[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: Carmelo Duarte Pérez

CARMELO DUARTE PÉREZ
(1907- )

Uno de los hombres que la diáspora de la Guerra Civil Española (1936-1939) aventó a Venezuela, y que aquí dejó huella de su permanencia, es el poeta y educador Carmelo Duarte Perez.

Hijo del matrimonio formado por los agricultores Antonio Duarte Crespo y Juana Pérez Crespo, nació en Breña Baja, el 9 de junio de 1907. Después de haber aprendido a leer y escribir con su propia madre, ingresó en la escuela primaria que, en su villa natal, dirigía el maestro José Ana Fernández, quien apreciando las dotes naturales que para el estudio presentaba su alumno, aconsejó a los padres de éste que debieran tratar de que su hijo siguiera los estudios de bachillerato, los cuales realizó, con el sacrificio económico de sus progenitores, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Cruz de La Palma.

Al obtener el grado de bachiller, su hermano mayor, el poeta Félix Duarte Pérez, le ofreció sufragar los gastos de una carrera superior, pero no queriendo sacrificar demasiado al hermano en su gesto de desprendimiento, optó por una carrera corta, y se decidió por los estudios de magisterio, que cursó en la Escuela Normal de Maestros, de La Laguna de Tenerife, en cuya ciudad realizó asimismo cursillos en la Universidad.

Ya en sus años estudiantiles se despierta su vocación literaria y escribe poesías, cuentos y ensayos. Por entonces gana el Primer Premio en el certamen de cuentos convocado por la revista “Trabajadores de la Enseñanza», de Santa Cruz de Tenerife, con el titulado “Resurrección de la Aladea” (1931).

Concluidos sus estudios de maestro nacional, hizo oposiciones a plaza, a la que asistieron 5.000 aspirantes. y obtuvo el número 6, ganando la de la Escuela Nacional de San Antonio, en Breña Baja, en 1934. Allí, en aquel tiempo, aprendió la ejecución musical del clarinete, primero, y del violín, después, logrando realizarlo con tanto acierto que pasó a integrar la Banda Municipal de la dicha villa, que dirigía Gumersindo Galván de las Casas (1885-1981).

Cuando apenas llevaba dos años de docente, con motivo del golpe de Estado dado por el Gral. Francisco Franco Bahamonde (1892-1975), es encarcelado durante cinco años (1936-1941).

A la salida de la cárcel fundó un colegio privado (1941) —situado en la calle Dr. Santos Abreu, numero 6, de Santa Cruz de La Palma—, donde impartió enseñanza primaria. Pero el hostigamiento que sufrían, tanto él como otros educadores, a causa de la persecución ideológica que padecían los defensores de los regímenes populares, los obligó a fundar el Colegio Cervantes, que regentaba nominalmente Celestino Cabrera Marrero, pero en el que dictaban las clases los educadores Carmelo Duarte Pérez, y Juan B. Hernández y Hernández, con la colaboración de los hijos de éste, Juan José y Pablo Hernández Gutiérrez, y también, durante breve tiempo, de Régulo Arocena Díaz.

Este colegio, de corta pero fecunda historia, tuvo su sede sucesivamente en San Sebastián, 1, y en Álvarez de Abreu, 23, en la referida Santa Cruz de La Palma, hasta que fue definitivamente clausurado por motivos políticos en 1943.

Luego dio clases privadas, a pequeños grupos de alumnos, en casas particulares, en Santa Cruz de La Palma, hasta que se fundó la Academia Pérez Galdós, en dicha ciudad, por los profesores José María Pinto Acosta y Juan B. Fierro Pérez, entre otros, y es invitado a formar parte del claustro de la misma. En ella ejerció no sólo funciones docentes, desempeñando cátedras de Lengua y Literatura españolas, y Francés, sino también de direccion, ya que durante varios años fue director de dicha academia. Pero nuevamente es encarcelado durante un año (1949-3950).

A la salida de la cárcel, por segunda vez, es nuevamente llamado a ocupar la direccion de la Academia Pérez Galdós, pero por breve tiempo, pues al sentirse permanentemente vigilado por la policía gubernamental de la España de aquellos días, y ante el temo de ser sometido a prisión una vez más, renunció al cargo para trasladarse a Venezuela.

A bordo del velero “Delfina Noya», capitaneados por Delio Ortega Morales (1921- ), partió de las costas de La Galga, en Puntallana, el 14 de mayo de 1950, formando parte de los 230 pasajeros que, clandestinamente, viajaron en una travesía de 41 días, y arribaron a las playas de Chirimena (Estado Miranda, Venezuela), en la noche del 24 de junio de 1950.

Para facilitar el desembarco se le pidió a los pasajeros que nombraran un representante, y fue seleccionado, como capitán del barco, Carmelo Duarte Pérez.

En Venezuela residió, consagrado a la enseñanza, desde su llegada a este país y hasta su jubilación. Fue profesor de Biología y Francés en el Colegio de los Salesianos, de Caracas, pero pronto (1952) pasó a Punto Fijo (Estado Falcón), donde fue profesor de Educación Artística, Historia del Arte, Castellano y Literatura, y Francés, en todos los colegios de secundaria del Punto Fijo de su tiempo, entre ellos “San Rafael», pero fundamentalmente en el “Liceo Mariano de Talavera», del que fue cofundador y director, desempeñando en él la docencia durante 20 años.

En el Liceo Mariano de Talavera” dos promociones de bachilleres llevan su nombre (1964 y 1969), y en el Colegio San Francisco Javier, una promoción de maestros se honra asimismo con su nombre.

Como poeta realizó una obra fecunda y de exquisita sensibilidad artística. Es autor del libro de versos “Tres Autorretratos” (Palencia, 1966) —primer libro que publica, y en el que recogió poemas de los años que van de 1940 a 1963, muchos de los cuales vieron la luz anteriormente en publicaciones sueltas— que es una antología poética del autor, ordenada no sólo cronológicamente, sino también con criterio temático, a lo cual responde su estructura en tres apartados correlativos, en el su estilo es el verso sólido, acendrado y emotivo, en el que no se eluden las bellezas formales ni se rinde exagerado culto a las mismas;

“Transparencias Oníricas” (La Laguna de Tenerife, 1979); “Centelleo, breviario de un caminante” (Santa Cruz de Tenerife, 1982), libro de aforismos, sentencias y pensamientos, escritos en prosa, pero con un lenguaje poético, que recoge las mejores experiencias del autor; “Paraguaná en Crepúsculo” (Punto Fijo, 1977), ramillete con 76 poemas dedicados a la península falconiana de sus amores; “Huellas del alm” (Caracas, 1991), volumen en el que se recoge una selección especial de su obra poética.

