[LE}– Cultura, gitano, procrastinar, bizarro y plebiscito, las palabras más buscadas

12/03/2016

Jesús García Calero

El avance de la gripe se detecta en nuestro mundo antes por Google que por los consultorios médicos.

Según dicen los expertos en la cartografía que surge del «big data», los técnicos que bucean en los datos que circulan por internet, la búsqueda de la palabra «gripe» va marcando el avance de la infección desde Asia y los Urales hasta España y puede contemplarse en riguroso directo.

Si hay en el mundo hispánico una web que permite tomar el pulso y competir con Google, realizar un «mapa español» del mundo, sin duda es la web del Diccionario de la Lengua Española de la RAE. Allí (en dle.rae.es) también se siente respirar a los hablantes, agobiados por la ortografía o sencillamente convertidos en buscones de las palabras que saltan a la actualidad, que se ponen de moda o incluso que definen los demonios de cada país.

60 millones

Dicho y hecho. Para concebir la inmensidad de este océano de datos, basta decir que cada mes se registran 60 millones de visitas en la web de la RAE, con más de 10 millones de usuarios, dato muy actual, del pasado febrero. Todo un continente del idioma español que se dibuja con claridad, las 24 horas del día, en los servidores de la RAE.

Y con tantísimas idas y venidas, parece lógico que los ingenieros que sostienen una de las webs de más éxito del mundo puedan dibujar algunos rasgos generales —y otros específicos de cada país— que definen (nunca mejor dicho) a los hablantes de esta comunidad de 500 millones de personas que andamos por los cuatro puntos cardinales buscando esa definición que nos falta.

De momento se sabe que desde España llegaN entre el 40% y el 60% de las consultas. Que el segundo país en realizar búsquedas es México, con un 20% de media, y ,un poco por debajo, aunque destacados, Colombia, Estados Unidos, Chile y Argentina.

Mapa del idioma

Las consultas llegan de los más de doscientos países que existen en el mundo. Llegan continuamente, a la velocidad de las redes, que es la de la luz, para iluminar cada vez una hoja de este árbol del español. En el mapa del idioma, una palabra basta para satisfacer la curiosidad sobre un significado, un concepto, un matiz, una acepción.

Y el diccionario lo consultan no sólo escritores mientras crean sus historias, sino ciudadanos de todo tipo, televidentes que oyen algo nuevo en la televisión, escuchantes radiofónicos, estudiantes del mundo entero que quieren conjugar sus dudas con el amigo fiable que resulta ser el diccionario, líderes de la vieja y la nueva política y baqueteados ciudadanos llanos.

En la fotografía del idioma existe un mapa político que indica que muchas veces al ciudadano puede llegar a tranquilizarle conocer mejor el significado de las palabras empleadas en el debate público. En España, en 2015 una de las voces más buscadas fue «plebiscito» (101.731 consultas), con la que estaba cayendo en Cataluña hacían tanta falta sinónimos de referéndum como aire fresco en los discursos.

De igual modo, un año antes, en junio de 2014, se había detectado un subidón de búsquedas de la palabra «abdicación» (85.251 en ese mes), coincidiendo con el anuncio de que Don Juan Carlos cedía el trono a su hijo Felipe VI.

Mientras tanto, en Argentina, otro ejemplo de las huellas políticas en el diccionario, lo que más se buscaba el año pasado era la palabra «presidenta» (29.293 consultas), tal vez al llegar el final del polémico mandato de Cristina Kirchner.

Pero la cosa viene de lejos. Ya en 2011 se detectó un gran subidón de la voz «majunche», que alcanzó más de 65.000 búsquedas en pocos días. Poco después se supo que el hervor de ese insulto que significa «de calidad inferior, deslucido, mediocre» lo había producido el presidente venezolano Hugo Chávez, que empleó por entonces ese término, que se usa, lo mismo que boludo en Argentina, para denigrar a un opositor durante un discurso.

