[Canarias}> Acerca de ‘Tajogaite’ como nombre a dar al nuevo volcán de La Palma

04 de julio de 2022

La Palma Ahora

‘Tajogaite’ suma el mayor número de apoyos en la consulta popular para denominar el nuevo volcán de La Palma

Volcán de Tajogaite es el nombre elegido por la mayoría de participantes en el proceso que se ha promovido desde el proyecto ‘Revivir El Valle’  para denominar a la última erupción registrada en Cumbre Vieja.

En la consulta  han intervenido casi 4.300 personas, informa ‘Revivir El Valle’ en una nota de prensa. El 35,6% del total optaron por ese nombre, frente al 22,1% que eligió Tagojaite, que resultó la segunda opción más votada.

Por zonas de residencia, el 23,6% de las personas residentes en Los Llanos de Aridane optó por Tajogaite, el 35,4% de El Paso y el 34,3 % de Tazacorte. También Tajogaite fue el preferido por el 32% de residentes en otros municipios palmeros y el 40,7% de quienes participaron con su voto desde fuera de la Isla.

El pasado 30 de junio se cerró el proceso participativo promovido por ‘Revivir El Valle’, mediante el cual se invitaba a la ciudadanía a debatir, complementar o apoyar las ideas de nombre para el volcán que entró en erupción en las estribaciones de Cumbre Vieja el pasado 19 de septiembre de 2021.

El proceso, que tiene validez orientativa, fue planteado de manera que cualquier persona, independientemente de donde viviera, pudiese hacer propuestas en una primera fase; y en la segunda, pudiera apoyar la que le pareciera que mejor respondía a ese objetivo pendiente de ser el nombre del nuevo volcán.

El proceso ha resultado especialmente interesante en su primera fase, en la que participaron activamente casi 40 personas, presentando hasta 10 propuestas diferentes, compartidas mediante la plataforma insular de participación participa.lapalma.es, que culminó con 10 propuestas válidas: Volcán de la Desgracia, Guayota, Cabeza de Vaca, Cabeza Vaca, Cumbre Vieja, Hoya de Las Plantas, Montaña de Tajogaite, Volcán de Tajogaite, Tagojaite o Volcán de Aridane.

Durante los 15 días que duró esta fase, se desarrolló una actividad muy interesante en la plataforma, argumentándose por parte de sus proponentes y de otras personas cada una de las propuestas presentadas.

Hay que destacar que, en ese periodo de tiempo, la única limitación propuesta para presentar y debatir nombres tenía que ver con las faltas de respeto, no censurándose ninguna propuesta por cualquier otra cuestión, se señala en la nota.

Durante la segunda fase se pudieron votar las 10 propuestas presentadas, participando unas 4.300 personas, poco más del 50% residentes en La Palma (16,9% en Los Llanos de Aridane, 9,7% en El Paso, 1,6% en Tazacorte, más un 23,6% de otros municipios de la Isla.

Cabe resaltar la participación de más de 2.000 personas no residentes, lo que refleja el interés del proceso fuera del territorio insular, al comprender un 47,9% del total de votos registrados en la plataforma. En todos los casos la elección mayoritaria ha sido Volcán de Tajogaite.

Con esto, se apunta en la nota, se cierra el proceso participativo de deliberación, en cuya tercera fase se comunicará a la ciudadanía y a todas las entidades y administraciones relacionadas (Gobierno de Canarias, Cabildo Insular, ayuntamientos, IGN, IGME-CSIC, Invocan, etc.) cuál es el resultado obtenido, con la sugerencia de que el nombre elegido sea el que pase a denominar el nuevo volcán.

Queda ahora en manos de las administraciones, pero, sobre todo, de la propia ciudadanía con su utilización, que se denomine como Volcán de Tajogaite al que hasta el momento ha sido el “volcán sin nombre”.

Desde ‘Revivir El Valle’ se agradece a todas las personas participantes su implicación en este proceso, centrando ahora su interés en la difusión más amplia posible de los resultados obtenidos. El informe completo del proceso se podrá consultar en la web www.revivirelvalle.es.

La justificación propuesta

Entre las argumentaciones que defendían esta opción podemos destacar la de Felipe Jorge Pais Pais, licenciado en Geografía e Historia y doctor en Arqueología, así como director del Museo Arqueológico Benahoarita, entre otros cargos, que reúne el conjunto de argumentos que se realizaron en la plataforma para defender ese topónimo.

Decía Jorge Pais: “En nuestra opinión, creemos que el nuevo volcán podría llamarse, perfectamente, Tajogatie puesto que reventó en la Hoya de Tajogaite (Cabezavaca. El Paso). Se trata de un vocablo benahoarita, que presenta otras variantes como Tagojaite y Taguajaite.

En las fuentes bibliográficas consultadas no hemos encontrado datos concretos sobre su significado, y los investigadores se limitan a señalar que puede ser el nombre de una planta perenne (Ignacio Reyes García: El habla prehispánica de La Palma. Estudio histórico-etimológico, (Islas Canarias), 2003, Pp. 139).

Es interesante reseñar que J. Bethencourt Alfonso señala que, en Tenerife, existe el término ‘gaite’ con el significado de torta hecha con harina de raíz de helecho (Historia del Pueblo Guanche, Su origen, caracteres etnológicos, históricos y lingüísticos, Tomo I, (La Laguna), 1991, Pp. 268).

Ambos investigadores parecen coincidir en que el topónimo Tagoja, presente en La Palma en Montaña (volcán) Tagoja (Mirca. Santa Cruz de La Palma) y Fuente de Tagoja (Gallegos. Barlovento), están claramente emparentados con Tajogaite y con un significado muy parecido, por lo que, a modo de hipótesis, se nos ocurre plantear si esa planta no podría ser la helechera (Pteridium aquilinum) cuya raíz se utiliza para hacer el gofio y los bollos de helecho que, además, son muy abundantes en la zona de Tajogaite, así como en la montaña y fuente de Tagoja, cuyos terrenos arenosos y de granzón constituyeron lugares ideales para ser cavaderos de helechos o helecheras.

En La Palma, incluso, los volcanes, pierden su nombre y pasan a ser llamados montañas o, simplemente, con el topónimo del lugar en que reventaron, de ahí que propongamos el nombre de Tajogaite o Montaña de Tajogaite porque es el lugar donde vio la luz, porque no se presta a ningún tipo de confusión y porque, como algunas de las erupciones históricas, tiene una raigambre indígena que puede remontarse a más de 2.000 años de antigüedad”.

Fuente

[Canarias}> 12 curiosidades de Canarias, las Islas Afortunadas

08/07/2022

12 curiosidades de Canarias, las Islas Afortunadas

Muchas son las curiosidades de Canarias, desde por qué se conocen como Islas Afortunadas hasta los aspectos más interesantes de su riqueza natural

¿Por qué se conocen como las Islas Afortunadas? Detrás de esta pregunta ya se esconde una de las muchas curiosidades de Canarias, y es que el origen de esta denominación se relaciona con la mitología de la Antigua Grecia.

En la mitología griega las “Islas Afortunadas” o “Islas de los Bienaventurados” eran el lugar donde las almas encontraban el descanso eterno, caracterizado por paisajes verdes, floridos y soleados, a diferencia del Tártaro, donde iban los condenados a sufrir.

Así bien, en su intento de asignarle a este entorno un espacio real ubicado en su mismo mundo, encontraron unas islas salvajes con tierras fértiles lejos de las columnas de Hércules situadas en el Estrecho de Gibraltar y a las que se llegaba atravesando el Océano Atlántico. Estas islas coinciden geográficamente con la Macaronesia, formada actualmente por las Islas Canarias, Islas Azores, Madeira, Islas Salvajes y Cabo Verde.

Partiendo de este hecho, resaltamos que es difícil recopilar todas las curiosidades de las Islas Canarias, pero en el siguiente listado hemos tratado de reflejar algunos aspectos llamativos, que reflejan las bellezas y sorpresas que encierra el Archipiélago canario.

1. Canarias es la comunidad autónoma con más parques nacionales de España

El Archipiélago cuenta con espacios de un valor natural y cultural altísimo, en los que la singularidad de su flora, fauna y formaciones geológicas constituyen unos entornos que merecen ser conservados y protegidos. Por ello, las Islas Canarias albergan cuatro de los 16 parques nacionales de España, aunque pronto podrían ser cinco, si finalmente declaran en El Hierro el primer parque nacional 100% marino de España.

En la actualidad, los cuatro parques nacionales canarios son: Parque Nacional del Teide, Parque Nacional del Timanfaya, Parque Nacional de Garajonay y Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.

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Entre las curiosidades de Canarias destaca que es la comunidad autónoma de España con más parques nacionales

2. En el Archipiélago canario está el pico más alto de España

El Teide es un volcán ubicado en la isla de Tenerife y cuenta con 3.715 metros de altitud, aunque hasta hace poco se conocía que eran 3.718 metros.

Esto último se debe a que a lo largo de los años son muchas las mediciones que se han hecho del Teide. Hasta la segunda mitad del siglo XVIII se creía que medía más de 4.000 metros, pero en el año 1776 se realizó la primera medición precisa de este volcán y se obtuvo que la altitud era de 3.713 metros, hasta que estudios posteriores determinaron que era de 3.718 metros. No obstante, en 2019 se difundió que la altura es de 3.715 metros, los que oficialmente reconoce el Instituto Geográfico Nacional.

