[LE}– ‘Cuanto antes’, no ‘cuando antes’, es ‘lo más pronto posible’

30/03/2016

Para expresar la idea de que algo corre prisa o debería ocurrir lo antes posible, lo adecuado es cuanto antes y no cuando antes, pues esta última expresión simplemente remite a un momento anterior.

Este uso impropio se está extendiendo en los medios de comunicación, como se ilustra en los siguientes ejemplos:

  • «El equipo necesita cuando antes conseguir un triunfo»,
  • «La intención de la asociación es cerrar cuando antes un calendario de encuentros» y
  • «Cuando antes lo entienda, menos complicado será formar otro Ejecutivo».

Según el Diccionario Académico, cuanto antes significa ‘con diligencia, con premura, lo más pronto posible’. Este mismo giro se usa también en correlación con mayor, menor, más o menos, entre otros, para expresar que la prontitud en una cosa es importante para una determinada consecuencia, como en «Cuanto antes venga, mejor».

Es apropiado cuando antes si se emplea con el sentido de ‘mientras que antes’ o equivalente, como en

  • «Ahora salen a las ocho de la noche, cuando antes la salida era a las nueve» y
  • «Hoy parecen desiertos cuando antes eran ríos».

En consecuencia, en los ejemplos anteriores habrían sido más apropiadas lo correcto habrían sido las siguientes formulaciones:

  • «El equipo necesita cuanto antes conseguir un triunfo»,
  • «La intención de la asociación es cerrar cuanto antes un calendario de encuentros con los grupos parlamentarios» y 
  • «Cuanto antes lo entienda, menos complicado será formar otro Ejecutivo».

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[LE}– ‘Acicate’, alternativa a ‘nudge’

NotaCMP.- El uso de nudge me parece un esnobismo como el de puzle en vez de rompecabezas.

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31/03/2016

La palabra española acicate es una alternativa válida al anglicismo nudge.

Nudge empieza a verse en las informaciones económicas, y alude a una teoría para animar a los ciudadanos a adoptar determinadas decisiones sin recurrir a prohibir o forzar sus acciones.

En los medios de comunicación el término inglés se ve en ocasiones en frases como

  • «Primero debe supervisarse el mercado y sancionarse los incumplimientos, luego puede aplicarse un ‘nudge’, y, como último recurso, puede evaluarse una prohibición» o
  • «La medida es un nudge en la dirección correcta».

El término inglés nudge tiene como significados más comunes ‘tocar o empujar suavemente a alguien‘, ‘tocarle con el codo para llamar su atención’ o ‘alentar a alguien para hacer algo’, según las definiciones del diccionario Merriam-Webster.

La palabra se popularizó con la publicación en 2008 del libro “Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness” del economista Richard H. Thaler y el jurista Cass R. Sunstein, ambos de la Universidad de Chicago. La obra se editó en español con el título “Un pequeño empujón: el impulso que necesitas para tomar las mejores decisiones en salud, dinero y felicidad”.

En español, acicate, que se define como ‘incentivo’ o ‘estímulo’, puede ser una alternativa a nudge cuando se emplea como sustantivo. Como verbo pueden ser válidos acicatear, animar, espolear o incitar.

Así, en los ejemplos anteriores habría sido correcto preferible escribir

  • «Primero debe supervisarse el mercado y sancionarse los incumplimientos, luego puede aplicarse un acicate, y, como último recurso, puede evaluarse una prohibición» o
  • «La medida es un acicate en la dirección correcta».

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[LE}– ‘Comprensivo’ y ‘comprehensivo’, matices de significado

22/03/2016

Los adjetivos comprensivo y comprehensivo tienen matices de significado que conviene respetar.

La forma comprensivo, sin hache, significa tanto ‘dicho de persona, inclinada a comprender o encontrar razonable algo o a alguien’ («Era un maestro respetuoso y comprensivo»), como ‘que comprende’ en el sentido de que ‘contiene o incluye’ («Un estudio comprensivo de toda la obra del pintor»).

Por otra parte comprehensivo, con hache, se usa fundamentalmente con el segundo de los sentidos, esto es, ‘que abarca, contiene o incluye’ («El pacto debería renegociarse a partir de un diagnóstico más comprehensivo, en clave europea y global, y tratar de incluir a todos los grupos parlamentarios»).

Pese a que el Diccionario Académico remite de una a otra palabra, el uso ha mantenido esta diferenciación, como se atestigua en el Diccionario del Español Actual de Seco, Andrés y Ramos, y en el Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, sobre todo en ámbitos especializados como la filosofía y la literatura en los que se sigue utilizando el término con hache.

Respecto al verbo, los dos significados se expresan generalmente con comprender, aunque el Diccionario Académico recoge, como desusada, la forma con hache comprehender.

