Roger P. Frey: “He fotografiado desde Tacande (El Paso) el mejor ‘rayo verde’ de mi vida”
Este aficionado a la meteorología captó este martes una espectacular imagen de este fenómeno óptico
Acerca de Canarias, pero no de origen pasense. Y escrito por otros para este blog canario
Roger P. Frey: “He fotografiado desde Tacande (El Paso) el mejor ‘rayo verde’ de mi vida”
Este aficionado a la meteorología captó este martes una espectacular imagen de este fenómeno óptico
27/05/2023
Á. Van den Brule A.
La isla de La Palma fue sometida en 1493 y, tras ella, el conjunto de las islas fue quedando, ya fuera por la fuerza o por los pactos de paz, bajo el dominio de la Corona de Castilla
La quietud era abrumadora y el silencio inquietante. Sólo el ruido metálico de los morriones, petos y su botonadura, cascos de la reata de caballos y las espadas, rompían la monotonía. Una tropa de centenar y medio de caballeros y no más de un millar de soldados sin mucha preparación y cogidos a lazo en las islas cercanas, caminaban en lenta procesión por aquel paisaje lunar. La tropa, admirada, veía cómo las estrellas fugaces pasaban de largo y la bóveda celeste seguía ahí, impertérrita, sin más respuesta que su imponente presencia.
Hacia mayo, en las cercanías de lo que hoy es Tenerife, aquella tropa de gentes castellanas con presencia regular en el Hierro y la Gomera y algunos reclutados en el sur de la península, se adentraban de manera un tanto informal y sin las debidas precauciones. En las alturas del barranco de Acentejo, había muchas miradas escrutando a aquellos extraños invasores que portaban unos perros grandes y feos y unas extrañas armas metálicas.
Aquella tropa de gentes castellanas con presencia regular en el Hierro y La Gomera y algunos reclutados en el sur de la península, se adentraban de manera un tanto informal y sin las debidas precauciones
Hoy se sabe por historiadores isleños y peninsulares que la infantería iba muy cargada. Las tradicionales alabardas, con el peso añadido de las espadas y dagas, más que elementos de defensa eran lastres para una movilidad rápida y suelta. En los lances por venir, los ballesteros, que, si tenían un excelente entrenamiento, harían un papel digno, pues la cadencia de tiro era muy superior a la del arcabucero. Sin embargo, las más eficaces armas de fuego a pesar de la carnicería que provocaban tendrían un papel muy secundario, pues el planteamiento guanche tendría una contundencia brutal por el factor sorpresa y a los arcabuceros sólo les daría tiempo a disparar un “apóstol”.
Mientras tanto, los nativos guanches usaban un pequeño escudo de factura derivada del Drago. Venablo y lanzas tratadas al fuego eran sus herramientas más usuales para estos menesteres de la guerra. Asimismo, eran extraordinariamente hábiles en el arte de pegarte una soberana pedrada y dejarte “aviao pa’ los restos”. A todo esto, había que añadir unas mazas de aquí te espero, y se manejaban en el cuerpo a cuerpo con una facilidad asombrosa, usando como protección añadida su indumentaria personal enrollada en el antebrazo. Eran auténticos luchadores. Vamos, que no iban de picnic.
Un grupo de nativos gomeros, guerreros probadamente valientes, un centenar de guerreros guanches liderados por su antiguo rey e insertados en los bandos de paces, tratados que exigían a los isleños cristianizarse y cierta subordinación administrativa dependiendo de los acuerdos logrados con los aborígenes de cada isla, cerraban la comitiva.
Era el año 1494. Castilla estaba en el apogeo de su elaborada grandeza. En su haber, estaba la fusión de los dos grandes reinos peninsulares, la difícil aproximación a las islas Canarias, las capitulaciones de la rendición del Reino Nazarí, el descubrimiento de América; en fin, una retahíla de logros impresionante.
La isla de La Palma fue sometida en 1493 y, tras ella, el conjunto de las islas fue quedando, ora por la fuerza ora por pactos de paz, bajo el dominio de la Corona de Castilla. Tenerife, era muy complicada por la heroica resistencia planteada por los guanches. Estudios demográficos hechos “a ojo de buen cubero “por el cronista portugués Gomes Eanes, indican que en el conjunto de la isla no podía haber más de seis mil hombres en situación de armas. Mujeres y niños obviamente no entraban en la ecuación.