Asimismo, el Parque Nacional del Teide es el más grande y antiguo del Archipiélago canario, con una superficie de casi 190 kilómetros cuadrados repletos de una gran riqueza de especies endémicas de flora y fauna.

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Una de las curiosidades de Canarias es que el Teide es el pico más alto de España.

3. La fábrica de ron más antigua de Europa se encuentra en Canarias

Entre las curiosidades de Canarias también destacamos que en Arucas, Gran Canaria, fue inaugurada, el 9 de agosto de 1884, la que a día de hoy es la fábrica de ron más antigua de Europa, La Fábrica de San Pedro, actualmente conocida como Destilerías Arehucas.

La actividad principal de ‘La Fábrica’ era la producción de azúcar y, como actividad secundaria, contaban con la fabricación de aguardiente de caña y ron. No obstante, las técnicas y el proceso que llevaban a cabo para obtener ron a partir del jugo de caña fueron consolidando el negocio, hasta que en los años 40 nació el Ron Arehucas y, ¡fue todo un éxito!. Finalmente, en 1965 pasó a llamarse Destilerías Arehucas.

Actualmente, esta fábrica de ron ofrece visitas guiadas para conocer el proceso de elaboración de los rones, su historia y sus instalaciones, que cuentan con más de 4.000 barricas de roble americano.

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Destilerías Arehucas es la fábrica de ron más antigua de España. Curiosidades de Canarias

4. Esconde uno de los mejores sitios de Europa para ver las estrellas

La atmósfera de La Palma es especial. En 2012, la UNESCO declaró la Isla como la primera Reserva Starlight, por lo que se reconoce como un área natural protegida que favorece la apreciación del cielo nocturno, dado que la contaminación lumínica es mínima. Tanto es así que, en La Palma, hay 16 miradores astronómicos caracterizados por contar con las mejores vistas.

Por su parte, es el Observatorio Astrofísico Roque de Los Muchachos, situado en La Palma a más de 2.300 metros de altitud, desde donde los expertos visualizan las estrellas. La calidad de estas observaciones es excepcional, gracias a que la atmósfera de La Palma es estable y clara y, además, disponen de la ayuda del mayor telescopio óptico e infrarrojo del mundo, así como de una veintena de otros telescopios.

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Observatorio Astrofísico Roque de los Muchachos, La Palma. Curiosidades de Canarias

5. En Tenerife se encuentra uno de los tubos volcánicos más grandes del mundo

El tubo volcánico más grande de la Unión Europea y el quinto del mundo, tras los cuatro primeros situados en Hawaii, está en Canarias, concretamente en Icod de los Vinos, un municipio del norte de Tenerife en el que, además, encontramos el famoso Drago Milenario.

La Cueva del Viento es una cavidad volcánica de unos 18 kilómetros topografiados, sin contar los que quedan por explorar. Ésta se formó hace 27.000 años en lavas basálticas procedentes de la primera fase eruptiva del volcán Pico Viejo, ubicado junto al Teide.

Además, la Cueva del Viento, que recibe su nombre por las corrientes de aire que se forman en su interior, destaca por sus características geomorfológicas, su fauna subterránea en la que se incluyen 92 especies conocidas, mayormente invertebrados, y por la variedad de restos fósiles encontrados de animales ya extintos.

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Cueva del Viento, Tenerife. Curiosidades de Canarias. | Sergio Méndez

6. El primer museo submarino de Europa está en Canarias

El Museo Atlántico se inauguró en 2016 en Lanzarote, en una zona protegida en Playa Blanca, a una profundidad de entre 12 y 14 metros, un entorno que resaltamos entre las curiosidades de Canarias por su creatividad.

Éste es el único museo subacuático en Europa, y su artífice es el artista Jason deCaires Taylor, creador del primer parque de esculturas submarinas del mundo que hizo en el Caribe y al que le siguió otro en México.

El Museo Atlántico se creó como un enorme arrecife artificial y está formado por diez grupos diferentes de esculturas con las que Taylor quería reflejar la belleza del mundo submarino. Esta obra de arte se puede ver durante una excursión de buceo organizada por alguno de los centros de actividades acuáticas de la zona.

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Otra de las curiosidades de Canarias es que alberga el primer museo submarino de Europa, el Museo Atlántico en Lanzarote

7. El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife es Fiesta de Interés Turístico Internacional

El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife es la única festividad de las Islas declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional y uno de los cuatro que reciben esta consideración en España, compartiendo reconocimiento con el Carnaval de Cádiz, el Carnaval de Badajoz y el Carnaval de Águilas (Murcia).

Es el segundo carnaval más popular y conocido internacionalmente, después del de Río de Janeiro, incluso ha batido en dos ocasiones récords mundiales de asistencia con las actuaciones de Juan Luis Guerra en 2019 y la de Celia Cruz en 1987.

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Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Curiosidades de Canarias. | Fran Pallero

8. El Archipiélago canario alberga el hotel más pequeño del mundo

¿Conoces el hotel Puntagrande? Este pequeño hotel de 600 metros cuadrados está situado en El Hierro y figura en el libro de los Guinness World Records como el hotel más pequeño del mundo, una de las muchas curiosidades de Canarias.

Al estar ubicado en una lengua de piedra lávica bañada por las aguas del océano Atlántico, las vistas al mar están aseguradas, así como una experiencia tranquila y relajante, pues dispone únicamente de cuatro habitaciones dobles.

Asimismo, este emblema de la isla de El Hierro fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Sitio Etnológico por el Consejo de Gobierno de Canarias en 2018.

Además, entre sus atractivos destacan las reliquias marinas que decoran el interior, como el telégrafo del viejo barco postal Viera y Clavijo, los ojos de buey de inspección empleados como base para las mesitas de noche o las lámparas de viejos barcos de pesca que cuelgan del techo. También, en una de las paredes han dispuesto una colección de matrículas doradas y plateadas de viejos barcos, entre las que está la del barco Ángela Pando, hundido en la costa de Gran Canaria.

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Hotel Puntagrande en El Hierro, el más pequeño del mundo, una de las curiosidades de Canarias

9. En sus tierras está el drago más longevo conocido

Otra de las curiosidades de Canarias es el origen mitológico de sus dragos. Según la mitología griega, en el Archipiélago se escondía el Jardín de las Hespérides, el huerto de la diosa Hera en el que había un manzano con fruta dorada que otorgaba la inmortalidad a aquéllos que probaran esa fruta. Éste estaba custodiado por Ladón, un dragón de cien cabezas a quien Hércules mató y de cuyas gotas de sangre brotaron los dragones o árboles conocidos como dragos.

Y no sólo encontramos esta maravillosa leyenda, sino que en Canarias además contamos con el Drago Milenario, un ejemplar de entre 800 y 1.000 años, el más antiguo de su especie. Este árbol, declarado Monumento Nacional en 1917, está situado en Icod de los Vinos, un municipio del norte de Tenerife que alberga una gran riqueza natural.

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Entre las curiosidades de Canarias encontramos el Drago Milenario de Icod de los Vinos

10. El silbo gomero está declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

El lenguaje silbado de las Islas Canarias es el único que se conserva en la actualidad y cuenta con miles de años de historia. Lo crearon los aborígenes canarios y se utilizaba principalmente en La Gomera, El Hierro, Tenerife y Gran Canaria.

En La Gomera, isla que favorece su práctica gracias a sus montañas y barrancos, es donde mayormente se ha mantenido este lenguaje, de ahí que se conozca como ‘silbo gomero’, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2009.

El silbo gomero sirve para comunicarse a varios kilómetros de distancia, y en su origen reproducía el idioma de los guanches, el bereber canario, mientras que hoy en día reproduce el castellano, aunque se cree que podría emplearse con cualquier otra lengua del mundo.

Así bien, es destacable que el silbo gomero requiere de una gran técnica, pues traduce el lenguaje vocalizado a través de silbidos que se distinguen por su tono y su interrupción o continuidad. Incluso, en La Gomera, encontramos el Monumento al Silbo Gomero, un hombre de hierro que silba al horizonte y que homenajea este lenguaje único de Canarias.

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Monumento al silbo gomero. Curiosidades de Canarias

11. Las Islas han sido escenario de infinidad de películas y series de TV

El encanto de las Islas Canarias atrae a productoras que hacen del Archipiélago el escenario de sus películas y series de televisión.

Sin ir más lejos, en mayo de 2022, la Finca San Miguel, en La Orotava, acogió la grabación de la serie ‘Montecristo’, protagonizada por el popular William Levy. También, en este mismo mes, las Torres de Santa Cruz se convirtieron, durante varios días, en el plató de la serie ‘Jack Ryan’.

Asimismo, no nos podemos olvidar de la serie ‘Hierro’, un drama criminal rodado íntegramente entre Tenerife y El Hierro en 2018 (primera temporada) y 2020 (segunda temporada). 

Siguiendo esta línea, los rodajes de películas como ‘Fast & Furious 6’, ‘Furia de Titanes’ e ‘Ira de Titanes’, la última película de la saga Bourne o la quinta y última película de la famosa saga de Rambo, no han pasado desapercibidos en las Islas, así como muchas otras grabaciones de películas y series de fama internacional.

