[Canarias}> La Gomera desde San José de Breña Baja… o la legendaria isla de San Borondón

23-08-2023

La Gomera desde San José de Breña Baja o la legendaria isla de San Borondón

Espectacular imagen del fotógrafo Mauro Castro envuelta en un halo de misterio

La Gomera o San Borondón

La Gomera desde San José de Breña Baja. MAURO CASTRO

Mauro Castro, fotógrafo e investigador, siempre está ahí, pendiente de captar los momentos mágicos que se suceden en este peñasco de la ultraperiferia atlántica. En este caso, ha captado una espectacular imagen de La Gomera desde San José de Breña Baja. O quizás de la legendaria isla de San Borondón emergiendo desde otro punto en el que, dicen, ha sido vista, y después engullida por las procelosas aguas del océano. Sea ficción o realidad, Mauro Castro siempre mira a su alrededor y encuentra lo que pasa desapercibido para el común de los mortales.

NotaCMP.- Desde Breña Baja vi yo una vez esta imagen que, en mi opinión, no parece La Gomera ni estaba en la posición en que, desde ahí, debería verse La Gomera.

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[Canarias}> El estudio genético que muestra el origen de los canarios: "No fue un poblamiento fortuito"

21/08/2023

Héctor García Barnés

El estudio genético que muestra el origen de los canarios: «No fue un poblamiento fortuito»

Un trabajo publicado en ‘Nature’ proporciona nueva información sobre el misterio que rodea la colonización original de las Canarias

Cuando a comienzos del siglo XV dio comienzo la conquista de Canarias por parte de la Corona de Castilla, los colonos se encontraron tanto con un rico y variado archipiélago como con un misterio. Los distintos pueblos aborígenes que residían en las islas parecían congelados en el tiempo al otro lado del continente africano. Sólo quedaba un puñado de leyendas para intentar adivinar de dónde habían salido esos pueblos redescubiertos por navegantes europeos más de un milenio después del inicio de su primera colonización.

Cada día sabemos más del origen de los linajes canarios. La revista Nature acaba de publicar un estudio realizado por investigadores canarios que probablemente sea uno de los trabajos definitivos sobre su linaje genético. En «The genomic history of the indigenous people of the Canary Islands», sus autores han analizado el genoma completo de 40 individuos de entre los siglos III y XVI repartidos por todas las islas para comprender cómo se produjo ese proceso de colonización de sus primeros habitantes.

«Hemos visto que no fue un poblamiento fortuito de unos pocos individuos que llegaran por azar a las islas», explica la genetista y coautora del estudio Rosa Fregel, de la Universidad de La Laguna, que atiende a El Confidencial junto al coautor Javier Serrano. «Desde el punto de vista arqueológico, ya se sabía que había sido un proceso de colonización bien pensado, en el que los primeros habitantes llegaron con animales domésticos y semillas para sobrevivir».

Es el primer trabajo que se ha realizado a partir del análisis del genoma completo hallado en los aborígenes canarios. Los científicos ya habían realizado un estudio previo con ADN mitocondrial, «que da una visión sesgada porque es una molécula muy pequeña que sólo refleja los genes maternos», explica Fregel. Su principal objetivo, entender las diferencias entre las distintas poblaciones insulares, que tenían componentes tanto del paleolítico y neolítico temprano del norte de África como del neolítico temprano europeo. Éstos son algunos de sus principales hallazgos.

Poblaciones pequeñas y aisladas, poblaciones grandes

El hallazgo más importante para Fregel es la diferencia que han encontrado entre aquellas islas con una población más pequeña y aislada, y otras más grandes y diversas. En el primer grupo se encuentran El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura, y en el segundo, Tenerife, Gran Canaria y La Palma, con La Gomera en algún punto intermedio.

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«Al menos las poblaciones de Tenerife y Gran Canaria eran lo suficientemente grandes para retener esa diversidad genética, es decir, llegó una cantidad importante de personas al archipiélago», explica Fregel. «Lo que ocurrió después fue que cada población insular se encontró con una realidad distinta, impuesta por el clima o por los recursos disponibles en cada una de las islas».

¿Islas aisladas?

