[Hum}– Foto de grupo

Todos los niños habían salido en la fotografía del grupo de la clase junto a su maestra, y ésta estaba tratando de persuadir a cada uno de comprar una copia.

—Imagínense qué bonito será cuando ya sean grandes todos y digan ‘¡Allí está Catalina, es abogad!’, o también ‘Ése es Miguel, ¡ahora es doctor!

Y desde el fondo del salón se escuchó una vocecita que dijo:

—Y allí está la maestra. Ya se murió.

[Hum}– La confesión

– Padre, perdóneme porque he pecado. (voz femenina)
– Dime, hija, ¿cuáles son tus pecados?
– Padre, el demonio de la tentación se apoderó de mí, pobre pecadora.
– ¿Cómo es eso, hija?
– Es que cuando hablo con un hombre tengo sensaciones en el cuerpo que  no sé como describirlas.
– Hija, por favor, que también soy un hombre…
– Sí, Padre, por eso vine a confesarme con usted
– Bueno, hija, ¿y cómo son esas sensaciones?
– No sé cómo explicarlas. Por ejemplo, ahora mi cuerpo se rebela a estar de rodillas y necesito ponerme más cómoda
– ¿En serio? – Sí, quiero relajarme y quedarme tendida
– Hija, ¿tendida cómo?

– De espaldas al piso, hasta que se me pase la tensión
– ¿Y qué más?
– Es como que tengo un sufrimiento al que no le encuentro acomodo
– ¿Y qué más?
– Como que espero un poco de calor que me alivie
– ¿Calor?
– Calor, Padre, calor humano, que lleve alivio a mi padecer
– ¿Y qué tan frecuente es esa tentación?
– Permanente, Padre. Por ejemplo, ahora me imagino que sus manos sobre mi piel me darían mucho alivio
– ¡Hija!
– Sí, Padre, perdóneme, pero me urge que alguien fuerte me estruje entre sus brazos y me dé el alivio que necesito
– ¿Por ejemplo, yo?
– Por ejemplo, Padre. ¡Usted es la clase de hombre que imagino que me puede aliviar!.
– Perdóname, hija mía, pero necesito saber tu edad
– Setenta y cuatro, Padre.
– Hija, ve en paz, que lo tuyo es reumatismo.

[Hum}– Los dobles de Saddam

El cirujano plástico que preparó a los dobles de Saddam los convocó a todos a una reunión urgente y les dijo:

—Señores, les tengo una buena noticia y una mala noticia. La buena es que Saddam está vivo. Y la mala es que perdió un brazo…..

[Hum}– El "encanto" de los 50

Si estás cerca de los 50, estás en las Bodas de Oro de tu nacimiento y has llegado a la «Edad de los Metales». Es la época en que todo comienza a arrugarse y a aumentar.

A los hombres les crece la barriga y la nariz, les aumenta la calvicie, crecen sólo las bolas, y “aquello” se les pone color de plomo.

A las mujeres se les caen las lolas, les aumenta la celulitis, les salen várices y arrugas por todas partes, se les deforman los pies y las manos, y les salen callos y juanetes, entre otras cosas.

A los 50, lo que no crece se cae. El cuento de que estás en tu mejor edad es pura pamplina; eso fue a los 30 y

hasta mediados de los 40, cuando repetir de todo era motivo de orgullo y de jactancia, pero a los 50 «repetir» es una palabra prohibida.

¿Repetir matrimonio? ¿Con quién, para qué y cuándo? (A no ser que tenga los bolsillos repletos).

¿Repetir sancocho? ¡Diarrea segura!.

¿Repetir el acto sexual? ¡Será dentro de una semana o dos!.

¿Volver a trotar? ¡Infarto seguro!.

Después de los 50 todo es grave; de cama, de muerte, veamos:

  • Un catarro: bronquitis.
  • Un resfriado: neumonía.
  • Un golpe: hematoma.
  • Un chicharrón: diente partido.
  • Dolor de cabeza: derrame.
  • Dolores en las manos: artritis.
  • Un olvido tonto: Alzheimer.
  • Un escalofrío: Parkinson.
  • Un estornudo: tuberculosis.
  • Una oclusión intestinal: cáncer de colon.
  • Sed: diabetes.
  • Un kilo de más: escoliosis.
  • Un kilo de menos: leucemia.
  • Una mancha: SIDA.
  • Una orinada a media noche: próstata.

A los 50 todo es más peligroso:

  • Sonarse fuerte la nariz: hemorragia nasal.
  • Visión borrosa: cataratas.
  • Cera en los oídos: otitis.
  • Insomnio: ataque depresivo.
  • Un pelo en el peine: calvicie.
  • Dolor en la cadera: osteoporosis.

No es para mortificarte, pero es mejor que estés consciente de lo que te espera.

Claro, es probable que llegues a los 80, pero te recomiendo no confiarte demasiado. Además, nunca será lo mismo.

Así que, ¡despierta!, porque aquellos buenos tiempos ¡ya no volverán! Aprovecha lo que te queda, y de la mejor manera posible.

NotaCMP.- El autor de esta lista olvidó mencionar la metamorfosis “moral” que sufren algunas mujeres que, cuando entran en la menopausia —más o menos sobre los 50—, se vuelven tanto más desinhibidas, explícitas y “moño suelto” cuanto más mojigatas, puritanas, “delicadas”, “finas” y moralistas fueron antes de la menopausia. Lo que antes las “horrorizaba” ahora hace que se burlen de quien por eso se horroriza. ¡Cosas veredes, Sancho!

[Hum}– Marca de familia

Un hombre fue a la iglesia:
«Padre, quiero confesarme»
«¿Qué te pasa hijo mío?»
«Verá, Padre, es que… ¡a mi me gustan los hombres, Padre!»
«¡¿Qué dices, hijo mío!?»
«Sí, padre. Y eso no es nada: a mi padre también le gustan los hombres»
«¡Por el amor de nuestro Señor, hijo!»
«Y eso no es todo, Padre: ¡a mis hermanos también le gustan los hombres»
«Hijo mío —interrumpió el padre—, ¿es que en tu familia no hay nadie a quien le gusten las mujeres?»
«Sí, Padre, a mi madre»

[Hum}– Imaginando

Murió un eminente cardiólogo, y sus amigos y familiares decidieron hacerle un grandioso y pomposo funeral.

En medio de la iglesia y detrás del ataúd colocaron un gigantesco corazón todo cubierto de flores. Terminado el servicio fúnebre y leída la correspondiente oración, el corazón se abrió en dos por su centro y, con una hermosa música de fondo, el ataúd se deslizó lentamente dentro de él.

Una vez dentro, las dos mitades se cerraron y el ataúd desapareció de la vista de los presentes, quedando encerrado dentro del hermoso corazón.

En ese momento se escuchó la risa de uno de los asistentes al acto. Todo el mundo en la iglesia se volvió para dirigirle una mirada de recriminación, y el hombre, avergonzado, se disculpó diciendo:

—Lo siento mucho, es que yo estaba pensando en mi propio funeral. Soy ginecólogo.

[Hum}– Consejo de amigo

Están dos vecinos en el bar y uno le dice al otro:

—Mira, te voy a dar un consejo de amigo: haz el favor de correr las cortinas, porque todos los vecinos vemos cómo haces el amor con tu mujer a eso de las nueve todas las noches”

—No digas tonterías, hombre, ¡a esa hora nunca estoy en casa!”