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Rodaje de ‘Fast & Furious 6’ en Tenerife. Curiosidades de Canarias. | DA

12. La bandera de Canarias está entre los emoticonos de WhatsApp

Entre los iconos de banderas de WhatsApp encontramos otra de las curiosidades de Canarias, la existencia de un emoticono de la bandera de las Islas.

Sí, Canarias tiene un emoji de su bandera en WhatsApp, pero lo más curioso es que las otras comunidades autónomas no aparecen. Esto se debe a que el Archipiélago canario tiene singularidades en lo referente a Aduanas por su lejanía del continente europeo contando, por ello, y por petición expresa de la Organización Mundial de Aduanas, con su propio código (IC), referencia en la que se basa Unicode para crear los emoticonos de las banderas que, al detectar el código de Canarias de forma aislada, lo incluyó como si de un país más se tratara.

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En el listado de curiosidades de Canarias también encontramos que en WhatsApp está la bandera del Archipiélago

Fuente

[Canarias}> El Garoé, el árbol que aliviaba la sed

El Garoé, el árbol que aliviaba la sed

Todo saltó por los aires por culpa de una chiquilla enamorada. Lo que sea, pensó, incluso la traición a su pueblo, con tal de retener a su lado a aquel soldado andaluz que había desembarcado hacía dos semanas en su isla. Quería salvarlo de la muerte por sed, porque en aquel lugar oceánico, bello y volcánico, el ejército invasor empezaba a rendirse incapaz de encontrar agua para beber; aquella tierra carecía de manantial, río o pozo alguno

[Canarias}> Más lejos, mucho más rápido y durante más tiempo: así llegó el tsunami de Hunga-Tonga a Canarias

Más lejos, mucho más rápido y durante más tiempo: así llegó el tsunami de Hunga-Tonga a Canarias

«El tsunami causado por la propagación de las ondas atmosféricas se propagó desde el Pacífico al Atlántico, llegando a Canarias más rápido que si hubiera tenido que rodear Sudamérica, como hubiera hecho un tsunami ‘normal», explica«el coautor del estudio, Pablo J. González, del grupo de volcanología del IPNA-CSIC, en La Laguna, Tenerife

[Canarias}> Islas Canarias, el lugar donde están los cielos más limpios de toda Europa para ver las estrellas

Islas Canarias, el lugar donde están los cielos más limpios de toda Europa para ver las estrellas

El cuidado del planeta se ha convertido en uno de los grandes intereses de la sociedad, cada vez más sensibilizada con las emisiones de gases contaminantes. Ante ese escenario, las Islas Canarias han destacado por ser uno de los  lugares más afortunados en su climatología, lo que contribuye a disfrutar incluso de la observación del firmamento

[Canarias}> La odisea atlántica de Antonio Acosta Hernández / Agustín Gajate Barahona y Ángela Ciprián Ramírez

06-06-2022

Agustín Gajate Barahona y Ángela Ciprián Ramírez

La odisea atlántica de Antonio Acosta Hernández

Ernest Hemingway se inspiró en la vida de un emigrante canario, el lanzaroteño Gregorio Fuentes, para escribir la novela ‘El viejo y el mar’, considerada la mejor de su producción literaria y que resultó galardonada con el Premio Pulitzer y que también decantó la concesión del Nobel a su favor al año siguiente de su publicación.

Antonio Acosta Hdez. y familia

Antonio Acosta Hernández junto a su esposa, Ana Rita García y, detrás, en un cuadro con sus hijos

Pero Gregorio Fuentes no es el único emigrante canario cuya vida merecería la publicación de un libro de éxito, porque las experiencias y actitudes ante la adversidad de muchos de estos emigrantes pueden ser fuente de inspiración no sólo literaria, sino un ejemplo a seguir para las generaciones presentes y futuras, por los valores de lucha y perseverancia que caracterizan sus trayectorias.

Éste es el caso de Antonio Acosta Hernández, un palmero de Los Llanos de Aridane nacido en 1936, año de comienzo de la Guerra Civil en España, y que, después de 86 intensos años, reside en la localidad de Constanza, en la República Dominicana, donde recaló en 1955 después de un infernal y dramático viaje en la que constituiría la última singladura de un trasatlántico que no lo era y que llevaba por nombre ‘España’.

Todo comenzó en una de las visitas que realizaba a con frecuencia a Tijarafe,

«… porque tenía un amigo que se había casado con una chica de allí y solía ir a verle los domingos con otros amigos, cosas de jóvenes. Cogíamos la guagua por la mañana en Los Llanos, pasábamos el día y volvíamos por la tarde. Un fin de semana conocí a Feliciano, que era analfabeto, pero era poeta y de cualquier cosa te sacaba una poesía y no sabía ni leer ni escribir, por eso era desconfiado como él solo, porque los analfabetos son muy desconfiados. El tenía los papeles del contrato que mandó Trujillo para ir allá y estábamos junto con uno al que llamaban Bernabé, ya fallecido, y varios más del grupo con el que siempre nos juntábamos, y uno dijo “Vámonos pa’Santo Domingo” y preguntamos “¿Y dónde queda eso?” Y nos dijo pa’América’ y ninguno sabíamos dónde quedaba, aunque algo si me sonaba porque yo tenía una colección de estampas de unos cigarrillos con imágenes de cada país de Latinoamérica, Centroamérica y el Caribe. Cada estampilla contenía una breve historia de cada isla y lo que producía, lo que exportaba, la cantidad de habitantes, etcétera y por eso me sonaba algo. Me dijeron “mira el contrato” y me pareció una maravilla».

La odisea de Antonio Acosta Hernández está ligada al acuerdo alcanzado entre dos dictadores: Rafael Leónidas Trujillo Molina —nieto del sargento grancanario José Trujillo Monagas—, que aterrorizó a los habitantes de República Dominicana desde la cúpula del poder entre 1930 y 1961, e incluso antes, y el gallego Francisco Franco Bahamonde, que se proclamó caudillo de España en 1936 y detentó el cargo hasta su muerte, en 1975.

Trujillo visitaba España durante la primavera de 1954, de camino a la Ciudad del Vaticano, donde firmaría un concordato con la Santa Sede, similar al que había suscrito España un año antes, para legitimar y sacralizar la dictadura. Entre otros lugares, recorrió parte de la Comunidad Valenciana, donde quedó admirado por la laboriosidad de los campesinos en los campos de arroz y por el cuidado de las explotaciones hortofrutículas.

Desde los 16 años, Antonio Acosta Hernández quería ir a Venezuela «porque el papá mío se había ido a Venezuela, y desde entonces estaba yo arreglando papeles para ir, y cuando los tenía arreglados él tuvo un problema allí, porque parece que había llegado enfermo.

Ese domingo, Bernabé y Feliciano me dijeron a mí: “Si tú te vas, nos vamos contigo, los tres juntos, ¡decídete!”. No estaba yo muy convencido, pero seguimos hablando y me insistieron: “Vamos mañana para Santa Cruz de La Palma, para el consulado, nos vamos los tres juntos y de ahí (República Dominicana) para Venezuela”.

En esa época tenía yo 19 años y al final me decidí y les dije: “Pos vamos pa’llá a arreglar los papeles”. Estaba yo dentro de quintas, porque cuando cumplías 20 años no te dejaban viajar porque había que hacer el servicio militar y, por eso, tuve que pagar un dinero, pero podía salir. Poco después me mandaron el certificado con la cartilla y el destino asignado: África, pero me libré”.

Para el desarrollo del proyecto migratorio de españoles hacia la República Dominicana, Franco y Trujillo acordaron poner al frente del mismo en España a Manuel Fernández Cámara, un oscuro policía español que ejerció de escolta del dictador dominicano y que fue encargado de reclutar españoles a través de un nuevo cargo: Delegado de Inmigración del Gobierno Dominicano, a través del cual convencería primero a agricultores de Burgos y Valencia para que hicieran las maletas rumbo al Caribe.

Para conseguir su propósito, les ofrecía un paraíso tropical en el que dispondrían de una casa llena de comodidades y entrega gratuita de tierras, junto a los aperos y enseres agrícolas necesarios para el cultivo, semillas y la garantía de la adquisición de las cosechas a precios de mercado y en una  moneda, el peso dominicano, que se equiparaba en aquellos momentos al valor del dólar estadounidense.

Además, hasta que se recolectase la primera cosecha, las autoridades dominicanas entregarían un subsidio a los emigrantes españoles, les pagarían el viaje de ida y vuelta, con la certeza de poder retornar con una gran suma de dinero en uno o dos años.

Los trámites

Antonio Acosta Hernández y sus dos amigos, Bernabé y Feliciano, se preparaban para viajar en la segunda expedición, pero antes debían realizar los trámites. Acordamos vernos en la plaza (de Los Llanos) para salir en la guagua de las 7 de la mañana que iba a Santa Cruz de La Palma, y yo regresé a casa y, cuando a la mañana siguiente me llama la mamá mía para despertarme para ir al trabajo, le dije:

“Yo no voy hoy a trabajar, me voy pa’la capital con fulano y fulano, que vamos a arreglar los papeles para ir a Santo Domingo”.

“¿Cómo que pa’Santo Domingo? ¡Estás loco!”, me dijo mi madre, y yo le contesté: “Ya me decidí y me voy!”.

