[Canarias}> Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare VI: Tedote

01-08-2025

Felipe Jorge Pais Pais

Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare VI: Tedote

Tedote, según Ignacio Reyes García, tiene el significado de “…cima de una montaña, de una colina”. (2011: 394). Es posible que este nombre haga referencia al impresionante cono volcánico de La Caldereta, en cuyo lado norte, junto al barrio de Calsinas, se conserva el topónimo Timibúcar

 Según las fuentes etnohistóricas “El sexto señorío era Tedote y Tenibucar, que es donde al presente está fundada la ciudad, hasta Tenagua; y de éste término y tierra eran señores tres hermanos llamados Tinisuaga y Agacensie, el otro Ventacayçe, Estos tres hermanos estando en las faldas de un barranco que era en este término de Tedote está, que al presente llaman el Barranco de Agacencio, holgándose con muchas mozas que pretendían casar con ellos, armóse arriba en la cumbre gran cerrazón de aguaceros y vino el barranco tan crecido, que se llevó todos aquellos palmeros y perecieron; y por muerte de Agacencio se llama el Barranco de Agacencio. Y de todos nos escapó sino sólo Ventacayçe, que, como el agua lo llevó, dió con él en un árbol, donde quedó colgado por un muslo que se le hincó un garrancho del árbol; y, pasada la furia del agua, los fueron a buscar y lo hallaron a Ventacayçe bien asido con las manos; y, aunque vivió, quedó cojo de aquella pierna, por donde quedó trabado del árbol.” (J. Abreu Galindo, 1977: 267-268).

Panorámica del cantón de Tedote desde la Montaña de Tenagua (Foto: Jorge Pais

Tedote, según Ignacio Reyes García, tiene el significado de “…cima de una montaña, de una colina.” (2011: 394). Es posible que este nombre haga referencia al impresionante cono volcánico de La Caldereta, en cuyo lado norte, junto al Barrio de Calsinas, se conserva el topónimo Timibúcar, que en las crónicas de la conquista de Benahoare aparece como Tenibúcar y que, según el mismo investigador, se puede traducir como “…una de los depósitos subterráneos.” (I. Reyes García: 2011: 405). Asimismo, podemos encontrarnos las expresiones Tinibúcar, Timinibúcar, etc.

En el capítulo anterior vimos cómo el primer enfrentamiento sangriento entre los conquistadores castellanos y la población benahoarita tuvo lugar en el cantón de Tigalate, donde vencieron los primeros y los sobrevivientes indígenas se desplazaron hacia el norte, refugiándose en Tinibúcar: “Viendo Alonso de Lugo que no aprovechaban halagos ni promesas, hizo apercebir toda su gente, para dar sobre ellos. Como los enemigos vieron el rostro que los cristianos hacían, temiendo el encuentro, fuéronse retrayendo hacia Tinibucar (La Caldereta. Cantón de Tedote); pero los cristianos fueron en su seguimiento y alcance, donde mataron algunos palmeros que se ponían en defensa, y cautivaron muchos…” (J. Abreu Galindo, 1977: 282).

Panorámica de La Caldereta y la actual zona conocida como Timibúcar en el lado derecho (Foto: Jorge Pais Pais)

La cita textual de J. Abreu Galindo sobre este bando prehispánico es sumamente interesante, ya que aporta una gran cantidad de datos, susceptibles de un análisis más profundo. Así nos habla de una riada provocada por grandes lluvias que se llevó por delante a un buen número de benahoaritas, entre ellos a los tres hermanos que eran los capitanes de este cantón: Tinisuaga, Agacensie y Ventacayçe.

Se trata de la primera y única referencia sobre este tipo de catástrofe natural acontecida durante la época prehispánica canaria. Estos acontecimientos tuvieron lugar en el Barranco de Agacensio-Aguacensio que, actualmente atraviesa San Pedro (Breña Alta), y al que dio nombre uno de los señores (Agacensie) de este bando prehispánico.

En la toponimia histórica se conservaron los nombres de Barranco de Aguasensio, Fuente de Aguasensio (hoy perdido) y hasta una zona (en torno los Viveros Las Breñas) que se sigue conociendo como Aguasensio. Sólo sobrevivió, de los tres hermanos, Bentacaize, que significa “…el que ha sido arrastrado.” (I. Reyes García, 2011: 125), tal y como muy bien apuntaron las fuentes etnohistóricas.

La peligrosidad de los barrancos de la comarca de Las Breñas se volvió a poner trágicamente de manifiesto el 16 de enero de 1957 durante un episodio de lluvias muy intensas, que ha pasado a denominarse “Riada del Llanito” (Breña Alta), puesto que los daños más graves se produjeron tras la crecida del Barranco de Aduares, a muy corta distancia, hacia el sur, del Barranco de Aguasensio.

