Roger P. Frey: “He fotografiado desde Tacande (El Paso) el mejor ‘rayo verde’ de mi vida”
Este aficionado a la meteorología captó este martes una espectacular imagen de este fenómeno óptico
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Las voces fitosanitario y zoosanitario se escriben sin espacio ni guion, por lo que son inadecuadas variantes como fito-sanitario y zoo-sanitario, con guion, o fito sanitario y zoo sanitario, con espacio.
Uso inadecuado
• El precio de producción del control fito sanitario se incrementa en un 20 %.
• En el caso de mascotas, podrán ingresar con un certificado zoo-sanitario.
• Tiene como objetivo salvaguardar la seguridad en los sistemas fito y zoo sanitario del país.
Uso adecuado
• El precio de producción del control fitosanitario se incrementa en un 20 %.
• En el caso de mascotas, podrán ingresar con un certificado zoosanitario.
• Tiene como objetivo salvaguardar la seguridad en los sistemas fito- y zoosanitario del país.
Según el diccionario académico, fitosanitario se aplica a lo ‘perteneciente o relativo a la prevención y curación de las enfermedades de las plantas’. Con el reemplazo de ‘fito-‘, que significa ‘planta’, por ‘zoo-‘, que significa ‘animal’, se obtiene zoosanitario, que alude a las condiciones veterinarias, higiénicas, etc., de los animales domésticos. Dado que estos dos últimos elementos compositivos funcionan como prefijos, lo adecuado es que vayan unidos, sin espacio ni guion.
En determinados contextos, se tratan conjuntamente las condiciones de los animales y las plantas, en cuyo caso la grafía adecuada es fitozoosanitario o zoofitosanitario, también sin espacios ni guion. Si, por el contrario, se mencionan las dos disciplinas de modo separado y coordinadas por la conjunción y, lo más adecuado es ‘fito-‘ y zoosanitario o bien ‘zoo-‘ y fitosanitario, es decir, acortando la primera de las palabras con un guion al final. En cualquier caso, no son apropiadas variantes como fito-zoo-sanitario, fito-zoo sanitario o fito zoo sanitario.
Las expresiones síndrome ‘de desgaste profesional’ o, más coloquialmente, ‘del trabajador quemado’ son alternativas en español al anglicismo burnout.
Uso no recomendado
• Síndrome de Burnout, ¿qué es y cómo se puede prevenir?
• El burnout es oficialmente una enfermedad de trabajo reconocida por la OMS.
• El agotamiento o burnout ya es oficialmente un diagnóstico médico legítimo.
Uso recomendado
• Síndrome del trabajador quemado, ¿qué es y cómo se puede prevenir?
• El síndrome de desgaste profesional es oficialmente una enfermedad de trabajo reconocida por la OMS.
• El agotamiento o síndrome del quemado ya es oficialmente un diagnóstico médico legítimo.
De acuerdo con el Diccionario de términos médicos de la Real Academia Nacional de Medicina, síndrome de desgaste profesional es la traducción apropiada de esta voz inglesa que literalmente equivaldría al sustantivo quemado.
El diccionario académico recoge, entre las muchas acepciones del verbo quemar, la de ‘dejar a alguien en condiciones poco adecuadas para seguir ejerciendo una actividad o desempeñando un cargo’ y lo ejemplifica con «Ese puesto quema mucho» y «Se quemará si sigue dedicando tantas horas al trabajo».
En esta misma obra, este sentido del verbo quemar, extensible a su participio quemado, figura con la marca de coloquial, por lo que en ese mismo registro son también válidas las traducciones síndrome del profesional quemado, del trabajador quemado o, simplemente, del quemado, que ya cuentan con cierto uso en la prensa.
Asimismo, se recuerda que, si se opta por emplear la voz inglesa, lo adecuado es escribirla en cursiva o entre comillas. Además, al tratarse de un sustantivo común, se escribe con minúscula inicial. Los principales diccionarios de lengua inglesa lo recogen en una sola palabra, sin espacio ni guion: burnout, y no Burnout, burn out, burn-out, etc.
Alternar es el verbo adecuado para expresar una variación sucesiva de cosas, no ‘intercalar’, que es ‘poner algo entre otras cosas’.
Uso inadecuado
• Es normal que la gente sea capaz de hablar ambos y los intercale a conveniencia.
• Podemos intercalar ambos procesos para no perder el bronceado.
• El joven de Madrid intercaló los dos idiomas en un tema escrito por él mismo.
Uso adecuado
• Es normal que la gente sea capaz de hablar ambos y los alterne a conveniencia.
• Podemos alternar ambos procesos para no perder el bronceado.
• El joven de Madrid alternó los dos idiomas en un tema escrito por él mismo.