Me levanté, me puse la ropa y nos fuimos pa’llá. Cuando llegamos a Santa Cruz de La Palma nos dirigimos al consulado y el cónsul se reúne con nosotros, pero no sólo con nosotros tres, sino con muchos más que querían ir. Allí conocí a uno de Los Llanos al que le decían Adiel y que tenía 17 años, un muchachito, y a unos cuantos más, incluso a uno que había hecho el bachiller.

Allí había también policía de allá que nos ponía todas las dificultades, porque Franco le dijo a Trujillo que no se podía obligar a nadie a venir, y por eso la policía nos ponía trabas para saber quien no era bueno, porque en esa época Santo Domingo no era rentable tampoco, a pesar de que el peso dominicano estaba respaldado por el dólar.

Ahí nos fajamos y coincidimos con uno que era sobrino de un teniente de la policía dominicana, y nos juntaron a nosotros tres con ese en un cuarto, donde nos desnudaron y nos dejaron en cueros. Nos miraron y nos ponían en un informe todo lo que veían, hasta si teníamos una cicatriz o una mancha de nacimiento y dónde estaban.

Entonces el tío le dice al sobrino: “¿A dónde creen que ustedes van? ¿Ustedes son locos? ¡No saben que en Santo Domingo no se produce nada! ¡Aquello es un desierto! ¡Vuelvan pasu casa! ¡No vayan a Santo Domingo!”. Porque sabía la fama que tenía Trujillo en aquella época. Pero no nos convenció, y los cuatro insistimos en viajar y por eso nos advirtió: “¡No digan nada de lo que yo les dije aquí! Porque, si yo me entero de algo de eso, las van a pasar mal, porque yo no puedo decirles a ustedes esto, pero yo conozco lo que hay allí”. Éramos unos jóvenes locos.

Tras arreglar los papeles, los cuatro marcharon para Tenerife, “donde estuvimos cerca de un mes, porque el barco se retrasó, y nos alojamos en una pensión que se llamaba Trujillo. Allí conocimos a unos venezolanos que habían llegado y entablamos conversación con ellos porque nuestra idea seguía siendo ir desde Santo Domingo a Venezuela. Tanto Adiel como yo teníamos tíos en Venezuela, yo, en concreto, un hermano del papá mío”.

El gobierno dominicano había comprado un barco de construcción británica que había navegado con el nombre de ‘Canberra’ en las líneas de Australia, al que rebautizó como el ‘trasatlántico España’ para trasladar a los emigrantes. Cuando en este barco llegó a Puerto Trujillo el 8 de enero de 1955 la primera expedición (Santo Domingo se denominaba entonces como Ciudad Trujillo) oficialmente con 756 españoles a bordo, dos de ellos nacidos durante la travesía, nada hacía sospechar a los próximos viajeros que la nueva singladura, con Antonio Acosta Hernández y sus amigos incluidos, iba a ser la última del buque.

Primeros problemas a bordo

“Cuando por fin llega el barco resulta que venía pasado de pasajeros. A nosotros nos dejaron arriba, en cubierta, no teníamos camarote y teníamos que dormir en tumbonas o hamacas como las de las playas sonde se pone la gente a tomar el sol. Allí en cubierta dormíamos entre cincuenta y sesenta, pero nos dijo un dominicano que trabajaba en el barco que estábamos mejor arriba que en los camarotes, porque en cuanto llegáramos al Caribe no iban a poder aguantar el calor que haría dentro. Las maletas y pertenencias que llevábamos sí las pudimos guardar en el camarote de un amigo”, explica Antonio Acosta Hernández.

Pero aquello sólo era el comienzo de un cúmulo de adversidades. “En aquel viaje las pasamos todas. En España se llegó a decir que el barco se había hundido, porque la travesía eran siete días y nosotros estuvimos navegando casi un mes (quince días, según las fuentes oficiales).

Pienso que quizá el capitán y la tripulación no estaban acostumbrados a manejar ese tipo de barco, porque pararon en Tenerife a surtirse de combustible y de todo lo necesario para el viaje que realizábamos, entre pasajeros y tripulantes, unas mil doscientas personas. Pero parece que no cargaron suficiente agua y cuando llegó la hora de la salida el buque no había terminado de aprovisionarse, ya que tenía que salir al mediodía y salió a las 11 de la noche del 20 de mayo”.

Los verdaderos problemas comenzarían cuando, a mitad de la travesía, se acabó el agua potable. “No se tomaron medidas, y había gente que dejaba las llaves de los grifos abiertas. Ibas al baño y veías siempre un reguero de agua que se iba por el sumidero y no pusieron control a todo aquello y debieron entonces de llenar los tanques con agua salada, porque ibas a lavarte y salía agua salada, ibas a beber y lo mismo. Lo único que no estaba salado era el vino que le daban a uno con la comida.

Afortunadamente, la mayoría de emigrantes que íbamos en el barco llevábamos maletas con comida, comida seca y también alguna bebida. Hasta mi madre me metió comida en la maleta. Nuestro grupo se metía en el camarote del amigo donde teníamos el equipaje y comíamos aquella comida y compartíamos las bebidas que cada uno llevaba: unos, licores, otros, vino, otros ,parra, pero comíamos y bebíamos controlando, porque no sabíamos lo que podía suceder en adelante”.

Antonio Acosta Hernández cree que llegaron a meter agua salada en las calderas, porque se produjo a bordo la explosión de una de ellas, lo que trajo como consecuencia que “el barco se inclinó para un costado de tal manera que no podías caminar por cómo estaba ladeado. Cuando todo eso sucede aquello se complicó, porque veías a gente que se caía al suelo deshidratada y ya no había ni comida, porque estaba podrida y no había quien la comiera. Había un agua a la que le echaban unas pastillas y se quedaba medio salobre y hasta ese agua se terminó”.

Cerca del Canal de la Mona, que separa Puerto Rico de República Dominicana, cuando se podían atisbar las luces de Puerto Rico “nos mandan a que todo el mundo se meta para abajo, no sé si pensaban hundir el barco o qué pensaban hacer, porque en el barco había marinos y militares, algunos oficiales de la Marina Española, y cuando dieron esa orden a los emigrantes nos advirtieron de que tuviéramos cuidado y que fuéramos pa’cubierta, porque lo que querían hacer era trancarnos abajo, aunque lo que nos decían es que querían tener espacio libre para hacer una maniobra.

Pero las lanchas ya las tenían preparadas y, por eso, los militares españoles situaron en cada lancha un emigrante que sabía de eso, y todo el mundo fue pa’rriba. Luego nos pidieron que fuéramos todos hacia el otro costado del barco para intentar equilibrarlo, pero ya nadie hacía caso. Entonces explotaron dos calderas más y ahí el barco se enderezó un poquito más.

No había comida ni agua, no había comunicación porque se dañó todo el sistema eléctrico. En el Canal de la Mona se sufrió mucho, porque el barco no podía desembarcar en Puerto Rico porque venía pasado de personas y eso podía acarrear una multa enorme y las cosas con Trujillo no eran fáciles”.

El tiempo que estuvo el barco parado en el canal, estimado entre 24 y 48 horas, pareció eterno hasta que “vino desde Puerto Rico una avioneta de reconocimiento, y entonces unos tripulantes subieron a cubierta y comenzaron a hacerle señas con banderas desde lo alto.

La avioneta dio como tres vueltas y a la segunda les envió una señal como que les había entendido y después regresó en dirección a Puerto Rico. Después de aquello, al amanecer del día siguiente vinieron dos fragatas de Puerto Rico a darnos agua. Nuestro grupito, con el licor que bebíamos y la comida, conseguimos mantenernos, pero daba pena ver a la gente así, peleándose los unos con los otros por un cubo de agua que enviaban desde las fragatas, que se situaron una a cada lado y que también lanzaron mangueras para suministrar agua.

Cuando la situación se normalizó, de República Dominicana mandaron un remolcador y dos fragatas de guerra, que nos llevaron pasta de dientes, jabón y algunas cositas más para cada uno. Desde ahí nos remolcaron a Santo Domingo, al río Ozama, y de ahí nos pasaron a la catedral, fuimos a misa, y al salir nos esperaban unas guaguas”.

Trujillo, que ejercía el terror más absoluto entre una población multirracial, pretendía repoblar República Dominicana con dos millones de extranjeros, entre los que se encontraban no sólo los españoles, sino también alemanes, italianos, húngaros y japoneses, algunos de los cuales dejaron su descendencia en diferentes lugares de la isla.

Se da la circunstancia de que los japoneses compartirían colonia con algunos canarios en Constanza y Jarabacoa, incluso algunas familias se quedaron tras la muerte de Trujillo, ya que la mayoría fueron repatriadas y muchas otras reubicadas en diferentes países de América Latina.

Cambio de planes

Estaba previsto inicialmente que los canarios de la segunda expedición fueran a Constanza junto con los gallegos, mientras que para Nagua iban los valencianos y burgaleses, “donde ya había valencianos y burgaleses de la primera expedición, porque nosotros no sabíamos de arroz ni habíamos visto nunca una mata de arroz ni de maní ni de nada de eso. Nosotros sabíamos de guineo (plátano tipo canario) y de papas.

