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Cortesía de Eleuterio Sicilia
Hechos, imágenes o escritos acerca de Canarias, pero no de El Paso, y de autores no pasenses.
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Cortesía de Eleuterio Sicilia
Fotos tomados Arnulfo Laveran Santos Hernández.
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Cortesía de Roberto González Rodríguez
22-06-14
Oswaldo Izquierdo Dorta
Con veintisiete años de retraso, el Valle de Aridane, en La Palma, ha recuperado la cobertura sanitaria que tuvo entre 1941 y 1985.
Con la apertura de un nuevo centro médico-quirúrgico se devuelve a la comarca oeste de La Palma la posibilidad de atender con inmediatez y garantía cualquier tipo de urgencia quirúrgica o de otra índole, con todas las ventajas de un centro dotado de las técnicas más recientes.

Fachada del edificio que alberga el nuevo centro médico-quirúrgico Clínica Brismedical
En 1941, ¡hace 73 años!, este amplio y privilegiado territorio, que comprende seis municipios (El Paso, Los Llanos, Tazacorte, Tijarafe, Puntagorda y Garafía), contaba con un centro secundario de sanidad, un hospital de aislamiento y una clínica privada, Nuestra Señora de los Remedios, que disponía de varias camas, un quirófano, un solvente médico internista y un experimentado cirujano.
Esta situación, que supuso un salto adelante en cercanía y eficacia, mejoró, veinte años más tarde, con la creación de otro centro privado, la residencia Sanatorial Valle de Aridane, más conocida como la clínica de Los Dos Pinos, dotada también de camas, un quirófano y un competente equipo médico.
Desgraciadamente, desaparecieron las dos primeras instituciones, así como el bello y referencial edificio que las albergaba, y las dos clínicas se vieron obligadas a cerrar porque no cubrían gastos.
Luego, sin restar importancia a la labor, siempre positiva, del centro de salud (1984), que pertenece al Servicio Canario, y de la policlínica privada Sermeva (Servicios Médicos Valle de Aridane, 1994), hemos padecido un prolongado vacío. Se repetía la historia: otra vez, en los casos urgentes había que tomar una ambulancia y, rogando que el enfermo no falleciera durante el trayecto, desplazarse a toda prisa hasta el Hospital General, que, aunque viene realizando una excelente labor, a veces, queda muy distante, y más aún los centros de Tenerife, a los que muchos enfermos son enviados, con el consiguiente trastorno y gastos para los familiares que los acompañan.
Estas carencias hospitalarias se han hecho más visibles durante ese último cuarto de siglo, porque el progresivo envejecimiento de la población requiere atenciones médicas frecuentes e inmediatas, y el turismo, único motor capaz de mover la economía de la isla, exige seguridad sanitaria. Estos dos motivos han evidenciado la necesidad de una clínica quirúrgica completa, moderna y de calidad.
El nuevo centro medico-quirúrgico está preparado y dispuesto para rellenar ese vacío. Ha logrado ponerse en marcha, después de salvar, a lo largo de siete años, múltiples trabas administrativas, desde la licencia de construcción, obtenida en 2005, hasta su apertura, en diciembre del 2012.
El edificio que alberga este centro, situado en la Montaña de Tenisca, de 2.880 metros cuadrados distribuidos en siete plantas monográficas, las
instalaciones y el instrumental, tanto de diagnostico como de cirugía, son del máximo nivel, y las distintas especialidades las cubren profesionales de reconocido prestigio.
Este centro, igual que los anteriores, ha suscrito conciertos con la Seguridad Social tiene disponibilidad de cobertura con la mayoría de las aseguradoras del mercado, lo que demuestra la necesidad de un centro de estas características en La Palma.
Nos preocupa el futuro de este excelente y necesario centro médico por cinco motivos fundamentales: la decadente situación económica; la regresiva evolución demográfica; el envejecimiento de la población; lo poco preparada que está la isla para potenciar el turismo; y la historia de las dos clínicas anteriores.
La caída, ya histórica, del plátano y de la construcción, y el descenso del número de visitantes, dentro del contexto de la crisis general, han llevado la economía insular a la U.V.I. Para salir de esta grave situación es necesario incrementar el turismo, presente y futuro de La Palma; pero si querernos despegar en esa actividad debemos engrasar uno de sus motores fundamentales: el servicio hospitalario inmediato y de alto nivel. Tema que inquieta, y cuya mejora demandan los hoteleros de la Isla.