El Diccionario de la lengua española indica que el verbo alternar significa ‘variar las acciones diciendo o haciendo ya unas cosas, ya otras, y repitiéndolas sucesivamente’. Así, en «Se trata de un joven de 16 años que alternará el juvenil y el primer equipo», se habla de alguien que cambiará de un equipo a otro de forma sucesiva. Por su parte, intercalar se recoge como ‘interponer’, sentido apreciable en frases como «El violinista intercaló entre pieza y pieza el relato de varios episodios de su vida».
No es adecuado, por tanto, emplear intercalar en lugar de alternar cuando nada se dispone entre otras cosas, sino que simplemente se suceden de manera continua.
En la escritura de los numerales compuestos, lo adecuado es 74 000 espectadores, no 74 mil ni 74 000 mil espectadores.
NotaCMP.- Seguiré poniendo punto, y no dejando después de los miles signo alguno ni un confuso espacio.
Uso inadecuado
• Los presuntos responsables dieron 28 mil pesos y el municipio de Tepeji les otorgó el perdón.
• Más de 7000 mil estudiantes de la Unach se capacitarán ante sismos.
• Más de 5000 mil visitantes, talleres y conferencias y todo en 7000 metros cuadrados de exposición.
Uso adecuado
• Los presuntos responsables dieron 28 000 y el municipio de Tepeji les otorgó el perdón.
• Más de 7000 estudiantes de la Unach se capacitarán ante sismos.
• Más de 5000 visitantes, talleres y conferencias y todo en 7000 metros cuadrados de exposición.
Como se indica en la ortografía académica, en la escritura de los numerales compuestos de dos o más palabras, no es apropiado mezclar cifras y letras. Cuando se trata de cantidades expresadas en más de dos palabras, mil no funciona como sustantivo, sino que forma parte de un adjetivo numeral que no resulta apropiado escribir combinando cifras y letras. Tampoco es adecuado escribir la cantidad numérica completa y añadir después mil.
Es diferente el caso de millón, billón, trillón y cuatrillón, ya que, al ser sustantivos, sí pueden aparecer junto a cifras: «14 millones de personas». Por otro lado, su condición de sustantivos hace que el elemento al que cuantifican deba ir precedido por la preposición de: «un millón de personas», «2 billones de euros», y no «un millón personas», «2 billones euros».
El verbo contar, para aludir a lo que se incluye en algo o lo que se posee (sean personas, entidades o cualidades), se acompaña de la preposición ‘con’.
Uso inadecuado
• La IMMS cuenta entre sus miembros a individuos provenientes de la industria.
• El teléfono cuenta entre sus características una pantalla de 5,5 pulgadas.
• Una entidad de Valencia que cuenta entre sus integrantes a una conquense de Olmedilla del Campo.
Uso adecuado
• La IMMS cuenta entre sus miembros con individuos provenientes de la industria.
• El teléfono cuenta entre sus características con una pantalla de 5,5 pulgadas.
• Una entidad de Valencia que cuenta entre sus integrantes con una conquense de Olmedilla del Campo.
De acuerdo con el Diccionario de la lengua española, el verbo contar, en sus acepciones de ‘tener en cuenta a alguien’ y ‘tener, disponer de una cualidad o de cierto número de personas o cosas’, rige la preposición ‘con’ en casos como «cuento contigo» o «la empresa cuenta con cincuenta trabajadores».
Sin embargo, si se interpone un complemento encabezado con ‘entre’, a veces aparece la preposición ‘a’ o directamente el complemento sin preposición, cuando lo adecuado es mantener siempre ‘con’.
27/05/2023
Á. Van den Brule A.
La isla de La Palma fue sometida en 1493 y, tras ella, el conjunto de las islas fue quedando, ya fuera por la fuerza o por los pactos de paz, bajo el dominio de la Corona de Castilla
La quietud era abrumadora y el silencio inquietante. Sólo el ruido metálico de los morriones, petos y su botonadura, cascos de la reata de caballos y las espadas, rompían la monotonía. Una tropa de centenar y medio de caballeros y no más de un millar de soldados sin mucha preparación y cogidos a lazo en las islas cercanas, caminaban en lenta procesión por aquel paisaje lunar. La tropa, admirada, veía cómo las estrellas fugaces pasaban de largo y la bóveda celeste seguía ahí, impertérrita, sin más respuesta que su imponente presencia.
Hacia mayo, en las cercanías de lo que hoy es Tenerife, aquella tropa de gentes castellanas con presencia regular en el Hierro y la Gomera y algunos reclutados en el sur de la península, se adentraban de manera un tanto informal y sin las debidas precauciones. En las alturas del barranco de Acentejo, había muchas miradas escrutando a aquellos extraños invasores que portaban unos perros grandes y feos y unas extrañas armas metálicas.