Para 1993, año en que se escribió este artículo, estaba en edición “Florilegio Poético, y permanecen inéditas “Al desnudar las sombras”, con el que obtuvo el Primer Premio en el Concurso Nacional de Poesía auspiciado por el Ateneo de Punto Fijo, “La llamada obsesiva”, “Poemas de sangre”, “Detrás del alto muro”, “Cartas a mi madre en ultratumba”, y “Hombres como banderas”.

Colaboró también en publicaciones periódicas, tales como la revista “Cuba y Canarias», de La Habana, donde publicó su primer trabajo literario, titulado “La Caldera de Taburiente”; y los periódicos “La Gaceta de Tenerife», de Santa Cruz de Tenerife; y “El Tiempo», de Santa Cruz de La Palma; y la revista “Gánigo», de Santa Cruz de Tenerife, en los cuales aparecen colaboraciones suyas en prosa y en verso, lo mismo que en las revistas “Cerventina», de Punto Fijo (1959), y “Canarias Grafica», de Caracas (1972).

Después de haberse jubilado como docente se aficionó a la pintura y ha realizado como pintor una obra que, aunque poco conocida, es meritoria y en ella pone de manifiesto la misma exquisita sensibilidad artística que ostenta su producción poética y de ejecutante musical.

Fue Presidente fundador del “Centro Hispano», de Punto Fijo, y lo fue en dos oportunidades más (1953, 1967). Condecorado por el Gobierno de la República de Venezuela con la Orden “27 de Junio” (1973) y la Medalla de Oro del Rotary Club, de Punto Fijo (1971). Integró el Grupo “Cuarzo», de Paraguaná, agrupación cultural preocupada por el rescate de la vida intelectual de la región a la que se hallan incorporados poetas, pintores, antropólogos, conservacionistas, y hombres preocupados por identificarse con la labor que realizan, y quienes piensan que sin cultura no hay progreso.

En 1980 fue objeto de un homenaje por parte del Concejo Municipal del Distrito Falcón (Estado Falcón), y el 12 de noviembre de 1991 el “Centro Hispano” creó la Orden Institucional “Maestro Carmelo Duarte», para premiar anualmente a quienes hayan contribuido significativamente al
engrandecimiento, divulgación y consolidación de las actividades culturales, dentro de la institución o fuera de ella, dándole dicho nombre en su honor.

Se había casado en Breña Baja, el 21 de julio de 1934, con América Castañeda Concepción, también natural de esta villa, e hija de Manuel Castañeda Pérez y de Luisa Concepción Pérez, de cuyo matrimonio tuvieron cuatro hijas:

A.= Dalila Duarte Castañeda, nacida en San Antonio, Breña Baja, el 21 de mayo de 1935. Realizó estudios de bachillerato hasta el cuarto año. Casada con Miguel Calvente. Padres de dos hijos y dos hijas:

a.= Miguel Carmelo Calvente Duarte,
b.= Oswaldo Calvente Duarte,
c.= Thaís Calvente Duarte, y
d.= Ana Griselda Calvente Duarte.

B.= Luisa Olinda Duarte Castañeda, nacida en el Fuerte, Breña Baja, el 27 de noviembre de 1943, Bachiller que realizó estudios de primer año de Odontología. Casada con Bernardino Rodríguez Guerra, hijo de Juan Rodríguez y de Rocío Guerra. Padres de,

a.= Isabel Rodríguez Duarte,
b.= Juan Alfonso Rodríguez Duarte,
c.= Adolfo Rodriguez Duarte, y

C.= Carmen Graciela Duarte Castañeda, nacida en Santa Cruz de La Palma, el 30 de octubre de 1946, Licenciada el Bioanálisis por la Universidad Central de Venezuela (196X). Casada, el 17 de enero de 1969, con Pedro Tarasco Guardia, químico industrial, nacido el 2 de julio de 1947. Padres de,
a.= Dalila Tarasco Duarte,
b.= Pedro Tarasco Duarte,

c.= Cristina Tarasco Duarte, y
d.= Jesús Alberto Tarasco Duarte.

D.= Irene Duarte Castañeda, nacida en Punto Fijo, el 21 de diciembre de 1953. Ingeniero por la Universidad Central de Venezuela. Casada con Elio Abreu Chuecos, también ingeniero. Padres de
a.= Miguel Alberto Abreu Duarte, y
b.= Susana Abreu Duarte.

Carmelo Duarte Pérez, un educador que consagró su vida a la formación de la juventud, tanto en Canarias como en Venezuela —donde se proclaman discípulos suyos figuras como la del galardonado poeta Guillermo de León Calles (1943- )—, tuvo tiempo también para realizar una obra literaria que lo consagra como uno de los poetas de más valía nacido en la isla de La Palma, como un pintor meritorio, y como un ejecutante musical de feliz virtuosismo, fue también el sembrador en Venezuela de una digna familia que, a través de sus cuatro hijas, le ha dado 14 nietos, todos ellos nacidos en Venezuela.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: Diógenes Díaz Cabrera

DIÓGENES DÍAZ CABRERA
(1904-1993)

Diógenes Díaz Cabrera, cónsul y funcionario de la cancillería venezolana, memorialista y francmasón, en cuyas actividades llevó a cabo substantiva labor, es uno de los palmeros representativos de la emigración a Venezuela en la primera mitad de nuestro siglo XX.

Nació en Santa Cruz de La Palma el 10 de febrero de 1904, hijo de Antonio Díaz Paz y de Rosario Cabrera Martín; nieto por linea paterna de Juan Antonio Díaz Calderón y de Josefa de Paz Álvarez; y nieto por línea materna de Urbano Carera Álvarez y de Isabel Martín de León, todos ellos naturales de Santa Cruz de La Palma.

Pero su padre —que había residido muchos años en Venezuela, donde realizó importantes empresas mercantiles y obtuvo la nacionalidad venezolana— al nacer su hijo lo inscribió, como venezolano por nacimiento, en el consulado de Venezuela.

En su ciudad natal recibió la enseñanza primaria en la escuela de don Régulo Arocena Díaz, así como otros aprendizajes que le permitieron desempeñarse como comerciante y cónsul de Venezuela en La Palma, cargo para el que fue nombrado por el Gobierno de los Estados Unidos de Venezuela, y el cual desempeñó desde noviembre de 1927 hasta marzo de 1941.

También, desde muy joven, militó en la francmasonería, y ya en 1935 figuraba en la Logia Abora Num. 2, de Santa Cruz de La Palma, como secretario con el nombre simbólico de Nakens.

Su padre había pertenecido ya en 1889 con el nombre simbólico Guatire, tanto en la Logia Abona Num. 91 (1875-1900), como en la Logia Abona Num. 331 (1911-1923), ambas también en Santa Cruz de La Palma, y en esta última era Segundo Vigilante (1914).

Posteriormente realizó cursos de inglés, cuyo idioma logró dominar con perfecta pronunciación.