La pérdida de vidas humanas se estima entre 22 y 34 personas, especialmente en este lugar, aunque también afectó duramente a la zona del Barranco de Amargavinos (Breña Baja) e, igualmente, Tirimaga y Montes de Luna (Villa de Mazo). La clara advertencia de las crónicas de la conquista no sirvió para que tomásemos conciencia ante este tipo de desastres naturales y, más preocupante aún, rápidamente nos olvidamos de sus nefastas consecuencias y, por ejemplo, el tramo medio del Barranco de Aguasensio se ha convertido en una carretera llena de viviendas a ambos lados.

Riada en el Barranco del Llanito el 16 de enero de 1957

El cantón de Tedote estuvo densamente poblado porque contaba con uno de los tres arroyos permanentes que existían en Benahoare a finales del siglo: Barranco de Las Angustias, Barranco del Agua-Los Tilos y Barranco del Río. Este último: “…viene a la ciudad de Santa Cruz y puerto principal, para servicio de los molinos y otras cosas necesaria a los vecinos…” (J. Abreu Galindo, 1977: 263).

Además, muy cerca de su desembocadura se encuentra una gigantesca cavidad natural, conocida como Cueva de Carías, con unas magníficas condiciones de habitabilidad en cuanto a dimensiones, luminosidad, exposición y protección contra las inclemencias del tiempo.

Por tanto, no debe extrañarnos, tal y como sostiene la leyenda, que fue la residencia de Bentacaize tras la riada que se llevó a sus hermanos Tinisuaga y Agacensie en el Barranco de Aguasensio (Breña Alta). Este lugar continuó teniendo una enorme importancia durante la etapa histórica de La Palma “Tras la conquista de la isla, esta oquedad natural sirvió de refugio a Lugo y sus seguidores y en ella tuvieron lugar las primeras reuniones del Cabildo palmero, hasta que se construyeron los oportunos edificios.” (C. Díaz Alayón, 1987: 87). Su intensiva reutilización durante cientos de años ha provocado la desaparición de su relleno arqueológico, tal y como se verificó en una serie de sondeos estratigráficos que se llevaron a cabo en septiembre-octubre de 2022.

Aguas arriba de la Cueva de Carías nos encontramos con otro lugar de especial relevancia para la población benahoarita y la nueva sociedad que se creó a finales del siglo XV. Nos referimos a la zona denominada Morro de Las Nieves, junto al cual apareció la imagen y se levantó el Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves donde, según la leyenda, existía un cementerio aborigen.

Éste es un claro ejemplo de la continuidad en el uso, adaptado a las nuevas condiciones y creencias, entre lugares de una especial significación mágico-religiosa. En estos parajes abundaba uno de los recursos naturales esenciales (agua) para la supervivencia, tanto de la población benahoarita, como para la implantación de las nuevas actividades económicas que surgieron tras la conquista de la Isla (molinos).

La margen izquierda del Barranco del Río, también conocida como El Frontón, fue un gran poblado de cuevas naturales que contaba con yacimientos funerarios. A ello hemos de añadir la presencia de distintos grupos de canalillos y cazoletas, así como de grabados rupestres geométricos que constituyen un claro ejemplo de los rituales de fertilidad y fecundidad que se llevaban a cabo en estos parajes. (F. J. Pais Pais, 2010: 6).

En el cantón de Tedote existe una interesante zona en la que, nuevamente, el mundo aborigen y la época histórica parecen claramente interrelacionados. Nos referimos al conjunto arqueológico situado en las inmediaciones del Lomo Boyero (La Grama. Breña Alta), en el que destacan unos grabados rupestres cuya adscripción prehispánica, desde su hallazgo, ha provocado controversia. Sus petroglifos cruciformes se han interpretado, entre otras teorías, como que “…sirvieran para cristianizar antiguos lugares de brujería…” (M. Hernández Pérez, 1977: 53). En este sentido, hemos de reseñar que se sitúan sobre el mismo borde superior de la margen izquierda del Barranco del Cuervo, cuyas cavidades naturales solo fueron utilizadas por la población benahoarita como lugar de enterramiento de sus seres queridos.

Grabados cruciformes del Lomo Boyero (La Grama. Breña Alta) (Foto: Pedro Riverol)

En la orilla superior del antiguo acantilado de Los Cancajos (Breña Baja) sobresale una de las construcciones pétreas más bonitas, grandes e interesantes de la Isla de La Palma. Su construcción es histórica, sobre mediados del siglo XVI y, por tanto, no tiene nada que ver con el mundo benahoarita.

Fue levantada por los propietarios de los terrenos, una familia de comerciantes belgas, conocida como Van Damme que, popularmente, ha pasado a conocerse en la actualidad como Pirámide de Vandama. Su construcción obedece a la necesidad de despedregar el terreno volcánico y conseguir tierra fértil para poder cultivar. Por tanto, aunque no tiene interés arqueológico es de un enorme valor etnográfico dentro del que también podemos incluir sus gruesos muros de piedra seca que, en algunos casos, se convierten en estrechos y alargados “paredones” a medio hacer.