Y si hablamos de discursos, qué no pensar de las jornadas de intensa actividad política que España vivió las pasadas semanas. Es de suponer que durante el debate de investidura habrá habido una gran demanda sobre nuevos significados, por ejemplo: la definición exacta del término «bluf» con el que Rajoy calificó la actuación de Pedro Sánchez. Por no decir también «charnego», ese insulto clasista que la burguesía catalana dedicaba a los inmigrantes y que se hizo famoso tras la estelar intervención del diputado Rufián que nos imputa inopinadamente su uso al resto de españoles. ¿Y de la voz «rufián» no se habrá buscado a mansalva este último mes? Pero sorprende que ya no busquemos «corrupción». La conocemos como la palma de la mano.

Gitano, retocado

Aparte del mapa político, también otros debates escoran el diccionario hacia palabras a las que grupos de hablantes exigen una evolución. Años atrás fue el machismo de algunas voces el motor de considerables polémicas. Pero el año pasado la palabra más sacudida en este campo fue «gitano» (117.000 consultas), porque estuvo en el centro de una enorme polémica debido a su acepción de «trapacero», que la RAE consigna debido al uso que existe entre los hablantes.

No obstante, tras toda la polvareda y diversas iniciativas y debates, se decidió retocar esa acepción, añadiendo que resulta «ofensivo y discriminatorio» en la versión online del diccionario. Ya sólo queda esperar que el hablante deje de emplearla como insulto. Pero no parece que nadie tenga mucha prisa por hacerlo.

Procrastinar

Precisamente cuando uno no cede a la prisa que imprime alguna acción, y la retarda o difiere, lo que hace es ni más ni menos que «procrastinar», una voz cuyo éxito resulta bien difícil de explicar: 97.677 consultas en España, pero entre las más buscadas en México, Colombia, Perú o Chile… con lo que sin duda es una de las más solicitadas del idioma. La pereza de dejar para mañana lo que podríamos hacer hoy no nos ha permitido explicar mejor ese éxito todavía.

Cultura, la más deseada

Pero no es sólo uno el misterio del «big data» del diccionario académico. Resulta harto difícil explicar la persistencia de un buen número de palabras para cuyo éxito no se ha encontrado una explicación clara. Puede hablarse de varias de ellas, pero la principal es, precisamente, la que encabeza la lista: «cultura» (144.410 consultas).

A todos nos gustaría titular con eso de que «cultura es la más buscada», pero no sabemos a ciencia cierta cómo explicarlo en un país de pocas lecturas y el éxito incontestable de tantos grandes hermanos televisados. Tampoco desde la RAE se aventuran más que hipótesis, desde que es una palabra cuyo gran número de acepciones podría empujar a buscarla a menudo, hasta que podría estar por defecto en muchas webs en las que el diccionario tiene una ventana de búsqueda y cada vez que alguien se conecta para consultar salta la cultura como primera posibilidad. Sin embargo, la RAE tiene puesto por defecto la voz «diccionario», que no está en la cabeza de la lista. Lo dicho: un misterio.

Una de las más evidentes utilidades del diccionario de la RAE en internet es, sin duda, comprobar el uso correcto de la ortografía. Existen numerosas dudas que han alcanzado los puestos de cabeza en las búsquedas. No se puede interpretar de otro modo la presencia en los puestos de cabeza de palabras como «coger» (103.368 consultas), cuya escritura con g muchos pueden llegar a dudar.

Lo mismo que la fatídica hache muda pero estridente cuando no se usa bien, como es el caso de «haya» (de haber: 96.381 consultas), «hostia» (siempre con hache, 96.007 búsquedas) o «haber» (91.337 registros para saber que se escribe con hache y con b). También figura en esa cima del buscador de la RAE el verbo «ir» (con 100.668 búsquedas totales).