Pero dentro de aquella expedición española venía un cura jovencito valenciano que sabía ya algo y lo cambió todo y nos envió a los canarios para Baoba del Piñal (término municipal de Nagua, provincia de María Trinidad Sánchez), que era el sitio más malo, y los otros vinieron pa’Constanza.

De Santo Domingo para allá nos llevaron en dos fragatas de guerra hasta Samaná, a la ciudad de Sánchez. Cuando nos apean en Sánchez nos esperan guaguas y camionetas, donde nos subimos y nos trasladaron por caminos, porque no había carreteras”.

Recuerda Antonio Acosta Hernández que llegaron a Nagua por la noche, “que sería para que no la viéramos, y hasta la guagua se averió en el camino y tuvimos que seguir a pie. Lo que más me extrañó a mí es que veía a la gente descalza, vestida sólo con un pantalón corto y sin camisa, alguno llevaba incluso un revólver enganchado en la cintura, y desde que nos veían se escondían, como si fuéramos extraterrestres. Antes de llegar a Nagua, nos llevaron a un lugar a la orilla del mar, donde había unas enramadas grandes y donde nos dieron comida. Desde allí nos trasladaron a las colonias por grupos: unos a Vitalina, otros a San Rafael y a Santa María, donde nos mandaron al grupo de 48 canarios y donde comimos, de noche, sin luz y alumbrados sólo con lámparas”.

Cada inmigrante agrícola firmaba en España un contrato por el que se le pagaba el transporte hasta República Dominicana y se le ofrecía sufragar el coste de la repatriación, en caso de no adaptarse en el destino asignado, dentro de una colonia que disponía, en teoría, de una casa para cada uno, aperos de labranza, un mulo, una parcela de tierra roturada y sembrada para la primera cosecha de cincuenta tareas, equivalente a 3,1 hectáreas, así como abonos y un subsidio hasta que consiguiera la primera cosecha.

Cualquiera podía rescindir su contrato cuando lo pidiese formalmente, y varios centenares lo hicieron ante la precariedad que encontraron, pasando a residir libremente dentro del país tras cumplimentar diferentes trámites y a colocarse en otros oficios con mayor o menor éxito, lo que provocó que muchos acudieran a la Embajada Española en busca de auxilio ante la falta de ingresos y a haber perdido el derecho a repatriación sin coste por haber rescindido anticipadamente su contrato.

A los canarios les aseguraron que en Santa María había 48 casas “y nos metieron a todos en un volteo (camión con volquete) que rodaba por caminos, porque no había carreteras, hasta que llegamos y nos meten a seis en cada casa. Nosotros ya éramos un grupo de cuatro palmeros, al que se habían incorporado dos hermanos más con los que hicimos amistad, uno de los cuales era boxeador de peso liviano, pero allí mezclaron canarios con gallegos, que los había muy brutos.

A la mañana siguiente, cuando amanece y vemos todo aquello: monte y desierto, monte y desierto… Y un camino que hicieron con grava. No teníamos nada, así que de pronto veías a uno con un colchón al hombro, a otro con caldero o con otra cosa, agarrábamos lo que pillábamos hasta que nos fuimos organizando entre todos. En Nagua nos habían dado quince pesos a cada uno, medio peso diario para el primer mes, y por la mañana nos llevaban leche: una botella para cada uno. Con eso subsistíamos como podíamos”.

Aunque los buldóceres llegaron para preparar la tierra para la siembra, no había agua para regar. “En Payita sí consiguieron hacer riego los matrimonios valencianos que habían venido en la primera expedición, sacando canales de los ríos y prepararon tierra arrocera, pero lo nuestro era todo secano. Luego nos llevan unos mulos muy mañosos, que me subí a uno de ellos y salió pa’un lado y yo salí de cabeza pal’otro.

¿Qué sabía yo de bregar con mulos? Otros sí, pero yo no. Pero ahí comenzamos y nos dieron semillas de maní (cacahuete) y sembradoras de maní. Algunos hicieron rastras y otras herramientas con hierros, maderas y cosas, que nos íbamos prestando unos a otros, y si uno podía la compraba, así nos fuimos equipando. El saco de maní se pagaba entre los seis y ocho pesos.

Recuerdo que en la primera cosecha cogimos doscientos sacos y las siguientes fueron de 300 y 400, pero en la última cogimos 800 sacos y la manisera no compraba ya más que una parte de tanto que producíamos”.

Perspectivas de progreso con detenciones

Antonio Acosta Hernández y los demás canarios comenzaron a prosperar:

«Con 26 pesos me compré yo una novilla que estaba preñada y era un precio caro, porque la libra (453,6 gramos) de carne costaba entre 8 y 10 pesos.

En la segunda cosecha de maní —en la finca de nosotros, donde teníamos las parcelas que nos dieron, porque había parcelas que no se sembraban porque eran malas—, había un monte y nos fajamos ahí para tumbarlo, un monte con piedras donde pusimos una cerca e hicimos carbón durante dos o tres años y lo vendíamos.

En esa segunda cosecha de maní, fui a la manisera a entregar el maní y me encontré con uno que había sido teniente de la Policía en España y al que la guardia de República Dominicana lo estaba persiguiendo para deportarlo para España por comunista, porque allá desde el momento que protestabas o decías algo contra Trujillo eras comunista.

A la colonia llegaba por la noche en algunas ocasiones un catarey (un camión grande que se utilizaba en los ingenios) con guardias, que, de acuerdo con el capataz y el jefe de la colonia, llamaban a gente, le ordenaban que subiera al camión y se la llevaban. Y había gente que tenía las parcelas próximas a recoger la cosecha de maní y tenían que dejarlo todo.

Recuerdo una vez en Santa María dos catarey a los que estaban subiendo gente a eso de las 7 de la noche, y vienen tres canarios que me dijeron que les acompañara para volver deportados a España, porque era mejor entonces que esperar a después, y se fueron con aquéllos dejando las tierras sembradas, porque habían venido juntos y querían volverse juntos. Eso pasaba todos los meses, cada vez que se aproximaba un barco, porque no sabíamos a quiénes iban a llevarse».

Aún a riesgo de ser deportado, Antonio Acosta Hernández no dudó en ayudar a quien se lo pedía.

«A ese teniente le habían dicho que lo buscaban y ya había cosechado el maní, pero tenía que esperar a solearlo porque todavía estaba verde. Él le había dado dos soles, y la manisera se había comprometido a pasar a recogerlo después, pero ya lo andaban buscando y él se escondía en la playa, a la orilla del mar. Me llamó el encargado de la manisera, un muchacho joven, a donde había ido para entregar la cosecha y me llevó a un cuarto y me dijo que cerrara la puerta porque estaba aquel teniente, y me dijo que iba a recibir el maní de él mañana, a primera hora, porque no podía recibirlo hoy: ‘Mañana vamos a pesar el maní y tú le das el dinero’.

Y yo le dije: ‘Si es así, no tengo inconveniente. Yo le doy los cuartos’. Y así lo hice y a ese hombre se le cayeron las lágrimas. Me lo agradeció y me dijo que llevaba tres días que casi no comía. Y después de aquello, ya con el dinero de la cosecha en la mano, se fue pa’ Santa María a entregarse».

Otro episodio de tensión sucedió cuando un grupo de gallegos se rebeló porque afirmaban que le echaban agua a la leche.

«Un día, cuando la fueron a entregar, unos dijeron: ‘Aquí nadie va a recoger esa leche hoy, porque aquí no queremos agua, queremos leche. Y aquí nos están dando agua por leche’. Y vaciaron tres cubos de leche en la misma calle y la gente dominicana decía: ‘¡Ustedes son locos, ustedes son locos!’.

Después de aquello vino de allá el jefe encargado de la colonia con un contingente de guardias o policías, dos camiones e hicieron una reunión con todo el pueblo y comenzaron a discutir y agarraron a aquellos gallegos y los obligaron a subir.

También había uno que era asturiano y era catedrático, y su padre era dueño de hoteles en España y él tuvo un problema con la familia, ya que la administración de la empresa se la dieron a un hermano más joven que él y por eso se marchó a andar por el mundo y los papás se enteraban por las embajadas españolas a los sitios que iba. Había estado en Brasil, Colombia, Puerto Rico y Venezuela, y cuando llegó aquí, ya no le dejaron salir por lo que sabía y Trujillo lo quería tener controlado.

Cuando hicieron el Hotel Jaragua, la Feria de la Paz y toda la remodelación de esa zona de Santo Domingo, le ofrecieron trabajo en el Hotel Embajador como intérprete y dijo que no, porque lo que quería era irse, pero no lo dejaron salir hasta que mataron a Trujillo y, justo al día siguiente, se fue. Él andaba por la colonia con sólo un pantalón y sin camisa, y todo negro y quemado por el sol».

Dificultades históricas

Los asentamientos canarios en República Dominicana fueron siempre complejos y estuvieron rodeados de dificultades para los emigrantes, como refleja el historiador Manuel Hernández González en su libro ‘El sur dominicano (1680-1795)’, donde en su página 172 escribe:

“El 12 de abril de 1689 arribó a Santo Domingo, procedente de Las Palmas, el navío de registro del comercio canario-americano propiedad de Miguel Jorge Roncales, con 20 familias que fueron destinadas por real orden para el crecimiento de la villa de San Carlos de Tenerife. (…) Los distribuyó entre los vecinos de esa localidad, les proporcionó 300 pesos, 3 a cada uno, que aportó la ciudad, la tierra y 3 herramientas (hacha, marraco y azada) a cada cual”.