Al iniciarse el alzamiento del Gral. Franco, el 18 de julio de 1936, se le empieza a perseguir ideológicamente por su pensamiento republicano, y el gobierno dictatorial lo declara persona no grata por su actuación en el desempeño consular y por pertenecer a la francmasonería con el grado tercero, por ello se le encarcela y, juzgado por un Consejo de Guerra, el 28 de noviembre de 1941, sufre once prisiones: Prisión de Fyffes, en Santa Cniz de Tenerife; Cárcel Provincial, de Cádiz; Cárcel Modema, de Sevilla; Córdoba, Linares (Jaén); Alcázar de San Juan (Ciudad Real); Torrijos (Madrid); Porlier (Madrid); Puerto de Santa María (Cádiz); y Burgos, donde fue puesto en libertad y expulsado del país.

Posteriormente será encarcelado una vez más, como veremos.

Repatriado por el gobierno venezolano, al salir de la prisión de Burgos partió del puerto de Cádiz a bordo del vapor “Cabo de Homos” y arribó a Puerto Cabello (Estado Carabobo, Venezuela) el 6 de agosto de 1943.

A su llegada a Venezuela se le nombró funcionario de la Dirección de Consulados y Administración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, desde el 1° de septiembre de 1943. Y en 1944, al ser fraccionada ésta en dos direcciones, la de Consulados y la de Administración, pasó a esta última, permaneciendo en ella hasta el retorno a su archipiélago natal.

Fueron entonces Ministros de Relaciones Exteriores el Dr. Caracciolo Parra Pérez (1941-1945), el Dr. Gustavo Herrera (1945) y el Dr. Carlos Morales Fernández (1945-1947); y Director General del Ministerio don Henrique Díaz Fortoul y Macadet.

Durante su permanencia en Caracas fue presidente del Centro Canario (1941-1944) del que fue asimismo Secretario de la Comisión de Propaganda de su Junta Permanente que tuvo a su cargo la fundación y publicación de la revista “Canarias” (1943-1944), que bajo la dirección de José Pérez Sicilia abogó por la defensa de los intereses de la colonia isleña en Venezuela.

Posteriormente regresó a la isla de su nacimiento. Partió de Puerto Cabello a bordo del vapor “Santa Cruz», el 2 de octubre de 1947, y con escala en Willemstad (Curaçao) y La Habana (Cuba), arribó a Santa Cruz de Tenerife el 7 de noviembre del mismo año, y finalmente a Santa Cruz de La Palma, donde había quedado su esposa, doña Rosa Rodríguez Hernández, hija de don Manuel Rodríguez Acosta y de doña Evangelina Hernández, al cuidado de éstos y de sus propios hijos: Antonio Manuel Díaz Rodríguez —quien también fuera cónsul de Venezuela en La Palma, y galardonado por el Gobierno de Venezuela con la Orden “Andrés Bello», segunda clase (1980)—, y de Rosa Díaz Rodríguez, ambos casados y con sucesión.

En Santa Cruz de La Palma fue nuevamente hecho preso y permaneció en la Cárcel del Partido, desde el 21 hasta el 28 de diciembre de 1947, cuando finalmente fue puesto en libertad y, luego de varios meses, obtuvo la nacionalidad española, evitando así una nueva expulsión del país, y en La Palma allí se consagró a actividades mercantiles.

En 1978, en viaje de placer y acompañado por su señora esposa, visitó nuevamente a Venezuela, en cuya oportunidad fue agasajado por el Hogar Canario Venezolano.

Su quehacer en el servicio exterior de Venezuela le fue reconocido por el Gobierno de dicha República, que lo condecoró con la Orden “Francisco de Miranda», tercera clase (1980), la cual le fue impuesta por el ex-presidente de la República, Dr. Rafael Caldera Rodríguez.

En los últimos años publicó sus memorias, con el título de “Once cárceles y destierro” (Santa Cruz de Tenerife, Litografía A. Romero S. A., 1980), con prólogo de José Pérez Sicilia, libro en el que, como hombre liberal, nos narra con estilo sencillo la síntesis de los presidios que padeció y de su lucha en favor de la libertad, así como su estancia en Venezuela y los hechos que le tocó vivir, entre ellos el derrocamiento del Gral. Isaías Medina Angarita, el 18 de octubre de 1945.

Esta obra la había concluido el 28 de diciembre de 1972, pero por razones políticas no la pudo editar hasta el 27 de diciembre de 1980.

Ya viudo, rodeado del cariño de sus hijos, de sus nietos y de sus amigos, el 15 de octubre de 1993 falleció en Santa Cruz de La Palma este palmero que vivió en Venezuela, donde dejó obra significativa.

[Otros}– Encuentran en La Palma (Canarias) una especie de lagarto gigante que se creía extinguida

19.12.07

SAN SEBASTIÁN DE LA GOMERA.- El lagarto gigante de La Palma —Gallotia auaritae— es una especie que se creía extinguida. Sin embargo, José Antonio Mateo, biólogo del Centro de Recuperación del lagarto gigante de La Gomera, ha obtenido fotografías de uno de esos ejemplares endémicos de la isla.

Con ser importante, no sería un descubrimiento demasiado original. Hace un cuarto de siglo se pensaba que la única especie de lagarto gigante que había sobrevivido a la llegada de los españoles era el de Gran Canaria. Pero desde entonces se han ido encontrando pequeñas colonias de lagartos de Tenerife, La Gomera y El Hierro. Ahora le ha tocado el turno a La Palma.

Según el relato de Mateo, el 13 de julio de este año Luis Enrique Mínguez, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), en un recorrido a pie por el noreste de La Palma, se topó con un lagarto de gran tamaño junto a una pista forestal a 45 metros sobre el nivel del mar. El reptil apenas se inquietó, y se limitó a caminar sin sobresaltos hacia la vegetación próxima al camino, de forma que le pudo hacer varias fotografías.

Las imágenes muestran a un macho de lagarto canario de coloración dorsal muy oscura y sin manchas de colores. Por las referencias visuales del lugar (piedras y plantas), Mateo y el equipo de expertos que se desplazaron a La Palma creen que el animal tendría entre 157 y 167 milímetros desde el hocico a la cloaca, con una longitud total de entre 301 y 312 milímetros. Por el tamaño podría tratarse de un animal de unos cuatro años, y de unos 170 gramos de peso.

Sin embargo, el equipo no pudo obtener nuevas evidencias de su presencia en la isla. En declaraciones a ELMUNDO.ES, Mateo afirmó que, por la edad y el lugar en el que fue avistado “lo más probable es que esté ‘en dispersión’»; es decir, buscando un nuevo lugar de asentamiento, que no estará a más de 500 ó 1.000 metros del sitio en el que se le hicieron las fotografías. En su opinión, ahora lo más importante es desarrollar un programa intensivo de búsqueda.