Etario, misterio de 2015

Por países, el mapa se llena de matices. Hay muchos lugares del español donde el «amor» es muy buscado (EE.UU., Venezuela, Ecuador, Costa Rica…) y otros que buscan su propio «paradigma» (México, Argentina, Perú…). Algunos países quieren diferenciar el «bizarro» del español frente a su acepción inglesa (todos menos España), y lugares donde las conjugaciones dan dolor de cabeza (sobre todo en EE.UU. donde 7 de las 10 primeras son verbos en infinitivo).

También hay algunos que dudan entre la s y la z de algunas formas verbales como «has / haz». Pero el mayor misterio de 2015 fue «etario», buscada en todo el Cono Sur con fruición, sin que exista una explicación por el momento, salvo su uso en estadísticas para dividir la población en rango etario.

Todo es idioma. No sólo cuando hablamos lo utilizamos, también mientras pensamos en silencio. Tal vez no podemos despegarnos de la duda que nos contagian las palabras, que son portadoras de afectos y desafectos, del virus de la curiosidad y, últimamente, de un sabor salado propio de un mar de datos.

Fuente

[LE}– Artículo, supresión injustificada

11/03/2016

Tanto en la lengua general como en los medios de comunicación se aprecia cierta tendencia a suprimir injustificadamente el artículo delante de los sustantivos.

Se enumeran a continuación algunos casos en los que no es adecuado omitir el artículo:

1. La mayoría de las personas, no la mayoría de personas

Tal como señala el Diccionario Panhispánico de Dudas, en construcciones partitivas, del tipo ‘la mitad de’ o l’a mayoría de’ seguidas de un sustantivo, el uso del artículo es obligatorio: «La mayoría de los votantes tienen ya decidido a qué partido apoyarán», no «La mayoría de votantes…».

2. Mares, ríos, montañas…

Los nombres de mares, ríos, montañas, cordilleras, etc., se acompañan habitualmente de artículo: el (mar) Mediterráneo, el (río) Paraná, el (monte) Everest, los Andes, los Pirineos… 

Se dice «En marzo pasado partieron rumbo al Himalaya», no «… a Himalaya».

3. Palacios y residencias

También llevan artículo los nombres de las residencias oficiales, como el Quirinal, el Elíseo, la Casa Blanca, la Zarzuela…: «Reunión en la Moncloa», no «… en Moncloa».

4. Partidos, movimientos, agrupaciones…

Se escriben asimismo con artículo las siglas de los partidos cuyo nombre comienza por liga, agrupación, partido, frente, movimiento, etc.: el MAS (Movimiento al Socialismo), el PAN (Partido de Acción Nacional), el FA (Frente Amplio). 

Resulta adecuada una frase como «Los partícipes de fondos de inversión tienen en sus manos el triunfo del PSOE o el PP», no «de PSOE o PP».

5. Huracanes, tifones y ciclones

Se recomienda mantener el artículo cuando, de forma oral o escrita, se mencionen los huracanes, tifones o ciclones directamente por su nombre propio (el Yolanda, mejor que Yolanda; el Gustav, mejor que Gustav); de este modo, se evita dar la impresión de estar hablando de una persona.

6. Por la línea de fondo, no por línea de fondo

Se aconseja igualmente escribir el artículo en las informaciones deportivas en frases como 

  • «El balón salió por la línea de fondo» o
  • «El carrilero avanza por la banda derecha», en lugar de
  • «El balón salió por línea de fondo» y
  • «El carrilero avanza por banda derecha».

Fuente

[LE}—‘Presal’, neologismo válido

07/03/2016

Presal, todo junto y sin resalte ni mayúscula, es un neologismo adecuado para referirse a los yacimientos de petróleo que están debajo de una capa de sal.

Este sustantivo se emplea para aludir a los propios yacimientos, a la capa geológica donde se encuentran y al petróleo que se extrae de ellos, como en estas frases tomadas de la prensa:

  • «Los yacimientos presal de Brasil fueron aclamados como uno de los mayores descubrimientos desde los del Mar del Norte»,
  • «… la reforma de la legislación para la explotación de los yacimientos petrolíferos marinos en la llamada capa presal eliminó la exclusividad de la empresa…» o
  • «Estamos queriendo entregar el presal a precio de banana a las multinacionales del petróleo».