La Palma dispone de suficientes argumentos naturales para incentivar y atraer visitantes (clima, gastronomía, parajes, senderos, playas,…), pero no es suficiente con eso. Porque, como ha dicho el doctor Brito Pérez, exjefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular Infantil en el Hospital Ramón y Cajal: «El turista necesita saber, antes de viajar, si tiene cobertura fiable para una enfermedad crónica y para una emergencia, por eso el turismo se desarrolló
en el Puerto de la Cruz, sur de Las Palmas y Lanzarote, entre otros lugares, al amparo de las clínicas privadas (1).
La cercanía de médicos de prestigio o, mejor aún, de centros completos de salud, proporciona tranquilidad. En otro tiempo, los vecinos de Tazacorte se sentían protegidos porque contaban con la proximidad de Manuel Morales. Lo mismo podríamos decir de El Paso, con Juan Fernández, o de Los Llanos, con la clínica de José Sobaco, por poner sólo tres ejemplos.
Pero, por otra parte, conviene tener presente que los centros sanitarios privados que han existido y existen en la zona nunca han sido rentables, y lo serán menos en el futuro, al hilo de las preocupaciones expuestas. Un centro de salud genera una amplia y permanente relación de gastos, que van desde la inversión en el edificio, las instalaciones y aparatos, hasta el mantenimiento, conservación y renovación de los mismos, pasando por sueldos y seguros de especialistas, cirujanos, anestesistas, enfermeros, administrativos, más los diarios e ineludibles de funcionamiento: limpieza, agua, luz y material sanitario.
A la vista de esa relación de gastos que conlleva la existencia de un centro medico-quirúrgico, llegamos a la conclusión de que el indiscutible beneficio que aporta para todos los habitantes de esta parte de la Isla no garantiza su mantenimiento si no cuenta con el suficiente apoyo institucional, como ya ocurrió en el pasado con otros centros similares. La historia puede repetirse; los errores, no.
Hasta 1941, existieron las siguientes establecimientos sanitarios, todos en Santa Cruz de La Palma: el Hospital de Nuestra Señora de los Dolores, desde 1914; la clínica privada Martínez de la Barreda, en el primer tercio del pasado siglo; y la clínica privada del doctor Camacho, creada en 1936.

Edificio actual de la antigua clínica nuestra Señora de los Remedios
Dada la constitución triangular de La Palma, que marca tres zonas perfectamente definidas y difícilmente comunicadas durante siglos (este, norte y oeste), el traslado de los enfermos a la capital ha supuesto siempre un elevado riesgo añadido, como bien explica el doctor Martín Gregorio: «Las urgencias quirúrgicas, que a veces llegaban de barrios extremos de Garafía, a por lo menos seis horas de camino de Los Llanos, tenían que seguir su calvario a través de una carretera de cincuenta o más kilómetros, entonces en muy mal estado. La consecuencia de todo ello era el agravamiento —incluso la muerte— del estado de enfermos urgentes con graves traumatismos y hemorragias, con supuraciones abdominales agudas, con perforaciones gástricas o intestinales, con partos distócidos, y con otros procesos de carácter urgentísimo». (2)
Ante esta situación, José González Sobaco, que había sido jefe de cirugía del ejército del coronel Galán, y José Martín Gregorio, reputado médico internista, recién destinados ambos a Los Llanos de Aridane, ponen en marcha, en septiembre de 1941, una clínica con seis camas y el instrumental necesario (3).
Al principio, la labor de anestesista la realizaba el practicante Eduardo Acosta; posteriormente, el doctor Luis Espina Zunzunegui, que regentaba la plaza de Tijarafe. También trabajaron como practicantes los hermanos Octavio y Miguel Bethencourt González, y José Camacho Camacho.
El doctor Sobaco —»el Rubio», como era conocido popularmente—, fue un cirujano polivalente; un profesional de servicio permanente y eficaz, de fuerte carácter y de gran humanidad. Se cuenta, como muestra de su ingenio, que, al no poder disponer de una lámpara adecuada para facilitar la precisión que requiere la cirugía, se inventó una que logró construir en el taller mecánico de los Cutillas, con la ayuda de Roberto, otra figura referencial de la época.
El reconocimiento a la labor profesional de José Martín Gregorio —»el médico del sombrero verde», como era conocido— es una asignatura que tienen pendiente los regidores del Valle de Aridane.