Fuente

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (8/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

Este convenio fue acompañado para su ratificación en Caracas con el siguiente oficio:

“Después de haber destruido los ejércitos que en número de siete mil hombres oprimían las provincias de Santa Marta, Pamplona, Mérida, Trujillo, Barinas, y Caracas, nada me es más fácil que libertar la capital de Venezuela por la vía de las armas, pero la clemencia que distingue a todos los defensores de la justicia me hace olvidar que trato con los miembros de un gobierno infractor, y sólo atiendo a la humanidad doliente y a los clamores de los desdichados que imploran mi protección contra la justa vindicta a que se han hecho acreedores los tiranos de mi patria.

Por lo tanto, he accedido a la generosa capitulación que los comisionados Sres. Marqués de Casa-León, Don Fermín Paul, Don Vicente Galguera, Presbíteros Don Marcos Rivas y Don Francisco lturbe, han venido dirigidos por VV. SS. a tratar conmigo para mostrar al Universo que, aún en medio de las victorias, los nobles americanos desprecian los agravios y dan ejemplos raros de moderación de los mismos enemigos que han violado el derecho de gentes, y hollado los tratados más solemnes. Estas capitulaciones serán cumplidas religiosamente para oprobio del pérfido Monteverde, y honra del nombre americano. Lo que tengo el honor de decir a VV. SS. en contestación del oficio de ayer que han puesto en mis manos los negociadores de ese gobierno.

Dios guarde a VV.SS. muchos años.

Cuartel General de La Victoria, 4 de agosto de 1813, tercero de la independencia y primero de la guerra a muerte.

Simón Bolívar.
Sres. Gobernador y Municipalidad de Caracas.

El día 6 entró Bolívar en Caracas. Nombra una comisión compuesta por Felipe Fermín Paul, Francisco González Suárez, Salvador García de Ortigosa, Nicolás Peña, y Gerardo Patrullo, que se traslada a Puerto Cabello para presentar a Monteverde las capitulaciones con objeto de que diera su aprobación, pero éste, sarcásticamente, contestó: “No pudiendo don Manuel Fierro ni el Cabildo de Caracas facultar para misiones de capitulación, ni otras que son privativas del Capitán General de la Provincia, han sido nulas, y de ningún momento, todas las operaciones en su consecuencia obradas. Y yo jamás podré convenir en unas proposiciones impropias del carácter y espíritu de la nación grande y generosa de quien tengo el honor de depender, y es cuanto puedo contestar al oficio de V. Mds. de 10 del comente».

Este oficio lleva fecha del día 12, y este mismo día, en otra carta, dijo; “Jamás creí que en Caracas y en La Guaira se experimentase el desorden que ha sucedido de los que estoy sumamente avergonzado, y a su tiempo responderán los jefes que lo han ocasionado, etc.».

Ante estos hechos, Fierro desde Curaçao, con fecha del día 27 pasó a don Pedro Urquinaona y Pardo, Comisionado de la Regencia Española, el siguiente oficio: “Las circunstancias actuales me obligan a pedir a V. S. se sirva manifestarme su opinión sobre mi conducta política en los últimos acontecimientos de Caracas, y en los pocos días que desempeñé el cargo de Gobernador interino de una ciudad y territorio ya políticamente perdido».

Urquinaona calificó a Fierro de hombre intachable.

Fierro, restablecido algún tanto de su salud, pudo al fin realizar viaje a Santa Cruz de Tenerife, adonde hacía mucho tiempo estaba destinado, en el convoy que sale de La Guaira el 3 de diciembre de 1816, a bordo del buque “El Populo», al mando del capitán Navas, y e cual iban también la heroína venezolana doña Luisa Cáceres de Arismendi —esposa del ilustre prócer de la guerra de independencia hispanoamericana, General Juan Bautista Arismendi—, doña Mercedes de Arévalo, y otros prisioneros remitidos a la Metrópoli, en compañía de 12 buques más cargados de caudales y frutos del país.

Cuando se hallan mar afuera, más allá de las islas Bermudas y con rumbo al norte, avistan un buque corsario, que creen es el General Arismendi que viene a liberar a su esposa, y los viajeros se precipitan a solicitar la intervención de doña Luisa, entregándole algunas prendas para que las guarde en su poder, pero se trata de un corsario de Buenos Aires mandado por un estadounidense que apresa a la tripulación y se apodera de las naves y de su rico cargamento, y le brinda a doña Luisa la oportunidad de restituirla a la isla de Margarita, pero ella, carente de recursos, rechaza el colocar su destino en manos de un desconocido y comunica su resolución al capitán Navas, quien se hace cargo de la prisionera.

Fierro aprueba esta resolución y juzga conveniente prestarle ayuda, y en la Villa de Santa María, en la isla de Portuguesa, una de las del archipiélago de las Azores, donde arriban, hace instruir una justificación en la que consta que doña Luisa renuncia a la libertad que le brinda el corsario para seguir el destino que le había ordenado el gobierno monárquico de Venezuela.

En la Villa de Santa María varios pasajeros se reúnen para comprar y armar un buque que allíse hallaba abandonado, y en él siguen, rumbo a España, Fierro, la señora de Arévalo, Lorenzo Gabani —capitán de uno de los buques capturados—, y Navas, quien lleva consigo a doña Luisa.

Lo borrascoso de la navegación y lo inseguro del barco hacen que estuvieran a punto de naufragar, sufriendo los pasajeros, durante la travesía, las consiguientes angustias y penalidades.

A los cuarenta y cinco días de haber zarpado de La Guaira, arriban a Sanlúcar de Barrameda, y Fierro puede luego arribar a Santa Cruz de Tenerife.

Poco después fue a Santa Cruz de La Palma, su ciudad natal, apoyado en un joven, de triste celebridad en aquella isla, que le servía de lazarillo, pues Fierro estaba ciego.

Gracias a las atenciones y cuidados de su familia pudo vivir algunos años, a pesar de sus padecimientos físicos y morales, y a consecuencia de los cuales falleció en la ciudad de su nacimiento el 14 de febrero de 1828. Murió en estado célibe y había otorgado testamento ante el escribano don Jose Mariano López el 7 de diciembre de 1827.

La Real Junta establecida en Madrid para examinar la conducta observada en América por los oficiales del ejército, le expidió certificación, de fecha 10 de abril de 1828, acreditativa de haber sido purificado de su conducta política y militar durante su mando en Caracas. Pero Fierro no tuvo la satisfacción de ver aprobada su conducta por el Gobierno de la Nación, porque al llegar a su destino la Real Orden, ya él había muerto.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (7/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

En la mañana del día 4 amaneció el pueblo patriota conmovido, y las autoridades realistas se hallaban sin fuerzas para contenerlo. Fierro dio órdenes a Budía, que se había encargado del destino de Mayor General del Ejército, para que se retirase a La Guaira con todo el orden debido, saliendo él inmediatamente para dicho destino.