El término presal, compuesto del prefijo pre y del sustantivo sal, alude a un conjunto de rocas que está debajo, o que aparece después, de una masa de sal en profundidad, es decir, a unas rocas con potencial para la generación y acumulación de petróleo que, en el transcurso del tiempo, se fueron depositando antes de la capa de sal.

Se trata, por tanto, de una voz bien formada que no necesita ser resaltada con comillas ni cursiva, que ha de escribirse con inicial minúscula, por tratarse de un sustantivo común, y sin espacio ni guion: presal, y no pre-sal o pre sal.

La tendencia mayoritaria es, además, mantenerla como invariable en plural (yacimientos presal, capas presal), opción posible si la construcción se entiende como una estructura en aposición. En consecuencia, su empleo en los ejemplos anteriores es adecuado.

En ocasiones, se emplea también la forma presalino, como en

  • «Brasil quizá tenga el doble del crudo presalino que se calculaba en un principio»,

palabra ésta correctamente formada por adicción del sufijo -ino, del que se derivan en español adjetivos a partir de sustantivos que designan minerales y otras materias sólidas, como en cristalino, diamantino o coralino.

Fuente

[LE}– El pasado sorprendente de ‘guiri’, ‘estraperlo’, ‘bigot’ o ‘boicot’

NotaCMP.- Según el DRAE, epónimo: que tiene un nombre con el que se pasa a denominar un pueblo, una ciudad, una enfermedad…

~~~

04/03/2016

Mónica Arrizabalaga

«¿Guiri? Se usa desde los años 60, ¿no? ¿o 70?».

El interlocutor duda sobre cuándo se empezó a llamar así a esos extranjeros, generalmente anglosajones o nórdicos, sonrojados por el sol de las playas españolas, pero se muestra seguro de que es una palabra relativamente reciente.

«Es sorprendente, porque así es como llamaban los carlistas a los partidarios de Isabel II durante la regencia de su madre, la reina María Cristina. Guiri viene del vascuence «guiristino», «cristino»», explica el filólogo Javier del Hoyo. El vocablo, que se convirtió en sinónimo de liberal, nació en el siglo XIX, aunque el sentido de extranjero lo haya incorporado recientemente.

Tampoco chotis es de origen castizo, sino que hunde sus raíces en un baile de Bohemia al que se quiso atribuir en Viena un origen escocés (shottisch). Según dice el profesor de Filología Latina de la Universidad Autónoma de Madrid, unos guiris bailando el chotis en la Plaza Mayor de Madrid «en su sentido etimológico sería algo así como un grupo de partidarios de la reina Cristina bailando un baile escocés. ¡Maravillas de la lengua!».

Javier del Hoyo ha recopilado en «Eponimón» (Ariel) hasta 1.875 palabras cuyo origen «sorprenderá» a muchos de los lectores con curiosidad por su lengua. Quizá los epónimos sólo son «un 2 ó 3% del diccionario, pero en el habla coloquial se emplean muchísimo más», afirma el filólogo.

Chavismo, tamayazo o hacer un neira (para referirse a quien intenta separar a una pareja en la que él maltrata a ella, y acaba siendo agredido) aún no están registradas en el diccionario y, sin embargo, son ya de uso corriente. Como cada vez es más frecuente oír cómo alguien «hace un Hannover», ausentándose de alguna ceremonia para acudir directamente a la comida o la copa. La expresión nació el 22 de mayo de 2004, el día de la espantada del príncipe Ernesto de Hannover de la boda de Don Felipe y Doña Letizia.

«Lo bonito de los epónimos frente a otras palabras es que tenemos constancia de cuándo nacen, en ocasiones en qué día, qué mes y qué año», a veces de una simple casualidad, explica el autor. Ése fue el caso del óscar de Hollywood. George Stanley realizó la estatuilla en 1928, pero fue la bibliotecaria de la Academia, y más tarde directora ejecutiva, Margaret Herrick, quien la bautizó al decir: «¡Cómo se parece a mi tío Óscar!».