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[LE}– ‘Señalar’ no es lo mismo que ‘señalizar’

11/03/2016

Señalizar utilizado con el sentido de ‘indicar o dar noticia de algo’ no es apropiado; lo adecuado en estos casos es utilizar el verbo señalar.

En muchas noticias deportivas se produce una confusión entre los verbos señalar y señalizar, y por ello es frecuente leer o escuchar frases como

  • «Poco antes de acabar el primer tiempo el árbitro señalizó otro penalti al equipo visitante»,
  • «Ya en tiempo de descuento el árbitro señalizó una falta en la misma frontal del área» o
  • «Al asturiano se le señalizó un fuera de juego inexistente».

Señalizar significa ‘colocar señales en un lugar, especialmente señales de tráfico para regular la circulación’, y señalar significa, entre otras acepciones, ‘hacer señal para dar noticia de algo’.

Lo que se quería decir en esos casos es que los árbitros señalaron las faltas mencionadas, pues las indicaron, y no las señalizaron, ya que no colocaron señal alguna en el campo de fútbol.

Por tanto, en los ejemplos anteriores lo recomendable correcto habría sido escribir

  • «Poco antes de acabar el primer tiempo el árbitro señaló otro penalti al equipo visitante»,
  • «Ya en tiempo de descuento el árbitro señaló una falta en la misma frontal del área» o
  • «Al asturiano se le señaló un fuera de juego inexistente».

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[LE}– ‘Modus operandi’, no ‘modus operandis’

29/03/2016

La locución latina correcta es modus operandi, no modus operandis, y tanto en singular como en plural.

Sin embargo, en los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como

  • «El modus operandis de la Gürtel y de tantos otros casos de corrupción que estamos sufriendo en este país y que nos avergüenzan» o
  • «Estos son los modus operandis más utilizados por la delincuencia».

Esta expresión latina, que significa ‘manera especial de actuar o trabajar para alcanzar el fin propuesto’, funciona como sustantivo masculino invariable y se escribe en cursiva por ser un extranjerismo sin adaptar, como se recoge en la vigesimotercera edición del Diccionario Académico.

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir

  • «El modus operandi de la Gürtel y de tantos otros casos de corrupción que estamos sufriendo en este país y que nos avergüenzan» o
  • «Estos son los modus operandi más utilizados por la delincuencia».

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[LE}– ‘Discrepar de’, no ‘discrepar con’

17-03-2016

Con el verbo discrepar, la persona o cosa con la que se está en desacuerdo se introduce con la preposición de, no con.

En los medios es frecuente encontrar frases como

  • «Keiko Fujimori discrepa con Julio Guzmán» o
  • «Huidobro señaló en una rueda de prensa que discrepaba con el comunicado».

El Diccionario Panhispánico de Dudas señala que discrepar significa ‘estar en desacuerdo con alguna persona o cosa’, aclara que en el uso culto se construye con un complemento introducido por de y censura el uso de la preposición con.

Así, lo apropiado es decir que se discrepa de alguien o de algo, no con alguien o con algo.

De ese modo en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir:

  • «Keiko Fujimori discrepa de Julio Guzmán» y
  • «Huidobro señaló en una rueda de prensa que discrepaba del comunicado».

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[LE}– Semana Santa: mayúsculas y minúsculas

24/03/2016

Con motivo de la celebración de la Semana Santa, se recuerda en qué casos hay que emplear las mayúsculas y en cuáles las minúsculas en los términos y expresiones relacionados:

1. Tal como indica la Ortografía, los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de los períodos litúrgicos o religiosos se escriben con inicial mayúscula: la Cuaresma, la Semana Santa, la Pascua.

2. También se escriben con mayúscula las denominaciones Viernes de Dolores, Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo…

3. Lo recomendable es escribir los nombres de los pasos, imágenes y cofradías con mayúsculas iniciales y sin cursiva ni comillas: La Borriquita, La Sagrada Cena, El Prendimiento, Cofradía del Cristo de la Columna, Hermandad del Cristo de la Corona…

4. Se escriben con inicial minúscula los términos religiosos como vigilia, eucaristía, misa, confesión, comunión o procesión.

5. También se escribe con inicial minúscula viacrucis o vía crucis (las Academias prefieren la primera grafía; no se considera apropiado vía-crucis).

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[LE}– ‘Cualesquiera’ que sean los motivos, no ‘cualquiera’

16/03/2016

El plural del adjetivo y del pronombre cualquiera es cualesquiera, no cualquieras ni cualesquieras, tal como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas.