Aunque no hay quorum sobre la zona exacta, pues las descripciones del lugar de la batalla hechas por los historiadores van den Heede y Rumeu de Armas, ambos con una potente y encomiable carga de trabajo de campo, se concluye que con una alta probabilidad se desarrolló en lo que hoy es el barrio de San Antonio y a una cota de unos 500 metros de altura y un espacio muy reducido para la maniobra.
En línea con lo anterior, los castellanos cometieron dos errores tácticos solapados. Uno, que, conforme iban penetrando en los territorios del Mencey Bencomo, el que más peso político tenía entre sus pares, iban recogiendo cabras en cantidades industriales para cebarse en el camino. Dos, que la caballería no podía dar mucho de si en un terreno tan abrupto y, en consecuencia, la protección que podía dar a los infantes era más testimonial que otra cosa. Estos dos errores les costarían caros a los peninsulares.
El médico y poeta canario, Antonio de Viana, amigo de Lope de Vega en su paréntesis sevillano, relata en su particular correspondencia, la estrategia que siguió el Mencey Bencomo sobre el desarrollo de los acontecimientos.
Mientras Tinguaro, con cerca de tres centenares de guerreros, seguía a la tropa invasora desde las alturas de los cerros, Bencomo comenzó a llamar a todos los primos de su enorme familia (los lazos de parentesco en aquel tiempo y lugar era muy amplios) al amparo de un espíritu comunal y de reciprocidad desconocido entre los peninsulares. Tinguaro, el hermano pequeño del mencey, usó el arte del camuflaje de forma magistral. Cociendo barro, enredados con finas tiras de cuero vuelto y aderezados de chajorras y alamillos de Acentejo, plantas endémicas tinerfeñas, avanzaban hacia el barranco donde ocurrió la tragedia. Era imposible de detectar a aquellas gentes pues sabían situarse perfectamente sobre el terreno, mientras que los castellanos eran bastante escandalosos en su caminar.
A los primeros silbos, los chivos y cabras, presas de los conquistadores, tiraron monte arriba creando una confusión extraordinaria entre la abigarrada tropa situada en una parte muy angosta del desfiladero. Chivos y cabras subían, guanches bajaban. A criterio de los nativos, que se habían ido deslizando hacia la hondonada, la sorpresa fue mayúscula. Los cronistas castellanos edulcoraron un poco lo acontecido, pero la descripción es esencialmente concordante.
Ese día, Dios se había despertado cabreado. Enormes bloques de lava petrificada movidas con palancas corrían hacia el seno de la angostura, a ello había que sumar una granizada de piedras de tamaño gigante, dardos, venablos y un griterío coral infernal que rebotaba su eco en aquel trágico lugar. Según describe el cronista Rumeu de Armas, aquello se parecía más a un seísmo. Adicionalmente, como el trayecto de ida era inicialmente norte–sur, el sol, declinante en el momento del ataque, favorecía a los aborígenes canarios; todo era redondo.
Cuando parecía que el tema iba a quedar en tablas, apareció Bencomo con cerca de (hay mucha discrepancia entre historiadores) setecientos primos primeros, segundos y terceros; un batallón, vamos. La huida hacia el mar según cronistas fue muy desorganizada y sólo la caballería actuaria con cierto orden. El mencey Bencomo tuvo el gesto de devolver muchísimos prisioneros. El comandante castellano, a la sazón Alfonso Fernández de Lugo, se retiró a la isla de Gran Canaria a urdir un nuevo ataque, la segunda batalla de Acentejo; pero eso es ya otra historia.
Castilla sufría su primera derrota en un lugar absolutamente inadecuado para la maniobra y los golpes tácticos de la caballería. Someter al pueblo guanche llevaría más de un siglo. Hoy, afortunadamente España cuenta con un lugar en el paraíso: Canarias.