Bikini (o «biquini») nació de forma semejante. El día en que su diseñador, Louis Réard, presentaba la prenda en la piscina Molitor se llevaban a cabo los primeros ensayos nucleares de Estados Unidos en Bikini, un atolón de las islas Marshall en el Pacífico. «Señor Réard, su bañador va a ser más explosivo que la bomba de Bikini», le dijo al diseñador la modelo que aceptó exhibirlo. «El traje de baño era de una sola pieza, pero por un mal corte de bi-kini (como bilingüe o bicolor) surgió después el trikini, o el burkini», dice De Hoyos.

Marujas con domingas y chonis tienen en «Eponimón» su lugar junto a condón ?del Dr. Condom, que preparó a Carlos II de Inglaterra (1630-1685) un rudimentario preservativo? o las mil y un sinfín de sinónimos de prostitutas que dan fe de la creatividad española para crear vocablos. «Todo ese mundo de palabras coloquiales creo que es el que más ha gustado. Alguno me ha dicho que todo ese lenguaje erótico y sexual le ha resultado muy divertido», comenta De Hoyos.

La lengua española «tiene muchísimos epónimos», más de los contenidos en esta obra que por su carácter divulgativo ha dejado fuera capítulos enteros con términos de geología, Medicina, química o psicología. «En el lenguaje técnico es muy fácil que un nombre se convierta en epónimo. Decimos Alzheimer, Párkinson… Alguien descubre una enfermedad, o un nuevo metal, y se le pone su nombre», explica el autor.

«Mero» y Nerón

La antigua Grecia, y Roma y su mitología aportaron un gran número de los epónimos aún hoy en uso «porque hay personas que pasan a ser un prototipo», según relata el filólogo, que pone por ejemplo a Nerón, paradigma de hombre cruel y terrible. Hasta el «mero», sí, el pez de enorme boca y de gran voracidad viene del latín Nero (Nerón).

El capítulo bíblico incluye hasta 150 epónimos, algunos fácilmente identificables como adiós, ser un herodes o un judas, y otros sorprendentes como adefesio (que viene de las cartas de san Pablo a los efesios) o galimatías (con origen en la genealogía con la que comienza san Mateo su Evangelio).

«Hasta los más ateos utilizan constantemente palabras surgidas de la Biblia. Es algo que está tan incorporado a la lengua, que aunque seas un ateo total tienes que usarlas», afirma De Hoyos. Porque, ¿quién podría pensar que «bigote» tiene un origen religioso?

«Cuando en 1517 vinieron a la península los flamencos que acompañaban a Carlos I y no sabían nada de nuestra lengua, cuando se admiraban de algo (y debió ser mucho) se echaban la mano al mostacho diciendo «bei God», «por Dios». Los labriegos que lo vieron identificaron aquella moda extranjera (la castellana era de barba completa, y hasta 1530 no se empieza a introducir el bigote) con la expresión «bei God» y lo llamaron bigote», relata.

Al autor del Eponimón le pesa no haber desarrollado algo más las explicaciones referentes al mundo bíblico porque «hoy la gente lo ha perdido totalmente» al confundir en su opinión el tener fe con el conocimiento de la Biblia. «A mis alumnos les digo que no me importa que seáis ateos, lo que no podéis ser es ignorantes. Porque eso es ignorancia absoluta», subraya.

Hay epónimos que se asocian a la cultura useña, como jeans, denim o hamburguesa, cuando nacieron en Génova, Nîmes y Hamburgo. De colonia (agua de Colonia) o rímel (de la perfumería de Eugène Rimmel) se olvida su origen, algo más conocido en el caso de «lolita» (por la novela de Nabokov).

A Alfred Hitchcock y su filme «Rebecca», basada en la novela de Daphne du Maurier, debe la chaqueta su nombre de rebeca. «Es una historia muy curiosa porque sólo surgió en España, y además se asocia con un personaje que no sale en la película. Se ve que a las mujeres de la posguerra española les fascinó esa prenda», comenta De Hoyos.