El centro sanitario, denominado Nuestra Señora de los Remedios, ubicado en la calle Fernández Taño, que salvó la vida de muchas personas y recompuso la salud de muchas más, se mantuvo, bajo la dirección del doctor Sobaco, hasta 1962. En esa fecha, este competente cirujano, sobrado de experiencia, de iniciativa y de recursos, atendiendo a una convocatoria de la Organización Mundial de la Salud, decidió trasladarse a la República Democrática del Congo, donde permaneció cinco años realizando una encomiable labor. A su regreso, ejerció en Tenerife, donde falleció en el año 1976. (4).
Como consecuencia de la marcha del doctor Sobaco, la clínica fue adquirida por Adelto Hernández Sosa, cirujano y traumatólogo de reconocido prestigio, jefe del Servicio de Traumatología del Hospital Nuestra Señora de las Nieves, Hijo Predilecto de la localidad, Encomienda de la Orden Civil de Sanidad, deportista y persona próxima y entrañable que, desde mitad de la década de los cincuenta, ya trabajaba en esa clínica.
Bajo su dirección, ésta continuó la impagable labor social que se venía realizando, mejoraron las instalaciones y se potenció el equipo quirúrgico con la incorporación de otro ilustre paisano suyo, Gregorio Acosta Pulido, médico, que cuenta con más de cincuenta años de entrega profesional, dentro y fuera del municipio; especialista en dos vertientes, digestivo, y anestesia y reanimación, con las que ha colaborado a salvar muchas vidas; anestesista, simultáneamente, de la clínica de Los Remedios, Los Dos Pinos, el Hospital de Dolores y la Seguridad Social, durante veinte años fue el único de la Isla, disponible día y noche; altamente valorado por sus compañeros de profesión; con el agradecimiento de aquéllos a los que nos trató y atendió en delicadas operaciones, y del que estimamos que reúne méritos suficientes para ser considerado hijo predilecto de Los Llanos de Aridane.
Es evidente que el prestigio de los ciudadanos engrandece a sus municipios, y que el reconocimiento de ese valor hace justos a los gobernantes; pero también es evidente que estas distinciones hay que celebrarlas en vida de quienes las han ganado, para que éstos puedan disfrutarlas, y no después de su fallecimiento, ya que entonces el recuerdo se contagia de tristeza y añoranza, y el homenaje que, por esencia, tenía que ser festivo, se convierte en un acto gris de desagravio a los familiares.
En la clínica de Los Remedios durante los 44 años de su existencia se realizaron centenares de intervenciones de la más diversa índole, y en ella operaron también cirujanos como Trueba, Morera Bravo, Concepción, y Vega Monroy. Su longevidad fue posible por el empeño de sus directores y por las ayudas que recibieron; y su mantenimiento se hizo imposible cuando faltaron esos apoyos.
Hasta la fecha, hemos podido detectar la colaboración de distintas entidades en cuatro ocasiones: la primera se estableció el 24 de abril de 1959 mediante un contrato anual prorrogable, por el que el Ayuntamiento de la localidad se comprometía a abonar tres mil pesetas anuales a cambio de «asistencia médica y primera cura de los heridos los heridos en accidentes y casos de urgencia. . . » (5); la segunda se realizó por medio de un convenio anual suscrito con el Cabildo Insular en septiembre de 1979, por el que este organismo se obligaba al pago de cinco millones de pesetas por la «prestación de servicios de urgencias médicas y quirúrgicas» (6); la tercera la confirma el doctor Toledo Trujillo: «Tuvo tal importancia, que logró durante algunos años un convenio con la Seguridad Social..?» (7); y la cuarta aconteció con motivo de la creación, en marzo de 1984, de un patronato para la gestión y explotación de la clínica Nuestra Señora de los Remedios, formado por el Cabildo y los Ayuntamientos de Los Llanos, Tazacorte, El Paso, Tijarafe, Puntagorda y Garafía, en el que se comprometían a permanecer al menos un año a partir de la firma del convenio con el Insalud.
Para atender los gastos de la clínica contaban con los ingresos del Insalud, los posibles convenios con el Cabildo y los citados Ayuntamientos, la actividad del propio centro, subvenciones de las administraciones públicas, activos y otros. En caso de déficit, lo asumirían los componentes del patronato en la siguiente proporción: 50% el Cabildo, 28% Los Llanos, 16% Tazacorte y El Paso, y el 6% Tijarafe, Puntagorda y Garafia (8).
