[Hum}– Cabello largo

Un joven judío obtuvo su permiso de conducir. Ese mismo día le preguntó a su padre, que era un rabino, si le dejaba usar el carro de la familia. El padre lo llevó a su estudio y le dijo:

—Haré un trato contigo: Trae todas tus asignaturas aprobadas, estudia un poco el Talmud, corta tu cabello, y luego hablaremos del carro.

Pasó un mes, el muchacho regresó, y de nuevo le pidió a su padre que le dejara utilizar el carro de la familia, y de nuevo el padre lo llevó a su estudio y esta vez le dijo:

—Hijo: estoy muy contento contigo: trajiste excelentes notas y cada día te observo mientras estudias un rato el Talmud, pero, ¿recuerdas la condición de cortarte el cabello? ¿Por qué no te lo has cortado aún?

El muchacho respondió:

—Padre, he estado pensando sobre ello y vi que Sansón, Moisés, Noé e incluso Jesús llevaban el cabello largo.

—Es cierto —dijo el rabino—, pero iban a todas partes caminando.

[Hum}– Del ‘amor’ entre gallegos y argentinos: El gallego curioso

Un árabe, que jamás había pagado una deuda, le pidió dinero prestado a un judío que nunca había perdido ni un centavo en ninguna transacción.

Pasó el tiempo y el árabe vivía escondiéndose del judío por lo que éste nunca lograba agarrarlo para que le pagara, pero un día, por mero accidente, se toparon en un bar propiedad de un gallego y ahí comenzaron a discutir.

El árabe, acorralado, optó por una salida drástica: sacó una pistola, la apoyó contra su sien, y dijo:

—Podré irme al infierno, pero no pagaré esta deuda.

Apretó al gatillo y cayó muerto de inmediato.

El judío, que no se daba por vencido fácilmente, agarró la misma pistola, la apoyó contra su sien, dijo:

—¡Voy a recibir este dinero aunque sea en el Infierno!

Tiró del gatillo y cayó muerto.

El gallego, que había observado todo, tomó entonces la pistola, la apoyó contra su sien, dijo:

—Pues vamos, hombre, ¡que por nada del mundo me pierdo yo esta pelea!

….y apretó el gatillo.