En ocasiones, en especial en la lengua hablada, se emplea erróneamente el singular por el plural:

  • «No se justifica su comportamiento, cualquiera que sean los motivos que le han llevado a ello»,

ejemplo en el que lo apropiado habría sido decir

  • «No se justifica su comportamiento, cualesquiera que sean los motivos que le han llevado a ello».

Por otra parte, probablemente debido a un afán de ultracorrección, a veces se usa el plural para el singular:

  • «Se juzgará a aquellos que hayan cometido cualesquiera delito»,

donde lo adecuado habría sido escribir

  • «Se juzgará a aquellos que hayan cometido cualquier delito».

Este patrón varía, sin embargo, cuando cualquiera se emplea como sustantivo con el significado de ‘persona de escasa relevancia’; en ese caso su plural es cualquieras: «Son unos cualquieras».

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[LE}– Cultura, gitano, procrastinar, bizarro y plebiscito, las palabras más buscadas

12/03/2016

Jesús García Calero

El avance de la gripe se detecta en nuestro mundo antes por Google que por los consultorios médicos.

Según dicen los expertos en la cartografía que surge del «big data», los técnicos que bucean en los datos que circulan por internet, la búsqueda de la palabra «gripe» va marcando el avance de la infección desde Asia y los Urales hasta España y puede contemplarse en riguroso directo.

Si hay en el mundo hispánico una web que permite tomar el pulso y competir con Google, realizar un «mapa español» del mundo, sin duda es la web del Diccionario de la Lengua Española de la RAE. Allí (en dle.rae.es) también se siente respirar a los hablantes, agobiados por la ortografía o sencillamente convertidos en buscones de las palabras que saltan a la actualidad, que se ponen de moda o incluso que definen los demonios de cada país.

60 millones

Dicho y hecho. Para concebir la inmensidad de este océano de datos, basta decir que cada mes se registran 60 millones de visitas en la web de la RAE, con más de 10 millones de usuarios, dato muy actual, del pasado febrero. Todo un continente del idioma español que se dibuja con claridad, las 24 horas del día, en los servidores de la RAE.

Y con tantísimas idas y venidas, parece lógico que los ingenieros que sostienen una de las webs de más éxito del mundo puedan dibujar algunos rasgos generales —y otros específicos de cada país— que definen (nunca mejor dicho) a los hablantes de esta comunidad de 500 millones de personas que andamos por los cuatro puntos cardinales buscando esa definición que nos falta.

De momento se sabe que desde España llegaN entre el 40% y el 60% de las consultas. Que el segundo país en realizar búsquedas es México, con un 20% de media, y ,un poco por debajo, aunque destacados, Colombia, Estados Unidos, Chile y Argentina.

Mapa del idioma

Las consultas llegan de los más de doscientos países que existen en el mundo. Llegan continuamente, a la velocidad de las redes, que es la de la luz, para iluminar cada vez una hoja de este árbol del español. En el mapa del idioma, una palabra basta para satisfacer la curiosidad sobre un significado, un concepto, un matiz, una acepción.

Y el diccionario lo consultan no sólo escritores mientras crean sus historias, sino ciudadanos de todo tipo, televidentes que oyen algo nuevo en la televisión, escuchantes radiofónicos, estudiantes del mundo entero que quieren conjugar sus dudas con el amigo fiable que resulta ser el diccionario, líderes de la vieja y la nueva política y baqueteados ciudadanos llanos.

En la fotografía del idioma existe un mapa político que indica que muchas veces al ciudadano puede llegar a tranquilizarle conocer mejor el significado de las palabras empleadas en el debate público. En España, en 2015 una de las voces más buscadas fue «plebiscito» (101.731 consultas), con la que estaba cayendo en Cataluña hacían tanta falta sinónimos de referéndum como aire fresco en los discursos.

De igual modo, un año antes, en junio de 2014, se había detectado un subidón de búsquedas de la palabra «abdicación» (85.251 en ese mes), coincidiendo con el anuncio de que Don Juan Carlos cedía el trono a su hijo Felipe VI.

Mientras tanto, en Argentina, otro ejemplo de las huellas políticas en el diccionario, lo que más se buscaba el año pasado era la palabra «presidenta» (29.293 consultas), tal vez al llegar el final del polémico mandato de Cristina Kirchner.

Pero la cosa viene de lejos. Ya en 2011 se detectó un gran subidón de la voz «majunche», que alcanzó más de 65.000 búsquedas en pocos días. Poco después se supo que el hervor de ese insulto que significa «de calidad inferior, deslucido, mediocre» lo había producido el presidente venezolano Hugo Chávez, que empleó por entonces ese término, que se usa, lo mismo que boludo en Argentina, para denigrar a un opositor durante un discurso.