En el año 1985, «suspendido el convenio con la Seguridad Social y agravadas las circunstancias que planteaba su sostenimiento (…) al no poder superar éstas, fue cerrada» (9), quedándose los vecinos huérfanos de la única clínica privada que quedaba; del centro que durante casi nueve lustros había atendido con eficacia y sin interrupción los servicios de urgencia, cirugía y otros que requería la zona.
Las colaboraciones expuestas anteriormente, en especial la creación del patronato, demuestran que hubo conciencia oficial de la importancia de la clínica y de sus dificultades económicas; el cierre, demuestra que al final no se hizo lo suficiente para mantenerla.
De nada sirvieron las palabras de alarma del doctor Martín Gregorio al enterarse de que la clínica se hallaba en peligro de desaparición: «Sería un lamentable error que esto llegara a suceder. Porque esta clínica, hoy muy mejorada merced a la actividad del doctor Hernández Sosa, hace falta para que la vida de cerca de 40.000 seres humanos tenga la salvaguardia de un buen servicio operatorio ( … ). Esperamos que las autoridades todas, sanitarias y no sanitarias, no consientan en modo alguno que una zona quede sin la cirugía que a ella supieron llevar hace ocho lustros dos humildes médicos» (10).
Según el doctor Brito Pérez, después de cerrada, un exalcalde, León Manuel Acosta Nazco, proponía, en una entrevista radiofónica, su recuperación, por considerar que la clínica de Los Remedios era «un bien irrenunciable para todo el Valle» (11).
El 17-01-1961, los doctores Pedro Hernández Torres y Jesús Monllor Olcina, y el empresario Clemente Gonzalvo Capote solicitaron, en el
Ayuntamiento de El Paso permiso para obras de ampliación en la vivienda de la finca Villa Carballo, ubicada en Los Dos Pinos, propiedad del citado empresario, según el proyecto confeccionado por el arquitecto Rubens Henríquez (12).

Inmueble en el estuvo ubicada la Residencia Sanatorial Valle de Aridane
El edificio, de dos plantas, previsto para albergar la Residencia Sanatorial Valle de Aridane, más conocida como la Clínica de Los Dos Pinos, dispondría, en la primera planta, de los siguientes servicios: salas de espera, de reuniones y de lectura, cocina, despensa, comedor, despachos de médicos, y dormitorios del personal auxiliar. Y en la segunda: sala de espera, quirófano, sala de partos, cuarto de curas, sala de instrumental y autoclave, lavabos de señoras y de caballeros, y trece dormitorios con cuartos de aseo en su mayoría.
El equipo médico estuvo formado por los doctores Pedro Hernández Torres, Jesús Monlior Olcina, y Gregorio Acosta Pulido, y el practicante José Camacho Camacho. El doctor Hernández Torres, natural de Fuencaliente, era especialista en ginecología y obstetricia, y en neurología y psiquiatría; su dedicación profesional ha sido reconocida con el nombramiento de Hijo Adoptivo de Los Llanos de Aridane. El doctor Monlior Olcina, alicantino, que regentaba la plaza de médico forense, ejercía como urólogo y competente cirujano.
En esta clínica, se realizaron diversas y numerosas operaciones quirúrgicas, en muchas de la cuales participaron especialistas que lo venían haciendo en la capital de la Isla, entre ellos, Ariza, Gil Betés, y Morera Bravo.
Después de trece años de una intensa, sacrificada y poco remunerada labor sanitaria, los citados doctores y el empresario, ante las dificultades que planteaba el ruinoso mantenimiento de esta clínica, «se vieron obligados a cerrarla en 1974, al no conseguir conciertos ni ayudas económicas que pudieran ayudar a mantenerla a flote» (13), privando a la zona de un segundo centro que solventaba de manera inmediata parte de las urgencias y de la cirugía.
Sobre estos temas se alzó la voz autorizada de un exalcalde, Manuel Pereyra: «La clínica privada Nuestra Señora de los Remedios, que tantos y tantos beneficios prestó y a la que últimamente se ha tratado de forma deplorable por quienes tenían en sus manos el que pudiera haber continuado en funciones».
Pero estos centros, que cubrían en gran parte las necesidades sanitarias de la comarca, más la clínica de Los Dos Pinos, en su totalidad han desaparecido y ahora sólo existe el recientemente creado centro comarcal de la salud que es un simple centro que no puede cubrir ni cubrirá lo que anteriormente lo que anteriormente se conseguía con los citados centros (… ).