El surtido de epónimos cuenta con gran variedad gastronómica. De hecho, en el germen del libro está una conferencia «De la sopa juliana a la ciruela claudia», en la que el autor recordaba que la reina Juliana I de Holanda (1909-2004) no admitía otra forma de cortar las verduras que no fuera longitudinal, o la predilección de la reina Claudia de Francia (1499-1524) por este tipo de ciruelas.

De las casi 2.000 palabras que recoge en «Eponimón», Del Hoyo siente predilección por «estraperlo», un término exclusivo del español que nació del «straperle», una especie de ruleta inventada por el suizo Daniel Strauss y su socio italiano Perlo. «Vinieron en plena República, en el año 1933, y montaron un casino en San Sebastián, tan fraudulento que se cerró a las tres horas. Supuso la caída del partido de Lerroux, que fue quien les apoyó, y la palabra se empezó a utilizar justo después de la Guerra Civil para referirse a algo fraudulento».

La historia de boicot no le va a la zaga. A Charles Cunningham Boycott le enviaron a Irlanda en 1845 a cobrar unos impuestos, en un momento de gran carestía tras una sequía. El Parlamento irlandés decidió hacerle el vacío, y cuando el agente inglés llegó nadie le dirigió la palabra, ni la atendió, ni le vendió nada… «Se tuvo que ir desesperado», relata De Hoyos.

De la afición del autor por los perros nació todo un capítulo que, según él mismo confiesa, «quizá no es el más atractivo, pero es el que más he trabajado». Pasó horas hasta encontrar de qué raza es el perro que aparece en la película «Gladiator» y comprobar que apenas tiene 30 años, es de 1983. «Pensamos que todas las razas de perros que conocemos han existido a la vez y en todas las partes del mundo, pero en la antigua Roma había poquísimas razas, unas 15-20, y ahora hay 300 y pico». «Nos reímos cuando un romano sale con un reloj, pero esto es lo mismo. Es tan anacronismo un actor romano con un reloj que un perro del siglo XX en el siglo II», subraya.

Para el filólogo, «lo interesante para el lector es descubrir que hay un mundo en el que él está metido, pero no lo sabe. Como aquel pez joven que buscaba el océano y preguntó a uno mayor: “¿Dónde está el océano» y éste le contestó que estaba metido en él, pero el pez joven pensó que eran cosas de abuelos y siguió buscando. Estamos metidos en un mundo lleno de estas palabras, pero no lo conocemos».

«En España que se está dando mucha importancia a conocer otros idiomas, y está perfecto, sin embargo no conocemos bien el nuestro» cuando «en cada país, la asignatura más importante es la de su propia lengua», a juicio del profesor. Y no es que piense que los epónimos den para una asignatura. «Hay que enseñarlo al hilo de la vida, pero sí que habría que saber más del origen de las palabras».

Fuente

[LE}– ‘Malentendidos’, no ‘malos entendidos’ ni ‘malosentendidos’

04/03/2016

El plural de malentendido es malentendidos, no malos entendidos ni malosentendidos.

En los medios de comunicación es frecuente leer oraciones como

  • «La emisora se pondrá en contacto con la Junta de Extremadura para aclarar los malos entendidos provocados por la campaña de firmas»,
  • «Para evitar malos entendidos, Isco quiso aclarar en otro tuit el mensaje anterior» o
  • «Superados los malosentendidos entre Bolivia y México».

De acuerdo con el Diccionario Panshipánico de Dudas, malentendido significa ‘mala interpretación, o equivocación en el entendimiento de algo’, y su plural es malentendidos, según esta misma obra y la Gramática Académica.

Se trata de una palabra compuesta cuyo primer elemento es el adverbio mal; por tanto, como los adverbios permanecen en singular, el plural adecuado de malentendido es malentendidos, no malos entendidos ni malosentendidos (tampoco el plural de malhablado es malos hablados o maloshablados, sino malhablados, ni el de malhechor es malos hechores o maloshechores, sino malhechores).

Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir 