Cuando desde la cumbre descubrió el mar, quedó dolorosamente sorprendido al ver que todos los buques mayores que había en el puerto se hacían a la vela con celeridad. Entonces es cuando Fierro comprendió la tamaña traición de Pareja.

Llegó a La Guaira, y no quedando en aquel puerto más que una fragata inglesa, acudió a su capitán, Mr. John Wation, a fin de que le facilitase un buque para transportar a Puerto Cabello las pocas tropas que aún quedaban en Caracas y en aquella plaza, pero dicho capitán se negó a ello bajo pretexto especioso.

La Guaira estaba también sublevada porque habiendo sido abiertas las bóvedas en que estaban presos los patriotas, éstos salieron de ellas y se oían en algunas partes disparos de fusil. En el muelle estuvieron a punto de ser asesinados La-Ginestier, las familias de los oidores Vidal y Costa, y el mismo Fierro.

Ante este estado de cosas no quedó otro remedio que la retirada en la forma que pudiera hacerla, y apeló al recurso extremo de embarcar en un solo bote a todos los que cupieran en él; incluso esperar al Regente Heredia. De esta embarcación pudieron aprovecharse porque, estando casi inútil y haciendo mucha agua, nadie se había dignado hacer uso de ella.

Los fugitivos se hicieron al mar con rumbo a Puerto Cabello sin tener a bordo alimento alguno, y cuando al siguiente día quisieron acercarse a la costa para aprovisionarse de agua que les apagase los ardores de la sed producida por el continuo ejercicio de achicar agua, y de la incesante y penosa boga, fueron rechazados por una falúa armada que les salió al encuentro, y de la que pudieron defenderse con dificultad, empleando sus armas.

Rendidos de fatiga, por el cansancio y el insomnio, logran llegar a Puerto Cabello el día 6. Fierro da cuenta inmediata a Monteverde de todo lo sucedido en Caracas, y, por disposición de éste, sale el día 7 por la noche, en comisión de servicio para Curaçao, en donde permanece mucho tiempo enfermo y acogido a la benévola protección del Excmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la isla de Curaçao y sus dependencias, Oral. John Hodgson, inglés.

La comisión nombrada para capitular ante Bolívar llega a La Victoria el día 4 y firman en aquel lugar la capitulación. He aquí el tenor del convenio: “Capitulación concluida entre el ciudadano General en Jefe del Ejército de la Unión, Brigadier Simón Bolívar, y el Marqués de Casa-León, Presbítero Maestro Don Marcos de Rivas, Don Francisco de lturbe, Don Vicente Galguera, y Doctor Don Felipe Fermín de Paul, enviados por el gobierno de Caracas y su cuerpo capitular.

Artículo 1°.- Deseosos de proporcionar la tranquilidad pública, evitar la dispersión de las familias, la confusión y horror de la guerra, y economizar la sangre humana, con arreglo a las instrucciones de nuestros comitentes hacemos las propuestas siguientes:

Que se establezca y plantee en la ciudad de Caracas, y demás de Venezuela, la Constitución de las Españas, y que se elija para llevar las riendas del gobierno la persona que merezca la confianza de todas las clases en general.

Contestación.- Que aunque poseído de los mismos benéficos sentimientos, y conceptuando para ejercerlos, es inconducente la propuesta, no defiere a ella, y que a su llegada a la ciudad de Caracas, se establecerá la forma de gobierno que parezca más justa y adaptable.

Artículo 2°.- Que haya una reconciliación general olvidándose todo lo pasado respecto de todos los habitantes, sin distinción de origen ni de clases, de modo que no podrán sufrir extorsión, ni en sus personas ni en sus bienes, por la adhesión que hayan manifestado al gobierno español, con cuya condición y comprometimiento se entregará pacifícamente la ciudad de Caracas y todos los pueblos que comprende la provincia de este nombre, con el Puerto de La Guaira.

Contestación.- Concedido, y se observará religiosamente.

Articulo 3°– Que sea libre la emigración de todos los que pretendan retirarse con sus intereses donde mas les acomode.

Contestación.- Concedido con calidad de que haya de presentarse dentro de un mes a solicitar el correspondiente pasaporte, y, dentro de otro, realizar su salida, no habiendo embarazo por falta de buques, y pudiendo constituir apoderados de su confianza para la recaudación de sus intereses y conclusión de sus negocios.

Artículo 4°.- Que la entrada de las tropas a la capital no haya de verificarse hasta pasados quince días contados desde la fecha de la ratificación de este convenio, en cuyo intermedio podrán las tropas españolas evacuarlas con todo el honor que corresponde a la Nación a que pertenecen, siendo del cargo del gobierno que se establezca el satisfacerle el transporte.

Contestación.- Que no pudiendo detener la marcha de las tropas de su mando pasarán inmediatamente a la Capital, luego que reciba la ratificación de este tratado, que deberá hacerse dentro del término preciso de veinticuatro horas, que correrán desde la hora en que le entreguen al Gobierno de Caracas los comisionados que lo ejecutarán en todo el día de mañana; y que los militares españoles serán comprendidos en la emigración concedida, dejando armas y pertrechos, y permitiendo sólo a los oficiales su espada, cuya entrega se verificará en el cantón de Capuchinos, como también la de las existencias de áreas públicas, archivos y demás correspondientes al Estado en sus respectivas oficinas luego que tomen posesión las tropas de la Unión.

Firmado, por duplicado, en el pueblo de La Victoria a 4 de agosto de 1813.

Simón Bolívar
El Marqués de Casa-León
Marcos Rivas
Francisco de lturbe
Felipe Fermín Paul
Jose Vicente Galguera

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (6/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

El teniente coronel Izquierdo fue derrotado por Bolívar en la Sabana de Los Pegones, cerca de Tinaquillo.

Todo fue deshecho: el mismo Izquierdo quedó muerto en el campo de batalla, y fusilados todos los oficiales prisioneros. La noticia llegó a Valencia con la celeridad del rayo. Monteverde se decidió a esperar a Bolívar en aquel punto con las fuerzas reunidas, pero muy pronto conoció la imposibilidad de hacerlo, ya que casi todos habían desaparecido, pues tos vecinos realistas de aquellos pueblos, reunidos allí, no pensaron sino en salvarse en la plaza de Puerto Cabello, y en la misma noche llevaron esto a cabo, por lo que Monteverde se vio obligado a volar igualmente a Puerto Cabello no sin antes habérselo comunicado a Fierro.

El 1° de agosto los realistas de Caracas ignoraban los sucesos dichos, pero un rumor sordo que corría de boca en boca, y la alegría de los patriotas, puso en agitación la ciudad durante todo el día y toda la noche.