Aquella tropa de gentes castellanas con presencia regular en el Hierro y La Gomera y algunos reclutados en el sur de la península, se adentraban de manera un tanto informal y sin las debidas precauciones
Hoy se sabe por historiadores isleños y peninsulares que la infantería iba muy cargada. Las tradicionales alabardas, con el peso añadido de las espadas y dagas, más que elementos de defensa eran lastres para una movilidad rápida y suelta. En los lances por venir, los ballesteros, que, si tenían un excelente entrenamiento, harían un papel digno, pues la cadencia de tiro era muy superior a la del arcabucero. Sin embargo, las más eficaces armas de fuego a pesar de la carnicería que provocaban tendrían un papel muy secundario, pues el planteamiento guanche tendría una contundencia brutal por el factor sorpresa y a los arcabuceros sólo les daría tiempo a disparar un “apóstol”.
Mientras tanto, los nativos guanches usaban un pequeño escudo de factura derivada del Drago. Venablo y lanzas tratadas al fuego eran sus herramientas más usuales para estos menesteres de la guerra. Asimismo, eran extraordinariamente hábiles en el arte de pegarte una soberana pedrada y dejarte “aviao pa’ los restos”. A todo esto, había que añadir unas mazas de aquí te espero, y se manejaban en el cuerpo a cuerpo con una facilidad asombrosa, usando como protección añadida su indumentaria personal enrollada en el antebrazo. Eran auténticos luchadores. Vamos, que no iban de picnic.
Un grupo de nativos gomeros, guerreros probadamente valientes, un centenar de guerreros guanches liderados por su antiguo rey e insertados en los bandos de paces, tratados que exigían a los isleños cristianizarse y cierta subordinación administrativa dependiendo de los acuerdos logrados con los aborígenes de cada isla, cerraban la comitiva.
Era el año 1494. Castilla estaba en el apogeo de su elaborada grandeza. En su haber, estaba la fusión de los dos grandes reinos peninsulares, la difícil aproximación a las islas Canarias, las capitulaciones de la rendición del Reino Nazarí, el descubrimiento de América; en fin, una retahíla de logros impresionante.
La isla de La Palma fue sometida en 1493 y, tras ella, el conjunto de las islas fue quedando, ora por la fuerza ora por pactos de paz, bajo el dominio de la Corona de Castilla. Tenerife, era muy complicada por la heroica resistencia planteada por los guanches. Estudios demográficos hechos “a ojo de buen cubero “por el cronista portugués Gomes Eanes, indican que en el conjunto de la isla no podía haber más de seis mil hombres en situación de armas. Mujeres y niños obviamente no entraban en la ecuación.
Aunque no hay quorum sobre la zona exacta, pues las descripciones del lugar de la batalla hechas por los historiadores van den Heede y Rumeu de Armas, ambos con una potente y encomiable carga de trabajo de campo, se concluye que con una alta probabilidad se desarrolló en lo que hoy es el barrio de San Antonio y a una cota de unos 500 metros de altura y un espacio muy reducido para la maniobra.
En línea con lo anterior, los castellanos cometieron dos errores tácticos solapados. Uno, que, conforme iban penetrando en los territorios del Mencey Bencomo, el que más peso político tenía entre sus pares, iban recogiendo cabras en cantidades industriales para cebarse en el camino. Dos, que la caballería no podía dar mucho de si en un terreno tan abrupto y, en consecuencia, la protección que podía dar a los infantes era más testimonial que otra cosa. Estos dos errores les costarían caros a los peninsulares.
El médico y poeta canario, Antonio de Viana, amigo de Lope de Vega en su paréntesis sevillano, relata en su particular correspondencia, la estrategia que siguió el Mencey Bencomo sobre el desarrollo de los acontecimientos.
Mientras Tinguaro, con cerca de tres centenares de guerreros, seguía a la tropa invasora desde las alturas de los cerros, Bencomo comenzó a llamar a todos los primos de su enorme familia (los lazos de parentesco en aquel tiempo y lugar era muy amplios) al amparo de un espíritu comunal y de reciprocidad desconocido entre los peninsulares. Tinguaro, el hermano pequeño del mencey, usó el arte del camuflaje de forma magistral. Cociendo barro, enredados con finas tiras de cuero vuelto y aderezados de chajorras y alamillos de Acentejo, plantas endémicas tinerfeñas, avanzaban hacia el barranco donde ocurrió la tragedia. Era imposible de detectar a aquellas gentes pues sabían situarse perfectamente sobre el terreno, mientras que los castellanos eran bastante escandalosos en su caminar.