  • «La emisora se pondrá en contacto con la Junta de Extremadura para aclarar los malentendidos provocados por la campaña de firmas»,
  • «Para evitar malentendidos, Isco quiso aclarar en otro tuit el mensaje anterior» y
  • «Superados los malentendidos entre Bolivia y México».

Todo ello no quita para que la secuencia mal entendido sea válida en frases como

  • «Hay dos tipos de ego: el bien entendido y el mal entendido», 

donde mal no se integra con entendido para formar el compuesto malentendido, sino que permanece separado con valor adverbial, igual que bien (entendido).

Fuente

[LE}– ‘Comidista’, alternativa a ‘foodie’

02/03/2016

El término comidista es una posible alternativa en español a foodie (o foody), anglicismo informal con el que se alude a los aficionados a la comida, la cocina y todo lo que se mueve en torno a ese mundo.

En las informaciones sobre el mundo de la gastronomía es frecuente leer frases como

  • «Coliflor para “foodies”» o
  • «Ahora está muy de moda ser “foody”».

Aunque en ocasiones se traduce este anglicismo por términos como gurmé (o gourmet), gastrónomo o cocinillas, éstos no tienen exactamente el mismo significado: gurmé se refiere a una ‘persona de gustos exquisitos en lo relativo a la comida y a la bebida’, un gastrónomo es un ‘entendido o experto en gastronomía’ o ‘aficionado al buen comer’ y, por último, la voz coloquial cocinillas alude más bien a la persona ‘aficionada a cocinar’.

A diferencia de estos tres términos, el sustantivo inglés foodie se emplea con un sentido más amplio, pues designa a las personas a las que les gusta no sólo comer fuera, sino también cocinar, probar nuevas recetas y sabores, o estar al tanto de las novedades a través de programas, revistas y webs.

Una alternativa adecuada en español para reflejar este concepto es la voz comidista, también informal, que tiene su origen en un popular blog de gastronomía español creado en el 2010 por Mikel López Iturriaga para tratar sobre la comida y todos los aspectos que la rodean.

Aunque el sufijo -ista suele generar sustantivos equivalentes a ‘persona especializada en’ (electricista, columnista o publicista), ese matiz profesional no siempre se halla presente en estos derivados, que en ocasiones se cargan con el matiz de ‘aficionado a’, tal como ocurre en el sustantivo juerguista, definido por el Diccionario Académico como ‘aficionado a la juerga’.

Por lo tanto, para hablar en general de los aficionados a la comida, en los ejemplos anteriores podría haberse escrito 

  • «Coliflor para comidistas» y
  • «Ahora está muy de moda ser comidista (amante de la gastronomía)».

En caso de emplear el anglicismo, lo adecuado es escribirlo en cursiva o entre comillas si no se dispone de este tipo de letra.

Fuente

[LE}– ‘Asistenta’, femenino válido de ‘asistente’

01/03/2016

Asistenta es una forma válida, junto con asistente, para aludir a la mujer que realiza labores de asistencia.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como las siguientes: 

  • «La pieza central de esta ayuda es la asistente personal de la cantante»,
  • «La osa Paula es alimentada por la asistente científica» o
  • «Trabajaba como asistente financiera en una concesionaria de autos».

Según la vigesimotercera edición del Diccionario Académico, cuando se habla de una ‘persona que, en cualquier oficio o función, realiza labores de asistencia’ se puede decir tanto la asistenta como la asistente, aunque señala que es más habitual esta última.

El femenino asistenta está registrado en el Diccionario Académico desde su primera edición con diversos significados, y en el español general actual significa, además del sentido dado, ‘mujer que sirve como criada en una casa sin residir en ella y que cobra generalmente por horas’.

En consecuencia, en los ejemplos anteriores también se podría haber escrito, aunque no responda al uso mayoritario, 