A lo largo de los siglos posteriores, el pueblo canario defendió las islas para la Corona, expulsando sin despeinarse en épicas batallas a los ingleses en varias ocasiones, berberiscos, piratas de toda laya, etc. No se le puede pedir más a un pueblo tan entregado; si acaso una atención adicional del gobierno central orientada hacia las inversiones, no sólo del turismo se puede vivir.
¡Ah! Y con un ojo puesto en el vecino de enfrente… No es fácil ser un fulcro entre el ideal del pacifismo y tratar de resolver los problemas dialogando y, por otro lado, ser un pasota observando a su vecino armarse mientras se hace más fuerte y ambicioso a pasos agigantados.
Es necesario atender como Dios manda a las oleadas de emigración provenientes del este, la hospitalidad no es sinónimo de carta blanca, hay una honda preocupación entre las gentes del archipiélago, éstas están tensionadas con lo que ya tiene visos de invasión.
23-05-2023
Éstas son algunas de las palabras más comunes que desconciertan a nuestros compatriotas del resto del país
No sólo el seseo es el gran elemento identificador y diferenciador del los canarios. No podemos evitar tener un vocablo propio y muy rico, a la par que divertido, que hace que los canarios destaquemos allá por donde vamos.
Hay palabras para designar conceptos que en el resto de España se dicen de otro modo y palabras que no significan lo mismo aquí que allá, por lo que muchas veces no se nos entiende y es necesario explicar a qué nos referimos. De hecho, no debemos irnos muy lejos porque incluso nosotros, en el propio archipiélago, usamos una misma palabra para diferentes ámbitos.
Hemos elegido algunas de las palabras más comunes que desconciertan a nuestros compatriotas del resto del país. En total te presentamos 26 de esos términos.
Y para ti, ¿cuál es la palabra más característica del léxico canario?
Éstas son algunas de nuestras propuestas. Si ves que se nos ha quedado alguna atrás, no dudes en hacérnoslo saber en los comentarios de esta noticia.
Cortesía de Juan Antonio Pino Capote
20-05-2023
La floración de esta planta, exclusiva de las zonas altas de la Isla, tiene su punto álgido en la segunda quincena de mayo y podrá contemplarse hasta mediados de junio
La primavera ha vuelto a colorear las cumbres de La Palma. La espectacular floración del tajinaste rosado (Echium pirezii), que tiene su punto álgido en la segunda quincena de mayo, dibuja un paisaje de altura de singular belleza. Esta planta endémica, de porte elegante y majestuoso, se localiza, en su mayoría, en los bordes de la carretera LP-4, entre los puntos kilométricos 27,500 y 27,800. Los ejemplares crecen, en su mayoría, alineados en la citada vía.
El tajinaste rosado, exclusivo de las cumbres de La Palma, estuvo a punto de extinguirse. En los años 80 del siglo pasado sólo quedaban unos 200 ejemplares refugiados en acantilados, los únicos del mundo.
El tajinaste rosado estuvo a punto de desaparecer en los años 80 del pasado siglo. Foto: INÉS SÁNCHEZ
Un recorrido por La Palma, la Isla Bonita, a través de sus senderos más desconocidos
De norte a sur y de este a oeste, cuenta con más de 1.000 kilómetros señalizados que permiten a los amantes de la naturaleza descubrir los paisajes tan dispares que alberga
12-05-2023
Oswaldo Izquierdo Dorta
El comprar un libro es
un acto muy solidario,
y más aún si es canario
el autor, que si es inglés.
Con esta compra, tal vez,
se afiance más la lectura
y difunda la cultura
de nuestra tierra canaria,
tan plural y milenaria,
tan brillante y tan oscura.
Espectacular paleta cromática en las cumbres de La Palma
Cada mes de mayo, la cúspide de la Isla empieza a vestirse de gala con los blancos de las retamas, las margaritas y el rosado y añil de los tajinastes
06-05-2023
Francisco Talavera
Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que la llegada de canarios al nuevo continente comenzó desde el mismo momento de su descubrimiento, pues ya Cristóbal Colón en sus primeros viajes partió desde la isla de La Gomera, en donde había “enrolado” a algunos naturales de la isla, además de todo tipo de vituallas con destino a La Española (hoy República Dominicana y Haití).