Este análisis genómico sugiere que durante todo ese tiempo había mucho menos intercambio entre las islas de lo que podía parecer, uno de los aspectos más controvertidos sobre la prehistoria canaria. «Es algo en lo que todavía no existe consenso», explica Fregel. «Desde un punto de vista histórico, las crónicas históricas de los europeos cuando llegaron a Canarias hablaban de que eran poblaciones similares a los bereberes y que hablaban un idioma similar al suyo, pero que identificaban como dialectos distintos, lo que les llevó a pensar que probablemente estaban aislados».

Su análisis del ADN mitocondrial les llevó a sospechar que en las islas más pequeñas y con menos recursos, como hemos visto, la diversidad genética era menor, como ocurre en El Hierro, La Gomera, Lanzarote y Fuerteventura, lo que equivale a «un aislamiento de esas islas, pues no estaban recibiendo población del exterior y probablemente no fueran capaces de mantener poblaciones muy grandes, lo que hizo que a la larga se produjera una pérdida progresiva de esa diversidad genética».

Apariencia de los africanos

La investigación señala que el hecho de que los aborígenes canarios provenientes del norte de África estuviesen tan aislados de migraciones como las invasiones musulmanas los convierte en una reserva humana que nos ayuda a entender cómo eran los africanos de la época. Un canario moderno tiene más cercanía genética con un norteafricano del pasado que un norteafricano moderno.

«La población aborigen de Canarias puede considerarse un reducto de cómo sería la población norteafricana durante la Edad de Hierro, nos da una idea de cómo era la composición de esas poblaciones antes de que llegaran las migraciones de la península arábiga, los romanos o los fenicios«, explica Fregel. «Nos ayuda a entender un poco mejor cómo fue la prehistoria del norte de África».

¿Este europeo, oeste africano?

El estudio llama la atención sobre el hecho de que existen llamativas diferencias entre el ADN de las islas del este y las del oeste. Mientras que Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria tienen una marca genética más cercana a la de la población europea del momento, las del oeste (La Palma, La Gomera, Tenerife y el Hierro) son más afines al norte de África prehistórico.

«Es complejo, porque cuando tú hablas de población europea, a lo mejor la gente se piensa que los de las islas occidentales eran norteafricanos y los de las islas orientales europeos, y no es así», matiza la investigadora. «Tenemos que pensar que, al final, todo nuestro genoma es un mosaico de las poblaciones que se han movido en la región en que hemos nacido. Cuando la población norteafricana decidió ir a Canarias, ya era un mosaico de distintos componentes poblacionales, algunos autóctonos norteafricanos y otros de poblaciones que migraron al norte de África. Es fácil pensar en bloques, pero existe influencia genética de Europa en el norte de África y existe influencia europea en el norte de África. Los humanos nunca hemos estado quietos y somos al final todos una mezcla de todos».

Llegaron los europeos

A lo largo del siglo XV, ese aislamiento en que se habían mantenido las Canarias desapareció tras la llegada de distintos colonos, hasta que finalmente, en 1496, todo el archipiélago se integró en la Corona de Castilla.

«La colonización europea generó un cambio en la composición genética de los pobladores que, en el caso de Canarias, fue una mezcla completa», recuerda Fregel. «No es como en Latinoamérica, donde todavía existen poblaciones indígenas que han mantenido a lo largo del tiempo su lengua y su cultura. En Canarias eso no ocurre, pues era una población muy, muy pequeña y la misma insularidad hizo que la mezcla fuera completa». Como señala el trabajo, los canarios modernos son el resultado de una mezcla de un 79,7% de españoles, el 17,8% de indígenas y un 0,5% de población subsahariana.

¿De dónde descienden?

Muy bien, estará preguntándose el lector canario, pero, ¿qué quiere decir todo esto del linaje genético de los canarios? Le devolvemos la pregunta a la científica centrándonos en un descendiente moderno de la isla de La Palma, como el que firma el artículo.

«Podríamos decir que probablemente una parte importante de su genoma proceda de colonos europeos, pero que también tiene contribución de una población aborigen de Canarias cuyo origen estuvo en el norte de África y que probablemente tuvo que adaptarse al ambiente insular», explica. «En el caso de La Palma, al menos por nuestros resultados, no parece que tuviera muchas dificultades para mantener poblaciones con una diversidad genética decente. La Palma es una isla con muchos recursos, muy verde. Aún no sabemos muy bien en qué creía o muchas cosas que pensaba esa población aborigen, pero contribuyó genéticamente en la población actual de Canarias».

