[Hum}– Jewish stories

What’s a Jewish wife’s idea of a perfect house?
6,000 sq. ft., No kitchen, no bedroom.

What does a Jewish husband call a waterbed?
The Dead Sea.

What is a Jewish wife’s favorite position?
Facing Bloomingdale’s.

What is a Jewish wife’s definition of foreplay?
3 hours of begging.

Why do Jewish husbands die 5 years before their wives?
They want to.

What do Jewish wives make for supper?
Reservations.

How do Jewish wives prepare their children for supper?
They put them in the car.

How many Jewish wives does it take to change a light bulb?
None, Jewish wives don’t change light bulbs.

[Hum}– Sabia decisión

Dos caballeros que con sus carritos de compras se movían muy de prisa en el interior de un gran supermercado, se chocan entre sí. Uno, muy apenado, le dice al otro:

—Perdóneme usted, ¡es que busco a mi señora!

—¡Qué coincidencia, yo también! Estoy ya desesperado

—Bueno, tal vez le pueda ayudar. ¿Cómo es su señora?

—Es alta, de pelo castaño claro, piernas bien torneadas, pechos firmes, y un trasero precioso. En fin, muy bonita. ¿Y la suya?

—Olvídate de la mía; ¡vamos a buscar a la  tuya!

[Hum}– Del ‘amor’ entre brasileños y argentinos: Entre agricultores

Un agricultor argentino y uno brasilero charlan:

—¿De qué tamaño es tu finca o hacienda?—, pregunta el argentino.

—Para el estándar brasilero, mi finca es de un tamaño razonable: treinta hectáreas. ¿Y la suya?”

El argentino contesta:

—Che, salgo en la mañana en mi jeep y al mediodía todavía no he recorrido ni la mitad de mi finca.

Y el brasilero replica:

—Yo también tuve un jeep argentino, ¡¡¡son una  mierda!!!

[Hum}– Del ‘amor’ entre gallegos y argentinos: Reparto de bebés

En una maternidad hay un congoleño, un gallego y un argentino. Sale la enfermera y dice:

—Tenemos un problema. Se nos confundieron los bebés y ahora no sabemos cuál bebe es cuál. Tenemos dos blancos y uno negro.

Los tres nuevos papás deciden echar a suerte a ver quién escoge primero, y gana el sueco. El gallego entra a la maternidad y sale con el bebé negro, y el congoleño le dice:

—Mire, pana, el bebé es negro, yo soy negro y mi esposa es negra, así que este bebé es mío. Agarre uno de los blancos.

Y el gallego le contesta:

—¡¿Estás loco?! ¿Y si me toca el argentino?

[Hum}– Del ‘amor’ entre gallegos y argentinos: Matrimonio gallego sin descendencia

Una pareja de gallegos recién casados, hijos ambos de nuevos ricos, deciden tener descendencia, pero resulta que, por más que lo intentan, nada de nada. Al cabo de un año de intentos y más intentos, todos fallidos —en Berna, Paris, Londres y todas partes— ya más que preocupados deciden investigar, vía Internet y desde el despacho de abogados de papi, si en algún lugar del mundo hay alguien que, a cualquier precio, pudiera ayudarlos a ver realizado su sueño de ser padres.

Por fin la secre de papá encuentra un «ue sai» en el que un médico de los USA dice que tiene un método maravilloso, aunque supercaro y reservado a parejas con alto poder adquisitivo y dispuestas a pagarse el viaje a Nueva “Yor”. Así que, sin más y con el dinero de papi (claro está), nuestra pareja se monta en el avión y se van a La Gran Manzana.

Al día siguiente, muy temprano, se presentaron en el consultorio del famoso médico, que los recibió de inmediato. Pero ellos no hablan inglés, y además, el doctor tampoco habla español (¡qué falta de cultura!). Así que, por señas, consiguen entender que lo que el médico quiere es verlos en acción.

La pareja, un poco aturdida y avergonzada, lo consulta antes por celular con papi, y deciden (bueno, decide papi, que para eso es el que tiene la plata, y les pagó el viaje y la consulta) que no hay más remedio. Así que hacen lo que les pide el doctor.

Se ponen a darle con todo su brío, y el doctor se queda allí, mirando, observando atentamente, desde cada ángulo, cada posición, arriba, abajo, derecha, izquierda… Hasta que, por fin, dice «STOP» (que se entiende en cualquier idioma, por lo de la señal de tráfico). Se sienta en su mesa, con aire interesante, y, sin mediar palabra (¿para qué?), extiende la receta.

Muy contentos, vuelven nuestros tórtolos a La Coruña, su ciudad natal, y van corriendo a la farmacia de guardia para pedir su receta:

—Buenas noches.

—Bueeenas.

—¿Tiene Triteoterole?

—¿Cómo dice?»

—Que si tiene TRI-TE-OTER-OLE.

—Triteoterole, triteoterole… No me suena a nada conocido.

—¡¿Cómo que no?! Oiga, venimos ahora mismo de Nueva “Yor” y eso nos lo recetó un superdoctor de allá.

El farmacéutico saca su mano por el ‘agujerito de guardia’ y les pide ver la receta. La lee y, perplejo, les dice:

—Creo que ustedes leyeron mal. Lo que aquí dice es ¡¡¡¡¡TRY THE OTHER HOLE!!!!!!