A los primeros silbos, los chivos y cabras, presas de los conquistadores, tiraron monte arriba creando una confusión extraordinaria entre la abigarrada tropa situada en una parte muy angosta del desfiladero. Chivos y cabras subían, guanches bajaban. A criterio de los nativos, que se habían ido deslizando hacia la hondonada, la sorpresa fue mayúscula. Los cronistas castellanos edulcoraron un poco lo acontecido, pero la descripción es esencialmente concordante.
Ese día, Dios se había despertado cabreado. Enormes bloques de lava petrificada movidas con palancas corrían hacia el seno de la angostura, a ello había que sumar una granizada de piedras de tamaño gigante, dardos, venablos y un griterío coral infernal que rebotaba su eco en aquel trágico lugar. Según describe el cronista Rumeu de Armas, aquello se parecía más a un seísmo. Adicionalmente, como el trayecto de ida era inicialmente norte–sur, el sol, declinante en el momento del ataque, favorecía a los aborígenes canarios; todo era redondo.
Cuando parecía que el tema iba a quedar en tablas, apareció Bencomo con cerca de (hay mucha discrepancia entre historiadores) setecientos primos primeros, segundos y terceros; un batallón, vamos. La huida hacia el mar según cronistas fue muy desorganizada y sólo la caballería actuaria con cierto orden. El mencey Bencomo tuvo el gesto de devolver muchísimos prisioneros. El comandante castellano, a la sazón Alfonso Fernández de Lugo, se retiró a la isla de Gran Canaria a urdir un nuevo ataque, la segunda batalla de Acentejo; pero eso es ya otra historia.
Castilla sufría su primera derrota en un lugar absolutamente inadecuado para la maniobra y los golpes tácticos de la caballería. Someter al pueblo guanche llevaría más de un siglo. Hoy, afortunadamente España cuenta con un lugar en el paraíso: Canarias.
A lo largo de los siglos posteriores, el pueblo canario defendió las islas para la Corona, expulsando sin despeinarse en épicas batallas a los ingleses en varias ocasiones, berberiscos, piratas de toda laya, etc. No se le puede pedir más a un pueblo tan entregado; si acaso una atención adicional del gobierno central orientada hacia las inversiones, no sólo del turismo se puede vivir.
¡Ah! Y con un ojo puesto en el vecino de enfrente… No es fácil ser un fulcro entre el ideal del pacifismo y tratar de resolver los problemas dialogando y, por otro lado, ser un pasota observando a su vecino armarse mientras se hace más fuerte y ambicioso a pasos agigantados.
Es necesario atender como Dios manda a las oleadas de emigración provenientes del este, la hospitalidad no es sinónimo de carta blanca, hay una honda preocupación entre las gentes del archipiélago, éstas están tensionadas con lo que ya tiene visos de invasión.
El término favoritismo es adecuado para referirse tanto a la preferencia injusta por algo o alguien, al margen de sus méritos, como a la ‘condición de favorito’.
Uso adecuado
• Carlos Alcaraz habló de su favoritismo para Roland Garros y cómo está disfrutando de su alto nivel.
• Senna Agius arrasa en Estoril y reafirma su favoritismo en el Europeo de Moto2.
• Los partidos movilizan toda su artillería pesada de cara a lograr el voto en unas elecciones que parten con claro favoritismo popular.
Tradicionalmente se ha utilizado favoritismo en español como la ‘preferencia dada al favor sobre el mérito o la equidad, especialmente cuando aquella es habitual o predominante’, único sentido que recogía el Diccionario de la lengua española.
Sin embargo, el uso ha fijado asimismo el sentido de ‘condición de favorito’, que ya se ha incluido en esta misma obra académica y que se emplea sobre todo en el ámbito deportivo o político para expresar que un partido, un equipo o un deportista tiene cierta ventaja o es favorito para ganar.
El término inglés superfood es innecesario, pues tiene como equivalente directo en español superalimento.
Uso no recomendado
• Desde hace algunos años, los super foods han adquirido popularidad.
• La soja, un súper food muy polémico.
• No todos los superfoods tienen propiedades tan extraordinarias como prometen.
Uso recomendado
• Desde hace algunos años, los superalimentos han adquirido popularidad.
• La soja, un superalimento muy polémico.
• No todos los superalimentos tienen propiedades tan extraordinarias como prometen.
A este tipo de alimentos, a los que se les atribuyen propiedades nutritivas especiales, se les ha estado llamando habitualmente superalimentos. No obstante, se observa un creciente uso del término inglés superfood, completamente innecesario porque hay una alternativa que refleja de modo transparente el concepto y que, además, goza de amplio uso.
Se recuerda que, al igual que otras palabras a las que se une un prefijo, lo adecuado es escribir superalimento sin espacio ni guion, no ‘super alimento’ ni ‘super-alimento’.