La fascinación por la genética

Durante los últimos años, los avances en genética y la democratización de determinados procedimientos han puesto de moda productos como los análisis genéticos que permiten descubrir hasta dónde se remontan tus orígenes. “Está de moda porque las compañías que se dedican a ello han hecho que sea más fácil el acceso a esa tecnología”, explica la investigadora antes de conceder que, si no se dedicase a ello, también se habría hecho uno.

“Pero creo que hay que dar información a la gente para que el público general sea capaz de interpretar esos datos”, concluye. “En Canarias, la población es bastante homogénea en cuanto a la contribución de poblaciones europeas, del África subsahariana y aborigen. Eso quiere decir que todos somos descendientes de todos. No es tan importante si eres un descendiente directo de un guanarteme (los reyes aborígenes de Gran Canaria) como entender que al final somos el producto de un proceso histórico muy interesante, con sus luces y sus sombras”.

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[Canarias}> Los pobladores de la Canarias prehispánica se parecían a los de Marruecos en el Neolítico

17/08/2023

Según un estudio sobre el ADN publicado en la revista ‘Nature’, estas muestran genéticas se dan más en las islas occidentales: El Hierro, La Palma, La Gomera y Tenerife

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La colonización de Canarias por pueblos del norte de África a comienzos del primer milenio fue un proceso más complejo de lo que se creía. Lo demuestra el descubrimiento de que los aborígenes de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura comparten ancestros con las demás islas, pero a través de ellos recibieron una herencia genética, en parte, diferente. La comparación del genoma de estos pobladores con los datos disponibles de tres yacimientos prehistóricos del norte de África ha corroborado que los antiguos canarios eran pueblos muy similares a los que habitaban Marruecos hace alrededor de 5.000 años, durante el Neolítico.

La revista Nature ha publicado el análisis más completo que se ha hecho hasta la fecha sobre el ADN de los antiguos pobladores de Canarias, con datos de 40 individuos de siete islas que abarcan 1.300 años de la historia antigua del archipiélago, desde los tiempos de las primeras llegadas -restos del siglo III- hasta los primeros años bajo la Corona de Castilla en el siglo XVI. El descubrimiento es fruto del esfuerzo coordinado de una veintena de investigadores de las universidades de La Laguna, Las Palmas de Gran Canaria, Stanford (EEUU) y Copenhague, el Instituto Max Planck de Alemania, el Instituto Carlos III, la empresa Tibicena, el Museo Canario, el Museo Arqueológico de La Gomera y el Museo Benahoarita.

Su ADN muestra que todas esas poblaciones se quedaron aisladas en sus respectivas islas durante alrededor de un milenio, sin apenas contacto con nadie del exterior hasta la llegada de los primeros europeos en el siglo XIV, lo que a su vez conduce a otra conclusión con implicaciones para futuros trabajos: la Canarias prehispánica ofrece una ventana privilegiada al pasado del norte de África en la etapa previa a las invasiones árabes del siglo VII, que puede completar los datos obtenidos de yacimientos prehistóricos del continente.

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Los autores, entre los que se encuentran Javier Serrano (Univerdad de La Laguna), Jonathan Santana (Universidad de Las Palmas) y Rosa Fregel (Universidad de La Laguna-Stanford), explican cómo la insularidad, la escasez de recursos y la falta de contacto con el exterior fueron moldeando la genética de los pobladores de cada una de las siete islas sobre un sustrato común. Este no es otro que la herencia de pueblos prehistóricos del actual territorio de Marruecos, cuyo ADN recoge, a su vez, la mezcla de dos ascendencias principales: una local, norteafricana, y otra de agricultores europeos que emigraron hacia al sur del Mediterráneo en el Neolítico.

Diferencias entre islas

Este trabajo revela que los aborígenes de las tres islas más cercanas al continente —Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura— tenían una mayor contribución genética del componente asociado a las poblaciones prehistóricas de Europa, mientras que los de las islas occidentales —El Hierro, La Palma, La Gomera y Tenerife— presentaban más aportación del componente prehistórico del norte de África. Lo que lleva a pensar en «un modelo de colonización más complejo del que se planteaba hasta ahora».

«Dado que el impacto de las migraciones neolíticas europeas en el norte de África no fue homogéneo, este resultado se puede explicar de dos formas: o bien las migraciones humanas que afectaron al archipiélago fueron asimétricas, con algunas arribadas llegando solo a una zona, o bien las poblaciones que colonizaron las islas orientales y occidentales del archipiélago procedían de regiones diferentes del norte de África», han señalado en un comunicado.