Pirámide de Bandama (Breña Baja) (Foto: Jorge Pais Pais)

Ya vimos en el capítulo anterior los posibles límites meridionales como el cantón de Tigalate. La línea de demarcación septentrional, con el bando de Tenagua, parece estar mucho más clara, ya que podría situarse en el Barranco Seco que, actualmente, marca la división entre los municipios de Santa Cruz de La Palma y Puntallana. La separación es muy clara y precisa entre la desembocadura y su cabecera en los bordes de la Caldera de Taburiente.

Bibliografía general

-ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.

-ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigación Histórica, (Tegueste), 2011, Págs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicación digital).

-DÍAZ ALAYÓN, C.: Materiales toponímicos de La Palma, (Santa Cruz de Tenerife) 1987.

-HERNÁNDEZ PÉREZ, M.: La Palma prehispánica, (Madrid), 1977.

-PAIS PAIS, Felipe Jorge: Huellas aborígenes en el entorno de la ermita de Las Nieves, Suplemento LXVII edición de las Fiestas Lustrales del Periódico DIARIO DE AVISOS, (Santa Cruz de Tenerife), domingo 8 de agosto de 2010, Pág. 6.

-REYES GARCÍA, Ignacio: Diccionario ínsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011.

Fuente (Hay más fotos)

[Col}> Manual de estilo para viudas en entrenamiento / Soledad Morillo Belloso

03-08-2025

Soledad Morillo Belloso

Manual de estilo para viudas en entrenamiento

Edición comentada por la experiencia y corregida con algo de humor

Prólogo involuntario

Dicen que la viudez es una historia de amor con muchos errores ortográficos. Te enamoras con signos de admiración, te comprometes entre comillas y terminas corrigiendo lo vivido con una goma emocional que ya no borra.

Pero ser viuda no es un género literario: es una colección de borradores, tachaduras emocionales, y pie de página en momentos que nadie vio. Y si estás leyendo esto, es porque la vida —sin consultar al comité editorial— te inscribió en el taller intensivo de “Reescribirte sin él”. Bienvenida. Aquí no hay reglas, pero sí estilo.

Capítulo 1: Gramática afectiva básica

* Punto y aparte: Se usa cuando te cancelan el plan de vida sin previo aviso. También cuando aceptas comprarte una cafetera nueva.
* Comas: Sirven para respirar. Y para evitar enviar mensajes impulsivos a alguien.
* Signos de interrogación: ¿Y si salgo con ese señor del supermercado con quien constantemente me cruzo en el pasillo de bombillas? ¿Y si mejor adopto un gato?

Capítulo 2: Tiempos verbales del duelo (y del despeje emocional)

* Pretérito imperfecto: “Yo lo amaba, él odiaba el comino.” Amor con condimentos.
* Futuro dudoso: “Tal vez mañana aprenda a dormir en diagonal.”
* Condicional melancólico: “Si él estuviera, estaría regando las matas y criticando mi playlist.”

Capítulo 3: Ortografía con glamour

Una viuda en entrenamiento sabe que los errores no se corrigen: se decoran.

* El dolor no se edita, se maquilla con lápiz labial resistente a preguntas incómodas.
* No se dice “estoy rota”. Se afirma: “me estoy rediseñando con estilo”. Cuidado con escribir “superación” demasiado pronto. Mejor reemplaza por “reinvención gradual y con pausas dramáticas”.

Capítulo 4: Accesorios sintácticos recomendados

* Libreta para anécdotas: especialmente útil para escribir frases como “Hoy lo olvidé por tres horas y me sentí culpable pero también gloriosa.”
* Lentes de sol grandes: por si lloras en el parque o simplemente quieres parecer misteriosa mientras caminas por el supermercado.
* Labial rojo: se aplica cuando la tristeza quiere protagonismo. Tú decides quién abre el telón.

Capítulo 5: Glosario fundamental

* Fantasmacorreo: Mensaje que nunca mandaste, pero mentalmente discutiste con él.
* Subtítulo nuevo: “Hoy no me quebré. Sólo me incliné con elegancia.”
* Tilde emocional: Acentuar momentos bonitos para que no pasen desapercibidos.

Apéndice: Erratas felices (porque sí, se puede reír entre lágrimas)

* “Me siento tan sola que hasta el WiFi me ignora”. Diagnóstico: soledad con interferencia técnica.
* “Él me dio todo… menos la contraseña del banco”. Lección aprendida: el amor necesita backup.
* “Nunca pensé que lo iba a extrañar hasta en sus ronquidos. Ahora me dan ternura los perros ruidosos.” El corazón busca ruido familiar en cualquier especie.
* “Me enamoré de mí. Aunque admito que soy intensa y me reviso el celular”. Autoamor con llamadas perdidas.
* “Ya no lloro en público. Ahora lo hago en el pasillo de productos de limpieza. Porque nadie pregunta ahí.” Tristeza desinfectada.

Epílogo para viudas en entrenamiento

Este manual no viene con índice temático ni capítulos cerrados. Porque tú vas escribiendo en tiempo real. Corrigiendo a lápiz, tachando culpas, añadiendo risas.