  • «La pieza central de esta ayuda es la asistenta personal de la cantante»,
  • «La osa Paula es alimentada por la asistenta científica» y
  • «Trabajaba como asistenta financiera en una concesionaria de autos».

Sí permanece invariable para indicar las personas que asisten a un lugar (las asistentes a la reunión) o cuando se emplea como adjetivo (la directora asistente). En el caso particular de asistente social, el Diccionario solo registra esa forma y no asistenta social.

Fuente

[LE}– ‘La primera miembro’ y ‘el primer miembro’

26/02/2016

Tanto la primera miembro como el primer miembro?, y no la primer miembro,? son expresiones válidas? para aludir a la mujer que, en su condición de parte de un grupo, realiza? o participa? por primera vez en una determinada acc??ión.

De ambas expresiones válidas, el primer miembro? ?es la más adecuada para referirse a la primera persona de un grupo que, con independencia del género, realiza una acción, por lo que en ejemplos como

  • «La infanta Cristina será la primera miembro de la familia real en declarar como acusada en un juicio»,

habría sido más preciso escribir

  • «La infanta Cristina será el primer miembro de la familia real en declarar como acusada en un juicio»,

pues de esta manera no cabe interpretar que es la primera mujer, sino la primera persona, hombres incluidos, de la familia en hacerlo.?

El Diccionario de la Lengua Española recoge el sustantivo miembro como común en cuanto al género, y, aunque la variante miembra no estaría mal formada de acuerdo con el sistema morfológico español, se trata de una forma no recomendada por la Academia.

Respecto a la concordancia de los adjetivos, si miembro se interpreta como sustantivo común en cuanto al género (el/la miembro), lo adecuado es que los adjetivos que lo acompañen concuerden: la primera miembro (y la miembro más antigua), y no la primer miembro (ni la miembro más antiguo).

Teniendo en cuenta todo lo anterior, sería impropio escribir 

«Cristina es la primer miembro de la familia real», en lugar de

«Cristina es la primera miembro de la familia real».

En cambio, en «Nadine Coyle el primer miembro de Girls Aloud en tener cita con la comadrona», donde no hay ambigüedad posible, ya que el grupo del que el sujeto es miembro está exclusivamente formado por mujeres, lo más indicado habría sido optar por la primera miembro.

Fuente

[LE}– Ortorexia, tanorexia y otros derivados de anorexia

25/02/2016

Ortorexia, tanorexia o, entre otras, vigorexia son voces correctas, formadas a partir de la terminación –orexia, presente desde hace tiempo en español en voces como anorexia.

Con la palabra anorexia se denomina a la ‘pérdida anormal del apetito’ y al ‘síndrome de rechazo de la alimentación por un estado mental de miedo a engordar, que puede tener graves consecuencias patológicas’, procede del griego anorexia (‘inapetencia’), y éste, a su vez, del prefijo an- (negación o privación) y del sustantivo órexis (‘apetito, hambre’).

A partir de la terminación de esta voz, se han formado en español otras como

  • Ortorexia: obsesión por controlar la calidad de los alimentos que se consumen
  • Vigorexia: trastorno del comportamiento que se caracteriza por la obsesión de conseguir un cuerpo musculoso
  • Tanorexia: adicción al bronceado
  • Ebriorexia (preferible a la forma anglicada drunkorexia): rechazo a la alimentación para compensar las calorías que aporta el alcohol; o
  • Megarexia: trastorno de las personas obesas que no se ven como tales y no se alimentan adecuadamente.

Pese a no figurar en el Diccionario Académico, estas voces pueden considerarse válidas, ya que por su morfología y sentido son respetuosas con las reglas del español. Además, algunas de ellas, como ortorexia y vigorexia, ya están recogidas en diccionarios de uso como el Vox y o el de Seco, Andrés y Ramos.

Fuente