- ¡Alto! Se ha saltado un semáforo en rojo. Tengo que ponerle una multa. ¿Dígame su nombre?
- Josetxu Irriboteneaindíagirre de Urrutxomengasalerría y Mangorzalluz de Gurruchagoitiaga.
- Bueno, por esta vez, pase, ¡pero que no se repita!
Chistes de aquí y de allá
- ¡Alto! Se ha saltado un semáforo en rojo. Tengo que ponerle una multa. ¿Dígame su nombre?
- Josetxu Irriboteneaindíagirre de Urrutxomengasalerría y Mangorzalluz de Gurruchagoitiaga.
- Bueno, por esta vez, pase, ¡pero que no se repita!
Se encuentran dos amigos y uno dice al otro:
”No sé qué hacer con mi bisabuelo, se come las uñas todo el tiempo”
”Al mío le pasa igual, y le quité la maña en un momento”
”¿Cómo? ¿Le amarraste las manos?”
”No, le escondí los dientes”
En un autobús repleto de viejitos y viejitas, en una gira especial a Lourdes para gente de la tercera edad, una viejita le toca el hombro al chofer y le brinda un buen puñado de maníes sin cáscara. El chofer, sorprendido, le da las gracias y se los come con agrado.
Cinco minutos después, la abuelita repite y el chofer vuelve a agradecerle el gesto y se come sus maníes.
Cinco minutos más tarde viene el otro puñado.
Después de unos diez puñados, el chofer ya no aguanta más la curiosidad y le pregunta a la generosa viejita:
—Abuelita, es muy gentil de su parte atiborrarme de maní, pero ¿usted no cree que, a lo mejor, sus cuarenta amigos y amiguitas querrían también un poco?”
—No, joven, ninguno nosotros no tenemos dientes para masticarlos y sólo nos chupamos el chocolate que los recubre.
Jaimito le pregunta a la maestra:
—Maestra, ¿usted me castigaría por algo que yo no hice?
—Claro que no, Jaimito.
—Ah, ¡qué bueno, porque yo no hice mi tarea!
Al consultorio del médico llegó desesperada una joven monja que padecía de un severo ataque de hipo. El médico la observó detenidamente, le hizo varios análisis, y al final, con tono solemne, le comunicó que estaba en estado.
La monjita salió en carrera hacia el convento, y al final de la tarde el médico, solo en su consultorio y a punto ya de cerrar, exclamó «¡Diablos, olvidé hacer la llamada!».
De inmediato levantó el teléfono, llamó a la Madre Superiora y le dijo que lo disculpara porque, por descuido, había posiblemente creado un problema, pues la monjita no estaba en estado, sino que él, a fin de quitarle el severo ataque de hipo, había decidido darle un susto diciéndole que estaba embarazada.
La Superiora le contestó que el susto había funcionado muy bien con la monjita, pues se le había sacado el hipo en cuanto reunió a todas las autoridades del convento y les anunció que estaba en estado, pero no así con el cura párroco porque al término de esa reunión se subió al campanario y se tiró de cabeza.
En tiempos del Imperio Romano, un cristiano es arrojado a la arena del circo donde un hambriento león lo espera. El cristiano corre huyendo del animal que le sigue muy de cerca, pero, cansado de tanto correr, se agota, cae de rodillas, abre los brazos en cruz y dice:
—¡Señor, convierte a este león en un cristiano!
El león, de pronto, se detiene, se arrodilla, levanta su enorme cabeza al cielo y dice:
—¡Señor, bendice los alimentos que voy a tomar.
—¡Mamá, me violó un argentino!
—¿Y cómo sabes que era argentino?
—Porque me hizo darle las gracias.
Un zoológico español había comprado un gorila hembra de una especie rara. Tras unas semanas, la gorila se volvió irritable y difícil de manejar.
Después de examinarla, el veterinario determinó que estaba en celo, lo cual era un gran problema ya que no había disponible ningún macho de esa especie.
Tras pensarlo detenidamente, el administrador del zoológico reparó en Paco, un gallego encargado de limpiar las jaulas. Paco tenía reputación de que, por lo bien dotado, podía satisfacer bien a cualquier mujer, y, como no parecía muy listo, tal vez podrían convencerlo de que le hiciera el favor a la gorila. Así que le propusieron:
—¿Aceptarías hacerlo con la gorila por 500 euros?
Paco dijo que podría interesarle, pero que necesitaba pensarlo un poco.
Al día siguiente,dijo que aceptaba, pero con tres condiciones:
—Primero, nada de besos. Segundo, no quiero saber nada de hijos.
—¡De acuerdo! —dijo de inmediato el administrador—. Pero, ¿cuál es la tercera?
—Bueno,… ¡que necesito por lo menos otra semana para juntar los 500 euros!
—Doctor, cuando era soltera tuve que abortar 6 veces, y ahora que estoy casada no logro quedar embarazada.
—Evidentemente, usted no se reproduce en cautiverio.