La viudez en entrenamiento no es un error tipográfico: es una nueva edición de ti, con prólogo valiente, párrafos imperfectos y una dedicatoria que siempre permanecerá intacta. “A mí. Porque sigo escribiendo, aunque me tiemble la mano.”

[Canarias}> Sorpresa en un yacimiento aborigen en Lanzarote

28-07-2025

Saúl García

Sorpresa en un yacimiento aborigen en Lanzarote

En los primeros días de la campaña arqueológica de este año ha aparecido el que podría ser el aljibe, cisterna o depósito de agua más antiguo de la isla encontrado hasta la fecha

Cuarenta años después de su primera excavación, el yacimiento de El Bebedero, en Lanzarote, sigue deparando sorpresas. En los primeros días de la campaña de este año ha aparecido el que podría ser el aljibe, cisterna o depósito de agua más antiguo de la isla encontrado hasta la fecha.

Los restos del aljibe, de forma circular y de cerca de un metro y medio de diámetro, han aparecido en la zona sur del asentamiento aborigen, entre los estratos III y V, datado a partir del siglo I antes de Cristo. El Bebedero, junto con Buenavista, ambos en Lanzarote, estarían entre los yacimientos más antiguos de Canarias.

La pared norte del aljibe tiene forma semicircular y se va cerrando, “lo que permite pensar que tendría una cubierta abovedada”, explica a EFE Pablo Atoche, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y uno de los responsables de la investigación en el yacimiento, junto a la arqueóloga Ángeles Ramírez.

Ambos trabajan cada verano sobre el terreno con el apoyo económico del Ayuntamiento de Teguise a través de una subvención concedida a la Fundación Canaria Universitaria de Las Palmas. En el yacimiento también investigan Pedro Méndez y Elena Hernández, historiadores y arqueólogos.

También se puede ver una losa de piedra, que haría de alcogida, en un lateral “con los bloques de piedra trabados con barro para intentar tapar las grietas”, señala Ramírez.

  • El suelo es de tierra endurecida, sin losas. Señala Atoche que es la primera vez que se identifica un aljibe asociado a un poblado indígena.
  • En el interior se han encontrado una gran cantidad de restos de caracoles terrestres, lo que denota que era un espacio con mucha humedad.
  • Los habitáculos del asentamiento se sitúan a mayor altura. Ha aparecido además una estela trapezoidal de basalto con un grabado de altorrelieve.

El geógrafo Antonio Bueno, que está escaneando el asentamiento, señala que la estructura del depósito y su orientación al sur, que garantiza el mayor número de horas de sombra, hacen pensar que se trataba de agua para consumo humano, para no beber del mismo lugar que los animales.

El Bebedero es un asentamiento aborigen que acogería a varias familias, con habitáculos para dormir y para cocinar, que se asemejan a lo que se ha llamado las casas hondas.

El equipo de arqueólogos trabajando en el yacimiento, situado en el pueblo de Tiagua, en el municipio de Teguise. Efe

Sería un asentamiento original, buscado por su ubicación: en una zona protegida, con vegetación y agua, además de una gran visibilidad sobre El Río, el brazo de mar que separa Lanzarote y La Graciosa.

El asentamiento también fue el escenario de diversos intercambios entre los aborígenes y la población romana o romanizada que navegaba por esa zona entre los siglos I antes de Cristo y el siglo IV.

Los restos hallados y las dataciones confirman, según los investigadores, esa relación durante al menos cinco siglos. Los marinos necesitaban agua, comida, como cereales o carne y pieles y podían aportar vino, aceite o salazones, que transportaban en ánforas cuyos restos han aparecido en el yacimiento.

Respecto a las pieles, Atoche considera que hay una estancia que podría servir para trabajar la piel o para almacenarla, por el hallazgo en ella de distintos útiles de piedra pulimentada empleados para cortarla y para curtirla.

El catedrático de Prehistoria, Pablo Atoche (d), y la investigadora Ángeles Ramírez (i) en el yacimiento, situado en el pueblo de Tiagua, en el municipio de Teguise. Efe

La piel de cabra era importante tanto para abrigarse como para fabricar herramientas e, incluso, armas. A lo largo de estos 40 años se han encontrado numerosos objetos romanos, como útiles de metal de hierro, cobre o bronce, elementos vítreos como cuentas de collar y ánforas, que permiten una datación más exacta ya que cada tipo de esos objetos responde a una época determinada.

Hay, asimismo, restos de cerámica aborigen modelada a mano con huellas de carbón y de todo tipo de animales: de la almeja canaria (ya desparecida), lapas, vértebras de pescado, moluscos terrestres, algunas aves, perros, y sobre todo cabras, ovejas y cerdos.

El equipo de arqueólogos trabajando en el yacimiento. Efe

“Las dataciones de los elementos romanos coinciden con las fechas de carbono 14” dice Atoche. “No se trata de una fecha ni de dos, contamos con una serie de 40 dataciones diferentes”, añade.