Y si hablamos de discursos, qué no pensar de las jornadas de intensa actividad política que España vivió las pasadas semanas. Es de suponer que durante el debate de investidura habrá habido una gran demanda sobre nuevos significados, por ejemplo: la definición exacta del término «bluf» con el que Rajoy calificó la actuación de Pedro Sánchez. Por no decir también «charnego», ese insulto clasista que la burguesía catalana dedicaba a los inmigrantes y que se hizo famoso tras la estelar intervención del diputado Rufián que nos imputa inopinadamente su uso al resto de españoles. ¿Y de la voz «rufián» no se habrá buscado a mansalva este último mes? Pero sorprende que ya no busquemos «corrupción». La conocemos como la palma de la mano.

Gitano, retocado

Aparte del mapa político, también otros debates escoran el diccionario hacia palabras a las que grupos de hablantes exigen una evolución. Años atrás fue el machismo de algunas voces el motor de considerables polémicas. Pero el año pasado la palabra más sacudida en este campo fue «gitano» (117.000 consultas), porque estuvo en el centro de una enorme polémica debido a su acepción de «trapacero», que la RAE consigna debido al uso que existe entre los hablantes.

No obstante, tras toda la polvareda y diversas iniciativas y debates, se decidió retocar esa acepción, añadiendo que resulta «ofensivo y discriminatorio» en la versión online del diccionario. Ya sólo queda esperar que el hablante deje de emplearla como insulto. Pero no parece que nadie tenga mucha prisa por hacerlo.

Procrastinar

Precisamente cuando uno no cede a la prisa que imprime alguna acción, y la retarda o difiere, lo que hace es ni más ni menos que «procrastinar», una voz cuyo éxito resulta bien difícil de explicar: 97.677 consultas en España, pero entre las más buscadas en México, Colombia, Perú o Chile… con lo que sin duda es una de las más solicitadas del idioma. La pereza de dejar para mañana lo que podríamos hacer hoy no nos ha permitido explicar mejor ese éxito todavía.

Cultura, la más deseada

Pero no es sólo uno el misterio del «big data» del diccionario académico. Resulta harto difícil explicar la persistencia de un buen número de palabras para cuyo éxito no se ha encontrado una explicación clara. Puede hablarse de varias de ellas, pero la principal es, precisamente, la que encabeza la lista: «cultura» (144.410 consultas).

A todos nos gustaría titular con eso de que «cultura es la más buscada», pero no sabemos a ciencia cierta cómo explicarlo en un país de pocas lecturas y el éxito incontestable de tantos grandes hermanos televisados. Tampoco desde la RAE se aventuran más que hipótesis, desde que es una palabra cuyo gran número de acepciones podría empujar a buscarla a menudo, hasta que podría estar por defecto en muchas webs en las que el diccionario tiene una ventana de búsqueda y cada vez que alguien se conecta para consultar salta la cultura como primera posibilidad. Sin embargo, la RAE tiene puesto por defecto la voz «diccionario», que no está en la cabeza de la lista. Lo dicho: un misterio.

Una de las más evidentes utilidades del diccionario de la RAE en internet es, sin duda, comprobar el uso correcto de la ortografía. Existen numerosas dudas que han alcanzado los puestos de cabeza en las búsquedas. No se puede interpretar de otro modo la presencia en los puestos de cabeza de palabras como «coger» (103.368 consultas), cuya escritura con g muchos pueden llegar a dudar.

Lo mismo que la fatídica hache muda pero estridente cuando no se usa bien, como es el caso de «haya» (de haber: 96.381 consultas), «hostia» (siempre con hache, 96.007 búsquedas) o «haber» (91.337 registros para saber que se escribe con hache y con b). También figura en esa cima del buscador de la RAE el verbo «ir» (con 100.668 búsquedas totales).

Etario, misterio de 2015

Por países, el mapa se llena de matices. Hay muchos lugares del español donde el «amor» es muy buscado (EE.UU., Venezuela, Ecuador, Costa Rica…) y otros que buscan su propio «paradigma» (México, Argentina, Perú…). Algunos países quieren diferenciar el «bizarro» del español frente a su acepción inglesa (todos menos España), y lugares donde las conjugaciones dan dolor de cabeza (sobre todo en EE.UU. donde 7 de las 10 primeras son verbos en infinitivo).

También hay algunos que dudan entre la s y la z de algunas formas verbales como «has / haz». Pero el mayor misterio de 2015 fue «etario», buscada en todo el Cono Sur con fruición, sin que exista una explicación por el momento, salvo su uso en estadísticas para dividir la población en rango etario.

Todo es idioma. No sólo cuando hablamos lo utilizamos, también mientras pensamos en silencio. Tal vez no podemos despegarnos de la duda que nos contagian las palabras, que son portadoras de afectos y desafectos, del virus de la curiosidad y, últimamente, de un sabor salado propio de un mar de datos.

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