Aunque no fueron esas las condiciones acordadas, como refleja el mismo investigador en dos páginas después:

“En 1709 el cabildo sancarleño seguía reiterando el incumplimiento de la promesa regia efectuada en las Islas, al momento de partir, de proporcionarles todo lo necesario, como eran tierras, herramientas y el sustento por seis meses. (…) El problema de la tierra ya parcelada y con propietarios que alegaban hipotéticos derechos de propiedad sobre terrenos que jamás habían puesto en explotación fue siempre un serio inconveniente que pesó sobre los colonizadores canarios en el Santo Domingo colonial”.

Este historiador asegura que “siempre hubo canarios en La Española desde el siglo XVI, pero una emigración sistemática y masiva no comienza hasta 1684, con la fundación de San Carlos de Tenerife, por un lado, y con Bánica por el otro; que se extiende después con el repoblamiento, por la corona, de Santiago de los Caballeros, primero, y después de Hincha, que se funda en 1703, además del repoblamiento de Azua, que todavía tiene zonas como la Estebanía con presencia canaria muy fuerte, gente campesina; así como toda la zona de frontera como San Juan de la Maguana, Dajabón, Monte Cristi y todo eso. Después, en 1730, fue el repoblamiento de Puerto Plata y, más adelante, de las zonas de Samaná y Sabana de la Mar, donde existe un estudio lingüístico realizado por Irene Pérez Guerra, prima del famoso cantante de origen canario, de San Carlos, Juan Luis Guerra”.

Según este experto, “hay que partir de que en 1650 no había allí más de seis mil personas, y creció hasta las 125.000 en 1795, lo que se debe, en parte, a la compra de esclavos, en un pequeño porcentaje —porque la esclavitud no superó nunca el 3% entre la población de Santo Domingo— y a los canarios, que eran jóvenes y, por tanto, con una esperanza vegetativa muy alta de crecimiento”.

Muchos canarios que llegaron a mediados de la década de los 50 del siglo XX vivieron problemas similares a los que sufrieron las anteriores generaciones de emigrantes, con el añadido de la represión política del régimen dictatorial de Trujillo, porque allí donde fueron destinados no encontraron las viviendas acogedoras prometidas, sino cabañas frías de noche y demasiado calientes de día, prefabricadas con planchas de fibrocemento (que contienen asbesto o amianto), donde llegaban a alojarse hasta seis personas cuando debían ser individuales, sin electricidad ni agua potable, una climatología tropical que favorecía la expansión de los mosquitos y el paludismo, tierras de ciénaga llenas de sanguijuelas o agrestes, impropias para el cultivo, aperos que se limitaban a un simple machete y, en el mejor de los casos, una guataca, por lo que tuvieron que fabricar aperos ellos mismos con lo que encontraron y de manera rústica y artesanal, todo ello dentro de un régimen de vida que no les permitía organizarse o desplazarse a voluntad, sino bajo las severas directrices del director de la colonia, similares a las de un campo de concentración, donde los servicios sanitarios siempre fueron deficientes e insuficientes y faltaba leche y comida.

Muy pocos llegaron a disponer de las cincuenta tareas prometidas, y casi siempre en terrenos de secano, por lo que resultaba frecuente que el rendimiento por la venta de la cosecha fuera inferior a la inversión realizada y los costes de producción.

En esas condiciones, para retenerlos, se acordó primar con 150 pesos el matrimonio con dominicanas, incentivo que tuvo escaso éxito, ya que en enero de 1956 regresaron trescientos españoles, muchos de ellos canarios, y en marzo de 1957 se repatriaron a otros 1.369.

El descontento llego a ser tan generalizado, que se restringieron las repatriaciones y algunos agraviados llegaron a crear problemas de orden público y a proferir gritos subversivos contra Trujillo para conseguir que los expulsaran del país.

“Trujillo era aquí un dios, y eso que nosotros veníamos de una dictadura, pero no así. Allí por lo menos había unas reglas de juego dentro de la justicia, pero aquí no, aquí te disparaban y te mataban”, comenta Antonio Acosta Hernández.

Crecerse ante la adversidad

Sin embargo, dentro de este conflictivo contexto, nuestro protagonista consiguió crecerse ante la adversidad y aprovechar las oportunidades que se le presentaron.

«En Santa María fuimos prosperando y compré 35 novillas para leche, que recuerdo pagué a 18 y 14 pesos, y comenzamos a introducirnos en el negocio del ganado, mientras trabajábamos entre 200 y 300 tareas donde plantábamos maní. Luego había un gallego que tenía un negocio, y la primera televisión [televisor] que hubo en Nagua la tenía él, que también había comprado una estupadora de maní criolla, que había hecho uno de allí, así como un motor dipper de gasoil y un generador de barco, con los que podía dar luz a la televisión y a tres casas de por allí y a los frizzes (neveras) del negocio, porque no llegaba hasta allí la electricidad, ni tampoco a Nagua.

Al hombre le dio por vender el negocio y yo le propuse al compañero comprárselo, pero no lo vio claro, pero le dije que me dejara a mí, así que fui a dar con él, hablamos, lo negocié, me fui a vender una cosecha de maní de 800 sacos y volví, y recuerdo que le di 3.500 pesos.

Tenía un almacén donde estaban el motor y la estupadora de maní, y al lado del negocio otro almacén donde estaba la televisión, que era de 22 pulgadas, marca Philco, me recuerdo todavía de ella, con la caja de lata. Y cobrábamos entrada para verla por tandas, dos diarias los fines de semana, a diez cheles (centavos o céntimos de peso dominicano).

La primera comenzaba a las 2 de la tarde y terminaba a las 5, y la segunda de 5 a 7. Y aquello se llenaba y a veces no cabía la gente y era un almacén grande. Y con eso se pagaba el gasoil y poco más. Así fuimos ampliando el negocio. Pusimos una quesería, exportábamos 900 botellas de leche, nosotros ordeñábamos entre 80 y 90 botellas diarias de algo menos de un litro, porque la medida era el galón americano (un galón equivale a 3,78 litros), que eran cuatro botellas llenas».

Durante un tiempo, todo parecía ir mejor:

«Con el negocio, la quesería y lo que daba la agricultura y la ganadería, nosotros manejábamos el pueblo y llegamos a traer incluso penicilina, que comprábamos a 18 centavos y vendíamos a 60. No teníamos hospitales ni médicos en Baoba del Piñal, aquello todo era campo y República Dominicana entonces tendría entre 3,5 y 4 millones de habitantes.

Tú te metías pa’los montes y hallabas guineos maduros y otras frutas que podías comer. Cuando llegaba una gente con una infección, una hinchazón o algo y no tenía recursos, nosotros le regalábamos la penicilina, y ahí aprendí yo a poner inyecciones.

Yo mismo le ponía la penicilina y la gente luego se recuperaba y quedaba agradecida. En todas partes ha existido gente tramposa, y nosotros podíamos fiar, pero, hasta que no pagaban lo fiado, no se les fiaba más. Lo apuntaba en un papelito y lo pinchaba en un clavo que tenía y todos acababan viniendo a pagar para que pudiéramos fiarles de nuevo.

Sabían que podían tener un crédito abierto, y así nos manteníamos y regalábamos muchas cosas. No éramos interesados, había gente necesitada que se acercaba donde teníamos el ganado y le regalábamos cuatro, cinco o seis botellas de leche, que se vendían a dos o tres cheles, y una libra de queso que valía entre 20 y 30 centavos.

Eso le favorecía a uno y se ganaba el respeto. Había gente que debía 100 o 200 pesos y tenían pendiente de recoger la cosechita de maní, pero les iba mal porque no llovía y se dañaba el maní y yo les decía: mira, lo que tú cojas, tráelo que yo no te voy a desamparar; yo te voy a recibir el maní y te voy a dar un nuevo crédito y, si necesitas animales para preparar el terreno pa’sembrar, ven que te los dejo. Había gente que debía 200 pesos, otros 300, pero traían 150 de maíz y yo les daba 100 y el resto lo dejaban a deber y les daba las plantas para volver a sembrar, y cuando se recuperaban me pagaban, a veces antes incluso de recoger la cosecha, por un animal que vendían o no sé. Todo eso nos ayudaría después».

Pero, paradojas de la vida, cuando mejor marchaban las cosas y había desaparecido una de sus mayores amenazas —el dictador Trujillo, asesinado el 30 de mayo de 1961—, comenzaron a surgir nuevos y serios problemas.

«Cuando mataron a Trujillo, a nosotros nos llevaron presos a la entrada (de la colonia) y tuvieron que soltarnos, tanto a Bernabé como a mí. El mismo cabo de la guardia que llevaron sabía lo que hacíamos por el pueblo. Nosotros estupábamos el saco de maní a 20 centavos, igual que la manisera, pero luego todo lo que sobraba lo echábamos en un corral de puercos, donde teníamos más de cien, entre chiquitos y grandes, y con el guano que dejaban abonábamos las cosechas.