Lo mismo hicieron, entre otros, Nicolás de Ovando cuando levó anclas, en 1502, con rumbo a Santo Domingo, llevando varias personas canarias a bordo. Le siguieron Lope de Sosa (1513), Pedro de Heredia, Francisco Montejo (1527), o Diego de Ordás (1531), que llevó 200 hombres de guerra desde Tenerife en la campaña del río Marañón, en la Amazonia. O la expedición del segundo Adelantado de Canarias, Pedro Fernández de Lugo (1536) que reclutó 800 hombres naturales de las islas para la conquista de Tierra Firme (Colombia).
Sería muy rara la expedición de conquista que se dirigiera a Las Indias e hiciera su primera escala obligada en Canarias, que no se abasteciera en estas islas de todo tipo de víveres y que no reclutara o enrolara a soldados y marinos canarios (en gran parte guanches o sus descendientes criollos). Y así vemos que muchos centenares de naturales del Archipiélago contribuyeron, en la primera mitad del siglo XVI —de manera muy apreciable y casi siempre forzosa— a la conquista y colonización del Nuevo Mundo.
Y con ellos comenzaron a llegar sus tradiciones, su manera de ser y de hablar, su fácil adaptación a cualquier tipo de medio hostil y, cómo no, sus genes.
Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XVII y en el siglo XVIII, el tipo de emigración canaria a América cambió. Ahora ya era familiar, pues las Antillas mayores se estaban despoblando, debido a la hecatombe demográfica de las poblaciones autóctonas (taínos, caribes, etc.) a causa de la guerra de conquista, la esclavitud, las enfermedades transmitidas por los europeos, el mayor atractivo de los territorios continentales de Tierra Firme, etc.
Además, en aquellos tiempos era muy valorada la experiencia del campesino canario, muy trabajador y buen conocedor de las técnicas de cultivo, a la vez que se adaptaba mejor a los climas tropicales.
Un dato demográfico muy importante es que, a finales del siglo XVII (censo de 1680), la población de Canarias ya superaba los 100.000 habitantes (100.592), de los cuales más de la mitad vivían en Tenerife (51.924).
Estas cifras contrastan con las de la escasa población que albergaba Puerto Rico en esas fechas que, según los autores, oscilaba entre 6.000 y 7.500 personas. Cifras que contrastan aún más si consideramos la superficie de ambas islas: Tenerife (2.034 km2) y Puerto Rico (9.104 km2).
‘TRIBUTO DE SANGRE’
A Puerto Rico le ocurría lo mismo que a Santo Domingo. Estaba sufriendo un alarmante descenso demográfico, y ese despoblamiento amenazaba seriamente la soberanía española de la isla. La Real Cédula de 1678 ya especificaba que la emigración se orientara fundamentalmente hacia esta isla.
Esa Real Cédula, conocida como la del Tributo de Sangre (por cada 100 toneladas de mercancías que se exportasen a América desde Canarias, había que enviar cinco familias de al menos cinco miembros cada una). A lo que habría que añadir la frecuente emigración individual y clandestina, muy difícil de controlar y cuantificar.
Y de esa manera —en pésimas condiciones, que le costaron la vida a más de uno—, viajaron miles de canarios a repoblar los nuevos territorios del Caribe.
Según la profesora Analola Borges (1988), esa real Cédula fue expedida por la Corona española con una triple finalidad: en primer lugar, para repoblar o fundar nuevos asentamientos en aquellos lugares muy despoblados o que corrían el riesgo de caer en manos extranjeras. El segundo objetivo era el cultivo de la tierra, no sólo para autoabastecimiento, sino para crear una economía agrícola-ganadera. Y, en tercer lugar, el labrador isleño estaba obligado a alternar esos deberes del campo con los de soldado, en caso de que hubiese que defender el territorio frente a ataques enemigos.
Decía esta autora: “Nuestra gente campesina, transportada a un medio desierto, sujetos a peligros de piratas e intentos de invasión, en el que deberían ejercer las funciones de jornaleros y de soldados, de economistas y de arrieros, de regidores municipales y de héroes”.