Las fechas de las ánforas coinciden con las dataciones obtenidas de muestras de distinta naturaleza, como huesos, sedimentos, coprolitos o carbones y se han realizado en tres laboratorios distintos “proporcionando todas fechas muy similares, coherentes entre sí y situadas entre el siglo I antes de la Era y el siglo IV”, asegura.

Fuente

[Canarias}> Canarismos / Julio Albertos

30-07-2025

Hacia los peninsulares
que vienen a las Canarias,
traigo traducciones varias
pa’ que no hagan malabares.

Porque en todos los bazares
en donde comprar se pueda
te aceptarán la moneda,
pero usando sus palabras
más simpatía te labras
y entrarás como la seda.

~~~

Al maíz, lo llaman millo,
la manta es una cobija,
el inodoro, vasija
y la escoba es el cepillo.

Se cierra con el fechillo,
el globo es la sopladera,
un sol fuerte, solajera,
el autobús es la guagua,
tristeza viene a ser magua,
y el pleito, fogalera.

Rápido es enfolinado,
barbacoa es asadero,
un armario es un ropero,
elegante es lo emperchado.

Lo torcido está cambado,
trago largo es tanganazo,
un gran golpe es un gajazo,
pero una copa es golpito,
ser pequeño, menudito
y colleja, cogotazo.

Atragantarse, añurgarse,
al que destaca, un puntal
prado de algas, sebadal,
atascarse, entaliscarse.

Moverse dice arrecharse,
molida enuncia majada,
tontería, machangada,
porque un tonto es un machango.
pero la maña es el jango,
sin control, desarretada.

Un bastón es un garrote,
a lo mucho llaman fleje,
niño travieso es hereje
y también es iscariote.

El bravucón es rufote,
a la chancla dicen chola,
un vientre gordo, bandola,
hacer aire es abanar,
columpiarse es el remar,
si algo rueda, más bien tola.

~~~

No quiero ser exhaustivo,
porque hay muchos canarismos,
mejor por ustedes mismos
planten su propio cultivo.

Así tendrán un motivo
para a Canarias volver
si se pueden aprender
los términos coloquiales
y voces tradicionales
como ropa del traer.

Cortesía de Oswaldo Izquierdo

 

[Col}> Descalza por dentro / Soledad Morillo Belloso

27-07-2025

Soledad Morillo Belloso

Descalza por dentro

La serenidad no se conquista, se revela. No es una cima a la que se asciende con esfuerzo, sino un claro al que se llega cuando uno se detiene en mitad del bosque interior y decide escuchar. Es el susurro de lo eterno en medio del ruido de lo urgente, una forma de estar sin desbordarse, de sentir sin aferrarse.

Es como un lago al amanecer, donde el tiempo parece contener la respiración. No hay prisa en sus aguas, pero tampoco estancamiento. Todo fluye, lento,  lúcido. La serenidad es ese estado donde el alma deja de pelear con el mundo y empieza a bailar con él, sin que le importe llevar el paso perfecto.

Ser sereno no es estar ajeno al dolor, sino mirarlo sin permitir que devore. Es tomar entre las manos la incertidumbre, no para controlarla, sino para comprender su lección. Es encontrar abrigo en lo invisible: en un rayo de luz que atraviesa la ventana, en una palabra dicha con intención, en el silencio que no incomoda, sino abraza.

Hay quienes confunden la serenidad con la pasividad, pero nada hay más activo que el espíritu que elige no reaccionar desde el miedo. Sereno es quien ha hecho las paces con sus sombras y les ha cedido asiento sin permitirles el timón. Es quien puede llorar sin desesperación, reír sin euforia, y amar sin posesión.

Cultivar la serenidad es deshojar la ansiedad que crece como hiedra en la mente. Es soltar el ancla del pasado y no dejarse arrastrar por la marea del porvenir. Es caminar descalzo por dentro, habitando con gentileza cada rincón del ser.

La serenidad no llega con estruendo ni se anuncia con fanfarrias. Camina descalza por los bordes del alma, acariciando con pasos de seda las heridas que aún no han cicatrizado del todo. No exige; se posa. No conquista; florece.

Es como una abuela sabia sentada al borde de mi conciencia, tejiendo en silencio con hilos de aceptación. En sus ojos hay siglos de espera paciente. Cuando todo a mi alrededor se acelera, ella me toma la mano y me recuerda que también puedo quedarme quieta, que respirar es suficiente.

Estar serena es aprender a tocar la vida con los dedos del alma, sin apretar. Es descubrir que no todas las batallas son mías, y que  rendirme ante lo inevitable no es cobardía ni  debilidad, sino amor propio. Es darme permiso de llorar sin romperme, de detenerme sin sentir culpa, de ser sin tener que demostrarlo.

La serenidad vive en los rituales simples: en el primer sorbo de café  al amanecer, en el roce del viento sobre la piel, en mi voz que canta bajito mientras cocino. Habita en la ternura de hablarme bonito, como quien le susurra al mar para calmar su oleaje.

No siempre está conmigo, lo admito. A veces me olvido de ella cuando la prisa me traga o cuando el miedo me grita más fuerte. Pero cuando regreso —porque siempre regreso— la encuentro esperándome, como si supiera que tarde o temprano volvería a necesitarla.