El autor principal del trabajo, Javier G. Serrano, ha remarcado que la diferencias entre las islas orientales y occidentales «parecen haber existido desde el comienzo del período de colonización aborigen, manteniéndose sin cambios a lo largo del tiempo». «Esto es importante porque determina que, si existieron migraciones asimétricas entre las dos regiones, tuvieron que ocurrir al inicio del periodo de colonización aborigen«, ha añadido.

Esta conclusión no hace sino apuntalar una serie de indicios que ya existían y que sugerían la existencia de alguna diferencia entre los pobladores de las islas orientales y los de las occidentales, como la mayor variedad de inscripciones en alfabeto líbico-bereber en las primeras o la presencia en una sola isla, Gran Canaria, de un árbol «importado», la higuera.

El estudio aporta pruebas de que la insularidad se acabó expresando de un modo u otro en el ADN de los pueblos de las siete islas, pero fue en las más pequeñas o con menos recursos -El Hierro, La Gomera, Lanzarote y Fuerteventura- donde más se aprecia una baja diversidad genética, «lo que puede explicarse por un fuerte aislamiento, dando lugar a la reducción del tamaño efectivo de su población y descartando así la posibilidad de que hubiera migración frecuente hacia estas islas».

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[Canarias}> Canarias tiene un muelle en Londres (‘Canary Wharf’)

Canarias tiene un muelle en Londres (‘Canary Wharf’)

Muchos isleños, en pos del idioma inglés, como “au pair ” o buscando simplemente las múltiples facetas laborales que se le ofrecían en tierras británicas , viajaron en los albores de la década de los 60 del siglo pasado, y entre otros y variados barcos, en aquellas singulares cuadernas de dos buques gemelos muy enraizados y familiarizados con nuestros muelles isleños, el Bruno y el Bencomo

[Canarias}> El gentilicio indígena de Lanzarote y Fuerteventura: ¿majo o majorero?

01-07-2023

Luis Socorro

El gentilicio indígena de Lanzarote y Fuerteventura: ¿majo o majorero?

Las fuentes históricas sólo hablan de mahorero pero el término majo es muy común en documentos notariales de Fuerteventura

“El gentilicio histórico de los habitantes de Lanzarote y Fuerteventura, reconocido en las fuentes antiguas, es mahorero, no es ni majo ni maho. Eso es una construcción moderna y posterior”. Esta observación la hizo un lector cuando utilicé el vocablo majo en mi último reportaje.

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Baltasar Hernández, que así se llama el lector, acompañó su afirmación con tres citas para fundamentar su opinión. Con el propósito de arrojar luz a este asunto, hemos consultado a lingüistas y filólogos —no es exactamente lo mismo— de las dos universidades públicas de Canarias, a arqueólogos majoreros y lanzaroteños, a la Real Academia Española (RAE), al diccionario histórico del español de Canarias de la propia RAE y al diccionario básico de canarismos de la Academia Canaria de la Lengua.

La conclusión es clara. El lector tiene razón en la primera parte de su afirmación, pero no en la segunda porque hay matices. Y vamos a explicar por qué tras la investigación que hemos realizado. ¿Es correcto el gentilicio majorero —con jota— para los guanches de las dos islas orientales? Sí. De hecho debería de ser el predominante porque las fuentes históricas hablan de “mahorero”. ¿Es correcto el gentilicio majo para los primeros canarios de Lanzarote y Fuerteventura? No es incorrecto, tal como establece la Academia Canaria de la Lengua.

El sonido. Es fundamental aclarar este aspecto porque ayuda a clarificar el dilema que plantea este reportaje. La tradición oral es fundamental en la evolución de las palabras, también de la toponimia. Esta afirmación es incuestionable, como lo es la evolución de los sonidos en la pronunciación de cualquier palabra; ejemplos hay centenares en cualquier lengua del planeta. En el español, la letra H tiene orígenes distintos, de manera que en los textos antiguos pueden pronunciarse como aspirada o muda. No obstante, según nos comenta el lingüista Jonay Acosta, “la normalización ortográfica llevada a cabo por la RAE a mediados del siglo XVIII la convirtió en una grafía muda”. O sea, antes de esa fecha, la pronunciación era similar a la jota actual; de ahí la evolución lógica al término fonológico majorero.