Y con los canarios fue también su dialecto, su especial manera de hablar, dulcificada por la herencia guanche y portuguesa. Comenta al respecto el profesor Marcial Morera: “En primer lugar, la historia de Canarias no se entiende cabalmente sin tener en cuenta la historia de Portugal (…) de ahí que pueda decirse, sin temor a la exageración, que la forma que tiene el canario de ver y comprender determinadas realidades de su entorno natural y cultural, es la forma portuguesa, no la española.
De otro lado, la influencia del portugués sobre el habla canaria no fue decisiva sólo para el español de Canarias, sino que lo fue para la lengua española en su totalidad, porque el español de América, que es hoy el fragmento más importante de nuestro idioma, se constituyó, en buena medida y en su primera etapa, a partir del español de Canarias, que ya era casi centenario cuando las carabelas de Colón alcanzaron las costas americanas, después de hacer parada en el Archipiélago para arrancharse y avituallarse en él”.
Aunque desafortunadamente la documentación del siglo XVI es, por diversos motivos, muy escasa, se tiene constancia de la llegada a Puerto Rico de esclavos blancos (guanches) a ese país y a Santo Domingo, desde su descubrimiento hasta 1537.
Y junto a esos esclavos, también desde Canarias llegarían a las Antillas la “caña dulce” y los especialistas (canario-portugueses) en todo el proceso de la producción del azúcar de los trapiches e ingenios que comenzaban a instalarse en estas islas, especialmente en La Española.
“En 1569 fue autorizado el traslado de oficiales canarios especializados que quisieran dirigirse a Puerto Rico. Desde los siglos XVI y XVII hubo un flujo migratorio del Archipiélago a esta isla antillana; no obstante, Canarias se inserta en el mundo americano, fundamentalmente, a partir del siglo XVIII (…). Y desde 1663 los navíos que partían con registro a Cuba estaban obligados a embarcar cinco o seis familias con destino a Puerto Rico”. (J. M. Santana Pérez, 2008).
Los canarios firmaban un contrato (que la mayoría de las veces no se cumplía) en el puerto de embarque y ante una persona autorizada, que bien podía ser el capitán del barco, mediante el cual se les proporcionaba el pasaje, comida, ropa y un seguro.
En muchos casos la realidad fue muy distinta, pues al llegar al puerto de destino —después de las penurias de un interminable viaje en la bodega del barco— se encontraban desamparados en un medio hostil y ante una Administración que los recibía y trataba con menosprecio.
Pero, a pesar de todos esos avatares, entre finales del XVII y las primeras décadas del siglo XVIII partieron de Canarias con destino a Puerto Rico 176 familias en ocho expediciones, con un total de 882 personas (número que fluctúa según los autores), y con un ligero predominio de los hombres.
Estos núcleos familiares se asentaron principalmente en la región occidental de la isla. También es conocido que a lo largo del siglo XVIII se fundaron en Puerto Rico muchas nuevas poblaciones, en las cuales la participación canaria fue primordial. “Sabemos que de las 28 poblaciones fundadas entre 1714 y 1797, que se sumaron a las cuatro que ya existían, al menos 19 surgieron tras la mayoritaria contribución de los isleños.
Y en el caso de Mayagüez, Manatí y Vega Alta, fueron fundadas por ellos. Incluso el propio Coamo, cuya fundación data de la centuria anterior, recibe inmigrantes canarios que llegan a convertir a la Virgen de Candelaria en patrona de la localidad. Las regiones interiores y occidentales de la isla serán las áreas prioritarias del poblamiento isleño, determinando la existencia de un campesinado blanco característico, que definiría su identidad: el jíbaro”. (Manuel Hernández González, 2004).
Y de la presencia canaria en la población puertorriqueña, María Cadilla comenta en su tesis doctoral: “Es una costumbre el decir que las Antillas están pobladas por andaluces, por el mero hecho de que todo el tráfico entre España y estas islas se hacía, hasta el reinado de Carlos III, por Andalucía; pero lo cierto es que cualquier observador atento de la realidad en Puerto Rico verá, por ejemplo, que en las regiones de Quebradillas, Isabela, Camuy y Hatillo prevalecen los canarios y sus descendientes…”.