Serena estoy cuando dejo de exigirle respuestas a la vida y empiezo a abrazarla como es: impredecible, salvaje, preciosa. Y entonces comprendo que la serenidad no es un destino, es un modo de andar… con los pies descalzos, el pecho abierto y el alma en calma.

Y así, me reconozco: mujer que ha aprendido a quedarse con lo esencial, a sostenerse con dulzura en medio del torbellino. La serenidad no me ha hecho invulnerable, pero sí más verdadera. Es mi refugio y mi elección. Porque en este mundo que a veces parece desbordarse, he decidido ser río que fluye con calma y no tormenta que arrasa.

Serenidad. No como escapatoria, sino como raíz. No como renuncia, sino como abrazo. Y en ese abrazo, encuentro —por fin— un hogar dentro de mí, un lugar donde escribo descalza.

[Col}>La insoportable apatía de algunos / Soledad Morillo Belloso

24-07-2025

Soledad Morillo Belloso

La insoportable apatía de algunos 

El mundo arde, pero algunos ni siquiera sienten calor. La indiferencia es la enfermedad más insidiosa y terrible de los tiempos modernos, un letargo que anestesia conciencias y embalsama voluntades.

Pero hay una apatía más perjudicial, más silenciosa, más devastadora: la que se instala en las relaciones, en los afectos, en esos lazos que deberían ser refugios pero que, sin cuidado, se convierten en espacios vacíos.

Es la apatía que transforma reuniones familiares en trámites, que convierte amistades en nombres en una lista de contactos que ya no marcan llamadas. Es la distancia disfrazada de rutina, la frialdad envuelta en excusas.

Nos acostumbramos a no preguntar. A no insistir. A no escuchar más allá del «estoy bien» mecánico que es la respuesta que nada revela. Nos volvemos expertos en el arte de la presencia superficial, en la convivencia sin conexión.

Y así, los afectos se van marchitando lentamente, no por grandes conflictos o traiciones, sino por la ausencia de interés, por la negligencia emocional, por la pereza de sentir.  ¿Cuántas relaciones mueren no por una pelea, sino por la indiferencia? ¿Cuántos abrazos se vuelven más fríos simplemente porque dejamos de darlos con intención? ¿Cuántos «te quiero» pierden peso porque se dicen sin pensarlo y sin sentirlo?

Hay un momento en que la apatía ya no es una mera falta de acción, sino una dolorosa forma de abandono. Un abandono silencioso, que no grita, que no enfrenta, que simplemente deja ir. La apatía es la gran traición muda. Nos roba momentos, nos distancia de quienes amamos, nos convierte en meros espectadores de una vida que deberíamos estar viviendo con intensidad.

Lo peor de la apatía es que no siempre se nota de inmediato. Es un enemigo paciente, que se infiltra en los días, las semanas, los meses y los años, que convierte conversaciones en burda burocracia y miradas en tediosa rutina. Y cuando finalmente nos damos cuenta, ya hemos perdido demasiado.

La vida no es una suma de ausencias, sino una oportunidad para construir presencias. Para estar, para sentir, para demostrar que el afecto necesita esfuerzo. Y si la apatía es una sombra, el compromiso es la única luz capaz de disiparla.

Siempre hay tiempo para reconstruir lo que se ha ido desmoronando, para mirar a los ojos y decir con verdad: «Estoy aquí. Me importas.» El amor, la amistad, la familia, no son sentimientos automáticos, sino decisiones que se renuevan con cada gesto, con cada palabra, con cada presencia real. Despertar es posible. Rehacer los lazos es posible. Basta un gesto, una palabra, una mirada que diga: «Estoy aquí. Te veo. Te escucho. Me importas. Me duele lo que te duele, me alegra lo que te alegra.»

La historia no sólo olvida a los indiferentes, también los olvidan sus seres queridos. Y ese olvido, ese vacío, es quizás el precio más alto de la apatía.

“Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón… “; ¿haremos algo hoy mismo para no dejar que nos volvamos esclavos del olvido?

[Col}> Cuando lo estático no es paz, sino vacío / Soledad Morillo Belloso

21-07-2025

Soledad Morillo Belloso

Cuando lo estático no es paz, sino vacío 

Hay un espejismo peligroso en la inmovilidad, en esa ausencia de perturbación que algunos confunden con paz. Nos acostumbramos a la idea de que la ausencia de ruido es sinónimo de tranquilidad, pero hay silencios que pesan, que ahogan más que el estruendo. Hay momentos en los que lo estático no representa equilibrio ni serenidad, sino vacío.

La historia —tanto la que se escribe en los libros como la que cada individuo esculpe en su alma— está llena de pausas que no fueron descanso, sino abandono. De tiempos en los que se dejó de preguntar, de imaginar, de desafiar lo impuesto. En esos momentos, el aire se torna denso, como si la ausencia de movimiento robara incluso el oxígeno necesario para la reflexión.