El lector tiene razón al afirmar: “El gentilicio histórico de los habitantes de Lanzarote y Fuerteventura, reconocido en las fuentes antiguas, es mahorero”. En efecto, Alonso de Espinosa señala en un texto de 1594: “los mahoreros que assi se llamã los naturales de aquellas Islas de Lançarote, y Fuerte ventura” (sic). Las otras dos citas en las que se apoya Baltasar Hernández para defender que el gentilicio aborigen es mahorero son de Frutuoso -«Os islenhos destas duas ilhas se chamam mahoreros, que em nossa linguagem quere dizer criadores de gados, porque êste é seu oficio»- y de Torriani, que escribió en 1590: “Dalli antichi iso-//lani fu detta Maoh, dalla quale essi chiamaronsi Maohreri, come da Sicilia Siciliani”.

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Parece evidente que denominar majoreros —con jota, para adaptarnos a la norma ortográfica vigente— a los primeros habitantes de las dos islas orientales es acertado. El catedrático de la ULPGC, Maximiano Trapero, cuando le comuniqué: ‘quiero redactar una noticia sobre el gentilicio indígena de Lanzarote y Fuerteventura: ¿majo o mahorero (no sé si con j o con h)?’, me respondió lo siguiente: “En cuestiones de lengua, guíate siempre por la oralidad: no cabe otra que majorero”.

Un zapato llamado maoh o majo

El diccionario histórico del español de Canarias de la RAE aporta luz al debate. Certifica que el gentilicio original es mahorero y explica el origen de esta palabra. Obviamente se apoya en fuentes escritas. Abreu y Galindo dijo lo siguiente: “Los naturales destas dos islas, Lanzarote y Fuerteventura, se llaman mahoreros, porque traían calzados de los cueros de las cabras, el pelo afuera, unos como zapatos, a quien ellos llaman mahos; y algunos quieren decir que el nombre propio de la isla se dijo de este nombre, maho. Ibídem (lib. 1º, cap. xi, p.60): El vestido y hábito de los de esta isla era de pieles de carnero como salvajes, ropillas con mangas hasta el codo, calzón engosto hasta la rodilla, como los de los franceses, desnuda la rodilla, y de allí abajo cubierta la pierna con otra piel hasta el tubillo; y mahos, calzados, de donde son llamados mahoreros”.

El teldense Marín de Cubas, apoyándose en texto de Espinosa, escribió en 1694: “Traen todos en los pies majos, que es un pedazo de cuero por zapatos de donde son llamados majoreros. Venían delante de las andas cuatro capitanes con capotillos de badana llamados tamarcos, braguillas de junco, majos en los pies y guapiletes en la cabeza, y lo demás desnudo”.

Torriani también alude a un calzado llamado maoh: “Y por zapatos llevaban un pedazo de cuero de cabra envuelto a los pies, que llamaban maohs; y hasta hoy sigue esta costumbre, pero lo hacen de camello”.

Dos siglos después de la frase anterior de Torriani, el francés Bory señaló en 1803: “Quizás sea conveniente dar aquí una pequeña lista de palabras guanches que se han conservado, tomadas de diversos autores y de notas que han tenido a bien facilitarme. Maxo, zapatos”. Para añadir: “No encerraban sus pies en un zapato; todo su calzado consistía en una especie de sandalias, llamadas maxo, fijadas con ligaduras que se ataban en la parte superior del pie”. El dato de este autor francés —aunque escriba maho con equis— es muy interesante porque 400 años después de la conquista de Lanzarote y Fuerteventura se constata la pervivencia de palabras indígenas. Todavía hoy, en el siglo XXI, tenemos palabras aborígenes en nuestro léxico, como gofio.

Pero la pervivencia de la cultura guanche no es el objeto de este artículo. Lo que ponen de manifiesto los autores citados en el diccionario histórico del español de Canarias es que el origen del gentilicio mahorero —léase majorero, tal como se escribe en la actualidad y reconoce la RAE— procede del vocablo que definía el calzado de los indígenas. Ojo, no sólo en las islas orientales. En El Hierro, según detalla el filólogo Maximiano Trapero en su diccionario de guanchismos, “el término majo, siendo de origen guanche, ha pervivido en el habla popular de Canarias, pero sólo en la isla de El Hierro, y allí, justamente, con la significación que ya le asignaban Torriani y Abreu: majos llaman los pastores herreños al rústico calzado que ellos mismos usaron hasta tiempos recientes, siendo primero de cuero de ovejas o cabras y después de gomas de camiones”.