La sanidad del Valle de Aridane, y toda su amplia comarca, en lugar de progresar, ha retrocedido escandalosamente en todos los aspectos (14). Si esto decía el señor Pereyra en 1987, ¿qué hubiese dicho hace dos años, antes de entrar en funcionamiento la Clínica Brismedical cuando la situación era la misma que él denunciaba, salvo la presencia del policlínico Sermeva?
Las lecciones irrebatibles que presenta la Historia obligan a los gobernantes a no repetir los errores y a recrear los aciertos. En este caso, de apoyar, de forma suficiente y permanente, al centro médico-quirúrgico como el presente que, sin duda, tendrá escasa o nula rentabilidad y, por tanto, no podrá mantenerse por sí solo, pero que será fundamental para el turismo, e imprescindible para la salud y el sosiego de los habitantes de la zona
Según su director, en la Clínica Brismedical, desde enero de 2012 hasta mayo de 2014, se han hecho 237 cirugías variadas, con resultados totalmente satisfactorios, y han sido atendidos 8.910 enfermos (exploraciones y consultas) por veinticinco especialistas, «todo ello, sin estar a pleno renimiento» (15).
Estos contundentes datos, además de evidenciar que la clínica es necesaria, han supuesto comodidad y ahorro económico para los enfermos y sus familiares, y un notable alivio para la agobiante lista de espera quirúrgica de la sanidad pública, que en el pasado marzo rebasaba los 1.300 enfermos, de los cuales,635 llevaban más de seis meses esperando ser operados (16).
La Seguridad Social, que ha sido uno de los mayores logros conseguidos en este pais, atraviesa momentos difíciles. En el ámbito de nuestra Comunidad, una reciente encuesta, realizada a más de 4.000 ciudadanos por la Organización de Consumidores y Usuarios revela que los isleños sufren «una de las esperas más largas para ser vistos por su medico. Uno de cada diez debe aguardar entre una y dos semanas» (17). Nuestra pregunta es elemental: ¿qué le puede ocurrir a un paciente en el plazo de una o dos semanas si su enfermedad es grave y requiere un tratamiento urgente?
Si en un pasado, vivo aún en la memoria, se perdieron, por falta de apoyos, las clínicas de Los Dos Pinos y de Los Remedios y, con ellas, el avance sanitario que habían aportado a todo el Valle, no permitamos que de nuevo se puedan perder la seguridad y la tranquilidad que nos proporciona la cercanía de un centro sanitario completo y puntero.
Pueden servirnos de referente otras islas, como Tenerife, Las Palmas o Lanzarote, que cuentan con varias clínicas privadas; y de que este tipo de empresa está vivo y pujante es prueba el hecho de que una de ellas, Hospitén, continúa en fase de expansión en nuestro país y en el extranjero (18).
Entendemos que la clínica privada es un complemento demostrado a lo largo y ancho de este país como un complemento para el oeste de la Isla; lo que nos lleva a considerar imprescindibles los conciertos con la Seguridad Social a fin de conseguir dos objetivos irrenunciables: movilizar la estancada lista de espera, y acercar los servicios sanitarios a los pacientes de media isla.
Al enfermo le es igual que el centro que lo atienda sea público o privado; lo que le importa es que lo curen lo mejor y lo más pronto posible.
Afiancemos el bienestar y la seguridad que nos proporciona esta institución que sólo aspira a mantenerse y dar el mejor y más moderno servicio sanitario al Valle de Aridane.
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NOTAS
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Cortesía del Dr. José María Brito Pérez
27/06/2014
M. Á. Montero
Hoy se inaugura la central de Gorona del Viento, último paso para decir adiós a los combustibles fósiles.
Alrededor de cuatro centurias habrán transcurrido desde que el árbol Garoé fuese arrancado de la tierra, hasta la inauguración de la central hidroeólica Gorona del Viento. Las grandes hojas de aquel árbol, sagrado para los antiguos habitantes de la isla de El Hierro (los bimbaches), servían para captar el agua de niebla y, en definitiva, amamantar a todo un pueblo.
Desde hoy, cuando comience a funcionar Gorona del Viento, serán cinco garoés, cinco grandes aerogeneradores, los que suministren electricidad a los hogares y empresas de la más occidental de las Canarias. En unos años, El Hierro se convertirá en la primera isla 100% «renovable»: será la fuerza del viento la que permitirá satisfacer íntegramente su demanda energética.
