando por IBM, a España desde un país “supuestamente” tercermundista en el que los aumentos de sueldo que hacía IBM eran por mérito, basados en el resultado de una evaluación personal y en unos “baremos” que motivaban al empelado, y al llegar a España y seguir trabajando de igual manera se encuentra con que los compañeros le dicen: “¿Y tú por qué trabajas así si te van a pagar lo mismo que al que no da golpe”.

Por ese motivo, en España no saben ni entienden lo que significa PRODUCTIVIDAD, EFICIENCIA o RENDIMIENTO sino que sólo se fijan en cuántas horas uno está presente en el trabajo, y de ahí se deduce si el empleado es o no un BUEN TRABAJADOR.

Los que no lo habían entendido, ya saben por qué España va mal, y es porque cada cual está mirando a ver quién se pone “manos a la obra” y agacha el lomo. Así pasa entre trabajadores, estudiantes, Ayuntamientos, diputaciones, Comunidades Autónomas y, sobre todo, Gobierno y SINDICATOS.

Y, para los que no lo supiesen, existen además los “liberados sindicales” que son unos PARÁSITOS que, con la excusa de que representan al sindicato, cobran pero no trabajan.

Como extranjero que vive en España, esto es lo que he logrado entender hasta ahora, y me imagino cuantas cosas más habrá de las que ni sé ni me he enterado.

P.D.1

Aunque “supuestamente” estamos viviendo en un país libre, el modo o forma de trabajar en él es más parecido al de un país COMUNISTA: “¿Para qué trabajar si sólo engordamos al dueño?”.

¡Y así jodemos al país y nos hundimos todos!

P.D. 2

Me ha venido a la mente otro detalle: ¿Dónde se ha visto, como ocurre en España, que sea el gobierno quien pague y mantenga a los sindicatos?

Pues se ve en España, donde, aunque la cuota de afiliados a los sindicatos no representa ni un 10% de los trabajadores, el gobierno subvenciona a los sindicatos,… para que le monten las huelgas. ¡Increíble, pero cierto!

¿Saben quiénes son los que más cobran para dar cursos de formación a los parados/desempleados?

Si han dicho los sindicatos han acertado. Por tanto, cuantos más parados haya, más cobran los sindicatos.

Asíque sólo si fuesen pendejos se pondrían a crear empleo, pues si lo hicieran se les acabaría el chollo.

Adolfo Blanco
Mediocre es un país repleto de “indignados” que sólo saben reclamar supuestos derechos ganados con esfuerzo ajeno, pero que se olvidan de que la vida y el éxito se labran a base de deberes.

Mediocre es un país que piensa que son los sindicatos y las marchas los que les van a sacar de abajo, y no el esfuerzo personal de cada uno de sus ciudadanos.