El día 2, a las siete de la mañana aparecieron fijados en !as esquinas carteles por medio de los cuales Fierro manifestaba haber recibido aviso de Valencia en el que se le manifestaba que Monteverde estaba en marcha con tres mil hombres para batir a Bolívar. Con estas noticias desapareció el sobresalto de los realistas, pero este mismo día recibió Fierro, enviado por el Comandante Militar de La Victoria, teniente coronel don Juan Budía, un oficio dándole parte de la derrota de Los Pegones.

El día 3 por la mañana se le presentó a Fierro el capitán don Sebastián Alvarado dándole cuenta de la pérdida de Valencia, de la retirada de Monteverde a Puerto Cabello, y de que la independencia estaba declarada hasta Maracaibo.

En la tarde del mismo día recibió el parte oficial que decía así: “Consecuente a que mis Jefes de División las han perdido, he quedado en el más deplorable estado, y mis cortas o ningunas fuerzas ni recursos me obligan a retirarlas a Puerto Cabello con el objeto de conservar tan interesante plaza. Lo que participo a V. S. para que tome las medidas que le permitan la situación de las cosas».

Con este oficio recibió Fierro la siguiente carta confidencial de Monteverde:

“Sr. D. Manuel Fierro. Valencia, 1° de agosto de 1813. Mi estimado paisano: Después de la derrota de Izquierdo me he quedado sin tropas y con la ciudad en confusión; por lo que me he visto en la precisión de irme a Puerto Cabello, que se halla abandonado, dejando esta plaza con el mayor dolor, y tal vez toda la provincia. Usted puede, si le parece, ponerse en el mejor estado de defensa porque los enemigos irán inmediatamente sobre esa ciudad. Yo estoy como Vd., se puede figurar, y sabe Dios si sobreviviré a tanta desgracia. De Vd. desgraciado amigo, q. b. s. m.- Domingo Monteverde».

Cuando Fierro recibía estas comunicaciones todo el pueblo estaba conmovido, pues Caracas tenía las tres cuartas partes de patriotas y sólo una tercera parte de realistas. En estos momentos de consternación y de apuro, Fierro convocó una junta, en su casa, formada por el Arzobispo, el Intendente, el Fiscal don José Costa y Gali, el Oidor Benito y Vidal, el Cabildo, los Oficiales Militares, y algunos vecinos respetables.

Esta junta, que examinó los recursos militares con que se contaba para la defensa de la ciudad, halló que no pasaban de trescientos cincuenta hombres de tropa reglada, muchos de los cuales eran criollos que no merecían la confianza de los realistas, y sólo sesenta eran españoles europeos.

Tampoco inspiraba seguridad un batallón de voluntarios de Femando VII que eran españoles y canarios, mercaderes y pulperos, cuyo numero llegó a subir hasta mil doscientos hombres, pero que, habiéndose difundido las noticias de aquel día, desertaron en su mayor parte, ocupándose en salvar sus intereses, sus familias y sus personas.

Con tales noticias, la Junta, por mayoría de votos, acordó que se capitulara. Se publicó una proclama para aplazar el temor de los realistas, conmovidos por la notoriedad de los sucesos del día, y habiéndose ofrecido en la misma Junta don Francisco de Paula Pareja, que había sido Oficial de la Marina y ahora era empleado de Hacienda, a disponer embarcaciones en La Guaira para hacer una retirada ordenada, se le autorizó completamente para todo y se le dieron las órdenes oportunas para el comandante de aquella plaza.

Pareja, lejos de cumplir con el encargo de la Junta, lo que hizo fue proporcionarse, por encargo de la misma comisión que se le diera, el escape con su familia, dejando a todos en el mayor abandono.

Este mismo día, también, Fierro dio las disposiciones para la retirada y nombró Comandante Político y Militar de Caracas al doctor don Francisco Antonio Paul, más conocido por Coto Paul, y que era uno de los más notables patriotas, quien presentó sus excusas aconsejando a Fierro que esperara a que fuera ratificada la capitulación. Pero Fierro, temiendo la rápida entrada de Bolívar en Caracas, y recordando el Decreto de Guerra a Muerte dado por éste hacía muy poco tiempo, obligó al doctor Paul a aceptar el cargo, y anunció por bando que dejaba a los venezolanos libres y mandados por un compatriota suyo.

En la noche de este día 3, dispuso Fierro que la división que estaba en Capuchinos se situase con toda la artillería en la Alcabala de La Pastora, y que en el Castillo de la Cumbre, en el trayecto del viejo camino de Caracas a La Guaira, se destacase una compañía para contener cualquier posible ataque de los patriotas por la retaguardia.

Cual no sería la sorpresa de Fierro al presentársele los capitanes don Manuel Tapia y don Salvador Gorrín, dándole parte de la deserción de las tropas, incluso de la misma guardia de Fierro de la cual sólo quedaron tres de los sesenta que la componían. Para colmo, aquella misma noche recibió parte de la pérdida de Cumaná, y ya entonces vio que todo estaba en el último peligro.

[*Otros}– Tormenta eléctrica en El Sauzal

Foto, cortesía de Roberto González, tomada por su amigo José (Pepe) Pérez el miércoles 21 de noviembre durante una tormenta eléctrica en El Sauzal (Tenerife, Canarias).

Felicitaciones a Pepe, y que cuide bien esa cámara que tiene un obturador con la velocidad necesaria para captar así la luz de un rayo.

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 Comentarios

Comentario por maría chacón [Visitor]
Fecha10/12/2007 at

Realmente esta imagen es de ésas que nos dejan boquiabiertos. ¡Es extraordinaria!

Comentario por Chris [Visitor]
Fecha 29/02/2008 at

Que pedazo de foto!… Esta increible, esta es esas que sacas una vez en la vida… Felicitaciones! te invito a conozcas esta pagina… http://www.panoramio.com … te gustará y si subes esta foto avisame! ya tienes mi cuenta ;)

Un gran saludo y felicitaciones

Comentario por willyfox [Visitor]
Fecha 12/03/2008 at

Esta foto NO ES del tal Jose pepe pepin.. eso NUNCA puede ser el sauzal.está sacada en el litoral SUR de santa cruz.. que poca verguenza de algunos como se apropian de lo que no es suyo..

La próxima vez tienes que poner el autor.. y te puedo jurar que no es el tal Pepín….

Abur

Comentario por juan ki paz [Visitor]
Fecha 18/05/2008 at

que importa de quien sea la foto . lo que si el que la saco felicitaciones, cuando la vi me dio envidia pero sana, de estar ahi observando la maravilla de la naturaleza. ya valechau

Comentario por RAPERO
Fecha 15/01/2009 at

EL AUTOR DE LA FOTOGRAFÍA SE LLAMA WILHEM MEDINA, Y NO FUE REALIZADA DESDE EL SAUZAL, SE HIZO DESDE LA URBANIZACIÓN ACORÁN. LOS ADOSADOS QUE SE PUEDEN VER EN LA PARTE INFERIOR IZQUIERDA CORRESPONDEN A LA URBANIZACIÓN REFERIDA.