De entrada, cuando arranquen hoy los motores, la central hidroeólica cubrirá el 10% de las necesidades del sistema insular. El objetivo es que ese 10% inicial sea ya hacia final de año entre un 70 y un 80%. Más adelante, los cinco aerogeneradores, de 2,3 megavatios de potencia cada uno, y la planta hidroeléctrica (las estaciones desaladoras y de bombeo, y dos grandes depósitos de agua completan las instalaciones) harán de El Hierro la primera isla capaz de autoabastecerse plenamente de energías renovables.
En otras palabras, tendrá disposición para decir adiós a los combustibles fósiles, con los consiguientes beneficios medioambientales, pero también económicos.
Gorona del Viento, una vez a pleno rendimiento, ahorrará a la atmósfera las repercusiones de un consumo anual de 6.000 toneladas de diesel, es decir, el equivalente a entre 40.000 y 43.000 barriles de petróleo al año. Barriles de petróleo que El Hierro ha de importar, de modo que ese ahorro será también de fondos públicos.
De momento, eso sí, la central diesel seguirá en funcionamiento en los próximos meses para garantizar el suministro en caso de cualquier eventualidad (la central hidroeólica es pionera y, por tanto, está sujeta a imprevistos) y, en adelante, sólo para aquellas remotas circunstancias en las que el viento (o el agua) no sea el suficiente para transmitir energía al sistema.
En resumen, cuando la isla sea 100% «verde», o renovable, las emisiones de dióxido de carbono se reducirán en alrededor de 18.700 toneladas cada año. Asimismo se evitarán emisiones anuales de cien toneladas de dióxido de azufre y de otras 400 de óxido de nitrógeno. Para entender mejor estas cifras basta con destacar que Gorona del Viento ahorrará a la salud del planeta la contaminación que generaría un autobús que recorriese 600 millones de kilómetros.
«Diferente»
En consecuencia, la inauguración y el posterior desarrollo de la central hidroeólica supondrán para El Hierro acontecimientos «de máxima relevancia», tal como subrayó ayer en conversación con ABC el presidente del Cabildo insular, Alpidio Armas. No en vano, la isla será «diferente» a partir de ahora, subrayó Armas, y lo será no sólo por el hecho en sí de convertirse en la primera capaz de autoabastecerse de energías limpias, sino también por erigirse en lugar de formación e innovación.
El presidente herreño avanzó al respecto que la corporación ya trabaja para suscribir próximamente convenios con universidades foráneas, al margen del conocimiento que aportará a las universidades del Archipiélago. La idea, pues, es aprovechar el hito de Gorona del Viento para dar empuje a otros proyectos que afianzarán la isla en la vanguardia del desarrollo sostenible.
Entre ellos destacan los esfuerzos para la inclusión de la isla en la Red de Geoparques (su entrada o no en este selecto grupo se decidirá el próximo septiembre en Canadá) y para que todos los ciudadanos cuenten en 2020 con automóviles eléctricos (ya hay tres puntos de recarga instalados).
Orígenes
Entre los nombres propios que han hecho posible Gorona del Viento cabe citar, entre otros, los del expresidente insular, Tomás Padrón, y la ya fallecida Loyola de Palacio, quien fuera senadora, congresista, ministra en el primer gobierno de José María Aznar, y vicepresidente de la Comisión Europea.
Fue esta última la que dio el impulso político necesario a una idea con la que Padrón venía soñando desde el principio de la década de los ochenta del siglo pasado. Fue también Loyola de Palacio la que facilitó con sus gestiones los dos millones de euros necesarios para la redacción del anteproyecto técnico.
Vendría después un largo camino hasta que el gobierno, por medio del Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético, se comprometió a sufragar la mayor parte (39 millones de euros) de un costo total que iba a ser de 54 millones y que ha acabado siendo de más de 80.
Las obras de construcción del complejo comenzaron en 2009 y en ellas participaron unas 200 personas, incluidos biólogos e ingenieros. Aunque no será hasta hoy cuando la central comience al fin a operar.
Hasta El Hierro se han desplazado representantes de diversos gobiernos, entre ellos los de China, Japón y Canadá, para conocer in situ las infraestructuras. Sólo queda, en palabras de Tomás Padrón, «que los cinco gigantes garoés comiencen el baile de los vientos alisios».