Venía uno a pedir: ‘¿Tú quieres comerte un puerco asado? Vete y búscate uno ahí y mátalo’. Yo mataba puercas ahí y se las daba a gente por días de trabajo. Había gente que no tenía víveres y les decía: ‘Este pedacito de aquí hasta aquí, cógelo por tantos días de trabajo, con la condición de que, si tú sacas una mata de yuca de ahí, me la siembres aquí».

Yo buscaba que todos prosperasen para seguir creciendo.

«Todas esas cosas le favorecían a uno, y cuando empezaron las turbas, en la época de Juan Bosch, el pueblo amanecía cuidando el negocio y cuidando el ganado.

Nosotros dejábamos el ganado en un cercado grande junto a la quesería, y de noche bajábamos el ganado y lo trancábamos allí y por la mañana lo llevábamos a pastar, porque había algunos que los mataban a machetazos y dejaban la res muerta ahí.

Estropeaban los semilleros de arroz y más cosas, para que los colonos se fueran y dejaran las tierras.

La situación comenzó a cambiar cuando Juan Bosch hizo campaña para ser presidente y situó a los emigrantes como enemigos de los dominicanos, como que habíamos venido aquí a quitarle la tierra a los dominicanos, y puso a la gente en contra unos de otros.

Cuando nosotros llegamos en Nagua no había más que un par de casas, y en Baoba del Piñal, cuando metieron los buldóceres a limpiar aquello, hubo gente que se fue huyendo con la familia y lo que pudieron llevarse, porque pensaban que se estaba acabando el mundo; era gente que no había visto nunca una maquinaria así.

Pasó tiempo hasta que la gente comenzó a regresar, como unos seis meses después de estar metidos en una cimarra (escondidos en las montañas)».

Traslado a Constanza

La decisión se demoró hasta 1962 y, cuando muchos se planteaban regresar a España, la familia formada por Antonio Acosta Hernández, su esposa dominicana, Ana Rita García, y su primer hijo, apuestan por vender el negocio y trasladarse a Constanza, para seguir con el ganado, aunque no todo sucedió como habían previsto.

«A mi mujer la conocí en Nagua, cuando llevaba dos o tres años aquí; tenemos sesenta y pico de años juntos. Ella es dominicana, de San José de las Matas, y como los suegros míos habían venido para Constanza y me habían dicho cómo era esto, nos vinimos para ver cómo nos iba y yo quería comprar el negocio de Isabelito, en la colonia japonesa. Vendimos lo de allá, menos la finca, a la que la había sacado el título (de propiedad) y que fui el primero que lo hizo. El negocio me salía por 2.500 pesos y el que me lo vendía tenía enfrente otro negocio y me dijo: ‘Yo te surto de aquí todo lo que necesites, con la condición de que quito ese negocio y me voy pal’pueblo’.

Y estábamos ahí, pero me llegó un socio que estaba aquí, Pepe ‘el bizco’, canario también pero de Las Palmas, y me sacó la idea de comprar el negocio, con un camión chiquito de la época, corto que le decían, un chevrolet, y negociar con la capital, llevar y traer mercancías: ésa era la idea que tenía.

Yo tenía 6.000 pesos que traje en efectivo y fui a la zona colonial, que era el único lugar donde había un banco, y en el Royal Canadá fue donde deposité los 6.000 pesos, que hoy serían millones de pesos. Compré una casa por 700 pesos, luego compré un solar por 100 y una casa que había al lado y ahí me establecí y seguía teniendo la finca allá que no rentaba, sino que estaba abandonada.

Me puse a trabajar, y en menos de un año perdí los cuartos —cuando vino por aquí un ciclón de nombre Flora que dejó todo que daba pena—: como ciento y pico tareas de papas blancas canadienses en una parcela que limpiamos nosotros, porque de media finca pa’bajo era todo troncos de guama y de toda clase de palos, y la sembramos, y Flora se lo llevó todo, y lo que quedó estaba medio podrido.

Después de aquello tocaba volver a empezar una vez más. Mi socio me dejó un camión, aunque me jugó sucio; arrendé cinco tareas y comencé a trabajar de cero. Pague deudas que debía, a la mujer le puse un negocito en la casa y yo iba de un lado para el otro, na’más dormía los sábados en la casa, conducía hasta de noche, todo el tiempo rodando entre Santo Domingo y Constanza, hasta que tuve que dejar de manejar (conducir) porque me dormía al volante y me jugaba la vida, aunque me tomaba pastillas para no dormir, lo que me costó una enfermedad de nervios y me vi feo (enfermo).

Pero cuando pude dejar de manejar el camión ya tenía 180 tareas de tierra, que empecé a trabajar mientras manejaba el camión, aunque no lo hice solo, sino que pagaba a uno para que me ayudara a plantar y a cosechar tomates, ajos, cebollas, repollos y diferentes hortalizas. En esa época no se plantaban fresas (uno de los principales cultivos actuales), ni brócoli, coliflor, puerro o apio, que vinieron después y no se conocían en la zona, ni siquiera las lechugas.

Aquí lo que se plantaba y vendía era repollo y tomate; si llevaba un camión de tomates o repollos, lo vendía y, si llevaba dos, también, pero como llevara lechugas, me asfixiaba, no vendía nada, lo mismo que con la zanahoria. Lo más que se comía aquí era la remolacha, pero luego cayó.

El aquellos tiempos la agricultura daba dinero, lo que no sucede ahora, en opinión de Antonio Acosta Hernández, porque los políticos ganan dinero haciendo competencia a los productores, porque importan lo mismo, y mira lo que sucede: el banco te da un préstamo para sembrar, y tienes que hipotecar la casa, la finca o lo que tengas y, cuando llega la cosecha, el grupo de políticos te mete de lo que cultivas traído de fuera y te tiran la cosecha abajo porque hacen que bajen los precios y no te recuperas y lo pierdes todo.

A ellos no les importa perder lo que sea pa’que tú fracases, porque del fracaso tuyo sale su ganancia. Y ése es el problema que hemos tenido todo el tiempo en Constanza. Y no bregamos contra gente fácil, sino contra gente poderosa y de dinero, con cuartos.

Yo no sé como aquí no mataron gente en esa época, que iban a los muelles a esto. El único que apoyaba más fue Balaguer, pero a veces traían los productos hasta en aviones, como los ajos.

Aquí, en esa época, los costes de producción eran de mil pesos por tarea, pero los que venían de fuera te los ofrecían en Santo Domingo a cuatrocientos pesos, porque esos países de allá parece que tienen subsidios que benefician al productor. Eso fue lo que nos hizo fracasar a todos».

A juicio de nuestro protagonista, la situación actual de la agricultura no se entiende sin la presencia de oscuros intereses.

«El coste de producción de una tarea de papas está sobre los 40.000 pesos, para luego vender papas a 10 o 15 pesos, que una tarea lo más que te puede producir son 20 o 25 quintales (cada quintal son 220,5 libras y equivale a 100 kilos; en el mejor de los casos, 2.500 kilos a 15 pesos por kilo son 37.500 pesos).

Si llevo dos camiones de papas al mercado y tú llevas seis de papas de fuera, tú vendes los 6 y ganas, y yo vendo los dos y pierdo, siendo el mismo producto y buena la calidad. ¿Qué es lo que está pasando?

Ves a agrónomos jóvenes comprando casas por 18 ó 20 millones y yo, que llevo fajándome toda la vida en esto, trabajando como un burro, no he podido. Y estos de la noche a la mañana… ¿Cómo es esto?».

Relata Antonio Acosta Hernández como

«Cuando aquí se fundó Inespre (Instituto de Estabilización de Precios) yo tenía cien tareas sembradas y vino el administrador o director a mi casa para que les vendiera una tarea o dos de ajos para hacer ellos un experimento para que el ajo no repochara (brotar) durante el almacenamiento, y yo les dije que sí.

Empezamos a hablar y me hizo una pregunta: ‘¿Cómo usted ve esto de Inespre?’ Y yo le respondí: ‘Lo veo bien, pero depende de cómo lo utilicen’. Y él me replicó: ‘¿Cómo dice usted? Si esto es para comprar sobrantes de las cosechas y mantener los precios’.

Y yo le contesté: ‘Si es pa’eso, yo lo veo bien, si es para comprar el exceso de producción y exportarlo a otro país, bien, pero si ustedes los compran para luego almacenarlos y vendérselo a la población, ustedes se convierten en contrincantes nuestros, nos van a hacer competencia y ustedes son el gobierno. Por eso todo depende de las personas y lo que quieran hacer».

En otra ocasión, acudió a ver a un ingeniero agrónomo del gobierno para llevarle “un ajo que fue un desastre de bichos. Allí les dije que debían estar todos presos porque son una pandilla de ladrones y que era un robo lo que estaban haciendo, y el agrónomo se fue acercando y me confesó: ‘Mire, yo no sé de esto, no sé ni cómo se siembra el ajo ni cómo se produce. Yo soy especialista en arroz, pero me mandaron a mí aquí (Constanza) a hacer esto y me dijeron que les diera la carta para sembrar las tareas y arreglar las cuestiones administrativas, pero yo sé lo que hay ¿Y qué hago yo? Si me niego, me van a cancelar (despedir)’.

«Uno se encojona (enoja) con esto. Uno trabajando, y los otros haciéndote la vida imposible. A Constanza, en una época le decían ‘el Nueva York chiquito’, porque había apoyo a la agricultura, pero después eso se volvió un desastre.