NO OBSTANTE, ESTA FOTO SE LA ADJUDICAN OTRAS MUCHAS PERSONAS. “LA OPINIÓN”, DE TENERIFE, LA PUBLICÓ EN PRIMERA PAÁGINA SIN AUTORIZACIÓN DEL AUTOR LEGÍTIMO Y PROPIETARIO DE LA MISMA.

Comentario por CMP
Fecha 15/01/2009 at

Gracias, Rapero, por la aclaratoria.

Comentario por Angelita
Fecha 21/07/2009 at

¿Qué importa quién haya tomado la foto? Esta genialísima. Me la robo para ponerla de fondo de escritorio xD

Comentario por CMP
Fecha 21/07/2009 at

Bien hecho, Angelita, mujer pragmática.

Comentario por Angelito
Fecha 08/11/2009 at

¿¡Pragmática!? ¡¡Jajajá!! Sí, sí. Yo diría otra cosa.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (5/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

Ningún efecto hicieron en Monteverde estas amistosas reflexiones, porque el 23 de abril, y cuando Fierro se disponía a pasar a Canarias, lo llamó a su casa para invitarlo a que lo acompañase a Barcelona, porque trataba de atacar Maturín y no tenía otro oficial de confianza de qué valerse.

A pesar de sus dolencias, condescendió Fierro porque no se creyera que se negaba al servicio del Rey y de la Nación, y a pesar de que presumía que todo esto era una intriga para separarlo de Caracas y poder dejar el mando de la plaza a Tiscar, que era de menos graduación que él.

Llegaron a Barcelona, y el 5 de mayo se le confió a Fierro el mando militar de aquella plaza, que la tenia el coronel de milicias don Jose María Hurtado, pues el de la Provincia estaba a cargo del capitán de fragata don Pedro Cabrera, quedando aquél bajo las inmediatas órdenes de éste.

No se ocultaban a Fierro estas estratagemas, y pasó a Monteverde el siguiente oficio, fechado en Barcelona el 5 de mayo: “Por el oficio que acabo de recibir de V, S. quedo en cuenta de tomar el mando militar de esta Ciudad, por ahora por convenio del mejor servicio, no obstante que mis deseos son los de acompañar a V.S. en el campo del honor».

Con mucho agrado recibieron los barceloneses a su nuevo Gobernador Militar, y las activas y eficaces medidas que para mantener el orden en la población y recoger los soldados dispersos tomó en el momento mismo en que supo de la derrota del ejército en Maturín.

Cabrera, el Gobernador Civil de la Provincia, había fallecido en el ínterin, y Monteverde, en oficio de 26 de mayo, nombró a Fierro para el cargo. El 27 por la noche se le presentó con dicho oficio el comisionado doctor Antonio Gómez, quien traía, de parte de Monteverde, instrucciones y medidas que allí debían tomarse. Por éste supo Fierro que la derrota de Maturín había sido ocasionada por haber precipitado el ataque, viéndose precisado a ello Monteverde para regresar luego a Caracas que se hallaba en el mayor desorden por las medidas tomadas por Tiscar,

En carta fechada en La Guaira a las dos de la madrugada del 8 de mayo, por el doctor Jose Manuel Oropesa y dirigida a Monteverde, después de infornarle de algunos desatinos cometidos por Tiscar, agrega; “Harto siento que Fierro, y todos aquéllos con quienes Vd. chocó por dejar a Tiscar de su segundo, tengan este motivo de complacencia».

El 7 de junio llegó Monteverde, desolado, a Barcelona y con la misma fecha pasó a Fierro el oficio siguiente: “Siéndome urgente el pasar a la Ciudad de Caracas a los fines de reunir fuerzas suficientes para destruir a los insurgentes de Maturín y poner esta Provincia en estado de quietud y participación que asegure la existencia de sus honrados vecinos, he tenido por conveniente en nombrar de Comandante de la Provincia y del Ejército al Sr. Mariscal de Campo Don Juan Manuel Cagigal, y de Comandante Militar interino de esta capital al Señor Don Lorenzo Fernández de la Hoz, por necesitar el que V. S. me acompañe a la Ciudad de Caracas al intento de que en ella pueda llenar V. S. con más utilidad los sagrados deberes del servicio Nacional».

Fierro, al recibir este oficio, trató de eludir este compromiso basándose en su inutilidad para todo servicio activo, pues apenas podía caminar apoyado en su bastón, y así se lo manifestó a Monteverde, diciéndole que obedecería aquella orden siempre que se dejase allí a La-Ginestier para que cuidase del servicio militar.

El Cabildo se opuso también a esta salida, fundado en las pocas tropas que quedaban guarneciendo la plaza. Y para vencer esta oposición, Monteverde convocó una junta compuesta del Arzobispo y demás autoridades, las cuales, persuadidas de la precisa e
indispensable necesidad de sostener la plaza de San Carlos —por ser la llave de Los Llanos, y si ésta fuera tomada estaría perdida toda la Provincia— convinieron en ello.

Causas económicas impidieron hasta el 4 de julio la salida de Monteverde de Caracas, desde cuya fecha quedó encargado del mando Fierro con sólo doscientos ochenta y dos hombres útiles para el servicio, la mayoría de los cuales eran criollos y continuamente daban muestras de simpatizar con los patriotas.

El día 14 se intentó, sin consecuencias, la Revolución de La Guaira. El el mismo día debió estallar también en Caracas, de lo que hubo señales ostensibles, pero debido al celo y vigilancia de Fierro no pudo verificarse aquélla.

Le causaba cuidado a Fierro la sospecha de que parte de las tropas del país, que formaban la guarnición de La Guaira, estuvieran complicadas en la revolución, y para evitarlo tuvo que crear de allí la Compañía de Maracaibo, que envió a la orden de Monteverde y mandó otra a reforzar la guarnición de Caracas.

Estas medidas debilitaron en parte las fuerzas de los revolucionarios a lo que se debió, sin duda, que la intentona del día 26 —llevada a cabo en la plaza de La Guaira por Juan José Ayala y sus partidarios, quienes, después de haber asesinado al Sargento de Brigada Alarcón, trataron de apoderarse del Cuartel del Colorado—, hubiese fracasado con la muerte del mismo Ayala y la prisión de sus compañeros que más tarde fueron pasados por las armas.

El día 28 dio parte el Intendente Fierro de que había recibido de Monteverde oficio para que con todos los intereses de la venta del tabaco se trasladaran a Valencia, a donde se había dispuesto que también fuesen, en el término de pocas horas, aquellos habitantes de los Valles de Aragua que se habían mantenido fieles a la corona.