De manera similar se manifiesta el lingüista Tomás Navarro en su obra “El español de Puerto Rico” (1948): “De Canarias, y especialmente de Tenerife, procede la corriente forastera que Puerto Rico ha recibido de manera más permanente y abundante. Los andaluces establecidos en la isla se han dedicado preferentemente al comercio; los canarios, a quienes los puertorriqueños signan familiarmente el nombre de isleños, se dedican a la agricultura y se les encuentra sobre todo en las tierras llanas”.
Pero quizás el testimonio más contundente sea el del eminente lingüista puertorriqueño Manuel Álvarez Nazario (1972) cuando dice: “Muy pronto, además, ya desde los primeros albores de las colonias en el siglo XVI, comenzará a dejarse sentir en nuestras tierras caribeñas el influjo expresivo que nos llega con los inmigrantes isleños de Canarias que, a partir de entonces y hasta el presente, vendrán a asentarse masivamente entre nosotros.
La huella del decir canario en los territorios insulares y continentales del Caribe hispánico habrá de constituirse en el tiempo en uno de los principales puntales de la comunicación de timbre criollo que se da en los países de esta zona geográfica americana, tejiendo desde las islas a la Costa Firme nuevos lazos de unidad dialectal más propiamente nuestros. (…). También términos de origen portugués en las citadas islas como: banda (lado), furnia, burgado, matojo, botar (tirar), fañoso, gago, cambado, engodarse, desinquieto, frangollo, millo, mojo, lasca…”.
Ese alto flujo migratorio se interrumpió a partir de la segunda década del siglo XIX, tras la independencia de muchos de los países americanos, pero el principal foco de atracción para los canarios seguía siendo el Caribe.
Por esas fechas aumentó considerablemente el número de emigrantes desde la metrópoli, principalmente desde Baleares y Cataluña, aunque también de Andalucía, Galicia, País Vasco y otras regiones. Cabe decir, también, que, a partir de la década de los 30, en muchos de los barcos que partían de Canarias con rumbo a Puerto Rico, en realidad sus pasajeros se dirigían a Venezuela y Cuba.
Y ya avanzado el siglo XIX, de nuevo irrumpe el cultivo y comercio del azúcar, en el que los especialistas canarios tuvieron mucho que ver, proliferando los ingenios azucareros por todo el Caribe.
Como consecuencia, se modificó la legislación para que los isleños accedieran al reparto de las tierras que habían quedado baldías y que serían utilizadas en los nuevos ingenios de azúcar, cultivo que se tornó muy productivo. Y en algunos casos los jornaleros canarios se mezclaron con los esclavos africanos negros.
HERENCIA
Es de resaltar que la herencia canaria en Puerto Rico también se manifiesta desde la genética, pues según un estudio reciente (2016) elaborado en las Universidades de Puerto Rico (Ponce de León) y Arizona State, publicado en Human Biology, casi el 40% de los puertorriqueños con genes europeos y norteafricanos (bereberes) descienden de canario-isleños.
A lo que habría que añadir que, en un reciente estudio del ADN mitocondrial de la población canaria, llevado a cabo por investigadores del ITER, el CSIC, las Universidades de La Laguna y Fernando Pessoa, y el Instituto Carlos III, recientemente publicado (2023) en la revista Science —el más amplio que se ha realizado hasta el momento sobre la actual población canaria de varias generaciones (896 personas de todo el Archipiélago)— los resultados confirman que la herencia materna es entre el 50 y el 60 % aborigen(guanche).
Y de la otra mitad no aborigen, el 40% es de origen ibérico. De esa huella ibérica, el peso más importante se lo llevan los linajes identificados como portugueses y gallegos, que representan el 49,8 % de esa otra mitad no aborigen.
En fin, una prueba más de la inmensa huella (lingüística, histórico-cultural y genética) dejada por los canario-isleños en América, que aún sigue siendo desconocida y poco valorada para muchos, e ignorada y soslayada, a posta, por otros.