El ser humano es, por naturaleza, una criatura de impulso, de búsqueda, de acción. Cuando el pensamiento deja de fluir, cuando la inquietud es sofocada por la apatía, algo esencial se desmorona. Porque la paz verdadera no es la ausencia de conflicto, sino el resultado de su resolución. No es el estancamiento, sino el fluir armónico de ideas, emociones y voluntades que construyen algo más grande que la simple supervivencia.

El peligro de lo estático es que se disfraza de refugio. Nos hace creer que hemos encontrado un lugar seguro, un puerto sin tormentas. Pero si ese puerto nos impide zarpar, si sus aguas se tornan cenagosas por la falta de corriente, entonces no es un refugio, sino una trampa. Y lo que antes fue descanso, ahora es prisión.

La pregunta que debemos hacernos, como individuos y como sociedad, no es si estamos cómodos o si estamos vivos, sino qué clase de vida cabe en lo estático. No si la superficie está en calma, sino si debajo de ella todavía hubiera mareas que impulsen. Porque la vida no es un lago estancado. Es un río en perpetuo movimiento, con corrientes que nos retan, que nos enseñan, que nos obligan a  evolucionar.

El verdadero riesgo no está en el conflicto. Está en lo estático de la  indiferencia. No está en el ruido, sino en la parálisis. Porque lo estático puede parecer paz, pero si ha apagado el pulso, entonces no es más que vacío.

El verdadero dilema no estaba entre votar o no votar.  La esencia del dilema probablemente radicaba en el significado del voto más que en el acto mismo de votar. No se trataba sólo de marcar una casilla con el dedo en una pantalla, sino de decidir si el voto tenía poder real, si era una herramienta de transformación o simplemente una formalidad inocua dentro de un sistema que ya tenía su curso decidido.

Muchas veces, el dilema profundo no está en la acción, sino en la expectativa. ¿Votar significaba elegir o simplemente legitimar lo inevitable? ¿Era una expresión de voluntad o un inútil acto simbólico de resistencia? ¿Qué se decía,  decidía o cambiaba con ir a votar o con no hacerlo? En ciertos momentos de la historia, el voto se convierte en una falsa encrucijada donde la verdadera decisión no está en acudir o no a las urnas, sino en creer o no en que votar es la posibilidad del cambio.

Cuando el voto pierde su capacidad de decidir, deja de ser una herramienta de transformación y se convierte en un ritual sin sustancia.

La democracia no se mide sólo en la existencia del sufragio, sino en el impacto que ese sufragio tiene en la realidad política, social y económica. Un voto que no cambia nada es apenas una sombra de lo que debería ser. Es peligroso porque se presta a trapisondas, genera una falsa sensación de estabilidad, cuando en realidad es apenas una pieza más dentro de un engranaje que ya tiene su rumbo trazado.

Cuando el resultado está determinado antes de que el primer voto sea contabilizado, el ejercicio deja de ser elección y se convierte en imposición y resignación. El ciudadano deja de ser protagonista y pasa a ser espectador atado en la butaca presenciando una obra cuya trama ya ha sido escrita por otros.

La gran pregunta es cómo se revierte esa situación. ¿Cómo se restaura el poder del voto para que realmente decida? Porque si el voto no define el destino de una sociedad, si no puede inclinar la balanza, entonces esa sociedad no  es libre y no decide. Y todo se vuelve estático.

La verdadera amenaza no radica en el fraude explícito o en la represión directa, sino en la indiferencia disfrazada de normalidad que genera costumbre. Cuando el voto deja de decidir, la democracia se convierte en una apariencia, un teatro donde las reglas del juego están escritas de antemano.

Y en ese escenario, el ciudadano corre el riesgo de perder no sólo su voz, sino su fe en la posibilidad de cambio. Su mente se inunda de un pensamiento que se condensa en una muy corta frase: “Esto no tiene remedio”. Porque cuando el destino de una nación se vuelve ajeno a la voluntad de su gente, no hay elección, sólo resignación. Recuperar el poder del voto no es apenas una cuestión política, sino un acto de resistencia contra el vacío, contra la inercia, contra la renuncia a la esperanza.

[Col}> El viento que no responde / Soledad Morillo Belloso

20-07-2025

Soledad Morillo Belloso

El viento que no responde

La soledad no es el vacío de una habitación, ni la quietud que se instala cuando cae la noche. Es un silencio que resuena dentro, una presencia intangible que acompaña incluso en medio de la multitud. Es la certeza de que nadie escucha lo que se grita hacia dentro, la ausencia de un reflejo en la mirada de otro.

Estar a solas es una condición más simple, más tangible. Se puede estar a solas en una casa vacía, en un café cualquiera donde nadie nos conoce, en un camino donde los pasos se mezclan con el polvo y la brisa.

La soledad tiene sombras que alcanzan los rincones donde antes había luz. Es el rumor de una conversación que quedó a medias, el peso invisible de una silla que no se mueve, la huella de unas manos que ya no acarician. La soledad tiene memoria, guarda el archivo de cada instante compartido y lo  despliega como páginas de un libro que nunca se termina.