Esta resolución de Monteverde llenó de consternación a las autoridades de Caracas, y, por indicación de las mismas, Fierro le escribió a Monteverde haciéndole presente que el punto interesante para la Provincia era San Carlos, porque si éste se perdía, aunque hubiera muchas fuerzas en Valencia, los patriotas se harían dueños de todo, sin que se les pudiera impedir, y se internarían por Coro, a Caracas, Ocumare y hasta el mar.

Monteverde oyó al fin un consejo amigo, y quiso hacer lo que se le indicaba, pero era ya tarde. El día 27 entraron los patriotas en San Carlos. Fierro redobló la vigilancia de Caracas temiendo un alzamiento general; aunque sin fuerzas con que sostener su puesto, ni dinero con que pagar a las tropas, que se le habían mantenido fieles.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (4/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

El doctor Gómez fue el primero que hizo uso de la palabra en aquella asamblea de notables, manifestando que Monteverde debía asegurar en prisión a todos los individuos que en dos años de revolución habían sido más exaltados.

Vidal y Fierro combatieron la proposición del doctor Gómez, manifestando, así mismo, que la Constitución, recientemente publicada, prohibía las medidas de rigor sin formación de causa que las justificara, y que la aprobación de las capitulaciones, y la palabra OLVIDO solemnemente dada y ratificada en las proclamas, debía cumplirse.

Estas razones hicieron efecto en el ánimo de Monteverde, y, comprendiéndolo así sus consejeros, propusieron otra medida más benigna, esto es: que los mismos patriotas, ya que no encarcelados, fueran expulsados de la Provincia. Con los mismos argumentos combatió Fierro esta proposición, pero, sin embargo, fue aceptada por la mayoría de los concurrentes, acordándose que cada uno de los presentes hiciera aquella misma noche una lista de todas las personas que debían ser expulsadas. Fierro, de regreso a su casa, pasó a Monteverde el oficio siguiente:

“En conformidad de lo acordado por los señores que han compuesto la junta celebrada en la mañana de este día, en la habitación de V. S., para tomar medidas de seguridad pública, creo de mi deber y rigurosa justicia hacer presente que estando ya presos, o en inspección del Gobierno, las causas de las personas que concurrieron activamente a los sucesos del 19 de abril de 1810, y habiendo sido yo expulsado inmediatamente de esta Provincia sin haber vuelto a ella, hasta que las armas del Sr. Monteverde tomaron posesión de la misma, nada puedo decir acerca de los que posteriormente hayan tenido una parte activa y son acreedores a estas medidas, por carecer absolutamente de conocimientos en materia tan delicada, y creo de mi obligación manifestarlo así a V. S.”.

Este oficio le acarreó la odiosidad de los que, de buena o mala fe, creían que la tranquilidad pública sólo se aseguraba con la prisión o extrañamiento de sus enemigos. Y Fierro era el único que había tenido la dignidad de salvar su voto en aquella junta.

Antes de esto, se había dispuesto que muchos de los presos que existían en las cárceles fueran trasladados a las Bóvedas de La Guaira para poder encarcelar a los que nuevamente iban a serlo; y en el mismo día en que en el Templo de San Francisco se estaba celebrando la función en acción de gracias por haber sido publicada la Constitución, se vieron en las puertas de la Cárcel de Corte y en Capuchinos más de cincuenta mulas cargadas de provisiones, y multitud de presos con grillos y cadenas que iban a ser trasladados a su destino.

Fierro, heciéndose eco del clamor popular, pasó a la casa habitación del oidor Vidal, y le informó del gran escándalo que se estaba dando en la población, y a la vez le suplicó que interesase a Monteverde a que evitara aquel contraste, puesto que al mismo tiempo que se publicaba la Constitución, se hacían prisiones por orden de los mismos que habían jurado guardarla.

Encaminándose Vidal al alojamiento de Monteverde, y después de breve conferencia, mandó a recoger a los presos prontamente, sorprendido de aquella disposición, puesto que el no había ordenado que la traslación se hiciese a semejante hora sino por la noche, corno después se realizó.

Por fin se hicieron las listas, acordadas por la junta de notables, comprensivas de las personas que había que asegurar, y, sin previa formación de causa ni de otra de enjuiciamiento, se allanaron las casas de los vecinos. Personas de todas clases y condiciones fueron encarceladas; y como las expresadas listas no estaban firmadas ni autorizadas por nadie, sucedió que cuando alguna de estas mismas personas se querellaba de la injusticia con ella cometida, probando sus servicios y amor al Gobierno de España, se ponía a su demanda esta ridícula y vejatoria providencia: “Informe quien lo puso preso».

No podía darse mayor desmoralización. La aflicción de la familia y el estupor que estas medidas arbitrarias produjeron en el pueblo son indescriptibles. La misma informalidad observada para hacer las prisiones se vio después en las encarcelaciones.

El 11 de febrero de 1813 se anunció al público, por bando y una proclama impresa, el descubrimiento de una conspiración que debía ejecutarse aquel día en la cual, se decía, iban a perecer las personas de las autoridades entre el trastorno del gobierno. Para el castigo de esto creó Monteverde una comisión militar compuesta por Fierro, Tiscar, el Mayor General don Juan La-Ginestier, y otros dos oficiales, con un secretario y el abogado doctor Isidro González por asesor, reservándose Monteverde la aprobación de la sentencia. Esta junta no condenó a nadie.

Conocida de las personas que rodeaban a Monteverde, la oposición de Fierro hacia las medidas de rigor adoptadas, influyeron en él para que le enviara a su destino, lo que dio motivo a que se le pasase el 23 de marzo el siguiente oficio: “En el I° de noviembre último dejé que V. S. permaneciese en esta Capital hasta otra disposición mía, por la escasez de oficiales que tenía para el servicio; y hallándome ya con número suficiente de aquéllos, está V. S. expedito para trasladarse a la plaza de Santa Cruz de Tenerife, a donde se le ha destinado, según lo que me informó el 6 del mismo mes».

Cuando Fierro recibió este oficio se hallaba enfermo en cama, y en cuanto experimentó algún alivio fue a visitar a Monteverde para darle las gracias por la determinación que había tornado de enviarle a su destino, significándole al mismo tiempo su extrañeza de que en aquellas circunstancias prescindiera de sus servicios.

Monteverde le contestó que estaba muy resentido contra él porque le habían asegurado que desaprobaba su providencia. Entonces Fierro le manifestó que en efecto había visto con mucho dolor como se daban a cometer muchos excesos, a nombre de Monteverde, las personas que lo rodeaban, y como no era conforme a la justicia que tuviera presos tanto tiempo a los que lo estaban por orden suya, sin haberlos entregado al tribunal competente, y concluyó aconsejándole que apartara de si a todos aquellos malos consejeros, que, a la vez que procuraban enemistarlo con los jefes con quienes más íntimamente debía estar ligado, lo exponían a la critica y odiosidad del pueblo.