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El diccionario de canarismos de la Academia Canaria de la Lengua tiene dos acepciones de la palabra majo o maja. La primera es un adjetivo: “Se dice del individuo de los pueblos que habitaban las islas de Lanzarote y Fuerteventura al tiempo de la conquista de Canarias”. La segunda es un sustantivo masculino que se circunscribe a Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro: “Calzado rústico en cuya confección se emplean, entre otros materiales, piel sin curtir o goma de coche”.

¿Y qué dice ese diccionario del vocablo majorero/ra? Aporta ocho significados, pero ninguno alude al gentilicio de los aborígenes de las islas orientales. El primero refiere al natural de Fuerteventura; otra acepción es el adjetivo de perteneciente a la isla; en Tenerife y La Palma se usa para calificar a las cabras “con el lomo negro”, en Gran Canaria para definir a un pescado pequeño, salado y seco“ y también para calificar al perro bardino; en Lanzarote cuando se refiere al ”tiempo atemporalado del suroeste“, mientras que en La Gomera se usa como adjetivo ”de una cabra de color canelo“. Además, en Canarias, asevera Acosta, ”también se usa como cromónimo o nombre de color, no solo para designar animales, sino también accidentes geográficos, como sucede con unas montañas de El Hierro denominadas Las Majoreras debido a su color canelo“.

¿Qué aporta la RAE en este debate? La biblia de la lengua española afirma que majorero es un adjetivo, “natural de la isla de Fuerteventura” o “perteneciente o relativo a Fuerteventura”; no dice nada sobre el gentilicio aborigen, pero sí aporta un dato revelador sobre la etimología de majorero: “De Majorata, nombre indígena de la isla”. Respecto al vocablo majo, la RAE no lo vincula con Canarias; es un adjetivo con tres acepciones: “Que gusta por su simpatía, belleza o gracia” es la primera. Sinónimo de lindo, hermoso o vistoso, la segunda, y la tercera: “ataviado, compuesto, lujoso”.

Majo, presente en documentos notariales

El filólogo Jonay Acosta ha investigado el asunto y ha publicado interesantes trabajos al respecto. A modo de introducción, recuerda que los etnónimos y gentilicios, en muchas ocasiones, proceden del exterior y, según desde el lugar en el que se exprese, se puede decir de una manera u otra. Él se pone como ejemplo. De origen herreño de varias generaciones, tanto de padre como de madre, “en Tenerife soy herreño y en El Hierro soy tinerfeño porque nací en Tenerife”.

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Este experto sostiene que “como es muy improbable que hubiera contactos fluidos entre las poblaciones aborígenes de las diferentes islas, también lo es que existieran etnónimos de alcance insular (nesoetnónimos) antes del contacto con los europeos. Así pues, parece evidente que los nesoetnónimos canarios son fruto de las relaciones extra e interinsulares acaecidas, sobre todo, a raíz de la Conquista”.

En este sentido, las fuentes escritas le dan la razón ya que las primeras referencias del gentilicio de los primeros pobladores de Lanzarote y Fuerteventura es mahorero. Acosta explica que a diferencia de la palabra mahorero, “con registros desde el siglo XVI, de la palabra majo, como gentilicio, no hay ninguna referencia anterior al siglo XVII”. En consecuencia, majorero es el gentilicio original, pero majo también es válido, como veremos más adelante al analizar la toponimia.

Acosta aclara que “existen los dos gentilicios y se han utilizado para designar a la población de ambas islas; lo que no sabemos es si tienen el mismo origen por el problema de las grafías”. Por ello, “no es seguro que majo sea un acortamiento del primero. Se necesitan registros tempranos de majo para saberlo, ya que en el siglo XVI la j y la h representaban fonemas distintos en español y ambas grafías comenzaron a confundirse a partir de mediados del siglo XVII, debido al proceso denominado reajuste de sibilantes del español, que fue bastante tardío en las Islas y América”.