No todos los días son iguales. Hay días en que la soledad muerde, días en que su peso aplasta el pecho, días en que su presencia se convierte en el único sonido reconocible. Y luego, están los días en que es simplemente un velo tenue, una brisa tibia que toca sin destruir, una compañía que ya no es una extraña.

Estar a solas puede ser una elección, como quien escoge guarecerse en un refugio. La soledad, en cambio, es una tormenta que llega sin preguntar, un invierno sin tregua, un amanecer sin promesas.

La soledad enseña, muchas cosas. A escuchar el propio pensamiento, a entender el lenguaje del viento, a comprender lo que dice el olor del café, es el mensaje que alberga la textura del papel bajo los dedos, lo que vemos cuando cerramos los ojos.

La soledad no pregunta, sólo se sienta en el alma y deja un vacío que ninguna voz logra llenar.

Es el nombre que ya nadie pronuncia, el reflejo que vive en la bruma de la memoria. La soledad no grita, observa en silencio cómo pasa el tiempo. En realidad, no es vacío, es todo lo que ya no está.

Es ese otoño que se queda, aunque el mundo insista en que ha llegado la primavera. Es un diálogo truncado, una pregunta suspendida en el aire, esperando una voz que nunca vuelve. Es ese espacio entre las palabras no dichas. Es una herida abierta que no sangra, un vacío sin pretextos, una penumbra que continúa cuando el día amanece. Es un reloj sin agujas, un calendario sin fechas. Es una carta sin respuesta, un verso incompleto, un poema que nunca encuentra su última línea

La soledad convive con la vida. Se  hace costumbre. Es el viento que no responde. Habla, pero no devuelve palabras. Tiene el poder del silencio. La soledad es un pacto silencioso, una conversación sin palabras entre el tiempo que sigue y la ausencia que pesa. Es aprender a caminar con sombras, a reconstruir espacios sin olvidar lo que los llenó alguna vez. La soledad no pide permiso. Y el alma, poco a poco, aprende a vivir con ella.

Y así, en algún rincón del silencio, descubrimos que aún queda algo por hacer, algo por vivir. Aunque sea distinto, aunque sea frágil. Aunque sea sólo nuestro.

[Col}> Claridad / Soledad Morillo Belloso

18-07-2025

Soledad Morillo Belloso

Claridad

Cierro mis ojos. Veo mejor. No porque la realidad desaparezca, sino porque se transforma. En la oscuridad, los límites se difuminan, los detalles innecesarios se disuelven y lo esencial cobra vida con una claridad inesperada. Es en este espacio donde lo que no se ve con los ojos brilla con fuerza: los recuerdos, los deseos, las verdades que el mundo tiende a ocultar bajo su ruido incansable y las luces que encandilan.

Cierro mis ojos. Las sombras se vuelven contornos suaves, la luz deja de deslumbrar y lo que realmente importa se dibuja con nitidez. Es en este silencio visual donde escucho mejor, donde los pensamientos adquieren forma sin interferencias, donde los sentimientos no tienen que vestirse con ropajes. Aquí veo con el alma, con la intuición, con la sensibilidad.

Y entonces, por un rato con sabor a eterno, me quedo en esta oscuridad voluntaria, en esta pausa gentil donde todo se comprende sin la distracción del mundo visible. Con los ojos cerrados, veo lo que el ruido esconde, lo que las miradas rápidas pasan por alto, lo que sólo el corazón sabe reconocer. Y en ese instante, por fin, veo mejor.

Cierro mis ojos. Las distancias dejan de importar. No hay fronteras entre el pensamiento y la emoción, entre la memoria y la imaginación. Lo que antes parecía lejano ahora está al alcance, lo que creía perdido regresa con una nitidez que no necesita luz para existir.  Las cosas adquieren su verdadera forma, lejos de distracciones que distorsionan.

Las sombras se convierten en refugio en lugar de infundir temor. En ellas se esconde lo que no me atrevo a ver cuando la luz exige respuestas inmediatas. Pero en este espacio sin colores, sin contornos definidos, el tiempo se detiene lo suficiente para que todo se revele sin prisa. Los miedos, las verdades que esquivo, los sueños que olvidé, todos surgen con una dulzura inesperada, como si supieran que  ahora estoy lista para mirarlos de frente.

Cada latido resuena más fuerte, cada pensamiento encuentra su eco sin interrupciones. Y en este silencio, en esta penumbra, comprendo lo que tantas veces pasé por alto. El mundo no desaparece, apenas se transforma en lo que siempre debió ser: un espacio donde el alma por fin puede ver con diafanidad.

Cierro mis ojos. Comprendo que la  visión no depende de la luz, sino de la voluntad de mirar más allá. En esta oscuridad quieta donde el mundo se disuelve y sólo queda la esencia de las cosas, descubro que no necesito ver para entender, que no necesito mirar para sentir. Porque en el silencio de mis ojos cerrados todo lo invisible se revela con absoluta claridad.