¿Tú sabes lo que es comprar ajo a 500 pesos para luego venderlo en el muelle de Santo Domingo a 2.000 pesos, cuando tu coste de producción es de mil pesos?. Te dan un permiso para importar 30.000 quintales y son 45 millones de pesos lo que vas a ganar ahí sin trabajar. Eso da para comprar lo que quieras».

Nuevos problemas para los agricultores

La liberalización de los mercados también afecta a esta zona.

«Este presidente (Luis Abinader) iba gobernando bien hasta que habló en el senado de sacar los aranceles a las importaciones de siete productos agrícolas que se cultivan aquí. Esos aranceles sería mejor que se los abonen a los de aquí, para que puedan vender más barato. A los de afuera les resuelve el problema que tienen, pero se crea uno aquí».

Juan José Leira, cónsul honorario de España en Constanza, añade además un nuevo problema con la crisis mundial del transporte: “Está en riesgo la próxima cosecha de ajo, porque la planta viene de China, concretamente del puerto de Shanghái, y tendría que haber salido en estas fechas (mediados de mayo), pero la actividad del puerto se ralentizó a causa del covid y no se sabe si llegará a tiempo”.

Antonio Acosta Hernández estima que el sector agropecuario a nivel mundial emplea a cerca del 60 por ciento de la población global:

«Habrá países más desarrollados que emplean a menos gente, pero, si haces lo mismo en todos lados, habrá que subsidiar o pensionar a toda esa población, porque tendrán que vivir de algo. Algo tendrán que hacer si le quitan el sustento que es su trabajo. El problema es que, el que tiene dinero, cada vez quiere más y más y más… Y eso no puede ser».

Desde su actual retiro no guarda buenos recuerdos para la banca, que le obligó a volver a replantearse su vida una vez más.

«Mientras no trabajé con los bancos me fue bien, pero en cuanto comencé a trabajar con ellos la agricultura empezó a ir para atrás y cada vez más para atrás. Me endeudé y, cuando me iba bien, cumplía, y cuando me iba mal pagaba los intereses, pero seguía la deuda y a veces sólo podía pagar la mitad de los intereses y la otra mitad se acumulaba a la deuda, que siempre iba para arriba hasta que llegué a deber 8 millones de pesos.

Pero mientras tuviera para vivir y pagar lo que tenía, iba tirando, pero no veía la forma de salir de aquella bola de deuda, donde llegó un momento en que todo era para pagar intereses.

Entonces yo tenía 20 tareas a la salida de Constanza a mano derecha, y mi hijo me aconsejó venderlas y también las casas, que tenían 2.707 metros cuadrados en la calle principal. Todo el mundo estaba detrás mío para que le pagara. Había uno al que le debía 600.000 pesos y me quería coger una propiedad, una casa, que luego vendí por siete millones y medio.

Era de un banco español y fui pa’él y le dije: usted tiene todo el derecho a cobrarme los intereses, pero también tengo el derecho de defender lo mío, porque no es posible que por una deuda de 600.000 pesos me coja una propiedad que vale 7 u 8 millones de pesos. Eso es un crimen, y no creo que la justicia llegue a aprobar eso, porque está bien que ustedes se cobren, pero no así».

Pero también pudo escapar de ésta.

«Gracias a un amigo que estaba en el Banco de Reservas y que me dijo: ‘Antonio, yo te voy a ayudar. Vamos a hacer una cosa. Tú tienes dos títulos (pólizas): uno por 600.000 pesos y otro por 200.000 pesos, y las propiedades (hipotecadas o puestas como aval) valen demasiado para que las tengas involucradas en eso. Te voy a dar un préstamo y te voy a aliviar un título y así puedes tener un título limpio e ir jugando con eso’.

Así pude poner en venta la casa y la parcela. Me compraron la parcela, la vendí en 3 millones de pesos y la casa en 7 millones y medio, y así pague todo lo que debía y salí de toda esa vaina y ya viví tranquilo. Los hijos están todos criados. En Nueva York tengo tres, dos hembras y un varón, en España está el otro varón. Las mujeres están casadas, y una que se casó aquí tiene un hijo ingeniero de sistemas que se fue pa’Chile, porque no pudo ‘aguantar el fuerte’ aquí y tuvo que irse pa´Chile».

Vínculo permanente con La Palma

Con la familia de La Palma sigue manteniendo el contacto, aunque ahora por Whatsapp.

«Durante muchos años la comunicación fue por carta, ya que tardó en llegar el teléfono a Constanza. Nuestro primer teléfono tenía el número 22 (el número sólo tenía dos dígitos por aquella época). Visité en 1977 La Palma y estuve 45 días, y también estuve en Tenerife, en La Laguna.

Volví y vine en avión, pero ya no, casi no conocía a nadie y cuando llegué allá era un extraño para la familia. No para los viejos de uno, los hermanos de uno, pero, para los sobrinos, yo era un tío extraño. Me habían visto en foto, pero no había relación, no había roce.

Cuando pasa ese tiempo y uno vuelve, el amigo que tenías se fue pa’otro sitio, el otro pa’otra parte, la otra ya no existe, otro se perdió… El ser humano sabe donde nace, pero no sabe dónde muere. Sabemos dónde nacemos, la fecha en que nacemos, pero no dónde vamos a morir, ni en qué fecha».

Entre las experiencias de juventud que recordará mientras viva se encuentra ésta:

«Cuando explotó el volcán de San Juan en La Palma (1949, con trece años), que estuve encima de la lava y en la loma que había cerca de la boca donde reventó. En cuanto hacía ‘bum’, la tierra se movía y se abrían grietas por donde pisabas.

Nos jugamos la vida un grupo de jóvenes que fuimos para allá. Los volcanes son peligrosos bajando, pero en el sitio llano puedes verlo venir, es como un buldócer empujando la tierra, porque la lava, a medida que avanza, se va volviendo piedra, no es candela, y es la piedra lo que va caminando.

Por eso cuando llega a un aljibe o a un pozo de agua hace ‘bum fssss’ (reproduce un sonido similar al de la apertura de una botella de vino espumoso), y cuando llega a una mata frondosa la mata se prende como si echaras un fósforo a la gasolina.

Recuerdo que había ya uvas maduras cuando aquel volcán, y eso daba pena, y vi gente con buenas casas, de dos y tres plantas, quedarse sin nada».

Afirma que, viendo las imágenes del nuevo volcán

«Me quedé asombrado del desarrollo que tenía la isla, porque en todos los sitios donde el volcán ha hecho daño, en mi época ahí no había agua, era todo terreno de secano. Ahí lo que se cosechaba era centeno y cebada, cuando llovía una vez en al año, porque entonces no llovía mucho tampoco, y ahora lo ves todo lleno de invernaderos y de explotaciones al aire libre.

Cuando yo estaba allí, a toda esa zona no llegaba el agua desde la Caldera, había un canal que se dividía en dos y llevaba ese agua a Tazacorte y Los Llanos, pero no era muy abundante y todo el mundo tenía compromiso con ella.

En Tazacorte, desde donde está el cementerio hacia la costa de Puerto Naos, aquello era todo tierra de secano que se sembraba de batata. Desde el 77 no he vuelto más a La Palma. Los pueblos de Argual y Los Llanos ya estaban juntos, aunque no tanto como ahora».

Por lo que ha visto por televisión el pasado año, a raíz de la erupción del nuevo volcán,

«Las islas han tenido un desarrollo grandísimo en poco tiempo y producen de todo; lo que tú siembres, produce, se parece a esto (República Dominicana) pero aquí somos haraganes. Aquí hay que sembrar matas que den sombra y comida, pero vienen de noche y te roban la comida que da la mata.

Cuando sembraron aquí unos eucaliptos, le dije yo a uno que vino, que era cubano, que aquellos eucaliptos iban a romper las cunetas y la carretera: siémbralo de árboles frutales de lado a lado y a cada dueño de parcela lo haces responsable de su cuidado y le das también asesoría con un técnico y lo mismo en las orillas de los ríos.

Pero no hicieron caso y los árboles acabaron por romperlo todo. El río tenía una arboleda que daba gusto de verla, pero ahora no queda nada. Y han estrechado los ríos tanto que un día va a haber una desgracia».

Con esta advertencia le viene a la memoria un último recuerdo de su isla natal:

«Allá en La Palma, los barrancos son ríos secos, pero, cuando llueve, ese río seco es increíble el agua que llega a bajar por ahí, que se lleva pinos enteros, piedras y lo que pille por delante, y entonces uno se pregunta ¿de dónde salió tanta agua?

Porque La Palma es pequeña, le das la vuelta en un día o menos, pero el barranco de Las Angustias, en tiempo de agua, eso hay que verlo, son metros de agua (de alto) que se llevan todo».

Fuente

[Canarias}> Elfidio Alonso, todo un ejemplo: más de medio siglo subido a los escenarios

Elfidio Alonso, todo un ejemplo: más de medio siglo subido a los escenarios

Elfredo Kraus y Los Sabandeños, vídeo de una actuacción memorable (TVE1, 1993)

Aunque mermado por problemas de movilidad, Elfidio Alonso sigue demostrando no sólo que es uno de los grandes referentes en activo de la música popular canaria, sino que por sus venas sigue corriendo el folclore isleño y la ilusión por hacer llegar a sus seguidores nuestra música más tradicional