El historiador y arqueólogo José de León, originario de Lanzarote pero nacido en Uruguay, durante su tesis doctoral tampoco encontró registros de la palabra majo —con jota, equis o hache—, como gentilicio o etnónimo, anteriores al siglo XVII. Con todo, De León considera que “las dos fórmulas son válidas, majo y majorero. Las referencias documentales citan a los dos. Es verdad que en mi tesis no encontré el término majo en la documentación, pero sí es verdad que hay mucha toponimia referente a los majos en ambas islas”. El historiador cuenta con una documentación de 1590 “que habla de las chozas de los majoreros, en Tiagua (Lanzarote), pero puede ser majorero de Fuerteventura porque ahí vivió Alonso el de Jandía. Sin embargo, en documentos notariales de Fuerteventura es muy común el término majo”. En consecuencia, sentencia el investigador, “los términos majo y majorero está vigente en las dos islas desde tiempo inmemorial”.

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La toponimia, como bien dice De León, disipa dudas sobre el gentilicio majo para designar a los guanches de las dos islas orientales. El catedrático Trapero, en su diccionario de guanchismos, sostiene que “el término majo, con la referencia a sus respectivos aborígenes”, lo ha localizado en siete lugares “en Fuerteventura y en seis de Lanzarote, tanto en singular como en plural”. El filólogo aclara que “los toponimios no tienen que ser todos ellos de la época de la Conquista, pues han podido haber nacido más tarde para señalar aquella referencia”. Algunos de esos lugares son: Casita de los Majos, Lomo del Majo, Cueva de los Majos o Carrera de los Majos.

Majorero en Marruecos

El término majorero también se usa fuera de las fronteras de Canarias, concretamente en Marruecos. El director del Museo Arqueológico de Fuerteventura, Luis Mata, se quedó asombrado cuando hace ocho años, en Tarfaya —sur de Marruecos, a sólo 34 kilómetros de la frontera con Sahara Occidental—, “escuché a un señor mayor saharaui, natural de El Aiun, decir que la palabra majorero la usaban para definir a una persona que se dedicaba a un oficio vinculado con la artesanía”.

Tras este hallazgo casual, el historiador majorero empezó a indagar y confirmó que, en efecto, “el término fonológico majorero se mantiene en lugares de Marruecos, como sostiene el lingüista Ahmed Sabir, profesor de la universidad de Ibn Zohr”, en Agadir. Sabir relaciona el vocablo majorero, según Mata, “con un grupo étnico diferenciado por sus actividades artesanales”. “Aunque apenas se utilice”, sentencia Mata, “en la lengua bereber aún se puede escuchar el término majorero”. El libro de Sabir Las Canarias Preeuropeas y el Norte de África. El Ejemplo de Marruecos. Paralelismos Lingüísticos y Culturales, cita numerosas semejanzas entre la toponimia de origen guanche de Canarias con la de localidades norteafricanas, principalmente marroquíes. En este trabajo se recoge el término majorero.

Respecto al gentilicio de los primeros pobladores de las islas orientales, el director del MAF sostiene, como atesoran las fuentes históricas citadas en este reportaje, “la relación del término más aceptada es la que se relaciona con el tipo de calzado que utilizaban —maho— los mahoreros”. Luis Mata concluye que este calzado “debió ser tan excepcional que diferenció la nominación a los pobladores de las islas orientales del resto”, aunque como señala el catedrático Maximiano Trapero, majo también se usa en El Hierro.

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Es ilustrativo destacar que el vocablo majorero o majorera lo encontramos en la toponimia de islas como La Palma —Llano de las Majoreras, en el municipio de Puntallana—, El Hierro —Camino de las Majoreras, en Frontera— o Gran Canaria —Las Majoreras, un barrio de Ingenio, o Roque Majorero, en el municipio de Mogán—.

En definitiva, el gentilicio de los indígenas, aborígenes o guanches —la RAE designa este gentilicio a “un pueblo que habitaba las Islas Canarias al tiempo de su conquista”— de Lanzarote y Fuerteventura es majorero y majo indistintamente. De la misma manera que la cultura de los primeros pobladores de Canarias evolucionó durante los aproximadamente 1.300 años que perduró hasta la Conquista, el lenguaje y el sonido de las palabras también evoluciona. Así, tras la Conquista se usaba el vocablo mahorero, como reflejan los cronistas citados, evolucionó, no se sabe exactamente por qué, y surgió el gentilicio majo sin que se perdiera el majorero.

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