S/C Tenerife a 21 de abril de 2023
Juan Antonio Pino Capote
EN TORNO A DOS MEDALLAS DE ORO
Visión de un Académico
El pasado 30 de marzo de 2023, el Cabildo de Santa Cruz de Tenerife hizo entrega de sendas medallas de oro de la isla a dos entidades complementarias en sus servicios y con gran arraigo en la isla: Real Academia de Medicina de Canarias, y Sociedad Española de la Lucha contra el Cáncer. Una feliz coincidencia.
Esta coyuntura me trajo a la memoria una frase de mi admirado Hipócrates, padre de la Medicina y la Ética (juramento hipocrático), año 460 a.C., Grecia. Academia de Atenas. Dice así: «El médico no sólo debe estar preparado para hacer lo que es correcto a sí mismo, sino también para hacer que el paciente, los asistentes y los externos cooperen«.
En tiempos modernos, las instituciones y asociaciones son más relevantes que los individuos, y así la Real Academia representaría al médico de la época hipocrática, y la Sociedad Española de lucha contra el cáncer representaría a los EXTERNOS donde Hipócrates dice que los externos cooperen. En la situación que nos ocupa, los “externos” han surgido generosamente motu proprio a cooperar. Sin embargo, hay otros muchos EXTERNOS más importantes cuya cooperación sería fundamental para tener una gran Sanidad en España, que ofrece la mejor coyuntura del mundo: El GOBIERNO. La forma de hacerlo es la siguiente:
En primer lugar, hace falta una gran inversión, que puede ser mucho más reducida si se actúa como señalaremos. Se atribuye a Napoleón la frase de que “para ganar la guerra hacen falta 3 cosas: Dinero, dinero y dinero”. Y ahí está la buena gestión que el gobierno no quiere o no sabe hacer. Por lo que al dinero, yo añadiría voluntad.
Era más difícil conseguir dinero cuando se inició la creación de nuestra gran Seguridad Social. En la España de la “larga postguerra”, de los pantanos y en vías de reindustrialización, unos astutos gobernantes, con los escasos medios a su alcance, iniciaron la feliz aventura utilizando los consultorios privados y los de APD, y también clínicas privadas, donde los profesionales médicos, con un pequeño sueldo y un talonario de recetas formaron una infraestructura suficiente para que se iniciara el famoso SOE, Seguro Obligatorio de Enfermedad, al que empezaron a cotizar los trabajadores y las empresas. Así surgió nuestra magnífica Sanidad que ahora se deteriora a pasos agigantados. La forma de resolverlo puede coincidir con los gestores iniciales del pasado siglo.
1ª medida. Será imprescindible invertir la sangría de los PROFESIONALES, hacia el extranjero y, además, acelerar la formación de nuevos profesionales. Es necesario elevar el salario de los profesionales que durante tantos años vienen prestando grandes servicios por la mitad del salario que cobran los sanitarios de todos los demás países europeos, incluido nuestro vecino Portugal. Mejorar también sus condiciones laborales. Y, como se van a necesitar muchos profesionales, bajar el listón de ingreso en las facultades y en el MIR a un nivel compatible con la calidad. Esto es mucho mejor que importarlos de otros países con bajo nivel.
2ª medida. Antes, hay que borrar de las mentes estrechas y fanáticas la demonización y el tabú a la privada. Ya que la privada es la que nos puede sacar del atolladero, como en los tiempos iniciales. Pasa por hacer un gran PACTO, blindado, con la privada, a la que se le asegure un concierto por los años que sea necesario para la creación de nuevos centros hospitalarios y de asistencia primaria. La asistencia CONCERTADA puede funcionar como lo ha hecho hasta ahora o incluso mejor. Se supone que la privada, de muy alto nivel en España, esté dispuesta a hacer crecer sus empresas. También es muy posible que la privada haga la infraestructura en tiempo récord o, al menos, mucho más rápido que la pública. La necesidad apremia.
El deterioro continúa a velocidad de un vértigo imparable. Y no se puede gobernar con una miopía de 4 años o especulando con los votos. También se juzgará a los gobiernos por lo que no hicieron o dejaron de hacer.
La Sanidad está grave y hay que conseguir que los EXTERNOS, cooperen