Documental de colección. La calidad de la imagen no es buena, pero en 1949, y por aquellos lados, no se disponía de mejor tecnología.
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Cortesía de Roberto González Rodríguez
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Cortesía de Antonia Rodríguez
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Cortesía de Antonia Rodríguez
22/Abr/14
Ana Santana
Se trata de una cueva, situada en la que probablemente fue comarca aborigen de Artevigua (Las Palmas).
Esta cueva puede revelar un insospechado conocimiento astronómico por parte de los antiguos Canarios ya que, además de marcar equinoccios y solsticios, en su interior la luz recrea imágenes relacionadas con la fecundidad.
De acuerdo a la hipótesis del arqueólogo Julio Cuenca, que ha investigado esta zona desde la década de los 90 del siglo XX, esta cueva fue utilizada como templo, y además de su orientación astronómica, la luz crea en su interior un relato mitológico de fecundidad del que no hay ejemplos similares a nivel mundial.
«Es como un proyector de imágenes de una cultura desaparecida», señala Julio Cuenca en una entrevista, pues a lo largo de seis meses la luz crea en la pared de la cueva imágenes con forma fálica que se acercan a los grabados de las paredes, cubiertas de triángulos púbicos femeninos.
Con el paso de los meses la proyección solar va cubriendo estos triángulos, y según se aproxima el solsticio de verano y llega el otoño, las imágenes se transforman en una mujer embarazada y finalmente, en una semilla, asegura el investigador.
Es la primera vez que el arqueólogo ha encontrado algo parecido y, en su opinión, esta cueva puede suponer un punto de inflexión respecto a las teorías que tienen por primitivos a los antiguos habitantes de las islas pues, por el contrario, apunta a unos conocimientos astronómicos «impresionantes».
La cueva fue localizada por Julio Cuenca, entonces conservador jefe del Museo Canario y especializado en la investigación de santuarios de montaña de los antiguos Canarios, cuando copiaba grabados en la cercana cueva de Los Candiles, en Artenara.
Es en este municipio donde el arqueólogo sitúa Artevigua, una localidad importante de los aborígenes cuyo topónimo desapareció en el siglo XVIII, previsiblemente por el afán de la Iglesia por castellanizar los nombres usados por los antiguos Canarios.
Sin embargo, Artevigua tuvo algún tipo de relevancia puesto que se cita en las actas del Cabildo catedral como uno de los lugares en los que más grano se recolectaba para el diezmo a la Iglesia.
Julio Cuenca, que fue inspector de Patrimonio Histórico de la comunidad autónoma, explica que el lugar constituye uno de los mayores poblados de cuevas aborígenes reutilizados posteriormente por los actuales habitantes de la isla.
Por ello, la cueva, a la que el investigador atribuye un uso como templo, se había utilizado como pajero y se había abandonado en los años 40 por desprendimientos.
En la zona hay unas 21 cuevas que se habían usado para vivienda o para el ganado y, de ellas, dos son muy extensas.
Al entrar en las mayores, Cuenca vio que las paredes estaban cubiertas de grabados en forma de triángulos púbicos femeninos y, además, en una en concreto, una cúpula de unos cinco metros de altura «como nunca había visto».
La cúpula contiene una especie de túnel orientado al naciente donde entra la luz solar con un evidente significado astronómico, y la primera vez que Cuenca observó en ella el solsticio de verano, en 2009, fue «espectacular» ver cómo el Sol entraba y se proyectaba en el fondo, en un recorrido de dos horas sobre los grabados.
La luz solar entra en la cueva a partir del equinoccio de primavera y es perceptible en su interior durante unas dos horas diarias desde marzo a septiembre, algo inusual en una construcción orientada astronómicamente.
Pero además de marcar con absoluta precisión los equinoccios y los solsticios —algo fundamental para la agricultura—, Cuenca se encontró con la sorpresa de que la Luna llena en el solsticio de invierno crea una imagen en la pared.
«Hay ranuras en el conducto hacia el exterior por donde entra la luz, y eso hace sutiles cambios en las figuras, que logran montar una película, una secuencia de imágenes que puede ser un diseño preestablecido por los sacerdotes-astrónomos, los faycanes, y plantea un salto cualitativo impresionante sobre estos pueblos de los que se piensa como primitivos», puntualiza el arqueólogo
Cortesía de Mary Carmen Barbuzano
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Cortesía de Charo Bodega